Vivan las locas

Quesada, Juan Rafael. “Vivan las locas”. La República.  (San José, C.R.), febrero 1993

¡Qué refrescante, qué estimulante es saber que existen mujeres como “La loca de Gandoca“!

La República / Jorge Illá

En Costa Rica hasta los años 40, a la mujer se le educó para que tuviera como fin último “el encontrar un marido”. Sin embargo, con la apertura de la Universidad de Costa Rica se inició, poco a poco, la profesionalizaron de las mujeres, y empezaron a desarrollarse las condiciones necesarias para convertirlas en ciudadanas. No es por casualidad, entonces, la participación de las mujeres en la huelga de “brazos caídos” de 1946 y en los hechos políticos de 1948.

Desde entonces, la mujer ha ido teniendo más participación en diversos órdenes de la vida costarricense y, es posible, que en un futuro cercano hasta lleguen a la casa presidencial. Eso sí, por méritos, no por decretos, ni por apellidos. En ese contexto de la década de 1990 es que debe ubicarse la palabra y la acción de esa valiente mujer –ejemplo para todos los hombres de Costa Rica– llamada Ana Cristina Rossi.

Aunque Ana Cristina se había hecho conocer hace unos años como escritora, por medio de su novela “María la noche”, podemos afirmar, tajantemente, que “La loca de Gandoca” es la obra –éxito de librería– que la ha hecho trascender los medios intelectuales y llegar a un público mucho más amplio. ¿Por qué ese éxito?

Por Ana Cristina, contra viento y marea, ha logrado que se haga de público conocimiento la destrucción de la naturaleza –es decir la fuente de la vida– que se está llevando a cabo, hoy mismo, en Gandoca-Manzanillo, en la provincia de Limón. Porque la autora en una obra con valor literario en sí, se ha referido a un tema de interés general, de desgarradora actualidad.

Mientras otras mujeres desvirtúan nobles causas como el feminismo, y otras se ganan los favores oficiales, reafirmando con nuevos órdenes (marxismo-gremsciano) añejas mitologías sobre el sistema político costarricense, Ana Cristina ha asumido plenamente su responsabilidad ciudadana al denunciar, ayudada por sus dotes literarios, el desastre ecológico, del que sigue siendo víctima buena parte de la zona atlántica.

¡Claro está, Ana Cristina ha debido enfrentar muchos obstáculos! Dificultad para obtener información en el MIRENEM, intimidaciones, amenazas de extranjeros, matonismo por parte de “muchos” malinschistas, etc. Pero esencialmente, el mayor obstáculo –de ahí su enorme mérito– ha sido el comportamiento generalizado de los costarricenses: el ser tico, o sea, palanganas, oportunista, ayuno de compromiso, zafa lomo. Es este comportamiento, el que Rodrigo Facio calificó, en su momento determinado, para descalificarla –como quisieron hacer con Carlos Morales cuando denunció los desmadres del CSUCA–, la trataron de loca.

¡Gracias Ana Cristina por esta renovadora inyección de optimismo; por fortalecer nuestra responsabilidad ciudadana! Gracias mil, por recordarnos que Costa Rica vale más que todo el oro del mundo. Por eso queremos decir a todo pulmón: “¡Vivan las locas!”.

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No está tan loca la de Gandoca

Semanario Universidad, 21 de mayo de 1993

El refugio de Gandoca Manzanillo ubicado en Limón se asemeja a lo que pudo haber sido el paraíso, pero igual que en la historia bíblica llegó la «serpiente» (inversión extranjera) a provocar el conflicto y la destrucción.

En los últimos meses en dicho Refugio se desató una lucha entre el gobierno, asociaciones ambientalistas y el empresario checo Jan Kalina, por daños cometidos al ambiente.

Una clara denuncia del problema quedó plasmada en el libro «La loca de Gandoca», de Anacristina Rossi.

Rossi, quien tiene una propiedad en esta zona, ha vivido de cerca los problemas que se han presentado y las violaciones cometidas por Kalina en el refugio, por esta razón es que escribió el libro.

En la obra se narra como la región se convirtió en un ejemplo vivo del ultraje, cuando una extranjera inicia la construcción de un proyecto turístico llamado «Eco Dólares» (en la realidad se llama Proyecto de Desarrollo Turístico Punta Uva S.A.), sin estudios de impacto ambiental.

«Daniela», principal personaje del libro, se ve inmersa en un proceso de lucha contra quienes aprobaron la venta de la soberanía nacional.

Las violaciones que se dieron con el proyecto del hotel Las Palmas, ubicado en Punta Uva se centran en la construcción de cabinas sin control (al no contar con el permiso de las autoridades correspondientes); y tala indiscriminada de árboles.

También se destruyeron arrecifes únicos en el mundo para construir un canal de drenaje del terreno, con lo cual se viciaron los 50 metros de milla marítima pública, ya que este obstruye el paso peatonal.

Además, se construyó un bar en zona inalienable, así como la utilización de palmeras para alumbrado público, se utilizó un tractor en la playa para nivelarla y posteriormente se tiraron los sedimentos al mar.

Las irregularidades del proyecto turístico se basaban en violaciones a la Ley Forestal, la Ley Vida Silvestre, el Decreto del Reglamento del Refugio y no cumplían con los permisos de uso concedido por el Gobierno.

El final de la historia literaria parece no haber terminado, pues en marzo de este año, fue revocado el permiso de uso.

En el acta declaratoria del MIRENEM se especifican los trámites administrativos seguidos en el caso, las violaciones hechas por Kalina y se le concede un plazo de 6 meses para dejar el lugar como lo había encontrado

Ante esta situación Kalina presentó un recurso ele amparo ante la Sala IV, el cual fue resuelto a su favor, esta semana, debido al procedimiento utilizado por el MIRENEM.

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La Loca de Gandoca o la angustia del ciudadano

Salazar, Roxana. “La Loca de Gandoca o la angustia del ciudadano”. La República.  (San José, C.R.), 16 de enero 1993. p. 15A


ROXANA SALAZAR
Abogada ambientalista

La República / Jorge Illá

La novela La Loca de Gandoca de la novelista costarricense Ana Cristina Rossi nos lleva a reflexionar sobre el tema ambiental y el papel que cada uno de nosotros debe jugar ante los problemas ambientales que estamos viviendo.

En la obra, la autora nos relata una serie de vivencias de una realidad en que estamos inmersos, con la gran cantidad de contradicciones que día a día nos encontramos. Por supuesto me referiré al tema de la denuncia ambiental, más que al tema de la novela, como obra literaria, que de por sí es magnífica.

La autora nos relata —de manera muy amena— las “angustias del ciudadano” frente al aparato estatal. El tema alrededor de las inquietudes de una ciudadana, común y corriente, que busca la protección de un refugio natural —un sitio patrimonio de la humanidad– de los desmanes de una explotación irracional por parte de grupos, que encuentran en el aparato estatal complacencia.

En la vida diaria nos angustiamos ante la impotencia que tenemos cada uno de los ciudadanos conscientes de los problemas ambientales, por lograr que el Estado o los funcionarios se comprometan realmente con esa necesaria protección ambiental.

Esto se convierte en una contradicción, ya que en reiteradas ocasiones hemos expresado la necesidad de que cada uno de nosotros adquiera su compromiso ambiental, tanto con los otros seres humanos como con el ambiente.

Pero no encontramos apoyo por parte del aparato estatal, lo que genera una contradicción muy difícil de resolver. El fomentar un compromiso, una responsabilidad ambiental, y sentir que no existe apoyo por parte del Estado nos preocupa en demasía. El aparato administrativo se convierte en cómplice, en algunos casos por falta de acción, en otros por omisión.

La novela relata las angustias e impotencia de un ciudadano ante la complicidad oficial de la destrucción de los recursos naturales. Ante este panorama el personaje central —La Loca de Gandoca— debe forzosamente recurrir a algo que denomina “Sala Constitucional”.

Acudir a esta vía tiene el objetivo de lograr una protección por parte del aparato judicial contra esa complicidad destructiva. Valga la pena hacer la relación con nuestra Sala Constitucional, instancia recientemente establecida en nuestro país, a la que acudimos cuando no encontramos una respuesta pronta y cumplida por parte del aparato administrativo.

La Sala Constitucional ha venido a jugar un papel muy importante en la protección de las garantías ciudadanas, tiene en sus manos en este momento un gran reto: la oportunidad histórica de sentar las bases de la protección de nuestros principios jurídicos, sobre todo aquellos no incluidos expresamente en la normativa, tales como nuestro derecho de disfrutar de un ambiente sano.

Muy bien se expresa en la carta de ampare que se encuentra en las páginas de la novela, en que la autora acota en forma magistral las angustias ante los distintos jerarcas administrativos, indicando las respuestas que cada uno de ellos da en forma excusatoria de su falta de acción.

La novela explora las diversas opciones que, de manera muy similar a la realidad, tenemos los ciudadanos para que el Estado como un todo pueda ofrecer respuesta a las inquietudes del ciudadano.

Ana Cristina nos lleva de la mano mostrándonos la impotencia que envuelve a la “Loca de Gandoca” al tocar las puertas de las instancias institucionales y de algunos grupos de los llamados no gubernamentales, con un paralelismo increíble a nuestra realidad real.

Después de leer nos quedan una gran cantidad de inquietudes que merecen una respuesta.

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El Limón de Anacristina

Mora Rodríguez, Arnoldo. “El Limón de Anacristina”. La República.  (San José, C.R.), 07 de enero 2003

 

Más que por razones climáticas o geográficas, nuestra región del litoral caribeño ha ido forjando desde los días de la Colonia un perfil muy propio, que se tipifica por una identidad cultural de trazos muy definidos. Su característica principal es su gran diversidad étnica, lingüística y religiosa que se refleja en una historia económica, social y política tan dramática y sorprendente como ignorada por el resto del país, especialmente por los sectores tradicionalmente dominantes originarios de la Meseta Central y que han regido los destinos de nuestro pueblo imponiendo su mentalidad y sus intereses como si solo ellos existieran. Esto nos explica el aislamiento que esta región nacional ha sufrido a través de nuestra historia, que le ha permitido ir forjando un perfil o identidad cultural muy bien definida frente al resto de la nación.

Estos rasgos socio-culturales han suministrado una riquísima veta de inspiración a no pocos y notables creadores en el campo de las artes (música, plástica, danza, literatura) que dichosamente parece estar lejos de haberse agotado, por lo que cada día nos ofrece obras de incomparable belleza y originalidad. La más reciente la constituye la novela “Limón Blues” surgida de la pluma de una escritora, que ya es bastante conocida en nuestro medio cultural por su originalidad no exenta de polémica, que le ha granjeado notables éxitos editoriales que han trascendido las fronteras nacionales.

Anacristina Rossi es una escritora de gran cultura y de una personalidad muy definida, que no teme desafiar prejuicios y afrontar polémicas en defensa de sus firmes convicciones en muchos y diversos temas, especialmente en los campos ecológico y socio-político. Esto le ha valido, igualmente, ser acreedora con justicia a diversos premios dentro del país y ver sus obras ser objeto de traducciones más allá de nuestras fronteras.

El año que acaba de terminar publicó una novela dedicada a la sorprendente y poco conocida historia política y cultural de la comunidad limonense de origen africano. La novela lleva por título “Limón Blues“, fruto de una erudita, prolongada y, sobre todo, apasionada investigación en fuentes originales de la historia de la comunidad negra de esa región de la vertiente atlántica del territorio nacional, donde la autora ha pasado buena parte de su vida y cuya experiencia la ha dejado marcada para siempre, provocando en ella un amor total y una admiración que se refleja en cada línea de esta notable obra.

De mi parte, confieso que he leído con hondo interés sus tres obras anteriores, lo mismo que sus artículos periodísticos, pero considero que en “Limón Blues” Anacristina Rossi alcanza su madurez como escritora. Se anuncia como la primera parte de un tríptico que nuestra autora se propone publicar en un futuro cercano, pues ya las otras dos partes están terminadas.

La prestigiosa casa editorial Alfaguara ha tenido el acierto de asumir la tarea de publicarlas, cosa que, en el caso de la obra que comentamos, lo ha hecho con su característica pulcritud. Como se ve, se trata de una especie de saga sobre la comunidad negra de Costa Rica, cosa inédita en nuestro medio a pesar de la ya abundante -producción de que esta comunidad ha sido objeto de parte de novelistas, poetas, ensayistas e historiadores.

En esta novela, Anacristina Rossi demuestra un dominio total de lo que caracteriza el género de la novela histórica clásica que remonta al siglo XIX. En ella, su autora ha logrado crear personajes, sobre todo, los femeninos que, sin duda, pasarán a la historia de nuestras letras como de los mejor logrados. También considero que algunos pasajes son de antología, combinando con rítmica cadencia —de ahí el título de “blues” que ostenta la obra— conmovedoras descripciones realistas con vertiginosos diálogos, cercanos al género dramático. En fin, son muchas las páginas de esta novela que me han seducido, haciendo de su lectura uno de los más exquisitos regalos de esta Navidad. ¡Gracias Anacristina!

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Una historia de amor y denuncia

Hernández, Edin. “Una historia de amor y denuncia”. Semanario Universidad.  (San José, C.R.). 13 de noviembre 1992. p. 4


Con una narración sencilla, directa, sin retórica, salvo en contadas excepciones, la reciente novela de Anacristina Rossi, deja al descubierto la realidad de nuestros recursos naturales que «no eran el 28 % sino menos del 10% del territorio. Además ese 10% está a punto de morirse».

La narración de Daniela Zermat (protagonista), quien denuncia la paulatina destrucción del refugio Gandoca, en Limón, se mezcla con los recuerdos de Carlos Manuel, el amor de su vida, quien sucumbe entre los humos del alcohol.

Este hilo conduce al lector en dos dramas de actualidad: el sufrimiento por la desintegración familiar con todos los entretelones del alcoholismo y la acelerada pérdida que sufre el país de sus reservas de fauna, flora y, por qué no decirlo, de soberanía nacional. En ambos casos, las historias cobran vida a la luz de hechos concretos que Anacristina Rossi materializa para perpetuarlos en el tiempo.

Esta novela permite que las generaciones del futuro, conozcan los ignominosos enredos burocráticos y la desesperada lucha de una mujer que como último recurso, al perder la causa por el «refugio de fauna salvaje Gandoca, Manzanillo», recurre a la literatura.

Según relata Daniela, la decisión de plasmar esa experiencia, parte de otro hecho intrínseco a Gandoca, el silencio perpetuo a que están sometidos los negros, «quienes ni siquiera han tenido la palabra oral, esa que se lleva el viento».

La descripción presencial de Daniela, se entrelaza con el pasado reciente de Carlos Manuel. En la primera, la narración cobra solidez por la investigación, aspecto que según algunos críticos, ubica esta obra como histórica.

El manejo del lenguaje simple, sin dilaciones, se altera por la recurrencia de gerundios. Es este estilo de la escritora lo que despierta la curiosidad del lector y lo conduce entre las blancas arenas de Gandoca y las oscuras oficinas de la administración nacional.

La edición de «La loca de Gandoca», de la costarricense Anacristina Rossi, autora de «María la Noche», Premio Nacional de Novela, fue editada por EDUCA en 1992, como primer trabajo tras la crisis que afectó a la Confederación Universitaria Centroamericana (CSUCA).

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La loca de Gandoca

Tovar, Enrique. “La loca de Gandoca”. La República, 20 de mayo de 1992

 

Basta una sola palabra para calificar esta obra de Anacristina Rossi: ¡Excelente! No obstante, hay que dar las razones para justificar esta apreciación sobre la mejor novela de los últimos años de Costa Rica.

Primero, está bien escrita, en lenguaje ameno y claro y despierta constantemente el interés del lector.

Segundo, se trata de la primera novela de denuncia ecológica de nuestro país. Expone un problema permanente que ha convertido a Costa Rica en la nación de mayor deforestación y destrozos de los recursos naturales del continente y quizás del mundo. Por lo menos esto le ha valido ganarse el premio del “Diablo ecológico”.

Tercero, no obstante narrar con pasión los acontecimientos, la autora no cae en el panfleto literario. Más bien engarza el problema ecológico a una vivencia amorosa estableciendo una simultaneidad o paralelismo de destrucción tanto en el mundo exterior como en la interioridad ser.

La Loca de Gandoca“, del sello EDUCA, y de 140 páginas, agota en pocos meses sus ediciones. Algo inusual en un medio cuyos ciudadanos han sido preparados desde el hogar hasta la universidad, pasando por la escuela y el colegio, para que no lean. Incluidos, por supuesto, los profesionales.

Quinto, la autora prácticamente no cae en lugares comunes. Por el contrario, tiene creatividad en el decir, en el llamar las cosas de manera original. De allí su gran valor como obra de arte.

Sexto, las pinceladas descriptivas del refugio de Gandoca, que van salpicando el relato, son verdaderas expresiones pictóricas, que sumergen constantemente al lector en ese paraíso de la vertiente Atlántica de Costa Rica y que, por falta de aplicación de las leyes, están destruyendo algunas empresas que solo ven el lucro inmediato.

Sétimo, es una obra didáctica y estimulante, que informa sobre las riquezas naturales al tiempo que despierta y refuerza el amor por las bellezas de nuestra tierra bendita, y que la mayoría de los costarricenses –¡ciegos o indolentes que somos!– no vemos ni sabemos apreciar.

Estas apenas son siete razones fundamentales sobre “La Loca de Gandoca”, una novela de solo dieces, escrita por una compatriota que ha expuesto abiertamente su dolor –su doble congoja, una de ellas verdadera angustia kafkiana– y que ha sacudido la apatía y la indiferencia de nuestro cotarro.

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Anacristina Rossi: Política ambiental es una estafa

Ramírez F, Eduardo. “Anacristina Rossi: Política ambiental es una estafa”. Semanario Universidad.  (San José, C.R.), 26 de febrero 1993, p. 8-9


La novela “La loca de Gandoca” agotó en escasos cuatro meses sus dos primeras ediciones, algo inusitado en el limitado mundo literario nacional. En esta entrevista con UNIVERSIDAD, la escritora Anacristina Rossi, analiza el éxito de su publicación y cuenta su lucha por el Refugio Gandoca-Manzanillo.

La política del Gobierno en materia ambiental es una estafa, pues mientras se promulga un nuevo orden ecológico y se reciben premios internacionales, por otro lado el desastre ecológico es imparable, aseguró la escritora Anacristina Rossi, autora de la novela de gran venta “La loca de Gandoca”.

Las denuncias sintetizadas en la mencionada novela sobre el daño que le causan empresarios hoteleros al área protegida cobraron mayor relevancia en las últimas semanas, al salir a la luz pública la destrucción de valiosos arrecifes coralinos y bosques, así como la contaminación de ese ambiente caribeño, en donde la novelista posee una pequeña vivienda.

Estos hechos demostraron la veracidad de sus testimonios y a pesar de que les dio forma de novela, afirmó a este Semanario que el 98% de su contenido corresponde a la realidad.

Rossi lleva a cabo desde hace varios años, una apasionada lucha por impedir la destrucción del citado Refugio y su “obsesión” le valió que la cesaran del cargo ad honorem que ocupaba en el Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas (MIRENEM).

Su posición le ha generado además, amenazas a su integridad física y enemigos que desean cerrarle la boca.

No obstante que en 1986 Rossi obtuvo el premio nacional Aquileo Echeverría, por su novela “María la noche”, algunos han restado méritos literarios a “La loca de Gandoca”.

Sin embargo, la escritora ha visto renovada su vocación literaria en estos días, al ganar los XXX Juegos Florales Centroamericanos del Carnaval de Mazateco –de Guatemala– en la rama de cuento.

En una amplia entrevista con UNIVERSIDAD, Anacristina dio detalles sobre el éxito de “La loca de Gandoca”, la cual –en escasos cuatro meses de circulación– ya se agotó en sus dos primeras ediciones (de 1000 ejemplares cada una) y acaba de ser puesta a la venta la tercera reimpresión de 3000 unidades.

También se refirió a aspectos literarios de sus novelas, y a otros relacionados con su vida y la ecología que defiende. A continuación ofrecemos lo expresado por ella.

¿A qué atribuye el éxito de su novela “La loca de Gandoca”?

–A dos cosas que yo no separo. Alguna gente ha dicho que “La loca de Gandoca” es inferior en valor literario a “María la noche” , pero me parece que eso no es cierto. Lo que pasa es que el valor de “La loca…” es distinto. Traté de lograr un lenguaje literario transparente, lo que se conoce como el grado cero de la escritura, es decir, como si no hubiera escritura de por medio, para transmitir los hechos nada más. Eso es un logro literario porque el libro llega muy rápido a través de la emoción, y considero que esa es una de las definiciones de la literatura: conmover a través de la emoción, mediante palabras. Se olvida a la gente que la mediación es el lenguaje. En “María la noche” la gente se encanta y se encuentra con el lenguaje, mientras que en “La loca de Gandoca” el lenguaje se olvida y lo que se ve es una realidad dolorosa, a veces poética, una realidad legal y también una realidad intelectual.

La segunda razón para el éxito es coyuntural. Sale en un momento, en el cual la gente está sufriendo los desastres, sin luchar y sin atreverse a decirlo –a pesar de que el Presidente proclama el nuevo orden ecológico y la propaganda nos abruma con las maravillas ecológicas del Gobierno–.

Entonces, que se alce una voz por encima de todo, que se denuncia lo que mucha gente está viviendo, gusta porque se siente acompañada.

Quizás hay un tercer factor, Sebastián Vaquerano (de Editorial EDUCA) le dio un precio accesible. No es lo mismo comprar un libro de ¢1500 o ¢2500 que uno de ¢350, y esa fue una visión que le agradezco.

Desde un punto de vista estrictamente literario, ¿cuál de sus dos novelas le satisface más?

–Las dos por igual. “María la noche” en cuanto a poesía y “La loca de Gandoca” por lograr transparencia de la emoción, lo cual me parece un logro literario. La tuve que depurar mucho, la escribí muchas veces, para que el lenguaje no fuera un obstáculo y se hiciera invisible.

¿Al escribir “La loca…” usted la pensó más por su carácter de denuncia o como obra literaria?

Pensé sobretodo en la denuncia, pero también en que para que esta fuera efectiva, debía ser literaria. Si hubiera sido una denuncia sin literatura, no hubiera llegado, no pondría a la gente a llorar. Eso no pasó con “María la noche”, que también llegó mucho, aunque en un nivel muy distinto. Creo que son aspectos diferentes de lo que puede ser la literatura de ésta.

En las últimas semanas se ha comprobado que las denuncias expuestas en su novela eran verdaderas. ¿Es importante para usted este hecho, aun cuando los daños en su mayoría son de carácter irreversible?

­–Es importante, porque las denuncias aunadas a informaciones y fotos aparecidas en los periódicos no han sido negadas ni por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) ni por el Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas (MIRENEM). Todos aceptan los destrozos. El problema es que la destrucción se anunció en 1991, como lo demuestran los documentos. Tal vez eso me ayude a ganar el recurso de amparo, al no quedarle duda a la Sala IV de qué es lo que ha pasado y está pasando allí.

Si yo tenía que sufrir para defender mi casa y la salud de mis hijos, que me amenazaran de muerte, que la Municipalidad de Talamanca se volviera mi enemiga, y si ahora la gente se está dando cuenta de no sólo yo lo sufro, sino que muchos están rezando por eso y que la destrucción existe y es difícil pararla, esto me alegra.

¿Cuánto de realidad hay en su novela?

–Un 98%. Puedo decir lo que no es realidad: El salón de patines no era sobre hielo, pero existía la posibilidad de un salón de ese tipo en el centro comercial de la compañía Eurocaribeña.

Lo de “Jorge Boscoso” es verdad. Tengo el disfraz en la casa y lo tuve que usar, aunque no en una entrevista con Ana María Tato, como sale en el libro. Lo utilicé para sacar documentos sin que me vieran, porque el Ministro me había amenazado de no poder entrar al Ministerio.

¿En realidad son tan corruptas las instituciones estatales como usted las describe en la novela?

–Yo no las pinto directamente corruptas. Yo pinto lo que vi. Si usted le quiere llamar a eso corrupción… nada más le digo que yo lo viví, quizás con una serie de exageraciones literarias como el salón de patines. El pueblo juzgará si eso es corrupción o no. Tal vez había gente allí que lo estaba haciendo de buena fe.

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La loca de Gandoca

La loca de Gandoca

La loca de Gandoca

Anacristina Rossi pertenece a una nueva generación de escritores costarricenses que rompe los moldes tradicionales en la literatura de su país. Traductora e intérprete graduada de la Universidad de París, Francia; tiene una maestría en Mujer y Desarrollo del Instituto de Estudios Sociales de la Haya, Países Bajos. Ha ejercido el periodismo y participa activamente en las luchas en defensa del medio ambiente y los derechos de las mujeres indígenas. Su novela María la Noche, publicada por la Editorial Lumen, de España, ganó el Premio Nacional de Novela en Costa Rica (1985); fue traducida al francés y publicada por la Editorial Actes Sud, de Francia. De su libro Situaciones Conyugales han sido traducidos varios cuentos para antologías francesas y norteamericanas.

Tejida con el cautivante hilo de una historia de amor –poética y trágica a la vez– esta obra tiene por marco las luchas por preservar la riqueza ecológica del Refugio de Vida Silvestre Gandoca-Manzanillo en el litoral Atlántico de la provincia de Limón, Costa Rica. De gran acogida en el público (sus sucesivas ediciones sobrepasan ya los cuarenta mil ejemplares), aborda temas de gran vigencia como la corrupción, la inversión extranjera, la soberanía nacional y la depredación del medio ambiente. Mezcla de realidad y ficción, cuando fue publicada La loca de Gandoca (1992) generó un debate que llevó a la Corte Suprema de Justicia a pronunciarse sobre los hechos denunciados. Hoy en día, esa área, supuestamente protegida, lucha contra los peligros de la exploración petrolera y la amenaza de un desarrollo turístico sin regulación suficiente.

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