Asturias, un idealista inmortal

IPS Guatemala. Asturias, un idealista inmortalLa Nación, Viva (San José, Costa Rica), 17 de noviembre de 1999, p.3

Este año se celebra el centenario de este novelista, uno de los grandes de este siglo.

El centenario del escritor Miguel Ángel Asturias, que en 1967 ganó el Premio Nobel de Literatura, marco este año la actividad cultural en Guatemala, su país, y los homenajes aún no han terminado.

Asturias, nacido el 19 de octubre de 1899 y muerto el 9 de junio de 1974, dejó un legado de más de 40 obras que lo identifican como uno de los grandes novelistas latinoamericanos  de este siglo. También es uno de los más traducidos a lenguas extranjeras.

“Fue un idealista, preocupado por la solución de los problemas de Guatemala a través de una visión democrática pero  a la vez revolucionaria del sistema”, señaló el excomandante rebelde Rodrigo Asturias, hijo mayor del escritor.

En su homenaje

El gobierno de Álvaro Arzú, presidente de Guatemala, creó la Comisión Nacional del Centenario de Miguel Ángel Asturias, que  desde principios de este año realizó  actividades  oficiales  y populares en homenaje al autor de Mulata de Tal.

El programa comprendió también la reedición de las obras de Asturias, que también fue diplomático y abandonó Guatemala tras el derrocamiento en 1954 del presidente constitucional Jacobo Arbenz, forzado por Estado Unidos.

El Ministerio de Cultura de Guatemala colocó una placa recordatoria en la fachada de la casa de Asturias y dio el nombre del novelista a una avenida de la capital.

El presidente de la Comisión del Centenario, Juan Cifuentes, indicó que se han realizado concursos de literatura y de pintura sobre la vida y “el legado ideológico-cultural” del escritor.

La Comisión gestiona ante una casa editorial la traducción a las lenguas quiché y cakchiquel de dos novelas de Asturias, que probablemente serán El Señor Presidente, de 1946, y Hombres de Maíz, de 1949 informó Cifuentes.

Sus clásicos

El Señor Presidente, una novela que recreó el opresivo clima de la larga dictadura de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920), es un clásico latinoamericano y una de las obras que llevaron a la Academia de Suecia a premiar a Asturias con el Nobel.

Pero el escritor guatemalteco prefería Hombres de Maíz, por tratarse de “una denuncia” y “una protesta social” en defensa “de la tierra y de los valores culturales de la población indígena”, dijo  Rodrigo Asturias,  que en la guerrilla era conocido como el comandante Gaspar Ilom.

El compromiso político de Asturias se expresó especialmente en la llamada trilogía bananera, conformada por Viento Fuerte, (1950), El Papa Verde, (1954) y Los Ojos de Enterrados (1960), destacó el ex guerrillero.

Esas obras describen la explotación  de los obreros de las plantaciones y la influencia de las compañías  bananeras estadounidenses en Guatemala hasta la segunda mitad de este siglo. United Fruit, promovió la intervención de Estados Unidos para derrocar a Arbenz.

Entre sus creaciones también se destacan Leyendas de Guatemala, de 1930, Weekend en Guatemala, de 1957, y El Alhajadito, de 1961.

Asturias se matriculó en la Facultad de Medicina en la estatal Universidad de San Carlos, pero abandonó esos estudios por el derecho, y en 1923 obtuvo el título de abogado con una tesis sobre El problema social del indio.

Viajó luego a Londres, para seguir cursos de economía política, y también y realizó estudios sobre las culturas americanas precolombinas en Francia.

Se desempeño como diplomático a partir de 1946 y luego de la caída de Arbenz vivió en Argentina, Italia y Francia. Murió en Madrid, aunque fue sepultado en París, según lo había pedido.

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Única mirando al mar

Única mirando al mar

Única mirando al mar

Un hombre le da al canario su última ración de alpiste… y lo libera; después se tira a la basura como un desecho más. Esta es una de las imágenes más brillantes que haya inventado algún escritor costarricense, no sólo por el ingenio que la adorna, sino por lo que vislumbra y desencadena en uno de los mejores relatos sobre la miseria global del siglo XX. El personaje “suicida”, Mondolfo Moya Garro, modesto vigilante nocturno cansado de la vida, se lanza así al camión recolector de los desechos y termina en el relleno sanitario de Río Azul, donde descubrirá el sustento de la indigencia y el amor inesperado de una maestra desahuciada que busca todos los días -entre los restos orgánicos y minerales- una luz o una rosa blanca para que no todo sea tan tenebroso como la vida en el muladar. Única Oconitrillo es el soporte de la esperanza en el putrefactorio de los buzos del “mar de los peces de aluminio”, peleado basural capitalino donde se refugian cientos de familias en pobreza extrema para escarbar, entre zopilotes, una lata brillante o una botella vieja que pueda intercambiarse por algo de comida.

Denuncia irónica de nuestra corte de los milagros, la breve y laureada novela ha sido profundizada por su autor, y nos la ofrece ahora en versión mejorada y definitiva.

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Los Peor

Hábil constructor de imágenes literarias, Fernando Contreras Castro se lanzó con esta, su segunda novela, tras una cosecha poética superior que rompiera los marcos del costumbrismo simple y andrajoso tan frecuente en los relatos de marginalidad social de todas las épocas.

Si bien aquí el ambiente sigue las mismas rutas de la miseria, ahora se matiza de prostíbulo, predicadores, proxenetismo, cíclopes, mendicidad, y así la obra consigue hallazgos líricos que –por vía de la hipérbole– la desbordan de lo mágico a lo surrealista.

Las andanzas de Jerónimo Peor –un monje raro y ambulante– junto a Polifemo –un niño deforme que ve más de la cuenta– le sirven al autor para escenificar la espantosa periferia de la pobreza, los antros de la pordiosería y divagar también sobre varios temas sustanciales del ser y la existencia. Todo el relato se podría sintetizar en “el monstruoso mundo que nos rodea, donde siempre lo peor se impone a lo mejor”.

La reflexión filosófica está muy presente y la denuncia política va de la mano con una crítica social que comporta sardónica dosis de buen humor.

El Señor Presidente

El Señor Presidente

El Señor Presidente

Miguel Angel Asturias (1899-1974), es uno de los padres fundadores de la literatura centroamericana y su figura de mayor renombre mundial. En 1967 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura y desde entonces, sus obras han sido traducidas a casi todos los idiomas. Al cumplirse el centenario de su nacimiento se efectuaron homenajes en las principales ciudades de América Latina y Europa. La UNESCO realizó una exposición en su sede, publicó un libro conmemorativo y anunció el auspicio a la publicación de sus obras. Cultivó la novela, el cuento, el teatro, la poesía, y el periodismo. Su extensa obra narrativa —campo que cubre la mayor parte de su producción— quedó plasmada en Leyendas de Guatemala (1930), El señor Presidente (1946), Hombres de maíz (1949), Viento fuerte (1950), El papá verde (1954), Los ojos de los enterrados (1960), Week end en Guatemala (1956), El alhajadito (1961), Mulata de tal (1963), El espejo de Lida Sal (1963) y Viernes de dolores (1972).

Poseedor de refinada sensibilidad poética y magistral dominio de las técnicas literarias, elevó sus escritos a la categoría de obras de arte. Su prosa —pionera del realismo mágico— renovó la literatura en lengua española al incorporar mitos, creencias, alegorías y símbolos enraizados en la cultura mesoamericana. La universalidad de su legado se basa en que supo penetrar en los problemas económicos, sociales y políticos de su Guatemala natal, vale decir, de América Latina entera. El señor Presidente —su obra más difundida— muestra los extremos de opresión que puede sufrir un pueblo por la acción perversa de un gobernante, al tiempo que exhibe los sinietros mecanismo de la dominación dictatorial. Es una novela para todos los tiempos y para todas las latitudes.

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Carta a las mujeres trabajadoras de Costa Rica

Carmen Lyra

Carmen Lyra. “Carta a las mujeres trabajadoras de Costa Rica”. La Prensa Libre, 14 de junio de 1999. Página 3

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