Única mirando al mar

Única mirando al mar

Única mirando al mar

Un hombre le da al canario su última ración de alpiste… y lo libera; después se tira a la basura como un desecho más. Esta es una de las imágenes más brillantes que haya inventado algún escritor costarricense, no sólo por el ingenio que la adorna, sino por lo que vislumbra y desencadena en uno de los mejores relatos sobre la miseria global del siglo XX. El personaje “suicida”, Mondolfo Moya Garro, modesto vigilante nocturno cansado de la vida, se lanza así al camión recolector de los desechos y termina en el relleno sanitario de Río Azul, donde descubrirá el sustento de la indigencia y el amor inesperado de una maestra desahuciada que busca todos los días -entre los restos orgánicos y minerales- una luz o una rosa blanca para que no todo sea tan tenebroso como la vida en el muladar. Única Oconitrillo es el soporte de la esperanza en el putrefactorio de los buzos del “mar de los peces de aluminio”, peleado basural capitalino donde se refugian cientos de familias en pobreza extrema para escarbar, entre zopilotes, una lata brillante o una botella vieja que pueda intercambiarse por algo de comida.

Denuncia irónica de nuestra corte de los milagros, la breve y laureada novela ha sido profundizada por su autor, y nos la ofrece ahora en versión mejorada y definitiva.

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