Espero una novela histórica

Astvaldsson, Astvaldur. “Espero una novela histórica”. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 14 de marzo de 2005, p. 89

El profesor de Literatura Latinoamericana Astvaldur Astvaldsson de la Universidad de Liberpool, quien ha realizado varias investigaciones sobre la obra de Manlio Argueta, cita “Cuando conocí a Manlio leí su novela y me pareció poesía. Me parece que es uno de los escritores que retrata al salvadoreño”.

Ironizar a la muerte, exponer la violencia en las ciudades, reflejar la complejidad de las relaciones y retratar el homosexualismo son algunas de las constantes de la literatura salvadoreña de hoy.

Luego de que cesó el conflicto armado, los escritores empezaron a explorar sus emociones más internas. Así, tenemos a los máximos exponentes de esta nueva etapa: Jacinta Escudos, Claudia Hernández y Horacio Castellanos Moya. “La mayoría de estos escritores van a lo interior”, afirmó Nilda Villalta, crítica literaria.

Otra de las características que ella menciona de la producción de esta generación es que el escenario en donde se dan sus relatos ya no es el campo, sino una ciudad que bien puede ser San Salvador o Cali, en Colombia. “Lo que pasa es que, luego de la guerra, nuestras ciudades aumentaron los índices de violencia. No es que no sucedieran en la guerra, simplemente no había tiempo de plasmarlas, las prioridades eran otras”, indicó la conocedora.

Villalta augura un mejor desarrollo de las letras salvadoreñas, al igual que su investigación y crítica. “Espero un mejor desarrollo y creo –como me dijo Manlio- que en algún momento surgirá una novela histórica sobre la guerra, que esté a la distancia de las ideologías”, subrayó.

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Un fantasma llamado Manlio Argueta

Mendoza, Rafael. “Un fantasma llamado Manlio Argueta”. Diario el Mundo (San Salvador, El Salvador), 25 de abril de 1987, p. 13

Anda por las calles de San José de Costa Rica, con su paso apresurado y un portafolios que parece estorbarle, yendo al Centro Cultural Costarricense–Salvadoreño que él fundó con apoyo de instituciones holandesas, o viniendo de todas las nostalgias que su voluntario exilio estancó para que el ácido de la distancia realizara el milagro novelesco, que en él es más que oficio, porque es casi una obsesión o serio compromiso en la trinchera literaria. Anda y no anda por ahí. Cabeza llena de llamadas por hacer, de cartas por armar, de nuevos capítulos que agregar a… quién sabe qué nueva sorpresa; y entre todas esas larvas se su pensar, algún encargo de su mujer que, como siempre , olvidó.

La última vez que le vimos, en su humilde indumentaria de peregrino laureado, andaba con Vëroed, el conjunto holandés que difundió en canciones muchos de los textos de “Un día en la Vida”. Fue el casco de Panamá, una noche de antorchas, guitarras y embriaguez poética. Luego se vinieron otros cinco años. Lapso que no dejaron de animar otras cartas, otras noticias de sus éxitos, nuevas esperanzas de reencontrarnos…  Hasta hoy, 27 de marzo de 1987, en el hotel donde me hospedo, de visita en Costa Rica para cumplir actividades paralelas a la Conferencia “Hacia la Paz en C.A.”.  El ha soltado el “quiúbole” pipil sin demostrar emoción, como lo expresaría alguien que nos ve a diario; la muestra de afecto las trae en dos o tres libros, entre los cuales destaca la edición en francés de “Un Día en la Vida”; me entrega además algunas copias fotostáticas de comentarios que de sus obras se han hecho en Europa y los Estados Unidos. Del hotel tenemos que salir apresuradamente rumbo al Centro Cultural Costarricense-Salvadoreño, su centro de operaciones y entidad que él fundó con colaboración de instituciones holandesas. El debe telefonear a su gente en Estados Unidos para informarse de las gestiones que aquél hace por el contrato de filmación de “Un Día …”.  Mientras él trata infructuosamente de establecer la conexión, leemos el material que nos confió:

“CUSCATLAN” Por Manlio Argueta… (traduzco). La brillante nueva novela del autor de Un Día en la Vida…  En esta obra maestra (textual) Manlio Argueta nos entrega un trabajo literario, sumamente atractivo y de gran hondura, que nos obliga a empatizar con un pueblo cuya historia política está tan entrelazada con la nuestra…”  Edición primera de Random House , Nueva York…

“Chatto Fiction… (sigo traduciendo). “Un Día en la Vida”…  Unos de esos libros que aparecen cada década y alternan nuestra concepción de la verdadera tragedia que hay detrás de los encabezados noticiosos…/… – Manlio Argueta, probablemente el principal novelista centroamericano, (en el libro) ha evocado la dura realidad de sus paisanos que viven en un país lamentándose bajo cincuenta años de explotación militar…”  Edición primera de Chatto & Windus, Londres…

“Manlio Argueta… “Un Día como Tantos Otros” (traduciendo el título original en francés)… Colección L’Autre Amerique, L’-Hartmattan… Francia… Manlio Argueta es actualmente el escritor salvadoreño más representativo por sus novelas que ponen en escena la trágica vida de sus conciudadanos…”

Salimos por fin de aquel teatro-taller que ya me tenía aplastado por el inusual calor del marzo tico, y ya en la calle, mientras aguardamos un auto que nos conduzca a San Pedro, asaltado por la sensación del exilio que me autoimpuse en Panamá, le pregunto al humilde migueleño que ha conquistado tanto respeto internacional: “¿Y vos ya te acostumbraste a este país? ¿Te sentís parte de San José o… todavía te jode la nostalgia?”… El, con su sonrisa bonachona, asiente con la cabeza y luego enfatiza… “!Más que jodido!… Yo aquí soy un fantasma… En otros países me reciben con los brazos abiertos y, aquí, a nadie le interesa saber qué hago ni dónde encontrarme… Todos saben que trabajo en este Centro y nunca me avisan si algún extranjero pregunta por mí… Todavía, algunos escritores locales, cuando me encuentran me preguntan que “dónde, en que país vivo ahora”… Eso parezco: un fantasma, traducido a varios idiomas pero ignorado en su región…”

Ahora andará con su portafolios en alguna calle de Londres. Lo dejamos ya casi preparando las maletas, despidiéndonos con el “nos vemos” de siempre, perdiéndose bajo el paraguas de la noche de otro día en la vida, la suya, la nuestra, la de su patria que él describe fielmente y quién sabe cuándo volverá a tenerlo en su subdesarrollado seno…    Rafael Mendoza.

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Siento que estoy comenzando

Escudos, Jacinta. “Siento que estoy comenzando”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 8 de octubre de 2006, p. 5 http://wvw.nacion.com/ancora/2006/octubre/08/ancora6.html

Entrevista. El destacado autor salvadoreño, Manlio Argueta, conversó sobre sus escritos más recientes.

Manlio Argueta es, sin duda, uno de los escritores vivos más importantes de la región centroamericana. Nacido en 1935 en El Salvador, ganó en 1977 el Premio Casa de las Américas por Caperucita en la Zona Roja, una novela que tuvo gran influencia en los autores salvadoreños de generaciones futuras. Fue miembro de la llamada Generación Comprometida, un grupo de intelectuales que creía que los artistas y escritores no podían darle la espalda a la realidad social de su país. Entre otros miembros destacados de esta generación estaban Italo López Vallecillos y Álvaro Menen Desleal. También participó en el Círculo Literario Universitario junto a Roque Dalton y Otto René Castillo.

Por sus escritos y su actividad política tuvo que exiliarse en 1972 en Costa Rica, aunque Manlio prefiere no llamarlo así. “Me da pena llamarlo exilio porque los ticos se portaron muy bien conmigo”, dice. Después de casi 20 años de vivir en San José y de nacionalizarse costarricense, regresó en los 90 a El Salvador, donde ha ejercido diversos cargos culturales. Actualmente se desempeña como Director de la Biblioteca Nacional.

Su obra literaria le ha valido numerosos reconocimientos. En el 2000, su novela Un día en la vida obtuvo el quinto lugar en la lista de las cien mejores novelas latinoamericanas, según la Modern Library. En el 2004 fue declarado “Escritor Meritísimo de El Salvador” según decreto de la Asamblea Nacional. Y el año pasado ganó la Beca Guggenheim para trabajar en una novela cuyo tema será la migración salvadoreña.

Acá en Costa Rica, Editorial Legado publicó hace poco su cuento El Cipitío, con ilustraciones de Vicky Ramos. Basado en una tradición oral salvadoreña, El Cipitío es la historia de un niño abandonado por su madre que vive en los ríos, come ceniza de los fogones en los ranchos y le gusta enamorar a las niñas bonitas. Se dice que es un niño que nunca envejece y, como tal, disfruta haciendo una que otra travesura.

–¿Cómo nace la idea de combinar cuentos para niños con leyendas tradicionales de El Salvador?

–Era un tema que para mí estaba en el aire. Comencé a escribir estas historias para darles identidad escrita, porque personajes como el cipitío, la siguanaba, el cadejo y la chinchintora son parte de nuestras historias orales. Ya existen otras versiones anteriores, como las que hicieron Miguel Ángel Espino y Francisco Gavidia, pero no se han reeditado. Me pareció importante retomarlas como elementos de la identidad.

El Cipitío es un libro que tenía como 6 años de estarse cocinando. De hecho, el ilustrador seleccionado era el fallecido Hugo Díaz, a quien Sebastián Vaquerano (el editor) y yo bombardeamos con fotografías y dibujos para que las ilustraciones fueran lo más parecidas posibles al entorno de donde provenía la historia. Luego de fallecido Hugo, yo le sugerí a Sebastián algunos ilustradores de Cuba y Colombia, pero Sebastián se decidió por Vicky Ramos por su calidad como ilustradora y porque él quería estar cerca de todo el proceso de producción para cuidar la edición lo mejor posible.

–¿Le parece que con el fenómeno migratorio actual que se vive y con la urbanización de las zonas rurales se están perdiendo ciertas tradiciones?

–La intención principal de retomar estas historias es rescatar nuestras tradiciones, nuestros valores, y aportar algo propio a la literatura infantil. Se lee literatura infantil hecha desde Colombia o España. De hecho, mi generación se alimentó con lo infantil que venía de Argentina. Me pareció importante rescatar lo nuestro pensando en la migración y que los muchachos allá puedan leer algo que viene de la región centroamericana.

–Cambiando de tema, en los últimos meses parece haber mucho interés sobre su poesía…

–En las próximas semanas aparecerá publicada mi poesía completa en Hispamérica, una editorial de la Universidad de Maryland. El compilador es el Dr. Astvaldur Astvaldsson de la Universidad de Liverpool. Astvaldsson incluso descubrió poemas de mi adolescencia, que a estas alturas yo preferiría no publicar, pero el investigador dice que en la historia literaria de alguien, todos los textos son válidos.

 Además, fui honrado con el Premio de Poesía Naim Frashëri, de Macedonia, que se otorga en el marco de un festival de poesía famoso en el área de la cultura balcánica, que este año cumple su décima edición. También se hará una publicación conmemorativa con diez poemas míos.

–Recientemente usted fue jurado de un concurso literario en El Salvador, y una de las cosas que se comentaron mucho es que todos los cuentos participantes tocaban el tema de la violencia y la muerte. ¿No le parece excesivo el tema de la violencia en la narrativa salvadoreña?

–Cuando los jóvenes escriben sobre la violencia se debe a que es la realidad que están viviendo ahora. Casi todos los cuentos que concursaron tenían que ver con la muerte.

Los jóvenes escritores tienden a ligar la realidad con la literatura. Es claro que hay violencia y no me extraña que seguirá siendo el tema predominante en nuestra literatura, sobre todo en la narrativa. Pero el tema no lo dice todo, sino cómo se maneja. Creo que lo importante es insistir en que haya disciplina y cultura para escribir. Y tomarlo con seriedad.

–A estas alturas del campeonato, ¿cuál podría decir que fue el aporte de la Generación Comprometida a la literatura salvadoreña y centroamericana?

–Creo que el mejor aporte fue la actitud del escritor frente a su realidad, a no marginarse, a no sentirse especial ni separado de la realidad. Nuestro grupo tuvo en su momento mucho contacto con otros escritores, grupos, revistas culturales e intelectuales de toda la región, y eso creó un intercambio de ideas que, aunque no todos estuviéramos de acuerdo, lo importante era el diálogo.

Pienso por ejemplo que estos muchachos que escriben ahora sobre la violencia es por influencia nuestra. Lo que habrá que ver es qué ocurre con ellos cuando esa realidad se desvanezca, si perderán su tema narrativo. Por eso lo importante es escribir con calidad y pensando en la permanencia, hacer trascender esta realidad en el tiempo.

A mí por ejemplo mucha gente me dijo que acabada la guerra se acabó Manlio Argueta, porque yo había escrito mucho sobre la guerra. Y eso me lo dijeron algunos amigos en son de broma y otra gente que lo decía muy en serio. Pensaron que acabada la guerra ya no tendría sobre qué escribir. Pero todo lo contrario. He seguido escribiendo, y la verdad siento que estoy comenzando, que tengo mucho qué decir todavía.

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Editan El Cipitío bilingüe e ilustrado

Peñate, Susana. «Editan El Cipitío bilingüe e ilustrado». Diario El Mundo (San Salvador, El Salvador), 30 de agosto de 2006, p.22

El reconocido escritor Manlio Argueta ha escrito el cuento del duende que come ceniza y enamora a las niñas bonitas.

Basada en la leyenda que todos los salvadoreños conocen, Manlio Argueta, novelista y director de la Biblioteca Nacional, escribió el cuento “El Cipitío”, editado por la casa Legado de Costa Rica bajo es auspicio de la Biblioteca Nacional de Suecia.

"El Cipitío"

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La editorial tica hizo entrega de un donativo de 780 libros ayer a Concultura, los cuales serán distribuidos en las casas de la cultura, bibliotecas y escuelas públicas del país. Este material infantil fue concebido con la idea de dar a conocer el mito del Cipitío, como parte de los valores nacionales, y el rescate de valores de tipo ecológico, comentó el autor.

El libro ha sido editado en español y en inglés con la idea de fortalecer las raíces salvadoreñas en los niños que reciben educación en el extranjero. En una segunda fase “El Cipitío” será distribuido en Estados Unidos dada la gran cantidad de salvadoreños que habitan en dicho país. Dos mil, de los cinco mil ejemplares del libro, serán distribuidos en el resto de países centroamericanos.

Sebastián Vaquerano, Gerente de Editorial Legado, aseguró que el libro es “un estupendo aporte para el rescate de la literatura nacional y la tradición oral pura”. Este material cuenta con ilustraciones de la artista costarricense Vicky Ramos, quien se documentó ampliamente para ilustrar los animales y plantas del mundo primitivo en el que nació el Cipitío. De ahí que el libro contribuya a dar conocer la fauna y flora nativa salvadoreña.

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Manlio Argueta

Manlio Argueta

Manlio Argueta

Manlio Argueta (1935) es el escritor más difundido de las letras cuscatlecas y, como reconocimiento, en 2003 la Asamblea Legislativa de su país lo declaró “Escritor Emérito de El Salvador”. Profesor universitario por muchos años, desde el 2000 es Director de la Biblioteca Nacional. En 2004 le fue otorgada la prestigiosa beca Guggenheim.

Su producción literaria comprende poesía y seis novelas, entre ellas Un día en la vida, traducida a numerosos idiomas y de gran difusión internacional. Con El vallle de las hamacas obtuvo el premio CSUCA en 1969 y, con Caperucita en la zona roja, el Casa de las Américas en 1978. Cuscatlán, donde bate la mar del sur, Milagro de la paz y El siglo de o(g)ro también han tenido amplia circulación.

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