La otra cara de “Carmen Lyra”

Naranjo Chacón, Gustavo A. La otra cara de “Carmen Lyra”La Prensa Libre (San José, Costa Rica), 15 de enero de 2001, Página 13.

Nacida en 1888, María Isabel Carvajal es mayormente recordada por “Los cuentos de mi tía Panchita”, pero más allá de ellos, ella siempre se distinguió por ser una luchadora de las causas sociales.

María Isabel Carvajal, valiente luchadora de las causas sociales… muy diferente a la “tía Panchita” que recordamos

María Isabel Carvajal vio la primera luz un 15 de diciembre de 1888. De niña asistió, al igual que muchas otras niñas de la capital, al renombrado Colegio de Señoritas, donde se recibió en 1904. Sin embargo, mucho antes de convertirse en “Carmen Lyra”, la escritora, la joven dama sirvió como novicia en el Hospital San Juan de Dios. Y sería ese dolor y sufrimiento de los pobres y desamparados el que encendería para siempre en ella su llama de luchadora. Comenzó a escribir incansablemente apoyada por sus amigos don Joaquín García Monge –para quien redactaría en la revista “Ariel” bajo el pseudónimo Carmen Lyra (este nombre surgió del recorrido que hacían los buses en Chile: Carmen-Lira)– y don Omar Dengo, quien junto a Rómulo Tovar la iniciaron en las ideas del anarquismo.

Serían estas ideas las que le impulsaron a ingresar al Centro Germinal, donde se comenzarían a desarrollar los temas de una nueva educación que daría frutos con la apertura de la Escuela Normal en 1915 bajo la administración de González Flores. Cuando el Ministro de Guerra Federico Tinoco se hizo del poder, María Isabel Carvajal no dudó en lanzarse a las calles, en la famosa huelga de maestras que acabaría con el incendio del diario oficialista “La Información”, en 1919.

Para 1920 su figura se había vuelto tan controversial que el gobierno decidió darle una beca y enviarla lejos por un tiempo. El destino sería Europa, para que estudiara las íntimas técnicas de pedagogía en la Universidad de París, con el fin de renovar la educación nacional.

A su regreso traería consigo los conocimientos de las técnicas preescolares Montessori, con las cuales abrió el primer parvulario contiguo al edificio metálico. A ella se unieron las maestras Margarita Castro y Luisa González. Años después, cerca de 1930, ya dejado el aprismo como escuela política y estudiando a fondo el socialismo científico, ella se lamentaría de lo poco que hacía una buena educación habiendo necesidades básicas y extrema pobreza en los pequeños, olvidados por la sociedad capitalista.

Más allá de la Tía Panchita

La verdadera “tía Panchita”, la que nos enseñó a pelear por nuestros ideales en un mañana mejor

Aunque su obra más conocida son “Los cuentos de la tía Panchita”, su producción fue rica y diversa. Entre sus obras más maduras se encuentra “El banano y los hombres” y “Barrio Cothnejo-Fishy” con el que abandonaría el realismo literario y abriría en el país del realismo crítico.

Gran parte de su obra fue divulgada a través de las revistas Repertorio Americano, la Revista Renovación –de la cual sería directora– y El Trabajo, la principal publicación del Partido Comunista.

Durante la década de los treinta apoyó junto a Carlos Luis Fallas las huelgas de zapateros en San José y de trabajadores en los bananales. En este periodo escribiría su “Historia de la United Fruit Company y sus atrocidades”. Dicha compañía fue creada por la enigmática figura del liberal Minor Keith.

María Isabel Carvajal murió el 13 de mayo de 1949 en la ciudad de México, donde gran cantidad de escritores e intelectuales latinoamericanos la velaron en medio de una multitudinaria actividad convocada por el Partido Comunista de México.

Cuando su cuerpo arribó al aeropuerto de La Sabana, en medio de la tensión por los eventos del 48 y la reciente intentona de golpe liderada por Eduardo Cardona, se rumoró que en el ataúd venían armas para los rebeldes. El ataúd fue escoltado por miles de costarricenses que durante dos días pasaron por su vivienda depositando flores para rendir un último menaje a la tía y maestra de todos los costarricenses

Decreto del diario oficial La Gaceta de 1976, donde se declara Benemérita de las Artes y las Letras Nacionales

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Carmen Lyra

Carmen Lyra

Carmen Lyra es el nombre artístico de María Isabel Carvajal, la escritora más significativa de las letras costarricenses y una figura entrañable para varias generaciones educadas con sus relatos a partir de los años cuarenta, cuando, en cada aula, se acostumbraba cerrar el día embelezando a los niños con las travesuras de Tío Coyote y Tío Conejo. Nació en 1888 en San José y murió exiliada en México en 1949. Fue educadora por antonomasia, luchadora cívica, renovadora en la narrativa y la docencia, cuentista y novelista. Entre su vasta producción figuran numerosos artículos en Repertorio Americano y otras revistas literarias; los libros Fantasías de Juan Silvestre, Bananos y hombres y Relatos Escogidos; varios ensayos políticos y didácticos; el manual escolar Patria Grande y la novela En una silla de ruedas.

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Carmen Lyra: Su palabra aún se escucha

Carlos Rubio. “Carmen Lyra: Su palabra aún se escucha”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 28 de marzo de 2004

Fue en la mañana del 25 de noviembre pasado cuando un grupo de niños se reunió en el Cementerio General de San José. Se trataba de estudiantes de la Escuela Omar Dengo y Scouts de Barrio Cuba quienes, junto a sus educadores, se dieron a la tarea de restaurar la tumba de Carmen Lyra. De manera insospechada y silenciosa, varios pequeños disfrazados de Uvieta, el Cotonudo, la Cucarachita Mandinga o Tío Conejo desfilaron bajo un ondear de banderas que parecía pasar  inadvertido ante el transitar de automóviles y gente que se mueve diariamente por el sur de la ciudad. Se trató de un acto sencillo en el que miembros de las jóvenes generaciones recordaron y rindieron homenaje a una mujer que se atrevió a transgredir los dictados de su época y cuya palabra  se mantiene con plena vigencia.

Carmen Lyra

No es de extrañar que niños y profesores recuerden a Carmen Lyra, pues ella se tomó en serio su papel de maestra. Precisamente, realizó su primera publicación en la revista Páginas Ilustradas, en 1907, un año después  de que se graduara como maestra normal en el Colegio Superior de Señoritas. Se dice que ella condujo una manifestación  de educadores en el  año de 1919 en contra de la dictadura de los hermanos Tinoco, que culminó con la quema del diario La Información; acto determinante que se constituyó en una estoca final en contra de lo que pudo ser una larga dictadura. Fue ella también la joven que viajó a Europa, conoció la filosofía de la pedagoga  italiana María Montessori e introdujo en nuestro país, con una visión científica, el concepto de educación preescolar. Fue ella además quien, en la década del treinta, constituyó una Universidad Popular en su propia casa y se encargó de elaborar el primer texto didáctico con la visión socialista de su partido. Bien se podría señalar que consideró la educación como un acto  revolucionario y transformador para lograr el bienestar de un pueblo. De esa manera, se puso  al tanto y, en gran medida, sobrepasó los ideales epistemológicos de su tiempo.

Escapar de preceptos patriarcales

Sin embargo, poco se hablar de la labor pedagógica y política de Carmen Lyra. Se le suele recordar como la ingeniosa maestra que un día decidió vestirse de tía Panchita y contó cuentos a los niños (lo cual ya constituye un trabajo difícil y honroso), pero casi  no se mencionan sus discursos proselitistas o literarios  en los que evidenció la lucha de clases en una Costa Rica que solo quería saber de la anécdota simpática, el paisaje rural y la viñeta costumbrista.

Tal como señala Elizabeth Rosa Horan en su artículo “Escribiendo la santa maestría: Carmen Lyra y Gabriela Mistral” (1997), ambas escritoras compartieron el hecho de ser educadoras y de rodearse de niños. Ese ropaje, conformado por la niñez, les permitió convertirse, a muy tempranas edades, a una en “tía de los costarricenses” y a otra en “abuelita de Chile”. Esos títulos les conferían  la suficiente autoridad para sobreponerse a los mecanismos de represión masculina propios de su época y pasar por alto el bovarismo impuesto a las mujeres. Habría que recordar que el voto femenino  aún era impensable en las dos primeras décadas del Siglo XX, así como era considerada indecente la expresión de un discurso interior de una intelectual o artista.

Carmen Lyra solía participar en revueltas y mitines en las calles de San José, disfrazada de chiquillo, afirmaron quienes la conocieron. Ella aprovechaba su menuda figura para huir de las autoridades que la perseguían. Pues bien, ese mismo mecanismo  le sirvió para escapar de los preceptos burgueses y patriarcales de su siglo. Carmen Lyra fue la maestra- niña que empezó a hablar en el solar de la escuela y desde ahí denunció la corrupción, la vejación y el olvido con que los más poderosos sometían a los débiles en Costa Rica  y América.

Revolucionaria ante todo

Su casa estuvo situada cerca del Parque Morazán. De joven ella pudo haberse convertido en una “glostora”,  como se les llamaba a los jóvenes bien. Sin embargo, María Isabel Carvajal Quesada su nombre de pila- decidió convertirse en novicia. Profesó con la Orden de las Hermanas de la Caridad, que atendía el Hospital San Juan de Dios. Aparentemente, no pudo ordenarse por un motivo aparentemente intrascendente: era hija de padre no conocido, “hija del amor” le decía en esos tiempos. Será por eso que la iglesia católica perdió a una gran religiosa y de la misma forma, la política y la literatura costarricense ganaron a una gran mujer.

Tal como puede observarse, su pensamiento experimentó un vertiginoso cambio. De ser una muchacha que leía libros románticos y costumbristas y que aspiraba a convertirse en religiosa, optó por estudiar el anarquismo y las ideas antiimperialistas de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), para luego ocuparse, desde 1931 hasta su muerte, de la dirección intelectual y la propaganda del Partido Comunista de Costa Rica. Cabe así preguntarse, ¿qué significaría ser mujer y comunista en las décadas del 30 y 40 en una Costa Rica provinciana? De seguro, había que empezar por un estudio detallado de los clásicos del marxismo. (Es importante señalar que Carmen Lyra tradujo  “El manifiesto” del  francés e hizo una publicación rústica en el polígrafo de la Escuela Maternal. Y era ella, la propia directora de la institución,  quien distribuía el folleto entre las  madres que pasaban por sus hijos a la salida de clases). Ser comunista implicaba también una forma de vida. Constantemente hubo reuniones en la sala de su casa. Allí estaban dispuestos a discutir y proponer acciones de cambio. Mucho escribió María Isabel Carvajal para su partido.  Entre esos textos se encuentran El peón y El grano de oro, los primeros intentos de explicar la historia  de nuestro país desde el ángulo del materialismo  histórico. También, ser mujer y comunista era ya, por sí mismo, una transgresión. Pronunció discurso en plazas públicas y en emisoras radicales y hasta estrenó una comedia llamada Atolillo con dedo, en el viejo Teatro Latino en 1943, la cual trataba sobre las garantías sociales. Ella misma experimentó el peso de la persecución política: en 1933 fue destituida de su puesto de directora de la Escuela Maternal, centro educativo que había ideado y fundado en 1925. La gente de aquella época pensaría que “los de izquierda” eran ateos sin perdón divino. Y tal como lo expresara muchas décadas después su amiga y colaboradora Luisa Gonzáles: “Carmen Lyra era atea, pero Dios la quería mucho”.

Fue esta mujer la que inició la idea de los comedores escolares, cuando buscaba donativos de alimentos para sus pequeños alumnos de la Escuela Maternal y creó la primera sala dedicada a los niños en la antigua Biblioteca Nacional, cuando se encontraba bajo la dirección de Joaquín García Monge. Fue Carmen Lyra quien levantó la bandera para exigir el voto femenino y quien contribuyó intelectualmente a la creación de muchas de las garantías sociales generadas en el pacto caldero-comunista de la década del 40. Siempre valiente y altiva, tuvo las fuerzas para no alienarse con exclusividad a las tareas que, tradicionalmente, se le asignaron  a las mujeres de su tiempo: ser ama de casa, madre, maestra, enfermera o religiosa.

Murió en México en 1949, después de casi un año de exilio político.

Aún hoy, más de cincuenta años después de su desaparición, se siegue considerando a Cuentos de mi tía Panchita como uno de los clásicos fundamentales de la literatura infantil latinoamericana. Pero falta estudiar y desentrañar más de la vida y obra de esta mujer comprometida, pues a pesar del tiempo. Carmen Lyra tiene mucho que decirnos sobre nuestro acontecer nacional y global. Quizá  sea por eso que se le sigue recordando en actos sencillos y casi imperceptibles, como ocurrió en aquella mañana de noviembre, cuando niños del sur del capital cargaron manojos de flores en memoria de la artista, la revolucionaria y la maestra.

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Tía Panchita y la niña Carmen

“Tía Panchita y la niña Carmen”. La Nación.  Zurquí, (San José, Costa Rica),  17 de abril de 1996

Mi Tía Panchita era una mujer bajita y menuda…” así nos describe Carmen Lyra a esta mítica narradora de increíbles historias para niños.

Ilustración tomada del artículo mencionado con anterioridad.

Pero qué casualidad que su descripción nos recuerde a la de la niña María Isabel, esa incasable maestra costarricense que hacia los años veinte inició su gran labor de escritora y educadora.

Y es que de su mágica mano salieron los cuentos más queridos por generaciones de costarricenses, cuentos que ella dijo haber recogido de la estancia de la propia Tía Panchita, en una limpia casita allá por las inmediaciones del Morazán, la misma instancia donde la prolija viejtia desgranaba esas historias y cuentos para entretener y hacer reír a los niños de esos tiempos.

María Isabel Carvajal o Carmen Lyra (como mejor la conocemos) nació en San José, en 1888.

Sus estudios primarios los realizó en la escuela del Edificio Metálico y los secundarios en el Colegio Superior de Señoritas, además recibió el certificado de maestra normal y se dedicó a enseñar en varias escuelas tanto de la capital como la escuela rural de El Monte, en Heredia.

Ingresó a trabajar como novicia en el hospital San Juan de Dios y luego de dos años, comprobó que su verdadera vocación era otra.

Así que continuó con su labor educativa e inició su actividad literaria publicando artículos y obras en las más prestigiosas revistas y periódicos de la época. En 1918 publicó sus primeros libros.

En 1920 publicó la obra por la que la recordamos tantas generaciones de ticos: Los cuentos de mi tía Panchita, un libro que recoge 23 relatos de la tradición popular y otra serie de cuentos cómicos y picarescos del famoso Tío Conejo.

Dos años después fue becada por el gobierno a Europa, donde el contacto con los revolucionarios ideales socialistas cambiaron su vida.

Si antes había estado comprometida con la educación y la justicia, desde ese momento se involucró además con los movimientos sociales costarricenses de la época y llegó a formar parte del partido comunista.

Pero su actividad política no la sustrajo de su principal interés: los niños y la educación. En 1926 fundó la Escuela Maternal Montessoriana, escribió libros de texto y lectura para nuestros escolares, introdujo el teatro para niños dentro de la literatura nacional, impartió la cátedra de literatura infantil en la Escuela Normal de Costa Rica y junto a la escritora Luisa González, publicó la revista para niños: San Celerín.

Y como si fuera poco, esta incansable mujer, tan inalcansable como la Tía Panchita, colaboró con el Patronato Nacional de la Infancia y la Biblioteca Nacional.

Pero eran otros tiempos y su actividad política fue castigada con el exilio. Así que la niña María Isabel, Carmen Lyra y la Tía Panchita, todas fueron expulsadas de la tierra que tanto amaban y tuvieron que vivir sus últimos días en México. María Isabel Carvajal murió en el año 1949.

Pero no creamos que con ella se fueron Carmen Lyra y su Tía Panchita, no señor, esas siguen muy vivas, como si el tiempo no pasara y aun estuvieran en la estancia de la casita del Morazán, donde entre risas y sueños deleitan a los niños de Costa Rica con sus historias y cuentos.

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Carmen Lyra escribió para todos los niños

“Carmen Lyra escribió para todos los niños”. La Nación, 3 de agosto de 1988, p. 3c

Compuso atractivas páginas de textos de lectura para la escuela primaria. En ellas, lo pedagógico, lo instructivo, lo adoctrinador se convertían en lecturas atractivas con las que encantaba a los lectores.

Uno de los mejores resultados de la cátedra de Literatura Infantil que desempeñó en la Escuela Normal de Costa Rica, fueron sus obras de teatro para niños: “Ponerle el cascabel al gato”, “La Cigarra y la Hormiga”, “Caperucita Roja”, “Zarzuela” con música del maestro Julio Fonseca, “Ensueños de Navidad”, “La Niña Sol” y “Había una Vez”.

Carmen Lyra fue la introductora y la creadora, en nuestro país, del teatro destinado al público infantil.

Entusiasmadas por dar a los niños literatura a su alcance, Lilia González, educadora eminente y Carmen Lyra, publicaron la primera revista con orientación moderna ofrecida a nuestros escolares “San Selerín” la que muy pronto llegó a ser famosa en el mundo escolar del país.

Su famosa obra de la literatura infantil es “Los Cuentos de Mi Tía Panchita” publicado en 1920, en la que recogió 23 relatos de la tradición popular y otra serie de cuentos cómicos y picarescos del personaje Tío Conejo, considerado compatriota nuestro, a pesar de que se cree que vino de África.

Sus preocupaciones sociales

Después de graduarse como maestra normal en el Colegio Superior de Señoritas, Carmen Lyra ingresó como novicia religiosa, a trabajar en el Hospital San Juan de Dios. Pero sus preocupaciones sociales la alejaron de los hábitos e inició su actividad literaria en los periódicos y revistas más importantes de la época, tales como Páginas ilustradas, Pandemonium, Ariel y Atenea.

A sus 26 años, asumió la dirección de la revista artística y pedagógica Renovación y en 1918 se publicaron sus primeros libros Fantasías de Juan Silvestre y la novela romántica En una silla de ruedas.

En 1931 publicó en Repertorio Americano, y su ensayo “Bananos y Hombres” también colaboró con el periódico Trabajo órgano del Partido Comunista. Como ves, Carmen Lyra no sólo fue educadora y escritora, también fue una castigada tiempo completo con el exilio en México, país que la acogió.

Porque Carmen Lyra era tan enérgica y combativa, que identificada con las demandas del pueblo, participaba en mitines y manifestaciones. Ella misma dirigió a los maestros contra el Gobierno de Tinoco, el 13 de junio de 1919, lo que culminó con la quema del periódico “La Información”, vocero de esa dictadura.

El arma de Carmen Lyra, la espada con la que trataba de construir un mundo justo para sus niños, era su pluma.

Carmen Lyra murió un 13 de mayo en Ciudad de México. Sus restos llegaron a Costa Rica el 19 de mayo, y nuestra tierra le dio sepultura.

Tiempo después, Costa Rica quiso brindarle homenaje, y en la planta baja del quiosko del Parque Central, se inauguró en San José en 1971 la Biblioteca Infantil que lleva su nombre.

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