Calufa, investigador

Molina Jiménez, Iván. ʺCalufa, investigadorʺ. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 27 de abril de 2013, p. 34A

En la literatura costarricense, a Carlos Luis Fallas Sibaja (1909-1966) se le considera fundamentalmente un autor de novelas y relatos, justamente célebre por obras como Mamita Yunai, Gentes y gentecillas, Marcos Ramírez y Mi madrina.

Fallas, sin embargo, fue también un escritor de ensayos políticos, sociales e históricos, como se puede apreciar en el libro De mi vida, que acaba de publicar la Editorial de la Universidad Nacional.

De los materiales incluidos en esa obra, hay tres ensayos que son de particular interés, ya que para elaborarlos Fallas realizó un detallado trabajo de campo con el fin de conocer las condiciones de vida y laborales de ciertas categorías de obreros y productores agrícolas.

El primero, publicado en diciembre de 1933, se refiere a la situación de los barreteros en el Caribe y a sus conflictos con la United Fruit Company. Este estudio constituye un antecedente fundamental del relato “Barreteros”, que Fallas terminó de escribir en 1941 y publicó en 1954.

En una línea similar, el segundo ensayo, publicado en agosto de 1935, explora el mundo social de los mineros de Desmonte y de los campesinos de las áreas aledañas, enfrentados con los intereses de dos empresarios extranjeros. Curiosamente, esta importante contribución de Fallas no ha sido considerada por los historiadores costarricenses y extranjeros que décadas después analizaron la problemática minera.

Finalmente, el tercer ensayo es el más conocido de todos, dado que circuló como folleto en 1960 y fue reimpreso en 1978: “Don Bárbaro”. En este trabajo, cuyo título evoca la célebre novela que Rómulo Gallegos publicó en 1929, Fallas analiza la concentración de la tierra en Guanacaste y, especialmente, la lucha de los pequeños y medianos productores agrícolas por defender sus propiedades, amenazadas por lo que él denominó “el latifundio de los Morice”.

Los dos primeros ensayos referidos evidencian ya los tempranos esfuerzos de Fallas por observar, describir, recoger testimonios, revisar documentos, verificar la información obtenida, ordenarla, comparar resultados y analizarlos. Las capacidades indicadas encontraron su mejor expresión en “Don Bárbaro”, que destaca por una mayor exhaustividad en la recolección, sistematización y análisis de los datos.

Por estos ensayos, y otros que también están incluidos en De mi vida, Fallas debería empezar a ser considerado como una figura relevante en el desarrollo de las ciencias sociales en Costa Rica. Imaginativo practicante de la historia oral, fue también pionero en la construcción de la historia de los trabajadores, de los pequeños y medianos productores agrícolas y de los movimientos sociales.

http://www.nacion.com/2013-04-27/Opinion/Calufa–investigador.aspx

gentes-y-gentecillas

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La sotana revive al querido Carmuco

Sánchez C., Alexánder. La sotana revive al querido Carmuco. La Nación, Viva (San José, Costa Rica), 7 de febrero de 2013, p.8

 

Carmuco encuentra su preciada sotana y, en medio de la basura, comienza una nueva vida. Es ahora el “sacerdote” de los buzos, o más bien, el oasis espiritual en medio de viejas penas, carencias y un sinfín de esperanzas.

El miércoles 13 de febrero, en el anfiteatro del Cenac (7 p. m.), se estrenará el cortometraje Carmuco, de Patricia Velázquez. El filme es un extracto de lo que será un próximo largometraje basado en la novela tica Única mirando al mar (1993), de Fernando Contreras.

De hecho, el guion del corto es obra del mismo Contreras y Gabriela Calderón. Ambos autores recrearon el momento en que Oso Carmuco, personaje destacado de la novela, halla su famosa sotana y comienza su peculiar misión.

Con un libro de rezo en mano, Oso Carmuco – que es alcohólico y no respeta del todo el voto de castidad, oficia ‘misas’ y hasta matrimonios en el mismo botadero.

“Al igual que el largo, el corto retrata momentos posteriores a la novela. En el caso del cortometraje, la trama se ubica 20 años antes de los hechos narrados en Única mirando al mar”, explicó Velázquez.

Quien en el corto da vida a Oso Carmuco, es el actor Armando Herrera, quien se desempeña como conductor de bus, en la ruta Tibás-San José.

“Actuar es mi pasión y me entrego al máximo cuando hago un papel. Es como si fuera un actor profesional. Tanto es así, que al igual que Oso Carmuco, llegué a sentir que yo era, realmente, el cura de esa comunidad”, dijo entre risas Herrera.

“Para mí fue impresionante hacer ese papel, pues él, a pesar de que podría verse como un hombre perdido por su vicio, encuentra valoración siendo un cura. Entonces, su vida toma un sentido, que es ayudar a los demás”, agregó Herrera.

Pero no solo el Oso Carmuco saldrá en el corto; también aparecerán personajes como la famosa Única, el Bacán y don Retana, todos muy conocidos de la novela.

Laborioso. El corto Carmuco, de 10 minutos de duración, se filmó durante dos días en Miramar de Puntarenas, con jornadas de trabajo de casi 18 horas continuas.

“El primer día grabamos en un precario a orillas del basurero… Había pobladores muy inquietos por el corto. El segundo día fue peor: estábamos dentro del basurero y el calor de Puntarenas, sumado al hedor de la basura, hacia todo muy duro”, recordó Velázquez.

A pesar de todo, la realizadora destacó que el equipo de trabajo se entregó al máximo para lograr el producto final, el cual usted podrá ver de forma gratuita en el Cenac.

Incluso, Velázquez recordó que Herrera llegó a hundir su cabeza en la basura, como muestra de su compenetración total con el personaje central del filme.

Lo que se viene. La filmación del largometraje –del cual se desprende el cortometraje Carmuco–, se espera realizar en el 2014.

Según Velázquez, el largometraje está en etapa de desarrollo y ya recibió apoyo económico por parte de Proartes y el programa Ibermedia.

“Con la conclusión de este corto, considero que ya tenemos una carpeta sólida para solicitar fondos para la producción del filme”, explicó Velázquez.

“Con Carmuco se cierra un ciclo, pues más allá de realizarlo para facilitar la búsqueda de financiamiento, necesitábamos filmar en el basurero, con todo lo que eso implica”, finalizó la cineasta

http://www.nacion.com/2013-02-07/Entretenimiento/la-sotana-revive-al-querido-carmuco.aspx

¿Para quién es este futuro?

Palavicini, Luciano. ¿Para quién es este futuro?. San José, Costa Rica : Universidad de Costa Rica. Asociación de Estudiantes de Comunicación Colectiva. 12 de setiembre 2012 (ponencia)

¿Para quién es ese futuro, por el que día a día, nos mortificamos en construir?  Me pregunté peligrosamente, luego de leer varios fragmentos de ésta tierra prometida con la que Fernando nos abofetea, y despabila. Será que lo bueno de éste mundo le pertenecerá a cada vez menos familias, y será que los desperdicios de éstos privilegiados,  se repartirán entre cada vez más, entre aquellos a los que podríamos denominar, como “los demás”, (aunque seamos los de-menos). Fue otro pensamiento peligroso que me pasó por la cabeza, al seguir leyendo, seguido por reproches y auto-reproches; era evidente ya, que el tono fuerte, acusador y desesperanzado de los micro-relatos me había calado.

Cada micro-relato leído, hace aún más evidente el olor a sangre con la que éstos han sido impregnados sobre el papel. Me hacen reflexionar en, si me duele más a mí leerlos o al autor haberlos sacado del baúl empolvado de cosas-que-sabemos-pero-no-queremos-que-nos-las-recuerden, ése baúl que vive en el sótano olvidado de nuestro inconsciente colectivo, junto a otros baúles que hoy no vienen al caso mencionar, pero que amontonados y por montones, se encierran y se esconden para no perjudicar el confort de nuestro cotidiano andar y el presente que tanto nos gusta.

A este presente, tan siempre mío, no tuyo, ni mucho menos nuestro, en el cual no queremos que nadie nos incomode, nos mueva el piso, y nos insinúe la posibilidad, por más pequeña e ínfima, de que puede que estemos equivocados; a este presente le sienta bien la verdad seca, directa y con gotas de un ácido que ayude a corroer la costra de promesas con la que se nos bombardea todos los días, promesas que se convirtieron en las dueñas de todas las parcelas en nuestros sueños, deseos y anhelos. Nos viene bien un amargo cable a tierra, a ésta otra tierra, no la que nos prometen y pintan de colores oníricos, sino ésta otra; tan llena de dólares,colones y euros, pero con escases de agua y comida; tan llena de televisión, fútboly modelos, pero méndiga de visión, juegos y amor…  Ésta tierra que se proyecta al futuro y se fragmenta en pequeños pedazos de espejo a manos del autor.

Nos sacaron de la promesa…  la cercaron, y solamente para defenderla de nosotros, los que ayudamos a construirla. El texto presagia nuestro futuro, el de nosotros, el de aquellos que volvemos-a-ver-hacia-el-otro-lado, el futuro de nosotros que cambiamos seis litros de agua por una botella de Coca Cola, el futuro de nosotros que cambiamos  una selva por un anillo de oro, el de nosotros que compramos el cuento viral en el cual se estudia, se trabaja, se compra, se reproduce y se muere;  nosotros los que compramos la promesa a crédito, para luego que se nos dé envuelta en papel de regalo y en forma de crisis, nuestro futuro…

 Los más tristes, los que más se lamentan entre los personajes, son los más viejos. Los que tuvieron la desdicha de vivir y ver, como todo se oscurecía bajo el galope apocalíptico del marketing, ver como país tras país, se ahogaba con cada rescate de la banca, ver la deuda pagada por el pueblo, ver guerra e inversión en el odio, y les duele él sólo haber visto, les duele no haber hecho una afirmación peligrosa, teniendo de tantas opciones de dónde escoger, les duele no haber hecho un pregunta peligrosa, de ésas que paralizan un cuarto y hacen dudar, les duele nunca haber dado un respuesta peligrosa, de ésas que hacen que se levante un pueblo, pero NO las hicieron, NO las hicimos, NO las hacemos.

  En tiempo de necesidad, hasta dan risa los objetos absurdos que recolectamos en vida, compramos y desechamos. El sinsentido con el que queda evidenciado frente al hambre, tantas horas desperdiciadas de trabajo y pensamiento,  dedicadas a estar a la moda, tener un mejor celular al que ya tengo o cualquier esfuerzo para alimentar la banalidad de nuestro ego. ¿Dónde queda el ego cuándo no se tiene que comer?

Sí, el libro tiene un mensaje crudo, espeso y difícil de digerir, en tono de cólera, rabia y disgusto. A mi parecer, justificado. El pueblo aperezado que sigue alimentando al elefante blanco del poder; merece que se le hable en ése tono, aunque luego siga dormitando y sólo sirva para despertar a pocos. Es menester del escritorusar ésa arma de teclas y pegar el grito descorazonado de la verdad,  para sobresalir entre tanto balbuceo literario que se imprime, ése balbuceo que opaca, esconde y maquilla todo-lo-que-no-nos-gusta-escuchar. El autor ahora nos pasa éstas páginas calientes a nosotros sus lectores.

Los fragmentos de la tierra prometida, suenan más a una realidad próxima que a ficción o utopía. Cierro con uno de éstos micro-relatos, un relato de pocas palabras, pero grande en contenido, efectivo a la hora de crispar los bellos de mi piel y de hacerme replantear lo importante.

“The piper at the gates of dawn”

Una flauta es lo más cercano a la naturaleza de los pájaros. Como ya no hay flautas, ni pájaros, el flautista imagina el ocaso, porque tampoco hay ocaso, y silba.

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La promesa de la Tierra prometida

Muñoz González, Rodrigo. La promesa de la Tierra prometida. San José, Costa Rica : Universidad de Costa Rica. Asociación de Estudiantes de Comunicación Colectiva. 12 de setiembre 2012 (ponencia)

La búsqueda por la tierra prometida es subyacente para el ser humano. El eco de esta promesa  tiene resonancia a lo largo de nuestra vida: creemos que algún día encontraremos –o alguien lo hará por nosotros- ese lugar.

A veces, parece que Moisés emprendió un viaje sin sentido, que perseguía una fantasía, un sueño con textura de realidad. El profeta murió castigado sin poder ver su paraíso y no teniendo en cuenta su suerte, ya que lo que se encontraría su pueblo serían ríos por dónde no corre leche, sino sangre.

Y es así como la Tierra Prometida es una paradoja: el hombre la desea con fervor pero siempre muere esperándola. ¿Será acaso que no la queremos o que no nos dejan alcanzarla?

Fragmentos de la Tierra Prometida de Fernando Contreras nos plantea un escenario del futuro cuyo aspecto aterrador radica en su cercanía. El paraíso murió hace mucho tiempo, ahora sólo quedan fragmentos llenos de veneno. Precisamente, esa es la condena del oráculo al hombre: morir en manos de las fantasías que creó, de su reflejo, ser asesinado por sí mismo.

El autor nos indica que cada micro relato es una semilla que contiene un antes y un después. Semillas que son vestigios y profecías, pero también presentes. En cada fragmento que leemos reconocemos cada vez más nuestro “mundo real”.

Pero no es la Tierra Prometida, sino la promesa nuestra droga.

El teórico ruso Mijaíl Bajtín consideraba los lenguajes como multiacentuados; esto significa que existe una dinámica dónde diferentes grupos procuran acentuar el lenguaje para que sus voces, experiencias y valores puedan ser reconocidos.

En nuestra época, el postulado de Bajtín toma fuerza al observarse cómo prevalecen las voces de ciertos grupos por sobre todas las cosas. Los parámetros casi infranqueables de estas voces fijan promesas para llegar al paraíso. Un mercado simbólico alimenta una promesa mediada por el capital.

Estas voces podrán contar con mayor legitimidad, ahínco y fuerza, pero no son las únicas. “El signo –como diría Valentín Voloshinov- es la arena de las luchas sociales”.

Hoy, el mandato del Oráculo de Delfos es peligroso pero necesario: “Conócete a tí mismo”. YaAldous Huxley decía que el ser humano busca su trascendencia y que un medio para empezar es la meditación.

Debemos meditar que los conceptos de la Tierra Prometida y su promesa son inconsistentes. ¿De qué sirven si no comprendemos nuestro entorno?

Al final de cuentas, cuando el ser humano empiece a entender la nada, le será más fácil encontrar la paz. Hay voces cuyas promesas alcanzan un nivel de ruido sorprendente, aturdiéndonos. Sin embargo, prefiero considerar Fragmentos de la Tierra Prometida como una alerta y no como una profecía inmanente.

Nuestro principal reto es, en medio de esa saturación, detenernos y prestar atención, oír a los demás y a nosotros mismos. Como dice mi estimado profesor Carlos Sandoval en su libro Otros Amenazantes: “la escucha, quizá la dimensión más compleja de la comunicación, es lo que a menudo está ausente”.

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Pájaros de la memoria. Literatura

Núñez Olivas, Oscar. Pájaros de la memoria. Literatura. La Nación. Ancora, (San José, Costa Rica), 30 de julio de 2000

La novela más reciente de Fernando Contreras Castro, El tibio recinto de la oscuridad, demuestra el peso literario de un escritor fiel a sí mismo y capaz de innovarse en cada obra. Esta es su tercera novela después de Única mirando al mar y Los Peor.

Cosa del destino o del azar, nunca lo sabré. Lo cierto es que el mismo día que había dispuesto para escribir esta reseña, recibimos la noticia infausta: diecisiete personas murieron calcinadas en Tilarán, en uno de esos vertederos de huérfanos grandes que se denominan con circunloquios tales como “hogar” o “asilo de ancianos”.

Los partes de defunción culparán al fuego, pero todos sabremos en nuestra íntima conciencia que los mató el olvido, que fueron víctimas de una serie de abandonos superpuestos y que hay cientos -sino miles- de hombres y mujeres en circunstancias similares, arrojados al “asilo” en pago a una larga vida de trabajo y de renuncias personales.

De no haber ocurrido la desgracia, no nos hubiéramos enterado nunca de que esa noche dormían solos cuarenta y un ancianos, en su mayoría inválidos o con sus capacidades físicas severamente disminuidas, al “cuido” de un guarda solitario y casi tan añoso como ellos. Y no tendríamos ahora la sospecha de que muchos otros están en riesgo de acabar su vida de un modo injusto y despiadado.

De esa gran paradoja de la sociedad moderna, la exclusión de los ancianos, nos quiso hablar Fernando Contreras en su novela de reciente aparición,El tibio recinto de la oscuridad, y la vida se encargó de ilustrar con brutal realismo este conmovedor lamento literario.

Autor, como recordaremos, de Única mirando al mar, Los Peor y Urbanoscopio, Contreras es el escritor costarricense de la marginalidad urbana, ingenio capaz de verter en prosa poética a los habitantes del basurero municipal o a las residentes del prostíbulo barato. Poesía, vale aclarar, no de mitificación sino de denuncia y compromiso con la realidad social.

El tibio recinto de la oscuridad no se aparta de esa línea narrativa aunque, como veremos más adelante, constituye una auténtica novedad desde el punto de vista de la forma.

¿Por qué esta vez los ancianos?, le preguntamos al autor en el curso de una esclarecedora conversación, y él nos habla de su angustia por esa gente que llaman de la tercera edad, a la que cada vez más tendemos a descartar, con el mismo criterio con que desechamos las maquinillas de afeitarnos cuando se les gasta el filo.

“Lo que conocemos como asilo de ancianos -nos dice Contreras- es la forma que finalmente adquiere esa condición de exclusión que acompaña la senectud. Creo que ahí no siempre se le da al anciano un asilo afectivo o existencial, sino que muchas veces es un depósito de seres humanos en desecho.”

“Creo que existe un desmedido temor al envejecimiento”, agrega, “quizá por ese culto a la juventud y al cuerpo que nos vende la publicidad. Se aísla a los ancianos como temiendo un contagio.”

La historia

Una mujer sin nombre, escritora por imperativo vital, cumple sus ochenta años y decide recluirse en el “senectario” (término que acuña Contreras por analogía con leprosario o lugares peores), en un acto soberano y consecuente con la que ha sido una vida de ininterrumpidos exilios. Estando ahí, decide escribir sus memorias.

Toda la acción de la novela transcurre en la cabeza de esta mujer que relee sus escritos, repasa los episodios de su vida y, observando el entorno, hace inventario de la senectud y sus miserias.

Al adentrarse en el texto, uno tiene la certeza de estar penetrando en la biografía secreta de alguna de esas tantas mártires de la literatura costarricense. Se barajan y se desechan nombres: Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Virginia Grutter.

Pero “es un personaje metafórico; no alude a ninguna mujer en especial, sino a todas -nos explica Contreras-, porque lo importante de un personaje no es que se parezca a una persona, sino que sean las personas las que se parezcan al personaje”.

“Podríamos pensar, ciertamente, en muchas escritoras costarricenses, pero también en mujeres como Chavela Vargas”, agrega.

Al elegir una mujer, una escritora y una anciana para construir su personaje, el autor modeló, ciertamente, un prototipo de marginación. Se reúnen en ella las formas de exclusión propias de la edad, de las que venimos hablando, pero también las que corresponden a la condición femenina, que en el caso de nuestras artistas de principios y mediados del siglo XX se convirtieron en acoso social, en verdadero estado de sitio.

La “ruptura”

Contreras nos presenta una obra imprevista desde el punto de la forma. Casi podría hablarse de ruptura con todo su texto anterior. No se trata, para empezar, de un relato en línea continua, sino de una rayuela temporal, con saltos hacia atrás y hacia adelante. Es una narración desde la memoria de alguien y “la memoria -nos explica el personaje- es una rama que alberga más nidos de los que aguanta. En cualquier momento se desgarra, y vuelan todos los pájaros”.

Los recuerdos son páginas sueltas, sin reverso, líneas sin extensión determinada y así se nos presenta el libro, de modo que Contreras nos produce la extraña sensación de estar frente a un género literario recientemente inventado. Prosa en verso, poesía novelada…, póngale nombre.

Para él, sin embargo, esa ruptura formal no es especialmente significativa, ni marca un periodo nuevo en su proceso creador. “Solo quise distanciarme de una forma lineal de escribir que no me servía para contar lo que tenía que contar en esta ocasión”, nos asegura.

“La estructura de este relato obedece más a esa forma antojadiza, aleatoria, de la memoria, que tiene tanto de azar, de mecanismo inconsciente.”

Del estilo, lo que sí permanece invariable es el oficio poético que se advierte en sus obras anteriores. Veamos, por ejemplo, la metáfora de la memoria como una rama llena de nidos, citada arriba, o este otro texto:

“Me pregunto cuál será la reina de las letras,/ esa a la que todas cuidan, henchida de huevos fecundos/. Si cada nueva reina abandona el hormiguero/ para iniciar su propio libro”.

O esta otra, en la que se refiere al proceso de adaptación de los ancianos al asilo: “Mientras dura la esperanza, mientras se tragan el cuento/ de que están en un hospital porque se cayeron o porque/ enfermaron de algo, un brillo en sus ojos los diferencia/ de la mirada opaca de los fantasmas. Por ahí sucede/ un día que la precaria esperanza se despluma en pleno vuelo,/ como alcanzada por una pedrada”.

Epígrafe

Hace algún tiempo comentaba una amiga que leyendo Única mirando al mar, llegó a comprender no solo intelectualmente, sino con todos los sentidos, el absurdo del consumismo. Una sensación análoga experimentaron muchos lectores de esa primera y exitosa obra de Contreras.

Y, aunque sabemos que el buen escritor no enseña ni moraliza, sino que narra; aunque sabemos que El tibio recinto de la oscuridad trasciende en mucho el tema de los ancianos, sería deseable que esta novela -así como el sacrificio de esos 17 viejitos que no salen de nuestra conciencia culpable- nos haga comprender el absurdo de aplicar a las personas los parámetros del mercado. Así sea.

http://wvw.nacion.com/ancora/2000/julio/30/ancora3.html

 

 

Pájaros de la memoria. Literatura

Núñez Olivas, Oscar. Pájaros de la memoria. Literatura. La Nación. Ancora, (San José, Costa Rica), 30 de julio de 2000

La novela más reciente de Fernando Contreras Castro, El tibio recinto de la oscuridad, demuestra el peso literario de un escritor fiel a sí mismo y capaz de innovarse en cada obra. Esta es su tercera novela después de Única mirando al mar y Los Peor.

Cosa del destino o del azar, nunca lo sabré. Lo cierto es que el mismo día que había dispuesto para escribir esta reseña, recibimos la noticia infausta: diecisiete personas murieron calcinadas en Tilarán, en uno de esos vertederos de huérfanos grandes que se denominan con circunloquios tales como “hogar” o “asilo de ancianos”.

Los partes de defunción culparán al fuego, pero todos sabremos en nuestra íntima conciencia que los mató el olvido, que fueron víctimas de una serie de abandonos superpuestos y que hay cientos -sino miles- de hombres y mujeres en circunstancias similares, arrojados al “asilo” en pago a una larga vida de trabajo y de renuncias personales.

De no haber ocurrido la desgracia, no nos hubiéramos enterado nunca de que esa noche dormían solos cuarenta y un ancianos, en su mayoría inválidos o con sus capacidades físicas severamente disminuidas, al “cuido” de un guarda solitario y casi tan añoso como ellos. Y no tendríamos ahora la sospecha de que muchos otros están en riesgo de acabar su vida de un modo injusto y despiadado.

De esa gran paradoja de la sociedad moderna, la exclusión de los ancianos, nos quiso hablar Fernando Contreras en su novela de reciente aparición,El tibio recinto de la oscuridad, y la vida se encargó de ilustrar con brutal realismo este conmovedor lamento literario.

Autor, como recordaremos, de Única mirando al mar, Los Peor y Urbanoscopio, Contreras es el escritor costarricense de la marginalidad urbana, ingenio capaz de verter en prosa poética a los habitantes del basurero municipal o a las residentes del prostíbulo barato. Poesía, vale aclarar, no de mitificación sino de denuncia y compromiso con la realidad social.

El tibio recinto de la oscuridad no se aparta de esa línea narrativa aunque, como veremos más adelante, constituye una auténtica novedad desde el punto de vista de la forma.

¿Por qué esta vez los ancianos?, le preguntamos al autor en el curso de una esclarecedora conversación, y él nos habla de su angustia por esa gente que llaman de la tercera edad, a la que cada vez más tendemos a descartar, con el mismo criterio con que desechamos las maquinillas de afeitarnos cuando se les gasta el filo.

“Lo que conocemos como asilo de ancianos -nos dice Contreras- es la forma que finalmente adquiere esa condición de exclusión que acompaña la senectud. Creo que ahí no siempre se le da al anciano un asilo afectivo o existencial, sino que muchas veces es un depósito de seres humanos en desecho.”

“Creo que existe un desmedido temor al envejecimiento”, agrega, “quizá por ese culto a la juventud y al cuerpo que nos vende la publicidad. Se aísla a los ancianos como temiendo un contagio.”

La historia

Una mujer sin nombre, escritora por imperativo vital, cumple sus ochenta años y decide recluirse en el “senectario” (término que acuña Contreras por analogía con leprosario o lugares peores), en un acto soberano y consecuente con la que ha sido una vida de ininterrumpidos exilios. Estando ahí, decide escribir sus memorias.

Toda la acción de la novela transcurre en la cabeza de esta mujer que relee sus escritos, repasa los episodios de su vida y, observando el entorno, hace inventario de la senectud y sus miserias.

Al adentrarse en el texto, uno tiene la certeza de estar penetrando en la biografía secreta de alguna de esas tantas mártires de la literatura costarricense. Se barajan y se desechan nombres: Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Virginia Grutter.

Pero “es un personaje metafórico; no alude a ninguna mujer en especial, sino a todas -nos explica Contreras-, porque lo importante de un personaje no es que se parezca a una persona, sino que sean las personas las que se parezcan al personaje”.

“Podríamos pensar, ciertamente, en muchas escritoras costarricenses, pero también en mujeres como Chavela Vargas”, agrega.

Al elegir una mujer, una escritora y una anciana para construir su personaje, el autor modeló, ciertamente, un prototipo de marginación. Se reúnen en ella las formas de exclusión propias de la edad, de las que venimos hablando, pero también las que corresponden a la condición femenina, que en el caso de nuestras artistas de principios y mediados del siglo XX se convirtieron en acoso social, en verdadero estado de sitio.

La “ruptura”

Contreras nos presenta una obra imprevista desde el punto de la forma. Casi podría hablarse de ruptura con todo su texto anterior. No se trata, para empezar, de un relato en línea continua, sino de una rayuela temporal, con saltos hacia atrás y hacia adelante. Es una narración desde la memoria de alguien y “la memoria -nos explica el personaje- es una rama que alberga más nidos de los que aguanta. En cualquier momento se desgarra, y vuelan todos los pájaros”.

Los recuerdos son páginas sueltas, sin reverso, líneas sin extensión determinada y así se nos presenta el libro, de modo que Contreras nos produce la extraña sensación de estar frente a un género literario recientemente inventado. Prosa en verso, poesía novelada…, póngale nombre.

Para él, sin embargo, esa ruptura formal no es especialmente significativa, ni marca un periodo nuevo en su proceso creador. “Solo quise distanciarme de una forma lineal de escribir que no me servía para contar lo que tenía que contar en esta ocasión”, nos asegura.

“La estructura de este relato obedece más a esa forma antojadiza, aleatoria, de la memoria, que tiene tanto de azar, de mecanismo inconsciente.”

Del estilo, lo que sí permanece invariable es el oficio poético que se advierte en sus obras anteriores. Veamos, por ejemplo, la metáfora de la memoria como una rama llena de nidos, citada arriba, o este otro texto:

“Me pregunto cuál será la reina de las letras,/ esa a la que todas cuidan, henchida de huevos fecundos/. Si cada nueva reina abandona el hormiguero/ para iniciar su propio libro”.

O esta otra, en la que se refiere al proceso de adaptación de los ancianos al asilo: “Mientras dura la esperanza, mientras se tragan el cuento/ de que están en un hospital porque se cayeron o porque/ enfermaron de algo, un brillo en sus ojos los diferencia/ de la mirada opaca de los fantasmas. Por ahí sucede/ un día que la precaria esperanza se despluma en pleno vuelo,/ como alcanzada por una pedrada”.

Epígrafe

Hace algún tiempo comentaba una amiga que leyendo Única mirando al mar, llegó a comprender no solo intelectualmente, sino con todos los sentidos, el absurdo del consumismo. Una sensación análoga experimentaron muchos lectores de esa primera y exitosa obra de Contreras.

Y, aunque sabemos que el buen escritor no enseña ni moraliza, sino que narra; aunque sabemos que El tibio recinto de la oscuridad trasciende en mucho el tema de los ancianos, sería deseable que esta novela -así como el sacrificio de esos 17 viejitos que no salen de nuestra conciencia culpable- nos haga comprender el absurdo de aplicar a las personas los parámetros del mercado. Así sea.

http://wvw.nacion.com/ancora/2000/julio/30/ancora3.html

Biografía de la tierra

Soto, Gerardo J. Biografía de la tierra. La Nación, Ancora (San José, Costa Rica), 24 de julio de 2005

Biografías noveladas hay muchas. Como la del emperador Adriano, de Marguerite Yourcenar. Biografías de la Tierra también abundan, como la de Francisco Anguita, de corte científico divulgativo. Novedoso es ver la biografía del planeta en ocho páginas en el relato Krakatoa (Leyenda preludio), contenido en el más reciente libro de Fernando Contreras Castro, Sonambulario.

Alguna vez le leímos decir al autor que “él era un hijo del Irazú”, porque había nacido en aquel aciago año de 1963, cuando las cenizas del volcán cubrían inmisericordemente la ciudad de San José y alrededores. No cabe duda de que le ha marcado esa paternidad, cuando en el primer relato de su libro escribe que “las erupciones volcánicas de tierra y de mar son las pesadillas más horrendas del planeta y los pájaros que comen sueños, por ley del instinto, se abstienen de probarlas, porque no matan por veneno sino por la aspereza de su sabor.”

En Krakatoa, la hecatombe volcánica de 1883, aunada a la del tsunami asesino que le sucedió, dan cabida a una elucubración filosófica del origen del planeta, hasta la aparición del hombre y el porqué está aquí: “el camino de la evolución no fue sino una variante más de la ciega voluntad sobre la materia animal”.

Bien documentado, Contreras nos lleva de paseo desde la tectónica de placas hasta Darwin, en una ciencia geológica hecha literatura, que va más allá de las sempiternas descripciones geológicas de Alejo Carpentier. Sugestivo, perturbador, si se quiere, es este relato. Y es que perturbadora es la historia toda de este planeta azul, repleta de extinciones masivas, inquietas placas y épocas glaciales. Tanto así, que la ciencia que lo estudia, la Geología, es quizás la más irreverente de todas, porque se ha encargado de desmentir los seis días de la creación, y demostrar que en realidad son 4.600 millones de años de historia terrestre.

Ahí está el único lunar del relato: no son “4.65 billones de años”. Perdonable, porque el mismo autor lo afirma en la contraportada: “Este libro es una bitácora de sueños”.

http://wvw.nacion.com/ancora/2005/julio/24/ancora16.html

El miedo: rasgo identitario en Cuentos de angustias y paisajes, de Carlos Salazar Herrera, y en Urbanoscopio, de Fernando Contreras Castro

Rodríguez Jiménez, Olga Marta. El miedo: rasgo identitario en Cuentos de angustias y paisajes, de Carlos Salazar Herrera, y en Urbanoscopio, de Fernando Contreras Castro. En: Káñina, Rev. Artes y Letras, Univ. Costa Rica. Vol. XXXI (2), pág. 237-243, 2007

RESUMEN: De acuerdo con Erik Erikson, el concepto “identidad” hace referencia al conjunto de las dimensiones más estables de una comunidad, que se expresan en el grupo social y en sus miembros, a pesar de las transformaciones que sufre el grupo.

En las obras Cuentos de angustias y paisajes y Urbanoscopio (pertenecientes a dos épocas y a dos espacios distintos) es común, y destacado en ambas, un rasgo de los personajes (nacidos del grupo social que somos los costarricenses): la dificultad, en algunos casos imposibilidad, para el ejercicio de la palabra.

Nuestra tesis es que ese rasgo identitario negativo constituye una dimensión estable en la comunidad costarricense, la cual puede tener relación con un miedo presente en la formación histórica de la identidad grupal.

ABSTRACT:  Based on Erick Erikson, identity refers to the more stable aspects of a community and it expresses in the social group and it’s members, besides the tranformations that the group suffers.

In the books “Cuentos de angustias y paisajes” and “Urbanoscopio” (each one from different times and spaces) is common and outstanding a character’s feature (born in a social group from most costarricans come from): the problem or in some cases, the impossibility to speak.

Our thesis is that this negative identity characteric constitudes a stable aspect in the costarrican community, and that could have been related to the fear that’s present in the historical development of this group’s identity.

NOTA: Ampliar información en http://www.latindex.ucr.ac.cr/kanina-31-2/19-RODRIGUEZ.pdf

Ginger sin Fred

Cañas, Alberto. “Ginger sin Fred”. La Nación. (San José, C. R.), 15 de mayo, 1993. Sección D, p. 1

 

La pantallita del televisor ha obrado un milagro: ha pasado del usual colorido brillante, ofensivo, puede que natural y trasunto auténtico de lo que vemos continuamente, al grave blanco y negro, signo de lo añejo, de lo antiguo, de aquellos tiempos en que las pantallas –a veces enormes pantallas- nos servían para soñar y no para vernos reflejados en ellas con nuestros vicios, nuestras frustraciones, nuestras violencias y nuestros complejos. Comprendo ahora mejor el significado oculto de esa transición –para algunos meramente tecnológica- del blanco y negro al color, al color estruendoso: esto sirvió para que los hombres de este siglo, que nos hemos pasado buena parte de nuestras vidas contemplado imágenes en pantallas de distintos géneros y tamaños, comprendamos que las pantallas dejaron de ser ventana para ser espejo. Las imágenes en blanco y negro carentes de ese elemento brutalmente realista que es el color (color que ahora puede uno acentuar o suavizar si lo desea) eran francamente irreales, con conciencia de serlo. Eran sueños. Eso es lo que eran. Y la pantalla nos servía para soñar; para salirnos de nuestro mundo, quisiéramos o no, y deslizarnos en otro. ¿Mejor, peor? Simplemente otro.

Frente a mis ojos está Ginger Rogers, y canta una vieja canción, perdida desde entonces, de aquellas que Irving Berlin componía para ella, para que ella las cantara sin Fred. Fred no está en la pantalla. Mi viejo rival Fred. Viejo por lo antiguo, viejo por su edad: tenía por lo menos veinte años más que yo, y se alzaba siempre con aquel dechado de feminidad, de atractivo sexual (sensualidad decíamos entonces) franco, inocente pero apabullante que era Ginger.

Ginger está cantando. Instintivamente, acerco mi sillón un poco más al televisor. Como en aquellos tiempos en que uno concluía que desde la primera fila de lunetas, no es que se pudiera ver mejor a Ginger: es que tal vez pudiese verse más de ella; algo más de lo que los preciosos calzoncitos con que cantaba y bailaba estaban diseñados para mostrar. Un descuido de Ginger, un descuido del camarógrafo, una inclinación mayor del escote, lo que fuera.

En aquellos tiempos, yo no sé si todos los que teníamos quince y dieciséis años estábamos enamorados de Ginger. Pero yo sí lo estaba. Y ese es la realidad que estoy afrontando en este momento. Contemplado ahora a Ginger tal como era, juvenil, refrescante, sonriente, acariciando o enardeciendo con su vocecilla de pájaro, me doy cuenta de que, sin saberlo, el adolescente que yo era, que yo soy, estaba enamorado de ella. No con el amor romántico y pretendidamente becqueriano que dedicábamos a las colegialas de entonces –respetables matronas luego y hoy- sino con un amor de verdad cuya índole no conocíamos, imbuidos como estábamos de la moralidad de las abuelas, para quienes una cosa era una cosa y otra cosa era otra cosa. Pero al ver y escuchar otra vez a Ginger, a ese milagro que es Ginger intacta, Ginger por la que no han pasado los años, Ginger que tiene hoy –frente a los muchos míos- los mismos veintipico que se lleva Fred después de noventa minutos de película, lo comprendo plenamente y sin ningún género de titubeos: de esa Ginger sin mácula, yo estaba enamorado. Yo algo más grave: lo estoy en este momento. De esa imagen que canta y baila (sin Fred) para mí, estoy enamorado. Yo sé que en alguna parte, probablemente en un apartamento de Nueva York a cuarenta metros del suelo, hay otra Ginger, la que algunos llamarían la Ginger de verdad, una octogenaria fuertemente maquillada que goza de un merecido retiro. Pero aquí, en mi sala, frente a mí, está la Ginger que amé, la Ginger que amo. Y esta es, para mí, la verdadera, la genuina, la auténtica. Tan real es para mí esta guapísima chica que canta y baila, que hago un gesto que nunca hice desde las lunetas de la primera fila: extiendo la mano para ver de tocarla.

Y la toco. Sí, mi mano ha acariciado el rostro de la Ginger que amé y que amo; y en uno de los ademanes de su canto, su mano ha rozado la mía. Se ha producido un contacto.

De alguna manera, mi mano trata de deslizarse por su cuello y tomar la nuca de esta Ginger que canta. Lo consigo. Me he apoderado de ella. Me he levantado, ¡claro!, del sillón y la he rodeado con mis brazos. Estamos bailando.

No sé, y a nadie le importa, si es que me introduje en la pantalla, o si Ginger –esta Ginger de veinticinco años que ninguna relación tiene con la que vive en ese apartamento de Nueva York que he inventado- ha entrado a este aposento donde se halla mi televisor.

No creo haberme rejuvenecido. El hombre que baila en este momento con Ginger es el mismo que hace cinco minutos estaba en su sillón contemplando a una Ginger de cincuenta y pico de años atrás. No se ha producido dentro de mí ningún fenómeno que me autorice a creer que he retrocedido en el tiempo. Lo que sucede es que me siento intemporal y puedo tener los años que desee, todos. Y estoy bailando con Ginger. No como bailaba con ella aborrecido rival Fred, sino como yo, en aquellos tiempos, bailaba con mis colegialas. Mi mano es su espalda, la suya en mi cuello, cheek to cheek, bailamos sin complicaciones, como una pareja de enamorados un poco torpes en esas artes. Para bailar conmigo, Ginger ha olvidado todas las exquisiteces y filustrías de la bailarina profesional, para convertirse en la sencilla muchacha que de desliza por el piso con su novio. La música, claro, es la misma que sale de la película, la olvidada canción de Irving Berlin.

Debo hablarle. Se me ocurre decirle en español “ ¿Bailarías conmigo así, siempre …?” Y ella me contesta en inglés (sin subtítulos porque yo no soy parte de la película): “Always”. No hablamos más.

Estoy enamorado de una mujer que no existe. O que existe en otras condiciones y con otro aspecto. Estoy enamorado de una sombra, podría decir alguno que no entiende. Tal vez la sombra sea yo.

La banda sonora de la película anuncia que va a llegar Fred. Mi compañera de baile me dice, en inglés, que debemos separarnos. Nos separamos, y en algún momento estamos cogidos de la mano con los brazos extendidos, como en alguna película –o en todas- lo hicieron Ginger y Fred. ¿Nos volvemos a ver? La respuesta es que sí, que cada vez que ella llegue a la pantalla del televisor…

Regreso a mi sillón. Contemplo a Ginger conversar con Fred. Pero ya no odio a Fred. Porque ahora sé a quien es al que verdaderamente ama la diosa.  Madrid, 20-5-91.

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Presentación de Fragmentos de la tierra prometida, de Fernando Contreras Castro

Rojas, Katheryne. “Presentación de Fragmentos de la tierra prometida, de Fernando Contreras Castro”.  Heredia, Costa Rica: UNA. Facultad de Filosofía y Letras. Escuela de Literatura y Ciencias del Lenguaje. 26 de setiembre 2012 (ponencia)

En primer lugar, quiero agradecer en mi nombre y en el de mis compañeros de la ELCL, la oportunidad que nos brinda Fernando Contreras para que en esta ocasión seamos estudiantes los que vamos a presentar y comentar su último libro. Es un gesto que agradecemos y solo esperamos que él se vaya satisfecho de la actividad y de lo que para nosotros es una experiencia nueva y emocionante.

Fernando Contreras pertenece a la generación actual de narradores costarricenses, con una obra consolidada desde que en 1993 cuando publicó su primera novela, Única mirando al mar, luego Los Peor (1995), Urbanoscopio (1997) El tibio recinto de la oscuridad (2000), Sonambulario (2005), Cantos de guerras preventivas (2006) y  Cierto Azul(2009). Básicamente su obra se hilvana dentro de una línea de marginalidad urbana, en ambientes esperpénticos y personajes precisamente desvalorizados socialmente, contradictorios en cuanto a una “normalidad” discursiva. Sus textos  representan gráficamente a esa Costa Rica de grandes transformaciones sociales y que se contrapone a aquella visión bucólica que tanto identificaba a la generación del Olimpo en el antaño, Contreras plantea un gran desafío al discurso convencional, una crítica simultanea que no distingue la sociedad contemporánea.

Ahora bien, Fragmentos de la tierra prometida es su última obra que se distingue de las demás no solo en el sentido formal sino en su temática, pues su discurso representa una gran ironía a la tierra idílica del mito, que emanaba leche y miel. La nueva tierra que Contreras transforma o describe es aquella donde subyace el aplastamiento de la gran esfera del poder hacia seres explotados.

El nuevo mundo “prometido” es aquel que surge a la sombra de unas circunstancias devastadoras, con individuos controlados, dominados y en ambientes muy desfavorables para vida. Una especie de antesala apocalíptica.

Al hablarse de una sociedad futura, conformada por sujetos y un ambiente desolador, el texto revela una visión distópica del mundo, paradigma ideológico que se caracteriza básicamente por demostrar cómo los diferentes cambios que sufre una cultura se convierte en algo esperpéntico, inhabitable. Así mismo un texto distópico muestra con ironía y sátira (tal como lo hace Contreras) el futuro apocalíptico de un pueblo, una profecía que se desarrolla entorno a todas esas transformaciones que se hilan en un posible presente.

Fragmentos de la tierra prometida es un texto distópico, advierte necesariamente una crisis, la evolución de las fuerzas militares que han violado conscientemente la tierra de los nómadas y que a su vez, la desboronaron poco a poco. Tal es el caso del micro-relato Zonas protegidas donde se muestra lo mencionado anteriormente:

“Uno reconoce inmediatamente la zonas donde la tierra es buena, donde hay agua potable, donde hay granjas. Siempre están alambradas y dicen ‘Zona Militar, Prohibido el paso a particulares’ ”. (p 35)

Parece que la tierra al ser despojada de los habitantes ha adquirido otra función, y es darle soporte a esa gran esfera del poder, no importa si el mundo se cae en pedazos o si afuera de esa Zona Protegida la gente se muere de hambre o sed, eso no importa si en este lugar los peces grandes se tragan a los flacos. No sé porque distingo cierta relación de este texto con los diferentes cambios por los que atraviesa la pequeña suiza Centroamericana.

Hay una enorme relación entre los espacios desolados y los personajes, en especial los ancianos, son personajes cargan la desesperanza, la negación, el olvido y añoranza, por ejemplo en el micro relato “Ojos de perro azul” se relata la preferencia de los viejos con el color azul, pero la voz de la narración omite el azul por el gris, los ojos del abuelo, las montañas, el mar, el cielo. El cambio de los colores no es una mención simple, sino significativa, pues constituye tanto la representación física del ambiente como las emociones; la esperanza, la opulencia, el bienestar ha sido sustituido esporádicamente por el luto, la escases y la injusticia.

Un elemento recurrente sería la mención del espacio Zonas protegidas, donde hay un gran cambio semántico en el concepto. Pues estas Zonas no vienen a ser un área geográfica o ecológica puramente, todo lo contrario representa un campo militar de esta visión futurista. El término aparece en doce de los microrelatos, en tanto libro futurista (libro que imagina una sociedad futura), Fragmentos nos habla de cómo funcionará una sociedad si los signos actuales se desarrollan en la misma línea en que lo están haciendo ahora, y por lo tanto prefigura una sociedad con prácticas culturales deshumanizadas, llenas de controles, las zonas protegidas son zonas de exclusión y de división entre los seres humanos. Es una cultura de muerte, propio de una distopía.

Hay una estrecha relación entre el mundo primitivo y el futuro distópico, pues los términos de Nómadas y Sedentarios aparecen, producto de la desvalorización antes mencionada. Fuera de las Zonas son nómadas y guarda ese significado de un ser despojado: sin tierras, sin casa, totalmente excluidos. Tal es el caso del microrelato “Inseminación artificial” que dice:

“Los nómadas se meten un grano en el oído. Cuando germina, se lo sacan con cuidado y lo siembran en esos esos sacos de tierra que cargan en las espaldas” (p 65)

Si tuviera que hacer una pequeña relación entre este texto y los demás del autor, podría mencionar su primera novela Única mirando al mar, donde a pesar de que son formalmente distintos en su estructura narrativa (Única es una novela y este es un conjunto de microrrelatos), pero ambos imaginan un mundo con problemáticas más o menos semejantes: una tierra prometida que es una especie de basurero de la historia, en la que lo humano como categoría vital está perdido. Aunque, claro, en Única no del todo: la vida aquí es un basurero en que hay posibilidad de recrear algo vital, lazos humanos. Fragmentos es más radical y negativo: lo humano no tiene lugar, la distopía pareciera no tener salida, es una especie de antesala del apocalipsis. En Única se desarrolla en una zona de exclusión (el basurero), pero en donde se puede recrear una cultura de vida, solidaria. Esa es precisamente la diferencia.

El diálogo que establece el texto con el lector, podría reflejarse como una posible reflexión. Los fragmentos de esa tierra prometida, son las múltiples granadas que explotaron, es la visión futurista de un mundo cegado, no obstante esta distopía guarda mucha relación con la sociedad actual, en que el mundo se encuentra dominado por las grandes transnacionales tecnológicas y los gobiernos se vuelven cada vez más irrelevantes, no tanto lo irrelevantes como inútiles. Hay algo del presente que no funciona… podría ser esa pequeña parte de un sistema de mierda.

El texto es un excelente discurso para la humanidad, cuando se lea desde una perspectiva reflexiva, pero toda esperanza que nos evoca el microrelato “Before Vendetta” se desploma cuando el país más feliz del mundo prepara a jóvenes y niños a celebrar sus 191 años de vida independiente, sin saber en realidad que a quienes preparan es a un posible ejército y un ambiente desfavorable con esta percepción distópica de una tierra prometida.