Desde Alemania. La realidad novelada

Hernández, David. Desde Alemania. La realidad novelada. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 21 de febrero de 1998.

 David Hernández entrevista a Manlio Argueta. Primera Parte.

Realizando una gira por Alemania, Holanda y Francia, luego de participar en el encuentro “Las bellas letras extranjeras” promovido por el gobierno francés, llegó a Hannover el escritor Manlio Argueta, invitado por la iniciativa cultural alemana “De pueblo a Pueblo”, para realizar una lectura de sus novelas e intercambiar opiniones con docentes de la Universidad de esta ciudad. Argueta, que es Secretario de Relaciones Nacionales e Internacionales de la Universidad de El Salvador, aprovechó su estancia europea para realizar gestiones ante universidades alemanas y holandesas.

Autor de seis novelas claves en la literatura salvadoreña, muchas de ellas traducidas a más de diez idiomas y con varias ediciones internacionales en Argentina, Uruguay, España, Cuba, Nicaragua y Costa Rica. A sus sesenta años, Manlio Argueta sigue incombustible. Su última novela Siglo de O(g)ro, recién salida de la imprenta y que se perfila como el inicio de una saga autobiográfica, da testimonio de su intensa capacidad creadora y de trabajo.

Aprovechando su estadía en Hannover, a nivel más bien informal, salió la presente entrevista que es el resumen de una charla larga e intensa sobre la política, la cultura, la economía, la situación actual de nuestro país y sobre todo, un conversatorio sobre la literatura y los poetas salvadoreños. Manlio, el escritor más internacional y viajero de nuestro país fue durante el conflicto bélico de la década pasada el comunicador que teníamos los intelectuales salvadoreños regados por el mundo. A través de él, quienes residíamos en Europa, nos enterábamos de la vida y el quehacer de los salvadoreños en Vancouver, en Washington, en San Francisco, en los Angeles, en Toronto, en Montreal, en Nicaragua, en el interior de país o en Australia. Era algo así como el personaje viajero de Macondo, Francisco el Hombre, un narrador que va por el mundo contando a sus oyentes los acontecimientos de viejos conocidos residentes en otros confines del planeta con pelos y señales, y recogiendo noticias y sucesos recientes para incorporarlos a su repertorio de historias. Dentro de ese contexto se ubica esta entrevista.

David Hernández: Dime en primer lugar ¿a que se debe tu actual estadía en Europa?

Manlio Argueta: Vine a París invitado por el Instituto del Libro, del Ministerio de Cultura de Francia, programa “Las bellas letras extranjeras”. Asistí con otros escritores centroamericanos como Mario Monteforte Toledo, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Claribel Alegría, Anacristina Rossi, Roberto Castillo, Sergio Ramírez, Ana Istarú y otros. Fue este un acto político-cultural, expresión que los salvadoreños conocemos muy bien. A centroamericanos y franceses, por larga tradición es fácil combinar las dos caras de esa misma moneda.

David Hernández; ¿Qué nuevos nombres o rostros se destacan en la letras salvadoreñas de hoy?

Manlio Argueta: Refirámonos a los que andan por los 30 años: Otoniel Guevara, Jacinta Escudos y Horacio Castellanos. Pero en general hay un  surgimiento de la narrativa en el país, un “boom” de la narrativa, muchos están escribiendo novela. Creo que es muy importante porque a través de la novela se puede expresar con amplitud realidades de un país que tiene indefinida su conformación cultural, lo cual se refleja en desigualdad y retrasos sociales. La literatura puede solventar en parte muchos vacíos, en el área de los valores, por ejemplo. En especial la narrativa. Así, cuando los escritores salvadoreños escriben novela deben hacerlo como una búsqueda, de forma y contenido; además, decir lo que otros callan. Hay entusiasmo por el cuento, el testimonio, la novela que fortalecerá las letras nacionales.

David Hernández: ¿Hay una participación activa de la sociedad civil salvadoreña en el proceso político actual?

Manlio Argueta: El proceso que estamos viviendo es producto de una concertación táctica, aunque hay Acuerdos de Paz que obligan, pero solo entre los beligerantes. Ello hace que estos tengan la sartén por el mango, con un protagonismo casi monopólico, tanto en los medios como en el ejercicio del poder público. Es decir que solo los miembros de un partido pueden aspirar a cargos de elección popular, por ejemplo. Las organizaciones civiles o un especialista, un politólogo, una personalidad, que podrían aportar debe ser avalado por un partido o no participa y lo que es peor no le es posible involucrarse en los asuntos de la Nación. Eso no es correcto, porque cierra las puertas para escuchar otras iniciativas y voces. Y como los políticos firmaron el pacto ellos tenían que servirse con el  cucharón más grande. Inclusive son los que tienen casi toda la presencia en los medios, son el obligado marketing. Las otras voces apenas existen. Aunque para ser justos, debo afirmar que comienza a haber confianza en las organizaciones civiles que están aportando públicamente sobre derechos humanos, problemas de género, medio ambiente, educación alternativa, cristalinidad en manejos financieros.

Pero se abren menos las puertas a los intelectuales, como si no tuviésemos nada que aportar hacia la sociedad y quizás eso ha dado origen a un estancamiento en orden a aportar un nuevo pensamiento. Por ejemplo, el poeta Otoniel Guevara dice que solo las putas y los escritores no están organizados en El Salvador, pero ¿sabes? Las putas se organizaron en la entidad “Flor de piedra”. Los escritores deberíamos al menos tomar ese ejemplo. Claro, si el escritor trabaja con la palabra, es especialista en ideas y palabras, se convierte casi siempre, en subvertidor, plantea pensamiento. Por otro lado, los medios tienen la libertad –y eso debe ser así- de dar o no cabida a la palabra que problematiza o que disiente. Es una lástima porque en las emergencias de país en crisis por una cruenta postguerra, se pierde la función de los medios como educadores de ciudadanía, en los valores por ejemplo.

Los medios y el sistema educativo, valga la redundancia, están obligados a educar. Puedo decir que el marginamiento a las expresiones literarias no solo proviene de la falta de visión de los medios sino de la escasa cohesión gremial que hemos significado, el daño nos lo hacemos nosotros mismos, que no estamos poniendo lo que nos corresponde. !En un país como el nuestro donde la única forma de sobrevivir es estar organizado!

David Henández: ¿Qué sitio ocupa la violencia cotidiana en la preocupación de la población salvadoreña?

Manlio Argueta: En las estadísticas, la inseguridad y la violencia ocupa el primer lugar de preocupación, incluso por encima de la crisis económica (con un 53% de desempleo y subempleo). Esto te da una idea de lo radical que se ha vuelto la violencia. Esto afecta a los sectores populares y a todo el país en tanto obstaculiza la inversión, contiene el turismo, deteriora el rendimiento laboral. Lo peor es la perdida en vidas, la ocupación de los pobres recursos con que cuentan las clínicas en atender a las víctimas de una violencia brutal. No podemos esperar modernización si antes no solucionamos la violencia. Es quizás una de los problemas que aún calificado como “elemental” está dificultando la reconstrucción nacional. Y la sensibilidad única que se evidencia para solucionar el problema es construir cárceles, o bien con la represión; existe poca visión sobre el significado de reeducar al delincuente, o prevenir el delito.

En verdad, la violencia y la inseguridad ciudadana es producto de la inseguridad social. No cabe duda que debe cultivarse el humanismo en la educación para que se refleje en los sectores productivos, la protesta y presión social no son suficientes. Por todos lados predomina la falta de solidaridad, producto del distanciamiento entre dirigentes y bases sociales que no permite detectar los aspectos explosivos de la realidad. No se vislumbra a corto plazo suprimir las causas que originaron la guerra, siguen subsistiendo, y quizás se han agravado. Esto llena de preocupación y nos preguntamos hasta dónde nos va a llevar esa espiral destructiva; aunque se debe reconocer que se han abierto espacios inéditos de tipo político, que fueron inconcebibles en toda nuestra historia antes de los Acuerdos de Paz.

Pero la crisis nacional no es solo de ese carácter. No hay recursos suficientes para resolver los problemas sociales y cuando hay algunos paliativos, como es el caso de las remesas familiares que envían los salvadoreños desde los Estados Unidos, no existe atención para planificar su uso, sino que se dejan a la disposición del consumismo. De nuevo pocos se sirven con la cuchara mas grande y en este casos de los más pobres, que son los que emigran. No hay proyecciones para generar empleo o ahorro. Da la impresión que estuvieramos esperando que se hunda el barco, cada quien vela por salvar su pellejo.

David Hernández: ¿Qué me dices del problema ecológico nacional?

Manlio Argueta: En América Latina, el segundo país más deteriorado ecológicamente después de Haití es El Salvador. Hay daños ecológicos ya irreversibles. Ahora se ha nombrado un ministerio de Medio Ambiente, pero no cuenta con recursos y en ese marco hace falta que se le apoye con un plan de salvación. No se puede resolver ese deterioro ecológico con propaganda como ocurre en la actualidad, que a veces es la única manera de justificar el gasto de los fondos internacionales. La salida tiene que buscarse dentro de un plan de emergencia, que de dimensión estratégica al problema, antes que nos quedemos sin ríos y sin recursos naturales.

En esta discusión hay contradicciones entre varios sectores, el más poderoso no tiene interés en resolver este problema porque ven su interés político o económico inmediato, un poco a lo coyol quebrado coyol comido. El plan estratégico debe crear conciencia de que el deterioro ambiental está haciendo del país un desierto. No todos lo vemos así. Algunos sectores políticos socarronamente se refieren a este planeamiento como una visión apocalíptica. Ellos no ven lo crítico, sólo quieren resolver los ingresos económicos inmediatos. El hecho de que estos sectores hablen de visiones apocalípticas, implica que no le van a prestar atención al problema del medio ambiente, ni van a preservar los recursos naturales, a menos que la sociedad civil presione. Es necesario una iniciativa nacional que haga tomar conciencia sobre la catástrofe ecológica que nos va a dejar sin agua, sin tierras fértiles y hasta sin los últimos animalitos que aún existen el la campiña salvadoreña.

Fin de la primera parte.    Hannover, diciembre de 1997.

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Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe

Soto, Michelle; Montoya Rodrigo (fotógrafo).  “Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe”. Perfil (555): 74-77, 19 de octubre 2007

En agosto, la Academia Costarricense de la Lengua dio la bienvenida a Anacristina Rossi, y con ella, a la literatura afrocaribeña.

Escuchar a Anacristina Rossi es como oír las olas reventar. Su verbo es tan furioso como el mar, pero sus palabras también tocan la orilla como espuma.

Con ella se conversa de literatura, de lengua, del ser mujer, de utopías y sueños, de medio ambiente y, sobre todo, de Limón. Rossi lleva el sol en la piel y el viento en el cabello, ella es Caribe.

El pasado 23 de agosto, se incorporó a la Academia Costarricense de la Lengua. Es así como su nombre se une al de Arnoldo Mora Rodríguez, Rafael Ángel Herra, Adolfo Constenla, Samuel Rovinski, Estrella Cartín, Julieta Pinto y Alberto Cañas, entre otros.

En su discurso de incorporación rescató del silencio los textos de Samuel Charles Nation y, con estos, una literatura afrolimonense de principios del siglo XX.

SUS LETRAS

Rossi estudió lingüística y lenguas modernas en Inglaterra, Francia y Holanda. Obtuvo una maestría en idiomas y un doctorado en ciencias de la traducción.

Es activista ambiental y social, rasgo que se refleja en su libro La loca de Gandoca de 1991. Sus novelas María de la noche (1985) y Limón Blues (2002) fueron distinguidas con el Premio Nacional en ese género. Sus escritos son objeto de estudio en universidades costarricenses  y estadounidenses.

Ha participado en congresos sobre literatura en Estados Unidos, Alemania y Panamá, entre otros. Fue invitada por el Ministerio de Cultura de Francia como representante del istmo en el Programa “Belles Etrangéres”, el cual fue dedicado a Centroamérica en 1997.

Asimismo, recibió la Medalla Presidencial del Centenario del Nacimiento de Pablo Neruda, la cual fue otorgada por el Gobierno de Chile por la proyección social de su obra literaria.

Por más que sus textos trascienden fronteras, Rossi suele regresar a Limón de su infancia, al que lleva siempre del lado izquierdo del pecho.

UTOPÍAS

En la última década, la voz mestiza de Anacristina Rossi tiene la sonoridad de un blues, y últimamente, de un reggae.

A finales de 1997, emprendió la investigación que le llevó a escribir Limón Blues y que le despertaría la necesidad de seguir recopilando y escribiendo aún después de Limón Reggae.

En la Biblioteca Nacional, desempolvó periódicos limonenses publicados entre 1903 y 1942, génesis de una literatura costarricense escrita por afrodescendientes.

“¿Qué es lo que nos dice esa literatura sobre Costa Rica?  En ella, los ticos nos vemos reflejados desde el punto de vista de alguien que nos ve –al mismo tiempo- desde adentro y afuera, desde otra y nuestra cultura”, comenta Rossi.

Fue así como conoció los textos del periodista y ensayista Samuel Charles Nation. En su prosa se develaron los ideales y las luchas por la reivindicación de los afrodescendientes y la figura mítica de Marcus Garvey.

“Mi esfuerzo es tratar de recuperar la literatura que hay en esos periódicos, hay una enorme riqueza en ensayos periodísticos y poemas. Eran el único lugar donde los afrodescendientes podían publicar porque no tenían editoriales”.

Mi sueño es, algún día, tener tiempo y el dinero para recoger esos ensayos, sacarlos de los periódicos, seleccionar, ordenar y ver cómo hago un libro para jóvenes y otro que recoja todo el material” añade la escritora con ímpetu.

En Limón Blues, la pluma de Anacristina de el primer acercamiento a esta literatura donde se retrata esa búsqueda de la utopía.

Con esa prosa de prisa, cargada de blancos que asesinan, negros que forman sindicatos, periodistas que publican páginas muchas veces censuradas, bananos destrozados por el machete de la Compañía, tambores que suenan hasta el amanecer, mujeres blancas que tiemblan por la carne oscura de sus sirvientes negros, olas que no dejan de reventar en la arena cálida y amores que se hacen y se deshacen bajo ese sol tropical que todo lo envuelve y todo lo embruja, los años transcurren con una velocidad vertiginosa, como si el tiempo se nos fuera a acabar sin permitirnos terminar la historia.

Y con esas esperanzas que se truncan con el paso de los años, Limón parece una de esas niñas rurales que envejecen antes de tiempo. Como resultado, solo queda el recuerdo, la nostalgia de un pasado que este país, que se precia de multiétnico, simplemente prefiere olvidar y que esta escritora nuestra, que se llama Anacristina Rossi, nos lo resucita de entre los muertos”, reseñó Manuel Delgado a propósito de la novela para Club de Libros.

Pero, Limón Blues terminó en 1973. Aún quedaba mucho por escribir, la escritora quería hablar de ese Limón que conoció de niña y adolescente. Fue así como se desencadenó una segunda utopía, la propia y la colectiva.

Limón Reggae habla de la revolución en Centroamérica durante los 70, centrada en El Salvador. Pero, también recata los ideales de Afrotsco de Limón y los Rastafari de Puerto Viejo.

“En Centroamérica se trató de tener dos utopías: la revolución nicaragüense y la salvadoreña. La salvadoreña terminó en gran fracaso, la nicaragüense por lo menos tuvo su periodo. Lo mismo le pasó a los Rastafari, pero ellos recrearon la utopía en el interior, y en lugar de aspirar a una utopía colectiva y grande, decidieron tener una más pequeña y es sobre todo interior.

Lo mismo pensaban los grupos negros en Limón durante los 70, Afrotsco era un grupo real y Milton Franklin (quien fue uno de sus integrantes) sigue pensando que los ideales de un cambio interior son vigentes. Para los socialistas y los de la teoría del marxismo, la utopía está afuera; pero lo lindo de él es que la utopía esta adentro”, recuerda la “loca de Gandoca”

-Y ahora, ¿cuál es la utopía que estamos persiguiendo?

-La única utopía posible es la paz con la naturaleza. Pero no la que dice nuestro presidente, con la que no estoy de acuerdo, porque la incluye con cosas tan devastadoras como este tratado de libre comercio. Las luchas ecológicas han costado tanto y han sido siempre como mitad perdidas y mitad ganadas, y cuando se ha ganado siempre ha sido gracias a la Sala Constitucional.

“No es que los seres humanos destruyan el ambiente porque son malos, sino porque la conservación entra en conflicto con sus ideas de dinero. Está bien que hagan dinero, no tengo nada en contra del comercio ni los negocios, pero tienen que tener un límite.

“Se necesita un cambio de actitud de todos y todas para detener el calentamiento global, es el reto más grande. La utopía está en ponernos un freno a nosotros mismos, debe ser modesta en ese sentido”.

NUESTRO AFROASCENDIENTE

La palabra evoca. Se dice que se empieza a existir en el momento en que se nombra. En ese sentido, la prosa de Rossi nos confronta con nuestra afroascendencia, nuestra identidad como costarricenses.

“Las mujeres cobran existencia cuando se les nombra, de lo contrario no están. Lo mismo pasa con nuestra afrodescendencia.

¿Dónde está ese abuelo y abuela negra?

¿Por qué nos vemos en el espejo y decimos que somos blancos, por qué los negamos?.

Tengo 10 años de confrontar esa cultura y de confrontarme a mí misma con mis propios ascendientes. Ese ha sido un reencuentro lindísimo, quisiera que ese reencuentro fuera de toda Costa Rica”, reconoce.

Como dijo una vez María Lourdes Cortés, Limón “es la síntesis de lo que es Ana la mujer, y Ana la escritora: de sus fantasmas, sus deseos y sus luchas. Es el rondón de sus de sus raíces, hundidas en el pasado y de sus sueños volando hacia el futuro”.

-¿La Academia Costarricense de la lengua con su incorporación está reconociendo, como un primer paso, a ese antepasado negro que tenemos los costarricenses? ¿Nos estamos viendo en la literatura afrodescendiente?

-Es un primer paso. Todavía no nos estamos viendo, aún falta recuperarlo y rescatarlo.

“Como académicos, cada uno tiene su campo de estudio. Todos tenemos nuestras locuras y teleles con la lengua. El mío ha sido tratar de ser un puente entre la cultura y la literatura afrodescendiente de principios del siglo XX y la actual, porque siempre negamos el problema de racismo y no hay que tenerle miedo a las palabras, ese racismo nos ha hecho estereotipar lo que fue.

“Limón no es solo ese rice and beans y carnavales, tiene un enorme bagaje cultural y una enorme riqueza que aportarnos, pero nosotros le damos la espalda”.

-¿En que consiste el trabajo de la Academia Costarricense de la Lengua?

-Somos traductores entre la lengua clásica y la de hoy. La lengua es un organismo vivo y funciona quieran los académicos o no. Entonces, lo que nos toca es ser puentes entre esa lengua que va evolucionando y la lengua clásica, como un filtro que permita ir incorporando al acervo clásico toda esa novedad. Habrá cosas que se podrán incorporar y otras no. Una tiene que estar atenta para recordar la estructura de nuestra lengua y así se pueda asimilar lo nuevo, sin perder la estructura.

-Ha señalado que para que la Academia Costarricense de la Lengua pueda trabajar, requiere de una sede, ¿Son como Quijotes sin Rocinantes o Sanchos sin burros, qué ha pasado?

-Andamos como del tumbo al tambo, como gitanos, y no podemos asentarnos para hacer un trabajo serio porque no tenemos sede.

“Al final del gobierno de don Abel, estaba lista la sede en la avenida central. Pero, por problemas burocráticos, no se concretó. Entonces, le hemos pedido ha este gobierno que nos dé un lugar donde estar.

“¿Cómo vamos a hacer un buen trabajo si tenemos que andar con todo bajo el brazo? ¿Adónde se va a sentar uno a guardar los documentos? ¿Cómo vamos a hacer trabajos en conjunto en la Academia si vamos de aquí para allá? Somos Quijotes a pie”

-¿Son  necesarias las editoriales pequeñas para leernos como costarricenses y tener variedad de voces sobre nosotros mismos?

-Hay un problema en Costa Rica muy grande, que la existencia de editoriales no va a arreglar y tiene como resultado la mediocridad. El problema es que no nos atrevemos a decirnos la verdad sobre lo que pensamos de los textos de los otros.

“Aquí no hay crítica porque no se soporta. No tenemos la madurez para aguantar vernos expuestos. Eso nos impide crecer como escritores y quedarnos en una mediocridad, los golpazos son los que nos van haciendo crecer.

“Los golpes que me he llevado hicieron que tratara de superarme. Los golpes que realmente se asimilan son los fuertes, como los que se dan en público. Para que nuestra literatura crezca, hay dos cosas que deben ir juntas: que hayan editoriales para leernos y que podamos hacernos crítica”.

Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense

Manzari, H. J. “Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense”. Istmica. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras;  (11): 253-259, 2007.  Tomado de: http://www.revistas.una.ac.cr/index.php/istmica/article/view/721

 

Limón Reggae, la última novela de escritora costarricense Ana cristina Rossi es a la vez una novela política, una novela revolucionaria y una novela híbrida y polifónica gracias a las voces caribeñas y centroamericanas que resuenan en ella. La segunda de una prometida trilogía, Limón Reggae sigue a la anteriormente publicada Limón Blues (2002). Como todas sus novelas históricas, esta última de Anacristina Rossi trata el tema del ser mujer, de las utopías sexuales, del medio ambiente y en particular de Limón. No obstante, en Limón Reggae la novelista mestiza pretende rescatar las voces y las luchas revolucionarias de la izquierda centroamericana de la silenciosa y marginada historia de la costa atlántica.

Al examinar la nueva novela histórica de Rossi, Limón Reggae revela un contrapunteo de herencias culturales y una interacción intercultural en el mundo limonense. Vale la pena ver cómo esta interacción y contrapunteo transparenta una nueva configuración del imaginario social y nacional costarricense. Más bien, y siguiendo las ideas de Benedict Anderson en su conocido estudio Imagined Communites: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, sería útil pensar en las naciones como comunidades imaginadas, creadas a partir de condiciones históricas específicas y de alianzas entre sectores sociales. Al cambiar las condiciones históricas es de suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores, lo que significó la construcción de nuevas relaciones. Tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica.

En las últimas décadas, los escritores y críticos literarios han intentado rescatar las voces afrolimonenses de la silenciosa historia centroamericana y en particular, de la historia costarricense. Carlos Meléndez y Quince Duncan en su estudio El negro en Costa Rica (1981) confirman que el comercio de los esclavos en Costa Rica llega tarde, en comparación con el resto del Caribe, es decir a finales del siglo XVII comienzos del siglo XVIII. La presencia de esclavos negros como mano de obra barata sirve para expandir el comercio y el cultivo del cacao en la zona. En Costa Rica, el tema de la abolición se promovía con el movimiento de la independencia, pero no se promulga hasta el 17 de abril del 1824. De todas maneras, los documentos oficiales indican que en Costa Rica pocos negros formaban parte de la población general. A mediados del siglo XIX se aumenta la inmigración de negros al país para trabajar en las bananeras y en la construcción del ferrocarril en 1873.

En el siglo XIX, la mayoría de los negros llegaron a Costa Rica con la intención de sólo quedarse una temporada. Muchos vinieron por poco tiempo y no se consideraron costarricenses y, por otra parte, las autoridades los consideraron simples herramientas de trabajo. De la zona atlántica costarricense la población negra de habla inglesa, o sea creole, por ser la mayoría jamaiquinos (a través de Panamá o Nicaragua) todavía conserva sus costumbres musicales, culinarias y familiares, completamente distintas al resto de Costa Rica. De hecho, cultural y lingüísticamente, es la zona más marginada de del país. Aún hoy, la zona atlántica, para algunos, parece lejos de la metrópolis josefina y resulta curioso saber que, hasta mediados del siglo XX estaba prohibido para los negros pasar de la zona atlántica al Valle Central en tren, la única forma de transporte público en la zona. Según Meléndez y Duncan, no fue hasta los 70 que se comenzó a asentar una población negra en la capital. De tal manera, los negros en Costa Rica seguían siendo parte de un grupo segregado y marginado por falta de oportunidades y dificultades lingüísticas entre otras razones.

A finales del siglo XX, con la publicación de novelas como Limón Blues y Limón Reggae de Anacristina Rossi y otras como Asalto al paraíso y Calypso de Tatiana Lobo, por mencionar sólo unas cuantas, se revelan alternativas con respecto a la representación histórica del Caribe en la literatura costarricense. Es más, con la llegada de los estudios subalternos de los años 70 se visibiliza una perfecta unión teórica para contemplar la identidad híbrida minoritaria de esta zona en términos de una identidad caribeña costarricense. A través de una verdadera estética de resistencia presente en la escritura contemporánea de la costa atlántica costarricense, los escritores de la región establecen un auténtico contrapunto entre lo que se podría llamar la comunidad imaginada de la nación y la real de la región limonense.

El crítico Edward Said en su estudio Cultura e imperialismo (1996) considera que las estrategias de resistencia no constituyen sólo una forma de reacción antiimperialista sino también un modo alternativo de concebir la historia que rompe las limitaciones culturales. Said sugiere que los escritores poscoloniales llevan así su pasado con ellos como cicatrices de heridas humillantes, pero que, a la vez, se convierte en motor de prácticas diferentes. Este proceso posibilita que estallen visiones de un pasado potencialmente en revisión y que tienden a un futuro postcolonial, como experiencias susceptibles de urgente revisión y reorganización, en las que el antiguo silencio de los nativos habla y actúa sobre el territorio reclamado a los colonizadores. Su tesis central sostiene que las naciones son narraciones y, de tal manera, la noción de identidad se construye a partir de instancias discursivas. O sea, se trata de analizar el juego de la diferencia dentro de la identidad. Tal diferencia permite reterritorializar las identidades culturales caribeñas. En este proceso resuena una dinámica sincrética que se apropria, de manera crítica, de elementos provenientes de códigos maestros de la cultura dominante y los creoliza desarticulando los signos presentes y re-articulando su significado simbólico.

Limón es una provincia de Costa Rica que se integra a una cadena étnica y cultural que abarca las regiones del Caribe centroamericano desde Guatemala hasta Panamá. A lo largo de esta cadena se comparten elementos materiales y espirituales con el resto del Caribe. Limón siempre ha sido una provincia marginada, debido a su posición geográfica, lejos de la capital o del área metropolitana, deficientes vías de comunicación y el lenguaje. Es más bien una región y una población marginada y segregada lingüística y culturalmente además de serlo históricamente. En Limón viven indígenas, negros (afrocaribeños), centroamericanos, libaneses, coolies y chinos juntos a muchos ticos transferidos del interior.

A diferencia de la novela músico-histórica de Tatiana Lobo, la última de Anacristina Rossi, Limón Reggae relata otra historia centroamericana y plantea otra visión del Caribe costarricense. Primero que nada, como sugiere Karen Poe, “la novela es una Babel feliz” en ella los personajes hablan el inglés limonense, el mekatelio, y también hablan como nicaragüenses, salvadoreños y ticos en una “comunión cultural” (67). Rossi recupera esos modismos típicos de la zona para recrear de manera lícita y verosímil el mundo limonense del siglo XX. Desde el punto de vista político, la nueva novela de Rossi subraya el desencanto, la tristeza y la impotencia del pueblo limonense frente a las estructuras y una sociedad moderna costarricense. La desolación, la desilusión y la injusticia resuenan en la novela para enfatizar lo difícil que es vivir al margen de una sociedad, sea caribeña o centroamericana.

Un perfecto ejemplo de esto se aprecia en la experiencia de la protagonista principal de Limón Reggae, Laura o Aisha como luego se llama quien padece de una identidad doble: la Laura capitalina y la Aisha limonense, como la llamaba su tía Maroz. Laura, como muchos limonenses, viene de una familia multicultural y multiétnica, lo cual sirve de metáfora para la gran comunidad limonense y su historia de diversidad. En las primeras páginas de la novela Laura abandona el nombre impuesto por sus padres y lo cambia por Aisha que refleja más su espíritu rebelde y su identidad mestiza. Llama la atención esta doble identidad de la protagonista cuando la narradora nos cuenta que “Limón es la otra parte de la vida de Laura. Pero no sólo Limón centro…sino el sur de la provincia, las playas, el bosque, los ríos….” (12) De niña Laura viajaba desde la capital hasta Limón y recuerda los olores del tren “El olor de las negras y las cosas que vendían: mentas, cocadas, patí” (13). Aquí la autora nos recuerda que Limón es múltiple y no sólo una entidad solitaria. El recorrido de comidas típicas de la zona alude al gran recetario de la cocina jamaiquina que llegó con los primeros trabajadores del ferrocarril. Limón representa otro mundo y Laura se sentía en otro mundo cuando llegaba a Limón y “se sentía chapotear y moverse en un aire muy dulce, muy suave, perfumado, respirar ese aire la ponía casi eufórica. Era el aire de Limón. Enseguida llegar, bajarse cerca del muelle, oír músicas distintas a las de San José y un idioma distinto: el inglés de Limón….” (13) Según la narradora, el Limón de su juventud es un Limón utópico, un paraíso, y esta imagen idílica se contrasta con la de la casa donde vivía su familia en San José después de que unos estafadores engañaron a su padre y lo perdieron todo. Entonces debieron dejar su casa para ir a alquilar una casa “espantosa” en un barrio fatal donde quedaba el “tugurio más grande de San José” (13) Más tarde Laura nos recuerda que “al despertarse la primera vez en ese barrio, en vez del aroma del café le “llegó un potente olor a podredumbre, a animal muerto. (…) Los guilas del tugurio, flacos y sucios y medio chingos … estaban haciendo caca en la puerta de su casa” (14). Esta imagen de San José como “un gran cagadero” deja poco para la imaginación de los lectores y sugiere otra visión de lo que es la gran capital. El contraste entre el Limón paradisíaco y la capital pobre y en decadencia trastrueca la vieja dicotomía metafórica de la civilización versus la barbarie establecida en la primeras novelas fundacionales de Latinoamérica del siglo XIX.

Pero aún para Laura, los recuerdos de un Limón idílico ya no tenían el mismo sentido de cuando era una niña. Para ella como para el resto de su familia, Limón había cambiado a lo largo de los años. Ya no era el paraíso de su infancia, la “Limón Town (que) se parecía a Nueva Orleáns… en los tiempos de su tía Maroz(18)…. La memoria colectiva reflejada en la de la protagonista sirve para preservar esos momentos felices de su infancia y contrasta severamente con las imágenes de un presente gris y turbulento. En parte, ésto se confirma con el personaje de Percival, quien se convierte en el primer amor de Laura. Es más, desde muy joven, Percival expresa su espíritu rebelde y anda en busca de su propia historia para escapar del mundo triste y solitario del Limón de los 70. En un instante, cuando Laura le está preguntando a Percival por qué había escogido otro nombre, él explica: “Porque Percival es un nombre colonial. Ahmed en cambio para nosotros es un nombre libre” (27). La necesidad de liberarse del control colonial y hegemónico del nombre colonial se asocia con el deseo de vivir en una sociedad posplantación y de deshacerse de la alienación histórica de sus ancestros. Tal experiencia sirve como fuerza motivadora en la transformación del personaje de Percival. Pero, para Percival, tal condición petrificada y de aislamiento, le da poca esperanza y en un instante nos cuenta que “Los negros ya no somos capaces de unirnos para salir de la miseria. Logramos la nacionalidad, Costa Rica es nuestra patria y una patria no debe abandonar a sus hijos. Pero no reclamamos. Nos alzamos de hombros y nos vamos a buscar el futuro a los Estados Unidos. En los últimos años más de un tercio de nuestra comunidad emigró” (22). Para muchos, la única solución/salvación posible está en irse a los Estado Unidos en busca de mejores condiciones u otras utopías. Es más, esta imagen refleja una cierta desesperación de parte de los afrodescendientes limonenses y una necesidad de deshacerse de esa miseria y abandono que significa vivir en Limón.

Limón como metáfora del desencanto que se siente por las situaciones políticas y socioculturales resuena por toda la novela. En Limón Reggae, Anacrsitina Rossi plantea varias y alternativas imágenes de la zona caribeña en decadencia, un espacio olvidado por el gobierno central y sus propios políticos. Limón es una zona marginada por su situación económica y sociocultural. Nos recuerda la narradora que “Limón está siniestro. Las calles revientan de pordioseros y de negras con elefantiasis, la basura taquea acequias y alcantarillas y llena la ciudad de punta a punta, todas las casas del centro salvo la de Maroz están en ruinas y adentro viven gentes que parecen fantasmas. Laura nunca había visto tanta prostituta en la calle ni tanto borracho tirado en la acera” (93). La autora nos deja con una imagen casi fantasmagórica y de decadencia de lo que representa el Limón contemporáneo. Repetidamente la narradora nos cuenta que “Limón es un desastre. Cuando éramos pequeños por lo menos era limpio” (28). Y Ahmed repite con frecuencia “Limón está muerto” (61). Pero no todos los personajes de la novela están de acuerdo con tal visión. Sylvia, otro personaje, alude a una pequeña esperanza que queda en los artefactos culturales que todavía preservan la cultura afrocaribeña de la zona. “Limón está jodido pero Limón no está muerto, piensa Sylvia, Limón vive en su patois, en los spirituals y los gospel, en los calipsos y los ocasionales arrebatos de jazz de los músicos viejos como el abuelo Maikí, en su comida, en sus iglesias y en sus logias.” (63) Entonces, las distintas perspectivas de los personajes aluden a una realidad múltiple y orgánica, al contrario de la típica y hegemónica propuesta por el Estado y consumida por los turistas que llegan en los cruceros a ver al Puerto Limón disfrazado del calypso y las tiendas de souvenirs.

Al final de la novela Aisha reflexiona sobre los cambios en su vida, sobre las consecuencias políticas del momento, sobre los sueños incompletos de la vida y todavía parece sentirse desilusionada con lo que observa y en el mundo que la rodea. Parece perder la esperanza y leemos que “Aisha mira la costa. Quedan árboles pero dominan los edificios. Exclama, ‘La empresa privada produce libertad’. …, ‘Sí, era lo que todos querían, negocios y más negocios.’ La utopía perdió, ganó la Centroamérica de los negocios como quería aquel Presi del Plan de Paz, piensa Aisha” (284) Aquí la autora critica con una obvia y directa pulla la administración y la política del gobierno del presidente Oscar Arias, para ella y la protagonista, un vendepatrias e hipócrita. Es más, con ésto, uno percibe cómo la guerra, la solidaridad, la amistad, el amor, el compromiso, la esperanza y la desilusión, los anhelos y la lucha incansable por una sociedad más justa agitan el apasionado corazón de la protagonista, en quien se refleja una generación y una época de las voces marginadas de la costa caribeña costarricense.

La novela de Anacristina Rossi, desde un punto de vista revolucionario, es un planteamiento de que la producción afrolimonense se da dentro de una estructura de conflicto y de resistencia. Tal conflicto se manifiesta en contra del poder económico/cultural donde las producciones culturales y el imaginario cultural formados desde afuera son puras construcciones foráneas. Los ejemplos mencionados aquí reflejan la alteriedad y la práctica discursiva de unas voces marginadas que sirven de portavoz de una ideología y una identidad sumamente limonense. Tanto para los personajes de Limón Reggae como para los mismos autores y cantautores limonenses, Limón vive en sus obras, en sus construcciones y en sus “modificaciones” así como la música del calypso sirve de construcción simbólica y apropiación cultural con la que más se identifican los afrolimonenses. Entonces, al reexaminar la condiciones y metáforas reflejadas en la novela Limón Reggae es obvio suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores o con nuevas relaciones entre ellos; tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica como se describe en Limón Reggae. Ante tanta desolación, las voces limonenses de la silenciosa historia centroamericana y, en particular, la historia costarricense, resuenan en la letra de su música y su poética tanto como en los ritmos de sus ancestros en ésta, la última novela de Anacristina Rossi.

Bibliografía

Anderson, Benedict. Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. London: Verso, 1995.

Lobo, Tatiana. Asalto al paraíso. San José, Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica, 1992.

_________. Calypso. San José, Costa Rica: Farben, 1996.

Mackenbach, Werner. “Representaciones del Caribe en la narrativa centroamericana.”

http://collaborations.denison.edu/istmo/n05/articulos/ representaciones.html. November 19, 2007.

Meléndez, Carlos, y Quince Duncan. El negro en Costa Rica. 10 ed. San José: Editorial Costa Rica, 1993.

Poe, Karen. “Limón Reggae: La reinvención utópica del sexo.” Página Literal. Pp. 62-71. San José, Octubre del 2007.

Rodríguez, Ileana, editor. The Latin American Subaltern Studies Reader. Durham: Duke University Press, 2001.

Rossi, Anacristina. La loca de Gandoca. 1992. Segunda reimpresión. San José, Costa Rica: Editorial Legado, 2001.

_________. Limón Blues. Cali: Colombia, Alfaguara, 2002. Said, Edward. Cultura e Imperialismo. Barcelona: Anagrama, 1996.

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Así escribí Limón Reggae

Anacristina Rossi.  “Así escribí Limón Reggae”. El Financiero. (San José, Costa Rica), 8 de julio de 2007

Escribir esta novela fue difícil. Claro, lo mismo dije de Limón Blues , y también es cierto. La verdad es que yo no soy de esos autores que escriben felices, como dice Isabel Allende que le pasa a ella. Yo escribo sufriendo. Bueno, no todo el tiempo. Hay momentos gozosos, por ejemplo cuando una descubre un mundo que pugna por salir.

Ir dejándolo aparecer es maravilloso. Ir descubriendo a los personajes también. Hay personajes que llegan de una vez con todo su bagaje y su estilo de hablar y su mal o buen humor. Pero hay otros que no quieren echarse al agua.

De Limón Reggae he hecho más versiones que de ninguna otra novela. De María la Noche hice siete versiones pero aparte de las dos primeras, eran variaciones de una misma idea. Hace un tiempo, cuando Esther Tusquets dejó de dirigir la Editorial Lumen, me hicieron llegar los primeros manuscritos que yo le había mandado a la Editorial en 1981 y 1982.

La Loca de Gandoca es la única novela de la cual he hecho solo dos versiones, y muy parecidas. De Limón Blues hice como cinco versiones, y solo la primera era muy diferente, las otras eran variaciones.

La diferencia con Limón Reggae es que hice muchas versiones totalmente diferentes. La primera la traía ya casi terminada de Holanda en el 2000 pero muy temprano la abandoné.

La decepción política

Un año entero investigué sobre la descolonización de África para hacer una verdadera continuación de Limón Blues . Siempre tuve claro que Ignacio, el hijo de Orlandus y Leonor, era un marxista.

Había gente que me llamaba y me decía: “Yo sé que está escribiendo la segunda parte de Limón Blues, yo quiero saber qué pasó con Ignacio” o “Yo quiero que cuente la vida de Denmark.” Y tal vez por las expectativas de la gente, escribí la historia de Ignacio entrelazada con la historia de Denmark, su medio hermano.

Era una novela de decepción política. Ignacio se enrola en la causa de la independencia de Ghana y se da cuenta de que Kwame Nkrumah y su Partido traicionan al pueblo y se va a vagar años de años por el desierto. Allí se enamora de un hombre.

Esa parte me gustaba, examinar el amor entre dos hombres. Sin embargo, la novela salió demasiado larga y ajena a Costa Rica. La abandoné, pero me mostró que yo quería una novela sobre la Utopía. Y una novela sobre la imposibilidad del amor.

Para la tercera, cambié completamente el rumbo y pasé años estudiando Centroamérica, en particular El Salvador, pero también Costa Rica y Nicaragua. Volví a la Hemeroteca Nacional y leí todos los periódicos que pude encontrar sobre Costa Rica en los años setenta. Muy interesante.

Una versión intelectual

También leí un montón de libros sobre El Salvador, incluidos siete tomos de historia que acababa de publicar Concultura. Pasé investigando y hablando con gente y haciendo bocetos durante 4 años.

Fui dos veces a El Salvador, estuve unos días en Chalatenango. Me fascinaba la historia de su guerrilla, es una Utopía única en Latinoamérica.

El Salvador es un pueblo valiente dominado por una élite despiadada. Me fascinaban los innumerables actos de heroísmo, desde los más pequeños hasta los tremendos. Me fascinaba la figura de Salvador Cayetano Carpio. Y me afectaba mucho que al final hubieran surgido las “maras”.

También para esa tercera decidí volver a Limón pero diferente. Ramiro Crawford me había contado unas cosas increíbles de Limón en los setenta, y me puso en contacto con uno de los protagonistas de esa búsqueda de la Utopía: Milton Franklin.

Milton, que es una persona fabulosa, me dio una visión profunda y trágica del Limón actual. Sin Ramiro y sin Milton yo no hubiera podido internarme en el Limón contemporáneo.

Y la honestidad y valentía de Milton me ayudaron a romper los tabúes que había que romper para poder hablar sobre la Costa Rica –y el Limón– de la última mitad del siglo veinte.

Escribí pues la tercera, la envié a una agencia y les encantó. Pero era demasiado larga. Hice una versión corta que a la agencia le gustaba mucho pero no pudieron colocarla. Yo empecé a dudar. Les pedí a unos amigos que la evaluaran. Me dijeron: “Tenés un novelón político en potencia pero está demasiado intelectual.” Y: “Los personajes están demasiado estrujados por la política.”

La retiré de la agencia porque tener que agradar a las grandes editoriales del mundo me bloqueaba totalmente. Con Alfaguara nunca me pude entender.

Desde que la cosa se había ido para El Salvador yo le había pedido a Sebastián Vaquerano que me aceptara la novela, pero no habíamos concretado. Esta vez concretamos y le pedí tiempo. Me lo dio.

La magia de Tulia

Me tiré en un sillón a esperar que mis personajes llegaran y tomaran la historia. Pasé una semana, dos, tres, un mes, mes y medio, y nada. Estaba a punto de renunciar, pero me salvaron las llamadas de Nora Garita diciéndome: “No podés renunciar después de tanto trabajo. Además tenés que hablar sobre la izquierda y sobre la Centroamérica de la Utopía.”

Y un día por fin, el temperamento profundo de los personajes empezó a salir y eso me volvió al trabajo. Y luego conocí a una persona increíble: Tulia, la viuda de Salvador Cayetano Carpio. Tulia es un ser humano tan especial que me dio el impulso para terminar la novela.

Fue algo muy mágico. Siempre le agradeceré a Tulia la magia de su presencia. Y luego hubo otras cosas igualmente mágicas. Recuerdo que un día que estaba bloqueada pasó Manuel Obregón a dejarme un disco decalypso jazz . Esa música me desbloqueó.

Y también que estaba insegura de la parte sobre Nicaragua, y le pedí a Abelardo Morales una entrevista. Hablamos en Flacso, en una sala que daba al jardín. Yo lo escuchaba embobada. Y empezó a anochecer. Y de esa tarde no solo quedó cierta información de Abelardo, también quedó el jardín en las sombras crecientes.

Limón Reggae es una novela atrevida gracias a Milton. Pero es también una novela que me dio mucha magia. Y eso se lo debo a Nora y a Abelardo y a todos los demás que me ayudaron y no voy a nombrar.

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Anacristina Rossi regresa a Limón en su nueva novela

Díaz, Doriam. “Anacristina Rossi regresa a Limón en su nueva novela “.  La Nación.  (San José, C.R.), 19 de julio 2007

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Anacristina Rossi comentó que la primera versión de Limón Reggae iba a ser una continuación de Limón Blues , pero la desechó porque “le faltaba alma”. Luego de mucho escribir, llegó a esta que sí la satisface.
Jorge Castillo

Después de cinco años de probar diferentes historias y de escribir varias versiones, la escritora costarricense Anacristina Rossi presenta una nueva novela en que Limón es el punto de partida y llegada de una narración colmada de erotismo, violencia y luchas revolucionarias.

El texto se titula Limón Reggae y es la segunda parte de la trilogía que inauguró en el 2002 la novela Limón Blues , ganadora del Premio Aquileo J. Echeverría a la mejor novela del año.

Limón Reggae es una recuento de las luchas revolucionarias en Centroamérica, que comienza en Limón en la década de los años 70 y termina en la actualidad. Durante este viaje, el lector es guiado por Laura, quien es protagonista y testigo de los hechos.

Muy política. “Es una novela política; por primera vez, escribo una novela política porque los 70 fueron una época profundamente política. No es un Limón Blues 2 ”, comenta Rossi, autora de María la noche y La loca de Gandoca .

El texto muestra la violencia de las dictaduras militares en Nicaragua y El Salvador y, sobre todo, la lucha del pueblo salvadoreño.

Este tema da como resultado páginas impactantes que no le dan tregua al lector.

La escritora defiende que aquella época determinó lo que Costa Rica y Centroamérica es hoy y que los fracasos y errores de entonces explican “el marasmo que se vive actualmente”.

¿Qué pretende al retratar esa época y sus luchas? Rossi respondió: “ Limón Reggae es una larga carta a los jóvenes que se preguntan qué hicieron sus padres, de dónde viene el mundo que vivimos ahora, por qué nuestra Centroamérica es así. Es una novela que también pretende ‘desatanizar’ las luchas de la izquierda, las cuales estuvieron enterradas como un tabú por muchos años”.

En esta novela, la música reggae representa la utopía que se niega a morir. “El reggae es la utopía, es el intento de una solidaridad y fraternidad diferente que se mantiene hasta hoy”, dice la escritora.

Erotismo y amor. Limón Reggae también es una novela llena de amores y erotismo ya que se contagia con el “destape” sexual que se vive en los años 70.

Incluso, el crítico Juan Durán Luzio comentó que un aporte de este texto es la forma en que se narran los encuentros eróticos.

Karen Poe, especialista en estudios culturales, considera que la novela innova al presentar una sexualidad sin violencia, donde hombre y mujer toman la iniciativa, donde ambos son activos y donde se plantea la entrega del hombre, no solo de la mujer.

La narración es directa y fluida con un lenguaje que privilegia lo coloquial. “Quería darle frescura al acercarme a cómo podía hablar y sentir la gente”, dijo Rossi.

No le interesa el mercado. Rossi comenta que Limón Reggae es resultado de su interés por decir “algo fuerte que le saliera de las entrañas”. “Esta novela no trata de quedar bien, todo mundo cae, excepto la búsqueda del amor y la fraternidad”, confiesa.

En la travesía hacia la publicación del texto, Rossi aprendió no solo a tener mucha paciencia sino a lidiar con sellos editoriales.

Y agregó: “Lo único que cuenta es hacer algo que una quiera. No soy una escritora de mercado, no escribo para el mercado. Escribo lo que quiero”. Así lo hizo ella en esta novela y ahora les toca juzgar a los lectores

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