Un Día en la Vida. Al Teatro

Reyes, Alfonso. Un Día en la Vida. Al Teatro. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 6 de setiembre de 2001. p 104

 La compañía “Teatro de la Calle” presenta la temporada de la obra del escritor salvadoreño Manlio Argueta durante las primeras semanas de septiembre.

Una suave luz le descubría el rostro. Su ceño estaba fruncido, preocupada tal vez. Lo cierto es que estaba sentada sobre una pequeña silla, suspendida en el tiempo por los pensamientos, tanto, que su entorno pasaba inadvertido ante sus ojos. Lupe pensaba en su matrimonio con Chepe y en los acontecimientos que acarrearon esta unión.

Mientras tanto, al extremo derecho de la habitación, tres ánimas yacen en el suelo, para luego rescatar, a través de la música y movimientos, aspectos ancestrales del país. Pero el comienzo se establece con un legendario capítulo de la narrativa costumbrista salvadoreña.

En otra parte, en las butacas del teatro Ricardo Mendoza Alberto (director del grupo “teatro de la Calle”) explicaba que “estamos presentando la obra “Un Día en la Vida” de Manlio Argueta, que está basada en la situación socio-histórica que vivían los campesinos en los años 60 y 70, que era la persecución de parte de las autoridades”.

“Un Día en la Vida” se ha gestado desde enero de este año, y se había programado el estreno para marzo. Sin embargo y como todo lo que se programó para los primeros tres meses de este año –por  culpa de los terremotos- la obra no se definió sino hasta julio, y el martes pasado fue estrenada en el Auditorio Ignacio Ellacuría, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, por la compañía “Teatro de la Calle”.

Esta obra, escrita en los años 70 y adaptada a teatro en 1990 por Manlio Argueta, se enclava en la zona norte de Chalatenango. En este contexto espacial, “Lupe” (personaje principal) desarrolla su vida en comunión a 17 personajes, cuyo hilo conductor es la persecución militar.

Danza sobre teatro.

Las ánimas que se habían situado al extremo derecho del escenario constituyen el grupo de teatro, que además proponen otra corriente artística en escena: la danza contemporánea. Este aspecto había sido contemplado por el escritor salvadoreño cuando creó la versión para teatro.

A pesar de esto, la compañía “De la Calle” transforma esta visión del escritor para adecuarla al contexto salvadoreño. “Manlio Argueta propone una danza con perfiles europeos, pero nosotros rompimos con eso, y proponemos la danza moderna, cuya coreografía es obra de Didine Angel (bailarina encargada de la sección de danza en “Teatro de la Calle”).

Sobre el entablado, Lupe guarda silencio, mientras las luces ceden ante la oscuridad. Vuelven las luces, y con ellas las ánimas con movimientos que expresan un aspecto de la obra. De esta forma, “la danza ayuda a que se entienda todo el contexto de la obra” indica Ricardo Mendoza.

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Fiesta Teatral

Martínez, Lilliam. Fiesta Teatral. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 28 de marzo de 2002.

 En el marco del Día Internacional del Teatro, un grupo de actrices y actores se prepara para llevar a Costa Rica una nueva adaptación de “Un Día en la Vida”.

 Artteatro celebró el Día Internacional del Teatro por adelantado con la presentación de “Voces en el umbral”, a inicios de este mes. Después, Moby Dick hizo lo suyo con “Beranarda”.

La Casa de la Cultura de la colonia Centroamericana, La Luna y “La Chulona” serán puntos de encuentro para celebrar este día. Mientras tanto, los actores y actrices de Teatro La Calle se tienen algo entre manos.

 “Un Día en la Vida”…tica.

Teatro La Calle presentó hace casi un año una adaptación de la novela más conocida de Manlio Argueta a nivel mundial: “Un día en la Vida”.

Alguien de la embajada tica en nuestro país, vio la obra y le gustó. Por esta “buena fortuna”, Teatro la Calle está invitado a participar en el Festival Internacional de las Artes que cada dos años se realiza Costa Rica. Las presentaciones de “Un día en la vida” estan programadas del 17 al 20 de abril en la tierra del ¡pura vida!.

Con un viaje en su agenda, cuatro actrices (Rubidia Contreras, Xucit Chaves, Susana Reyes, Isabel Rodríguez) y tres actores Francisco Borja, Oscar Guardado y Ricardo Mendoza) se preparan. El lunes Santo, Planeta los pilló en pleno ensayo general, con vestuario y todo.

La puesta en escena que preparan se basa en una nueva versión teatral de la novela de Argueta. Es decir, está “obra” es diferente a la que se presentó el año pasado. Ricardo Mendoza y Manlio Argueta son los responsables de los cambios, pues veían “problemas de estructura”.

“En esta versión se introducirá un elemento nuevo: cine (video) dentro de la obra de teatro”. Con la ayuda del departamento de Comunicaciones y Periodismo de la UCA, Teatro La Calle podrá proyectar estractos de documentales de los 80s “para recalcar lo qué sucedió en ese entonces”, explica Mendoza.

Los gastos de estadía corren por cuenta de los organizadores del Festival, pero para “el pasaje” Teatro La Calle hará una breve temporada del 4 al 6 de abril en la UCA. La entrada costará 20 colones para estudiantes y 25 general. La obra ¡los vale!

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Tercera llamada

Bonilla, Alexandra. Tercera llamada. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 24 de julio de 2002. p 114

10° Festival Centroamericano de Teatro

El lunes por la noche, los salvadoreños de Teatro La Calle lograron llenar totalmente el Museo Antropológico David J. Guzmán

Esta vez le tocó el turno a El Salvador. El lunes se presentó la obra “Un día en la vida” del escritor salvadoreño, Manlio Argueta. Tras las presentaciones de Ecuador, Guatemala y Colombia, le llegó la hora a Teatro La Calle, para poner en alto el nombre del país.

A las ocho de la noche no había ninguna butaca sola en el auditórium del Museo Antropológico David J. Guzmán. Lograron un lleno total, de los doscientos doce asientos no había ninguna silla desocupada.

Si bien es cierto que este grupo teatral ha presentado esta obra en varias ocasiones, dentro y fuera de país, esta vez traían una novedad. En presentaciones pasadas han incluido números de danza, pero en esta ocasión incluyeron un vídeo que les facilitó el departamento de audiovisuales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.

Video real

La obra juega con varios recursos. Hay un vídeo con imágenes de la guerra y han eliminado la danza. Ricardo Mendoza, director artístico de Teatro La Calle, explicó el porqué se hizo esto: “Hemos quitado la danza porque sentíamos que distraía un poco al espectador”. “Con la danza veíamos que se ponía ambigua la situación; la gente decía ´que bonita la danza´, sentíamos que no calaba más el mensaje. Es para concretar más en el mensaje. Es para concretar más en el mensaje que queremos dar”.

“Un día en la vida” relata la vida de Guadalupe y José Guardado, durante la época de la guerra. Malio Argueta logra captar la esencia de la realidad salvadoreña de los años ochentas. De acuerdo con Mendoza, el fin es: “Rescatar la historia, decirle a la gente esta es nuestra historia. Lo que sucedió antes de la guerra, por qué se dio la guerra, luchemos porque no se vuelva a dar este tipo de situaciones que generen otra guerra” finalizó.

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Para leer en vacaciones. Existe una amplia gama de libros para disfrutar en el fin de año.

Mora, José Eduardo. “Para leer en vacaciones.  Existe una amplia gama de libros para disfrutar en el fin de año”.  Semanario Universidad (San José, Costa Rica), 7 diciembre de 2006, p. 12

Ensayos, novelas, volúmenes de relatos, autobiografías: el mercado costarricense ofrece para esta época lo más variado en el campo de las letras, con el fin de que diciembre sea un reencuentro con la lectura.

En formato de lujo llega a las librerías nacionales una nueva edición de “La hoja de aire”, de Joaquín Gutiérrez, la cual fue producida en España y viene complementada con unas bellísimas ilustraciones de Emilio González Sáinz.

La edición, que estuvo a cargo de Juliana Penagos, y que es una verdadera joya desde el punto de vista de la producción gráfica, es la primera que se hace de la novela en tierras españolas. En el país la obra es distribuida por la editorial Legado.

Releer “La hoja de aire” trae consigo la comprobación, por ejemplo, de que en esta Costa Rica todavía hay una vasta pobreza en el campo intelectual, como la sufría Alfonso, dado que aún los espacios para la conversación inteligente, para la tertulia literaria y para el intercambio de ideas son reducidos.

La obra se lee en un par de horas, pero sus efectos pueden durar toda la vida, porque es un texto al que no le falta ni le sobra nada y porque tiene una enorme vigencia.

Realizado por Taller Editorial Piedra de Toque, el libro trae un prólogo del escritor mexicano Jordi Soler y el original escrito por Pablo Neruda.

“Aunque Joaquín Gutiérrez es un costarrico general, que desde joven se naturalizó en el continente, otorgándose la más espaciosa ciudadanía, hay que buscar en este mágico relato el sabor central de la América delgadísima que esencialmente representa”,  escribió en 1968 Neruda.

La cultura de la mojigatería a la que se enfrentó Alfonso antes de irse a México y a su regreso, el amor que siempre vuelve con sus recuerdos ficticios y una prosa escrita casi como un susurro, hacen de “La hoja de aire” una lectura especial para la época.

Historia y Teatro

A quienes les interese el teatro se hallarán una edición de “La Imagen Teatral” del fallecido Lenín Garrido, la cual es editada por editorial Promesa.

El texto reviste importancia porque Garrido, quien fuera profesor de literatura en la Universidad de Costa Rica, aborda el tema desde el ámbito teórico, aunque también con base en su larga experiencia como actor y director.

“Es natural que al ejercicio de una actividad artística se llegue por amor, por amor que despierta la potencia interna del espíritu; la habilidad técnica, erudición relativa al arte, la práctica, la constancia, pero también el amor por un arte despierta el deseo de conocerla en toda su realidad íntima”, decía Garrido en la introducción.

En el ámbito de la historia hay dos libros que pueden resultar una relevante lectura en el fin de año como son “La historia no es solo color de Rosa” del catedrático Gerardo Contreras y “Clarín patriótico: la guerra contra los filibusteros y la nacionalidad costarricense”, de Juan Rafael Quesada.

En “La historia no es color de Rosa” Contreras hace un sólido recorrido por los 75 años de Partido Comunista en Costa Rica y evidencia las contradicciones de clase que dieron origen a esa organización.

El 16 de junio de 1931, cita Contreras, se estableció formalmente el Partido Comunista de Costa Rica, el cual desempeñaría una función extraordinaria en los acontecimientos de 1948, que culminaron con la junta de la Segunda República, presidida por José Figueres Ferrer.

La fundación del Partido Comunista representó, de acuerdo con Contreras, “un elemento fundamental, esto es, un Partido de la clase trabajadora, lo que implicó un salto cualitativo en el proceso de la lucha de clases en la escala nacional”.

Para todo estudioso del aporte del comunismo en el país, la obra publicada por ediciones perro Azul, es imprescindible para entender la Costa Rica contemporánea.

Quesada, por su parte, sostiene que antes de la guerra del 56, ya la idea de nacionalidad se había cristalizado en el imaginario nacional.

“La nacionalidad, en tanto, que sentimiento de identificación colectiva, ya había adquirido un arraigo importante en el imaginario costarricense. La guerra, hazaña colectiva por antonomasia, constituyó una coyuntura especial en la que se tejieron lazos de unión y solaridad”.

Los vínculos de esa nacionalidad que se notaron en la guerra contra los filibusteros encabezados por William Walker se pueden rastrear, según Quesada, ya en los inicios de la colonia.

La guerra del 56-57, asegura el historiador, constituyó una oportunidad para que el pensamiento martiano se plasmara en la realidad, puesto que la patria se defendió en las “trincheras de ideas”.

El libro de Quesada fue publicado por Alma Máter y es una lectura alternativa sobre el 56 en el 150 aniversario de la gesta nacional.

Universales

Además de la lecturas sugeridas en las líneas anteriores, usted también se puede adentrar en textos con renovada pasión, porque más que leer, como decía Jorge Luis Borges, el placer está en releer.

Una aventura intelectual maravillosa es abrir el vasto tomo del Conde de Montecristo de Alejandro Dumas y hacer ese recorrido por ese inmenso personaje que es Edmundo Dantés, una vez que sale transformado del Castillo de If.

Tras haberse fugado de la prisión, con motivo de la muerte del abate Faría, sale al mundo el Conde de Montecristo, quien es visto así por Gabriel García Márquez, Nobel de Literatura 1982.

“A esa hora ya existía en el mundo -creado para el asombro y la memoria de la humanidad- un tercer personaje indestructible: el Conde de Montecristo, dueño de una sabiduría universal, una fortuna incontable y una sed de venganza que no lograría saciar aún después de haberse castigado sin tregua ni piedad a sus enemigos”.

Hay una muy cuidada edición, entre otras, del debate sobre este maravilloso libro, que se publicó en un principio como un largo folletín que Dumas escribió a mano para los periódicos de la época.

Para los que gustan de las crónicas se encuentran en librerías unos pocos ejemplares de “Artistas, locos y criminales” del periodista y escritor Osvaldo Soriano.

El periodismo realizado por Soriano en La Opinión de Buenos Aires, donde fue director de deportes, es el cimiento de esas crónicas en las que el autor de “Cuarteles de invierno” hace gala de su exquisita técnica narrativa y de una capacidad asombrosa para adentrarse en el lado humano de sus personajes.

Basta citar la crónica “Un odio que conviene no olvidar”, una semblanza del decaído y olvidado boxeador José María Gatita, en la que Soriano, con dedicatoria a Julio Cortázar, hace un despliegue de su mejor técnica periodística y narrativa.

Y para los que gustan de géneros que anden a caballo entre la literatura y el periodismo, está el sorprendente trabajo de David Yallop, “En nombre de Dios”, que con una edición actualizada de Sudamericana circula de nuevo en las principales librerías.

El libro es una investigación exhaustiva sobre los motivos que condujeron al asesinato de Juan Pablo I, tan solo 33 días después de haber asumido su cargo como jefe espiritual del catolicismo.

Gracias a las técnicas del periodismo literario, es posible saber que la última cena de Luciani consistió en “un ligero caldo, un bistec de ternera, un plato de judías verdes y un poco de ensalada”.

Así detalle a detalle, Yallop se adentra en la maquinaria que propició el asesinato de Luciani, sustituido luego por el conservador Juan Pablo II.

Hay lecturas para todos los gustos que incluye a autores naciones y extranjeros, solo es cuestión de adentrarse en el incomparable universo de los libros.

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El teatro de Alberto Cañas

Gallegos Troyo, Daniel. “El teatro de Alberto Cañas”. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 3

Es un hecho indiscutible que el teatro de Alberto Cañas representa un momento decisivo en nuestra literatura dramática porque un teatro bien construido, de envidiable oficio, concebido con personajes ricos y variados, con temas diversos, y un excelente lenguaje. Pero, además de todas esas virtudes tiene algo de lo que yo tengo absoluta certeza. Es y será un teatro perdurable, y este es el mayor triunfo al que puede aspirar un dramaturgo.

¿Qué es lo que le da esa perdurabilidad, esa calidad de contemporaneidad que rompe las barreras del tiempo y de la moda, en esta época en la que abunda un teatro que se consume en tan solo una puesta, y se recuerda más que nada por su calidad de desechable? La respuesta la encontramos en la obra teatral de Cañas, que además de mostrar el inmenso talento y oficio de su dramaturgo, cuenta con ese don tan especial, tan intuitivo y difícil que lo caracteriza y que es la capacidad de conocer y penetrar acertadamente en el alma del ser costarricense, de adivinar con precisión lo que le preocupa y lo que lo hace reír.

En sus comedias nos identificamos fácilmente con sus personajes y, lo que es más importante, nos reímos con ellos, pero nunca de ellos, porque celebramos con buen humor esa mezcla de disimulada astucia, sorna, y buena dosis de sana ingenuidad, con que resuelven sabiamente aquellas situaciones cómicas que son la base de la comedia.

Y en sus dramas, de tan variados temas con los que Cañas nos induce a la reflexión, encontramos, también, un rasgo muy costarricense y es el de no asumir lo trágico como parte de un destino inevitable, porque Cañas piensa que el costarricense es optimista, que si bien acepta el reto de su condición humana, lo acepta no como derrota sino como un estímulo para seguir adelante y vencer escollos.

Carácter Universal. Si bien la obra teatral de don Alberto se desarrolla en localidades totalmente ticas, en áreas rurales, como es el mítico pueblo de San Luis, prototipo del cantón de nuestra meseta central, o en los barrios capitalinos con características muy especificas, en ningún momento los temas, personajes y anécdotas de su obra dejan, por esto, de tener un carácter universal. Poseen, diría yo, la misma magia de un Emilio Caballido, cuyas obras totalmente mejicanas pueden verse a lo largo y ancho de nuestra América y otos países, o la del genial irlandés John M Synge, cuyos personajes tan irlandeses y lejanos Geográficamente se comunican con públicos de diferentes lugares y tiempos.

El teatro de Alberto Cañas es universal porque nos muestra, tanto en sus comedias como en sus dramas, una humanidad que nos envuelve, y como en un espejo nos reconocemos como imagen de lo que somos y queremos ser. Es también, sin lugar a dudas, una resolución del autor para rescatar aquellos valores que más nos identifican. Recolección de memorias colectivas convertidas en acción teatral como esencia de lo que es nuestro y nos libra del olvido. Eso hace que el teatro de Cañas sea un teatro de calidad perdurable y permanente, que encontrará siempre públicos receptivos aquí y en cualquier otra parte en que se represente.

*Daniel Gallegos T.: Dramaturgo, Premio Magón de Cultura.

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1980: transición, crisis y esperanzas

Sáenz, Andrés. “1980: transición, crisis y esperanzas”. La Nación, Crítica de Teatro. (San José, Costa Rica), 9 de enero de 1981, p. 4b

Para el movimiento teatral costarricense y para el público aficionado al teatro, 1980 fue un año de transición. Si bien se recuperaron espectadores que se habían alejado de las salas en 1979, no hubo, en el 80, un aumento importante del número de asistentes. Aunque el Teatro Carpa hizo esfuerzos encomiables de divulgación a comunidades, esta actividad estuvo circunscrita al Valle Central, y si a la Compañía Nacional de Teatro le correspondía según su reglamento, hacer giras por el territorio nacional, en 1980 no realizó ninguna, y delegó esta importante función en jóvenes egresados del Taller Nacional de Teatro.

Quizá el problema fundamental con que se enfrenta el teatro en Costa Rica sea la selección del repertorio. En general, durante la temporada pasada el escogimiento de las obras no fue atinado, pues muchas estaban por encima de las capacidades de los grupos mientras que otras sencillamente eran malas o no tenían nada que decirle al público local. Sin embargo los jóvenes del Teatro Tiempo y del Teatro Estudio de la Universidad Nacional supieron escoger las piezas que presentaron e hicieron un aporte valioso al año teatral debido a la calidad de sus representaciones.

La Compañía Nacional de Teatro está en franca crisis. En todo el año sólo realizó tres montajes, uno de ellos estrenado en diciembre, del que de dieron unas pocas funciones antes de que el elenco entrara en su receso anual. Además, la sala de CNT se mantuvo cerrada semanas enteras. Esto es señal de que la compañía oficial del país ha sucumbido a la arteriosclerosis burocrática y que su actividad no justifica el elevado presupuesto que le paga el contribuyente.

El Teatro del Ángel cumplió en octubre cinco años de ininterrumpida labor en su sala de Cuesta de Moras. Como en los años anteriores, su principal contribución fue mantener la sala abierta todo el año con montajes de alta calidad profesional. Los demás grupos harían bien en aprender la lección que la estadía del Ángel en Costa Rica les enseña: guardar a cabalidad el compromiso adquirido con el público y con el oficio del teatro. Su anunciada partida del país dejará un vacío que únicamente la dedicación y la constancia de las otras agrupaciones podrían llenar.

Un estreno del autor nacional Alberto Cañas que obtuvo éxito de público y de crítica salvó la temporada del Teatro Universitario (TU), cuyas presentaciones anteriores a esta obra fueron decepcionantes. El TU debe escoger con mayor tino y esmero, no solo las piezas que presenta, sino igualmente a los directores que confía los montajes.

El año 1980 no reveló ningún talento extraordinario, pero el buen trabajo de los jóvenes Gerardo Bejarano y Ana Istarú promete mucho para el futuro. También, Jaime Hernández confirmo su capacidad como director y Leonardo Perucci demostró en las tablas que ha sido una magnífica adquisición para la escena costarricense.

A la larga, tal vez el hecho más significativo para el teatro nacional durante 1980 será la traducción de Troilo y Cresida, de William Shakespeare, hecha por don José Basileo Acuña y publicada por la editorial de la Universidad Estatal a Distancia. El medio artístico e intelectual del país no ha manifestado aún ninguna reacción ante el trabajo de don José Basileo y quizá tardará años en hacerlo. Pero sin duda la semilla sembrada por el insigne escritor nacional, con ésta y otras traducciones del inmortal dramaturgo inglés, dará abundantes frutos en el porvenir.

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Lecturas juveniles ¿en manos de quién?

Herrera, Franklin. “Lecturas juveniles ¿en manos de quién?”. La República. Opinión (San José, Costa Rica), 20 de mayo de 2002

 El misterio alrededor de cómo se eligen los libros que deben leer nuestros hijos en la educación primaria y secundaria es hondo.

De los programas aparecen y desaparecen textos como por arte de magia sin que los ciudadanos sepamos a ciencia cierta las razones por las que un texto asciende y otro es decapitado.

Me ha sorprendido enterarme que ya nuestros jóvenes no tienen que leer el maravilloso libro de Carlos Luis Fallas, Marcos Ramírez, uno de los principales y más bellos exponentes de la vida de nuestros niños y jóvenes en una etapa determinada de nuestra historia patria, que ha dado la vuelta al mundo y que ha motivado incluso importantes producciones televisivas, además de haber nacido de la pluma del más vigoroso de nuestros escritores, que ha contribuido en mucho a dar fama internacional a nuestras letras.

Me vuelve a sorprende el hecho de que quienes deciden sobre lo que los estudiantes costarricenses deben o no leer hayan cometido el  pecado capital de excluir de esas lecturas la obra teatro Uvieta, del más connotado de nuestros dramaturgos, Alberto Cañas, recientemente publicada por la Editorial Legado, y la verdad sea dicha, me gustaría conocer las razones de ese dislate.

No creo que pueda argumentarse que la obra no tiene calidad puesto que incluso recibió en 1980 el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría. El texto es ameno, el tema pertenece a la cultura popular y está tratado con fantasía y sano humor y ha tenido innumerables montajes, muchos de ellos por parte de grupos de aficionados y de colegiales.

Personalmente no atino a entender las razones de esta disposición, a no ser que la decisión sobre las lecturas que deben hacer nuestros estudiantes no esté en las manos adecuadas.

Tengo ante mí la copia de las recomendaciones que la asesora de español del Ministerio de Educación Pública hace para 2002 y que fueron entregadas el 16 de noviembre de 2001 e increíblemente aprobadas por el Consejo Superior de Educación. No viene al caso la identidad de esa connotada profesional. Pero sí me interesa decir que es sintomático que recomiende la lectura de tres textos de Julio Verne: La isla del tesoro, Viaje al centro de la tierra y La vuelta al mundo en ochenta días. ¿Qué más decir o qué pensar?.

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Lic. Alberto Cañas Escalante

Castegnaro, Marta. “Lic. Alberto Cañas Escalante”. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 11 de setiembre de 1998, p. 10

 Si solo tomásemos en cuenta la labor que realiza don Alberto Cañas en la columna periodística Chisporroteos en tanto en ella analiza el trabajo literario que se edita en Costa Rica, -columna que utiliza para estimular a los autores y destacar las facetas positivas de su producción- sería suficiente para que su nombre ocupase un lugar sobresaliente en la literatura costarricense. Pero se a ello añadimos que es poeta, autor de cuentos y novelas varias veces premiadas, dramaturgo excepcional (“Conoce a fondo el  teatro contemporáneo y esta especialidad corresponde a su temperamento y a su concepción esencialmente dramática de la vida”, dice don Alberto Bonilla), nos acercamos un poco más a conocer la realidad de este polifacético costarricense, que ha participado activamente en la política nacional –manteniendo siempre un gran prestigio- y que ha sido diputado, ministro, embajador, profesor universitario, crítico y ensayista de gran valor.

Nacido en San José, cursó la segunda enseñanza en le Liceo de Costa Rica; desde su etapa estudiantil sobresalió como poeta; a esa época corresponde su espléndido poema El Punto Guanacasteco, bella exaltación de la célebre danza. Siguió la carrera de Derecho y se graduó de abogado. Sus inquietudes sociales lo llevaron desde muy joven a formar parte del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, y a participar en lides periodísticas. Junto a José Figueres participó en la revolución de 1948.

Embajador ante las Naciones Unidas y encargado de la cartera de Relaciones Exteriores, su paso por la diplomacia ha sido excepcionalmente brillante. Como Ministro de Cultura Juventud y Deportes desarrolló una trascendental labor editorial de recate de los valores culturales y literarios costarricense. Diputado fogoso y apasionado, sus intervenciones provocaron a menudo intensas polémicas; le correspondió presidir la Asamblea Legislativa en 1994. Fue uno de los fundadores de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Costa Rica, donde se ha desempeñado como profesor.

Entre otros, ha publicado los siguientes libros: Aquí y ahora, Una casa en el barrio del Carmen , y La exterminación de los pobres. Los molinos de Dios, es su novela más ambiciosa; en ella, con ternura y picardía, “acaricia” la historia de la sociedad costarricense. “Su principal característica, y la que le ha llevado a ser el escritor más leído y el dramaturgo más popular de su país, es un afán de analizar y desentrañar la sociedad costarricense, con ojo crítico y un acentuado toque de humor que nunca lo abandona; y esto lo ha conseguido, en el teatro, jugando con elementos de fantasía, imaginación y magia en obras que han sido representadas en casi todos los países de Iberoamérica y divulgadas por la Radio y Televisión Española…”, dice un comentarista. Algunas de sus obras de teatro son Uvieta, Una bruja en el río, El luto robado y La Segua.

Tan intensa y valiosa labor cultural le hizo merecedor, en 1976, del Premio Nacional de Cultura Magón.

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