Calufa, investigador

Molina Jiménez, Iván. ʺCalufa, investigadorʺ. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 27 de abril de 2013, p. 34A

En la literatura costarricense, a Carlos Luis Fallas Sibaja (1909-1966) se le considera fundamentalmente un autor de novelas y relatos, justamente célebre por obras como Mamita Yunai, Gentes y gentecillas, Marcos Ramírez y Mi madrina.

Fallas, sin embargo, fue también un escritor de ensayos políticos, sociales e históricos, como se puede apreciar en el libro De mi vida, que acaba de publicar la Editorial de la Universidad Nacional.

De los materiales incluidos en esa obra, hay tres ensayos que son de particular interés, ya que para elaborarlos Fallas realizó un detallado trabajo de campo con el fin de conocer las condiciones de vida y laborales de ciertas categorías de obreros y productores agrícolas.

El primero, publicado en diciembre de 1933, se refiere a la situación de los barreteros en el Caribe y a sus conflictos con la United Fruit Company. Este estudio constituye un antecedente fundamental del relato “Barreteros”, que Fallas terminó de escribir en 1941 y publicó en 1954.

En una línea similar, el segundo ensayo, publicado en agosto de 1935, explora el mundo social de los mineros de Desmonte y de los campesinos de las áreas aledañas, enfrentados con los intereses de dos empresarios extranjeros. Curiosamente, esta importante contribución de Fallas no ha sido considerada por los historiadores costarricenses y extranjeros que décadas después analizaron la problemática minera.

Finalmente, el tercer ensayo es el más conocido de todos, dado que circuló como folleto en 1960 y fue reimpreso en 1978: “Don Bárbaro”. En este trabajo, cuyo título evoca la célebre novela que Rómulo Gallegos publicó en 1929, Fallas analiza la concentración de la tierra en Guanacaste y, especialmente, la lucha de los pequeños y medianos productores agrícolas por defender sus propiedades, amenazadas por lo que él denominó “el latifundio de los Morice”.

Los dos primeros ensayos referidos evidencian ya los tempranos esfuerzos de Fallas por observar, describir, recoger testimonios, revisar documentos, verificar la información obtenida, ordenarla, comparar resultados y analizarlos. Las capacidades indicadas encontraron su mejor expresión en “Don Bárbaro”, que destaca por una mayor exhaustividad en la recolección, sistematización y análisis de los datos.

Por estos ensayos, y otros que también están incluidos en De mi vida, Fallas debería empezar a ser considerado como una figura relevante en el desarrollo de las ciencias sociales en Costa Rica. Imaginativo practicante de la historia oral, fue también pionero en la construcción de la historia de los trabajadores, de los pequeños y medianos productores agrícolas y de los movimientos sociales.

http://www.nacion.com/2013-04-27/Opinion/Calufa–investigador.aspx

gentes-y-gentecillas

Anuncios

La sotana revive al querido Carmuco

Sánchez C., Alexánder. La sotana revive al querido Carmuco. La Nación, Viva (San José, Costa Rica), 7 de febrero de 2013, p.8

 

Carmuco encuentra su preciada sotana y, en medio de la basura, comienza una nueva vida. Es ahora el “sacerdote” de los buzos, o más bien, el oasis espiritual en medio de viejas penas, carencias y un sinfín de esperanzas.

El miércoles 13 de febrero, en el anfiteatro del Cenac (7 p. m.), se estrenará el cortometraje Carmuco, de Patricia Velázquez. El filme es un extracto de lo que será un próximo largometraje basado en la novela tica Única mirando al mar (1993), de Fernando Contreras.

De hecho, el guion del corto es obra del mismo Contreras y Gabriela Calderón. Ambos autores recrearon el momento en que Oso Carmuco, personaje destacado de la novela, halla su famosa sotana y comienza su peculiar misión.

Con un libro de rezo en mano, Oso Carmuco – que es alcohólico y no respeta del todo el voto de castidad, oficia ‘misas’ y hasta matrimonios en el mismo botadero.

“Al igual que el largo, el corto retrata momentos posteriores a la novela. En el caso del cortometraje, la trama se ubica 20 años antes de los hechos narrados en Única mirando al mar”, explicó Velázquez.

Quien en el corto da vida a Oso Carmuco, es el actor Armando Herrera, quien se desempeña como conductor de bus, en la ruta Tibás-San José.

“Actuar es mi pasión y me entrego al máximo cuando hago un papel. Es como si fuera un actor profesional. Tanto es así, que al igual que Oso Carmuco, llegué a sentir que yo era, realmente, el cura de esa comunidad”, dijo entre risas Herrera.

“Para mí fue impresionante hacer ese papel, pues él, a pesar de que podría verse como un hombre perdido por su vicio, encuentra valoración siendo un cura. Entonces, su vida toma un sentido, que es ayudar a los demás”, agregó Herrera.

Pero no solo el Oso Carmuco saldrá en el corto; también aparecerán personajes como la famosa Única, el Bacán y don Retana, todos muy conocidos de la novela.

Laborioso. El corto Carmuco, de 10 minutos de duración, se filmó durante dos días en Miramar de Puntarenas, con jornadas de trabajo de casi 18 horas continuas.

“El primer día grabamos en un precario a orillas del basurero… Había pobladores muy inquietos por el corto. El segundo día fue peor: estábamos dentro del basurero y el calor de Puntarenas, sumado al hedor de la basura, hacia todo muy duro”, recordó Velázquez.

A pesar de todo, la realizadora destacó que el equipo de trabajo se entregó al máximo para lograr el producto final, el cual usted podrá ver de forma gratuita en el Cenac.

Incluso, Velázquez recordó que Herrera llegó a hundir su cabeza en la basura, como muestra de su compenetración total con el personaje central del filme.

Lo que se viene. La filmación del largometraje –del cual se desprende el cortometraje Carmuco–, se espera realizar en el 2014.

Según Velázquez, el largometraje está en etapa de desarrollo y ya recibió apoyo económico por parte de Proartes y el programa Ibermedia.

“Con la conclusión de este corto, considero que ya tenemos una carpeta sólida para solicitar fondos para la producción del filme”, explicó Velázquez.

“Con Carmuco se cierra un ciclo, pues más allá de realizarlo para facilitar la búsqueda de financiamiento, necesitábamos filmar en el basurero, con todo lo que eso implica”, finalizó la cineasta

http://www.nacion.com/2013-02-07/Entretenimiento/la-sotana-revive-al-querido-carmuco.aspx

Sergio Ramírez y Manlio Argueta se reúnen en la UES

Benítez, Pablo. “Sergio Ramírez y Manlio Argueta se reúnen en la UES”. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 25 de abril de 2003, p. 89

 El miércoles, en el mismo evento, Sergio Ramírez presentó su nuevo libro y Manlio Argueta recibió un reconocimiento.

El miércoles pasado, al final de la tarde, una buena cantidad de personas se dio cita en el cine teatro de la Universidad de El Salvador.

Asistieron a una actividad que tenía doble propósito: la presentación de la novela “Sombras nada más”, del nicaragüense Sergio Ramírez, y la entrega de una placa de reconocimiento al escritor salvadoreño Manlio Argueta, por parte de la Cámara Salvadoreña del Libro.

El evento inició con las palabras de la doctora María Isabel Rodríguez, rectora de la UES, quien expresó su satisfacción porque dos “escritores centroamericanos tan importantes y tan cercanos a la universidad” estuvieran una vez más en esa casa de estudios.

Anunció además que el novelista nicaragüense realizará en junio otra visita a la universidad, con el objeto de emprender la reactivación de la editorial universitaria.

La novela.

Es escritor Geovani Galeas fue el encargado de hacer el cometario crítico de la novela del literato nicaragüense.

En su intervención, Galeas destacó dos aspectos importantes: la profundidad en el tratamiento temático y la complejidad de la estructura narrativa. Señalo que el libro es “sumamente disfrutable y de lectura simple”. Galeas concluyó su participación con un juicio definitivo: “Sombras nada más” es seguramente un clásico de la literatura centroamericana y latinoamericana”.

Ramírez hizo un somero repaso de algunas de sus ideas con respecto a la literatura y, en especial, con respecto al arte de la novela. Expresó que su compromiso como escritor es “primero con el lector y luego consigo mismo”, que el reto es cumplir ese compromiso sin traicionarse a sí mismo ni traicionar al lector.

Al final, esbozó una interesante definición: “La novela es un aparato de mentiras”.

El reconocimiento

La segunda parte de la actividad fue breve. Consistió en la entrega de una placa de reconocimiento al novelista salvadoreño y actual director de la Biblioteca Nacional, Manlio Argueta.

Carlos Arabia, miembro de la Cámara Salvadoreña del Libro y gerente del Grupo Santillana en El Salvador, aseguró que cada año la cámara realiza la entrega de un galardón a personas que hayan contribuido al fortalecimiento de la cultura y el arte nacionales.

“Manlio Argueta ha puesto en alto repetidas veces el nombre de El Salvador”, enfatizó Arabia. El escritor salvadoreño manifestó también sus sinceros agradecimientos por la realización de este homenaje.

Comprar obras de Manlio Argueta

Comprar obras de Manlio Argueta

Nueva edición de Puerto Limón

Díaz, Doriam. “Nueva edición de Puerto Limón”.  La Nación, Viva (San José, Costa Rica), 23 de mayo de 2004, p.8

 Después de estar varios años agotada, la novela Puerto Limón (1950), del escritor costarricense Joaquín Gutiérrez (1918-2000), vuelve a las librerías con una nueva edición de la Editorial  Legado.

 “Es una obra fundamental de la literatura costarricense y consideramos una pérdida de patrimonio que continuase sin circular dijo Sebastián Vaquerano director de Legado.

Puerto Limón es una novela que trata de la huelga de 1934, en la cual unos 13.000 trabajadores del banano se negaron a tocar un solo racimo más hasta ver satisfechas sus pocas demandas. Allí queda patente no solo la pelea por lograr condiciones laborales más justas, sino también una lucha alrededor de la soberanía nacional.

El texto fue llevado al teatro por Alfredo Pato Catania, en 1975 y en el 2003.

La obra es parte del amplio legado de Gutiérrez, quien publicó seis novelas, cuatro libros de viaje, cuatro traducciones de William Shakespeare, tres poemarios y un libro de memorias.

Reeditan Puerto Limón

Bermúdez, Manuel. “Reeditan Puerto Limón”. Semanario Universidad (San José, Costa Rica), junio de 2004, p. 8

La editorial Legado ofrece la más reciente edición de la novela Puerto Limón del escritor mayor de las letras costarricenses: Joaquín Gutiérrez Mangel.

Considerada una obra capital en la literatura nacional, ha sido llevada varias veces al escenario del teatro por las características de tensión dramática que posee.

Es este caso, se trata de una edición muy cuidada, que favorece una lectura fácil, con tipografía clara y un diseño espacioso y fresco. La portada lleva la obra Bananales del maestro Teodoro Quirós.

Es novela escrita a mitad del siglo pasado, narra el mundo duro e intenso de la provincia de Limón. Una zona atlántica dominada por la explotación bananera, principalmente por la United Fruit Company.

Silvano, el protagonista, lleva a vivir a la casa de su tío. El contraste de un muchacho de la pequeña capital con el mundo de la finca, define la construcción de la narración. Los ojos de Silvano serán los del lector, que se asombra, teme, rechaza y se fascina con el mundo que se le ofrece. Las diferencias con su tío definen su deseo de marcharse de aquel ambiente tenso y agreste para  probar suerte en otras partes del mundo. Con su prima descubre el amor, mientras en el entorno la lucha de los peones de la compañía bananera produce una atmósfera de sobresalto y sospecha.

Muy bien retrata Gutiérrez aspectos del ser costarricense. El lenguaje, las disquisiciones sobre la vida, los anhelos del joven, las vidas rotas y pobres de los trabajadores, la fuerza implacable de la naturaleza, las historias de vida que se entrecruzan, retratan un puerto Limón de medio siglo atrás, pero cuyas características aún perviven.

Por la tensión en la estructura, la construcción psicológica de los personajes, el uso del lenguaje común y la evocación del ambiente monótono y misterioso del bananal, esta novela es un hito en la literatura nacional.

Comprar obras de Joaquín Gutiérrez

Comprar obras de Joaquín Gutiérrez

 

 

Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe

Soto, Michelle; Montoya Rodrigo (fotógrafo).  “Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe”. Perfil (555): 74-77, 19 de octubre 2007

En agosto, la Academia Costarricense de la Lengua dio la bienvenida a Anacristina Rossi, y con ella, a la literatura afrocaribeña.

Escuchar a Anacristina Rossi es como oír las olas reventar. Su verbo es tan furioso como el mar, pero sus palabras también tocan la orilla como espuma.

Con ella se conversa de literatura, de lengua, del ser mujer, de utopías y sueños, de medio ambiente y, sobre todo, de Limón. Rossi lleva el sol en la piel y el viento en el cabello, ella es Caribe.

El pasado 23 de agosto, se incorporó a la Academia Costarricense de la Lengua. Es así como su nombre se une al de Arnoldo Mora Rodríguez, Rafael Ángel Herra, Adolfo Constenla, Samuel Rovinski, Estrella Cartín, Julieta Pinto y Alberto Cañas, entre otros.

En su discurso de incorporación rescató del silencio los textos de Samuel Charles Nation y, con estos, una literatura afrolimonense de principios del siglo XX.

SUS LETRAS

Rossi estudió lingüística y lenguas modernas en Inglaterra, Francia y Holanda. Obtuvo una maestría en idiomas y un doctorado en ciencias de la traducción.

Es activista ambiental y social, rasgo que se refleja en su libro La loca de Gandoca de 1991. Sus novelas María de la noche (1985) y Limón Blues (2002) fueron distinguidas con el Premio Nacional en ese género. Sus escritos son objeto de estudio en universidades costarricenses  y estadounidenses.

Ha participado en congresos sobre literatura en Estados Unidos, Alemania y Panamá, entre otros. Fue invitada por el Ministerio de Cultura de Francia como representante del istmo en el Programa “Belles Etrangéres”, el cual fue dedicado a Centroamérica en 1997.

Asimismo, recibió la Medalla Presidencial del Centenario del Nacimiento de Pablo Neruda, la cual fue otorgada por el Gobierno de Chile por la proyección social de su obra literaria.

Por más que sus textos trascienden fronteras, Rossi suele regresar a Limón de su infancia, al que lleva siempre del lado izquierdo del pecho.

UTOPÍAS

En la última década, la voz mestiza de Anacristina Rossi tiene la sonoridad de un blues, y últimamente, de un reggae.

A finales de 1997, emprendió la investigación que le llevó a escribir Limón Blues y que le despertaría la necesidad de seguir recopilando y escribiendo aún después de Limón Reggae.

En la Biblioteca Nacional, desempolvó periódicos limonenses publicados entre 1903 y 1942, génesis de una literatura costarricense escrita por afrodescendientes.

“¿Qué es lo que nos dice esa literatura sobre Costa Rica?  En ella, los ticos nos vemos reflejados desde el punto de vista de alguien que nos ve –al mismo tiempo- desde adentro y afuera, desde otra y nuestra cultura”, comenta Rossi.

Fue así como conoció los textos del periodista y ensayista Samuel Charles Nation. En su prosa se develaron los ideales y las luchas por la reivindicación de los afrodescendientes y la figura mítica de Marcus Garvey.

“Mi esfuerzo es tratar de recuperar la literatura que hay en esos periódicos, hay una enorme riqueza en ensayos periodísticos y poemas. Eran el único lugar donde los afrodescendientes podían publicar porque no tenían editoriales”.

Mi sueño es, algún día, tener tiempo y el dinero para recoger esos ensayos, sacarlos de los periódicos, seleccionar, ordenar y ver cómo hago un libro para jóvenes y otro que recoja todo el material” añade la escritora con ímpetu.

En Limón Blues, la pluma de Anacristina de el primer acercamiento a esta literatura donde se retrata esa búsqueda de la utopía.

Con esa prosa de prisa, cargada de blancos que asesinan, negros que forman sindicatos, periodistas que publican páginas muchas veces censuradas, bananos destrozados por el machete de la Compañía, tambores que suenan hasta el amanecer, mujeres blancas que tiemblan por la carne oscura de sus sirvientes negros, olas que no dejan de reventar en la arena cálida y amores que se hacen y se deshacen bajo ese sol tropical que todo lo envuelve y todo lo embruja, los años transcurren con una velocidad vertiginosa, como si el tiempo se nos fuera a acabar sin permitirnos terminar la historia.

Y con esas esperanzas que se truncan con el paso de los años, Limón parece una de esas niñas rurales que envejecen antes de tiempo. Como resultado, solo queda el recuerdo, la nostalgia de un pasado que este país, que se precia de multiétnico, simplemente prefiere olvidar y que esta escritora nuestra, que se llama Anacristina Rossi, nos lo resucita de entre los muertos”, reseñó Manuel Delgado a propósito de la novela para Club de Libros.

Pero, Limón Blues terminó en 1973. Aún quedaba mucho por escribir, la escritora quería hablar de ese Limón que conoció de niña y adolescente. Fue así como se desencadenó una segunda utopía, la propia y la colectiva.

Limón Reggae habla de la revolución en Centroamérica durante los 70, centrada en El Salvador. Pero, también recata los ideales de Afrotsco de Limón y los Rastafari de Puerto Viejo.

“En Centroamérica se trató de tener dos utopías: la revolución nicaragüense y la salvadoreña. La salvadoreña terminó en gran fracaso, la nicaragüense por lo menos tuvo su periodo. Lo mismo le pasó a los Rastafari, pero ellos recrearon la utopía en el interior, y en lugar de aspirar a una utopía colectiva y grande, decidieron tener una más pequeña y es sobre todo interior.

Lo mismo pensaban los grupos negros en Limón durante los 70, Afrotsco era un grupo real y Milton Franklin (quien fue uno de sus integrantes) sigue pensando que los ideales de un cambio interior son vigentes. Para los socialistas y los de la teoría del marxismo, la utopía está afuera; pero lo lindo de él es que la utopía esta adentro”, recuerda la “loca de Gandoca”

-Y ahora, ¿cuál es la utopía que estamos persiguiendo?

-La única utopía posible es la paz con la naturaleza. Pero no la que dice nuestro presidente, con la que no estoy de acuerdo, porque la incluye con cosas tan devastadoras como este tratado de libre comercio. Las luchas ecológicas han costado tanto y han sido siempre como mitad perdidas y mitad ganadas, y cuando se ha ganado siempre ha sido gracias a la Sala Constitucional.

“No es que los seres humanos destruyan el ambiente porque son malos, sino porque la conservación entra en conflicto con sus ideas de dinero. Está bien que hagan dinero, no tengo nada en contra del comercio ni los negocios, pero tienen que tener un límite.

“Se necesita un cambio de actitud de todos y todas para detener el calentamiento global, es el reto más grande. La utopía está en ponernos un freno a nosotros mismos, debe ser modesta en ese sentido”.

NUESTRO AFROASCENDIENTE

La palabra evoca. Se dice que se empieza a existir en el momento en que se nombra. En ese sentido, la prosa de Rossi nos confronta con nuestra afroascendencia, nuestra identidad como costarricenses.

“Las mujeres cobran existencia cuando se les nombra, de lo contrario no están. Lo mismo pasa con nuestra afrodescendencia.

¿Dónde está ese abuelo y abuela negra?

¿Por qué nos vemos en el espejo y decimos que somos blancos, por qué los negamos?.

Tengo 10 años de confrontar esa cultura y de confrontarme a mí misma con mis propios ascendientes. Ese ha sido un reencuentro lindísimo, quisiera que ese reencuentro fuera de toda Costa Rica”, reconoce.

Como dijo una vez María Lourdes Cortés, Limón “es la síntesis de lo que es Ana la mujer, y Ana la escritora: de sus fantasmas, sus deseos y sus luchas. Es el rondón de sus de sus raíces, hundidas en el pasado y de sus sueños volando hacia el futuro”.

-¿La Academia Costarricense de la lengua con su incorporación está reconociendo, como un primer paso, a ese antepasado negro que tenemos los costarricenses? ¿Nos estamos viendo en la literatura afrodescendiente?

-Es un primer paso. Todavía no nos estamos viendo, aún falta recuperarlo y rescatarlo.

“Como académicos, cada uno tiene su campo de estudio. Todos tenemos nuestras locuras y teleles con la lengua. El mío ha sido tratar de ser un puente entre la cultura y la literatura afrodescendiente de principios del siglo XX y la actual, porque siempre negamos el problema de racismo y no hay que tenerle miedo a las palabras, ese racismo nos ha hecho estereotipar lo que fue.

“Limón no es solo ese rice and beans y carnavales, tiene un enorme bagaje cultural y una enorme riqueza que aportarnos, pero nosotros le damos la espalda”.

-¿En que consiste el trabajo de la Academia Costarricense de la Lengua?

-Somos traductores entre la lengua clásica y la de hoy. La lengua es un organismo vivo y funciona quieran los académicos o no. Entonces, lo que nos toca es ser puentes entre esa lengua que va evolucionando y la lengua clásica, como un filtro que permita ir incorporando al acervo clásico toda esa novedad. Habrá cosas que se podrán incorporar y otras no. Una tiene que estar atenta para recordar la estructura de nuestra lengua y así se pueda asimilar lo nuevo, sin perder la estructura.

-Ha señalado que para que la Academia Costarricense de la Lengua pueda trabajar, requiere de una sede, ¿Son como Quijotes sin Rocinantes o Sanchos sin burros, qué ha pasado?

-Andamos como del tumbo al tambo, como gitanos, y no podemos asentarnos para hacer un trabajo serio porque no tenemos sede.

“Al final del gobierno de don Abel, estaba lista la sede en la avenida central. Pero, por problemas burocráticos, no se concretó. Entonces, le hemos pedido ha este gobierno que nos dé un lugar donde estar.

“¿Cómo vamos a hacer un buen trabajo si tenemos que andar con todo bajo el brazo? ¿Adónde se va a sentar uno a guardar los documentos? ¿Cómo vamos a hacer trabajos en conjunto en la Academia si vamos de aquí para allá? Somos Quijotes a pie”

-¿Son  necesarias las editoriales pequeñas para leernos como costarricenses y tener variedad de voces sobre nosotros mismos?

-Hay un problema en Costa Rica muy grande, que la existencia de editoriales no va a arreglar y tiene como resultado la mediocridad. El problema es que no nos atrevemos a decirnos la verdad sobre lo que pensamos de los textos de los otros.

“Aquí no hay crítica porque no se soporta. No tenemos la madurez para aguantar vernos expuestos. Eso nos impide crecer como escritores y quedarnos en una mediocridad, los golpazos son los que nos van haciendo crecer.

“Los golpes que me he llevado hicieron que tratara de superarme. Los golpes que realmente se asimilan son los fuertes, como los que se dan en público. Para que nuestra literatura crezca, hay dos cosas que deben ir juntas: que hayan editoriales para leernos y que podamos hacernos crítica”.

Una pasión encendida

Bermúdez, Manuel. “Una pasión encendida”. Semanario Universidad, (San José, Costa Rica), 12 julio 2007, p. 3

Luego del indiscutible éxito de su novela Limón Blues, Anacristina Rossi presenta esta segunda parte de la trilogía: Limón Reggae. Aunque no se trata de una zaga, el fascinante mundo del Caribe costarricense, que Rossi presenta en la novela anterior, sirve como punto de partida para contar una época que va desde los años 70 hasta un pasado muy reciente. Esta vez, el interés de la autora se extiende a los acontecimientos en la Centroamérica de finales del siglo pasado.

Con su estilo fluido y cautivante, lleva al lector por un viaje donde las pasiones, las luchas reivindicativas, los entusiasmos se conjugan en el sentir, madurez y compromiso de la protagonista.

Laura es una niña de clase media de San José, hasta que su padre, un agente de seguros, es convencido por unos estafadores a participar en una aventura  empresarial que lo lleva a la ruina. Así, la visión mítica de San José que tiene Laura se hace trizas al chocar con la realidad de los tugurios capitalinos. Por otra parte, la niña tiene una tía de origen árabe que vive en Manzanillo de Limón, donde ella va a pasar temporadas de vacaciones.

Su tía Maroz, gusta de llamarla Aisha, que es su nombre en árabe. El mundo de adolescencia de la protagonista pronto se dibuja como una etapa de iniciación y descubrimiento. Sus amigos en Limón le muestran una alta conciencia y responsabilidad social mezclada con el místico encanto de las organizaciones secretas limonenses.

Su amigo Percival se cambió el nombre por Ahmed y es ferviente militante de las luchas reivindicativas de los negros. Por él Laura conoce de las propuestas del Partido de las Panteras negras en Estados Unidos .

La mezcla de una atracción no confesada y la fascinación que le produce el compromiso político de un grupo, el CoRev, donde no es del todo aceptada por no ser negra, atribulan a Laura con un sentimiento de no pertenencia.

En la mitad de los agitados 70, Laura ingresa a la Universidad de Costa Rica para seguir la otra pasión que ha descubierto en su vida: el estudio de la pintura.

Pero el mundo universitario esta cargado de estímulos e interrogantes. El compromiso social está por todos lados y la participación política es casi en requisito.

Pronto Laura se desencanta del revolucionarismo de cafetín y de algunas malas experiencias afectivas personales y decide llevar a la práctica sus convicciones políticas.

Las inquietudes políticas se conjugan con intensos amores y desencantos en escenario que retratan la dura experiencia de las represiones militares de Nicaragua y El Salvador y la lucha revolucionaria en la que Laura participa.

La guerra, la solidaridad, la amistad, el amor, el compromiso, la esperanza y la desilusión, los anhelos y la lucha incansable  por una sociedad más justa agitan el apasionado corazón de la protagonista, en quien se refleja una generación y una época.

Laura / Aisha, es un tipo de protagonista que funciona como guía para el lector a lo  largo de una época en que el mundo cambió golpeando contundentemente los idealismos.

La trama de esta novela, casi cinematográfica por el vértigo de la acción narrada, logra atrapar el interés de principio a fin y sin pretender ser histórica, se atreve en un terreno hasta ahora poco explorado por la literatura costarricense.

Comprar "Limón Reggae"

Comprar “Limón Reggae”

Carlos Luis Fallas

Montero Vega, Arturo. “Carlos Luis Fallas”. Excélsior. (San José, C.R.), 8 de mayo, 1976. p. 6.

Aquí vengo de nuevo con las manos heladas

los ojos tristes

y la voz entrecortada,

para decir Calufa,

hermano mío,

escritor a veces, militar a ratos,

obrero entre los  obreros,

definitivamente camarada.

En el cuarenta y ocho vimos

tu estirpe de soldado.

Capitán de los pobres.

General en jefe de los que no tenían

nada que perder, si no cadenas.

Porque la muerte tiene

esa forma tremenda de expresarse,

porque el dolor se vierte gota a gota

hasta la muerte, vengo a decirte :

Tu  voz será siempre nuestra voz.

Tu firme decisión de combate

será siempre nuestra propia decisión .

Y al final de la brega,

hermano mío,

recogerás de la mano a tu Marcos  Ramírez

para llevarlo de nuevo a los bananales

ahora limpios sin yunai, sin policías.

Y al final de la brega,

hermano mío,

recogerás de la mano a tu Marcos Ramírez

y juntos, hombre y poeta,

escritor y obrero,

marcharán por la senda

de los que se han ido,

dejándonos amor, lucha, agonía,

dejándonos bondad, puño, semilla.

Y al final de la brega,

hermano mío,

cogerás de la mano a tu Marcos Ramírez,

porque entonces habrá nacido la simiente,

estarán los campos florecidos,

el pan se comerá con el sudor de la frente,

y tú sonreirás con la sonrisa

de los hombres prudentes.

Arturo Montero Vega (Naranjo, 1924)… compañero de luchas de Fallas

El conversador más ameno

Herrera, Adolfo. “El conversador más ameno”. Excelsior. (San José, C.R.), 8 de mayo, 1976,  p. 6.

Fue un chiquillo vivo, pero triste por la pobreza, por las necesidades de la casa, porque se sintió sin padre, teniéndolo vivo; porque tuvo que velar por los suyos desde muy joven ; porque sintió en su niñez la dureza de piedra del egoísta mundo de la burguesía. Pero esa tristeza no fue en él la amargura nunca. A veces triste, pero nunca amargado. En sus novelas se revela ese fenómeno. Al final de “Gentecillas”, el personaje que es él mismo, triste por una pena que es de amor y de lucha,se aleja de la escena y en la última página, agita la gorra sobre la cabeza en un gesto tal vez melancólico que no tiene sin embargo nada de amargura de derrota. Un gesto de hombre que quizås ha perdido una batalla, pero que sabe que ganará la guerra. Sobre una infancia triste el chiquillo agita un arrogante pendon de bizarria y de optimismo.

Esa circunstancia no lo arrojó a la desesperación ni a escalar puestos lejos de la miseria poniéndose al servicio de los poderosos.

Sencillamente lo sitúo entre los que llevan en si mismos la simiente del futuro. Se le apareó para siempre al pueblo.

No se ha escrito sobre la inmensa simpatía, cálida de tibieza humana, que despertaba Fallas cuando contaba cuentos y sus aventuras. Y no conozco un conversador más ameno que Fallas. Captaba en el relato la esencia de lo pintoresco, la entraña de lo rídiculo, el alma de la cómico y conociendo y queriendo a nuestro pueblo como él lo conoció y lo quiso reproducía fielmente su habla, sus características. Sus momentos de socarronería, o de nobleza, de viveza o de tontera. Esa comprensión y ese conocimiento del pueblo, rodeandolos de cariño como se rodean de algodones las piedras preciosas….

Oyéndolo hablar se iban las horas muertas. Así como se oía al pueblo en sus palabras y en sus dichos, así olía uno al pueblo, lo palpaba y lo  veía cuando Fallas lo pintaba en una anécdota, en un cuento, en algo que le había pasado en La Linea, en la cárcel, en la pulpería, en una reunión, en un campamento, en la calle, en el bananal o en el taller, el sidicato o el Partido. Ese poder de contar bien, de reproducir fielmente al pueblo, no lo tiene quien no lo ame.

Asi como hay personas que imitan a otras a quienes admiran y que les “pegan” hasta sus tics, sus dichos su manera de andar, Fallas reprodujo el pueblo porque lo quería y lo admiraba. No hay otra explicación. Pero además lo reprodujo, hasta cuando era burlista, con ternura, con la gran ternura de los hombres fuertes, la ternura viril que Shakespeare llamaba la “tibia leche de la ternura humana” sin la cual la Revolución perdería, como un niño huerfano la leche del seno materno.

Cáscara amarga al parecer. Pero dulce por dentro, como esos frutos de carne jugosa que estan envueltos en una cáscara aspera y dura. Cáscara amarga por fuera, quizás  por pudor, porque tenía el pudor de la ternura. Una ternura con pudor es más ternura porque es más verdadera. Bajo el carácter fragoso de Fallas corría un hilito de ternura clara y cristalina que con sólo escarbarle un poco la superficie salía bullicioso y refrescante.

Ya herido de muerte, en la cama, junto a él las muletas, con dolores inhumanos, me conto sucesos de su historia con aquella amenidad, con aquella vida, con aquella simpatía que siempre tuvo y que no lo abandonaron ni por el dolor ni por la cercanía de la muerte, ni por una invalidez que en él era más dolorosa que en otro.

——————————-

Adolfo Herrera Garcia (1914-1975), periodista y narrador (“Juan Varela”,1939), obtuvo poco antes de su muerte los Premios Pío Viquez y Garcia Monge de periodismo.

Aprueban tres benemeritazgos

“Aprueban tres benemeritazgos”. La Nación. (San José, C.R.), 11 de noviembre, 1977

La Asamblea Legislativa acordó ayer declarar beneméritos de la patria a los maestros Manuel María Gutirrérrez y José María Zeledón Brenes autores de la música y letra del Himno Nacional, respectivamente. Además se acordó declarar benemérito de las letras patrias al escritor Carlos Luis Fallas (CALUFA).

Manuel María Gutiérrez nació en Heredia en 1829 y a la edad de 23 años compuso la música del Himno Nacional, por encargo directo del entonces Presidente de la República, don Juan Rafael Mora.

José María Zeledón tuvo su más excelsa florificación cuando en 1904 ganó el concurso covocado por el Gobierno de la República para dotar de una nueva letra al Himno Nacional.

Nació en San José en 1877.

Por otra parte, Carlos Luis Fallas Sibaja es conocido principalmente por sus libros Mamita Yunai, Gentes y Gentecillas, Mi madrina y Marcos Ramírez, aventuras de un muchacho. Dichas obras han sido traducidas a varios idiomas. Calufa nació en Alajuela en 1909.

Las votaciones para los tres benemeritazgos fueron casi por unanimidad.

El proyecto para declarar benemérito a José María Zeledón fue presentado por Arnoldo Campos Brizuela, del partido Demócrata por San José, Edwin León Villalobos (Liberación– Heredia) formuló el proyecto para Calufa. Y por gestión de la Cámara Junior de Heredia, en 1966 los entonces diputados Enrique Azofeifa Víquez y Fernando Gutiérrez Benavides, acogieron el proyecto para declarar benemérito al maestro Manuel María Gutiérrez.

Las otras dos peticiones de benemeritazgo fueron presentadas este año.