Manlio Argueta recibe el Guggenheim

Ernesto García, Carlos. Manlio Argueta recibe el Guggenheim. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 25 de julio de 2005.

La noche en que Manlio Argueta me comentó que la Fundación Guggenheim le había concedido una beca, por acto reflejo hice un recuento de la cantidad de Premios Nobel, Premios Cervantes, Rómulo Gallegos o Juan Rulfo con que cuentan las letras centroamericanas. Esa relación seguramente no la harían los chilenos o los colombianos, pero a los salvadoreños no nos queda más que pensar de esa forma, porque no contamos a menudo con este tipo de distinciones, que al fin y al cabo nos atañen desde el punto de vista de la pertenencia a un entorno que determina nuestra propia historia. Algunos, de manera maliciosa quizá pensarán que no se trata más que de una beca que podría haber recaído en cualquier otro escritor que se lo hubiera propuesto. Yo simplemente me limitaré a decir, que aún en el caso de que eso fuese así, la verdad es que recayó en Manlio Argueta quien con novelas de la talla de Un día en la vida, El valle de las hamacas y Caperucita en la zona roja le han dado identidad propia a la novela salvadoreña y por extensión centroamericana.

En San Salvador sellamos con Argueta el acuerdo de esta breve entrevista y me marché a releer algunos poemas de toda una generación en la que destacan los versos de Roque Dalton, Roberto Cea, Tirso Canales, Roberto Armijo, Alfonso Quijada Urías y por supuesto de Manlio Argueta, es decir, la misma que iluminó como ninguna otra el sendero por donde transitan las palabras de este universo poético que hoy podemos llamar nuestro.

Carlos. Manlio, para un escritor salvadoreño, debe de ser muy importante recibir una beca tan prestigiosa como la Guggenheim pero también supongo que debe de suponer un reto y un compromiso.

Manlio. Carlos, el compromiso como escritor lo tengo desde hace mucho tiempo, y lo sentí más fuerte estando fuera de mi país, en Costa Rica, en Holanda, Canadá, en los Estados Unidos; el compromiso de escribir lo mejor posible y darlo todo por ello, pues por algo escogí ese oficio. Pero sí tienes razón, es un reto, porque en mi proyecto me propuse escribir sobre un tema, -el proyecto que presenté a la Guggenheim- y no siempre se sabe cómo enfocar la obra, estructura, personajes. Porque el trabajo de creación literaria va más allá de un plan o proyecto. Me siento como si hubiera salido embarazado, feliz por supuesto, y debo cumplir con responsabilidad profesional mi propuesta presentada a la Fundación Guggenheim de Nueva York. Debo decirte más, en los 81 años que tiene sólo la han ganado cuatro artistas, Ana Istarú de Costa Rica; Claudia Gordillo, fotógrafa y Pablo Antonio Cuadra, poeta y periodista de Nicaragua. Cuatro científicos de Costa Rica y uno de Nicaragua. Yo inicio por El Salvador.

C. El próximo año se cumple el 50 aniversario de la irrupción en las letras salvadoreñas de la llamada “Generación Comprometida” de la que tú, junto a otros escritores, fuiste forjador. Algunos de ellos han muerto por muy diversas razones, otros siguen escribiendo y publicando sus obras con un cierto éxito ¿Qué ha quedado de todo aquello en el espíritu literario de Manlio Argueta?

M. Los que cumplen cincuenta años somos los del Círculo Literario Universitario, que quede claro y no vaya a pasarnos como la Manyula. El Círculo fue fundado en 1956 por Otto René Castillo y Roque Dalton, ambos muertos trágicamente en esa utopía nunca definida. Dalton, asesinado con un balazo en la cabeza; Castillo quemado vivo en Guatemala por las fuerzas contrainsurgentes de su país. Mientras que la Generación Comprometida fue nominada así en 1950 por Ítalo López Vallecillos, y fue el más activo y promotor de ese grupo junto a Menen Desleal y otros. Como ves, es una paradoja increíble si no fuera porque la realidad es más ficticia que la propia ficción. Cuando vemos los traumas posteriores a esa época dorada de rebeldías, es decepcionante, en muchas cosas los retrocesos son increíbles, el vandalismo de todo tipo, mental y material ha sustituido los ideales que pudieron ser equivocados, pero ideales al fin.

C. Cómo ves ahora los sueños utópicos de tu juventud estudiantil, como poeta y promotor cultural de los años 60, ya que ustedes crearon periódicos, revistas y libros desde la Universidad.

M. La utopía ha sido reinventada por los nuevos políticos a la medida de sus intereses personales. Pero bien, a mí sólo me toca registrar los hechos como secretario de mi sociedad, no puedo mistificarlos, ni flexibilizarlos al impulso de dogmatismos superados. El problema es que no se ha sabido reinventar lo real, por no contar con un archivo de ideas y pensamiento, por no comprender el impulso dinámico de la palabra.

C. Sé que piensas escribir una novela sobre los emigrantes salvadoreños en los Estados Unidos ¿qué es lo que más te llama la atención de ese fenómeno social?

M. Es difícil definirlo en pocas palabras, debo enmarcarlos en toda la novela que aun no he escrito. Pero veamos, me llama la atención que ya no somos los mismos y no nos damos cuenta, o si nos damos cuenta, seguimos dando respuestas fuera de tiempo, nosotros mismos nos damos atol con el dedo. Al no reparar en ese cambio de lo que podríamos llamar “identidad”. Olvidamos que los valores salvadoreños han ido al mundo para hacernos diferentes. Pero también es paradójico, tengo amigos salvadoreños en lugares lejanos como Australia y Nueva Zelanda que siguen siendo más nacionales que los que permanecen dentro del territorio. Lo malo es creer que somos los mejores patriotas del mundo porque vivimos entre las reducidas fronteras salvadoreñas. La gente por sí misma, se da cuenta que esos conceptos de estrechez se vuelve cada vez más en una bayuncada.

El paisito en que nos tocó nacer es cada vez más diferente de lo que creemos, ese paisito sólo existe en mentes que involucionan. Creo que todo lo dicho tiene que ver con la visión de país que deseamos. No sólo no debemos dormirnos en los laureles sino sembrar la estaca para que se reproduzca en bosque.

C. Un día en la vida, se ha convertido en tu novela de mayor proyección internacional y sé que está próxima a reeditarse en España y que de igual manera muy pronto verá la luz una nueva novela tuya ¿Crees que se esta abriendo un nuevo tiempo para la narrativa centroamericana en este país?

M. A veces pienso que perdí buenas oportunidades debido al tiempo de rencor y odio que nos tocó vivir, por lo menos como lo interpretamos en esos años, porque no cabe duda que todavía hay rencor y odio. No sé si es peor que el tiempo de esperanzas y optimismos de antes. Porque ahora el desencanto produce destrucción así en la paz como en la guerra; antes hubo ideales para superar el problema social; ahora veo más vandalismo y bandidismo colectivo. Digo que perdí oportunidades porque fui publicado en Londres por la editorial que fue de los Wolf, de Virginia y esposo (The Hogart Press o Chato & Windus; o por Random House de Nueva York), como escritor fui publicitado por Newsweek, N.Y. Times, Washington Post, para citar periódicos de Estados Unidos. En el exterior gané a mi país y gané otros países no de habla española donde reconocieron mi obra literaria, incluyendo a Israel, los países escandinavos y Rusia.

C. ¿Cómo piensas combinar tu cargo al frente de la Biblioteca Nacional de El Salvador y el acto de escribir tu nueva obra?

Buscaré adaptarme a las leyes que habla sobre becarios. Soy un trabajador emotivo, hay proyectos de desarrollo y modernización de la divulgación y conservación del patrimonio bibliográfico que me es difícil dejar, por eso no quiero dejar la biblioteca y debo coordinar para cumplir mi compromiso adquirido con la Guggenheim Foundation.

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Entrevista con Manlio Argueta. Relacionado con la destrucción de la novela Putolión de David Hernández

Ramírez, César A. Entrevista con Manlio Argueta. Relacionado con la destrucción de la novela Putolión de David Hernández. Diario Latino. Suplemento Cultural 3000. (San Salvador, El Salvador), 11 de noviembre de 1995

Introducción:

Asistimos a un hecho insólito en la literatura nacional, comparable con aquellas acciones grotescas de otros tiempos, es así como se ha perseguido a la inteligencia por siglos, como en la quema de la Biblioteca de Alejandría, las quemas de libros en la Alemania Nazi, los Versos Satánicos condenados por el fundamentalismo islámico etc, sin embargo ahora tenemos un hecho que conocemos por terceras personas, una acción concreta del retiro de una obra literaria, eso es innegable, esa es la realidad, la destrucción aparente de un fragmento de nuestra memoria, aparente porque se tiene conocimiento que existen alrededor de una docena de originales comprados en diferentes puntos de las ciudades antes del retiro, además la multiplicación de ese documento no es cosa del otro mundo, recordemos como se reprodujeron en la extinta Unión Soviética los textos de Alexander Soljenitsiyn, la pregunta por consiguiente es: ¿podemos acusar a alguien en particular sobre esa acción? ¿esa es una acción institucional o personal? ¿los acusados pueden defenderse? etc, etc, etc, en el fondo, se establece una ruptura entre autores nacionales, amigos todos, que tienen dos visiones de una misma realidad, nuestra labor cultural nos exige publicar diversas opiniones y las publicaremos en la medida de nuestra posibilidades, aunque eso no signifique que compartamos el pensamiento de los textos, puesto que con ello nos acercaremos a la realidad de los hechos.

César A. Ramírez

Coordinador Suplemento Tres Mil.

Entrevista con Manlio Argueta

Relacionado con la destrucción de la novela Putolión de David Hernández

p. Hemos sabido que no querías pronunciarte sobre ese problema no obstante que se dice que tú eres el representante de David Hernández y por otro lado la obra tiene un prólogo tuyo, ¿qué motivó ese silencio?

R. Mira yo he regresado al país después de haber estado fuera por veintiún años, quizás en el fondo no le he retomado y soy y me siento un extraño. Viví en Costa Rica, he visitado muchas veces como conferenciante de universidades de Estados Unidos y Canadá; he trabajado en Inglaterra adaptando para el cine mi novela Cuscatlán donde de bate la Mar del Sur; y he reconocido toda Europa occidental, excepto España y Portugal; Holanda me lanzó internacionalmente como escritor. Todo esto le he dado una dimensión diferente a mi vida. No cabe duda que al ser una especie de ciudadano del mundo, se te pegan muchas cosas, Costa Rica por ejemplo me enseño a ser tolerante a apreciar la importancia que tiene un Estado de Derecho. En Holanda aprendí lo fundamental que es escribir una literatura no sofisticada, sencilla, más comunicativa; y de Norteamérica aprendí la responsabilidad profesional como escritor. Decidí regresar a mi país para dedicarme totalmente a la literatura y al trabajo cultural, para quedarme definitivamente. Imagínate entonces como puedo sentirme al verme involucrado en un problema inaudito. Tantas cosas de diferente calibre que nos están ocurriendo, al grado que el Presidente de la República calificó la actual situación como “dantesca”.

Pienso que no tiene sentido ser escritor o comunicador, ni estar pensando en talleres nacionales ni en casas de cultura, ni incluir el arte en la reforma educativa si optamos por el silencio.

Qué le vamos a decir a los poetas jóvenes, que carecen de estímulos y a los que vendrán en un cercano futuro, que quizás tengan mejor suerte. Qué le podemos enseñar a los jóvenes.

P. ¿Cuál es el verdadero trasfondo de la actitud de esa editorial?

R. Lo único que sé es que hubo presiones fuertes contra el director de la editorial, quien había decidido la edición de la novela y luego se vio obligado a pedir que los libreros la devolvieran cuando ya estaba distribuida.

P. Si obedeció a presiones, ¿de dónde provinieron? ¿Resultan tan poderosas para originar temor a quién puede temer la editorial para cometer un acto de inquisición?

R. No sé qué poderes pueda tener un u otra persona, pues estoy más dedicado a escribir y promover lo lectura; pero si el Director me aclaró que la primera protesta la recibió de un profesor de letras de la UCA que en el pasado ha sido alto funcionario de dicha Universidad, y recién acaba de recibir un premio literario importante; éste consideraba que se aludía en la novela de una manera fuerte, a un poeta respetado y muy ligado a la vida política nacional.

P. ¿Se puede saber quienes son esos poetas?

R. Bueno, el aludido es David Escobar Galindo.

P. ¿Y el poeta que primero presionó al director de la UCA?

R. Creo que no debe mencionarse pues cabe duda que él actuó en defensa de un amigo, lo cual hace natural su reacción.

P. Pero tuvo que haber otro tipo de presiones para que el director la retirase ¿qué trama tiene la novela, es tan poderosa para originar hechos insólitos como estos?

R. No me consta que otras presiones hubo, lo que si sé es que el director de la UCA Editores se comprometió a sacar de circulación la novela y Escobar Galindo le respondió que era lo menos que podía hacer.

Yo pienso que todo se exageró, la gran literatura está llena de alusiones y si la decisión hubiese sido hacerla desaparecer no existiría la Divina Comedia, por ejemplo, obra en la que Dante coloca a sus enemigos políticos en el infierno; ni la gran poesía latina de Catulo y Propercio que ironizaba a los emperadores.

Quizás no conoceríamos a Rabelais, ni al Marqués de Sade, ni a Neruda, ni a Miller. Me gusta cómo define Carlos Fuentes este punto: “El narrador trabaja con la emergencia del descubridor; si no nombra, nadie nombrará; si no escribe todo será olvidado; si todo es olvidado, dejaremos de existir”. Pero Putolión es más una novela erótica y de anécdotas de poetas que política; si nombra inclusive a amigos o personas a quienes respeto, pero esto es secundario, tan secundario que la Editorial UCA no tuvo reparos en publicarla; además Hernández es un técnico de biogenética estudiando ahora un doctorado de literatura germánica y es un escritor que ya tiene una novela publicada en Alemania y ha publicado poesía, él mismo fue del grupo de poetas denominado La Cebolla Púrpura. No se trata de una persona improvisada y no es la primera vez que en la novela nacional se aluden personas reales.

P. ¿Pero es tan grave la alusión?

R. Cada quien la considera grave y reacciona de diferente manera, hay que sentirlo en la propia piel para saber como vas a reaccionar. En realidad se trata de unas siete líneas donde David Hernández cita entre comillas una de esas publicaciones de humor salvadoreño que muchas veces puede ser mal humor y que hacían los estudiantes en los desfiles bufos, el panfleto se llamaba La Jodarria. La novela tiene en ese aspecto mucho callage. Pero lo más importante que tiene la obra y es lo que yo toqué en el prólogo es lo que se refiere a los poetas de La Cebolla Púrpura, la mayoría de ellos muertos en el conflicto. No se trata de una obra antigubernamental, pues inclusive sólo se refiere a la década del 70. Tampoco es panfletaria, pero sí tiene un lenguaje fuerte dentro de una elaboración muy profesional.

Yo creo las alusiones frente a un valor civil y humano como es la libertad de expresión y la libre creatividad, no ameritaba la decisión inaudita de ordenar destruir la obra. ¿Qué ejemplo podemos dar si tratamos de buscar la concordia nacional o por parte de un educador, si está participando en una reforma educativa que quiere implantar el estudio de los valores cívicos y morales frente a la destrucción moral que estamos viviendo, con una juventud víctima y victimaria.

P. ¿Putolión es un personaje de la vida real?

Sí, pero el autor no lo aclara mucho, pienso que es un abuelo brujo de David Hernández. Como te digo la novela no tiene que ver con los aludidos, estas alusiones son marginales, propias de la novela moderna.  Por el contrario trata de las aventuras y desventuras de los poetas de esa generación y de todas las generaciones. Los personajes son Cirilo –en quien veo a David; Rigoberto Góngora, poeta a quien conocí en Costa Rica y que murió mientras desactivaba una mina en Guazapa; también es figura principal Jaime Suárez Queiman– poeta y periodista asesinado; y Alfonso Hernández combatiente y poeta. Es una obra de la cultura nacional y debemos respetarla.

Por eso digo que hubo encandilamiento de las emociones y parece mentira que ello originara un hecho que por lo menos puede servir para ahondar sobre el papel de la literatura y el arte en el actual proceso de transformación que vive el país. De nuevo la obra literaria nos demuestra que juega una función social, histórica, no se puede marginar o automarginar del desarrollo.

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Manlio Argueta. “Los poetas darán de que hablar”

Chávez, Luis. Manlio Argueta. “Los poetas darán de que hablar”. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 17 de febrero de 2001, p.7

 Entrevista de Luis Chávez.

¿Cuándo y donde nace Manlio Argueta?

Nací en San Miguel, en 1935, el 24 de noviembre. Ahí estuve toda mi infancia y adolescencia, y me vine a San Salvador a estudiar a la Universidad de El Salvador.

¿Y cómo escritor, que nace primero: el poeta o el novelista?

Comencé a escribir poesía en la escuela primaria, pero en mi edad adulta, como a los 29 años, yo necesitaba decir cosas que ya no las podía decir con la poesía, fue así como decidí meterme a la novela, sin haber tenido ninguna vocación por ésta, ni un ánimo por hacerlo.

Tenemos conocimiento que tu primer novela fue El Valle de las hamacas, la cual ganó un premio centroamericano ¿cuántas novelas has escrito a la fecha?

Bueno después de esa tengo seis novelas más, tomando en cuenta una inédita que se llama Los Poetas, que es la séptima.

Tu última novela, Siglo del O(g)ro habla mucho de tu niñez. ¿Estarías retroalimentando tu niñez, Manlio?

¡Claro!, y es lo que ha llamado la atención en San Miguel, porque realmente las dos últimas novelas que he escrito al volver a El Salvador, después de estar fuera son sobre San Miguel. Una de ellas es Milagro de la paz, que se refiere al barrio donde crecí y la otra es Siglo de O(g)ro, que es mi infancia, siempre en San Miguel.

Estar colocado entre los primeros cinco a nivel mundial con tu novelística ¿qué criterio te aviene?

En realidad del habla española estoy colocado entre los primeros cinco de 100 que escogieron. Claro que para mí es un gran estímulo. Es casi sorpresivo, ya que mi novelística no es tan conocida como la de otros novelistas que quedaron en puestos inferiores; sin embargo, algo encontraron en mi novela. Más que todo, -dicen los jurados- que es por el aporte social y la contribución en el siglo, según los contenidos de la novela, o sea, no es éxito por mayor venta o mayor publicidad que recibe una novela, sino que estudiaron influencias que ha tenido, y como mi novela “Un Día en la Vida” precisamente, que es la que galardonaron, ha tenido mucha distribución y mucha circulación a nivel mundial, de manera que es posible que eso motivó a los jurados, que no eran siquiera centroamericanos los que dieron esa denominación y es en habla española. Las 100 mejores novelas del siglo de habla hispana…Bueno, la primeras cinco: de (Gabriel) García Márquez, escogieron dos, de Carlos Fuentes, una, de Mario Vargas Llosa, otra y yo. Somos cuatro, pero como García Márquez participó con dos novelas, porque no es a los escritores, sino las novelas más importantes, entonces GABO tiene dos novelas en los primeros cinco lugares.

En los corrillos literarios se decía que te habían tomado el pelo. Muchas veces la envidia nos corroe; salieron algunos comentarios hirientes en los medios periodísticos del país. Sin embargo, mantuviste tu humildad, tu manera de ser, te conozco de años y sé la trayectoria que tienes Manlio. ¿Cuál fue tu reacción?

Al principio sentí un poco de sentimientos que me afectaban, pero, después me di cuenta que era normal. Fíjate, el hecho de aparecer al lado de Carlos Fuentes, de Vargas Llosa (Mario), para muchos intelectuales nuestros eso es inconcebible, pero, realmente, como yo se los decía, no soy yo quien lo decidí. Son jurados que trabajan en los Estados Unidos como críticos, como científicos sociales y como editores, de tal manera de que yo sabía la realidad de la nominación, pero no dejaba de sentirme afectado que mis compañeros, en vez de alegrarse y celebrar conmigo, se molestaban. Pero como sé la circulación que ha tenido la novela, lo acepté con sorpresa.

En tu poesía también nace el niño que llevas dentro. Ahí hay un verso que dice “saludas al mundo como un niño malo”, ¿estaría cargada tu poesía de lirismo, pero de un lirismo social?

Si, ese verso está en un poema que se llama Réquiem para un poeta, que yo se lo dedico a Orlando Fresedo, uno de mis poetas favoritos cuando yo me estaba formando como poeta, inclusive para ganar los premios. Quiero decirte que yo surgí de la nada. Yo gané dos primeros premios uno en noviembre y el otro en diciembre, sin que nadie supiera quien era yo, del anonimato de San Miguel, porque ese año me venía para San Salvador, y recuerdo que de los poetas que más me influenciaron fue precisamente Orlando Fresedo. También se Siglo de O(g)ro, ahí hablo de que “la infancia es la patria del poema”.

Tu trabajo no está comenzando, pues ya hay una experiencia acumulada, tenés una novela inédita… ¿qué otros proyectos tienes Manlio?

Tengo dos libros de poemas inéditos, uno que lo he venido trabajando inclusive me han publicado alguna parte en inglés, en una editorial bastante conocida en Nueva York, que se llaman Norton Press, una de las cinco o seis editoriales más grandes de Nueva York, pero yo lo quiero publicar en español.

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Desde Alemania. La realidad novelada

Hernández, David. Desde Alemania. La realidad novelada. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 21 de febrero de 1998.

 David Hernández entrevista a Manlio Argueta. Primera Parte.

Realizando una gira por Alemania, Holanda y Francia, luego de participar en el encuentro “Las bellas letras extranjeras” promovido por el gobierno francés, llegó a Hannover el escritor Manlio Argueta, invitado por la iniciativa cultural alemana “De pueblo a Pueblo”, para realizar una lectura de sus novelas e intercambiar opiniones con docentes de la Universidad de esta ciudad. Argueta, que es Secretario de Relaciones Nacionales e Internacionales de la Universidad de El Salvador, aprovechó su estancia europea para realizar gestiones ante universidades alemanas y holandesas.

Autor de seis novelas claves en la literatura salvadoreña, muchas de ellas traducidas a más de diez idiomas y con varias ediciones internacionales en Argentina, Uruguay, España, Cuba, Nicaragua y Costa Rica. A sus sesenta años, Manlio Argueta sigue incombustible. Su última novela Siglo de O(g)ro, recién salida de la imprenta y que se perfila como el inicio de una saga autobiográfica, da testimonio de su intensa capacidad creadora y de trabajo.

Aprovechando su estadía en Hannover, a nivel más bien informal, salió la presente entrevista que es el resumen de una charla larga e intensa sobre la política, la cultura, la economía, la situación actual de nuestro país y sobre todo, un conversatorio sobre la literatura y los poetas salvadoreños. Manlio, el escritor más internacional y viajero de nuestro país fue durante el conflicto bélico de la década pasada el comunicador que teníamos los intelectuales salvadoreños regados por el mundo. A través de él, quienes residíamos en Europa, nos enterábamos de la vida y el quehacer de los salvadoreños en Vancouver, en Washington, en San Francisco, en los Angeles, en Toronto, en Montreal, en Nicaragua, en el interior de país o en Australia. Era algo así como el personaje viajero de Macondo, Francisco el Hombre, un narrador que va por el mundo contando a sus oyentes los acontecimientos de viejos conocidos residentes en otros confines del planeta con pelos y señales, y recogiendo noticias y sucesos recientes para incorporarlos a su repertorio de historias. Dentro de ese contexto se ubica esta entrevista.

David Hernández: Dime en primer lugar ¿a que se debe tu actual estadía en Europa?

Manlio Argueta: Vine a París invitado por el Instituto del Libro, del Ministerio de Cultura de Francia, programa “Las bellas letras extranjeras”. Asistí con otros escritores centroamericanos como Mario Monteforte Toledo, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Claribel Alegría, Anacristina Rossi, Roberto Castillo, Sergio Ramírez, Ana Istarú y otros. Fue este un acto político-cultural, expresión que los salvadoreños conocemos muy bien. A centroamericanos y franceses, por larga tradición es fácil combinar las dos caras de esa misma moneda.

David Hernández; ¿Qué nuevos nombres o rostros se destacan en la letras salvadoreñas de hoy?

Manlio Argueta: Refirámonos a los que andan por los 30 años: Otoniel Guevara, Jacinta Escudos y Horacio Castellanos. Pero en general hay un  surgimiento de la narrativa en el país, un “boom” de la narrativa, muchos están escribiendo novela. Creo que es muy importante porque a través de la novela se puede expresar con amplitud realidades de un país que tiene indefinida su conformación cultural, lo cual se refleja en desigualdad y retrasos sociales. La literatura puede solventar en parte muchos vacíos, en el área de los valores, por ejemplo. En especial la narrativa. Así, cuando los escritores salvadoreños escriben novela deben hacerlo como una búsqueda, de forma y contenido; además, decir lo que otros callan. Hay entusiasmo por el cuento, el testimonio, la novela que fortalecerá las letras nacionales.

David Hernández: ¿Hay una participación activa de la sociedad civil salvadoreña en el proceso político actual?

Manlio Argueta: El proceso que estamos viviendo es producto de una concertación táctica, aunque hay Acuerdos de Paz que obligan, pero solo entre los beligerantes. Ello hace que estos tengan la sartén por el mango, con un protagonismo casi monopólico, tanto en los medios como en el ejercicio del poder público. Es decir que solo los miembros de un partido pueden aspirar a cargos de elección popular, por ejemplo. Las organizaciones civiles o un especialista, un politólogo, una personalidad, que podrían aportar debe ser avalado por un partido o no participa y lo que es peor no le es posible involucrarse en los asuntos de la Nación. Eso no es correcto, porque cierra las puertas para escuchar otras iniciativas y voces. Y como los políticos firmaron el pacto ellos tenían que servirse con el  cucharón más grande. Inclusive son los que tienen casi toda la presencia en los medios, son el obligado marketing. Las otras voces apenas existen. Aunque para ser justos, debo afirmar que comienza a haber confianza en las organizaciones civiles que están aportando públicamente sobre derechos humanos, problemas de género, medio ambiente, educación alternativa, cristalinidad en manejos financieros.

Pero se abren menos las puertas a los intelectuales, como si no tuviésemos nada que aportar hacia la sociedad y quizás eso ha dado origen a un estancamiento en orden a aportar un nuevo pensamiento. Por ejemplo, el poeta Otoniel Guevara dice que solo las putas y los escritores no están organizados en El Salvador, pero ¿sabes? Las putas se organizaron en la entidad “Flor de piedra”. Los escritores deberíamos al menos tomar ese ejemplo. Claro, si el escritor trabaja con la palabra, es especialista en ideas y palabras, se convierte casi siempre, en subvertidor, plantea pensamiento. Por otro lado, los medios tienen la libertad –y eso debe ser así- de dar o no cabida a la palabra que problematiza o que disiente. Es una lástima porque en las emergencias de país en crisis por una cruenta postguerra, se pierde la función de los medios como educadores de ciudadanía, en los valores por ejemplo.

Los medios y el sistema educativo, valga la redundancia, están obligados a educar. Puedo decir que el marginamiento a las expresiones literarias no solo proviene de la falta de visión de los medios sino de la escasa cohesión gremial que hemos significado, el daño nos lo hacemos nosotros mismos, que no estamos poniendo lo que nos corresponde. !En un país como el nuestro donde la única forma de sobrevivir es estar organizado!

David Henández: ¿Qué sitio ocupa la violencia cotidiana en la preocupación de la población salvadoreña?

Manlio Argueta: En las estadísticas, la inseguridad y la violencia ocupa el primer lugar de preocupación, incluso por encima de la crisis económica (con un 53% de desempleo y subempleo). Esto te da una idea de lo radical que se ha vuelto la violencia. Esto afecta a los sectores populares y a todo el país en tanto obstaculiza la inversión, contiene el turismo, deteriora el rendimiento laboral. Lo peor es la perdida en vidas, la ocupación de los pobres recursos con que cuentan las clínicas en atender a las víctimas de una violencia brutal. No podemos esperar modernización si antes no solucionamos la violencia. Es quizás una de los problemas que aún calificado como “elemental” está dificultando la reconstrucción nacional. Y la sensibilidad única que se evidencia para solucionar el problema es construir cárceles, o bien con la represión; existe poca visión sobre el significado de reeducar al delincuente, o prevenir el delito.

En verdad, la violencia y la inseguridad ciudadana es producto de la inseguridad social. No cabe duda que debe cultivarse el humanismo en la educación para que se refleje en los sectores productivos, la protesta y presión social no son suficientes. Por todos lados predomina la falta de solidaridad, producto del distanciamiento entre dirigentes y bases sociales que no permite detectar los aspectos explosivos de la realidad. No se vislumbra a corto plazo suprimir las causas que originaron la guerra, siguen subsistiendo, y quizás se han agravado. Esto llena de preocupación y nos preguntamos hasta dónde nos va a llevar esa espiral destructiva; aunque se debe reconocer que se han abierto espacios inéditos de tipo político, que fueron inconcebibles en toda nuestra historia antes de los Acuerdos de Paz.

Pero la crisis nacional no es solo de ese carácter. No hay recursos suficientes para resolver los problemas sociales y cuando hay algunos paliativos, como es el caso de las remesas familiares que envían los salvadoreños desde los Estados Unidos, no existe atención para planificar su uso, sino que se dejan a la disposición del consumismo. De nuevo pocos se sirven con la cuchara mas grande y en este casos de los más pobres, que son los que emigran. No hay proyecciones para generar empleo o ahorro. Da la impresión que estuvieramos esperando que se hunda el barco, cada quien vela por salvar su pellejo.

David Hernández: ¿Qué me dices del problema ecológico nacional?

Manlio Argueta: En América Latina, el segundo país más deteriorado ecológicamente después de Haití es El Salvador. Hay daños ecológicos ya irreversibles. Ahora se ha nombrado un ministerio de Medio Ambiente, pero no cuenta con recursos y en ese marco hace falta que se le apoye con un plan de salvación. No se puede resolver ese deterioro ecológico con propaganda como ocurre en la actualidad, que a veces es la única manera de justificar el gasto de los fondos internacionales. La salida tiene que buscarse dentro de un plan de emergencia, que de dimensión estratégica al problema, antes que nos quedemos sin ríos y sin recursos naturales.

En esta discusión hay contradicciones entre varios sectores, el más poderoso no tiene interés en resolver este problema porque ven su interés político o económico inmediato, un poco a lo coyol quebrado coyol comido. El plan estratégico debe crear conciencia de que el deterioro ambiental está haciendo del país un desierto. No todos lo vemos así. Algunos sectores políticos socarronamente se refieren a este planeamiento como una visión apocalíptica. Ellos no ven lo crítico, sólo quieren resolver los ingresos económicos inmediatos. El hecho de que estos sectores hablen de visiones apocalípticas, implica que no le van a prestar atención al problema del medio ambiente, ni van a preservar los recursos naturales, a menos que la sociedad civil presione. Es necesario una iniciativa nacional que haga tomar conciencia sobre la catástrofe ecológica que nos va a dejar sin agua, sin tierras fértiles y hasta sin los últimos animalitos que aún existen el la campiña salvadoreña.

Fin de la primera parte.    Hannover, diciembre de 1997.

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Manlio ha escrito la gran novela salvadoreña

Salamanca, Elena. Manlio ha escrito la gran novela salvadoreña. La Prensa Gráfica (San Salvador, El Salvador), 3 de marzo 2005

Craft habla con cariño de Manlio Argueta. Vino al CILCA a recorrer la obra del novelista con su ponencia “De la hamaca al trono”.

Siete académicos del mundo han venido al XIII Congreso Internacional de Literatura Centroamericana con un tema común: Manlio Argueta y su novelística. Entre ellos está Linda Craft, catedrática de Letras y Literatura Latinoamericana de la Universidad de North Park, Chicago Illinois.

Durante “los años de emergencia”, como se llama a la guerra civil salvadoreña, Craft se acercó a El Salvador por la maternidad: adoptó a dos niños salvadoreños. Para conocer la cultura de origen de sus hijos, quiso leer.

La respuesta que encontró salió de las novelas de Manlio Argueta. Desde entonces no deja de estudiarlas.

La obra de Argueta se analiza más en el extranjero que en El Salvador.

Hay varios factores para eso: uno es el mercado, fuera del país se venden más libros. Posiblemente se desarrolló el interés durante los “años de emergencia” (de 1980 a 1992)

¿Llegó en esos años Manlio Argueta a usted?

No. Fue en los noventa. Yo estaba escribiendo mi tesis doctoral y tenía mucho interés en América Central. Como escritor de narrativa, Manlio era, y todavía es, el más importante.

¿Qué hace tan importante la narrativa de Argueta a comparación de otros novelistas salvadoreños?

Sus obras ayudaron a explicar a los extranjeros lo que estaba pasando aquí con el involucramiento de Estados Unidos, mi país, con la guerra o eventos políticos salvadoreños. Muchos norteamericanos querían saber lo que estaba pasando, y la literatura es una buena manera de acercarse (a la realidad).

El nombre de su ponencia es muy sugestivo: adopta los lugares físicos de donde parte y concluye la novelística publicada de Argueta.

Hamaca, para mí, evoca un mundo humilde, mientras el trono es opuesto. También sigue la trayectoria de su novelística: sus dos primeras novelas son muy experimentales, con rupturas de tiempo y espacio, difíciles de leer. Luego, con las testimoniales, de los ochenta, se ubicó en algo más accesible, para promover ideas de justicia, y luego las novelas después de los Acuerdos de Paz son más íntimas, más sicológicas. Hay una inversión en la temática y el estilo de sus novelas: es un lujo para Manlio tomar esa oportunidad de ir hacia adentro, de pasar de lo sofisticado a lo sencillo.

¿Eso no es una involución en su obra?

Tiene que ver con la temática y los tiempos. Manlio necesitaba un estilo más sencillo para explicar lo que estaba pasando durante la guerra, se dio cuenta de que sería necesario simplificar la expresión para que pudiera entenderlo su propio pueblo. Y además incorporó las grabaciones de las  personas que le daban testimonio.

¿Hay algún límite en la obra entre el testimonio y la literatura en la obra de Argueta?

Las novelas de Manlio son novelas históricas, sí, testimoniales también, pero ficcionalizadas. Muchos escritores en América Central y el Cono Sur practicaban esa literatura testimonial, en solidaridad política. Era por la época.

Argueta es el autor más traducido y vendido afuera de El Salvador.

Creo que precisamente por los años ochenta, de la participación política.

¿Si él no hubiera escrito testimonialmente o inmerso en ese contexto histórico, sería tan leído?

En una buena pregunta, porque yo he hecho una traducción de “Siglo del Og(r)o”, y todavía estoy buscando editorial para publicar en inglés. Pero una asociación de bibliotecarios ha nombrado “Un día en la vida” como una de las cinco novelas latinoamericanas más importantes de siglo XX. Es increíble.

¿Eso es por el valor literario o testimonial de la novela?

Los dos. Tiene dos propósitos, y ese es el genio de esa novela: es muy artística y accesible, no tan difícil, y salió cuando el enfoque de Estados Unidos estaba en América Central, había interés. Casi nunca se puede hablar de una novela que solo por sus elementos intrínsecos se lea en el extranjero, debe haber algo más que le hable a otras personas en otros mundos, es una manera de conocerlos y entenderlos.

¿Para entender la historia de El Salvador, se tiene que leer la novela de Argueta?

Ayuda. La literatura es la ventana al alma de un pueblo, su lenguaje, su perspectiva, su propia visión.

¿Cree usted que él es el novelista más representativo que tenemos?

Sin duda. Manlio va a cumplir 70 años, y va a seguir escribiendo. Un grupo de académicos y yo hemos tomado la decisión de editar un libro con ensayos sobre su novela porque lo merece, su obra es tan importante. No sé si aquí en El Salvador tengan la expresión “la gran novela salvadoreña” como nosotros (en EUA) tenemos “the great american novel” como “Huckleberry Finn” (de Mark twain), pero creo que Manlio está escribiendo la gran novela salvadoreña.

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Fernando Contreras Castro: Una pausa entre novelas

Díaz, Doriam. “Fernando Contreras Castro: Una pausa entre novelas”. La Nación (San José, Costa Rica), 30 de julio de 2005

El autor de Única mirando al mar y Los peor y ganador de dos premios nacionales habla acerca de Sonambulario, su nuevo libro de cuentos (editorial Norma). Él se confiesa sonámbulo, a su juicio, una experiencia alucinante

Edad: 42 años

Estado civil: Soltero

Profesión: Escritor

¿Cómo surge Sonambulario, su segundo libro de cuentos?

Lo siento como una pausa temática y estética en mi producción en general y mis temas recurrentes. Tiene una búsqueda diferente, va más en el sentido de lo onírico y lo estético. Igual que Urbanoscopio -mi primer libro de relatos- sale en medio de la escritura de una novela.

¿De qué trata esa novela?

Um… Es una novela que he trabajado durante varios años, ahora la estoy terminando y espero que salga en el 2006. Prefiero no hablar mucho de ella por ahora porque quizá después cambie.

¿Por qué le interesaron los sueños y el sonambulismo para este libro?

Soy sonámbulo. Me pareció un material de primer orden para trabajarlo en los relatos. El germen de cada cuento ha estado en un sueño o en un episodio de sonambulismo; lo demás es trabajo de creación literaria. A veces hay sueños que lo marcan a uno, lo cual es una cosa rara porque los sueños se disipan rápido.

Define Sonambulario como una bitácora de sueños. ¿Cómo llevó una bitácora de este tipo?

Hay sueños que te marcan, te perturban, te intrigan, te obsesionan y no se van. Empecé a trabajar a partir de esos que tenía en la memoria, de los sueños que quedan como huella. Además trabajé temas como la música de Johann Sebastian Bach, que no es un sueño, sino una obsesión. El libro es una amalgama entre el sueño y la obsesión.

Pausa suena a divertimento, pero su pausa es para trabajar estética. ¿Por qué?

Escribir un cuento es muy complicado. Lo que pasa es que los temas de mis novelas son espesos, con un contenido social fuerte y hasta doloroso; la novela que estoy trabajando no es la excepción. De pronto, hice un alto y me puse a trabajar este libro de cuentos.

¿Por qué considera que el sonambulismo no es un padecimiento, sino un raro privilegio?

No todo mundo es sonámbulo. Creo que hay muchos prejuicios alrededor de los sonámbulos: la gente les tiene miedo. Sin embargo, la experiencia es realmente alucinante y es muy diferente a la del sueño. En el sonambulismo hay una participación activa del soñante, ya que él participa en el sueño con toda su corporeidad. En ese sentido, yo reivindico el sonambulismo. El libro es un mensaje a los sonámbulos para que lo disfruten.

Se le conoce más como novelista que como cuentista. ¿Con cuál de esos dos géneros se identifica más?

La novela es el género en que me siento más cómodo. El cuento me permite sugerir, no darlo todo sino señalar un camino y que el lector decida si lo recorre o no. La novela tiene que mostrar mucho más; tiene otra intención.

Fernando Contreras: Esta novela mía es más exigente

Fonseca Q., Pablo. “Fernando Contreras: Esta novela mía es más exigente”. La Nación (San José, Costa Rica), 8 de diciembre de 2006

Entrevista:

El escritor Fernando Contreras acaba de presentar Cantos de las guerras preventivas, una novela en la cual explota los temas del terrorismo, las guerras y la contaminación.

Esta parece ser una novela tan apocalíptica como esperanzadora. ¿Qué mensaje quiere dar?

Creo que el término apocalíptico no es lo que busco porque no hay un final definitivo de la especie humana. Está la idea de una destrucción en muchos sentidos, como el social y el ecológico. La destrucción es consecuencia de esta dirección en la que vamos actualmente, pero al fin y al cabo pienso que la vida será más fuerte y en medio de esa destrucción creo que habrá grupos de humanos que quieran vivir pacíficamente, aun en condiciones rudimentarias.

El tema de la novela está fuertemente anclado en lo que sucede en el mundo desde el 2001.

Claro, es la historia del mundo que cambia con la farsa del 2001, cuando se emprende una estrategia absurda y homicida llamada “guerras preventivas”, que no es más que el eufemismo utilizado para justificar todas estas acciones brutales. Simplemente son proyectos homicidas y criminales.

Después de que parte del mundo se destruye con “guerras preventivas” quedan algunos humanos que deben empezar de nuevo.

Aunque en el texto estemos hablando de grandes ataques, todo en el texto está desde el punto de vista de las víctimas que son bombardeadas arbitrariamente. ¿Qué pasa cuando la ciudad es destruida y la gente queda sin luz, sin agua, sin casa o cuando no sabés qué le pasó a tu familia? Entonces la gente sale a la calle y no hay nada. Eso que queda en ese momento es la realidad desprovista de todo y los humanos no podemos vivir en la realidad. Nosotros podemos vivir porque vivimos en nuestras ficciones cotidianas, reinventando el mundo constantemente y entonces esos seres humanos deben crear sentido de nuevo.

¿Es arbitrario el espacio preponderante a la religiosidad?

Por un lado está la religión desde la oficialidad y por el otro la recuperación que hacen los disidentes de la religiosidad. En el tercer capítulo hay toda una degradación de la idea de la religiosidad como institución, pero en el quinto existe un tratamiento de la figura de Dios sumamente respetuoso porque nace de la gente. ¿A qué se acude para fundar de nuevo el mundo? A la idea de Dios, la idea de la religiosidad.

¿Cree que el mundo va hacia donde usted lo describe?

De todo corazón yo quiero que no, pero hasta ahora no hay nada que me demuestre lo contrario. Todos los proyectos armamentistas van en esa dirección. No veo voluntad política para evitar un desastre de esa magnitud.

¿Qué representa este nuevo libro en su carrera literaria?

El escritor y su público se necesitan mutuamente. Esta novela es un poco más exigente para el lector, un poco más dura y requiere un poco más de esfuerzo que mis libros anteriores.

Una entrevista con Carlos Luis Fallas

“Una entrevista con Carlos Luis Fallas”. En: Teatro Carpa, 21 de octubre de 1981, Página 1

Extracto de una entrevista realizada por Alfonso Chase a Carlos Luis Fallas, y publicada por el periódico Excelsior en 1976

– ¿Crees que la literatura debe ser literatura social y nada más?
Creo que sí. El escritor debe servirle al pueblo de Costa Rica, luchar junto con él por una vida mejor, una democracia más amplia, mayor libertad, independencia y disfrute pleno de sus riquezas. No hay nada que justifique otra posición de un escritor costarricense.

– ¿Crees entonces, que no hay oposición entre los que podríamos llamar literatura universal y literatura nacional, o bien, entre literatura proletaria y literatura burguesa?
En este momento comienza en el mundo la etapa de la literatura proletaria. Así como vino la literatura burguesa a desplazar a la literatura aristocrática y de la nobleza ahora viene el período del triunfo, de esta nueva concepción –profundamente humana– de literatura y la vida. Es un proceso de dialéctica. La literatura proletaria entra al juego de mundo y adquiere vigencia para el futuro. Hay en Costa Rica, sin embargo, en el presente una serie de escritores que sin ser proletarios están también haciendo una literatura positiva que en cierta forma responde a las necesidades de nuestro pueblo. Yo no estoy de acuerdo con esas gentes que dicen que en Costa Rica no se puede hacer nada de categoría en la literatura, porque nosotros no tenemos tradición histórica heroica, ni gauchos como los argentinos en sus pampas. Tenemos iguales posibilidades. Lo que sucede es que los temas y los argumentos no se pueden encontrar en una esquina de la Avenida Central. Hasta que podamos profundizar en nuestra patria y encontrar los argumentos en el llano, en las bananeras, en las montañas, las ciudades y sus pobres barriadas: ahí está Costa Rica. Ya se han escrito bastantes cursilerías y ya es hora de explotar directamente los problemas vitales de nuestro pueblo. Quienes se empeñan en seguir escribiendo historias bonitas, más o menos superficiales, ya no están colocadas en ninguna perspectiva. Hay problemas sociales profundos, y yo me pregunto, ¿por el hecho de ser sociales no se pueden tocar con arte? Pues claro que sí. Es nuestro deber. Ahí está el futuro de nuestra literatura. Es mi criterio, la literatura social es la única que puede tener permanencia porque se justifica en nuestra propia realidad.

– ¿Y con respecto a los personajes de tus novelas?
En su mayoría son tomados de la vida real. Hay otros que son formados de dos o más fuentes del mismo grupo humano. Yo creo que la sociedad presenta grupos bien definidos en cuanto a su carácter y a su forma de ser. Personas que misteriosamente pertenecen a un mismo grupo y cuya diferenciación de los otros es notable. No pertenecen, incluso, a una misma clase social. Doña Rosita, por ejemplo, está formada por tres mujeres de distinta condición social y distinto grado de cultura, pero en cuanto al carácter, pertenecen al mismo grupo.
Mis personajes no son creación pura de la fantasía, y por esto, yo no hago plan de trabajo al comenzar una novela. Es que los personajes se mueven, tienen vida propia y se van. Los personajes se escapan. Es imposible controlarlos. Lo que importa, ante una situación específica, es la actitud y la reacción propia del personaje y no lo que a mi me interesaría como escritor. El plan nos limita porque nos obliga a trabajar de acuerdo a unas metas ya previamente determinadas. Si hacemos coincidir a los personajes con el plan, los matamos y hacemos de ellos unos simples títeres.

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