Los 30 de una novela

“Los 30 de una novela”. La Nación. Viva. (San José, Costa Rica), 25 de agosto de 2003, p.10

La tertulia litera Entre líneas, que se realizará esta noche a la 7 p.m. en el Instituto de México, estará dedicada a la novela Murámonos Federico, de Joaquín Gutiérrez, en los 30 años de su publicación.

Según Carlos Porras, organizador de la actividad, habrá una breve conferencia sobre la novela, una semblanza de Gutiérrez a cargo del escritor Rodolfo Arias y una tertulia con participación del público. Hace 30 años, Murámonos Federico ganó el Certamen Editorial Costa Rica, luego de publicada y después ganó también el Premio Aquileo J. Echeverría.

En la actividad estarán presentes Elena George Nascimento, viuda del escritor, y Sebastián Vaquerano, de la Editorial Legado.

El instituto de México está ubicado 250 metros al sur de la cuarta entrada a Los Yoses. La entrada es gratuita.

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Nueva edición de Puerto Limón

Díaz, Doriam. “Nueva edición de Puerto Limón”.  La Nación, Viva (San José, Costa Rica), 23 de mayo de 2004, p.8

 Después de estar varios años agotada, la novela Puerto Limón (1950), del escritor costarricense Joaquín Gutiérrez (1918-2000), vuelve a las librerías con una nueva edición de la Editorial  Legado.

 “Es una obra fundamental de la literatura costarricense y consideramos una pérdida de patrimonio que continuase sin circular dijo Sebastián Vaquerano director de Legado.

Puerto Limón es una novela que trata de la huelga de 1934, en la cual unos 13.000 trabajadores del banano se negaron a tocar un solo racimo más hasta ver satisfechas sus pocas demandas. Allí queda patente no solo la pelea por lograr condiciones laborales más justas, sino también una lucha alrededor de la soberanía nacional.

El texto fue llevado al teatro por Alfredo Pato Catania, en 1975 y en el 2003.

La obra es parte del amplio legado de Gutiérrez, quien publicó seis novelas, cuatro libros de viaje, cuatro traducciones de William Shakespeare, tres poemarios y un libro de memorias.

Reeditan Puerto Limón

Bermúdez, Manuel. “Reeditan Puerto Limón”. Semanario Universidad (San José, Costa Rica), junio de 2004, p. 8

La editorial Legado ofrece la más reciente edición de la novela Puerto Limón del escritor mayor de las letras costarricenses: Joaquín Gutiérrez Mangel.

Considerada una obra capital en la literatura nacional, ha sido llevada varias veces al escenario del teatro por las características de tensión dramática que posee.

Es este caso, se trata de una edición muy cuidada, que favorece una lectura fácil, con tipografía clara y un diseño espacioso y fresco. La portada lleva la obra Bananales del maestro Teodoro Quirós.

Es novela escrita a mitad del siglo pasado, narra el mundo duro e intenso de la provincia de Limón. Una zona atlántica dominada por la explotación bananera, principalmente por la United Fruit Company.

Silvano, el protagonista, lleva a vivir a la casa de su tío. El contraste de un muchacho de la pequeña capital con el mundo de la finca, define la construcción de la narración. Los ojos de Silvano serán los del lector, que se asombra, teme, rechaza y se fascina con el mundo que se le ofrece. Las diferencias con su tío definen su deseo de marcharse de aquel ambiente tenso y agreste para  probar suerte en otras partes del mundo. Con su prima descubre el amor, mientras en el entorno la lucha de los peones de la compañía bananera produce una atmósfera de sobresalto y sospecha.

Muy bien retrata Gutiérrez aspectos del ser costarricense. El lenguaje, las disquisiciones sobre la vida, los anhelos del joven, las vidas rotas y pobres de los trabajadores, la fuerza implacable de la naturaleza, las historias de vida que se entrecruzan, retratan un puerto Limón de medio siglo atrás, pero cuyas características aún perviven.

Por la tensión en la estructura, la construcción psicológica de los personajes, el uso del lenguaje común y la evocación del ambiente monótono y misterioso del bananal, esta novela es un hito en la literatura nacional.

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Para leer en vacaciones. Existe una amplia gama de libros para disfrutar en el fin de año.

Mora, José Eduardo. “Para leer en vacaciones.  Existe una amplia gama de libros para disfrutar en el fin de año”.  Semanario Universidad (San José, Costa Rica), 7 diciembre de 2006, p. 12

Ensayos, novelas, volúmenes de relatos, autobiografías: el mercado costarricense ofrece para esta época lo más variado en el campo de las letras, con el fin de que diciembre sea un reencuentro con la lectura.

En formato de lujo llega a las librerías nacionales una nueva edición de “La hoja de aire”, de Joaquín Gutiérrez, la cual fue producida en España y viene complementada con unas bellísimas ilustraciones de Emilio González Sáinz.

La edición, que estuvo a cargo de Juliana Penagos, y que es una verdadera joya desde el punto de vista de la producción gráfica, es la primera que se hace de la novela en tierras españolas. En el país la obra es distribuida por la editorial Legado.

Releer “La hoja de aire” trae consigo la comprobación, por ejemplo, de que en esta Costa Rica todavía hay una vasta pobreza en el campo intelectual, como la sufría Alfonso, dado que aún los espacios para la conversación inteligente, para la tertulia literaria y para el intercambio de ideas son reducidos.

La obra se lee en un par de horas, pero sus efectos pueden durar toda la vida, porque es un texto al que no le falta ni le sobra nada y porque tiene una enorme vigencia.

Realizado por Taller Editorial Piedra de Toque, el libro trae un prólogo del escritor mexicano Jordi Soler y el original escrito por Pablo Neruda.

“Aunque Joaquín Gutiérrez es un costarrico general, que desde joven se naturalizó en el continente, otorgándose la más espaciosa ciudadanía, hay que buscar en este mágico relato el sabor central de la América delgadísima que esencialmente representa”,  escribió en 1968 Neruda.

La cultura de la mojigatería a la que se enfrentó Alfonso antes de irse a México y a su regreso, el amor que siempre vuelve con sus recuerdos ficticios y una prosa escrita casi como un susurro, hacen de “La hoja de aire” una lectura especial para la época.

Historia y Teatro

A quienes les interese el teatro se hallarán una edición de “La Imagen Teatral” del fallecido Lenín Garrido, la cual es editada por editorial Promesa.

El texto reviste importancia porque Garrido, quien fuera profesor de literatura en la Universidad de Costa Rica, aborda el tema desde el ámbito teórico, aunque también con base en su larga experiencia como actor y director.

“Es natural que al ejercicio de una actividad artística se llegue por amor, por amor que despierta la potencia interna del espíritu; la habilidad técnica, erudición relativa al arte, la práctica, la constancia, pero también el amor por un arte despierta el deseo de conocerla en toda su realidad íntima”, decía Garrido en la introducción.

En el ámbito de la historia hay dos libros que pueden resultar una relevante lectura en el fin de año como son “La historia no es solo color de Rosa” del catedrático Gerardo Contreras y “Clarín patriótico: la guerra contra los filibusteros y la nacionalidad costarricense”, de Juan Rafael Quesada.

En “La historia no es color de Rosa” Contreras hace un sólido recorrido por los 75 años de Partido Comunista en Costa Rica y evidencia las contradicciones de clase que dieron origen a esa organización.

El 16 de junio de 1931, cita Contreras, se estableció formalmente el Partido Comunista de Costa Rica, el cual desempeñaría una función extraordinaria en los acontecimientos de 1948, que culminaron con la junta de la Segunda República, presidida por José Figueres Ferrer.

La fundación del Partido Comunista representó, de acuerdo con Contreras, “un elemento fundamental, esto es, un Partido de la clase trabajadora, lo que implicó un salto cualitativo en el proceso de la lucha de clases en la escala nacional”.

Para todo estudioso del aporte del comunismo en el país, la obra publicada por ediciones perro Azul, es imprescindible para entender la Costa Rica contemporánea.

Quesada, por su parte, sostiene que antes de la guerra del 56, ya la idea de nacionalidad se había cristalizado en el imaginario nacional.

“La nacionalidad, en tanto, que sentimiento de identificación colectiva, ya había adquirido un arraigo importante en el imaginario costarricense. La guerra, hazaña colectiva por antonomasia, constituyó una coyuntura especial en la que se tejieron lazos de unión y solaridad”.

Los vínculos de esa nacionalidad que se notaron en la guerra contra los filibusteros encabezados por William Walker se pueden rastrear, según Quesada, ya en los inicios de la colonia.

La guerra del 56-57, asegura el historiador, constituyó una oportunidad para que el pensamiento martiano se plasmara en la realidad, puesto que la patria se defendió en las “trincheras de ideas”.

El libro de Quesada fue publicado por Alma Máter y es una lectura alternativa sobre el 56 en el 150 aniversario de la gesta nacional.

Universales

Además de la lecturas sugeridas en las líneas anteriores, usted también se puede adentrar en textos con renovada pasión, porque más que leer, como decía Jorge Luis Borges, el placer está en releer.

Una aventura intelectual maravillosa es abrir el vasto tomo del Conde de Montecristo de Alejandro Dumas y hacer ese recorrido por ese inmenso personaje que es Edmundo Dantés, una vez que sale transformado del Castillo de If.

Tras haberse fugado de la prisión, con motivo de la muerte del abate Faría, sale al mundo el Conde de Montecristo, quien es visto así por Gabriel García Márquez, Nobel de Literatura 1982.

“A esa hora ya existía en el mundo -creado para el asombro y la memoria de la humanidad- un tercer personaje indestructible: el Conde de Montecristo, dueño de una sabiduría universal, una fortuna incontable y una sed de venganza que no lograría saciar aún después de haberse castigado sin tregua ni piedad a sus enemigos”.

Hay una muy cuidada edición, entre otras, del debate sobre este maravilloso libro, que se publicó en un principio como un largo folletín que Dumas escribió a mano para los periódicos de la época.

Para los que gustan de las crónicas se encuentran en librerías unos pocos ejemplares de “Artistas, locos y criminales” del periodista y escritor Osvaldo Soriano.

El periodismo realizado por Soriano en La Opinión de Buenos Aires, donde fue director de deportes, es el cimiento de esas crónicas en las que el autor de “Cuarteles de invierno” hace gala de su exquisita técnica narrativa y de una capacidad asombrosa para adentrarse en el lado humano de sus personajes.

Basta citar la crónica “Un odio que conviene no olvidar”, una semblanza del decaído y olvidado boxeador José María Gatita, en la que Soriano, con dedicatoria a Julio Cortázar, hace un despliegue de su mejor técnica periodística y narrativa.

Y para los que gustan de géneros que anden a caballo entre la literatura y el periodismo, está el sorprendente trabajo de David Yallop, “En nombre de Dios”, que con una edición actualizada de Sudamericana circula de nuevo en las principales librerías.

El libro es una investigación exhaustiva sobre los motivos que condujeron al asesinato de Juan Pablo I, tan solo 33 días después de haber asumido su cargo como jefe espiritual del catolicismo.

Gracias a las técnicas del periodismo literario, es posible saber que la última cena de Luciani consistió en “un ligero caldo, un bistec de ternera, un plato de judías verdes y un poco de ensalada”.

Así detalle a detalle, Yallop se adentra en la maquinaria que propició el asesinato de Luciani, sustituido luego por el conservador Juan Pablo II.

Hay lecturas para todos los gustos que incluye a autores naciones y extranjeros, solo es cuestión de adentrarse en el incomparable universo de los libros.

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Catania se va de gira con Como un puñal en las carnes

Quirós U., Marcela. “Catania se va de gira con Como un puñal en las carnes”. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 11 de octubre de 2006, p. 17. http://wvw.nacion.com/viva/2006/octubre/11/espectaculos856348.html

 De viaje: El actor y director de teatro Alfredo Catania llevará la obra –protagonizada por el argentino Jorge Ricci– a Colombia y España

A los 73 años Alfredo Pato Catania mantiene la vitalidad y la agenda de sus mejores años. Esta vez son las obras de teatro Como un puñal en las carnes y La hoja de aire las que le dan las emociones de una extensa gira que comenzó el sábado anterior y lo mantendrá fuera hasta el 26 de noviembre.

Como un puñal en las carnes será vista en Colombia y España y La hoja de aire en Uruguay”, reveló orgulloso Catania, quien dirigió la primera y es el director y el intérprete de la segunda.

Itinerario. Pato y Jorge Ricci –actor argentino protagonista de Como un puñal en las carnes– se presentaron el martes y el miércoles en Manizales y el 13 y 14 lo harán en Medellín. De ahí partirán a España, en donde tendrán funciones el 20 en la ciudad de Almagro; el 22 y 23 en Cádiz; el 25 en el Puerto de Santa María; y el 26 en Olvea. El 4 de noviembre estarán en la Casa de las Américas, en Madrid, y en la Universidad de León, el 11.

La hoja de aire, por su parte, formará parte del programa del importante Festival Internacional de Unipersonales de Montevideo donde será vista el 26 de noviembre.

Propuestas. La hoja de aire, del costarricense Joaquín Gutiérrez, fue estrenada por Catania en el 2001 con la actuación de Luis Fernando Gómez. Hace tres años Pato asumió el protagonismo del monólogo y desde entonces lo ha presentado en colegios, comunidades e instituciones del país y lo ha llevado de gira a Argentina, Guatemala, El Salvador y Honduras.

Como un puñal en las carnes, del argentino Mauricio Kartún, fue estrenada en Costa Rica en el año 2004 en la sala Vargas Calvo.

“Kartún es uno de los más importantes dramaturgos argentinos, describe con minuciosidad y en tres tiempos la historia agridulce del contador Vicente Ramella y de su desesperado apasionamiento por una joven con quien escapa para instalarse en el mismo hotel que por muchos veranos compartió con Carmen, su mujer”, relató Catania, quien agrega que la propuesta coincide con el tipo de teatro intimista que prefiere desarrollar en ese momento de su vida.

La obra es protagonizada por Jorge Ricci, actor que reside en Argentina y quien conoció a Alfredo cuando fue alumno suyo en la Municipalidad de Santo Tomé, en el país de origen de ambos.

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Prólogo

Morales, Carlos. “Prólogo”. En: Gutiérrez, Joaquín. Vietnam crónicas de guerra. San José, Costa Rica. Editorial Legado, 2002. P. 9-11

Para estas cosas de la historia, veinte años son un buen término. Es un período adecuado a la comprensión en escorzo de los fenómenos político sociales, con la ventaja de que, al cabo de dos décadas, la legislación de los Estados Unidos permite ventilar ciertos documentos del Pentágono y de sus organismos de defensa, que durante el correr de los hechos permanecían en secreto.

Por eso no es de extrañar que Vietnam se haya puesto de moda en los ochenta. La prensa, los investigadores, todos los medios de comunicación y el cine en particular, han tenido mejor acceso y documentación más segura sobre lo que fue aquella guerra. La cadena de películas sobre la gesta de Indochina es buena prueba de que esa guerra de los 60 alcanza hoy nueva repercusión. “Regreso sin gloria”, “El cazador”, “Apocalipsis now”, “Platoon”, “Full metal jackett”, “Hamburger Hill”, etc., son una muestra de ese gran interés.

Pero además la guerra de Vietnam se dio en un contexto muy particular en las relaciones del mundo. Los años sesenta son la época de los Beatles, de las revueltas de mayo en París, de la matanza en Tlaltelolco, de la Revolución Cultural en China, de las manifestaciones en Berkeley, de la aparición de los hippies, del Che. En fin, toda una época para, inspirar nostalgia y señalizar rumbos.

Es natural entonces que ese despertar de los sesenta, ese resurgimiento de las atrocidades de Vietnam sea también interpretado y visualizado desde nuestro prisma occidental. Recuperamos sus imágenes y su historia, desde un enfoque doliente, nostálgico y distorsionado por la diversidad de valores que nos separan del heroico pueblo peninsular.

Joaquín Gutiérrez, el más certero novelista de Costa Rica y uno de sus periodistas andariegos más experimentados y en mejor posesión del lenguaje noticioso-literario, nos trae ahora —con estas “Crónicas de guerra”— un Vietnam distinto. Un Vietnam mucho más real y verídico, en el que no figuran aquellas páginas engañosas de la prensa ni los corresponsales maniatados por su agencia.

El suyo es un Vietnam desde adentro, contemplado desde las llamas de esa ametralladora que en un abril como este derribó —hace veinte años— el avión número 1.000 de las fuerzas invasoras. Es el Vietnam bizarro de los campesinos espectrales que combaten como hormigas heroicas para salvar la soberanía y la dignidad de la tierra que los alumbró. Es la Indochina secular y maravillosa de ese bardo llamado Ho Chi Minh, a quien el propio cronista tuvo ocasión de entrevistar.

El libro de Joaquín Gutiérrez, reportero, convoca muchas satisfacciones en el rescate vívido para la memoria colectiva de todos nuestros pueblos, con un estilo vibrante, preciso, fresco, de admiración, de ternura y con limpio sentido del humor. Y contempla también dos enseñanzas que quisiera resaltar: una la juventud indoblegable de un escritor revolucionario que, en la cumbre de sus 70, sigue tan firme, joven y leal a sus principios de una vida, como si acabara de velar las armas en el templo de Minerva. Y la otra, la fuerza crepuscular de ese pueblo indómito que en medio de las penurias más asombrosas y los sacrificios más increíbles, hizo valer su garra y alteza hasta derrotar y poner en fuga al último de los intrusos.

Es este un libro hermoso, rico de contenidos, nostálgico, aleccionador y pleno de enseñanzas para nuestro futuro. Se juntan en él ambas fuerzas: la del escritor comprometido que arriesgó su vida y afiló su pluma por una causa que le apasionaba; la de un pueblo admirable que le ha enseñado al mundo que cuando se tiene decoro, no hay expoliador posible —por grande y amenazante que sea— capaz de imponer su jáquima a una población erguida.

Apenas para Centroamérica. Apenas para nuestro tiempo  y nuestros rostros mestizos y hambreados. Y todo en un hermosísimo estilo que rompe las barreras entre periodismo y literatura, y entre los dos discursos, la trágica realidad y el artístico relato.

Una visión inusual y oportuna de ese Vietnam que nos marcó a todos, que marcó al mundo, y se volvió inolvidable.

Carlos Morales

Abril 1988 – octubre 1999

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La hoja de aire llega en edición especial

Fonseca Q., Pablo. “La hoja de aire llega en edición especial”. La Nación (San José, Costa Rica), 5 de diciembre de 2006, p.22a

Una edición especial de La hoja de aire, una de las obras más conocidas de Joaquín Gutiérrez, será presentada hoy en nuestro país.

El libro ya tiene varios meses de circular en España, donde se imprimieron los 3.000 ejemplares que conforman esta edición limitada. De esta cantidad, solo 300 llegaron a Costa Rica.

Según explicó Sebastián Vaquerano, de Editorial Legado, muchos de estos ejemplares serán donados a bibliotecas e instituciones culturales.

Sin embargo, 100 ejemplares estarán a la venta en Librería Internacional, a un precio de ¢10.000 cada uno.

El origen. Hace 25 años la española Juliana Penagos vino a Costa Rica como parte de su plan de estudios universitarios.

Aquí ahondó en la literatura centroamericana y quedó enamorada de La hoja de aire.

Esta obra del costarricense Joaquín Gutiérrez Mangel (1918-2000) es una pequeña pero muy poética historia.

El chileno Pablo Neruda, quién prologó la primera edición en 1968, dijo: “En mis lecturas desordenadas y acríticas he leído pocos relatos como este, con tanta capacidad de amarrarnos en el hilo del sueño y de la desventura”.

Penagos regresó a España, pero hace algunos meses se propuso editar por primera vez en ese país La hoja de aire.

“Juliana propuso que la obra no fuese un libro más, sino la joyita editorial en que finalmente se convirtió”, explicó Vaquerano.

Penagos se comunicó entonces con editorial Legado, para negociar los derechos de reproducción. Legado consultó a su vez a doña Elena Nascimento, la viuda de Gutiérrez, quien estuvo de acuerdo con la propuesta.

En abril de este año la obra fue finalmente presentada en la ciudad de Santander.

La edición. El prólogo completo del Premio Nobel de Literatura de 1971, Pablo Neruda, así como una presentación de mexicano Jordi Soler, forman parte de esta primera edición española.

Después del texto principal también se ofrece una pequeña biografía del autor costarricense.

El libro, de formato pequeño, tiene cinco pinturas de Emilio González Sáinz, un consagrado pintor español, especiales para la obra.

Además, la caja en que viene fue confeccionada por monjas de un convento Santander.

La presentación del libro será este martes a la 7 p.m., en el Centro Cultural de España, en el barrio Escalante. Participarán Arturo Reig López, embajador de España; María Elena Carballo, ministra de cultura, y Alberto Cañas Escalante, director de la Academia Española de la Lengua. El coordinador del evento será el periodista Carlos Morales.

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Octubre de sombra corta

Bermúdez, Manuel. “Octubre de sombra corta“. Semanario Universidad. Forja (San José, Costa Rica), octubre 2002, p. 8

Casi todo es sombras, vaguedad. La memoria es flaca cuando se pretende recordar puntualmente un hecho que tiene que ver con un ser querido. Sin embargo, como para desafiar las certezas, vienen imágenes, como ramalazos. Octubre no puede pasar impune; arrebujarse, los aguaceros, el salpicón en el charco, un café humeante, el ulular de la muchacha, un libro de tercera a precio de segunda y de pronto, como un monumento a sí mismo, aparece la enorme figura de Joaquín Gutiérrez.

El mandarín de los Andes desprende una dulce sonrisa de anciano que contrasta con la exageración de sus cejas de ceño fruncido. Tras la sonrisa viene la voz grave, pero las palabras le brotan casi con dejadez, con esa cadencia que tiene el campesino costarricense entre sencillo y suspicaz.

Varado en el medio pasillo, no le niega palabra a nadie y comenta los libros que exponen unas muchachas en su embrión de librería, que no es más que unos estantes con amarillentos volúmenes de la editorial Progreso o Novosti, de fabricación soviética, y algunos manoseados ejemplares de las revistas Internacional y Cuba.

En un octubre 71 años atrás, se encendió la llama de una esperanza para los pobres del mundo, fue el final de un terrible reinado y la posibilidad de una organización social y política distintas, donde primaran los intereses de las mayorías.

Aquella flama inextinguible era ahora apenas un mechero que pervive a los embates de un viento helado. Su escasa lucecita brilla en las pupilas de un hombre que ha visto mundo devorando horizontes.

Sus ojos se refugian bajo el alerón de sus cejas. Ensimismado en recuerdos inabarcables, atiende cuidadoso al proceso llamado Perestroika que se desarrolla en su amada Unión Soviética. A la izquierda de su pecho de viejo comunista se debaten los románticos anhelos de poeta y el pragmatismo del periodista curtido en la corresponsalía de guerra.

Entre los libros en el estante está uno suyo publicado aquel mismo año, la primera edición de Vietnam: Crónicas de Guerra. Esto es para que lo recuerden los muchachos de El Salvador, es un homenaje a ellos, explica el veterano reportero.

En octubre de 1988 Joaquín Gutiérrez estaba parado en el medio del pasillo en la entrada de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, a la puerta del antiguo local del Seminario UNIVERSIDAD. El era miembro del consejo editorial de este suplemento, el muchacho que lo acompañaba era un estudiante de periodismo que lo miraba con respeto de sobrecogimiento ante la soberanía incontestable del baluarte que constituye aquel escritor.

Este octubre presente se descubre a sí mismo con su artilugio de recuerdos. La Unión Soviética es un vago diagrama: Perestroika parece telón de fondo de la versión postmoderna de El aprendiz de Brujo de Paul Dukas; El Salvador calló sus armas, pero todavía obsesionan sus calles los gritos de dolor; el gran autor parece recorrer apresurado la historia con su paso zancudo. Es octubre, de este nuevo siglo, el anterior, el de don Joaquín, ya se acabó.

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Primero fue Marcos

Ordóñez, Jaime. “Primero fue Marcos”. La Nación. Opinión (San José, Costa Rica), 1 de mayo de 2003

 *La falacia de la literatura pura

Primero fue Marcos Ramírez, de Carlos Luis Fallas (quizás la mejor novela escrita en Costa Rica), excluida hace unos años del Programa del MEP por razones aún inentendibles. Se alegó en su día que ese logradísimo Lazarillo de Tormes o Huckelberry Finn a la tica, era muy antiguo y ajeno al actual contexto costarricense. Como si la Ilíada o El Fausto no fueran aún más lejanas y, no por ello, ¡absolutamente vigentes e importantes! Ahora le toca el turno a una de la obras más puras de la literatura costarricense: Cocorí. La razón esta vez es otra: supuestos elementos discriminadores en la obra que atentan contra la equidad o la igualdad étnica. Con todo respeto, en ambos casos ha existido un error de apreciación del MEP y de sus comisiones asesoras. Y, además, con peligrosas consecuencias.

Toda literatura es ideológica y, como tal, tiene una concepción decantada del mundo, en una u otra dirección. Tiene prejuicios, puntos de vista discutibles, incluso violentamente polémicos y justo en eso reside su riqueza. Una obra neutra no es literatura, como apunta aguda y certeramente el escritor y abogado Vérnor Muñoz en su texto Lo terrible de la hoja en blanco, difundido por Internet durante las últimas semanas. Un currículum educativo sobre literatura debe tener buena literatura –que nunca es aséptica– y punto. Todo gran arte incluye la compleja gama de lo humano, sus prejuicios, pasiones e, inclusive, desatinos. La clave del sistema educativo (y de los buenos profesores) es que los adolescentes la entiendan en su contexto, de la biografía de su autor, del complejo y terrible nudo humano que se revela en el arte.

Las principales obras literarias de nuestra civilización han sido profundamente ideológicas, controvertidas y arrastran, casi siempre, una visión enfrentativa del mundo. Siguiendo la misma pauta usada por el MEP, muchas deberían ser alejadas de los ojos de nuestros estudiantes.

Argumento llevado al absurdo. Habría que prohibir Eurípides, por promover el homicidio de una hija (en Ifigenia) y también por instar al parricidio y a ser amante de la madre (Electra). A Sófocles y Esquilo les iría parecido. Tendríamos que prohibir a Aristófanes, por declarar la guerra de sexos y atacar al orden político establecido. Habría que sacar al Mío Cid, por racista, toda vez de su persecución contra los moros, y también al Quijote, obra de Cervantes claramente antisemita. Habría que prohibir las dos Odiseas –la de Homero y el Ulises de Joyce– porque en ambas el papel de la mujer es de sumisa espera, y eso podría promover el machismo. Habría que mandar al sótano a Hemingway, a Henry Miller y a Julio Cortázar, porque tanto Por quién doblan las campanas, ambos Trópicos y la Rayuela, no favorecen el papel de igualdad de la mujer, todo lo contrario. Habría que prohibir Muerte en Venecia, de Thomas Man, porque promueve el homosexualismo. También habría que mandar al sótano a García Márquez, pues el coronel Aureliano Buendía tuvo cerca de 80 hijos en el largo mundo, de muchas mujeres, la mayoría no reconocidos, y eso promueve la promiscuidad sexual y la irresponsabilidad.

La lista es de nunca acabar, como imaginará el lector. Graham Greene debería ser erradicado, pues El poder y la gloria narra la historia de un sacerdote que sucumbe a los pecados de la carne. Habría que enviar al ostracismo a muchos Nobel. A Camus, pues en El Extranjero no solo muestra la insensibilidad del protagonista ante la muerte de su madre, sino, además, abjura ante el crucifijo y el sacerdote. (A Camus, más bien habría que mandarlo al paredón, pues también promueve el suicidio el Hombre rebelde). A Sartre también, pues A puerta cerrada constituye un catálogo de todas las razones de la autodestrucción humana. A Becket, por hacer una apología de la soledad como condición connatural de nuestra especie.

Casi toda gran obra literaria puede ser acusada de un ismo, de una desviación, de una particular ideología del mundo y de los seres que lo llenan. Y en eso constituye su gran riqueza. Apostar a una literatura que no “transgreda ningún valor” es apostar a la mediocridad. Las decisiones del Ministerio de Educación Pública en esta materia son sumamente preocupantes y, aparte de pauperizar nuestro currículum, pueden abrir una senda peligrosa en las relaciones que deben existir entre libertad y educación.

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Cocorí regresa a las aulas

Zúñiga Ureña, Lucrecia.”Cocorí regresa a las aulas“. La Prensa Libre (San José, Costa Rica), 31 de enero de 2004

 Las discusiones de diferentes personas opacaron el conocimiento de una cultura en donde las pozas, la playa y la selva caribeña, eran el tema principal.

Los criterios expuestos por quienes alegaron, de forma contundente que “Cocorí” transmitía símbolos racistas, hicieron que el ministerio de Educación Pública (MEP) suspendiera la lectura de esta obra, de escritor nacional Joaquín Gutiérrez (q.d.D.g.) mientras la sometía a una investigación de profundidad.

Es su momento, la Defensoría de los Habitantes, intercedió a favor de “Cocorí”, y recomendó la utilización de la lectura, por ser una narración meramente nacionalista.

Ahora, ya la investigación finalizó y aquellos padres de familia que lamentan el hecho de que sus hijos no tuvieran la oportunidad de conocer las costumbres de la Región Atlántica, a través de las narraciones de famoso escritor Joaquín Gutiérrez, pueden estar tranquilos, pues el MEP reinsertó la lectura en las aulas escolares.

“Mediante la investigación que efectuamos, corroboramos y afirmamos que el contenido de la lectura no tiene nada de racista”, manifestó el Viceministro Académico, Wilfrido Blanco.

Blanco detalló además, que el libro “Cocorí” –como otros textos de primaria- no es obligatorio, pero sí recomendado por el Consejo Superior de Educación para estudiantes del II ciclo de la Educación General Básica.

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