La gran huelga de 1934. “ Calufa” en los bananales

Naranjo Chacón, Gustavo A. “La gran huelga de 1934. “ Calufa” en los bananales”. La Prensa Libre. (San José,C.R.), 4 de agosto del 2001. p.3.

Hace 67 años Jaime Cerdas Mora y Carlos Luis Fallas lideraron la huelga contra la United Fruit Co.

La gran huelga bananera de 1934 fue el epítome de las diversas huelgas y protestas iniciadas en 1888 por diferentes grupos de trabajadores que solicitaban en su mayoría las mismas cosas: mejora en las condiciones y los salarios, seguridad laboral…

Fueran los italianos, los trabajadores bananeros o los “tutiles”, esta cadena de rebeldía no podía pasar desapercibida por el incipiente Partido Comunista, el cual había visto validar su posición tras la crisis de 1929.

En 1934 Manuel Mora es elegido diputado al Congreso. Ese mismo año se da la gran huelga bananera, en la que participan cerca de 10 mil trabajadores, jefeados por Carlos Luis Fallas y Jaime Cerdas. Al año siguiente, aparecen dos de las obras más polémicas que haya visto el país: “ Costa Rica, Suiza Centroamericana” de Mario Sancho y “El Infierno Verde” de José Marín Cañas y hay una gran polémica por la medalla de oro que recibe Francisco Zúñiga por su Monumento a la Madre. Poco a poco, los alegres años veinte iban quedando más y más atrás en el tiempo.

La grande

Ya desde entonces -¿Quién dice que ahora es diferente? –el precio del banano dependía de la demanda de los mercados estadounidenses, mucho más temperamentales que los europeos y únicos accesibles desde la primera Guerra Mundial. Muchas fueron las ocasiones en que la United destruía las recimas de banano para mantener sus precios altos en el país del norte, haciendo a os finqueros nacionales asumir las pérdidas. Estos a su vez, preocupados por quedar con algo de ganancia, pagaban a sus trabajadores por las racimas recibidas en lugar de las cosechadas… cuando no remuneraban con boletas. Esta práctica fue denunciada por el escritor izquierdista de pensamiento y socialista de corazón Carlos Luis Fallas:

“Así llenan sus áreas de los ogros que viven en Wall Street, con el oro amasado con lágrimas, sudor, esputos de sangre y gritos de angustia y que hiede a pus, a pierna podrida y a ron”.

Magnificado en ocasiones, deplorables eran las condiciones y nulas las garantías que tenían los trabajadores de la tierra de Mr. Chittenden –gerente de la bananera- negándose a entrar las leyes nacionales dentro de aquellos parajes.

Bajo estas condiciones no fue difícil hacerles entender la necesidad de organización.

Aquí hace su entrada Carlos Luis Fallas quien habiendo sido trabajador bananero y encontrándose exiliado en Limón por increpar al Gobernador de Alajuela, comenzó la monumental tarea de crear comités dentro de la inmensidad de las fincas que se extendían desde el Valle de la Estrella hasta Guápiles.

Fallas se convirtió así en el eslabón que unió al Partido Comunista con la masa de trabajadores, y gracias a su labor de hormiga, pudo junto a Jaime Cerdas levantar en huelga a 10.000 trabajadores para el 9 de agosto.

“Gentes y gentecillas” de Calufa

Kasari, Joris. “Gentes y gentecillas” de Calufa”. La Prensa Libre (San José, Costa Rica),  2 de abril de 1977

Uno de los escritores costarricenses que más ha entrado en lo profundo del pueblo tico es Carlos Luis Fallas.

Llamado cariñosamente Calufa, este autor describe con autenticidad, el ambiente costarricense, con la manera de hablar del tico, su humor y su forma de ser.

Aunque la primera vez que se publicó esta obra en 1947, como la segunda novela de Carlos Luis Fallas, lo cierto es que, treinta años* después continúa siendo actual.

Es una novela que se lee y se disfruta, ya que los personajes tienen una vitalidad que se encuentra sólo en los buenos novelistas.

Para el lector, Jerónimo, Soledad, Rodolfo, Ñor Concho, doña Rosita y otros son seres de carne y hueso. Personas a las que podemos encontrarnos en cualquier momento. Son también prototipos de las distintas capas de nuestra sociedad.

Esa sociedad que da el campesino ingenuo así como el pícaro; el funcionario explotador y el trabajador sincero; el obrero que espera los días de pago y la mujer que trabaja para ayudarle a salir adelante con la carga… De todo hay en la novela de Carlos Luis Fallas.

Ningún nombre mejor hubiera podido ponerle que “Gentes y gentecillas”. Porque en sus páginas pulula lo mismo el poderoso que el sencillo; la mujer educada que la muchacha fácil que cree encontrar a la vuelta de la esquina la fortuna o el amor de novela.

Carlos Luis Fallas nació en 1909 en Alajuela y murió en 1966. De origen campesino, se crió al lado de un zapatero remendón. Hizo únicamente dos años de secundaria. Su viaje a Limón, cuando tenía 16 años lo hizo conocer y comprender la lucha del hombre sencillo por ganarse el pan.

En la costa atlántica trabajó en los muelles y en los bananales de la United Fruit Company, por eso, sus descripciones del trabajo, de las luchas de la clase de vida que llevaba el trabajador de las compañías extranjeras, es verídico.

Cuando regresó a Alajuela, a los 22 años, se dedicó a participar en movimientos políticos y obreros, participó en huelgas y en algunas ocasiones su militancia lo llevó a la cárcel. Fue miembro importante del Partido Comunista y elegido para cargos de elección popular como munícipe y diputado más tarde. Sin embargo, su militancia política no le apartó de la literatura, sino que le sirvió de base para sus temas y sus personajes.

Escribió “Mamita Yunai”, publicada en 1941. “Gentes y gentecillas”, editada en 1947 y luego con el sello de la Editorial Costa Rica en 1975. “Marcos Ramírez, Aventuras de un muchacho”, “Mi madrina” y “Tres cuentos”.

Su colaboración en periódicos y revistas de la época también fue copiosa.

Sus obras han sido traducidas a varios idiomas y es uno de los escritores latinoamericanos de mayor valor literario y social. Vale la pena volver a leer los libros de Carlos Luis Fallas.

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