Calufa, investigador

Molina Jiménez, Iván. ʺCalufa, investigadorʺ. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 27 de abril de 2013, p. 34A

En la literatura costarricense, a Carlos Luis Fallas Sibaja (1909-1966) se le considera fundamentalmente un autor de novelas y relatos, justamente célebre por obras como Mamita Yunai, Gentes y gentecillas, Marcos Ramírez y Mi madrina.

Fallas, sin embargo, fue también un escritor de ensayos políticos, sociales e históricos, como se puede apreciar en el libro De mi vida, que acaba de publicar la Editorial de la Universidad Nacional.

De los materiales incluidos en esa obra, hay tres ensayos que son de particular interés, ya que para elaborarlos Fallas realizó un detallado trabajo de campo con el fin de conocer las condiciones de vida y laborales de ciertas categorías de obreros y productores agrícolas.

El primero, publicado en diciembre de 1933, se refiere a la situación de los barreteros en el Caribe y a sus conflictos con la United Fruit Company. Este estudio constituye un antecedente fundamental del relato “Barreteros”, que Fallas terminó de escribir en 1941 y publicó en 1954.

En una línea similar, el segundo ensayo, publicado en agosto de 1935, explora el mundo social de los mineros de Desmonte y de los campesinos de las áreas aledañas, enfrentados con los intereses de dos empresarios extranjeros. Curiosamente, esta importante contribución de Fallas no ha sido considerada por los historiadores costarricenses y extranjeros que décadas después analizaron la problemática minera.

Finalmente, el tercer ensayo es el más conocido de todos, dado que circuló como folleto en 1960 y fue reimpreso en 1978: “Don Bárbaro”. En este trabajo, cuyo título evoca la célebre novela que Rómulo Gallegos publicó en 1929, Fallas analiza la concentración de la tierra en Guanacaste y, especialmente, la lucha de los pequeños y medianos productores agrícolas por defender sus propiedades, amenazadas por lo que él denominó “el latifundio de los Morice”.

Los dos primeros ensayos referidos evidencian ya los tempranos esfuerzos de Fallas por observar, describir, recoger testimonios, revisar documentos, verificar la información obtenida, ordenarla, comparar resultados y analizarlos. Las capacidades indicadas encontraron su mejor expresión en “Don Bárbaro”, que destaca por una mayor exhaustividad en la recolección, sistematización y análisis de los datos.

Por estos ensayos, y otros que también están incluidos en De mi vida, Fallas debería empezar a ser considerado como una figura relevante en el desarrollo de las ciencias sociales en Costa Rica. Imaginativo practicante de la historia oral, fue también pionero en la construcción de la historia de los trabajadores, de los pequeños y medianos productores agrícolas y de los movimientos sociales.

http://www.nacion.com/2013-04-27/Opinion/Calufa–investigador.aspx

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Carlos Luis Fallas: El hombre, el escritor y el político

Aguilar, Thais. “Carlos Luis Fallas : el hombre, el escritor y el político”. La Nación. (San José, C.R.), 26 de setiembre, 1984.

Todo comenzó en el Atlántico hace 50 años. Era la primera huelga de un “enclave bananero” de un país latinoamericano, hecho que seis años más tarde sería el tema de la novela Mamita Yunai, de Carlos Luis Fallas Monge, (1909-1966).

“Especial” es el calificativo que se le puede dar a Calufa. Esta característica se desprende de los comentarios que hacen las personas que lo conocieron de cerca.

Su aporte no se reduce únicamente al legado literario que dejó, se mide también en su activa vida política como dirigente del partido comunista y, para quienes fueron sus amigos –e incluso sus enemigos–, su recuerdo perdura por la simpatía y el encanto del buen conversador y el hombre sencillo.

Literario y político.

Muchos críticos y escritores nacionales consideran que Carlos Luis Fallas conjuga notablemente la actividad política con la labor literaria, sin embargo, sólo Mamita Yunai –o A la sombra del banano como él la tituló originalmente– presenta, en una forma realista y directa, la confrontación política y sus consecuencias en una huelga bananera.

El resto de sus obras: Gentes y gentecillas, Marcos Ramírez, Mi madrina y Tres cuentos, carecen de todo tinte político y se limitan únicamente a recoger la particular forma de vida del pueblo costarricense.

Franco, sincero, desaliñado, conversador y polémico, ese es el recuerdo que se tiene del escritor nacional Carlos Luis Fallas, CALUFA.

Calufa se lanzó a la vida literaria en 1940, con Mamita Yunai, seis años después de haber participado activamente en la huelga. Esta obra ha sido la más leída y traducida de las que escribió.

Mamita Yunai, título sugerido por Carmen Lyra, fue la ampliación de varias crónicas escritas en el periódico comunal Trabajo, sobre una versión electoral que cumplió el autor en Talamanca. Posteriormente, las reunió en una novela que presentó el jurado nacional del concurso literario de la Editorial Farrar and Rinehart, en ese mismo año, en el que participaban los más notables escritores de la época. El jurado rechazó la obra por considerarla un reportaje de tipo periodístico y no una obra literaria.

El resto de sus escritos sigue predominando en lenguaje periodístico y dramático, pero alejado totalmente de su sentimiento político.

Aproximadamente 12 años después de escribir Mi madrina y estando cercana su muerte, Fallas preparaba un libro que dejó inconcluso, titulado Rojo y verde, en el que aparece una serie de crónicas y relatos sobre sus luchas políticas y sindicales y su participación en la guerra civil de 1948.

Pese a sus raíces campesinas y a la escasa educación formal que tuvo de joven, Calufa se propuso, guiado por la escritora Carmen Lyra, adquirir una sólida cultura por medio de libros y afinar su tendencia a la escritura.

Se le recuerda por su extraordinaria capacidad de comunicación y su innegable dote de buen conversador. Práctico y franco, reflejó estas cualidades en su vida y en su literatura. Conoció los vicios, las penurias, la inmoralidad y la nobleza de los hombres sencillos, analfabetos y olvidados del mundo, y supo recoger estos sentimientos para transmitirlos tal cual son. Conoció todo lo humano y aprendió la lección de la vida, como lo comentó el dirigente comunista Manuel Mora en una ocasión.

Nunca se cuidó de las modas literarias, ni buscó trucos ni recursos refinados para impresionar, tenía mucho que contar, mucha experiencia humana que transmitir, y por medio de la conversación no era suficiente.

Hombre de letras, también es recordado por su activa labor como dirigente sindical.

Fallas representa el caso extraordinario de quien, sin proponérselo, hace obra literaria.

Su mayor influencia fue Carmen Lyra, y él mismo aseguraba que ella le enseñó a escribir. La mano de la autora se nota en el estilo muy musical, en la frase rítmica y la ligereza clásica de su obra. Después de Lyra, él ha sido uno de los pocos escritores nacionales que ha podido llevar a las letras la autenticidad del lenguaje popular, rural y urbano del costarricense.

Sencillo pero intelectualmente polémico, le importaba poco su aspecto personal y vivió mucho como un aventurero, por ello conocía muy bien al ser humano.

De todos es conocida su ascendencia campesina. Nació en un barrio de Alajuela y fue criado por un zapatero. Cursó cinco años de escuela y dos en el liceo. Cuando tenía 16 años se fue a vivir a Limón, y allí trabajó como cargador en los muelles para pasar luego a los bananales de la United Fruit Company.

Cuatro años después regresó a Alajuela, y empezó a participar en los movimientos políticos antiimperialistas y obreros de la época.

Intervino en la creación de sindicatos, participó en huelgas y fue encarcelado en varias ocasiones. Fue regidor municipal entre 1940 y 1942, y de 1944 a 1948 fue diputado por el partido comunista. Para la revolución de 1948, participó como jefe de las Fuerzas Armadas del gobierno de Picado.

Cuando enfermó de cáncer en 1965, se le concedió el premio de cultura “Magón” de ese año, y lo compartió con Hernán Peralta; ésta ha sido la única vez que el premio se ha dado compartido. No logró recibir personalmente el galardón, murió en 1966.

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Escritores costarricenses: Carlos Luis Fallas (Calufa)

Carlos Luis Fallas, gran escritor costarricense

Escritores costarricenses: Carlos Luis Fallas (Calufa)”. Diario Extra (San José, Costa Rica), 30 de mayo de 1986, página 5

Autobiografía

Nací el 21 de enero de 1909, en un barrio humilde de Alajuela. Por parte de mi madre soy de extracción campesina. Cuando yo tenía cuatro o cinco años de edad, mi madre contrajo matrimonio con un obrero zapatero, muy pobre, con el que tuvo seis hijas. Me crié, pues en un hogar proletario.

Cursé los cinco años de la escuela primaria y luego dos de la enseñanza secundaria.

Tuve que abandonar los estudios, fui aprendiz en los talleres de un ferrocarril, y a los dieciséis años, me trasladé a la provincia de Limón, en el litoral Atlántico de mi país, feudo de la United Fruit Company, el poderoso trust norteamericano que extiende su imperio bananero a lo largo de todos los países del Caribe. En Puerto Limón trabajé como cargador, en los muelles. Después me interné por las inmensas y sombrías bananeras de la United, en las que por años hice mi vida de peón, de ayudante, de albañil, de dinamitero, de tractorista, etc. Y allí fui ultrajado por los capataces, atacado por las fiebres, vejado en el hospital.

Andaba en los 22 años cuando regresé a Alajuela, para ver morir a mi madre. Entusiasmado por las ideas revolucionarias y anti-imperialistas que por ese entonces comenzaban a agitar al proletariado costarricense ingresé al naciente movimiento obrero y, para poder vivir y luchar en las ciudades, aprendí en tres meses el oficio de zapatero, oficio que ejercí por largos años.

Intervine en la organización de los primeros sindicatos alajuelenses y en la dirección de las primeras huelgas; fui a la cárcel varias veces; resulté herido en un sangriento choque de obreros con la policía, en 1933, y ese mismo año, con el pretexto de un discurso mío, los Tribunales me condenaron a un año de destierro en la costa Atlántica provincia de Limón. Allí, entre otras actividades revolucionarias, intervine en la organización de la gran Huelga Bananera del Atlántico de 1934, que movilizó 15.000 trabajadores y que conmovió profundamente al país entero. Por mi participación en esa huelga fui encarcelado una vez más, me declaré en huelga de hambre, y gracias a la acción del pueblo, recobré mi libertad.

Fui electo por los obreros del Regidor Municipal en 1942 y diputado al Congreso Nacional en 1944.

Me tocó improvisarme jefe militar de los mal armados batallones obreros que derramaron su sangre durante la guerra civil costarricense de 1948. Derrotados por las intrigas imperialistas, y bajo la brutal y sangrienta represión que desataron nuestros enemigos, fui a la cárcel, estuve a punto de ser fusilado y me adobaron en un proceso calumnioso e infamante, pero salvé la vida y recobré la libertad gracias a las protestas del pueblo y a la solidaridad internacional.

En mi vida de militante obrero, obligado muchas veces a hacer actas, redactar informes y a escribir artículos para la prensa obrera, mejoré mi ortografía y poco a poco fui aprendiendo a expresar con más claridad mi pensamiento. Pero, para la labor literaria, a la que soy aficionado, tengo muy mala preparación: no domino siquiera las más elementales reglas gramaticales, del español, que es el único idioma que conozco, ni tengo tiempo ahora para dedicarlo a superar mis deficiencias.

Mi labor literaria es muy escasa, porque la mayor parte de mi tiempo lo dedico a la lucha por la total liberación de mi pequeña patria. En 1940 escribí Mamita Yunai, publicada en Costa Rica en 1941, y que pasó desapercibida por años, hasta que el soplo poderoso del gran poeta Pablo Neruda la echó a correr por el mundo; hasta el momento se ha editado en italiano, ruso, polaco, alemán, checo, eslovaco y rumano y pronto aparecerá también en búlgaro y húngaro, se editó de nuevo en español en Chile en 1949 y en Argentina en 1955, donde actualmente se prepara su reedición.

Y ahora esta edición mexicana que es la definitiva. En 1947 publiqué la novela “Gentes y gentecillas”, en una pécima edición que corregí luego, pero que no he podido volver a editar. Ese mismo año escribí una novela y unos cuentos cortos que me fueron robados y destruidos durante la represión de 1948. En 1952 publiqué aquí “Marcos Ramírez”, libro de aventuras infantiles traducido ya al francés, al alemán y al polaco (actualmente se prepara una nueva edición española, en Argentina). Y en 1954 publiqué aquí “Mi Madrina”, en un tomo que contiene dos novelas cortas y un cuento, y que se tradujo y editó ya en Polonia. Y esto es todo por el momento.

Esta autobiografía fue escrita en 1957, para la edición mexicana de “Mamita Yunai”. Carlos Luis Fallas murió en San José el 7 de mayo de 1966.

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