La sotana revive al querido Carmuco

Sánchez C., Alexánder. La sotana revive al querido Carmuco. La Nación, Viva (San José, Costa Rica), 7 de febrero de 2013, p.8

 

Carmuco encuentra su preciada sotana y, en medio de la basura, comienza una nueva vida. Es ahora el “sacerdote” de los buzos, o más bien, el oasis espiritual en medio de viejas penas, carencias y un sinfín de esperanzas.

El miércoles 13 de febrero, en el anfiteatro del Cenac (7 p. m.), se estrenará el cortometraje Carmuco, de Patricia Velázquez. El filme es un extracto de lo que será un próximo largometraje basado en la novela tica Única mirando al mar (1993), de Fernando Contreras.

De hecho, el guion del corto es obra del mismo Contreras y Gabriela Calderón. Ambos autores recrearon el momento en que Oso Carmuco, personaje destacado de la novela, halla su famosa sotana y comienza su peculiar misión.

Con un libro de rezo en mano, Oso Carmuco – que es alcohólico y no respeta del todo el voto de castidad, oficia ‘misas’ y hasta matrimonios en el mismo botadero.

“Al igual que el largo, el corto retrata momentos posteriores a la novela. En el caso del cortometraje, la trama se ubica 20 años antes de los hechos narrados en Única mirando al mar”, explicó Velázquez.

Quien en el corto da vida a Oso Carmuco, es el actor Armando Herrera, quien se desempeña como conductor de bus, en la ruta Tibás-San José.

“Actuar es mi pasión y me entrego al máximo cuando hago un papel. Es como si fuera un actor profesional. Tanto es así, que al igual que Oso Carmuco, llegué a sentir que yo era, realmente, el cura de esa comunidad”, dijo entre risas Herrera.

“Para mí fue impresionante hacer ese papel, pues él, a pesar de que podría verse como un hombre perdido por su vicio, encuentra valoración siendo un cura. Entonces, su vida toma un sentido, que es ayudar a los demás”, agregó Herrera.

Pero no solo el Oso Carmuco saldrá en el corto; también aparecerán personajes como la famosa Única, el Bacán y don Retana, todos muy conocidos de la novela.

Laborioso. El corto Carmuco, de 10 minutos de duración, se filmó durante dos días en Miramar de Puntarenas, con jornadas de trabajo de casi 18 horas continuas.

“El primer día grabamos en un precario a orillas del basurero… Había pobladores muy inquietos por el corto. El segundo día fue peor: estábamos dentro del basurero y el calor de Puntarenas, sumado al hedor de la basura, hacia todo muy duro”, recordó Velázquez.

A pesar de todo, la realizadora destacó que el equipo de trabajo se entregó al máximo para lograr el producto final, el cual usted podrá ver de forma gratuita en el Cenac.

Incluso, Velázquez recordó que Herrera llegó a hundir su cabeza en la basura, como muestra de su compenetración total con el personaje central del filme.

Lo que se viene. La filmación del largometraje –del cual se desprende el cortometraje Carmuco–, se espera realizar en el 2014.

Según Velázquez, el largometraje está en etapa de desarrollo y ya recibió apoyo económico por parte de Proartes y el programa Ibermedia.

“Con la conclusión de este corto, considero que ya tenemos una carpeta sólida para solicitar fondos para la producción del filme”, explicó Velázquez.

“Con Carmuco se cierra un ciclo, pues más allá de realizarlo para facilitar la búsqueda de financiamiento, necesitábamos filmar en el basurero, con todo lo que eso implica”, finalizó la cineasta

http://www.nacion.com/2013-02-07/Entretenimiento/la-sotana-revive-al-querido-carmuco.aspx

Casa de Salarrué pide auxilio

Reyes, Alfonso. “Casa de Salarrué pide auxilio”. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 7 de julio de 2000

Desde 1996 se trata de instaurar la “Quinta Monserrat” para convertirla en museo y patrimonio nacional.

Casi en la cúspide de Los Planes de Renderos, se encuentra una casa que relata, por sí misma, un trozo de la cultura salvadoreña. Este es sólo un trozo, una valiosa moneda de oro de un gran tesoro nacional, se trata pues, de los últimos días artísticos de Salvador Salazar Arrué en su casa, la Quinta Monserrat.

En este espacio, vivió sus últimos días el célebre escritor salvadoreño Salvador Salazar Arrué, dejando con ésta gran cantidad de objetos personales y artísticos que a través de los tiempos han adquirido gran valor cultural.

Actualmente, la Quinta Monserrat se encuentra en grave deterioro por lo que urge sacarla de tal situación, pues la inclemencia del tiempo pretende destruir lo que podría constituirse en un patrimonio cultural salvadoreño con proyecciones internacionales.

Con el fin de salvar a la Quinta Monserrat, la Fundación “Casa de Salarrué” se encuentra en proceso de venta de este domicilio al gobierno de El Salvador a través de Concultura. Ciertamente desde 1994 la casa está a la venta como cualquier otra.

En 1999 el presidente Francisco Flores propuso utilizar parte del presupuesto de la nación para comprar e instalar el centro cultural.

En enero del presente año, aún no se había definido algo concreto, pero en el Pleno Legislativo ya se había aprobado el presupuesto destinado para la compra de la Quinta Monserrat.

En pocos días el presidente de la Fundación “Casa de Salarrué”, Ricardo Aguilar, sostendrá una reunión con Gustavo Herodier, Presidente de Concultura, para formalizar los detalles de compra y venta de la casa, y de esta manera encaminar la Quinta Monserrat hacia un mejor futuro.

La fundación “Casa de Salarrué” no tiene los medios económicos para sostener la Quinta Monserrat, pues esta fundación no cuenta con ayuda gubernamental o privada, por lo tanto el financiamiento para la mayoría de las actividades correspondientes a las obras de Salarrué corren por cuenta de los miembros de la Fundación, que por cierto la conforman Ricardo Aguilar y la escultora Verónica Vides.

Proyecto original

La fundación “Casa de Salarrué” había planeado crear un centro cultural donde se mostraría una gran cantidad de obras literarias, artísticas y otras pertenencias de uno de los escritores que más renombre tiene en El Salvador. Este centro se instalará inicialmente en la ciudad de La Palma Chalatenango, pues “en el año de 1961 Salarrué quería cambiar de casa y vivir allá (en La Palma)” comenta Ricardo Aguilar,

Se renunció a esta idea, ya que “el camino hacia la Palma resulta agotador por lo tanto mucha gente se iba abstener a visitar este centro cultural” continúa Aguilar. Luego, se concibe fundar este proyecto en San Salvador, pero, por limitaciones económicas por parte de la Fundación “Casa de Salarrué”, este proyecto nunca llegó a concretarse.

En la actualidad, la Fundación “Casa de Salarrué”, con el consentimiento de la única hija viva del escritor salvadoreño, Olga Salazar, se moviliza para vender la casa y dejar a cargo del gobierno el legado que Salarrué dejó a El Salvador. Al concretarse la venta de la casa, la Fundación “Casa de Salarrué” desaparece, pues no poseen financiamiento que lo sostenga y mantenga las actividades que se desarrollan a favor de la obra de este escritor salvadoreño.

El legado de Salarrué

En 1986, Maya Salazar hace una entrega legal de las que fueron pertenencias, documentos y obras artísticas y literarias, del escritor Salvador Salazar Arrué, a Ricardo Aguilar. Cuando este legado fue entregado a Aguilar, aún se encontraba en los lugares donde Salvador Salazar Arrué los había dejado, pero “como había pasado el terremoto del 86, y la humedad de Los Planes, entonces encontré papeles vueltos lodos, cosas valiosas entre lodo” asegura Aguilar.

Con la venta de la casa, este legado quedaría en custodia del gobierno de salvadoreño, “pero con una garantía de que eso no se va a perder, que eso no se va a deteriorar” afirma.

Durante los meses de mayo y julio se mantuvo una exposición de objetos y obras de

Salarrué en Santa Ana. Dado el éxito obtenido, esa exposición se mantendrá durante julio.

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Sobre la nueva versión de Única mirando al mar

Contreras Castro, Fernando. “Sobre la nueva versión de Única mirando al mar”. San José, Costa Rica: El autor, 4 de marzo de 2010

Fernando Contreras Castro

¿Debe un escritor alguna explicación acerca del por qué escribe o reescribe algo?
En principio, la respuesta es no. El escritor ofrece un relato y, en palabras de Barthes: “el texto propone y el lector dispone”.
Queda así en manos del lector el papel de completar la totalidad juego, y en esto, está solo. El escritor, aunque quisiera colaborar y fuera esa su mejor intención, nada puede hacer al respecto: la novela está escrita, editada, y en manos del lector.
Soy escritor cuando estoy sentado frente a mi máquina escribiendo, o cuando en el momento más inesperado se me ocurre un tema. Soy escritor también mientras ando con ese tema en la cabeza luchando por llevarlo a lo que considere el mejor de los finales posibles, aunque eso sea sólo una vana aspiración pues, ya se sabe: siempre habrá un mejor final para cada relato precisamente ahí, en el abismo que precede al punto final.
Una vez entregado el texto a los lectores, inmediatamente dejo de ser escritor y paso a ser cualquiera otra cosa, un autor, por ejemplo o, en el mejor de los casos, un lector más así sea de lo que acabo de entregar. Ya nada hay que pueda hacer al respecto… o casi nada, dado que como lector estoy en la misma libertad que otro para hablar sobre lo escrito. Pienso aquí, irremediablemente en Cervantes cuando en el prólogo al desocupado lector le dice: “puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres de ella.”
Si lo anterior no me exculpa y libera de las secuelas provocadas por la lectura de mis libros, tengo aquí un último argumento que seguro sí lo hará: El lector toma un libro bajo su cuenta y riesgo. Después de un par de líneas o de páginas sabrá si obedeciendo a su más inapelable albedrío lo sigue leyendo, o si por el contrario, lo abandona en ese punto. Sea su decisión la que sea, no vuelva los ojos en busca de los del escritor para ver en su mirada la aprobación benigna, o el gesto condenatorio que lo arrastraría a seguir leyendo, porque en ese momento el escritor ya no existe.
Como lector entonces, y sólo en esa condición, me atrevo a señalar algunos aspectos sobre la reescritura de la novela Única Mirando al Mar.
Veamos: Una reescritura no es una corrección de un texto, sino que significa retomarlo de principio a fin para volver a decirlo de otra manera.
Pero, ¿por qué un escritor se toma semejante molestia? La respuesta solo puede ser una: porque nunca quedó satisfecho con la forma en la que lo dijo esa primera vez. De modo que su intención no es otra que la de permitirse una segunda (a veces hasta una tercera), oportunidad para replantear la fórmula de la novela.
Una segunda consideración no menos importante: Un escritor se toma la molestia de reescribir alguno de sus textos porque sigue creyendo que el tema es bueno, por lo que merece ser narrado de mejor manera.
La reescritura está más que justificada, se emprende y culmina con el nacimiento de un nuevo texto sobre un antiguo tema. Lo que conlleva necesariamente a un problema: ¡Tenemos entonces dos relatos, o dos variaciones sobre un mismo tema!
Como lector, cuando me enfrento a un fenómeno de esta naturaleza, así lo asumo: tengo un tema dicho de dos maneras diferentes, por tanto, me enfrento ahora a un diálogo entre estas dos variantes formales. Los dos textos dialogan, se complementan, se niegan y se afirman mutuamente, todo ello, claro, si el lector así lo desea, porque puede optar también, sin que ello le acarree culpa alguna, por quedarse con solo una de las dos versiones.
En el caso del lector curioso (y desocupado, insistiría Cervantes), o cómplice, como preferiría Cortázar, se trata de una gran oportunidad para adentrarse aún más en aquel mundo que ya creía conocer y que ahora le ofrece toda una “Terra Incógnita” para husmear.

Única Mirando al Mar sigue siendo el tema que el lector ya conoce, la historia aquella de un hombre que llevado por las contradicciones de un sistema injusto al límite de la exclusión social, no encuentra otra salida que la de lanzarse a la basura como un desecho más. En el botadero de la gran área metropolitana, este hombre, rescatado por una mujer buzo y su hijo adoptivo, se ve en el dilema de dejarse morir, como seguramente era su primera intención o bien, replantearse su vida, reinventarse a él mismo y volver a las filas de los que luchan a cada instante por ganarse el sentido de la vida con el sudor de la frente.
El estilo ha cambiado. Ahora es más liviano, lo que permite levantar observaciones más pesadas. El texto es más corto, al punto de calificar dentro de lo que se conoce como “novela breve”: una gran cantidad de lastre fue arrojada al mar en aras de la economía del lenguaje, y el narrador alivia en gran medida a los personajes de sus pesados y viejos parlamentos.
Por lo demás, el paisaje es el mismo, los problemas fundamentales que plantea la novela son los mismos. Personajes más, personajes menos, el elenco es el mismo, y si bien, parece a primera vista que el final ha cambiado… ¡atención desprevenido lector! Se trata sólo de una ilusión óptica, el final es el mismo, sólo parece diferente porque ahora nos ahorramos la metáfora para quedarnos en la ingrata realidad.
Y acaban aquí las consideraciones de un lector más de la mencionada novela, que no por coincidir con la persona del autor se considera en más derecho (ni menos), a intentar una opinión, entiéndase: una lectura.