La sotana revive al querido Carmuco

Sánchez C., Alexánder. La sotana revive al querido Carmuco. La Nación, Viva (San José, Costa Rica), 7 de febrero de 2013, p.8

 

Carmuco encuentra su preciada sotana y, en medio de la basura, comienza una nueva vida. Es ahora el “sacerdote” de los buzos, o más bien, el oasis espiritual en medio de viejas penas, carencias y un sinfín de esperanzas.

El miércoles 13 de febrero, en el anfiteatro del Cenac (7 p. m.), se estrenará el cortometraje Carmuco, de Patricia Velázquez. El filme es un extracto de lo que será un próximo largometraje basado en la novela tica Única mirando al mar (1993), de Fernando Contreras.

De hecho, el guion del corto es obra del mismo Contreras y Gabriela Calderón. Ambos autores recrearon el momento en que Oso Carmuco, personaje destacado de la novela, halla su famosa sotana y comienza su peculiar misión.

Con un libro de rezo en mano, Oso Carmuco – que es alcohólico y no respeta del todo el voto de castidad, oficia ‘misas’ y hasta matrimonios en el mismo botadero.

“Al igual que el largo, el corto retrata momentos posteriores a la novela. En el caso del cortometraje, la trama se ubica 20 años antes de los hechos narrados en Única mirando al mar”, explicó Velázquez.

Quien en el corto da vida a Oso Carmuco, es el actor Armando Herrera, quien se desempeña como conductor de bus, en la ruta Tibás-San José.

“Actuar es mi pasión y me entrego al máximo cuando hago un papel. Es como si fuera un actor profesional. Tanto es así, que al igual que Oso Carmuco, llegué a sentir que yo era, realmente, el cura de esa comunidad”, dijo entre risas Herrera.

“Para mí fue impresionante hacer ese papel, pues él, a pesar de que podría verse como un hombre perdido por su vicio, encuentra valoración siendo un cura. Entonces, su vida toma un sentido, que es ayudar a los demás”, agregó Herrera.

Pero no solo el Oso Carmuco saldrá en el corto; también aparecerán personajes como la famosa Única, el Bacán y don Retana, todos muy conocidos de la novela.

Laborioso. El corto Carmuco, de 10 minutos de duración, se filmó durante dos días en Miramar de Puntarenas, con jornadas de trabajo de casi 18 horas continuas.

“El primer día grabamos en un precario a orillas del basurero… Había pobladores muy inquietos por el corto. El segundo día fue peor: estábamos dentro del basurero y el calor de Puntarenas, sumado al hedor de la basura, hacia todo muy duro”, recordó Velázquez.

A pesar de todo, la realizadora destacó que el equipo de trabajo se entregó al máximo para lograr el producto final, el cual usted podrá ver de forma gratuita en el Cenac.

Incluso, Velázquez recordó que Herrera llegó a hundir su cabeza en la basura, como muestra de su compenetración total con el personaje central del filme.

Lo que se viene. La filmación del largometraje –del cual se desprende el cortometraje Carmuco–, se espera realizar en el 2014.

Según Velázquez, el largometraje está en etapa de desarrollo y ya recibió apoyo económico por parte de Proartes y el programa Ibermedia.

“Con la conclusión de este corto, considero que ya tenemos una carpeta sólida para solicitar fondos para la producción del filme”, explicó Velázquez.

“Con Carmuco se cierra un ciclo, pues más allá de realizarlo para facilitar la búsqueda de financiamiento, necesitábamos filmar en el basurero, con todo lo que eso implica”, finalizó la cineasta

http://www.nacion.com/2013-02-07/Entretenimiento/la-sotana-revive-al-querido-carmuco.aspx

Pájaros de la memoria. Literatura

Núñez Olivas, Oscar. Pájaros de la memoria. Literatura. La Nación. Ancora, (San José, Costa Rica), 30 de julio de 2000

La novela más reciente de Fernando Contreras Castro, El tibio recinto de la oscuridad, demuestra el peso literario de un escritor fiel a sí mismo y capaz de innovarse en cada obra. Esta es su tercera novela después de Única mirando al mar y Los Peor.

Cosa del destino o del azar, nunca lo sabré. Lo cierto es que el mismo día que había dispuesto para escribir esta reseña, recibimos la noticia infausta: diecisiete personas murieron calcinadas en Tilarán, en uno de esos vertederos de huérfanos grandes que se denominan con circunloquios tales como “hogar” o “asilo de ancianos”.

Los partes de defunción culparán al fuego, pero todos sabremos en nuestra íntima conciencia que los mató el olvido, que fueron víctimas de una serie de abandonos superpuestos y que hay cientos -sino miles- de hombres y mujeres en circunstancias similares, arrojados al “asilo” en pago a una larga vida de trabajo y de renuncias personales.

De no haber ocurrido la desgracia, no nos hubiéramos enterado nunca de que esa noche dormían solos cuarenta y un ancianos, en su mayoría inválidos o con sus capacidades físicas severamente disminuidas, al “cuido” de un guarda solitario y casi tan añoso como ellos. Y no tendríamos ahora la sospecha de que muchos otros están en riesgo de acabar su vida de un modo injusto y despiadado.

De esa gran paradoja de la sociedad moderna, la exclusión de los ancianos, nos quiso hablar Fernando Contreras en su novela de reciente aparición,El tibio recinto de la oscuridad, y la vida se encargó de ilustrar con brutal realismo este conmovedor lamento literario.

Autor, como recordaremos, de Única mirando al mar, Los Peor y Urbanoscopio, Contreras es el escritor costarricense de la marginalidad urbana, ingenio capaz de verter en prosa poética a los habitantes del basurero municipal o a las residentes del prostíbulo barato. Poesía, vale aclarar, no de mitificación sino de denuncia y compromiso con la realidad social.

El tibio recinto de la oscuridad no se aparta de esa línea narrativa aunque, como veremos más adelante, constituye una auténtica novedad desde el punto de vista de la forma.

¿Por qué esta vez los ancianos?, le preguntamos al autor en el curso de una esclarecedora conversación, y él nos habla de su angustia por esa gente que llaman de la tercera edad, a la que cada vez más tendemos a descartar, con el mismo criterio con que desechamos las maquinillas de afeitarnos cuando se les gasta el filo.

“Lo que conocemos como asilo de ancianos -nos dice Contreras- es la forma que finalmente adquiere esa condición de exclusión que acompaña la senectud. Creo que ahí no siempre se le da al anciano un asilo afectivo o existencial, sino que muchas veces es un depósito de seres humanos en desecho.”

“Creo que existe un desmedido temor al envejecimiento”, agrega, “quizá por ese culto a la juventud y al cuerpo que nos vende la publicidad. Se aísla a los ancianos como temiendo un contagio.”

La historia

Una mujer sin nombre, escritora por imperativo vital, cumple sus ochenta años y decide recluirse en el “senectario” (término que acuña Contreras por analogía con leprosario o lugares peores), en un acto soberano y consecuente con la que ha sido una vida de ininterrumpidos exilios. Estando ahí, decide escribir sus memorias.

Toda la acción de la novela transcurre en la cabeza de esta mujer que relee sus escritos, repasa los episodios de su vida y, observando el entorno, hace inventario de la senectud y sus miserias.

Al adentrarse en el texto, uno tiene la certeza de estar penetrando en la biografía secreta de alguna de esas tantas mártires de la literatura costarricense. Se barajan y se desechan nombres: Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Virginia Grutter.

Pero “es un personaje metafórico; no alude a ninguna mujer en especial, sino a todas -nos explica Contreras-, porque lo importante de un personaje no es que se parezca a una persona, sino que sean las personas las que se parezcan al personaje”.

“Podríamos pensar, ciertamente, en muchas escritoras costarricenses, pero también en mujeres como Chavela Vargas”, agrega.

Al elegir una mujer, una escritora y una anciana para construir su personaje, el autor modeló, ciertamente, un prototipo de marginación. Se reúnen en ella las formas de exclusión propias de la edad, de las que venimos hablando, pero también las que corresponden a la condición femenina, que en el caso de nuestras artistas de principios y mediados del siglo XX se convirtieron en acoso social, en verdadero estado de sitio.

La “ruptura”

Contreras nos presenta una obra imprevista desde el punto de la forma. Casi podría hablarse de ruptura con todo su texto anterior. No se trata, para empezar, de un relato en línea continua, sino de una rayuela temporal, con saltos hacia atrás y hacia adelante. Es una narración desde la memoria de alguien y “la memoria -nos explica el personaje- es una rama que alberga más nidos de los que aguanta. En cualquier momento se desgarra, y vuelan todos los pájaros”.

Los recuerdos son páginas sueltas, sin reverso, líneas sin extensión determinada y así se nos presenta el libro, de modo que Contreras nos produce la extraña sensación de estar frente a un género literario recientemente inventado. Prosa en verso, poesía novelada…, póngale nombre.

Para él, sin embargo, esa ruptura formal no es especialmente significativa, ni marca un periodo nuevo en su proceso creador. “Solo quise distanciarme de una forma lineal de escribir que no me servía para contar lo que tenía que contar en esta ocasión”, nos asegura.

“La estructura de este relato obedece más a esa forma antojadiza, aleatoria, de la memoria, que tiene tanto de azar, de mecanismo inconsciente.”

Del estilo, lo que sí permanece invariable es el oficio poético que se advierte en sus obras anteriores. Veamos, por ejemplo, la metáfora de la memoria como una rama llena de nidos, citada arriba, o este otro texto:

“Me pregunto cuál será la reina de las letras,/ esa a la que todas cuidan, henchida de huevos fecundos/. Si cada nueva reina abandona el hormiguero/ para iniciar su propio libro”.

O esta otra, en la que se refiere al proceso de adaptación de los ancianos al asilo: “Mientras dura la esperanza, mientras se tragan el cuento/ de que están en un hospital porque se cayeron o porque/ enfermaron de algo, un brillo en sus ojos los diferencia/ de la mirada opaca de los fantasmas. Por ahí sucede/ un día que la precaria esperanza se despluma en pleno vuelo,/ como alcanzada por una pedrada”.

Epígrafe

Hace algún tiempo comentaba una amiga que leyendo Única mirando al mar, llegó a comprender no solo intelectualmente, sino con todos los sentidos, el absurdo del consumismo. Una sensación análoga experimentaron muchos lectores de esa primera y exitosa obra de Contreras.

Y, aunque sabemos que el buen escritor no enseña ni moraliza, sino que narra; aunque sabemos que El tibio recinto de la oscuridad trasciende en mucho el tema de los ancianos, sería deseable que esta novela -así como el sacrificio de esos 17 viejitos que no salen de nuestra conciencia culpable- nos haga comprender el absurdo de aplicar a las personas los parámetros del mercado. Así sea.

http://wvw.nacion.com/ancora/2000/julio/30/ancora3.html

 

 

Pájaros de la memoria. Literatura

Núñez Olivas, Oscar. Pájaros de la memoria. Literatura. La Nación. Ancora, (San José, Costa Rica), 30 de julio de 2000

La novela más reciente de Fernando Contreras Castro, El tibio recinto de la oscuridad, demuestra el peso literario de un escritor fiel a sí mismo y capaz de innovarse en cada obra. Esta es su tercera novela después de Única mirando al mar y Los Peor.

Cosa del destino o del azar, nunca lo sabré. Lo cierto es que el mismo día que había dispuesto para escribir esta reseña, recibimos la noticia infausta: diecisiete personas murieron calcinadas en Tilarán, en uno de esos vertederos de huérfanos grandes que se denominan con circunloquios tales como “hogar” o “asilo de ancianos”.

Los partes de defunción culparán al fuego, pero todos sabremos en nuestra íntima conciencia que los mató el olvido, que fueron víctimas de una serie de abandonos superpuestos y que hay cientos -sino miles- de hombres y mujeres en circunstancias similares, arrojados al “asilo” en pago a una larga vida de trabajo y de renuncias personales.

De no haber ocurrido la desgracia, no nos hubiéramos enterado nunca de que esa noche dormían solos cuarenta y un ancianos, en su mayoría inválidos o con sus capacidades físicas severamente disminuidas, al “cuido” de un guarda solitario y casi tan añoso como ellos. Y no tendríamos ahora la sospecha de que muchos otros están en riesgo de acabar su vida de un modo injusto y despiadado.

De esa gran paradoja de la sociedad moderna, la exclusión de los ancianos, nos quiso hablar Fernando Contreras en su novela de reciente aparición,El tibio recinto de la oscuridad, y la vida se encargó de ilustrar con brutal realismo este conmovedor lamento literario.

Autor, como recordaremos, de Única mirando al mar, Los Peor y Urbanoscopio, Contreras es el escritor costarricense de la marginalidad urbana, ingenio capaz de verter en prosa poética a los habitantes del basurero municipal o a las residentes del prostíbulo barato. Poesía, vale aclarar, no de mitificación sino de denuncia y compromiso con la realidad social.

El tibio recinto de la oscuridad no se aparta de esa línea narrativa aunque, como veremos más adelante, constituye una auténtica novedad desde el punto de vista de la forma.

¿Por qué esta vez los ancianos?, le preguntamos al autor en el curso de una esclarecedora conversación, y él nos habla de su angustia por esa gente que llaman de la tercera edad, a la que cada vez más tendemos a descartar, con el mismo criterio con que desechamos las maquinillas de afeitarnos cuando se les gasta el filo.

“Lo que conocemos como asilo de ancianos -nos dice Contreras- es la forma que finalmente adquiere esa condición de exclusión que acompaña la senectud. Creo que ahí no siempre se le da al anciano un asilo afectivo o existencial, sino que muchas veces es un depósito de seres humanos en desecho.”

“Creo que existe un desmedido temor al envejecimiento”, agrega, “quizá por ese culto a la juventud y al cuerpo que nos vende la publicidad. Se aísla a los ancianos como temiendo un contagio.”

La historia

Una mujer sin nombre, escritora por imperativo vital, cumple sus ochenta años y decide recluirse en el “senectario” (término que acuña Contreras por analogía con leprosario o lugares peores), en un acto soberano y consecuente con la que ha sido una vida de ininterrumpidos exilios. Estando ahí, decide escribir sus memorias.

Toda la acción de la novela transcurre en la cabeza de esta mujer que relee sus escritos, repasa los episodios de su vida y, observando el entorno, hace inventario de la senectud y sus miserias.

Al adentrarse en el texto, uno tiene la certeza de estar penetrando en la biografía secreta de alguna de esas tantas mártires de la literatura costarricense. Se barajan y se desechan nombres: Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Virginia Grutter.

Pero “es un personaje metafórico; no alude a ninguna mujer en especial, sino a todas -nos explica Contreras-, porque lo importante de un personaje no es que se parezca a una persona, sino que sean las personas las que se parezcan al personaje”.

“Podríamos pensar, ciertamente, en muchas escritoras costarricenses, pero también en mujeres como Chavela Vargas”, agrega.

Al elegir una mujer, una escritora y una anciana para construir su personaje, el autor modeló, ciertamente, un prototipo de marginación. Se reúnen en ella las formas de exclusión propias de la edad, de las que venimos hablando, pero también las que corresponden a la condición femenina, que en el caso de nuestras artistas de principios y mediados del siglo XX se convirtieron en acoso social, en verdadero estado de sitio.

La “ruptura”

Contreras nos presenta una obra imprevista desde el punto de la forma. Casi podría hablarse de ruptura con todo su texto anterior. No se trata, para empezar, de un relato en línea continua, sino de una rayuela temporal, con saltos hacia atrás y hacia adelante. Es una narración desde la memoria de alguien y “la memoria -nos explica el personaje- es una rama que alberga más nidos de los que aguanta. En cualquier momento se desgarra, y vuelan todos los pájaros”.

Los recuerdos son páginas sueltas, sin reverso, líneas sin extensión determinada y así se nos presenta el libro, de modo que Contreras nos produce la extraña sensación de estar frente a un género literario recientemente inventado. Prosa en verso, poesía novelada…, póngale nombre.

Para él, sin embargo, esa ruptura formal no es especialmente significativa, ni marca un periodo nuevo en su proceso creador. “Solo quise distanciarme de una forma lineal de escribir que no me servía para contar lo que tenía que contar en esta ocasión”, nos asegura.

“La estructura de este relato obedece más a esa forma antojadiza, aleatoria, de la memoria, que tiene tanto de azar, de mecanismo inconsciente.”

Del estilo, lo que sí permanece invariable es el oficio poético que se advierte en sus obras anteriores. Veamos, por ejemplo, la metáfora de la memoria como una rama llena de nidos, citada arriba, o este otro texto:

“Me pregunto cuál será la reina de las letras,/ esa a la que todas cuidan, henchida de huevos fecundos/. Si cada nueva reina abandona el hormiguero/ para iniciar su propio libro”.

O esta otra, en la que se refiere al proceso de adaptación de los ancianos al asilo: “Mientras dura la esperanza, mientras se tragan el cuento/ de que están en un hospital porque se cayeron o porque/ enfermaron de algo, un brillo en sus ojos los diferencia/ de la mirada opaca de los fantasmas. Por ahí sucede/ un día que la precaria esperanza se despluma en pleno vuelo,/ como alcanzada por una pedrada”.

Epígrafe

Hace algún tiempo comentaba una amiga que leyendo Única mirando al mar, llegó a comprender no solo intelectualmente, sino con todos los sentidos, el absurdo del consumismo. Una sensación análoga experimentaron muchos lectores de esa primera y exitosa obra de Contreras.

Y, aunque sabemos que el buen escritor no enseña ni moraliza, sino que narra; aunque sabemos que El tibio recinto de la oscuridad trasciende en mucho el tema de los ancianos, sería deseable que esta novela -así como el sacrificio de esos 17 viejitos que no salen de nuestra conciencia culpable- nos haga comprender el absurdo de aplicar a las personas los parámetros del mercado. Así sea.

http://wvw.nacion.com/ancora/2000/julio/30/ancora3.html

Biografía de la tierra

Soto, Gerardo J. Biografía de la tierra. La Nación, Ancora (San José, Costa Rica), 24 de julio de 2005

Biografías noveladas hay muchas. Como la del emperador Adriano, de Marguerite Yourcenar. Biografías de la Tierra también abundan, como la de Francisco Anguita, de corte científico divulgativo. Novedoso es ver la biografía del planeta en ocho páginas en el relato Krakatoa (Leyenda preludio), contenido en el más reciente libro de Fernando Contreras Castro, Sonambulario.

Alguna vez le leímos decir al autor que “él era un hijo del Irazú”, porque había nacido en aquel aciago año de 1963, cuando las cenizas del volcán cubrían inmisericordemente la ciudad de San José y alrededores. No cabe duda de que le ha marcado esa paternidad, cuando en el primer relato de su libro escribe que “las erupciones volcánicas de tierra y de mar son las pesadillas más horrendas del planeta y los pájaros que comen sueños, por ley del instinto, se abstienen de probarlas, porque no matan por veneno sino por la aspereza de su sabor.”

En Krakatoa, la hecatombe volcánica de 1883, aunada a la del tsunami asesino que le sucedió, dan cabida a una elucubración filosófica del origen del planeta, hasta la aparición del hombre y el porqué está aquí: “el camino de la evolución no fue sino una variante más de la ciega voluntad sobre la materia animal”.

Bien documentado, Contreras nos lleva de paseo desde la tectónica de placas hasta Darwin, en una ciencia geológica hecha literatura, que va más allá de las sempiternas descripciones geológicas de Alejo Carpentier. Sugestivo, perturbador, si se quiere, es este relato. Y es que perturbadora es la historia toda de este planeta azul, repleta de extinciones masivas, inquietas placas y épocas glaciales. Tanto así, que la ciencia que lo estudia, la Geología, es quizás la más irreverente de todas, porque se ha encargado de desmentir los seis días de la creación, y demostrar que en realidad son 4.600 millones de años de historia terrestre.

Ahí está el único lunar del relato: no son “4.65 billones de años”. Perdonable, porque el mismo autor lo afirma en la contraportada: “Este libro es una bitácora de sueños”.

http://wvw.nacion.com/ancora/2005/julio/24/ancora16.html

Fragmentos de la tierra prometida

"Fragmentos de la tierra prometida"

“Fragmentos de la tierra prometida”

Editorial Legado hace del conocimiento público la puesta en circulación de “Fragmentos de la tierra prometida”, la más reciente obra del escritor Fernando Contreras Castro. En 100 relatos de depurada brevedad narrativa muestra un horizonte desolador para la humanidad, fruto de las políticas depredadoras practicadas en las últimas décadas. Escenas en principio inconexas, protagonizadas por personajes colectivos más que casos individuales, conforman un conjunto inquietante —por anticipatorio— que demanda reflexión. Toda una advertencia oportuna para modificar el rumbo.

Fernando Contreras Castro es un consagrado narrador costarricense. Dos obras de su autoría, Los Peor (1995) y El tibio recinto de la oscuridad (2000), recibieron sendos premios nacionales de novela; otras novelas, Única mirando al mar (1993) y Cierto azul (2009), son lecturas recomendadas por el Ministerio de Educación Pública. Buena parte de sus cuentos están reunidos en Urbanoscopio (1997) y Sonambulario (2005.) En 2009 publicó la novela Cantos de las Guerras Preventivas. Integrante de la llamada Generación del Desencanto, aborda la marginalidad como tema central de su producción. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad de Costa Rica.

Se harán tres actos de presentación:

El sábado, 08 de septiembre de 2012 a las 06:00 p.m. en el Museo Regional de San Ramón. Organiza la Universidad de Costa Rica, Sede de Occidente, San Ramón. La presentación estará a cargo de los profesores Gerardo Mora Burgos, Magdalena Vásquez y Oscar Montanaro Meza.

El miércoles, 12 de septiembre de 2012 a las 07:00 p.m. en el Mini Auditorio de Ciencias Sociales, organizado por la Asociación de estudiantes de Comunicación Colectiva, en la Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, San Pedro. La presentación estará a cargo de los estudiantes Gabriela Calderón Luciano Palavicini, Marcelo Palavicini. Rodrigo Muñoz González y Aldo Soto.

El miércoles, 26 de septiembre de 2012 a las 05:00 p.m. en el Auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional, Heredia. La presentación estará a cargo de los estudiantes Katheryne Rojas Barrantes, Carlos Soto y Gustavo Camacho.

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La libertad, los gatos y un cierto azul

Izaguirre Cedeño, María del Mar. “La libertad, los gatos y un cierto azul”. Oficina de Divulgación. Universidad de Costa Rica, 7 de diciembre de 2009 (http://www.ucr.ac.cr/noticias/2009/12/07/la-libertad-los-gatos-y-un-cierto-azul.html)

El profesor y escritor Fernando Contreras Castro presentó a la comunidad universitaria su libro Cierto Azul, el cual al parecer de la escritora Ana Cristina Rossi es un libro surrealista, y fantástico.

El libro inicia con un relato de lo que es la calle para el protagonista fuente infinita de asombro, dolor y libertad. ¿Qué es lo que cuenta en esta vida? Fernando Contreras nos dice que la libertad, la solidaridad, la creación y la improvisación, es decir el amor. Todo ese va junto y es inseparable, aseveró la Magistra Ana Cristina Rossi.

Cierto azul narra la historia de un niño huérfano y ciego, el cual es adoptado por una pandilla de gatos músicos, todos integrantes de una banda de jazz. Arturo el es un niño de 7 años que vive en la calle, el chico es adoptado por el gato Freddy Freeloader y los integrantes del sexteto de jazz.

“La calle es una sorpresa en ondas expansivas, nunca falta alguien que se agache y chasquee los dedos para llamar la atención y me rasque la cabeza si me acerco. O alguien que me quite de su camino de una sola patada en las costillas pero esa es la calle fuente infinita de asombro y dolor. La vida sería más fácil sin pulgas. Nos rascamos y nos sacudimos inútilmente. Las pulgas nos habitan, nos pueblan, nos beben, trabajamos para ellas. Pero esto es vivir en la calle, y la verdad, no cambiaría ni una de mis malditas pulgas por un segundo de mi libertad”.

Los gatos del libro muestran a una ciudad capital: San José llena de comercio, una ciudad de negocios, donde ni siquiera los parques son sólidos manifestó el sociólogo Dr. Sergio Villena.

Para Villena Cierto Azul es la tercera pieza de la trilogía de Contreras que inició con Única mirando al mar y Los Peor.

El libro de Contreras Castillo Cierto Azul consta de 70 páginas en las que resalta los valores humanos trascendentales como la solidaridad, la amistad y la libertad comentaron los académicos presentes en la presentación de este libro que se efectuó en la sala multiusos de la Escuela de Estudios Generales de la UCR.

El autor aseguró que el libro parte fundamentalmente de una premisa: el amor es un acto subversivo y peligroso.

Fernando Contreras Castro: Una pausa entre novelas

Díaz, Doriam. “Fernando Contreras Castro: Una pausa entre novelas”. La Nación (San José, Costa Rica), 30 de julio de 2005

El autor de Única mirando al mar y Los peor y ganador de dos premios nacionales habla acerca de Sonambulario, su nuevo libro de cuentos (editorial Norma). Él se confiesa sonámbulo, a su juicio, una experiencia alucinante

Edad: 42 años

Estado civil: Soltero

Profesión: Escritor

¿Cómo surge Sonambulario, su segundo libro de cuentos?

Lo siento como una pausa temática y estética en mi producción en general y mis temas recurrentes. Tiene una búsqueda diferente, va más en el sentido de lo onírico y lo estético. Igual que Urbanoscopio -mi primer libro de relatos- sale en medio de la escritura de una novela.

¿De qué trata esa novela?

Um… Es una novela que he trabajado durante varios años, ahora la estoy terminando y espero que salga en el 2006. Prefiero no hablar mucho de ella por ahora porque quizá después cambie.

¿Por qué le interesaron los sueños y el sonambulismo para este libro?

Soy sonámbulo. Me pareció un material de primer orden para trabajarlo en los relatos. El germen de cada cuento ha estado en un sueño o en un episodio de sonambulismo; lo demás es trabajo de creación literaria. A veces hay sueños que lo marcan a uno, lo cual es una cosa rara porque los sueños se disipan rápido.

Define Sonambulario como una bitácora de sueños. ¿Cómo llevó una bitácora de este tipo?

Hay sueños que te marcan, te perturban, te intrigan, te obsesionan y no se van. Empecé a trabajar a partir de esos que tenía en la memoria, de los sueños que quedan como huella. Además trabajé temas como la música de Johann Sebastian Bach, que no es un sueño, sino una obsesión. El libro es una amalgama entre el sueño y la obsesión.

Pausa suena a divertimento, pero su pausa es para trabajar estética. ¿Por qué?

Escribir un cuento es muy complicado. Lo que pasa es que los temas de mis novelas son espesos, con un contenido social fuerte y hasta doloroso; la novela que estoy trabajando no es la excepción. De pronto, hice un alto y me puse a trabajar este libro de cuentos.

¿Por qué considera que el sonambulismo no es un padecimiento, sino un raro privilegio?

No todo mundo es sonámbulo. Creo que hay muchos prejuicios alrededor de los sonámbulos: la gente les tiene miedo. Sin embargo, la experiencia es realmente alucinante y es muy diferente a la del sueño. En el sonambulismo hay una participación activa del soñante, ya que él participa en el sueño con toda su corporeidad. En ese sentido, yo reivindico el sonambulismo. El libro es un mensaje a los sonámbulos para que lo disfruten.

Se le conoce más como novelista que como cuentista. ¿Con cuál de esos dos géneros se identifica más?

La novela es el género en que me siento más cómodo. El cuento me permite sugerir, no darlo todo sino señalar un camino y que el lector decida si lo recorre o no. La novela tiene que mostrar mucho más; tiene otra intención.

Sobre la nueva versión de Única mirando al mar

Contreras Castro, Fernando. “Sobre la nueva versión de Única mirando al mar”. San José, Costa Rica: El autor, 4 de marzo de 2010

Fernando Contreras Castro

¿Debe un escritor alguna explicación acerca del por qué escribe o reescribe algo?
En principio, la respuesta es no. El escritor ofrece un relato y, en palabras de Barthes: “el texto propone y el lector dispone”.
Queda así en manos del lector el papel de completar la totalidad juego, y en esto, está solo. El escritor, aunque quisiera colaborar y fuera esa su mejor intención, nada puede hacer al respecto: la novela está escrita, editada, y en manos del lector.
Soy escritor cuando estoy sentado frente a mi máquina escribiendo, o cuando en el momento más inesperado se me ocurre un tema. Soy escritor también mientras ando con ese tema en la cabeza luchando por llevarlo a lo que considere el mejor de los finales posibles, aunque eso sea sólo una vana aspiración pues, ya se sabe: siempre habrá un mejor final para cada relato precisamente ahí, en el abismo que precede al punto final.
Una vez entregado el texto a los lectores, inmediatamente dejo de ser escritor y paso a ser cualquiera otra cosa, un autor, por ejemplo o, en el mejor de los casos, un lector más así sea de lo que acabo de entregar. Ya nada hay que pueda hacer al respecto… o casi nada, dado que como lector estoy en la misma libertad que otro para hablar sobre lo escrito. Pienso aquí, irremediablemente en Cervantes cuando en el prólogo al desocupado lector le dice: “puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres de ella.”
Si lo anterior no me exculpa y libera de las secuelas provocadas por la lectura de mis libros, tengo aquí un último argumento que seguro sí lo hará: El lector toma un libro bajo su cuenta y riesgo. Después de un par de líneas o de páginas sabrá si obedeciendo a su más inapelable albedrío lo sigue leyendo, o si por el contrario, lo abandona en ese punto. Sea su decisión la que sea, no vuelva los ojos en busca de los del escritor para ver en su mirada la aprobación benigna, o el gesto condenatorio que lo arrastraría a seguir leyendo, porque en ese momento el escritor ya no existe.
Como lector entonces, y sólo en esa condición, me atrevo a señalar algunos aspectos sobre la reescritura de la novela Única Mirando al Mar.
Veamos: Una reescritura no es una corrección de un texto, sino que significa retomarlo de principio a fin para volver a decirlo de otra manera.
Pero, ¿por qué un escritor se toma semejante molestia? La respuesta solo puede ser una: porque nunca quedó satisfecho con la forma en la que lo dijo esa primera vez. De modo que su intención no es otra que la de permitirse una segunda (a veces hasta una tercera), oportunidad para replantear la fórmula de la novela.
Una segunda consideración no menos importante: Un escritor se toma la molestia de reescribir alguno de sus textos porque sigue creyendo que el tema es bueno, por lo que merece ser narrado de mejor manera.
La reescritura está más que justificada, se emprende y culmina con el nacimiento de un nuevo texto sobre un antiguo tema. Lo que conlleva necesariamente a un problema: ¡Tenemos entonces dos relatos, o dos variaciones sobre un mismo tema!
Como lector, cuando me enfrento a un fenómeno de esta naturaleza, así lo asumo: tengo un tema dicho de dos maneras diferentes, por tanto, me enfrento ahora a un diálogo entre estas dos variantes formales. Los dos textos dialogan, se complementan, se niegan y se afirman mutuamente, todo ello, claro, si el lector así lo desea, porque puede optar también, sin que ello le acarree culpa alguna, por quedarse con solo una de las dos versiones.
En el caso del lector curioso (y desocupado, insistiría Cervantes), o cómplice, como preferiría Cortázar, se trata de una gran oportunidad para adentrarse aún más en aquel mundo que ya creía conocer y que ahora le ofrece toda una “Terra Incógnita” para husmear.

Única Mirando al Mar sigue siendo el tema que el lector ya conoce, la historia aquella de un hombre que llevado por las contradicciones de un sistema injusto al límite de la exclusión social, no encuentra otra salida que la de lanzarse a la basura como un desecho más. En el botadero de la gran área metropolitana, este hombre, rescatado por una mujer buzo y su hijo adoptivo, se ve en el dilema de dejarse morir, como seguramente era su primera intención o bien, replantearse su vida, reinventarse a él mismo y volver a las filas de los que luchan a cada instante por ganarse el sentido de la vida con el sudor de la frente.
El estilo ha cambiado. Ahora es más liviano, lo que permite levantar observaciones más pesadas. El texto es más corto, al punto de calificar dentro de lo que se conoce como “novela breve”: una gran cantidad de lastre fue arrojada al mar en aras de la economía del lenguaje, y el narrador alivia en gran medida a los personajes de sus pesados y viejos parlamentos.
Por lo demás, el paisaje es el mismo, los problemas fundamentales que plantea la novela son los mismos. Personajes más, personajes menos, el elenco es el mismo, y si bien, parece a primera vista que el final ha cambiado… ¡atención desprevenido lector! Se trata sólo de una ilusión óptica, el final es el mismo, sólo parece diferente porque ahora nos ahorramos la metáfora para quedarnos en la ingrata realidad.
Y acaban aquí las consideraciones de un lector más de la mencionada novela, que no por coincidir con la persona del autor se considera en más derecho (ni menos), a intentar una opinión, entiéndase: una lectura.

Miguel Ángel Asturias

Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes. Miguel Ángel Asturias.  Papel Impreso. Nº9 , página 3,  1974

El domingo 9 de junio del presente año (1974), murió en Madrid a la edad de 75 años, el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, primer novelista de habla hispana galardonado con el Premio Nobel de la Literatura. Sangre Maya de su tierra corría por sus venas y la pena del indio y la riqueza de sus tradiciones, fueron la suprema inspiración de su obra literaria, casi toda ella de un acentuado carácter político-social. Alumno brillante de la Universidad de San Carlos, en su tierra natal y de la Soborna de París posteriormente, inició su vasta producción literaria con sus conocidas “Leyendas de Guatemala”. Publicadas en 1932. Siguieron luego creaciones como “El Señor Presidente”, publicada en 1946 después de la caída del tirano Jorge Ubico, de nefasta trascendencia histórica política de Guatemala, “Hombres de Maíz”, obra inspirada en la maravillosa contemplación del maravilloso pasado del hombre quiché y la penetración en las suprarrealidades interiores del indígena y del campesino contemporáneo. Siguieron a continuación “Viento fuerte”, “Sien de Alondra”, “El Papaverde”, “Los Ojos de los Enterrados”, “Mulata de Tal”, “Week end en Guatemala” y “El Ahijadito” entre muchas otras obras. Premio Nobel de Literatura y Premio Lenin de la Paz, he aquí credenciales de quien fue un gran hombre y un gran escritor en toda la extensión de la palabra.

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El Principito reina

AP. París. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 24 de diciembre de 1999, p. 14

La obra de Saint-Exupery fue proclamada como  el libro del siglo.

El Principito, una deliciosa fábula de idealismo e inocencia de Antoine de Saint-Exupéry, fue proclamado por votación el libro del siglo, en una encuesta entre el público francés que publicó el diario Le Parisien.

Antoine de Saint-Exupery, un piloto que nos abrió el reino del corazón  con El Principito.

El libro conquistó los votos del 45 por cientos de los consultados, con una considerable ventaja sobre El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, que obtuvo el 23 por ciento.

En una tercera posición El gran Meaulnes, de Alain Fournier, con un 20 por ciento.

Saint-Exupéry es una figura legendaria en Francia, ya que su trágico destino y su legado literario lo elevaron al rango de uno de los autores más populares.

Desapareció piloteando su avión el 31 de julio de 1944 cerca de la costa francesa, luego de haber despegado de Córcega, en una misión aliada contra los nazis.

Las reiteradas búsquedas que se hicieron cerca de Niza no lograron encontrar su Lockheed P-38, y las teorías relativas a la desaparición del piloto, de 44 años, incluyen fuego enemigo, problemas mecánicos y aun suicidio.

El Principito, una fábula que evoca esperanza universal, fue escrita en 1943 durante plena guerra mundial, se popularizó en todo el mundo y fue traducido a 84 idiomas.

Otros libros destacados por estudio de opinión fueron El extranjero, de Albert Camus, y En busca del tiempo perdido, la obra monumental de Marcel Proust.

Camus, que nació en 1913 en Argelia, ganó el Premio Nobel de literatura en 1957 y murió tres años después en un accidente automovilístico.

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La encuesta, de la agencia especializada CSA, basó sus conclusiones en las respuestas de 1,016 personas.