Triunfa obra de Alberto Cañas en El Salvador

«Triunfa obra de Alberto Cañas en El Salvador». La Nación . Sección B (San José, Costa Rica), 26 de marzo de 1983, p. 4B

Francisco Andrés Escobar: productor y miembro del elenco de la versión salvadoreña de «Uvieta» de Alberto Cañas.

Montada por la agrupación Teatro del Alba, “Uvieta”, la obra de Alberto Cañas, tuvo un exitoso recibimiento en los escenarios salvadoreños, demostrando que su validez no es solo tica”.

Después de un proceso de montaje de ocho meses y un cuidadoso estudio de mesa, los miembros del elenco descubrieron que la pieza es centroamericana.

El mito del hombre que hace subir a la muerte a un árbol y no lo deja bajarse “lo encontramos vivo en toda región”, dijo el productor y parte del reparto de la versión salvadoreña de “Uvieta”, el poeta Francisco Andrés Escobar.

Los personajes transcienden el ámbito costarricense: las murmuradoras, “el loquillo del pueblo”, son típicos de toda el área. Pasa lo mismo con las situaciones, pues la acción transcurre un domingo después de misa y es algo natural para las cinco naciones.

Pero el Teatro del Alba también encontró elementos en “Uvieta” que la elevan a un plano universal. “La pieza es un  alegato a favor de la capacidad de descubrir y de maravillarse ante lo que se va descubriendo”, opina Escobar.

En un momento de la obra, el protagonista declara: “Todos los  días son especiales para el que sabe verlos. Acordate de esto: las puestas de sol son gratis”. El drama de Cañas es un elogio de la vida sencilla. Con el dinero sólo se compra lo barato “y la pieza pugna por eso”.

El tratamiento del tema de la recíproca relación entre la vida y la muerte y la razón como instrumento para “resolver los desequilibrios que produce el hombre” son aspectos que contribuyen a que “Uvieta” sea universal.

Una tenue lucecita que apunta.

El Teatro del Alba nació el año pasado para contribuir a una tradición que aún no esta bien cimentada en El Salvador y “en medio de la hecatombe, sostener la vida desde dentro, echar las raíces que únicamente el arte puede descubrir y tomar”, explicó el escritor.

Sin presupuesto que los sostenga sin la participación de artistas profesionales, el grupo trabajó hasta diez horas por semana para llevar a cabo el montaje de «Uvieta».

Carlos Morales, Francisco Andrés Escobar, Marisol Salinas, René Iván Morales, David Hernández, Irma Aída Zeledón, Any Casstellanos y Mauricio Yañez componen el elenco, dirigido por este último.

Muchos de ellos se vieron obligados a interpretar varios papeles. Cualquier cosa se hace para una puesta en escena «muy digna, hecha con mucho amor, cariño y dedicación, y dando cada quien de si mismo lo más que podía dar».

¿Qué dijo el público salvadoreño del resultado?

Para Escobar se consiguió una versión «muy nuestra, el espectador la siente muy de él, muy de nuestra vida cotidiana; disfruta mucho de la anécdota y capta bien su mensaje».

El Teatro del Alba fue bautizado así  «porque en lo oscuro de la vida es una tenue lucecita que apunta, así como el alba; es abrir un rastrito de luz en un panorama bastante negro: es el día que se renueva a pesar de que el hombre se empeña en que los días , no se renueven».

Esta agrupación responde a una «voluntad de vivir a pesar de todo» y forma parte de un movimiento de las artes salvadoreñas que, a la par de ser testimonio de la crisis, quiere ser un refugio de ella y darle sentido a la vida.

La Escuela Nacional de Danza y sus tres temporadas de baile moderno,  folklórico y clásico, la literatura el teatro, la plástica, la Orquesta Sinfónica de Cámara forman parte de este florecimiento.

«La historia ha demostrado que los conflictos pasan, pero el arte queda», sostuvo Escobar.

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Empieza semana de prensa

Bulgarelli, Pablo. «Empieza semana de prensa«. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 25 de setiembre de 1995, p.2

 Con una serie de actividades, previas y posteriores, hoy se inicia la XXVI semana de prensa.

“Más fortalecidos que nunca”. Con este lema, hoy comenzará la vigésimo sexta Semana de la Prensa, dedicada al periodista Alberto Cañas Escalante.

“Escogimos a don Alberto por varias razones, una es por su calidad de promotor y creador de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica y por su condición de maestro de muchos periodistas”, explicó Johnatan Molina, director ejecutivo del Colegio de Periodistas.

Molina agregó que otros motivos son su condición de fundador del Colegio y defensor de la colegiación, y lo más importante –manifestó- su ilustre dedicación al ejercicio del periodismo.

Las actividades de esta Semana de la Prensa, comenzaron el pasado sábado con un torneo de boliche dedicado al Colegio por los organizadores del Torneo de la Raza. Ayer domingo, se realizó la siembra de árboles en la ribera del río Itiquís, Alajuela, con la participación de periodistas, scouts, funcionarios del Ministerio de Recursos Nacionales Energía y Minas y de la municipalidad de Alajuela.

Para hoy, a partir de las 6.00 p.m. se llevará a cabo el acto inaugural en el Teatro Nacional con la presencia, entre otros del presidente de la República, José María Figueres,y de monseñor Román Arrieta Villalobos, quien hará una invocación para recordar a periodistas fallecidos.

La actividad concluirá, oficialmente, el próximo sábado 30 de setiembre con un baile en el hotel Cariari. Entregarán ahí el premio Jorge Vargas Gené a los periodistas Fernando López González y Carlos Arguedas Castro, ambos del Diario Al Día, como los más destacados del año.

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Un Pícaro en la Asamblea

Azofeifa, Isaac Felipe. «Un pícaro en la Asamblea. «Semanario Universidad (San José, Costa Rica), 27 de mayo de 1983 (Fragmento)

Alberto Cañas acaba de sacar en la Editorial Costa Rica su último libro. Se titula La soda y el F. C. y lleva un subtitulo: Biografía de una partida específica. Es un relato simple que deja un sabor a cuento largo porque no llega a alcanzar la complejidad narrativa de una novela corta. En realidad, parece pensado como un episodio más de esa obra más basta que esperemos ver desarrollarse, y que llegará a tener su buen título: Historias de San Luis, por ejemplo.

Uno se pregunta por qué no se ha hecho en Costa Rica la segunda edición de Feliz Año, Cháves, Cháves, cuya primera edición, de 1975 en Buenos Aires, debe haber circulado muy poco entre nosotros. Y es que esta no es solo una de las mejores obras de nuestra narrativa contemporánea, sino que con ella inaugura Alberto Cañas la saga de nuestro pueblo y de nuestro siglo. Radica en el mismo San Luis nuestro autor la historia de Uvieta, (1980) que es una obra maestra de nuestro teatro. Y ahora, contando la hazaña del diputado por San Luis, Lesmes Arrieta, nos agrega la tercera de sus obras al propósito estético-literario de ir penetrando en la carne, la sangre y la moral de nuestros prójimos sanluiseños para que los ticos nos veamos en ellos como en un espejo.

San Luis va adquiriendo un valor claro de símbolo. San Luis es Costa Rica misma. Pero la Costa Rica rural, aldeana, que se resiste a desaparecer y sigue profundamente anclada en nuestras provincias, en los cantones, en los cientos de pueblos silenciosos pero presentes como el San Luis de Alberto Cañas.

La intuición de Cañas no es nada simple, también ha visto que la ciudad sigue un destino diferente: el cambio de su sociedad, de sus instituciones, de sus costumbres, es lo que nos ha ofrecido en su novela corta Una casa en el barrio del Carmen y luego en su obra dramática tan melancólica por eso mismo: Ni mi casa es ya mi casa.

Lo mismo que le admiramos en su teatro, en su narración despliega Alberto Cañas sus cualidades de humor jovial y aguda observación irónica de nuestras costumbres y de nuestra gente. Especialmente rico en sorpresas de estilo es su hábil manejo de los matices de nuestra lengua hablada. Y sabe colocarlos con clara intención de castigar con la risa de la sátira amable nuestras costumbres expresivas. Jerga de los educadores, de los técnicos, de los hampones, de los abogados, y de los diputados junto con los burócratas.

Pero en La soda y el F. C. lo mismo que en Feliz Año, Chaves, Chaves, nuestro gran narrador y dramaturgo pone en juego mucho de su experiencia en los ajetreos políticos de muchos años….

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Semana Alberto Cañas

«Semana Alberto Cañas«. La Nación. Editorial (San José, Costa Rica), 28 de setiembre de 1995, p. 14A

 El Colegio de Periodistas celebra en estos momentos la Semana del Periodista, que ha dedicado a don Alberto Cañas Escalante. Que se cumpla con la tradicional celebración de esta semana tiene, este año, un mérito especial. El fallo dado por la Sala Cuarta que declaró inconstitucional la colegiación obligatoria de los periodistas infligió al Colegio un serio golpe. Pero, la actual junta directiva se ha empeñado en demostrar que el golpe no fue ni puede tener esperanza de ser mortal. Contra el temor de que se hiciera de esa manera naufragar al Colegio, este ha aumentado su actividad y participación ciudadana. Ha emprendido una interesante experiencia para la práctica gremial costarricense; esta ha tenido por dogma la colegiación obligatoria como base de toda su existencia. En cambio, el Colegio de Periodistas comienza a mostrar una interesante posibilidad: su mantenimiento pese a la pérdida de esa condición, mediante la demostración de espíritu de cuerpo y de solidaridad profesional. La celebración de la actual Semana de Periodista es un buen paso un esa dirección. El colegio existe, vive y tiene toda la intención de mantener su vitalidad, de lo cual, los órganos de prensa debemos sentirnos muy satisfechos.

El homenajeado de la actual semana no podía ser más distinguido. Sus ejecutorias de hombre de prensa son de lo más brillante que pueda darse en la actual Costa Rica: fue director de este periódico, ha sido editorialista, crítico literario y teatral, comentarista político, humorista y por sobre todo, ha mantenido a través de los años una columna, “Chisporroteos”, que constituye su actual trinchera, y desde la cual habla sobre todo lo divino y humano, y que La República se honra en publicar. Además de periodista ha ejercido la diplomacia, sirviendo la embajada ante Naciones Unidas y el Viceministro de Relaciones Exteriores; fue el primer Ministro de Cultura, dos veces diputado, habiendo ejercido la presidencia de la Asamblea en el primer año de la actual administración. Tiene además una profusa obra literaria, que va desde la poesía hasta la novela, con un énfasis muy especial en el teatro. De vez en cuando, hasta se acuerda de que es abogado, lo cual, dada su gran capacidad argumentativa, tampoco le cuesta.

Por todos los méritos, la escogencia hecha por el Colegio de Periodistas de su nombre para denominar la actual Semana de Prensa es un merecido homenaje de uno de los tantos grupos de profesionales que tienen la fortuna de contar a don Alberto entre sus miembros. Además, permite al Colegio mostrar los valores que se encuentran entre los periodistas.

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Fragmentos de la tierra prometida

"Fragmentos de la tierra prometida"

«Fragmentos de la tierra prometida»

Editorial Legado hace del conocimiento público la puesta en circulación de “Fragmentos de la tierra prometida”, la más reciente obra del escritor Fernando Contreras Castro. En 100 relatos de depurada brevedad narrativa muestra un horizonte desolador para la humanidad, fruto de las políticas depredadoras practicadas en las últimas décadas. Escenas en principio inconexas, protagonizadas por personajes colectivos más que casos individuales, conforman un conjunto inquietante —por anticipatorio— que demanda reflexión. Toda una advertencia oportuna para modificar el rumbo.

Fernando Contreras Castro es un consagrado narrador costarricense. Dos obras de su autoría, Los Peor (1995) y El tibio recinto de la oscuridad (2000), recibieron sendos premios nacionales de novela; otras novelas, Única mirando al mar (1993) y Cierto azul (2009), son lecturas recomendadas por el Ministerio de Educación Pública. Buena parte de sus cuentos están reunidos en Urbanoscopio (1997) y Sonambulario (2005.) En 2009 publicó la novela Cantos de las Guerras Preventivas. Integrante de la llamada Generación del Desencanto, aborda la marginalidad como tema central de su producción. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad de Costa Rica.

Se harán tres actos de presentación:

El sábado, 08 de septiembre de 2012 a las 06:00 p.m. en el Museo Regional de San Ramón. Organiza la Universidad de Costa Rica, Sede de Occidente, San Ramón. La presentación estará a cargo de los profesores Gerardo Mora Burgos, Magdalena Vásquez y Oscar Montanaro Meza.

El miércoles, 12 de septiembre de 2012 a las 07:00 p.m. en el Mini Auditorio de Ciencias Sociales, organizado por la Asociación de estudiantes de Comunicación Colectiva, en la Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, San Pedro. La presentación estará a cargo de los estudiantes Gabriela Calderón Luciano Palavicini, Marcelo Palavicini. Rodrigo Muñoz González y Aldo Soto.

El miércoles, 26 de septiembre de 2012 a las 05:00 p.m. en el Auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional, Heredia. La presentación estará a cargo de los estudiantes Katheryne Rojas Barrantes, Carlos Soto y Gustavo Camacho.

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La hoja de aire llega en edición especial

Fonseca Q., Pablo. “La hoja de aire llega en edición especial”. La Nación (San José, Costa Rica), 5 de diciembre de 2006, p.22a

Una edición especial de La hoja de aire, una de las obras más conocidas de Joaquín Gutiérrez, será presentada hoy en nuestro país.

El libro ya tiene varios meses de circular en España, donde se imprimieron los 3.000 ejemplares que conforman esta edición limitada. De esta cantidad, solo 300 llegaron a Costa Rica.

Según explicó Sebastián Vaquerano, de Editorial Legado, muchos de estos ejemplares serán donados a bibliotecas e instituciones culturales.

Sin embargo, 100 ejemplares estarán a la venta en Librería Internacional, a un precio de ¢10.000 cada uno.

El origen. Hace 25 años la española Juliana Penagos vino a Costa Rica como parte de su plan de estudios universitarios.

Aquí ahondó en la literatura centroamericana y quedó enamorada de La hoja de aire.

Esta obra del costarricense Joaquín Gutiérrez Mangel (1918-2000) es una pequeña pero muy poética historia.

El chileno Pablo Neruda, quién prologó la primera edición en 1968, dijo: “En mis lecturas desordenadas y acríticas he leído pocos relatos como este, con tanta capacidad de amarrarnos en el hilo del sueño y de la desventura”.

Penagos regresó a España, pero hace algunos meses se propuso editar por primera vez en ese país La hoja de aire.

“Juliana propuso que la obra no fuese un libro más, sino la joyita editorial en que finalmente se convirtió”, explicó Vaquerano.

Penagos se comunicó entonces con editorial Legado, para negociar los derechos de reproducción. Legado consultó a su vez a doña Elena Nascimento, la viuda de Gutiérrez, quien estuvo de acuerdo con la propuesta.

En abril de este año la obra fue finalmente presentada en la ciudad de Santander.

La edición. El prólogo completo del Premio Nobel de Literatura de 1971, Pablo Neruda, así como una presentación de mexicano Jordi Soler, forman parte de esta primera edición española.

Después del texto principal también se ofrece una pequeña biografía del autor costarricense.

El libro, de formato pequeño, tiene cinco pinturas de Emilio González Sáinz, un consagrado pintor español, especiales para la obra.

Además, la caja en que viene fue confeccionada por monjas de un convento Santander.

La presentación del libro será este martes a la 7 p.m., en el Centro Cultural de España, en el barrio Escalante. Participarán Arturo Reig López, embajador de España; María Elena Carballo, ministra de cultura, y Alberto Cañas Escalante, director de la Academia Española de la Lengua. El coordinador del evento será el periodista Carlos Morales.

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Unas Letras para Uvieta

Rojas, Miguel. Unas Letras para Uvieta”. Semanario Universidad (San José, Costa Rica), s,f., p 20.

A pesar de que en Costa Rica existe una producción dramática bastante irregular en cantidad y calidad que tiene más de un siglo, no es sino con Alberto Cañas y Daniel Gallegos en que se dan a luz piezas que realmente valen la pena, hablando en términos de creación por parte de verdaderos dramaturgos, originales y de gran valor literario. Los estilos de ambos son bastante diferentes, pero son importantes para la iniciación de una búsqueda de valores nacionales y universales. Posteriormente, aparecen Samuel Rovinsky y Antonio Iglesias, con una producción que todavía cumple el período de ajuste entre el creador, su obra y el tiempo.

Alberto Cañas tuvo la ocurrencia de crear su UVIETA, un UVIETA que solo toma la idea del cuento africano recreado para nuestra literatura por Carmen Lyra. Su Noé Redondo, como se llama el civil que apodan Uvieta, es un empleado de un hospital de El Seguro Social, del que se vale Beto para darnos una muestra de sensibilidad poética y madurez dramática como dramaturgo. Beto es, por antonomasia, nuestro dramaturgo para dominguera en el terruño.

Al igual que los griegos del siglo V antes de la muerte de Jesucristo, Beto recoge, temas y personajes locales, se apoya en el espejo de una dimensión poética sencilla y directa que tiene olor y sabor de nuestros compatriotas. Y por ahí empieza su éxito. A esto le agrega una estructura dramática convencional de tiempo y espacio –sin ninguna novedad ni experimentación de ningún tipo- para contarnos sus historias y sus ocurrencias que generalmente rompen el molde de lo que creemos irreal pero que en sus manos se convierte en real e imaginativo. Con el paso de los años, Beto se ha ido convirtiendo en un gran tío cuenta historias para el teatro costarricense.

Espejo de su pueblo que tiene arraigo y parto en lo rural y agrario, que cada vez más se larga desbocado hacia una superfluosidad urbana, Beto observa con fina ironía y sarcástico escalpelo aquello que le sirve para sus fines de crítica mordaz. Entonces vemos que le clava sus dardos al Seguro Social, a los diputados, a la policía especializada en desenredar hechos de crimen y misterio, y valerse de soplones para realizar sus pesquisas. Esto nos hace disfrutar a los costarricenses de hoy, como también Aristófanes lo hizo en Grecia, cuna del teatro, allá por los siglos V – IV a. de c. Y es que los espectadores gustan y les gusta que les hablen en su lenguaje y con personajes que ellos conocen en la vida real que los rodea todos los días. Les causa profundo deleite sentirse costarricenses en la butaca y verse representados, viendo transcurrir parte de su idiosincrasia y costumbres en el espejo de la acción dramática.

Cuando reflexionamos sobre el rotundo éxito de UVIETA en el montaje de Lenín Garrido para el Teatro Universitario, encontramos las raíces de una Costa Rica que todos queremos, que quisiéramos ver detenida en el río de la historia, y continuar siendo nosotros, con nuestros mangos, nuestra naranjas y nísperos y toda esa poesía implícita en nuestra sencillez, asentada sobre pequeños valles, candorosas nubes de azul y las sabrosas tertulias que la chispa del costarricense sabe acompañar con el café y el tamal en hoja de plátano.

Desgraciadamente, preferimos imitar como monos los frutos decadentes de los imperios y la parla de los vividores profesionales que trafican con los puestos de Gobierno, Salud y larga vida, Beto. A Daniel Gallegos lo mismo, y que no nos prive de su trilogía, ya escrita pero todavía inédita, pues no le pertenece a él –creemos-, sino que es patrimonio de todos los costarricenses.

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Primero fue Marcos

Ordóñez, Jaime. «Primero fue Marcos». La Nación. Opinión (San José, Costa Rica), 1 de mayo de 2003

 *La falacia de la literatura pura

Primero fue Marcos Ramírez, de Carlos Luis Fallas (quizás la mejor novela escrita en Costa Rica), excluida hace unos años del Programa del MEP por razones aún inentendibles. Se alegó en su día que ese logradísimo Lazarillo de Tormes o Huckelberry Finn a la tica, era muy antiguo y ajeno al actual contexto costarricense. Como si la Ilíada o El Fausto no fueran aún más lejanas y, no por ello, ¡absolutamente vigentes e importantes! Ahora le toca el turno a una de la obras más puras de la literatura costarricense: Cocorí. La razón esta vez es otra: supuestos elementos discriminadores en la obra que atentan contra la equidad o la igualdad étnica. Con todo respeto, en ambos casos ha existido un error de apreciación del MEP y de sus comisiones asesoras. Y, además, con peligrosas consecuencias.

Toda literatura es ideológica y, como tal, tiene una concepción decantada del mundo, en una u otra dirección. Tiene prejuicios, puntos de vista discutibles, incluso violentamente polémicos y justo en eso reside su riqueza. Una obra neutra no es literatura, como apunta aguda y certeramente el escritor y abogado Vérnor Muñoz en su texto Lo terrible de la hoja en blanco, difundido por Internet durante las últimas semanas. Un currículum educativo sobre literatura debe tener buena literatura –que nunca es aséptica– y punto. Todo gran arte incluye la compleja gama de lo humano, sus prejuicios, pasiones e, inclusive, desatinos. La clave del sistema educativo (y de los buenos profesores) es que los adolescentes la entiendan en su contexto, de la biografía de su autor, del complejo y terrible nudo humano que se revela en el arte.

Las principales obras literarias de nuestra civilización han sido profundamente ideológicas, controvertidas y arrastran, casi siempre, una visión enfrentativa del mundo. Siguiendo la misma pauta usada por el MEP, muchas deberían ser alejadas de los ojos de nuestros estudiantes.

Argumento llevado al absurdo. Habría que prohibir Eurípides, por promover el homicidio de una hija (en Ifigenia) y también por instar al parricidio y a ser amante de la madre (Electra). A Sófocles y Esquilo les iría parecido. Tendríamos que prohibir a Aristófanes, por declarar la guerra de sexos y atacar al orden político establecido. Habría que sacar al Mío Cid, por racista, toda vez de su persecución contra los moros, y también al Quijote, obra de Cervantes claramente antisemita. Habría que prohibir las dos Odiseas –la de Homero y el Ulises de Joyce– porque en ambas el papel de la mujer es de sumisa espera, y eso podría promover el machismo. Habría que mandar al sótano a Hemingway, a Henry Miller y a Julio Cortázar, porque tanto Por quién doblan las campanas, ambos Trópicos y la Rayuela, no favorecen el papel de igualdad de la mujer, todo lo contrario. Habría que prohibir Muerte en Venecia, de Thomas Man, porque promueve el homosexualismo. También habría que mandar al sótano a García Márquez, pues el coronel Aureliano Buendía tuvo cerca de 80 hijos en el largo mundo, de muchas mujeres, la mayoría no reconocidos, y eso promueve la promiscuidad sexual y la irresponsabilidad.

La lista es de nunca acabar, como imaginará el lector. Graham Greene debería ser erradicado, pues El poder y la gloria narra la historia de un sacerdote que sucumbe a los pecados de la carne. Habría que enviar al ostracismo a muchos Nobel. A Camus, pues en El Extranjero no solo muestra la insensibilidad del protagonista ante la muerte de su madre, sino, además, abjura ante el crucifijo y el sacerdote. (A Camus, más bien habría que mandarlo al paredón, pues también promueve el suicidio el Hombre rebelde). A Sartre también, pues A puerta cerrada constituye un catálogo de todas las razones de la autodestrucción humana. A Becket, por hacer una apología de la soledad como condición connatural de nuestra especie.

Casi toda gran obra literaria puede ser acusada de un ismo, de una desviación, de una particular ideología del mundo y de los seres que lo llenan. Y en eso constituye su gran riqueza. Apostar a una literatura que no “transgreda ningún valor” es apostar a la mediocridad. Las decisiones del Ministerio de Educación Pública en esta materia son sumamente preocupantes y, aparte de pauperizar nuestro currículum, pueden abrir una senda peligrosa en las relaciones que deben existir entre libertad y educación.

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Cocorí regresa a las aulas

Zúñiga Ureña, Lucrecia.»Cocorí regresa a las aulas«. La Prensa Libre (San José, Costa Rica), 31 de enero de 2004

 Las discusiones de diferentes personas opacaron el conocimiento de una cultura en donde las pozas, la playa y la selva caribeña, eran el tema principal.

Los criterios expuestos por quienes alegaron, de forma contundente que “Cocorí” transmitía símbolos racistas, hicieron que el ministerio de Educación Pública (MEP) suspendiera la lectura de esta obra, de escritor nacional Joaquín Gutiérrez (q.d.D.g.) mientras la sometía a una investigación de profundidad.

Es su momento, la Defensoría de los Habitantes, intercedió a favor de “Cocorí”, y recomendó la utilización de la lectura, por ser una narración meramente nacionalista.

Ahora, ya la investigación finalizó y aquellos padres de familia que lamentan el hecho de que sus hijos no tuvieran la oportunidad de conocer las costumbres de la Región Atlántica, a través de las narraciones de famoso escritor Joaquín Gutiérrez, pueden estar tranquilos, pues el MEP reinsertó la lectura en las aulas escolares.

“Mediante la investigación que efectuamos, corroboramos y afirmamos que el contenido de la lectura no tiene nada de racista”, manifestó el Viceministro Académico, Wilfrido Blanco.

Blanco detalló además, que el libro “Cocorí” –como otros textos de primaria- no es obligatorio, pero sí recomendado por el Consejo Superior de Educación para estudiantes del II ciclo de la Educación General Básica.

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El limbo de los cuentos incorrectos

Cortés, Carlos. «El limbo de los cuentos incorrectos». La Nación. Revista Dominical (San José, Costa Rica), 15 de junio de 2003

Cocorí solo disfrutó de un instante para despedirse de Mamá Drusila con una sonrisa. Cuando abrió de nuevo sus grandes y hermosos y acuosos ojos aterciopelados, el decorado de la selva tropical se había transformado en un espejismo y se enfrentaba a un paisaje sin formas visibles. ¿Había sido castigado? Cuando la escena volvió a iluminarse y descubrió los gigantescos cartelones con unos dedos desproporcionados que lo señalaban, y la leyenda: «¡Denuncie a los cuentos incorrectos! ¡Salve a nuestros niños y niñas de la perversión!», supo que estaba en la Tierra de la Igualdad.

Los ojos se le llenaron de lágrimas. En el último y temible capítulo del Manual del perfecto personaje literario de los cuentos infantiles había leído la terrible verdad, aunque nunca pensó que sufriría las consecuencias: los personajes de las historias que eran consideradas como políticamente incorrectas perdían el derecho de seguir siendo contados y eran condenados a una vieja historia de la literatura sin reeditar, en una polvosa biblioteca pública, salvo que aceptaran someterse a un proceso de autocrítica, delación contra sus autores, reeducación y libertad bajo palabra. Los casos perdidos iban al molino de papel.

Cocorí trató de llorar, pero no pudo. Recordó lo que le habían contado una vez: a Pinocho, después de varios años en un correccional, lo pusieron frente a un panel de vidrio. Del otro lado desfilaron varios escritores con las manos amarradas y cara de pocos amigos. «¿Cuál es Collodi?», oyó que le gritaron desde un altoparlante. «No, no lo haré», pataleó Pinocho por un rato hasta que se le quebró una pata de plywood y el dolor lo obligó a acusar a su creador. Confesó delante de la asamblea de los personajes incorrectos en vías de regeneración que el perverso escritor lo había obligado a beber sustancias prohibidas en una escena tenebrosa. Después le llevaron un retrato de Collodi para que bailara sobre él, lo rompiera y lo arrojara al fuego. Fue perdonado, pero obligado a recibir atención psicológica para resolver la ausencia de figura paterna.

Cocorí se introdujo en la larga fila de personajes sin cuento. Necesitaba ardientemente que alguien lo contara. Los personajes incorrectos tenían apenas algunas horas, antes de que empezara su proceso judicial, para encontrar alojamiento en un argumento breve, sino vivirían a la intemperie, expuestos a que cualquiera los plagiara, o, peor aún, disvariarían por caminos inciertos hasta el olvido.

Llenó la solicitud y se presentó ante el encargado. «En la oficina de los Estudios Disney siempre sobra brete, pero la paga es mala», le dijeron. Cocorí negó con la cabeza: «Esos maes son capaces de calquier cosa», se dijo. Sabía que habían falsificado un certificado de matrimonio entre Mickey y Minnie para cubrir las apariencias. Después de años de litigio y millones de dólares, habían demostrado que Hugo, Paco y Luis eran sobrinos del Pato Donald y que no había nada pecaminoso en que el tipo fuera soltero y sin compromiso. No, ese no era su mundo.

–Hay una posibilidad en el Bosque de los 100 Acres. Descubrimos que ese gordo, Winnie Pooh, rechaza el ejercicio sano, tiene una obsesión enfermiza con la miel y su autor se basó en un oso en cautiverio como modelo. Decidimos expulsarlo mientras investigamos–, gruñó el inspector.

«¿Qué voy a hacer?», se dijo Cocorí, mientras caminaba saltando los charcos.

La Tierra de la Igualdad resplandecía de actividad: Caperucita Roja recibía clases de defensa personal, usaba una pistolita de gas mostaza contra potenciales agresores y lo aprendía todo sobre el acoso sexual. Sobre un largo diván, Peter Pan se deshacía en explicaciones de por qué no quería crecer. En el cuarto del fondo, El Principito negaba con la cabeza que hubiera intentado suicidarse y Blancanieves y los Siete Seres Humanos de 1,40 metros o Menos de Estatura (el nuevo título del cuento) prometían portarse bien.

Cocorí se detuvo a consolar a Tío Conejo –acusado de crueldad con otros animales– quien sufría de una depresión y no tenía dinero para su Prozac diaria. Le habían pedido que en las futuras ediciones de Los cuentos de mi tía Panchita figurara la advertencia: «En este cuento no experimentamos con animales vivos. Cualquier relación con la ficción es pura coincidencia».

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