Fragmentos de la tierra prometida. Cinco rapiditas a Fernando Contreras

Ulloa Argüello, Warren. Cinco rapiditas a Fernando Contreras.

Tomado de la página web de Literofilia

 ¿Por qué Fernando Contreras apuesta a un género literario que aún se mantiene en exploración, en medio de controversias entre autores, críticos y académicos?

El género “micro relato” es, ciertamente, una apuesta peligrosa. De hecho, fácilmente podría confundirse con otros, como el aforismo, por ejemplo. En mi criterio, el micro relato es un verdadero desafío literario. Se trata de llevar una historia a su mínima expresión, sin que pierda por ello, su potencial. Me obsesiona el esfuerzo en el sentido de la economía de los recursos. En el caso particular de ”Fragmentos de la Tierra Prometida”, la apuesta va un poco más allá: espero que la suma de los micro relatos dé con un mundo novelesco, hecho añicos, pero un mundo novelesco al fin, que ha de terminar de cuajar en la imaginación del lector. Aunque los micro relatos son independientes, y podrían ser leídos en cualquier orden, espero haber logrado una unidad temática propia de la novela, pero sin novela. ¡Ciertamente, espero mucho del lector!

La lectura de este libro me remite a otra novela suya: “Cantos de las guerras preventivas”. El asidero de este nuevo libro es una profunda crítica al sistema sociopolítico actual, sin embargo siento un tono sarcástico en esta nueva colección de microrelatos, hasta atisbos de humor negro. ¿Es así o es percepción mía? De ser así, ¿es mejor reír que llorar con los tiempos que corren según su nuevo libro?

Sí, algo había quedado en el tintero después de “Cantos de las Guerras Preventivas” sin embargo, esa novela es una especie de novela futurista, de un futurismo latinoamericano, sin naves espaciales, ni bichos verdes. Los micro relatos, creo, están más anclados en el presente, en el desolador presente de las crisis inventadas en beneficio de los banqueros y las farmacéuticas, por mencionar a algunos de sus agentes patógenos. Acá en los Fragmentos no hay personajes individuales… es un colectivo del lado de las víctimas narrando la reducción de la vida al absurdo, y la resistencia por una vaga esperanza. Entre reír o llorar, yo creo que hay que reír con lágrimas en los ojos, como cuando llueve y brilla el sol.

Lea la entrevista completa en Literofilia

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El jazz trae letras de emancipación para la niñez

Chacón, Vinicio. “El jazz trae letras de emancipación para la niñez“. Semanario Universidad. Opinión (San José, Costa Rica), 25 de noviembre de 2009, p. 16

 Nuevo libro de Fernando Contreras aborda la preocupación por la resistencia de las marginalidades.

“Una nota oculta en el oído, una nota clandestina, subversiva, un secreto: el secreto de la libertad, porque la libertad cabía en esa blue note”.

Mensajes puntuales como este, emanados del Jazz, componen las enseñanzas que transmite Cierto Azul, una nueva novela de Fernando Contreras. El relato cuenta la historia de Arturo, uno de los niños de los muchos llamados “de la calle”, no vidente, quien es adoptado por un sexteto de gatos callejeros y jazzistas.

“El jazz es el discurso, la columna vertebral que hace posible todo lo demás,” explicó Contreras sobre el relato. Añadió que la historia local y marginal del niño se articula con los orígenes del jazz, que se dan “en la peor de las marginalidades, la esclavitud”.

Según el autor, los elementos que se juntan en el texto sólo podrían encontrarse al azar, pues “la vida de un gato callejero consiste en una constante improvisación, la inestabilidad de la calle obliga necesariamente a todos los seres que en ella habitan a una improvisación constante, improvisar es tener una enorme confianza en el otro”.

En este caso “el texto queda fijo en su forma, aunque ligado a la improvisación del jazz”, dijo.

Cierto Azul ve la luz bajo el sello de la Editorial Legado y fue presentado el pasado 18 de noviembre. Las influencias del jazz son más que evidentes desde el mismo título, que remite a un disco del legendario Miles Davis.

De acuerdo con Contreras, el libro fue escrito en el pasado mes de julio, pero la idea que le dio origen es más antigua. “Empezó como un cuento infantil a partir de la imagen de un gato lazarillo. El perro atiende los deseos del amo, pero con el gato eso cambia y en este caso no pretende guiar al niño, sino fortalecerlo y emanciparlo, no se ofrece como un guía para siempre, sino que busca darle herramientas para que se la juegue.

Así, detalló que tenía esa idea del gato lazarillo en la mente, pero no la había ejecutado. “De pronto me encontré con que se cumplían 50 años del disco Kind of Blue, de Miles Davis, y quise unirme a esa celebración”.

Sobre la influencia que sobre él tiene el jazz, manifestó que se lo debe al compositor argentino Astor Piazzola, quien combinó el tango con este género, y al también argentino Julio Cortázar, cuya célebre novela Rayuela es pletórica en referencias al jazz, que además influye en otras obras suyas, como el relato El Perseguidor.

UNA NOTA AZUL

El jazz es un género musical nacido durante la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos, particularmente en Nueva Orleáns, según las versiones más aceptadas. Antecedido por el blues, sus orígenes se remontan a la herencia musical africana a la que se ciñeron las miles de personas de etnia negra que fueron secuestradas de África y reducidas a la esclavitud en América, así como sus descendientes.

En el texto de Contreras, las enseñazas sobre la resistencia y emancipación del jazz aparecen como el discurso de un gato, abuelo de uno de los protagonistas, quien contra su voluntad migró de Nueva York, donde convivió con una gran movida jazzística, a un aburrido San José.

“En el texto se dice ´no´ a la obediencia de los perros, pues el perro se entiende como dependiente y acostumbrado a la esclavitud”, apuntó el escritor.

Una de las lecciones de jazz heredadas de ese abuelo neoyorquino se refiere a “una manera de escuchar el mundo, una manera de decirlo, de contarlo, de cantarlo… Un sonido raro para el oído de los verdugos, una nota azul, anómala para el gusto de los ´amos´: una tercera menor sobre un acorde mayor. ¡Esa era la fórmula de la libertad!”.

Al respecto, el autor de textos como Urbanoscopio y El Tibio Recinto en la Oscuridad, señaló que el texto también se revela contra esa pretendida normalidad que describió cono “una expresión de la época de gran represión que vivimos, en la que nos acercamos al control orwelliano de la vida cotidiana”.

Según dijo, ese control “orwelliano”, en alusión a la novela 1984 de George Orwell, se puede apreciar en las campañas políticas. “Después del juicio del expresidente Calderón la corrupción desaparece como tema y sólo se habla de la tal “mano dura” contra la delincuencia. Quisiera que me digan de qué se trata esa mano dura, porque esas campañas apuntan a la represión, vivimos una vigilancia electrónica que se manifiesta en la omnipresencia de las cámaras de video y se apunta a un control cada vez más especializado”.

Señalo que ante ese creciente control, el gran reto radica en cómo mantener distancia y cómo escapar. “Sigo creyendo que el jazz es emancipación, la música fue la gran articulación de todo el movimiento de liberación ante la esclavitud”.

Detalló que “en momentos de emancipación, los esclavos negros se apropiaron de la lengua de los dominantes y de sus instrumentos. Por el lado de la lengua es por donde se le entra a la cultura del opresor, pero no renunciaron a su sonido, que se manifestó a través de la llamada nota azul”.

Librero: rito de paso

Soto, Rodrigo. “Librero: rito de paso”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 27 de diciembre de 2009

Uno de los temas recurrentes en la narrativa de Fernando Contreras Castro es la familia. Ya se trate de la familia reconstituida en los márgenes de la sociedad –Única mirando al mar –, de la familia estigmatizada por la anomalía –Los Peor – o de las bandas cuasifamiliares que emergen en el escenario postapocalíptico de losCantos de las Guerras Preventivas, los vínculos familiares son uno de los motivos que aparecen con mayor fuerza y frecuencia en sus libros.

Cierto azul, la última entrega de Contreras, es una breve novela en la que el tema de la familia vuelve a aparecer. Aquí se trata de un niño ciego arrojado a las calles, adoptado luego por una pandilla de gatos –gatos, sí, miau, miau– que resultan ser músicos de jazz.

El tema de la familia anómala reaparece aquí, pero en un contexto radicalmente diferente pues, en este caso, el grupo familiar no está marcado por la exclusión, el estigma o la tragedia, como en las obras mencionadas arriba.

Dicho más precisamente: aunque el mundo de los gatos jazzeros y del niño ciego esté, en efecto, en los márgenes de la sociedad dominante, “he ahí precisamente el punto, ¿qué nos importan a los gatos nuestros detractores?”, como afirma uno de los gatos-músicos apenas iniciando la obra.

A cargo de este musical sexteto de gatos y gatas correrá la educación sentimental, intelectual y musical de Arturo, el niño ciego.

Serán ellos quienes le revelen los secretos del jazz, de la creación musical, del rapto liberador, del juego maravilloso, de la improvisación, pero también, y paralelamente, quienes le revelen las artes sagradas de la amistad, del amor y la solidaridad entre los seres.

La música ya había sido motivo en algunos libros de Contreras, particularmente en Los Cantos de las Guerras Preventivas, pero en la novelita que nos ocupa se convierte en tema fundamental.

La música –en este caso el jazz– es evocada, recreada, alabada y celebrada desde la perspectiva de un conocedor, pero, ante todo, de un amante del género. Cierto azul, Kind of blue

La novela trata, pues, de una iniciación, de la consumación de un rito de paso entre la niñez y la edad adulta, paso que se consumará cuando el sexteto de gatos permita que Arturo, ahora trompetista consumado, emprenda su propio sendero en pos de sí mismo, de su propio viaje y vuelo.

La etapa formativa ha concluido y, por más fuertes que sean los lazos que lo unen con su familia/maestros, es el momento de volar solo, con la certeza –o más bien la fe– en un futuro rencuentro con su familia gatuna, aunque el futuro en rigor no exista y solo podamos contar con el presente que se fuga en la improvisación endiablada del jazz.

Fernando Contreras se lanza a tocar su solo en esta obra, la más audaz, la más juguetona, la más libre de cuantas ha escrito. La soltura y la ligereza de su estilo son engañosas y no deben llevar al lector a obviar la hondura de las reflexiones en las que el libro nos sumerge: el amor, la libertad, la amistad, la creación y el miedo son algunos de los temas sobre los cuales los iluminados gatos ilustrarán al niño-joven Arturo.

La metáfora de Italo Calvino sobre la liviandad y la pesadez de la prosa vuelven a revelarse aquí en toda su potencia pues, en efecto, la novela de Contreras es liviana como ninguna otra de las que haya escrito, pero al mismo tiempo es la única de ellas donde aparece un cierto tono sentencioso.

Esa aparente contradicción desaparece en el texto novelístico, que logra fundir o conciliar los dos extremos, peso y liviandad, y esto es parte de su magia y de su gracia.

Tal vez sea una causa perdida sugerir a las autoridades del Ministerio de Educación Pública que, en lugar de Única mirando al mar, incluyan Cierto azul en la lista de lecturas sugeridas a los estudiantes de secundaria (de seguro, Fernando Contreras estaría muy de acuerdo); sin embargo, la peor fuerza es la que no se hace.

Cierto azul (este libro está agotado)

Un niño huérfano de siete años de edad, abandonado en las calles de San José y además ciego, es adoptado y criado por un sexteto de jazz, cuya inolvidable particularidad es que está conformado exclusivamente por gatos –sí, sí: mininos de cuatro patas–, los cuales habitan en los cielos rasos del Mercado Central y deambulan por toda la ciudad. Ya esa sola referencia fabulesca nos da una idea de las libertades alegóricas y de improvisación que se tomará esta nouvelle para encaminar al lector por los mejores momentos del jazz, el blues y otros ritmos de origen afro, sin ocultar, con fino humor, una buena carga de filosofía y otra de crítica social. Lo inverosímil de la convivencia gatuna es sorteada con gracia por la fuerza de un lenguaje poético y un estilete de seda que sabe donde punzar las falacias y corruptelas de una sociedad “perruna” que poco aprecia valores como la libertad, la improvisación, la diferencia, la rebeldía, la amistad o el amor.

“La normalidad es una camisa de fuerza que, cuando se ajusta de un lado, se descose del otro”, dice el personaje principal del libro; un típico Cronopio que detesta lo corriente y se desvive por maestros del jazz como Mills, Evans, Sandoval o Gillespie.