Hugo Díaz. Un interprete del ser costarricense

Morales, Carlos. “Hugo DíazUn interprete de ser costarricense”. Semanario Universidad (San José, Costa Rica), setiembre de 1990

Entre los acontecimientos para conmemorar el XX aniversario de fundación del Periódico UNIVERSIDAD, no podría faltar una nueva exposición de los dibujos de Hugo Díaz.

Díaz es la presencia permanente en las páginas del Semanario, desde aquel 28 de setiembre de 1970, cuando gritó por primera vez en los pasillos universitarios el ya clásico “La U.; la U.”.

Tan inherente es su caricatura, que se ha convertido en un símbolo de identidad y no son pocos los lectores que comienzan a leer el periódico por la página cuatro, pues saben que allí esta su ocurrencia, su dardo, su chiste, su reflexión, su sonrisa de la semana.

Personalmente es un artista muy comedido. Bien consciente de su valor, pero nada estridente ni pretensioso. Más bien su modestia es directamente proporcional a la gran calidad de su obra.

Pocas veces he visto en mi vida un artista con mayor capacidad para captar plásticamente los rasgos sicológicos de una persona o las circunstancias que lo conforman. Mientras Quino, el célebre dibujante porteño alcanzó la celebridad con unos pocos personajes, Hugo Díaz ha logrado recomponer en su lápiz el temperamento de casi todos los políticos del país y ha sabido expresar, como nadie, el ser costarricense con un toque de ironía.

Por eso los personajes de Díaz no se individualizaron, por le contrario, formaron legión, legión inagotable que abarca toda la realidad costarricense de los últimos veinte años.

Ese vibrar nacional es lo que hemos querido resaltar en esta nueva exposición de Hugo Díaz. Son dibujos que pintan diferentes momentos y personajes de las dos décadas que está cumpliendo el Semanario UNIVERSIDAD y en cierta forma reflejan también la idiosincrasia nacional de los diez lustros que lleva de hacer Patria la Universidad de Costa Rica.

El visitante podrá notar la alta calidad interpretativa y técnica que el artista posee, la forma siempre generosa y sonriente con que aborda el tema local y su irreductible compromiso con las clases más necesitadas de nuestra nación y contra los vicios y corruptelas que perjudican nuestra sana convivencia.

Como lo dice el artículo 3 del Estatuto Orgánico: “El propósito de la Universidad de Costa Rica es obtener las transformaciones que la sociedad necesita para el logro del bien común, mediante una política dirigida a la consecución de una verdadera justicia social, del desarrollo integral, de la libertad plena y de la total independencia de nuestro pueblo”.

Hugo Díaz es un fiel intérprete de ese mandato. Por eso mismo es signo de identificación del Semanario UNIVERSIDAD y baluarte indiscutible de los principios que sustentan a esta casa de estudios que ahora cumple 50 años de esparcir luz.

Cuando se haga el recuento de ese fin de siglo, los dibujos de Díaz serán una consulta obligada y un punto de  apoyo para entender y entendernos. No me cabe duda.

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Lic. Alberto Cañas Escalante

Castegnaro, Marta. “Lic. Alberto Cañas Escalante”. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 11 de setiembre de 1998, p. 10

 Si solo tomásemos en cuenta la labor que realiza don Alberto Cañas en la columna periodística Chisporroteos en tanto en ella analiza el trabajo literario que se edita en Costa Rica, -columna que utiliza para estimular a los autores y destacar las facetas positivas de su producción- sería suficiente para que su nombre ocupase un lugar sobresaliente en la literatura costarricense. Pero se a ello añadimos que es poeta, autor de cuentos y novelas varias veces premiadas, dramaturgo excepcional (“Conoce a fondo el  teatro contemporáneo y esta especialidad corresponde a su temperamento y a su concepción esencialmente dramática de la vida”, dice don Alberto Bonilla), nos acercamos un poco más a conocer la realidad de este polifacético costarricense, que ha participado activamente en la política nacional –manteniendo siempre un gran prestigio- y que ha sido diputado, ministro, embajador, profesor universitario, crítico y ensayista de gran valor.

Nacido en San José, cursó la segunda enseñanza en le Liceo de Costa Rica; desde su etapa estudiantil sobresalió como poeta; a esa época corresponde su espléndido poema El Punto Guanacasteco, bella exaltación de la célebre danza. Siguió la carrera de Derecho y se graduó de abogado. Sus inquietudes sociales lo llevaron desde muy joven a formar parte del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, y a participar en lides periodísticas. Junto a José Figueres participó en la revolución de 1948.

Embajador ante las Naciones Unidas y encargado de la cartera de Relaciones Exteriores, su paso por la diplomacia ha sido excepcionalmente brillante. Como Ministro de Cultura Juventud y Deportes desarrolló una trascendental labor editorial de recate de los valores culturales y literarios costarricense. Diputado fogoso y apasionado, sus intervenciones provocaron a menudo intensas polémicas; le correspondió presidir la Asamblea Legislativa en 1994. Fue uno de los fundadores de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Costa Rica, donde se ha desempeñado como profesor.

Entre otros, ha publicado los siguientes libros: Aquí y ahora, Una casa en el barrio del Carmen , y La exterminación de los pobres. Los molinos de Dios, es su novela más ambiciosa; en ella, con ternura y picardía, “acaricia” la historia de la sociedad costarricense. “Su principal característica, y la que le ha llevado a ser el escritor más leído y el dramaturgo más popular de su país, es un afán de analizar y desentrañar la sociedad costarricense, con ojo crítico y un acentuado toque de humor que nunca lo abandona; y esto lo ha conseguido, en el teatro, jugando con elementos de fantasía, imaginación y magia en obras que han sido representadas en casi todos los países de Iberoamérica y divulgadas por la Radio y Televisión Española…”, dice un comentarista. Algunas de sus obras de teatro son Uvieta, Una bruja en el río, El luto robado y La Segua.

Tan intensa y valiosa labor cultural le hizo merecedor, en 1976, del Premio Nacional de Cultura Magón.

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