Su nombre es su título

López Trigo, Manuel E. “Su nombre es su título“. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 2

Alberto Cañas es para todo costarricense medianamente informado, mucho más que un nombre: ¡es un título!

Ciertamente, basta escuchar este nombre para saber de quién y de qué se trata. Porque, verdad de verdades, se está hablando de una persona de sustancia y valor superlativos, que por los hechos de su existencia venturosamente prolongada y fecunda, ha alcanzado calidad emblemática en nuestro horizonte cultural y político.

La familia ha sido, en su vida, referente fundamental y fuente de inspiración y fortaleza. Profundamente orgulloso de sus orígenes y respetuoso del buen nombre de sus antepasados, mantuvo una tierna relación con su señora madre, doña Claudia, a quien solía visitar casi todos los días. El hogar que construyó y los hijos que procreó en la amorosa y solidaria compañía de la noble dama doña Alda Collado, ha sido, siempre, su refugio y su alegría.

Ideal quijotesco. Inconformista de espíritu libérrimo y romántico que lo acerca al ideal quijotesco, sensible ante la necesidad y el sufrimiento ajenos, nuestro personaje sin importarle lo que otros piensen o digan, ha sido consistente y aguerrido defensor de elevados principios y valores.

Son innumerables los temas de su interés e impresionante la diversidad de los caminos que con brillo y distinción ha recorrido este abogado, diplomático, político, escritor, periodista profesor en el aula y maestro en la vida, hombre auténtico y apasionado que ha conquistado admiración y respeto entre sus conciudadanos.

No sabe Alberto Cañas de vanidades ni de poses. Se expresa de manera sencilla y clara, sin ostentaciones retóricas pese a su exquisito dominio del idioma, que le ha llevado a ser miembro de número y por años presidente de la Academia Costarricense de la Lengua. No le preocupan apariencias o formalismos, ni conoce de fingimientos.

Aunque sus manifestaciones directas y vehementes respecto de personas y situaciones, o el fervor que empeña en la defensa y promoción de sus ideas y convicciones, pudieren haberle ganado alguna malquerencia él sabe perdonar, no alimenta rencores ni procede con torcida intención. Ha consagrado honesta y sinceramente su fructífera existencia a defender las causas en que ha creído, a difundir sus verdades, a promover la cultura y las bellas artes, a conocer y tratar de entender a su pueblo, y, en fin, a servirle a la nación costarricense en las formas que ha considerado apropiadas.

De su cultura enciclopédica, lúcida inteligencia, agudo sentido del humor, elocuente verbo y fina pluma ha ido dejando abundantes muestras en la cátedra, el libro, la columna periodística, el programa de radio o de televisión, la curul, el cónclave de los académicos y la tertulia de los amigos.

Armoniosa combinación. Profundo conocedor de la historia y de la realidad nacional, combina armoniosamente su vocación crítica con una visión más bien optimista del futuro de Costa Rica, por lo cual sigue permanentemente activo en su  papel de centinela de la Patria.

Lector incansable y de tiempo completo desde que tenía tres años, hace solo 87, Alberto Cañas ha encontrado siempre, no se sabe cómo, tiempo suficiente para crear hermosas obras literarias de los más variados géneros, para desempeñar más que cumplidamente elevados cargos públicos y diplomáticos, dirigir medios de comunicación, gozar la belleza en todas sus formas, formar y forjar una familia -como ya quedó dicho- en dulce sociedad con su recordada doña Alda, y, ¡claro!, cultivar la amistad sin distingos de ninguna clase.

Mucho la debo yo, aunque quizás él no se haya enterado, a este hombre extraordinario a quien tengo el privilegio de conocer desde mi ya lejana juventud. Atesoro nuestra amistad, que con justa razón califica él de inalterable en su suculenta obra autobiográfica Ochenta años no es nada, porque no habrá, nunca, diferencia, distancia ni tiempo capaz de disminuir en mí ese inquebrantable sentimiento. Además lo cito con frecuencia, pues aparte de llevar en mi corazón afecto y admiración enormes hacia él, tengo invariablemente presentes sus sabias reflexiones, agudas observaciones y aleccionadoras anécdotas.

¿Qué puedo desear en su nonagésimo aniversario a quien ocupa lugar de privilegio en mi mundo afectivo? Salud, buenísima salud, para que siga dándonos luz y alegría por muchos, muchos, muchísimos años más. Con mis mejores deseos, llegue hasta el dilecto cumpleañero mi abrazo fraternal.

*Manuel López Trigo: Empresario, exembajador en Israel, exviceministro de Información y Comunicación.

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El San José de don Beto

Garita, Nora. “El San José de don Beto”. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 2

 

En medio de su vasta producción literaria, don Beto Cañas nos ha planteado varios interrogantes sobre la ciudad de San José, en una novela suya llamada “Una casa en el Barrio del Carmen”.

La casa, construida en adobe y bahareque a finales del siglo XIX, era “ancha y esquinera, llena de ventanas en hilera interminable… y un patio interior rodeado por la medianera y tres corredores, y sembrado de helechos casi gigantes y de pacayas… cuando tener pacayas en el patio era señal de elegancia y buen vivir”. En ese tiempo social en el que la misa matinal regulaba los horarios y la Iglesia tenía el poder de las campanas, transcurre la historia de la casa y sus dos habitantes. El barrio tenía el nombre de la Iglesia cercana, pero la vida de barrio va desapareciendo poco a poco. Las casas de familias conocidas quedan deshabitadas, convertidas en despachos de médicos o demolidas. San José se vuelve una ciudad de rótulos. En los años cincuenta, nuevos valores de mercado vuelven la casa objeto de eventual lucro para muchos hombres de negocio.

¿Rematar la casa al vencerse la hipoteca?

¿Venderla para botarla y hacer en esa esquina una gasolinera?

La tesis que sustenta la novela es que los valores de mercado configuraron la ciudad. Esto da vigencia a la novela, cuando se observa el poder de los inversionistas en perfilar el rostro actual de San José: ¿tirar al suelo un edificio patrimonial para hacer un parqueo?

La casa se llama “La República”. Es pues, el recurso usado por el narrador para plasmar su visión social demócrata de la historia de Costa Rica. Refiriéndose a Walter Jiménez, el joven que estudió ciencias económicas, dice: “participó en la Revolución del 48, que fue como la lumbre de una generación y la apertura de un rumbo, como una encrucijada abierta, una oportunidad escondida…” Son los acontecimientos del 48 los que abren oportunidades a la movilidad social a los hijos de maestras, a los hijos de empleados bancarios. Las tesis sobre la historia nacional, en el fondo, es que el Estado de la Segunda República, con sus nuevas Instituciones, crea y amplía la clase media.” ¡Yo soy la clase media!”, dice Walter. Esta posición ante la historia, mantiene vigentes las preguntas sobre el papel del Estado en permitir la concentración en pocas manos, o en discutir la riqueza.

Contar la vida de una casa para hacer un cuadro con visión de país. Esa Costa Rica pintada en el cuadro se transformó, los valores oligarcas quedaron desdibujados, como se destiñeron las liebres y perdices del cuadro colgado en la pared de la casa. Esto ha sido señalado por especialistas en literatura, de la siguiente manera; “la imagen que clausura el texto alcanza una fuerza especial al remitir a un objeto, un cuadro, la sensación de decadencia y pérdida de protagonismo de la clase poseedora, por nacimiento, de los valores auténticos” (Carballo, Ovares, Rojas, 1993:278).

La literatura, con su poder evocador, le gana aquí la partida a la sociología. Gracias, don Beto, por la escritura.

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Primero fue Marcos

Ordóñez, Jaime. “Primero fue Marcos”. La Nación. Opinión (San José, Costa Rica), 1 de mayo de 2003

 *La falacia de la literatura pura

Primero fue Marcos Ramírez, de Carlos Luis Fallas (quizás la mejor novela escrita en Costa Rica), excluida hace unos años del Programa del MEP por razones aún inentendibles. Se alegó en su día que ese logradísimo Lazarillo de Tormes o Huckelberry Finn a la tica, era muy antiguo y ajeno al actual contexto costarricense. Como si la Ilíada o El Fausto no fueran aún más lejanas y, no por ello, ¡absolutamente vigentes e importantes! Ahora le toca el turno a una de la obras más puras de la literatura costarricense: Cocorí. La razón esta vez es otra: supuestos elementos discriminadores en la obra que atentan contra la equidad o la igualdad étnica. Con todo respeto, en ambos casos ha existido un error de apreciación del MEP y de sus comisiones asesoras. Y, además, con peligrosas consecuencias.

Toda literatura es ideológica y, como tal, tiene una concepción decantada del mundo, en una u otra dirección. Tiene prejuicios, puntos de vista discutibles, incluso violentamente polémicos y justo en eso reside su riqueza. Una obra neutra no es literatura, como apunta aguda y certeramente el escritor y abogado Vérnor Muñoz en su texto Lo terrible de la hoja en blanco, difundido por Internet durante las últimas semanas. Un currículum educativo sobre literatura debe tener buena literatura –que nunca es aséptica– y punto. Todo gran arte incluye la compleja gama de lo humano, sus prejuicios, pasiones e, inclusive, desatinos. La clave del sistema educativo (y de los buenos profesores) es que los adolescentes la entiendan en su contexto, de la biografía de su autor, del complejo y terrible nudo humano que se revela en el arte.

Las principales obras literarias de nuestra civilización han sido profundamente ideológicas, controvertidas y arrastran, casi siempre, una visión enfrentativa del mundo. Siguiendo la misma pauta usada por el MEP, muchas deberían ser alejadas de los ojos de nuestros estudiantes.

Argumento llevado al absurdo. Habría que prohibir Eurípides, por promover el homicidio de una hija (en Ifigenia) y también por instar al parricidio y a ser amante de la madre (Electra). A Sófocles y Esquilo les iría parecido. Tendríamos que prohibir a Aristófanes, por declarar la guerra de sexos y atacar al orden político establecido. Habría que sacar al Mío Cid, por racista, toda vez de su persecución contra los moros, y también al Quijote, obra de Cervantes claramente antisemita. Habría que prohibir las dos Odiseas –la de Homero y el Ulises de Joyce– porque en ambas el papel de la mujer es de sumisa espera, y eso podría promover el machismo. Habría que mandar al sótano a Hemingway, a Henry Miller y a Julio Cortázar, porque tanto Por quién doblan las campanas, ambos Trópicos y la Rayuela, no favorecen el papel de igualdad de la mujer, todo lo contrario. Habría que prohibir Muerte en Venecia, de Thomas Man, porque promueve el homosexualismo. También habría que mandar al sótano a García Márquez, pues el coronel Aureliano Buendía tuvo cerca de 80 hijos en el largo mundo, de muchas mujeres, la mayoría no reconocidos, y eso promueve la promiscuidad sexual y la irresponsabilidad.

La lista es de nunca acabar, como imaginará el lector. Graham Greene debería ser erradicado, pues El poder y la gloria narra la historia de un sacerdote que sucumbe a los pecados de la carne. Habría que enviar al ostracismo a muchos Nobel. A Camus, pues en El Extranjero no solo muestra la insensibilidad del protagonista ante la muerte de su madre, sino, además, abjura ante el crucifijo y el sacerdote. (A Camus, más bien habría que mandarlo al paredón, pues también promueve el suicidio el Hombre rebelde). A Sartre también, pues A puerta cerrada constituye un catálogo de todas las razones de la autodestrucción humana. A Becket, por hacer una apología de la soledad como condición connatural de nuestra especie.

Casi toda gran obra literaria puede ser acusada de un ismo, de una desviación, de una particular ideología del mundo y de los seres que lo llenan. Y en eso constituye su gran riqueza. Apostar a una literatura que no “transgreda ningún valor” es apostar a la mediocridad. Las decisiones del Ministerio de Educación Pública en esta materia son sumamente preocupantes y, aparte de pauperizar nuestro currículum, pueden abrir una senda peligrosa en las relaciones que deben existir entre libertad y educación.

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El jazz trae letras de emancipación para la niñez

Chacón, Vinicio. “El jazz trae letras de emancipación para la niñez“. Semanario Universidad. Opinión (San José, Costa Rica), 25 de noviembre de 2009, p. 16

 Nuevo libro de Fernando Contreras aborda la preocupación por la resistencia de las marginalidades.

“Una nota oculta en el oído, una nota clandestina, subversiva, un secreto: el secreto de la libertad, porque la libertad cabía en esa blue note”.

Mensajes puntuales como este, emanados del Jazz, componen las enseñanzas que transmite Cierto Azul, una nueva novela de Fernando Contreras. El relato cuenta la historia de Arturo, uno de los niños de los muchos llamados “de la calle”, no vidente, quien es adoptado por un sexteto de gatos callejeros y jazzistas.

“El jazz es el discurso, la columna vertebral que hace posible todo lo demás,” explicó Contreras sobre el relato. Añadió que la historia local y marginal del niño se articula con los orígenes del jazz, que se dan “en la peor de las marginalidades, la esclavitud”.

Según el autor, los elementos que se juntan en el texto sólo podrían encontrarse al azar, pues “la vida de un gato callejero consiste en una constante improvisación, la inestabilidad de la calle obliga necesariamente a todos los seres que en ella habitan a una improvisación constante, improvisar es tener una enorme confianza en el otro”.

En este caso “el texto queda fijo en su forma, aunque ligado a la improvisación del jazz”, dijo.

Cierto Azul ve la luz bajo el sello de la Editorial Legado y fue presentado el pasado 18 de noviembre. Las influencias del jazz son más que evidentes desde el mismo título, que remite a un disco del legendario Miles Davis.

De acuerdo con Contreras, el libro fue escrito en el pasado mes de julio, pero la idea que le dio origen es más antigua. “Empezó como un cuento infantil a partir de la imagen de un gato lazarillo. El perro atiende los deseos del amo, pero con el gato eso cambia y en este caso no pretende guiar al niño, sino fortalecerlo y emanciparlo, no se ofrece como un guía para siempre, sino que busca darle herramientas para que se la juegue.

Así, detalló que tenía esa idea del gato lazarillo en la mente, pero no la había ejecutado. “De pronto me encontré con que se cumplían 50 años del disco Kind of Blue, de Miles Davis, y quise unirme a esa celebración”.

Sobre la influencia que sobre él tiene el jazz, manifestó que se lo debe al compositor argentino Astor Piazzola, quien combinó el tango con este género, y al también argentino Julio Cortázar, cuya célebre novela Rayuela es pletórica en referencias al jazz, que además influye en otras obras suyas, como el relato El Perseguidor.

UNA NOTA AZUL

El jazz es un género musical nacido durante la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos, particularmente en Nueva Orleáns, según las versiones más aceptadas. Antecedido por el blues, sus orígenes se remontan a la herencia musical africana a la que se ciñeron las miles de personas de etnia negra que fueron secuestradas de África y reducidas a la esclavitud en América, así como sus descendientes.

En el texto de Contreras, las enseñazas sobre la resistencia y emancipación del jazz aparecen como el discurso de un gato, abuelo de uno de los protagonistas, quien contra su voluntad migró de Nueva York, donde convivió con una gran movida jazzística, a un aburrido San José.

“En el texto se dice ´no´ a la obediencia de los perros, pues el perro se entiende como dependiente y acostumbrado a la esclavitud”, apuntó el escritor.

Una de las lecciones de jazz heredadas de ese abuelo neoyorquino se refiere a “una manera de escuchar el mundo, una manera de decirlo, de contarlo, de cantarlo… Un sonido raro para el oído de los verdugos, una nota azul, anómala para el gusto de los ´amos´: una tercera menor sobre un acorde mayor. ¡Esa era la fórmula de la libertad!”.

Al respecto, el autor de textos como Urbanoscopio y El Tibio Recinto en la Oscuridad, señaló que el texto también se revela contra esa pretendida normalidad que describió cono “una expresión de la época de gran represión que vivimos, en la que nos acercamos al control orwelliano de la vida cotidiana”.

Según dijo, ese control “orwelliano”, en alusión a la novela 1984 de George Orwell, se puede apreciar en las campañas políticas. “Después del juicio del expresidente Calderón la corrupción desaparece como tema y sólo se habla de la tal “mano dura” contra la delincuencia. Quisiera que me digan de qué se trata esa mano dura, porque esas campañas apuntan a la represión, vivimos una vigilancia electrónica que se manifiesta en la omnipresencia de las cámaras de video y se apunta a un control cada vez más especializado”.

Señalo que ante ese creciente control, el gran reto radica en cómo mantener distancia y cómo escapar. “Sigo creyendo que el jazz es emancipación, la música fue la gran articulación de todo el movimiento de liberación ante la esclavitud”.

Detalló que “en momentos de emancipación, los esclavos negros se apropiaron de la lengua de los dominantes y de sus instrumentos. Por el lado de la lengua es por donde se le entra a la cultura del opresor, pero no renunciaron a su sonido, que se manifestó a través de la llamada nota azul”.

Librero: rito de paso

Soto, Rodrigo. “Librero: rito de paso”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 27 de diciembre de 2009

Uno de los temas recurrentes en la narrativa de Fernando Contreras Castro es la familia. Ya se trate de la familia reconstituida en los márgenes de la sociedad –Única mirando al mar –, de la familia estigmatizada por la anomalía –Los Peor – o de las bandas cuasifamiliares que emergen en el escenario postapocalíptico de losCantos de las Guerras Preventivas, los vínculos familiares son uno de los motivos que aparecen con mayor fuerza y frecuencia en sus libros.

Cierto azul, la última entrega de Contreras, es una breve novela en la que el tema de la familia vuelve a aparecer. Aquí se trata de un niño ciego arrojado a las calles, adoptado luego por una pandilla de gatos –gatos, sí, miau, miau– que resultan ser músicos de jazz.

El tema de la familia anómala reaparece aquí, pero en un contexto radicalmente diferente pues, en este caso, el grupo familiar no está marcado por la exclusión, el estigma o la tragedia, como en las obras mencionadas arriba.

Dicho más precisamente: aunque el mundo de los gatos jazzeros y del niño ciego esté, en efecto, en los márgenes de la sociedad dominante, “he ahí precisamente el punto, ¿qué nos importan a los gatos nuestros detractores?”, como afirma uno de los gatos-músicos apenas iniciando la obra.

A cargo de este musical sexteto de gatos y gatas correrá la educación sentimental, intelectual y musical de Arturo, el niño ciego.

Serán ellos quienes le revelen los secretos del jazz, de la creación musical, del rapto liberador, del juego maravilloso, de la improvisación, pero también, y paralelamente, quienes le revelen las artes sagradas de la amistad, del amor y la solidaridad entre los seres.

La música ya había sido motivo en algunos libros de Contreras, particularmente en Los Cantos de las Guerras Preventivas, pero en la novelita que nos ocupa se convierte en tema fundamental.

La música –en este caso el jazz– es evocada, recreada, alabada y celebrada desde la perspectiva de un conocedor, pero, ante todo, de un amante del género. Cierto azul, Kind of blue

La novela trata, pues, de una iniciación, de la consumación de un rito de paso entre la niñez y la edad adulta, paso que se consumará cuando el sexteto de gatos permita que Arturo, ahora trompetista consumado, emprenda su propio sendero en pos de sí mismo, de su propio viaje y vuelo.

La etapa formativa ha concluido y, por más fuertes que sean los lazos que lo unen con su familia/maestros, es el momento de volar solo, con la certeza –o más bien la fe– en un futuro rencuentro con su familia gatuna, aunque el futuro en rigor no exista y solo podamos contar con el presente que se fuga en la improvisación endiablada del jazz.

Fernando Contreras se lanza a tocar su solo en esta obra, la más audaz, la más juguetona, la más libre de cuantas ha escrito. La soltura y la ligereza de su estilo son engañosas y no deben llevar al lector a obviar la hondura de las reflexiones en las que el libro nos sumerge: el amor, la libertad, la amistad, la creación y el miedo son algunos de los temas sobre los cuales los iluminados gatos ilustrarán al niño-joven Arturo.

La metáfora de Italo Calvino sobre la liviandad y la pesadez de la prosa vuelven a revelarse aquí en toda su potencia pues, en efecto, la novela de Contreras es liviana como ninguna otra de las que haya escrito, pero al mismo tiempo es la única de ellas donde aparece un cierto tono sentencioso.

Esa aparente contradicción desaparece en el texto novelístico, que logra fundir o conciliar los dos extremos, peso y liviandad, y esto es parte de su magia y de su gracia.

Tal vez sea una causa perdida sugerir a las autoridades del Ministerio de Educación Pública que, en lugar de Única mirando al mar, incluyan Cierto azul en la lista de lecturas sugeridas a los estudiantes de secundaria (de seguro, Fernando Contreras estaría muy de acuerdo); sin embargo, la peor fuerza es la que no se hace.

La libertad, los gatos y un cierto azul

Izaguirre Cedeño, María del Mar. “La libertad, los gatos y un cierto azul”. Oficina de Divulgación. Universidad de Costa Rica, 7 de diciembre de 2009 (http://www.ucr.ac.cr/noticias/2009/12/07/la-libertad-los-gatos-y-un-cierto-azul.html)

El profesor y escritor Fernando Contreras Castro presentó a la comunidad universitaria su libro Cierto Azul, el cual al parecer de la escritora Ana Cristina Rossi es un libro surrealista, y fantástico.

El libro inicia con un relato de lo que es la calle para el protagonista fuente infinita de asombro, dolor y libertad. ¿Qué es lo que cuenta en esta vida? Fernando Contreras nos dice que la libertad, la solidaridad, la creación y la improvisación, es decir el amor. Todo ese va junto y es inseparable, aseveró la Magistra Ana Cristina Rossi.

Cierto azul narra la historia de un niño huérfano y ciego, el cual es adoptado por una pandilla de gatos músicos, todos integrantes de una banda de jazz. Arturo el es un niño de 7 años que vive en la calle, el chico es adoptado por el gato Freddy Freeloader y los integrantes del sexteto de jazz.

“La calle es una sorpresa en ondas expansivas, nunca falta alguien que se agache y chasquee los dedos para llamar la atención y me rasque la cabeza si me acerco. O alguien que me quite de su camino de una sola patada en las costillas pero esa es la calle fuente infinita de asombro y dolor. La vida sería más fácil sin pulgas. Nos rascamos y nos sacudimos inútilmente. Las pulgas nos habitan, nos pueblan, nos beben, trabajamos para ellas. Pero esto es vivir en la calle, y la verdad, no cambiaría ni una de mis malditas pulgas por un segundo de mi libertad”.

Los gatos del libro muestran a una ciudad capital: San José llena de comercio, una ciudad de negocios, donde ni siquiera los parques son sólidos manifestó el sociólogo Dr. Sergio Villena.

Para Villena Cierto Azul es la tercera pieza de la trilogía de Contreras que inició con Única mirando al mar y Los Peor.

El libro de Contreras Castillo Cierto Azul consta de 70 páginas en las que resalta los valores humanos trascendentales como la solidaridad, la amistad y la libertad comentaron los académicos presentes en la presentación de este libro que se efectuó en la sala multiusos de la Escuela de Estudios Generales de la UCR.

El autor aseguró que el libro parte fundamentalmente de una premisa: el amor es un acto subversivo y peligroso.

Fernando Contreras Castro: Una pausa entre novelas

Díaz, Doriam. “Fernando Contreras Castro: Una pausa entre novelas”. La Nación (San José, Costa Rica), 30 de julio de 2005

El autor de Única mirando al mar y Los peor y ganador de dos premios nacionales habla acerca de Sonambulario, su nuevo libro de cuentos (editorial Norma). Él se confiesa sonámbulo, a su juicio, una experiencia alucinante

Edad: 42 años

Estado civil: Soltero

Profesión: Escritor

¿Cómo surge Sonambulario, su segundo libro de cuentos?

Lo siento como una pausa temática y estética en mi producción en general y mis temas recurrentes. Tiene una búsqueda diferente, va más en el sentido de lo onírico y lo estético. Igual que Urbanoscopio -mi primer libro de relatos- sale en medio de la escritura de una novela.

¿De qué trata esa novela?

Um… Es una novela que he trabajado durante varios años, ahora la estoy terminando y espero que salga en el 2006. Prefiero no hablar mucho de ella por ahora porque quizá después cambie.

¿Por qué le interesaron los sueños y el sonambulismo para este libro?

Soy sonámbulo. Me pareció un material de primer orden para trabajarlo en los relatos. El germen de cada cuento ha estado en un sueño o en un episodio de sonambulismo; lo demás es trabajo de creación literaria. A veces hay sueños que lo marcan a uno, lo cual es una cosa rara porque los sueños se disipan rápido.

Define Sonambulario como una bitácora de sueños. ¿Cómo llevó una bitácora de este tipo?

Hay sueños que te marcan, te perturban, te intrigan, te obsesionan y no se van. Empecé a trabajar a partir de esos que tenía en la memoria, de los sueños que quedan como huella. Además trabajé temas como la música de Johann Sebastian Bach, que no es un sueño, sino una obsesión. El libro es una amalgama entre el sueño y la obsesión.

Pausa suena a divertimento, pero su pausa es para trabajar estética. ¿Por qué?

Escribir un cuento es muy complicado. Lo que pasa es que los temas de mis novelas son espesos, con un contenido social fuerte y hasta doloroso; la novela que estoy trabajando no es la excepción. De pronto, hice un alto y me puse a trabajar este libro de cuentos.

¿Por qué considera que el sonambulismo no es un padecimiento, sino un raro privilegio?

No todo mundo es sonámbulo. Creo que hay muchos prejuicios alrededor de los sonámbulos: la gente les tiene miedo. Sin embargo, la experiencia es realmente alucinante y es muy diferente a la del sueño. En el sonambulismo hay una participación activa del soñante, ya que él participa en el sueño con toda su corporeidad. En ese sentido, yo reivindico el sonambulismo. El libro es un mensaje a los sonámbulos para que lo disfruten.

Se le conoce más como novelista que como cuentista. ¿Con cuál de esos dos géneros se identifica más?

La novela es el género en que me siento más cómodo. El cuento me permite sugerir, no darlo todo sino señalar un camino y que el lector decida si lo recorre o no. La novela tiene que mostrar mucho más; tiene otra intención.

Fernando Contreras: Esta novela mía es más exigente

Fonseca Q., Pablo. “Fernando Contreras: Esta novela mía es más exigente”. La Nación (San José, Costa Rica), 8 de diciembre de 2006

Entrevista:

El escritor Fernando Contreras acaba de presentar Cantos de las guerras preventivas, una novela en la cual explota los temas del terrorismo, las guerras y la contaminación.

Esta parece ser una novela tan apocalíptica como esperanzadora. ¿Qué mensaje quiere dar?

Creo que el término apocalíptico no es lo que busco porque no hay un final definitivo de la especie humana. Está la idea de una destrucción en muchos sentidos, como el social y el ecológico. La destrucción es consecuencia de esta dirección en la que vamos actualmente, pero al fin y al cabo pienso que la vida será más fuerte y en medio de esa destrucción creo que habrá grupos de humanos que quieran vivir pacíficamente, aun en condiciones rudimentarias.

El tema de la novela está fuertemente anclado en lo que sucede en el mundo desde el 2001.

Claro, es la historia del mundo que cambia con la farsa del 2001, cuando se emprende una estrategia absurda y homicida llamada “guerras preventivas”, que no es más que el eufemismo utilizado para justificar todas estas acciones brutales. Simplemente son proyectos homicidas y criminales.

Después de que parte del mundo se destruye con “guerras preventivas” quedan algunos humanos que deben empezar de nuevo.

Aunque en el texto estemos hablando de grandes ataques, todo en el texto está desde el punto de vista de las víctimas que son bombardeadas arbitrariamente. ¿Qué pasa cuando la ciudad es destruida y la gente queda sin luz, sin agua, sin casa o cuando no sabés qué le pasó a tu familia? Entonces la gente sale a la calle y no hay nada. Eso que queda en ese momento es la realidad desprovista de todo y los humanos no podemos vivir en la realidad. Nosotros podemos vivir porque vivimos en nuestras ficciones cotidianas, reinventando el mundo constantemente y entonces esos seres humanos deben crear sentido de nuevo.

¿Es arbitrario el espacio preponderante a la religiosidad?

Por un lado está la religión desde la oficialidad y por el otro la recuperación que hacen los disidentes de la religiosidad. En el tercer capítulo hay toda una degradación de la idea de la religiosidad como institución, pero en el quinto existe un tratamiento de la figura de Dios sumamente respetuoso porque nace de la gente. ¿A qué se acude para fundar de nuevo el mundo? A la idea de Dios, la idea de la religiosidad.

¿Cree que el mundo va hacia donde usted lo describe?

De todo corazón yo quiero que no, pero hasta ahora no hay nada que me demuestre lo contrario. Todos los proyectos armamentistas van en esa dirección. No veo voluntad política para evitar un desastre de esa magnitud.

¿Qué representa este nuevo libro en su carrera literaria?

El escritor y su público se necesitan mutuamente. Esta novela es un poco más exigente para el lector, un poco más dura y requiere un poco más de esfuerzo que mis libros anteriores.

Única mirando al mar. Belleza, amistad y amor en medio de la podredumbre y la suciedad

Formoso, Manuel. “Única mirando al mar. Belleza, amistad y amor en medio de la podredumbre y la suciedad”. La Nación. Opinión (San José, Costa Rica), 16 de agosto de 2007

 Mi nieta mayor –lectora incansable– debió leer, como tarea en el colegio, Única mirando al mar, de Fernando Contreras. Para acompañarla en la lectura y ayudado por la casualidad de tropezar con un ejemplar en el desorden que reina en mi biblioteca, leí la obra de Contreras que alguna vez comencé, pero que la hice a un lado porque no me gustó el tema de que trata. En realidad, no es para menos porque la narración transcurre en Río Azul y los personajes son los buzos zampados día y noche, buscando frenéticamente objetos de valor o que tengan alguna utilidad en su miserable vida de habitantes permanentes en ese mar de basura.

Fernando Contreras tiene la enorme capacidad poética de introducir belleza, amistad y hasta una historia de amor en medio de ese constante olor a podredumbre, suciedad y mosquerío que se desprende de los cientos de toneladas que día a día arrojan los camiones transportadores de basura producida en la Gran Área Metropolitana. Igualmente, los personajes que dan vida a la novela, sucios, de piel renegrida, pelo tieso del tierrero que contiene y vestidos de andrajos, se nos vuelven entrañablemente queridos y su destino trágico nos angustia como si se tratara de amigos de toda la vida.

Madre proveedora. Única es única por su bondad de madre y capacidad de proveedora de comida, perfumes, pasta de dientes y mil cosas que llegan con la basura. Encuentra Única entre la basura un hijo y un hombre –totalmente derrotado, tanto que él mismo se lanzó a un camión que lo llevó a Río Azul– que llegará a ser su marido. El matrimonio de Única con este hombre lo realiza un sacerdote que se consagró a sí mismo después de haberse encontrado una túnica púrpura, y la fiesta consiguiente con la asistencia de numerosos buzos es de una ternura y un optimismo conmovedor pues se trata de seres humanos situados en el escalón más bajo del orden social, mostrando una capacidad para reciclarse, embellecer su vida con el amor, todo sin salirse del basurero de Río Azul y sus implacables leyes nacidas de una realidad putrefacta, maloliente y llena de moscas.

La casualidad ha querido que termine de escribir estas líneas el 31 de julio del 2007, día en que se cierra oficialmente Río Azul y 14 años después de haber escrito Fernando Contreras su valiosa novela.

P.S. Río Azul parece tener más vidas que un gato. Al día siguiente de haberse declarado oficialmente cerrado, las municipalidades de Curridabat, Moravia, Coronado y Alajuelita no tienen dónde tirar basura, y los posibles botaderos carecen de vías en buen estado para soportar el paso de los camiones cargados con los desechos, por lo que ya se habla de prolongar en 18 meses la vida de Río Azul.