Concultura denuncia venta de obras. Piratas tras la obra de Salarrue

Ramos, Wendy. “Concultura denuncia venta de obras. Piratas tras la obra de Salarrue”. La Prensa Gráfica (San Salvador, El Salvador), 8 de octubre de 2002, p. 14

La obra literaria “Cuento de Barro”, del salvadoreño Salvador Salazar Arrué, Salarrué, es pirateada y se comercializa en varias librerías del país.

Así lo informaron en exclusiva a LA PRENSA GRAFICA autoridades de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI), dependencia del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA).

Sin embargo, CONCULTURA no cuenta con estimaciones de las pérdidas ni de la cantidad de ejemplares que circulan. La institución es la dueña de los derechos de autor.

La piratería se descubrió luego de que empleados de la DPI detectaron la venta de libros a precios más bajos del que la imprenta estatal da a los distribuidores.

Ante el hallazgo, la dirección ubicó varias librerías en Sonsonate, San Miguel, San Vicente y Santa Ana que vendían imitaciones.

Mala calidad

La gerente de ventas de la DPI, Claudia Guerra, dijo que en los libros ilegítimos se evidencian las diferencias en la calidad y el acabado de cada ejemplar.

De acuerdo con una representante del Departamento Jurídico de CONCULTURA, Yanira de Soundy, por el momento no cuentan con mayores detalles sobre el lugar donde se imprimen los libros.

Solicitó a la Fiscalía General de la República que investigue el caso.

Un delito difícil de perseguir

Por su parte, el coordinador de la Unidad de Delitos contra la Propiedad Intelectual de la FGR, Adolfo Muñoz, confesó que desconocía este caso.

Sin embargo, explicó que el Código Penal castiga la piratería con penas que van de uno a tres años de prisión, pero hasta el momento no hay ningún caso donde los piratas hayan terminado en la cárcel.

De 2000 a la fecha, solamente se han conocido 10 casos de piratería de libros, cuyos procesos terminaron por la vía de conciliación entre las partes.

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Cuentos de barro, de Salarrué

Mistral, Gabriela. “Cuentos de barro, de Salarrué”. En: Repertorio Americano. Tomo 23 (15): 236, 17 octubre de 1931  (fragmento)

Comentó 

El Salvador da sus sorpresas: a mi me ha dado la de un fermento intelectual admirable, la de la levadura que pone a un grupo selecto y que acabará por enliudar al país. No todos están en formación; algunos se hayan formados; son dueños ya de su lengua u aun maestros en algún género. Así este Salarrué, prosista de una originalidad que se podrá apreciar en los cuentos de esta página y persona fascinante en la vida interior que confiesa sin confesar y que le labra la obra de buen modo: de adentro hacia afuera. Antes de ser un escritor ha querido ser un hombre depurado y rematado, artesano lento y seguro de sus potencias.

Gabriela Mistral. San Salvador, octubre de 1981

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Nueva edición de Cuentos de Barro

Menjívar Ochoa, Rafael. “Nueva edición de Cuentos de  Barro”. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 1 de julio de 2000

Una de las más hermosas ediciones de los cuentos del maestro Salarrué, acaba de ser lanzada al mercado por Editorial Legado, de Costa Rica.

San José. – La editorial Legado acaba de lanzar en San José de Costa Rica una magnífica edición el libro “Cuentos de barro”, del escritor salvadoreño Salvador Salazar Arrué (Salarrué).

“Cuentos de barro” de Salarrué

La edición fue realizada por el también salvadoreño Sebastián Vaquerano, quien durante casi quince años fuera director de la Editorial Universitaria Centroamericana y que ahora dirige su propio sello editorial.

El libro está ilustrado con los grabados del pintor José Mejía Vides realizados para la edición que publicó en 1948 la editorial Nacimiento, de Chile, y que son prácticamente desconocidos en El Salvador. La portada es un óleo del mismo autor, también realizada especialmente para el libro.

Aunque no se trata de una edición de lujo (su precio es bastante razonable), ésta es seguramente la mejor que se ha hecho en Centroamérica de “Cuentos de Barro”, digna de un editor experimentado como Sebastián Vaquerano.

La idea, dice, es dar a conocer de manera más amplia la obra de Salarrué en Costa Rica (aunque como editor de  EDUCA realizó varios tirajes en rústica de “Cuentos de  Barro”) y, por otra parte, ofrecerle a los lectores salvadoreños un modo de que disfruten el libro ya no sólo por su contenido sino también por su presentación.

“Cuentos de Barro”, en edición de Legado, estará a la venta próximamente en las principales librerías salvadoreñas.

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Chisporroteos

Alberto F. Cañas. “Chisporroteos”. La Repúbica (San José, Costa Rica), 21 de octubre de 2000, p. 10A

Mi primer recuerdo de Joaquín Gutiérrez se remonta a mis días del Edificio Metálico, y es el de un manganzón jugando de portero en una mejenga futbolística cerca de la Casa Amarilla, y convertido, por su gigantesca estatura, en una barrera inexpugnable. Cuando se tienen diez u once años, una diferencia de dos es más inexpugnable que aquel portero de la mejenga. Lo miré hacia arriba (cosa en todo caso inevitable) y lo incorporé a la lista de héroes. Todavía puedo reconstruir mentalmente su cabellera alborotada de esa ocasión.

Donde realmente lo conocí fue en la casa de los Cardona Cooper, sede dulcísima y nocturna de una tertulia diaria inolvidable, a la que concurrían parientes, vecinos y amigos de los Cardona y pretendientes de las muchachas de la vecindad (que también participaban en la tertulia). Joaquín Gutiérrez concurría como vecino; yo, como amigo inamovible de Toño Cardona y pretendiente… bueno, eso no importa.

Pero fue allí donde comenzamos a ser amigos. Y yo, a ser el oyente fiel y encantado de sus inagotables historias. Ya para entonces, Joaquín Gutiérrez había sentado plaza de poeta, y de muchas cosas más.

Ya podíamos aquilatar su brillo intelectual. Ya era un ajedrecista de nota. Lo que no presentíamos es que sería una de las figuras claves de nuestra literatura y (desde que volvió a su patria tras décadas de ausencia), parte imprescindible de nuestro paisaje cultural, inconcebible sin él desde que regreso en 1973, gracias a una jugada del presidente José Figueres, que consistió en enviarle un cable cifrado a nuestra Embajada en Santiago de Chile (que la cancillería de Pinochet descifraría con toda seguridad), pidiéndole le preguntara a Joaquín si no pensaba venir a Costa Rica a cumplir el contrato que tenía con el Ministerio de Cultura para realizar determinados trabajos. El interés del gobierno de Costa Rica en él, alivió a la antropófaga dictadura chilena, que se quitó una brasa de las manos permitiendo la salida de Chile a un candidato al fusilamiento.

Una de las últimas hazañas que llevó a cabo desde Chile, fue enviar, al primer concurso de novelas de la Editorial Costa Rica, el manuscrito de “Murámonos Federico”. Ya el jurado, que integrábamos Guido Fernández, Eugenio Rodríguez y yo, tenía casi tomada una decisión sobre el premio, cuando, en los viejos garitos, Joaquín Gutiérrez gritó: “Barajo”, y el fallo en ciernes se vino al suelo. Los tres coincidimos en haber sido los privilegiados lectores iniciales de una de las grandes novelas costarricense, la novela de la década, la mejor novela de un novelista que ya tenía a su haber obras notables. (Agrego yo ahora, después de más se veinticinco años, que “Murámonos Federico” integra, con “El primo”, “Pedro Arnáez”, “El sitio de las Abras” y “Mi Madrina” la selección de honor de la novela costarricense del siglo XX).

Ese formidable aporte suyo, nos queda : “Manglar”, “Cocorí”, “La Hoja de Aire”, “ ¿Te acordás hermano?”, y sus subestimados pero embrujantes libros de poesía, seguirán deleitándonos y permitiendo que nos comuniquemos con él. Pero ¿Qué vamos a hacer sin su vozarrón, sin su delicia de contar anécdotas y sucedidos, sin su cordial conversación estimulante, sin su don de gentes, sin su bonhomía, sin su malicia, sin su firmeza de convicciones unida a un espíritu de tolerancia poco común entre sus correligionarios, sin su facultad para estar enterado de cuanto bueno se escribía en el mundo? Pero más que todo, ¿sin su espíritu de niño? Porque Joaquín Gutiérrez nunca dejó de ser un niño. Era un niño grande . un niño enorme, de un metro noventa. Pero un niño.

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“Gentes y gentecillas” de Calufa

Kasari, Joris. “Gentes y gentecillas” de Calufa”. La Prensa Libre (San José, Costa Rica),  2 de abril de 1977

Uno de los escritores costarricenses que más ha entrado en lo profundo del pueblo tico es Carlos Luis Fallas.

Llamado cariñosamente Calufa, este autor describe con autenticidad, el ambiente costarricense, con la manera de hablar del tico, su humor y su forma de ser.

Aunque la primera vez que se publicó esta obra en 1947, como la segunda novela de Carlos Luis Fallas, lo cierto es que, treinta años* después continúa siendo actual.

Es una novela que se lee y se disfruta, ya que los personajes tienen una vitalidad que se encuentra sólo en los buenos novelistas.

Para el lector, Jerónimo, Soledad, Rodolfo, Ñor Concho, doña Rosita y otros son seres de carne y hueso. Personas a las que podemos encontrarnos en cualquier momento. Son también prototipos de las distintas capas de nuestra sociedad.

Esa sociedad que da el campesino ingenuo así como el pícaro; el funcionario explotador y el trabajador sincero; el obrero que espera los días de pago y la mujer que trabaja para ayudarle a salir adelante con la carga… De todo hay en la novela de Carlos Luis Fallas.

Ningún nombre mejor hubiera podido ponerle que “Gentes y gentecillas”. Porque en sus páginas pulula lo mismo el poderoso que el sencillo; la mujer educada que la muchacha fácil que cree encontrar a la vuelta de la esquina la fortuna o el amor de novela.

Carlos Luis Fallas nació en 1909 en Alajuela y murió en 1966. De origen campesino, se crió al lado de un zapatero remendón. Hizo únicamente dos años de secundaria. Su viaje a Limón, cuando tenía 16 años lo hizo conocer y comprender la lucha del hombre sencillo por ganarse el pan.

En la costa atlántica trabajó en los muelles y en los bananales de la United Fruit Company, por eso, sus descripciones del trabajo, de las luchas de la clase de vida que llevaba el trabajador de las compañías extranjeras, es verídico.

Cuando regresó a Alajuela, a los 22 años, se dedicó a participar en movimientos políticos y obreros, participó en huelgas y en algunas ocasiones su militancia lo llevó a la cárcel. Fue miembro importante del Partido Comunista y elegido para cargos de elección popular como munícipe y diputado más tarde. Sin embargo, su militancia política no le apartó de la literatura, sino que le sirvió de base para sus temas y sus personajes.

Escribió “Mamita Yunai”, publicada en 1941. “Gentes y gentecillas”, editada en 1947 y luego con el sello de la Editorial Costa Rica en 1975. “Marcos Ramírez, Aventuras de un muchacho”, “Mi madrina” y “Tres cuentos”.

Su colaboración en periódicos y revistas de la época también fue copiosa.

Sus obras han sido traducidas a varios idiomas y es uno de los escritores latinoamericanos de mayor valor literario y social. Vale la pena volver a leer los libros de Carlos Luis Fallas.

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Cuentos de barro

Cuentos de barro

Cuentos de barro

Salarrué, Seud.; Vides, José María, Ils. Cuentos de barro. San José, Costa Rica : Editorial Legado, 2000

“Salarrué (seudónimo de Salvador Salazar Arrué, 1899-1975), gran patriarca de la literatura salvadoreña, de fecunda actividad en la pintura, el cuento, la novela y la poesía, tiene un lugar de privilegio en la cultura de su país y un reconocimiento en todo el continente. Es uno de los maestros del realismo costumbrista en América Latina. Aunque esa clasificación es aplicable sólo a la primera fase de su obra narrativa, dentro de esa corriente llegó a producir verdaderas joyas del relato vernáculo. Publicó cinco libros de cuentos: Cuentos de barro, Trasmallo, Eso y más, La espada y otras narraciones, y Cuentos de cipotes; cuatro novelas: El señor de la burbuja, sed de Siln Badler, Catleya luna e Íngrimo; tres libros de relatos: El cristo negro, O-Yarkandal, y Remotando el Uluán; tres de ensayos: Conjeturas en la penumbra, Vilanos, El libro desnudo, y uno de categoría inubicable: La sombra y otros motivos literarios. Sobre el célebre Cuentos de barro, la poetisa chilena Gabriela Mistral (Premio Nobel de literatura en 1945) comentó:

“El Salvador da sus sorpresas; a mi me ha dado la de un fermento intelectual admirable, la de la levadura que pone un grupo selecto y que acabará por enliudar al país. No todos están en formación; algunos se hallan formados; son dueños ya de su lengua y maestros en algún género. Así este Salarrué, prosista de una originalidad que se podrá apreciar en los cuentos de esta página y persona fascinante en la vida interior que confiesa sin confesar y que le labra la obra del buen modo: de adentro hacia fuera. Antes de ser un escritor ha querido ser un hombre depurado y rematado, artesano lento y seguro de sus potencias.” (Repertorio Americano, Tomo XXIII, Nº15, Costa Rica, 17 de octubre de 1931) , La presente edición es ilustrada con grabados del pintor salvadoreño José Mejía Vides, publicados en 1943 por la Editorial Nascimento, de Chile.

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