La hoja de aire llega en edición especial

Fonseca Q., Pablo. “La hoja de aire llega en edición especial”. La Nación (San José, Costa Rica), 5 de diciembre de 2006, p.22a

Una edición especial de La hoja de aire, una de las obras más conocidas de Joaquín Gutiérrez, será presentada hoy en nuestro país.

El libro ya tiene varios meses de circular en España, donde se imprimieron los 3.000 ejemplares que conforman esta edición limitada. De esta cantidad, solo 300 llegaron a Costa Rica.

Según explicó Sebastián Vaquerano, de Editorial Legado, muchos de estos ejemplares serán donados a bibliotecas e instituciones culturales.

Sin embargo, 100 ejemplares estarán a la venta en Librería Internacional, a un precio de ¢10.000 cada uno.

El origen. Hace 25 años la española Juliana Penagos vino a Costa Rica como parte de su plan de estudios universitarios.

Aquí ahondó en la literatura centroamericana y quedó enamorada de La hoja de aire.

Esta obra del costarricense Joaquín Gutiérrez Mangel (1918-2000) es una pequeña pero muy poética historia.

El chileno Pablo Neruda, quién prologó la primera edición en 1968, dijo: “En mis lecturas desordenadas y acríticas he leído pocos relatos como este, con tanta capacidad de amarrarnos en el hilo del sueño y de la desventura”.

Penagos regresó a España, pero hace algunos meses se propuso editar por primera vez en ese país La hoja de aire.

“Juliana propuso que la obra no fuese un libro más, sino la joyita editorial en que finalmente se convirtió”, explicó Vaquerano.

Penagos se comunicó entonces con editorial Legado, para negociar los derechos de reproducción. Legado consultó a su vez a doña Elena Nascimento, la viuda de Gutiérrez, quien estuvo de acuerdo con la propuesta.

En abril de este año la obra fue finalmente presentada en la ciudad de Santander.

La edición. El prólogo completo del Premio Nobel de Literatura de 1971, Pablo Neruda, así como una presentación de mexicano Jordi Soler, forman parte de esta primera edición española.

Después del texto principal también se ofrece una pequeña biografía del autor costarricense.

El libro, de formato pequeño, tiene cinco pinturas de Emilio González Sáinz, un consagrado pintor español, especiales para la obra.

Además, la caja en que viene fue confeccionada por monjas de un convento Santander.

La presentación del libro será este martes a la 7 p.m., en el Centro Cultural de España, en el barrio Escalante. Participarán Arturo Reig López, embajador de España; María Elena Carballo, ministra de cultura, y Alberto Cañas Escalante, director de la Academia Española de la Lengua. El coordinador del evento será el periodista Carlos Morales.

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Escritores costarricenses: Carlos Luis Fallas (Calufa)

Carlos Luis Fallas, gran escritor costarricense

Escritores costarricenses: Carlos Luis Fallas (Calufa)”. Diario Extra (San José, Costa Rica), 30 de mayo de 1986, página 5

Autobiografía

Nací el 21 de enero de 1909, en un barrio humilde de Alajuela. Por parte de mi madre soy de extracción campesina. Cuando yo tenía cuatro o cinco años de edad, mi madre contrajo matrimonio con un obrero zapatero, muy pobre, con el que tuvo seis hijas. Me crié, pues en un hogar proletario.

Cursé los cinco años de la escuela primaria y luego dos de la enseñanza secundaria.

Tuve que abandonar los estudios, fui aprendiz en los talleres de un ferrocarril, y a los dieciséis años, me trasladé a la provincia de Limón, en el litoral Atlántico de mi país, feudo de la United Fruit Company, el poderoso trust norteamericano que extiende su imperio bananero a lo largo de todos los países del Caribe. En Puerto Limón trabajé como cargador, en los muelles. Después me interné por las inmensas y sombrías bananeras de la United, en las que por años hice mi vida de peón, de ayudante, de albañil, de dinamitero, de tractorista, etc. Y allí fui ultrajado por los capataces, atacado por las fiebres, vejado en el hospital.

Andaba en los 22 años cuando regresé a Alajuela, para ver morir a mi madre. Entusiasmado por las ideas revolucionarias y anti-imperialistas que por ese entonces comenzaban a agitar al proletariado costarricense ingresé al naciente movimiento obrero y, para poder vivir y luchar en las ciudades, aprendí en tres meses el oficio de zapatero, oficio que ejercí por largos años.

Intervine en la organización de los primeros sindicatos alajuelenses y en la dirección de las primeras huelgas; fui a la cárcel varias veces; resulté herido en un sangriento choque de obreros con la policía, en 1933, y ese mismo año, con el pretexto de un discurso mío, los Tribunales me condenaron a un año de destierro en la costa Atlántica provincia de Limón. Allí, entre otras actividades revolucionarias, intervine en la organización de la gran Huelga Bananera del Atlántico de 1934, que movilizó 15.000 trabajadores y que conmovió profundamente al país entero. Por mi participación en esa huelga fui encarcelado una vez más, me declaré en huelga de hambre, y gracias a la acción del pueblo, recobré mi libertad.

Fui electo por los obreros del Regidor Municipal en 1942 y diputado al Congreso Nacional en 1944.

Me tocó improvisarme jefe militar de los mal armados batallones obreros que derramaron su sangre durante la guerra civil costarricense de 1948. Derrotados por las intrigas imperialistas, y bajo la brutal y sangrienta represión que desataron nuestros enemigos, fui a la cárcel, estuve a punto de ser fusilado y me adobaron en un proceso calumnioso e infamante, pero salvé la vida y recobré la libertad gracias a las protestas del pueblo y a la solidaridad internacional.

En mi vida de militante obrero, obligado muchas veces a hacer actas, redactar informes y a escribir artículos para la prensa obrera, mejoré mi ortografía y poco a poco fui aprendiendo a expresar con más claridad mi pensamiento. Pero, para la labor literaria, a la que soy aficionado, tengo muy mala preparación: no domino siquiera las más elementales reglas gramaticales, del español, que es el único idioma que conozco, ni tengo tiempo ahora para dedicarlo a superar mis deficiencias.

Mi labor literaria es muy escasa, porque la mayor parte de mi tiempo lo dedico a la lucha por la total liberación de mi pequeña patria. En 1940 escribí Mamita Yunai, publicada en Costa Rica en 1941, y que pasó desapercibida por años, hasta que el soplo poderoso del gran poeta Pablo Neruda la echó a correr por el mundo; hasta el momento se ha editado en italiano, ruso, polaco, alemán, checo, eslovaco y rumano y pronto aparecerá también en búlgaro y húngaro, se editó de nuevo en español en Chile en 1949 y en Argentina en 1955, donde actualmente se prepara su reedición.

Y ahora esta edición mexicana que es la definitiva. En 1947 publiqué la novela “Gentes y gentecillas”, en una pécima edición que corregí luego, pero que no he podido volver a editar. Ese mismo año escribí una novela y unos cuentos cortos que me fueron robados y destruidos durante la represión de 1948. En 1952 publiqué aquí “Marcos Ramírez”, libro de aventuras infantiles traducido ya al francés, al alemán y al polaco (actualmente se prepara una nueva edición española, en Argentina). Y en 1954 publiqué aquí “Mi Madrina”, en un tomo que contiene dos novelas cortas y un cuento, y que se tradujo y editó ya en Polonia. Y esto es todo por el momento.

Esta autobiografía fue escrita en 1957, para la edición mexicana de “Mamita Yunai”. Carlos Luis Fallas murió en San José el 7 de mayo de 1966.

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