“Gentes y gentecillas” de Calufa

Kasari, Joris. “Gentes y gentecillas” de Calufa”. La Prensa Libre (San José, Costa Rica),  2 de abril de 1977

Uno de los escritores costarricenses que más ha entrado en lo profundo del pueblo tico es Carlos Luis Fallas.

Llamado cariñosamente Calufa, este autor describe con autenticidad, el ambiente costarricense, con la manera de hablar del tico, su humor y su forma de ser.

Aunque la primera vez que se publicó esta obra en 1947, como la segunda novela de Carlos Luis Fallas, lo cierto es que, treinta años* después continúa siendo actual.

Es una novela que se lee y se disfruta, ya que los personajes tienen una vitalidad que se encuentra sólo en los buenos novelistas.

Para el lector, Jerónimo, Soledad, Rodolfo, Ñor Concho, doña Rosita y otros son seres de carne y hueso. Personas a las que podemos encontrarnos en cualquier momento. Son también prototipos de las distintas capas de nuestra sociedad.

Esa sociedad que da el campesino ingenuo así como el pícaro; el funcionario explotador y el trabajador sincero; el obrero que espera los días de pago y la mujer que trabaja para ayudarle a salir adelante con la carga… De todo hay en la novela de Carlos Luis Fallas.

Ningún nombre mejor hubiera podido ponerle que “Gentes y gentecillas”. Porque en sus páginas pulula lo mismo el poderoso que el sencillo; la mujer educada que la muchacha fácil que cree encontrar a la vuelta de la esquina la fortuna o el amor de novela.

Carlos Luis Fallas nació en 1909 en Alajuela y murió en 1966. De origen campesino, se crió al lado de un zapatero remendón. Hizo únicamente dos años de secundaria. Su viaje a Limón, cuando tenía 16 años lo hizo conocer y comprender la lucha del hombre sencillo por ganarse el pan.

En la costa atlántica trabajó en los muelles y en los bananales de la United Fruit Company, por eso, sus descripciones del trabajo, de las luchas de la clase de vida que llevaba el trabajador de las compañías extranjeras, es verídico.

Cuando regresó a Alajuela, a los 22 años, se dedicó a participar en movimientos políticos y obreros, participó en huelgas y en algunas ocasiones su militancia lo llevó a la cárcel. Fue miembro importante del Partido Comunista y elegido para cargos de elección popular como munícipe y diputado más tarde. Sin embargo, su militancia política no le apartó de la literatura, sino que le sirvió de base para sus temas y sus personajes.

Escribió “Mamita Yunai”, publicada en 1941. “Gentes y gentecillas”, editada en 1947 y luego con el sello de la Editorial Costa Rica en 1975. “Marcos Ramírez, Aventuras de un muchacho”, “Mi madrina” y “Tres cuentos”.

Su colaboración en periódicos y revistas de la época también fue copiosa.

Sus obras han sido traducidas a varios idiomas y es uno de los escritores latinoamericanos de mayor valor literario y social. Vale la pena volver a leer los libros de Carlos Luis Fallas.

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Vivan las locas

Quesada, Juan Rafael. “Vivan las locas”. La República.  (San José, C.R.), febrero 1993

¡Qué refrescante, qué estimulante es saber que existen mujeres como “La loca de Gandoca“!

La República / Jorge Illá

En Costa Rica hasta los años 40, a la mujer se le educó para que tuviera como fin último “el encontrar un marido”. Sin embargo, con la apertura de la Universidad de Costa Rica se inició, poco a poco, la profesionalizaron de las mujeres, y empezaron a desarrollarse las condiciones necesarias para convertirlas en ciudadanas. No es por casualidad, entonces, la participación de las mujeres en la huelga de “brazos caídos” de 1946 y en los hechos políticos de 1948.

Desde entonces, la mujer ha ido teniendo más participación en diversos órdenes de la vida costarricense y, es posible, que en un futuro cercano hasta lleguen a la casa presidencial. Eso sí, por méritos, no por decretos, ni por apellidos. En ese contexto de la década de 1990 es que debe ubicarse la palabra y la acción de esa valiente mujer –ejemplo para todos los hombres de Costa Rica– llamada Ana Cristina Rossi.

Aunque Ana Cristina se había hecho conocer hace unos años como escritora, por medio de su novela “María la noche”, podemos afirmar, tajantemente, que “La loca de Gandoca” es la obra –éxito de librería– que la ha hecho trascender los medios intelectuales y llegar a un público mucho más amplio. ¿Por qué ese éxito?

Por Ana Cristina, contra viento y marea, ha logrado que se haga de público conocimiento la destrucción de la naturaleza –es decir la fuente de la vida– que se está llevando a cabo, hoy mismo, en Gandoca-Manzanillo, en la provincia de Limón. Porque la autora en una obra con valor literario en sí, se ha referido a un tema de interés general, de desgarradora actualidad.

Mientras otras mujeres desvirtúan nobles causas como el feminismo, y otras se ganan los favores oficiales, reafirmando con nuevos órdenes (marxismo-gremsciano) añejas mitologías sobre el sistema político costarricense, Ana Cristina ha asumido plenamente su responsabilidad ciudadana al denunciar, ayudada por sus dotes literarios, el desastre ecológico, del que sigue siendo víctima buena parte de la zona atlántica.

¡Claro está, Ana Cristina ha debido enfrentar muchos obstáculos! Dificultad para obtener información en el MIRENEM, intimidaciones, amenazas de extranjeros, matonismo por parte de “muchos” malinschistas, etc. Pero esencialmente, el mayor obstáculo –de ahí su enorme mérito– ha sido el comportamiento generalizado de los costarricenses: el ser tico, o sea, palanganas, oportunista, ayuno de compromiso, zafa lomo. Es este comportamiento, el que Rodrigo Facio calificó, en su momento determinado, para descalificarla –como quisieron hacer con Carlos Morales cuando denunció los desmadres del CSUCA–, la trataron de loca.

¡Gracias Ana Cristina por esta renovadora inyección de optimismo; por fortalecer nuestra responsabilidad ciudadana! Gracias mil, por recordarnos que Costa Rica vale más que todo el oro del mundo. Por eso queremos decir a todo pulmón: “¡Vivan las locas!”.

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Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el país de las maravillas

La ciencia y las tradiciones de culturas muy  antiguas, como la griega y la china, han logrado establecer que el cerebro humano está compuesto por dos hemisferios que se alternan en el desarrollo de los procesos cognitivos y conductuales. Un hemisferio izquierdo que responde a lo racional y otro, derecho, que funciona más con lo intuitivo. Platón, en el siglo V a. C. ya los había definido, respectivamente, como logistikon y nous, para separar lo lógico y ordenado, de lo sentimental y no secuencial.

Se dice que en los ingenieros y los científicos predomina el uso del lóbulo izquierdo, mientras que en los artistas el sector derecho, aunque obviamente, ambos funcionan de modo simultáneo y alternativo según el acto y las circunstancias.

Este cuento de Alicia que nos ha legado la pluma erudita de Lewis Carroll (seudónimo del inglés Charles Dodgson, 1832-1898) es, además de una pieza clásica de la literatura universal, una clara incitación a las circunvoluciones cerebrales de nuestra media esfera derecha.

Si bien la historia de Alicia es un poco, como el juicio contra el naipe de su sueño, es decir absurda, sin mucho sentido final; la narración se ha sostenido por siglo y medio, y ha merecido infinidad de traducciones y varias versiones en la pantalla de plata, gracias a esa invitación a lo onírico, a lo lúdico, a lo intuitivo, a lo irracional, a los ingredientes de lo fantástico y fabulesco que también conforman este mundo práctico que disfrutamos o sufrimos.

No ha de extrañar que el propio autor fuera –a la vez– científico, clérigo y poeta, diversidades existenciales que se reflejan en el texto, donde abundan las pruebas de lógica matemática, las enseñanzas doctrinales y las locuras de la poesía. Entremezcladas todas como en la vida de su creador, quien empleó, para distinguirlas y  separarlas, dos nombres o álter egos, siendo Lewis –el del soñador– el que lo inmortalizó. Porque de Charles Dodgson nadie se acuerda.

Ideal para despertar la imaginación de los niños, Alicia en el país de las maravillas es un relato sencillo que tiene el encanto de saltar de una sorpresa a otra sin quebrantos en el estilo ni en el hilo conductor. Va de exageración a fantasía, de trabalenguas a surrealismo, pasando por la canción y la fábula, siempre de la mano de lo realista, pues en el fondo no se trata nada más que de un sueño como el de cualquier otro infante que ve pasar un conejo entre los matorrales de su antejardín.

Aunque la imaginación de Carroll es desbordada, siempre hay un trasfondo realista  que invita a lo lúdico, al ejercicio mental y ¿por qué no?, hasta a la crítica de ciertas instituciones sociales de su tiempo, como el sistema educativo, los procesos judiciales, la demagogia  política, la manipulación del idioma, etc.

Precisamente, por esa esencia pedagógica que el cuento encierra, es una pieza ideal para inducir a los infantes en temas cruciales de la vida en sociedad, como por ejemplo la logomaquia de nuestros diputados, ejemplificada en el debate de los animales, o el valor de los signos y sus significados, satirizados en el juego de croquet y en el baile de la langosta.

Todo el cuento serpentea por los dominios de la lógica, una de las especialidades de Carroll, y por eso son hermosos sus juegos estilísticos con los sofismas, los sin sentidos, las premisas falsas, las pruebas del error, las tautologías y las incongruencias. Por ejemplo: ¿puede un verdugo decapitar a un cuerpo que es sólo cabeza? O ¿es cierto que el amor es lo que hace girar al mundo? O ¿se puede sacar  una taza de melaza estando dentro de la melaza?

En fin, el libro despierta inquietudes más profundas que su aparente historia de ingenuas aventuras infantiles y es, por lo mismo, que los siglos lo preservan y aun lo consagran con grandes producciones cinematográficas o teatrales que rescatan esa sabiduría de educador que predominaba en los dos hemisferios de Lewis Carroll: por un lado, el matemático de Oxford que trató de explicarse el mundo con ensayos rigurosos como Compendio de Geometría Algebraica Plana o El quinto libro de Euclides y, por otro, el apasionado soñador que dejaba volar tan alto su imaginación literaria que, halagado por el éxito mundial de Alicia, hubo de escribir una continuación con el nombre de A través del Espejo,  la cual ha tenido tanto éxito como la primera.

Y todo no era más que un cuento, un cuento para niños, pero vaciados en él los estímulos al hemisferio derecho e izquierdo del cerebro de todos los hombres del planeta,  con una buena dosis de elegancia en el decir.

Un artilugio poético para emocionar el ying y el yang, como llaman los chinos a esa dualidad de la especie humana que tanto nos intriga e inquieta.

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Gentes y gentecillas

Gentes y gentecillas

Gentes y gentecillas

Con una pizca de humor y otro tanto de tragedia, Gentes y Gentecillas narra las duras condiciones de vida de los trabajadores en una hacienda cafetalera a principios del siglo pasado en Pejibaye de Turrialba, y en los fatídicos socavones de los montes de Milla 48. Jerónimo, joven y honesto trabajador; la bella Soledad, inspiradora de amores secretos; la insidiosa doña Rosita; y Rosendo, el hipócrita capataz, son algunos de los personajes con los que la pluma de Fallas recrea con magistral autenticidad este pequeño mundo de gente modesta, sin más posesión que su fuerza de trabajo, el recuerdo de una vida mejor y la esperanza de escapar de la explotación a que parecen estar condenados.

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Cocorí

Cocorí

Cocorí

Esta es la mágica historia de un intrépido negrito que, en busca de respuesta a una inquietud filosófica nacida del afecto a una niña, emprende una peligrosa travesía en plena selva tropical con peripecias que ponen a prueba su ingenio y valentía. Las ilustraciones de esta edición fueron hechas por Hugo Díaz,  gran maestro costarricense de la plumilla y el color.

Joaquín Gutiérrez, figura emblemática de la literatura costarricense, es sin duda, el más internacional de sus escritores.

Ha publicado seis novelas (Manglar, Puerto Limón, La hoja de aire, Cocorí, Murámonos Federico, y Te acordás hermano), tres de ellas traducidas a doce idiomas y premiadas en Chile, Cuba y Costa Rica; tres poemarios (Poesía, Jicaral, Te conozco mascarita); cuatro libros de viajes (Del Mapocho al Vístula, La URSS tal cual, Crónicas de otro mundo y Vietnam: crónicas de guerra); uno de memorias (Los azules días), y cuatro traducciones de Shakespeare (El rey Lear, Hamlet, Macbeth y Julio César).

En China tradujo diversas obras de Lu Sün y Mao Tse Tung. Miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, posee el Premio Nacional de Cultura, máxima distinción literaria que otorga su patria; la Universidad de Costa Rica le confirió el Doctorado Honoris Causa y, al concluir 1999, el diario La Nación lo declaró personaje del siglo en la literatura nacional.

Candidato a la Vicepresidencia de la República en dos elecciones, ha sido condecorado por los gobiernos de Chile, Nicaragua, Polonia y Cuba. Su busto en bronce se exhibe permanentemente en el Teatro Nacional de su país.

Cocorí tiene una notable historia de trotamundos. En 1947 obtuvo en Chile el Premio Rapa Nui, fue posteriormente publicado en inglés, francés, alemán, portugués, ruso, ucraniano, holandés, eslovaco, lituano, búlgaro y, con patrocinio de la UNESCO, en sistema Braille para ciegos. Ha sido numerosas veces llevado al teatro en Alemania, Checoeslovaquia, México, Perú, Ecuador,Venezuela, Colombia, Argentina, Chile y Costa Rica. Con el auspicio de la Unión Europea integra una colección destinada a tres mil bibliotecas de los países de América Central. En la actualidad circulan sendas ediciones en Argentina, Costa Rica, Honduras y Cuba.

Reseña de Cocorí

Portadas de Cocorí al rededor del mundo

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Limón Reggae

Limón Reggae

Limón Reggae

Limón Reggae es la esperada novela de Anacristina Rossi luego del éxito de su anterior Limón Blues. Segunda de una trilogía, esta obra es un lienzo que retrata la Centroamérica del final del siglo XX. Desde su niñez en Limón, en los años 70, Laura/Aisha, personaje principal, registra las luchas reivindicativas de los negros en Estados Unidos y su impacto en el Caribe costarricense. Esto marcó su vida. En un estilo que cautiva y atrapa desde el inicio, la obra nos lleva por una historia trepidante y, con Laura como testigo de excepción, muestra la brutalidad de las dictaduras militares en Nicaragua y El Salvador, la lucha revolucionaria, las agitadas pasiones, los intensos amores y desencantos de los protagonistas de esa turbulenta época. Entre la felicidad efímera y la lucha persistente, una cadencia los une: “el reggae con su compás atrasado, su backbeat misterioso, su espacio de silencio, de poder y de gloria.”

Video promocional de Limón Reggae
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La loca de Gandoca

La loca de Gandoca

La loca de Gandoca

Anacristina Rossi pertenece a una nueva generación de escritores costarricenses que rompe los moldes tradicionales en la literatura de su país. Traductora e intérprete graduada de la Universidad de París, Francia; tiene una maestría en Mujer y Desarrollo del Instituto de Estudios Sociales de la Haya, Países Bajos. Ha ejercido el periodismo y participa activamente en las luchas en defensa del medio ambiente y los derechos de las mujeres indígenas. Su novela María la Noche, publicada por la Editorial Lumen, de España, ganó el Premio Nacional de Novela en Costa Rica (1985); fue traducida al francés y publicada por la Editorial Actes Sud, de Francia. De su libro Situaciones Conyugales han sido traducidos varios cuentos para antologías francesas y norteamericanas.

Tejida con el cautivante hilo de una historia de amor –poética y trágica a la vez– esta obra tiene por marco las luchas por preservar la riqueza ecológica del Refugio de Vida Silvestre Gandoca-Manzanillo en el litoral Atlántico de la provincia de Limón, Costa Rica. De gran acogida en el público (sus sucesivas ediciones sobrepasan ya los cuarenta mil ejemplares), aborda temas de gran vigencia como la corrupción, la inversión extranjera, la soberanía nacional y la depredación del medio ambiente. Mezcla de realidad y ficción, cuando fue publicada La loca de Gandoca (1992) generó un debate que llevó a la Corte Suprema de Justicia a pronunciarse sobre los hechos denunciados. Hoy en día, esa área, supuestamente protegida, lucha contra los peligros de la exploración petrolera y la amenaza de un desarrollo turístico sin regulación suficiente.

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