Milagro de la Paz: novela de la realidad salvadoreña de posguerra

Canales, Tirso. Milagro de la Paz: novela de la realidad salvadoreña de posguerra. Diario Latino. Suplemento Cultural 3000. (San Salvador, El Salvador), 24 de junio de 1995

Es la quinta de Manlio Argueta, y en ella el autor revela un alto grado de desarrollo estilístico de su narrativa.

Tributa merecido homenaje a la mujer trabajadora que se debate en medio de una situación trágico-optimista.

I

La primera cuestión que debo destacar como importante en la novela Milagro de la Paz, de Manlio Argueta, es el protagonismo trágico-optimista de tres mujeres: Latina, Magdalena y Crista. Ellas son laboriosas y emprendedoras para no dejarse amilanar ni vencer por las duras situaciones que les antepone la vida, la discriminación social, el fetichismo y el peso casi aplastante de las creencias y tradiciones culturales oscurantistas. Latina, Magdalena y Crista influyen en nuestro ánimo con su universo espiritual de inseguridad, miedo, desasosiego y lo inexplicable, “al pensar si los perros aúllan de miedo a la noche, a los hombres que trotan o a los seres desconocidos que en los últimos días han ido a tirar cadáveres en la calle de Las Angustias”.

De manera imperceptible, el ambiente taciturno se nos figura gris y deviene apoderándose de nuestros sentimientos de lástima, conmiseración hipócrita-católica para con que el prójimo… ¿O es el corazón del salvadoreño sentimental el que funciona? Yo diría que es sólo un aspecto de esto último. Los sentimientos que experimentamos surgen de la solidaridad más que social, humana, entre personas que sufren de soledad y desesperación por ellas mismas y por sus seres queridos. Múltiple sufrimiento. No hablo del clima de fatalidad en que están formados los personajes protagónicos, ya que estos son apenas criaturas ungidas de vida por el autor, para que digan lo que tienen que decir inmersas en sus circunstancias particulares; particulares sí, pero no exclusivas. Los personajes son símbolos, entes, vehículos estéticos, formas del ser artístico.

Pienso que el estado de ánimo protagónico creado desde el principio en Milagro de la Paz homologa una situación de expectativa salvadoreña en el período de la posguerra. Hay ciertos períodos en la vida de las sociedades en que el ánimo parece concentrarse y generalizarse en ciertos asuntos. Es lógico que para que suceda ese fenómeno “sicológico-social” debe existir interés “de todos” aunque por distintas razones e interpretaciones. Milagro de la Paz ha sido creada recientemente.

El autor empezó a escribirla luego de que la mayoría del pueblo, partícipe directo en el conflicto vivido en El Salvador, comenzó a sentir el gran vacío dejado en sus expectativas por los resultados de la guerra. Los salvadoreños pobres, o sea el 90% esperaban más de un conflicto que penetró tanto en el espíritu por lo doloroso, cruel y traumatizante. No fue para menos. La guerra civil, como sabemos, devino en la manifestación armada de un conflicto largamente acumulado. En el transcurso de varias décadas, no pocas generaciones hubieran querido pelearla y echar sus suertes en la historia de una vez por todas: espíritu salvadoreño, si no exclusivo, típico por su radicalismo, “hoy ya me desgracié y voy a terminar de desgraciarme”.

Pero ocurrió que el pueblo que peleó la guerra esperaba otros resultados.

Esperaba más que una paz bastante formal. Mas que una guerra sorda, sin explosiones, pero aún latente. Cifraba esperanzas mayores. Por ello se involucró en la guerra y lo hizo de todo corazón.

Después de muchos anhelos reprimidos, de tantísimos sueños truncados, de tantas vidas sacrificadas, encontrarse con una realidad que muchos estiman prácticamente la misma, con sólo algunos matices insustanciales que no satisfacen porque lo esperado era mucho más. ¿Pero qué era?. Sencillamente, mucho más: la medida de su satisfacción, ese es ahora el conflicto espiritual. Una gran parte de la nación no siente que tiene lo que se fue formando en sus expectativas y sigue haciéndole falta, ¿justicia? La acepción de ese concepto es amplia, igualmente las formas en que se concreta; peor aún, si la “paz” cobra con creces su “disfrute” mediante el encarecimiento y enflaquecimiento de la  canasta básica.

Los estados de ánimo de las sociedades son trasuntados por el arte, y tanto lo poesía como la narrativa tienen la virtud inmediata de aprehenderlos dotados con la nuevas formas apreciativas de la vida. Magdalena, la hija mayor de Latina, fue asesinada no por fantasmas, sino por hombres de carne, hueso y nefastas ideas, con nombres y apellidos conocidos en los expedientes gubernamentales y grupos de poder; sin embargo, nada se hizo ni se hace para satisfacer lo que el pueblo esperaba y aún espera. Ese es el asunto tipificado por la realidad y captado por el autor para ser contado en forma de novela. Un asunto, una situación, entre millares. Seguramente otros autores podrían estar escogiendo los casos y sucesos que narrarán. ¿Quién de nosotros no ha escuchado, como interlocutor tácito o expreso, estas innegables realidades? “Nosotros habíamos oído de los seres desconocidos, pero pensamos que nunca vendrían acá, mucho menos a matar a una mujer embarazada. Al principio creíamos que era obra de los coyotes, pero descubrimos las heridas en el cuello”. Eso responde a los hechos sufridos por personas, por seres sensibles, inteligentes, que conocen origen y esencia de tragedias que les duelen como familiares, y que la paz abstracta ignora por distintos intereses y motivos.

Los significados reales de “la paz” se establecen claramente en cada salvadoreño de acuerdo al dolor infligido por la guerra o por lo que la favoreció. No es lo mismo una paz cualquiera, o, si se quiere, “esa paz” y la que se esperaba con justicia. “La paz sea con vosotros” tampoco es equivalente a “la paz es entre vosotros”. Conocidos los hechos, Milagro de la Paz señala sin tapujos pero con el arte de las formas intelectivas de la ironía, al régimen responsable de la guerra y de tantas muertes, y que poco ha faltado para que condecoren a quienes las cometieron. La amnistía y la burla han sido sangrientas carcajadas de bocas enwhiskadas. El narrador: “El forense dictaminó que se trataba de balas. Tiradores certeros que pegan en el cuello a la distancia de un metro. Su marca registrada de la muerte, pues desde antes del disparo ya no hay posibilidad de vida”.

¿Qué historia es esta? La víctima propiciatoria de siempre se auto-interroga atribulada: ¿Por qué nosotras, que nunca hemos dañado a nadie?”. Esa es la pregunta cuestionadora que la hija menor hace a su madre, mientras esta le prepara la cesta con ropa para la venta con que deberá proseguir el trabajo que efectuaba Magdalena cuando fuera asesinada.

Es conmovedor para cualquier salvadoreño de posguerra, con inteligencia atenta para analizar, medir y asimilar la realidad de su país, escuchar la imprecación de la madre partida por el dolor ante el asesinato de su hija, a manos de “individuos fuertemente armados”, y que repitieron escenas de terror durante la guerra “de baja intensidad”, diariamente: “De ahora en adelante me dará vergüenza vivir”. Así sentencia Latina, mientras en una carreta baja del volcán con el cadáver de su hija Magdalena.

Con manos, que son todas corazón, acaricia el vientre muerto de su primogénita, que lleva en su seno igualmente muerto al nieto esperado. El, juntamente con quien sería abuela y con quien es ya madre muerta, ha sido la víctima del régimen que tiene por “sacrosanto el derecho a la vida de seres inocentes creados por Dios”. Latina, sin saber nada de la política mentirosa y de la moral hipócrita del gobierno de su país, El Salvador, con sus “manos de madre tan acariciadoras”, acaricia el vientre abultado de su hija. Siente a la distancia los perdidos pálpitos del pequeño corazón de quién habría sido su nieto y en ese contacto entre la muerte y la vida palpa su gran tragedia: “ ¿Por qué Dios es bueno con unos y malo con otros?”.

El autor de la novela demuestra esta vez, de mejor forma, que sabe captar aspectos sustantivos del pensar y sentir popular. Cuando habla de los “tiradores que exhiben su certera puntería para matar gente dormida y aciertan en el cuello a la distancia de un metro”. Aspecto este ampliamente manejado por la conciencia por el pueblo. ¿Quién no ha oído en El Salvador referirse a los “grandes guerreros”, minuciosamente preparados en la Escuela Militar y posgraduados en esas técnicas en Fort Braggs y Fort Bennigs? Armados hasta los dientes, necesitaron ir a matar a la población civil mientras dormía.

Sí, para quien está educado para matar, matar es su necesidad de oficio, su ocupación habitual, por ello es que intuitivamente la sociedad civil razona: “el que ha sido educado para matar no esta apto para sembrar frijoles, curar o sacar muelas”; a menos, digo yo, sin una re-educación radical que procure desalojar de la conciencia criminal la conducta que le enseñaron a practicar.

El pueblo se burla. No pierde oportunidad para lanzar sus dardos vengativos contra los responsables de millares de crímenes. De ese modo castiga a los verdugos. Así lo hará durante muchísimos años. De ello estoy seguro.

No es necesario ser profeta, en este caso, al menos, si se estudia el carácter del salvadoreño esencial. Este aspecto nunca será materia de reconciliación en El Salvador. El resentimiento y el sentimiento histórico-social se transmiten de generación en generación y son mucho más persistentes que todas las prédicas publicitarias de las clases gobernantes. ¿Qué Latina podría olvidar a su Magdalena mientras viva? ¿Qué hermano, qué hijo, qué nieto, qué patriota sería capaz de deponer el dolor sentido en sus entrañas y más allá de ellas, por la muerte de sus seres queridos? Como en Milagro de la Paz, el resentimiento y el sentimiento son heridas protagónicas de nuestra historia.

A través del espíritu adolorido, digno, estoico y optimista, la lucha continúa: la vida sigue su curso en el espíritu de Latina, Crista y la niña Lluvia, preparada ya por la naturaleza para ser mujer. Tres generaciones de mujeres portadoras de este nódulo que encarna lo peculiar para la narración, ampliamente tipificado entre las clases populares de El Salvador.

Manlio Argueta tributa merecidísimo homenaje a la mujer trabajadora. Ya antes lo ha hecho en su segunda novela, Caperucita en la Zona Roja, con su bello decir poético, Mamá.  Personalmente me alegro mucho de ello, pues conozco los sentimientos de Manlio. ¡Vaya si los conozco, en cuarenta años de amistad y camaradería! Los personajes de las novelas de Manlio no son “heroicos” ni hazañosos.

Son el caso de Milagro de la Paz, seres anónimos, ignorados, encarnaciones de mujeres trabajadoras, sin fisonomía de “mujeres lindas” de cosmética brillante de televisión a colores; son seres con quienes nos juntamos en las páginas de la novela por obra y gracia de la sensibilidad del autor y las bondades de su arte narrativo; son seres que pisan las mismas piedras de nuestro país; son la mayoría de la nación. Esas mujeres transmiten unas formas de solidaridad, unos modos de amor y de amar, de seres humanos y tienen su concepto de la cultura en que viven, su inteligencia ha penetrado y enraizado en el  medio que las rodea. Lo hacen con y desde el marasmo de supersticiones, creencias religiosas y otras maneras de oscurantismo en que es atraso histórico-social las ha estancado por siglos. Sin embargo, tienen sus formas de conocer e interpretar el mundo, como tenemos todos los individuos que pasajeramente habitamos en este planeta. Y no se crea que las mujeres de Milagro de la Paz están fuera de tiempo con su pensamiento y concepciones. No. Ellas están en el tiempo que viven en su país. Ser como son no es responsabilidad de ellas. ¿Acaso no repiten patrones de conducta del mundo cristiano, en que grandes intereses decisorios del modo de vivir de la gente fundamentan la omnipresente cultura occidental?

¿Conoce alguien que haya nacido en esta tierra y permanecido muriendo su vida aquí, otra cultura y otros tipos de cultura? La trágico-optimista depresión espiritual salvadoreña es consustancial e histórica. La incertidumbre, la inseguridad económica y social, la amenaza política, el miedo, el terror, la pobreza, el analfabetismo, el bayunquismo, el atraso general, en fin, son producto “hechos en casa” en el “país de la sonrisa”. Son elaboraciones histórico-sociales con “sabor a patria”, y otras pamplinas que seguramente puede agregar “la mente venérica de la publicidad”, según lo dijera el poeta Rafael Góchez Sosa. Si usted lo desea puede también decir que son constitucionales y no dirá nada fuera de realidad.

Decía que me alegra mucho que sean mujeres quienes comanden el asunto principal, la trama y el decurso de Milagro de la Paz. En la novelística latinoamericana contemporánea –que yo sepa- este aspecto es raro. En el pasado lo fue menos: Amalia Batista, María, Amalia, Juana Usurdy (Santa Juana de América) y seguramente hay otras. En lo referente a la escasísima narrativa salvadoreña, de plano no existe este aspecto. Nuestros autores han sido muy “machos”. Este Milagro de la Paz, que burla burlando le ha puesto tremenda trampa entre líneas al concepto homologado con otro “Milagro de la Paz”, podría engendrar uno muy necesario, como sería que los lectores empezaran a ver quién rodea con mayor frecuencia sus alrededores. Verían a muchos seres que apenas tienen un nombre sin apellidos, como los personajes de Milagro de la Paz.

II

Magdalena omnipresente

Aunque parezca que Latina –madre de Magdalena y Crista- por ser la madre soltera y cabeza de familia determina el desarrollo de Milagro de la Paz, no es así. El aparente “matriarcado”, en el que la mujer mayor gobierna la familia y es el centro económico-social en la obra, es sólo otro producto “hecho en El Salvador” por el machismo y la deformación socio-cultural: la madre soltera, cabeza de familia, trabaja para procurarle subsistencia a la prole que es hija “de espíritu santo”. En el país no se conoce la fórmula para que los hijos nazcan de engendros “milagrosos” de la nada ni siquiera del aire. Magdalena y Crista, en Milagro de la Paz, no tienen padre ni deben tenerlo necesariamente en la obra, pero fueron engendradas por hombre.

El espíritu de la obra que Manlio relata es Magdalena. Ella es presencia viva, laboral y activa en la primera parte de la obra y aun después de muerta. Es ella quien sale al campo a vender la ropa confeccionada por la madre. Los pensamientos de quienes quedan en casa se mueven en torno a sus viajes. Es su ausencia, Magdalena tiene los hilos de la incertidumbre, la preocupación y el temor por todas las cosas peligrosas que ocurren.

Es presencia y ausencia; hace mutis de la escena concreta, pero continúa siendo el hilo conductor del guión visualizado, escuchado y narrado, con música sorda de fondo que mezcla todos los tiempos de los personajes alrededor de….

En el caso específico de las gentes animadas por el autor, está presente una de las relaciones “inventadas” por la sociedad salvadoreña: no es rural ni urbana. Son seres que, como las aves migratorias, pasan la noche de sus vidas en cualquier sitio. En cualquier lugar donde exista un espacio hacen cobijo y allí se forma y se deforma la familia. Sus componentes ni siquiera saben que la sociedad tenga una estructura con las que clasifica a los grupos de individuos. En definitiva, de lo que se trata es de sobrevivir y nuestros personajes viven-mueren, o viceversa, en cualquier sitio donde haya un solar para urdir una zona marginal”. Allí surgirá un “barrio” y con el tiempo quizá una población y será denominada con la primera ocurrencia de alguien. Cárcel podría ser su nombre con toda propiedad. La casa de Latina y su familia es eso. Algo harán allí los recién llegados; algo improvisaran para ganarse la vida. Veamos la “sociología” de Milagro de la Paz: Magdalena. “La hija mayor sale a la calle todas las mañanas a vender ropa a los campesinos. Ropa que confecciona su madre y que poco a poco ha ido aprendiendo ella también a confeccionar.

La madre cose y la hija menor ayuda a los oficios de casa. Así comparten las obligaciones. Hay soledad en Milagro de Paz, nada más las campanas del reloj público, sonando cada hora”. De ese modo, simple y complicado, es la estructura socio-económica que organiza el autor. Por supuesto que para vivificar su narración debe tipificar los puntos de relación, de lo contrario no crearía arte con su narrativa realista.

El sitio donde transcurre la narración que revelan los seres de Milagro de Paz, unas veces es la casa improvisada donde se cohesiona la vida familiar y económica y donde también está el espacio de los sueños, las nostalgias y el dolor. Otras veces es el pozo donde Juan Bautista (hijo de Crista) ve las estrellas tratando de conocer a su “madre”, Magdalena. No obstante algunas “evidencias” que a propósito deja sueltas el autor, el lector piensa como también “piensa” la familia que Magdalena es madre de Juan Bautista. Sin embargo, el niño es resultado de la fiebre de pubertad que juntamente con la soledad y el deseo de que hubiera un hombre en casa, donde sólo había mujeres, invadió a Crista. Ella pidió y exigió al Chele Pintura que fecundara su vientre.

Sitio novelístico hay igualmente debajo de las cobijas donde las mujeres y los niños sueñan, piensan y desean sin importarles que hora de la noche sea. El insomnio es por igual sueño, enfermedad, fantasía y realidad en los seres novelados. Por el ojo de la llave atisbamos una realidad trágica, pero en la vida real hay millares de esas tragedias a nuestro alrededor que a propósito no queremos ver.

Sitio de novela es también el propio pensamiento de los personajes, sobre todo cuando ocurren cambios en la conducta de Magdalena debido a los soldados de Casamata y/o los coyotes y/o los seres misteriosos. La calle de Las Angustias fue la Puerta del Diablo, El Playón, las carreteras, los barrancos, El Salvador todo: cárcel y tumba.

Los personajes universo-novelísticos elucubran, conjeturan, cuestionan buscando respuestas que quisieran escuchar acerca de tantos asuntos que deben conocerse mientras se vive: “madre, ¿por qué los hombres son valientes y nosotras no?”. Contesta. “Ellos se han inventado que son valientes, pero a la hora de la verdad son más cobardes que nosotras”. Juicio y sentencia muy bien dichos sobre el machismo, que es lo más común y lo más vulgar de la “cultura” salvadoreña: ¿miedo y complejo de inferioridad?

Sitio de novela son también las mariposas en el pelo de Lluvia y en el vientre de Crista, porque donde estén seguirán teniendo la autonomía de vuelo de la imaginación y la belleza poética que tienen en Milagro de Paz; seguirán siendo levadura que dará cuerpo, volumen y alas al pensamiento.

El desprestigio del “machismo salvadoreño”, si es que alguna vez tuvo prestigio, queda peor parado. La leyenda de que los hombres son malos cuando están frente a las mujeres, “aunque nunca hallas sufrido una maldad de ellos”, no es negra, es real. Nos guste o nos moleste: estamos desprestigiados como “machistas”. No lo dudemos. Nicolás embarazó a Magdalena y desapareció; cuando regresó fue para suicidarse. Dicen que Judas igualmente se ahorcó de “arrepentimiento”. El Chele Pintura parece al principio de; la novela que encarnaría al personaje salvadoreño, picaresco, aventurero, vagabundo en el sentido de ser “listo” cargador de barcos, pensador y aficionado a libros, “con mucho mundo”, tampoco es lúcido. Que hay cambios en las apreciaciones de las mujeres de esta ultraconservadora-sociedad- inculta los hay: El Chele reaccionó y se dio cuenta de que estaba encegueciendo. Crista, como buena “machita”, tomó la iniciativa, ¡pero de qué forma!: “Chele, esta será la única vez y vos no serás el padre de nadie, ni voy a necesitar tu compañía, sólo vas a regalarme tu sangre, un hijo”. Elocuente fue Crista. Manlio Argueta, con propósitos o sin ellos, lanzó sus mejores hachas contra la sociedad salvadoreña prejuiciosa, supersticiosa, camandulera, curera, hipócrita, fetichista, fuera de tiempo, etc. Asismismo, llama la atención sobre las “genéricas” que, revelándose contra los estragos que históricamente ha causado el machismo, caen de manera metafísica en el otro extremo: en la mujer sin el hombre y bien sabemos que no se trata de eso, sino de humanizarse: los humanos y las humanas. El sitio en el discurso sigue siendo el original: de ambos. La tergiversación ha sido la culpa principal de los hombres, jefes de los recursos económicos.

Milagro de la Paz es una novela muy rica en planos de apreciación. Está moderadamente estructurada y es narrada con novísimas formas. Vale la pena leerla y, si se lee bien, al grado de asimilarla, mejor. Si nos deja opinión, mejor aún.

Lluvia: la poesía y la esperanza.

Lluvia es una niña encarnación de la aventura y la esperanza. No es otra cosa que la vida del salvadoreño pobre.

Ella bajó del volcán Chaparrastique a Milagro de la Paz. Llegó a buscar a su madrina que le habían dicho que tenía y no conocía.

Llegó a aquella casa donde jugaría el papel de espíritu nuevo, de rediviva Magdalena, por obra y gracia del arte casual-creación. La niña se constituye en el vínculo vitalizador de la obra y llega a ella para quedarse, aún después de haber jugado su rol. Ella es la poesía de Milagro de la Paz y es símbolo de ese algo poético sin el cual el espíritu humano no puede vivir, aunque se viva como mujer y hombre ordinarios. Cuando terminamos de leer un libro, de ver una película o un cuadro pictórico o escuchar un concierto olvidamos estructuras, dimensiones y todo, pero aun después del olvido queda algo: la poesía, el grano de belleza que germinará y nos hará un poco más humanos y alguito más cultos, si se quiere.

Con razón Manlio dice: “Lluvia no va a regresar al volcán porque no tiene a nadie allí”. Como estrella del azar, la Niña ayudó a iluminar un poco los espíritus acongojados de los personajes de Milagro de la Paz, a nosotros también nos proyectó su luz de humilde luciérnaga, que llegó perdida del volcán en busca de un destino que únicamente un poeta pudo brindarle.

San Salvador, abril de 1995.

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Manlio Argueta recibe el Guggenheim

Ernesto García, Carlos. Manlio Argueta recibe el Guggenheim. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 25 de julio de 2005.

La noche en que Manlio Argueta me comentó que la Fundación Guggenheim le había concedido una beca, por acto reflejo hice un recuento de la cantidad de Premios Nobel, Premios Cervantes, Rómulo Gallegos o Juan Rulfo con que cuentan las letras centroamericanas. Esa relación seguramente no la harían los chilenos o los colombianos, pero a los salvadoreños no nos queda más que pensar de esa forma, porque no contamos a menudo con este tipo de distinciones, que al fin y al cabo nos atañen desde el punto de vista de la pertenencia a un entorno que determina nuestra propia historia. Algunos, de manera maliciosa quizá pensarán que no se trata más que de una beca que podría haber recaído en cualquier otro escritor que se lo hubiera propuesto. Yo simplemente me limitaré a decir, que aún en el caso de que eso fuese así, la verdad es que recayó en Manlio Argueta quien con novelas de la talla de Un día en la vida, El valle de las hamacas y Caperucita en la zona roja le han dado identidad propia a la novela salvadoreña y por extensión centroamericana.

En San Salvador sellamos con Argueta el acuerdo de esta breve entrevista y me marché a releer algunos poemas de toda una generación en la que destacan los versos de Roque Dalton, Roberto Cea, Tirso Canales, Roberto Armijo, Alfonso Quijada Urías y por supuesto de Manlio Argueta, es decir, la misma que iluminó como ninguna otra el sendero por donde transitan las palabras de este universo poético que hoy podemos llamar nuestro.

Carlos. Manlio, para un escritor salvadoreño, debe de ser muy importante recibir una beca tan prestigiosa como la Guggenheim pero también supongo que debe de suponer un reto y un compromiso.

Manlio. Carlos, el compromiso como escritor lo tengo desde hace mucho tiempo, y lo sentí más fuerte estando fuera de mi país, en Costa Rica, en Holanda, Canadá, en los Estados Unidos; el compromiso de escribir lo mejor posible y darlo todo por ello, pues por algo escogí ese oficio. Pero sí tienes razón, es un reto, porque en mi proyecto me propuse escribir sobre un tema, -el proyecto que presenté a la Guggenheim- y no siempre se sabe cómo enfocar la obra, estructura, personajes. Porque el trabajo de creación literaria va más allá de un plan o proyecto. Me siento como si hubiera salido embarazado, feliz por supuesto, y debo cumplir con responsabilidad profesional mi propuesta presentada a la Fundación Guggenheim de Nueva York. Debo decirte más, en los 81 años que tiene sólo la han ganado cuatro artistas, Ana Istarú de Costa Rica; Claudia Gordillo, fotógrafa y Pablo Antonio Cuadra, poeta y periodista de Nicaragua. Cuatro científicos de Costa Rica y uno de Nicaragua. Yo inicio por El Salvador.

C. El próximo año se cumple el 50 aniversario de la irrupción en las letras salvadoreñas de la llamada “Generación Comprometida” de la que tú, junto a otros escritores, fuiste forjador. Algunos de ellos han muerto por muy diversas razones, otros siguen escribiendo y publicando sus obras con un cierto éxito ¿Qué ha quedado de todo aquello en el espíritu literario de Manlio Argueta?

M. Los que cumplen cincuenta años somos los del Círculo Literario Universitario, que quede claro y no vaya a pasarnos como la Manyula. El Círculo fue fundado en 1956 por Otto René Castillo y Roque Dalton, ambos muertos trágicamente en esa utopía nunca definida. Dalton, asesinado con un balazo en la cabeza; Castillo quemado vivo en Guatemala por las fuerzas contrainsurgentes de su país. Mientras que la Generación Comprometida fue nominada así en 1950 por Ítalo López Vallecillos, y fue el más activo y promotor de ese grupo junto a Menen Desleal y otros. Como ves, es una paradoja increíble si no fuera porque la realidad es más ficticia que la propia ficción. Cuando vemos los traumas posteriores a esa época dorada de rebeldías, es decepcionante, en muchas cosas los retrocesos son increíbles, el vandalismo de todo tipo, mental y material ha sustituido los ideales que pudieron ser equivocados, pero ideales al fin.

C. Cómo ves ahora los sueños utópicos de tu juventud estudiantil, como poeta y promotor cultural de los años 60, ya que ustedes crearon periódicos, revistas y libros desde la Universidad.

M. La utopía ha sido reinventada por los nuevos políticos a la medida de sus intereses personales. Pero bien, a mí sólo me toca registrar los hechos como secretario de mi sociedad, no puedo mistificarlos, ni flexibilizarlos al impulso de dogmatismos superados. El problema es que no se ha sabido reinventar lo real, por no contar con un archivo de ideas y pensamiento, por no comprender el impulso dinámico de la palabra.

C. Sé que piensas escribir una novela sobre los emigrantes salvadoreños en los Estados Unidos ¿qué es lo que más te llama la atención de ese fenómeno social?

M. Es difícil definirlo en pocas palabras, debo enmarcarlos en toda la novela que aun no he escrito. Pero veamos, me llama la atención que ya no somos los mismos y no nos damos cuenta, o si nos damos cuenta, seguimos dando respuestas fuera de tiempo, nosotros mismos nos damos atol con el dedo. Al no reparar en ese cambio de lo que podríamos llamar “identidad”. Olvidamos que los valores salvadoreños han ido al mundo para hacernos diferentes. Pero también es paradójico, tengo amigos salvadoreños en lugares lejanos como Australia y Nueva Zelanda que siguen siendo más nacionales que los que permanecen dentro del territorio. Lo malo es creer que somos los mejores patriotas del mundo porque vivimos entre las reducidas fronteras salvadoreñas. La gente por sí misma, se da cuenta que esos conceptos de estrechez se vuelve cada vez más en una bayuncada.

El paisito en que nos tocó nacer es cada vez más diferente de lo que creemos, ese paisito sólo existe en mentes que involucionan. Creo que todo lo dicho tiene que ver con la visión de país que deseamos. No sólo no debemos dormirnos en los laureles sino sembrar la estaca para que se reproduzca en bosque.

C. Un día en la vida, se ha convertido en tu novela de mayor proyección internacional y sé que está próxima a reeditarse en España y que de igual manera muy pronto verá la luz una nueva novela tuya ¿Crees que se esta abriendo un nuevo tiempo para la narrativa centroamericana en este país?

M. A veces pienso que perdí buenas oportunidades debido al tiempo de rencor y odio que nos tocó vivir, por lo menos como lo interpretamos en esos años, porque no cabe duda que todavía hay rencor y odio. No sé si es peor que el tiempo de esperanzas y optimismos de antes. Porque ahora el desencanto produce destrucción así en la paz como en la guerra; antes hubo ideales para superar el problema social; ahora veo más vandalismo y bandidismo colectivo. Digo que perdí oportunidades porque fui publicado en Londres por la editorial que fue de los Wolf, de Virginia y esposo (The Hogart Press o Chato & Windus; o por Random House de Nueva York), como escritor fui publicitado por Newsweek, N.Y. Times, Washington Post, para citar periódicos de Estados Unidos. En el exterior gané a mi país y gané otros países no de habla española donde reconocieron mi obra literaria, incluyendo a Israel, los países escandinavos y Rusia.

C. ¿Cómo piensas combinar tu cargo al frente de la Biblioteca Nacional de El Salvador y el acto de escribir tu nueva obra?

Buscaré adaptarme a las leyes que habla sobre becarios. Soy un trabajador emotivo, hay proyectos de desarrollo y modernización de la divulgación y conservación del patrimonio bibliográfico que me es difícil dejar, por eso no quiero dejar la biblioteca y debo coordinar para cumplir mi compromiso adquirido con la Guggenheim Foundation.

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Manlio Argueta propone se otorgue título de Doctor Honoris causa al escritor Roberto Armijo

Argueta, Manlio. Manlio Argueta propone se otorgue título de Doctor Honoris causa al escritor Roberto Armijo. Suplemento Cultural 3000.  (San Salvador, El Salvador), 15 de febrero de 1997

 Estimados compañeros artistas, escritores y periodistas:

Me permito sugerir que nos pronunciemos por medio de esta publicación para que se conceda al escritor Roberto Armijo por parte de la Universidad de El Salvador, el título de Doctor Honoris Causa por sus Méritos Literarios y su Aporte a la Cultura de El Salvador, que es otorgado por la Asamblea General Universitaria, de dicha Universidad.

Estoy seguro que el sector intelectual y académico se sentirá honrado con una distinción de gran categoría para una persona que lo merece, dado sus calidades como escritor y docente.

Justificación:

Roberto Armijo nació en Chalatenango en 1937. Muy joven, en el Instituto Nacional “Francisco Menéndez”, se distinguió como poeta, época en que comenzó a publicar en los suplementos literarios del país.

Ganó varios Juegos Florales de poesía hasta culminar con el Premio Nacional República de El Salvador, 1967, y otros premios centroamericanos en Guatemala y Nicaragua, todos en ensayo literarios, además tiene una distinguida posición como académico en la Universidad de París X Nanterre, Francia.

Sobre su residencia en Europa:

Roberto Armijo salió hacia Francia becado por la Universidad de El Salvador en 1971. Debido a la toma de la Universidad en 1972, perdió su beca y quedó sin apoyo en ese país; sin embargo, obtuvo la colaboración de Miguel Angel Asturias y de Pablo Neruda, ambos diplomáticos en Francia, para trabajar desde 1973 en la Universidad de Nanterre. Comenzando como Lector (Lecteur) hasta alcanzar grado de profesor (Enseignant) de Literatura Contemporánea Latinoamericana dentro del escalafón universitario de dicha Universidad.

Armijo sólo esperaba el tiempo de jubilación para retornar a su país cuando a finales del año 96 le fue anunciada una dolencia con características de suma gravedad, motivo por el cual ha sido objeto de merecidos homenajes por diferentes instituciones nacionales del arte y la cultura.

Obra bibliográfica:

Poesía: La noche ciega el corazón que canta,1959; De aquí en adelante, antología de cinco poetas, 1967; Homenaje y otros poemas, Universidad Autónoma de Honduras,1979; El libro de los sonetos, Universidad Tecnológica, noviembre 1996; Cuando se enciendan las lámparas, Dirección de Publicaciones Concultura, febrero 1997. Los parajes de la luna y la sangre, IEJES, febrero 1997. Poesía contemporánea de Centroamérica, edición Los libros de la Frontera, Barcelona, España. Así mismo se encuentra en prensas una antología poética en la Editorial Universitaria Centroamericana, EDCA, Costa Rica.

Ensayo: Francisco Gavidia, la Odisea de su genio, en colaboración con el Dr. José N. Rodríguez Ruiz, Premio República de El Salvador, 1965; Rubén Darío y su intuición del mundo, Primer Premio Centroamericano de Ensayo, Nicaragua, en 1967; T. S. Elliot, el poeta más solitario del mundo contemporáneo, Primer Premio Centroamericano, Guatemala, 1967; Le poison et la balancae, Editorial Altamira, París, 1997. Además ha publicado varios ensayos en revistas nacionales y regionales como la Universidad, Vida Universitaria, la Pájara Pinta, estas de la Universidad de El Salvador; Alero, Repertorio Centroamericano, Prensa Literaria Centroamericana, Alcaraván, etc., de Guatemala, Costa Rica, Nicaragua y Honduras respectivamente.

Teatro: Jugando a la gallinita ciega, 1er. Premio Centroamericano, Guatemala, 1969; El príncipe debe morir, 3er. Premio, Guatemala, 1969; Los escarabajos, sin publicar. Además tiene cinco obras de teatro de tema salvadoreño, publicadas en un solo tomo en Francia.

Novela: El Asma de Leviatán

Esperamos que nuestra solicitud se sume a la de otros sectores universitarios, para que la Asamblea General Universitaria de la Universidad Nacional conceda dicha distinción en el marco de celebrar el 156 Aniversario de Fundación de dicho centro de estudios superiores del país, honor que se merece nuestro compatriota por sus valiosos aportes como ensayista, poeta, novelista, periodista y dramaturgo; además de académico de una de las universidades más prestigiosas del mundo.

Que Roberto Armijo nos una en esta iniciativa que se concreta en solicitar un honor para quien honor merece.

Los saluda Atte,    Manlio Argueta

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Legado espiritual de Roberto Armijo en el arte de William Armijo

Argueta, Manlio. Legado espiritual de Roberto Armijo en el arte de William Armijo. Co Latino. Suplemento Cultural 3000.  (San Salvador, El Salvador), 3 de enero de 1998

 1- Las hermandades poéticas.

 En mi reciente visita a Europa, invitado por el Ministerio de Cultura de Francia, del 15 al 30 de noviembre, 1997, me pareció que estar en Montmartre sin el poeta Roberto Armijo era como si el barrio no existiera. Tantas veces habíamos recorrido la colina, descubriendo en las casas placas de pintores como Martissse, Toulouse Latrec, Picasso, Van Gogh. En la parte baja del barrio, el apartamento que originalmente había sido de Roberto y que subarrendó su hermano José William Armijo, a doscientos metros del Moulin Rouge y del gigante Sexodrome con sus centellantes luces rojas y a pocos pasos de nidos de trasvestis.

Las anteriores seis u ocho visitas a París fueron producto de mis desprendimientos que hice desde Holanda o Alemania, nada más para ver al hermano poeta. “Vamos a tomar el mejor vino de los vinos baratos, adecuado a nuestra economía de poetas y a nuestro buen gusto”, me decía para referirse al Cote du Rhone; mejor si acompañado de frijolitos fritos, que el preparaba, y queso de cabras, su preferido. Nos reuníamos en la rue André  Antoine, la casa de José William (pero donde Roberto había dejado su estudio y biblioteca); otras veces en el nuevo apartamiento donde vivía con Ana María, en Place Saint Pierre, al pie del funicular que sube hasta el Sagrado Corazón (Sacre Couer, iglesia erigida por los conservadores en la cima de la colina para conmemorar la derrota de la Comuna).

Aquellas mis visitas nunca sobrepasaron los tres días, pero era lo suficiente para hablar de poemas y de literatura, y consolidar la fraternidad que tuvo su origen en 1956, cuando con Roque Dalton, llegó a la casa de Tarquino Argueta, para conocer al entonces desconocido poeta migueleño que a los diecinueve años había ganado un primer premio de poesía.

 2- Las mensajes poéticos son siempre fantasmales.

Al quinto día de mi recién estancia en París, llamé a José William, para entregarle ejemplares del poemario de su hermano: El pastor de las equivocaciones que enviaba Ricardo Aguilar, de la Fundación Salarrué. Necesitaba rememorar al poeta en el lugar de los hechos. “No siento deseos de visitar París sin la presencia de Armijo”, había coincidido conmigo David Hernández desde Alemania. Yo por mi parte, al escuchar a William mi aventure a encontrar la presencia fantasma del poeta. Para seguir el rito, teníamos que rememorarlo con el Cote du Rhone y el queso de cabras. “Yo te invito”, me dice William cuando nos toca pagar en el súper cercano.

Y me doy cuenta del mensaje que me había dejado Roberto: nunca en anteriores visitas había reparado en las esculturas de madera puesta con desgano en los rincones del apartamiento, pleno de libros, de la rue André Antoine. Pregunto a William y me responde: “Son mías, es mi hobby, cuando me siento agotado de cantar, para no desesperarme en la soledad europea”. Me doy cuenta que tiene muchos instrumentos de talla en madera. “Antes estaban abajo, en el sótano, para no disminuirle el espacio que necesitaba mi hermano”, responde a mi pregunta. En verdad el espacio de Saint Pierre es mucho mas pequeño.

Luego consulto con dos amigos latinoamericanos profesores de arte, si habían visto las esculturas de William. Y me dicen cada uno por aparte que muchas veces iban a visitar al poeta Armijo para departir  pero también para admirar las esculturas de su hermano William. Sorpresa. ¿Cómo era posible que nunca lo habíamos comentado con Roberto ni yo hubiese advertido su existencia? “Siempre estuvieron ahí donde las ves ahora”, me dice William, de quien apenas sabía los tiempos difíciles que había pasado para mantenerse vivo veinte años en París tocando la guitarra en plazas y cafés, o bien como actor, y estudiando teatro en la Sorbonne, hasta sacar una maestría. Bueno, en estos momentos sentí que Roberto hacía señales. William sería continuador de su estirpe artística salvadoreña en París.

 3- Ganar un nuevo escultor.

 Comento con José William: “Me han dicho unos amigos que ya es hora que abandones el canto y te dediques a la escultura”. Me dice que se siente un seguidor de la gran tradición del canto popular francés: y me menciona a Brell, a la Piafh, a Aznavour y otros. “Aquí la canción es algo más que el medio para ganarse la vida, es una herencia histórica”. Le repito lo que me han dicho los amigos especialistas: William es un gran creativo como escultor, a nivel de París, aunque el no se haya dado cuenta del todo. El hermano menor Armijo me ratifica que esculpe sus emociones y sus silencios en madera y que cada escultura es buena para el mismo. “A veces me las han querido comprar pero no puedo vender lo que hice para mí, además como podes ver, no son más de dos docenas, pues el canto, que me ha dado la vida en Paris, no me deja tiempo para la escultura, no puedo abandonarlo, además nunca me sentí escultor”. Ahora, William dejó de cantar en la calle o de promoverse como chansonier en los cafés, las ofertas le llegan por teléfono. “Puedo darme el lujo de rechazar y de agotarme menos”. Además desde hace años, el canto le ha dado lo suficiente para pagar los mil dólares mensuales que consume su apartamiento modesto en el París de Montmartre.

Me reafirma que sus esculturas en cierta manera las tenía ocultas y sólo había reparado en ellas su hermano y unos pocos amigos que lo visitaban. Me muestra una que tiene oculta porque se la obsequió a Roberto: una mujer desnuda estirada al cielo como una lanza, con una cabeza entre sus manos alzadas.

Quizás la poesía de Roberto Armijo nos envolvía tanto que no podíamos ver el trabajo de William. Debí descubrirlas en las tantas veces de mis visitas,  me reprocho a mí mismo. Sin embargo, siento que es el poeta quién me transmitió esta vez, desde su muerte cercana, la calidad artística de José William Armijo; es en cierta forma la modestia de este y su amor por el hermano mayor lo que hizo callar muchas veces, en un inopinado gesto de amor y admiración. “Era como mi padre y pensé que yo también moría”, me dice.

Yo lo sé.

En una de las reuniones con los amigos, William promete que le dedicará más tiempo a la escultura, que verá como alquila un pequeño taller, aunque en París es difícil y caro. Y según lo conversamos con unos de sus admiradores, una vez que tenga las piezas necesarias, deberán apoyarlo para que monte su primera exposición en París; pero la idea es no pasar del 1998. Este es el hallazgo que debo al mensaje fantasmal del poeta Armijo, ahí en lo que fue su primera casa, en Pigalle, en la rue André Antoine. Lo demás, para satisfacción del arte salvadoreño, es tarea de José William Armijo.

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Editan novela más reciente de Manlio Argueta

Editan novela más reciente de Manlio Argueta. Co Latino. Suplemento Cultural 3000.  (San Salvador, El Salvador), 17 de enero de 1998

La Dirección de Publicaciones e Impresos de CONCULTURA, edita la más reciente producción novelística del escritor salvadoreño Manlio Argueta “Siglo de O(g)ro”. Con esta obra, que es la más voluminosa, Argueta llega a la sexta novela de su prolífica carrera, a lo largo de la cual a obtenido importantes premios nacionales e internacionales.

“Siglo de O(g)ro’, de acuerdo con los editores, contiene las evocaciones de un niño asistido por una memoria privilegiada. El personaje es Alfonso Trece, un reyezuelo de la pobreza, rodeado de un corte de mujeres que lo miman. Los recuerdos del niño se  ven permanentemente salpicados con las narraciones de las  más hermosas narraciones rurales salvadoreñas.

Esta novela será presentada por la casa editorial nacional en el marco del Tercer Festival por la Paz el próximo 22 de enero. Al acto asistirán autoridades del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, CONCULTURA, funcionarios de la Universidad de El Salvador, en donde Argueta se desempeña como Director de Relaciones Internacionales, así como la comunidad de escritores e intelectuales que tiene expectativa sobre la aparición de otra novela de sus más prestigiados escritores.

Su primera novela “El valle de las hamacas” se publicó en la Editorial Sudamericana en 1970. Siete años más tarde su segunda novela “Caperucita en la zona roja” mereció el premio Casa de las Américas de Cuba, su novela más leída y traducida a varios idiomas es “Un día en la vida”, título tomado de una conocida canción de Los Beatles, donde Argueta narra la veinticuatro horas en la  vida de una mujer campesina en  una de las zonas conflictivas durante el período de la guerra en El Salvador.

Argueta, nacido en San Miguel en 1935, es junto a Roque  Dalton, el autor más representativo de la polémica “Generación comprometida” que comenzó a publicar sus obras literarias alrededor de los años 50. Argueta vivió en el exilio por más de una década, en Costa Rica, donde se desempeñó como catedrático universitario Centroamericana (EDUCA), Argueta retornó al país recién firmados los Acuerdos de Paz.

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Manlio Argueta. “Los poetas darán de que hablar”

Chávez, Luis. Manlio Argueta. “Los poetas darán de que hablar”. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 17 de febrero de 2001, p.7

 Entrevista de Luis Chávez.

¿Cuándo y donde nace Manlio Argueta?

Nací en San Miguel, en 1935, el 24 de noviembre. Ahí estuve toda mi infancia y adolescencia, y me vine a San Salvador a estudiar a la Universidad de El Salvador.

¿Y cómo escritor, que nace primero: el poeta o el novelista?

Comencé a escribir poesía en la escuela primaria, pero en mi edad adulta, como a los 29 años, yo necesitaba decir cosas que ya no las podía decir con la poesía, fue así como decidí meterme a la novela, sin haber tenido ninguna vocación por ésta, ni un ánimo por hacerlo.

Tenemos conocimiento que tu primer novela fue El Valle de las hamacas, la cual ganó un premio centroamericano ¿cuántas novelas has escrito a la fecha?

Bueno después de esa tengo seis novelas más, tomando en cuenta una inédita que se llama Los Poetas, que es la séptima.

Tu última novela, Siglo del O(g)ro habla mucho de tu niñez. ¿Estarías retroalimentando tu niñez, Manlio?

¡Claro!, y es lo que ha llamado la atención en San Miguel, porque realmente las dos últimas novelas que he escrito al volver a El Salvador, después de estar fuera son sobre San Miguel. Una de ellas es Milagro de la paz, que se refiere al barrio donde crecí y la otra es Siglo de O(g)ro, que es mi infancia, siempre en San Miguel.

Estar colocado entre los primeros cinco a nivel mundial con tu novelística ¿qué criterio te aviene?

En realidad del habla española estoy colocado entre los primeros cinco de 100 que escogieron. Claro que para mí es un gran estímulo. Es casi sorpresivo, ya que mi novelística no es tan conocida como la de otros novelistas que quedaron en puestos inferiores; sin embargo, algo encontraron en mi novela. Más que todo, -dicen los jurados- que es por el aporte social y la contribución en el siglo, según los contenidos de la novela, o sea, no es éxito por mayor venta o mayor publicidad que recibe una novela, sino que estudiaron influencias que ha tenido, y como mi novela “Un Día en la Vida” precisamente, que es la que galardonaron, ha tenido mucha distribución y mucha circulación a nivel mundial, de manera que es posible que eso motivó a los jurados, que no eran siquiera centroamericanos los que dieron esa denominación y es en habla española. Las 100 mejores novelas del siglo de habla hispana…Bueno, la primeras cinco: de (Gabriel) García Márquez, escogieron dos, de Carlos Fuentes, una, de Mario Vargas Llosa, otra y yo. Somos cuatro, pero como García Márquez participó con dos novelas, porque no es a los escritores, sino las novelas más importantes, entonces GABO tiene dos novelas en los primeros cinco lugares.

En los corrillos literarios se decía que te habían tomado el pelo. Muchas veces la envidia nos corroe; salieron algunos comentarios hirientes en los medios periodísticos del país. Sin embargo, mantuviste tu humildad, tu manera de ser, te conozco de años y sé la trayectoria que tienes Manlio. ¿Cuál fue tu reacción?

Al principio sentí un poco de sentimientos que me afectaban, pero, después me di cuenta que era normal. Fíjate, el hecho de aparecer al lado de Carlos Fuentes, de Vargas Llosa (Mario), para muchos intelectuales nuestros eso es inconcebible, pero, realmente, como yo se los decía, no soy yo quien lo decidí. Son jurados que trabajan en los Estados Unidos como críticos, como científicos sociales y como editores, de tal manera de que yo sabía la realidad de la nominación, pero no dejaba de sentirme afectado que mis compañeros, en vez de alegrarse y celebrar conmigo, se molestaban. Pero como sé la circulación que ha tenido la novela, lo acepté con sorpresa.

En tu poesía también nace el niño que llevas dentro. Ahí hay un verso que dice “saludas al mundo como un niño malo”, ¿estaría cargada tu poesía de lirismo, pero de un lirismo social?

Si, ese verso está en un poema que se llama Réquiem para un poeta, que yo se lo dedico a Orlando Fresedo, uno de mis poetas favoritos cuando yo me estaba formando como poeta, inclusive para ganar los premios. Quiero decirte que yo surgí de la nada. Yo gané dos primeros premios uno en noviembre y el otro en diciembre, sin que nadie supiera quien era yo, del anonimato de San Miguel, porque ese año me venía para San Salvador, y recuerdo que de los poetas que más me influenciaron fue precisamente Orlando Fresedo. También se Siglo de O(g)ro, ahí hablo de que “la infancia es la patria del poema”.

Tu trabajo no está comenzando, pues ya hay una experiencia acumulada, tenés una novela inédita… ¿qué otros proyectos tienes Manlio?

Tengo dos libros de poemas inéditos, uno que lo he venido trabajando inclusive me han publicado alguna parte en inglés, en una editorial bastante conocida en Nueva York, que se llaman Norton Press, una de las cinco o seis editoriales más grandes de Nueva York, pero yo lo quiero publicar en español.

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Desde Alemania. La realidad novelada

Hernández, David. Desde Alemania. La realidad novelada. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 21 de febrero de 1998.

 David Hernández entrevista a Manlio Argueta. Primera Parte.

Realizando una gira por Alemania, Holanda y Francia, luego de participar en el encuentro “Las bellas letras extranjeras” promovido por el gobierno francés, llegó a Hannover el escritor Manlio Argueta, invitado por la iniciativa cultural alemana “De pueblo a Pueblo”, para realizar una lectura de sus novelas e intercambiar opiniones con docentes de la Universidad de esta ciudad. Argueta, que es Secretario de Relaciones Nacionales e Internacionales de la Universidad de El Salvador, aprovechó su estancia europea para realizar gestiones ante universidades alemanas y holandesas.

Autor de seis novelas claves en la literatura salvadoreña, muchas de ellas traducidas a más de diez idiomas y con varias ediciones internacionales en Argentina, Uruguay, España, Cuba, Nicaragua y Costa Rica. A sus sesenta años, Manlio Argueta sigue incombustible. Su última novela Siglo de O(g)ro, recién salida de la imprenta y que se perfila como el inicio de una saga autobiográfica, da testimonio de su intensa capacidad creadora y de trabajo.

Aprovechando su estadía en Hannover, a nivel más bien informal, salió la presente entrevista que es el resumen de una charla larga e intensa sobre la política, la cultura, la economía, la situación actual de nuestro país y sobre todo, un conversatorio sobre la literatura y los poetas salvadoreños. Manlio, el escritor más internacional y viajero de nuestro país fue durante el conflicto bélico de la década pasada el comunicador que teníamos los intelectuales salvadoreños regados por el mundo. A través de él, quienes residíamos en Europa, nos enterábamos de la vida y el quehacer de los salvadoreños en Vancouver, en Washington, en San Francisco, en los Angeles, en Toronto, en Montreal, en Nicaragua, en el interior de país o en Australia. Era algo así como el personaje viajero de Macondo, Francisco el Hombre, un narrador que va por el mundo contando a sus oyentes los acontecimientos de viejos conocidos residentes en otros confines del planeta con pelos y señales, y recogiendo noticias y sucesos recientes para incorporarlos a su repertorio de historias. Dentro de ese contexto se ubica esta entrevista.

David Hernández: Dime en primer lugar ¿a que se debe tu actual estadía en Europa?

Manlio Argueta: Vine a París invitado por el Instituto del Libro, del Ministerio de Cultura de Francia, programa “Las bellas letras extranjeras”. Asistí con otros escritores centroamericanos como Mario Monteforte Toledo, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Claribel Alegría, Anacristina Rossi, Roberto Castillo, Sergio Ramírez, Ana Istarú y otros. Fue este un acto político-cultural, expresión que los salvadoreños conocemos muy bien. A centroamericanos y franceses, por larga tradición es fácil combinar las dos caras de esa misma moneda.

David Hernández; ¿Qué nuevos nombres o rostros se destacan en la letras salvadoreñas de hoy?

Manlio Argueta: Refirámonos a los que andan por los 30 años: Otoniel Guevara, Jacinta Escudos y Horacio Castellanos. Pero en general hay un  surgimiento de la narrativa en el país, un “boom” de la narrativa, muchos están escribiendo novela. Creo que es muy importante porque a través de la novela se puede expresar con amplitud realidades de un país que tiene indefinida su conformación cultural, lo cual se refleja en desigualdad y retrasos sociales. La literatura puede solventar en parte muchos vacíos, en el área de los valores, por ejemplo. En especial la narrativa. Así, cuando los escritores salvadoreños escriben novela deben hacerlo como una búsqueda, de forma y contenido; además, decir lo que otros callan. Hay entusiasmo por el cuento, el testimonio, la novela que fortalecerá las letras nacionales.

David Hernández: ¿Hay una participación activa de la sociedad civil salvadoreña en el proceso político actual?

Manlio Argueta: El proceso que estamos viviendo es producto de una concertación táctica, aunque hay Acuerdos de Paz que obligan, pero solo entre los beligerantes. Ello hace que estos tengan la sartén por el mango, con un protagonismo casi monopólico, tanto en los medios como en el ejercicio del poder público. Es decir que solo los miembros de un partido pueden aspirar a cargos de elección popular, por ejemplo. Las organizaciones civiles o un especialista, un politólogo, una personalidad, que podrían aportar debe ser avalado por un partido o no participa y lo que es peor no le es posible involucrarse en los asuntos de la Nación. Eso no es correcto, porque cierra las puertas para escuchar otras iniciativas y voces. Y como los políticos firmaron el pacto ellos tenían que servirse con el  cucharón más grande. Inclusive son los que tienen casi toda la presencia en los medios, son el obligado marketing. Las otras voces apenas existen. Aunque para ser justos, debo afirmar que comienza a haber confianza en las organizaciones civiles que están aportando públicamente sobre derechos humanos, problemas de género, medio ambiente, educación alternativa, cristalinidad en manejos financieros.

Pero se abren menos las puertas a los intelectuales, como si no tuviésemos nada que aportar hacia la sociedad y quizás eso ha dado origen a un estancamiento en orden a aportar un nuevo pensamiento. Por ejemplo, el poeta Otoniel Guevara dice que solo las putas y los escritores no están organizados en El Salvador, pero ¿sabes? Las putas se organizaron en la entidad “Flor de piedra”. Los escritores deberíamos al menos tomar ese ejemplo. Claro, si el escritor trabaja con la palabra, es especialista en ideas y palabras, se convierte casi siempre, en subvertidor, plantea pensamiento. Por otro lado, los medios tienen la libertad –y eso debe ser así- de dar o no cabida a la palabra que problematiza o que disiente. Es una lástima porque en las emergencias de país en crisis por una cruenta postguerra, se pierde la función de los medios como educadores de ciudadanía, en los valores por ejemplo.

Los medios y el sistema educativo, valga la redundancia, están obligados a educar. Puedo decir que el marginamiento a las expresiones literarias no solo proviene de la falta de visión de los medios sino de la escasa cohesión gremial que hemos significado, el daño nos lo hacemos nosotros mismos, que no estamos poniendo lo que nos corresponde. !En un país como el nuestro donde la única forma de sobrevivir es estar organizado!

David Henández: ¿Qué sitio ocupa la violencia cotidiana en la preocupación de la población salvadoreña?

Manlio Argueta: En las estadísticas, la inseguridad y la violencia ocupa el primer lugar de preocupación, incluso por encima de la crisis económica (con un 53% de desempleo y subempleo). Esto te da una idea de lo radical que se ha vuelto la violencia. Esto afecta a los sectores populares y a todo el país en tanto obstaculiza la inversión, contiene el turismo, deteriora el rendimiento laboral. Lo peor es la perdida en vidas, la ocupación de los pobres recursos con que cuentan las clínicas en atender a las víctimas de una violencia brutal. No podemos esperar modernización si antes no solucionamos la violencia. Es quizás una de los problemas que aún calificado como “elemental” está dificultando la reconstrucción nacional. Y la sensibilidad única que se evidencia para solucionar el problema es construir cárceles, o bien con la represión; existe poca visión sobre el significado de reeducar al delincuente, o prevenir el delito.

En verdad, la violencia y la inseguridad ciudadana es producto de la inseguridad social. No cabe duda que debe cultivarse el humanismo en la educación para que se refleje en los sectores productivos, la protesta y presión social no son suficientes. Por todos lados predomina la falta de solidaridad, producto del distanciamiento entre dirigentes y bases sociales que no permite detectar los aspectos explosivos de la realidad. No se vislumbra a corto plazo suprimir las causas que originaron la guerra, siguen subsistiendo, y quizás se han agravado. Esto llena de preocupación y nos preguntamos hasta dónde nos va a llevar esa espiral destructiva; aunque se debe reconocer que se han abierto espacios inéditos de tipo político, que fueron inconcebibles en toda nuestra historia antes de los Acuerdos de Paz.

Pero la crisis nacional no es solo de ese carácter. No hay recursos suficientes para resolver los problemas sociales y cuando hay algunos paliativos, como es el caso de las remesas familiares que envían los salvadoreños desde los Estados Unidos, no existe atención para planificar su uso, sino que se dejan a la disposición del consumismo. De nuevo pocos se sirven con la cuchara mas grande y en este casos de los más pobres, que son los que emigran. No hay proyecciones para generar empleo o ahorro. Da la impresión que estuvieramos esperando que se hunda el barco, cada quien vela por salvar su pellejo.

David Hernández: ¿Qué me dices del problema ecológico nacional?

Manlio Argueta: En América Latina, el segundo país más deteriorado ecológicamente después de Haití es El Salvador. Hay daños ecológicos ya irreversibles. Ahora se ha nombrado un ministerio de Medio Ambiente, pero no cuenta con recursos y en ese marco hace falta que se le apoye con un plan de salvación. No se puede resolver ese deterioro ecológico con propaganda como ocurre en la actualidad, que a veces es la única manera de justificar el gasto de los fondos internacionales. La salida tiene que buscarse dentro de un plan de emergencia, que de dimensión estratégica al problema, antes que nos quedemos sin ríos y sin recursos naturales.

En esta discusión hay contradicciones entre varios sectores, el más poderoso no tiene interés en resolver este problema porque ven su interés político o económico inmediato, un poco a lo coyol quebrado coyol comido. El plan estratégico debe crear conciencia de que el deterioro ambiental está haciendo del país un desierto. No todos lo vemos así. Algunos sectores políticos socarronamente se refieren a este planeamiento como una visión apocalíptica. Ellos no ven lo crítico, sólo quieren resolver los ingresos económicos inmediatos. El hecho de que estos sectores hablen de visiones apocalípticas, implica que no le van a prestar atención al problema del medio ambiente, ni van a preservar los recursos naturales, a menos que la sociedad civil presione. Es necesario una iniciativa nacional que haga tomar conciencia sobre la catástrofe ecológica que nos va a dejar sin agua, sin tierras fértiles y hasta sin los últimos animalitos que aún existen el la campiña salvadoreña.

Fin de la primera parte.    Hannover, diciembre de 1997.

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Escritor Manlio Argueta fue declarado Hijo Meritísimo

Zelaya, Cristian. Escritor Manlio Argueta fue declarado Hijo Meritísimo. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 18 de noviembre de 2000. p 46

 San Miguel.

Muchas de las obras del escritor se inspiraron en sus vivencias en las calles en que creció. La municipalidad migueleña reconoce su labor.

Si usted transita por la 5ª. Calle Poniente, de la cabecera departamental, recuerde que desde ayer se llama Calle Manlio Argueta. Fue una determinación municipal para estimular al escritor migueleño, autor de “Un día en la Vida” y “Caperucita en la zona roja”.

En el marco de los festejos en honor a Nuestra Señora de La Paz, se efectuó un acto en el Teatro Nacional Francisco Gavidia. En su desarrollo, el Concejo Municipal entregó a Argueta el nombramiento como Hijo Meritísimo de la ciudad.

Fue la forma de reconocerle el aporte cultural del escritor.

Argueta agradeció el gesto y, aunque tiene más de 40 años de haber abandonado San Miguel, recuerda su infancia y juventud que vivió en la calle mencionada.

Su carrera como escritor inició luego de ganar una versión de los Juegos Florales, precisamente en San Miguel. Desde los tres años y medio hasta los diez y nueve vivió en la calle que desde ayer lleva su nombre.

Aplausos

Abundan los aplausos para el escritor. El alcalde Wilfredo Salgado expresó que el Comité de Arte y Cultura busca con este tipo de actividades rescatar y revivir los valores culturales.

“Manlio Argueta es alguien que ha puesto en alto la literatura salvadoreña y nosotros como migueleños estamos en la obligación de reconocerlo”, expresó.

Muchos migueleños mostraron su complacencia y confían en que las actividades culturales que se desarrollen en la ciudad estimulen a quienes aportan al desarrollo formativo de la ciudad y al rescate de la verdadera identidad local.

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Un Día en la Vida. Al Teatro

Reyes, Alfonso. Un Día en la Vida. Al Teatro. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 6 de setiembre de 2001. p 104

 La compañía “Teatro de la Calle” presenta la temporada de la obra del escritor salvadoreño Manlio Argueta durante las primeras semanas de septiembre.

Una suave luz le descubría el rostro. Su ceño estaba fruncido, preocupada tal vez. Lo cierto es que estaba sentada sobre una pequeña silla, suspendida en el tiempo por los pensamientos, tanto, que su entorno pasaba inadvertido ante sus ojos. Lupe pensaba en su matrimonio con Chepe y en los acontecimientos que acarrearon esta unión.

Mientras tanto, al extremo derecho de la habitación, tres ánimas yacen en el suelo, para luego rescatar, a través de la música y movimientos, aspectos ancestrales del país. Pero el comienzo se establece con un legendario capítulo de la narrativa costumbrista salvadoreña.

En otra parte, en las butacas del teatro Ricardo Mendoza Alberto (director del grupo “teatro de la Calle”) explicaba que “estamos presentando la obra “Un Día en la Vida” de Manlio Argueta, que está basada en la situación socio-histórica que vivían los campesinos en los años 60 y 70, que era la persecución de parte de las autoridades”.

“Un Día en la Vida” se ha gestado desde enero de este año, y se había programado el estreno para marzo. Sin embargo y como todo lo que se programó para los primeros tres meses de este año –por  culpa de los terremotos- la obra no se definió sino hasta julio, y el martes pasado fue estrenada en el Auditorio Ignacio Ellacuría, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, por la compañía “Teatro de la Calle”.

Esta obra, escrita en los años 70 y adaptada a teatro en 1990 por Manlio Argueta, se enclava en la zona norte de Chalatenango. En este contexto espacial, “Lupe” (personaje principal) desarrolla su vida en comunión a 17 personajes, cuyo hilo conductor es la persecución militar.

Danza sobre teatro.

Las ánimas que se habían situado al extremo derecho del escenario constituyen el grupo de teatro, que además proponen otra corriente artística en escena: la danza contemporánea. Este aspecto había sido contemplado por el escritor salvadoreño cuando creó la versión para teatro.

A pesar de esto, la compañía “De la Calle” transforma esta visión del escritor para adecuarla al contexto salvadoreño. “Manlio Argueta propone una danza con perfiles europeos, pero nosotros rompimos con eso, y proponemos la danza moderna, cuya coreografía es obra de Didine Angel (bailarina encargada de la sección de danza en “Teatro de la Calle”).

Sobre el entablado, Lupe guarda silencio, mientras las luces ceden ante la oscuridad. Vuelven las luces, y con ellas las ánimas con movimientos que expresan un aspecto de la obra. De esta forma, “la danza ayuda a que se entienda todo el contexto de la obra” indica Ricardo Mendoza.

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Fiesta Teatral

Martínez, Lilliam. Fiesta Teatral. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 28 de marzo de 2002.

 En el marco del Día Internacional del Teatro, un grupo de actrices y actores se prepara para llevar a Costa Rica una nueva adaptación de “Un Día en la Vida”.

 Artteatro celebró el Día Internacional del Teatro por adelantado con la presentación de “Voces en el umbral”, a inicios de este mes. Después, Moby Dick hizo lo suyo con “Beranarda”.

La Casa de la Cultura de la colonia Centroamericana, La Luna y “La Chulona” serán puntos de encuentro para celebrar este día. Mientras tanto, los actores y actrices de Teatro La Calle se tienen algo entre manos.

 “Un Día en la Vida”…tica.

Teatro La Calle presentó hace casi un año una adaptación de la novela más conocida de Manlio Argueta a nivel mundial: “Un día en la Vida”.

Alguien de la embajada tica en nuestro país, vio la obra y le gustó. Por esta “buena fortuna”, Teatro la Calle está invitado a participar en el Festival Internacional de las Artes que cada dos años se realiza Costa Rica. Las presentaciones de “Un día en la vida” estan programadas del 17 al 20 de abril en la tierra del ¡pura vida!.

Con un viaje en su agenda, cuatro actrices (Rubidia Contreras, Xucit Chaves, Susana Reyes, Isabel Rodríguez) y tres actores Francisco Borja, Oscar Guardado y Ricardo Mendoza) se preparan. El lunes Santo, Planeta los pilló en pleno ensayo general, con vestuario y todo.

La puesta en escena que preparan se basa en una nueva versión teatral de la novela de Argueta. Es decir, está “obra” es diferente a la que se presentó el año pasado. Ricardo Mendoza y Manlio Argueta son los responsables de los cambios, pues veían “problemas de estructura”.

“En esta versión se introducirá un elemento nuevo: cine (video) dentro de la obra de teatro”. Con la ayuda del departamento de Comunicaciones y Periodismo de la UCA, Teatro La Calle podrá proyectar estractos de documentales de los 80s “para recalcar lo qué sucedió en ese entonces”, explica Mendoza.

Los gastos de estadía corren por cuenta de los organizadores del Festival, pero para “el pasaje” Teatro La Calle hará una breve temporada del 4 al 6 de abril en la UCA. La entrada costará 20 colones para estudiantes y 25 general. La obra ¡los vale!

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