Francia, Centroamérica y la Bellas Letras Extranjeras

Argueta, Manlio. ʺFrancia, Centroamérica y la Bellas Letras Extranjerasʺ. Co Latino. Suplemento Cultural 3000. (San Salvador, El Salvador), 3 de enero de 1998 p. III

1. El Intercambio y el Fortalecimiento Cultural.

La tradición de Sarte, de Camus, de Malraux, de los poetas y artistas de la resistencia contra el nazismo dejaron sus rasgos en Francia: arte y cultura y su transcendencia política. Antes del “boom” de la literatura latinoamericana, es decir antes de los 60, viajar a Francia fue el sueño mayor de los escritores; pero los sueños pueden ser recurrentes y algo novedoso pueden otorgarnos estos encuentros en el marco de mayores acercamientos globales, incluyendo los tecnológicos. De ahí lo importante que Les Belles Etrangeres, organizado por el Centro del Libro y el Ministerio de Cultura de aquel país, haya incluido a Centroamérica en su programa. La visita se realizó de 15 al 30 de noviembre, con la participación aproximada de 16 escritores centroamericanos.

Poetas y narradores, la mayoría de ellos traducidos al francés, formaron la delegación compuesta por Mario Monteforte Toledo y Rodrigo Rey Rosa, de Guatemala: Ana María de Britton, de Panamá; Claribel Alegría y Manlio Argueta, de El Salvador, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli y Sergio Ramírez, Nicaragua; Ana Cristiana Rossi, Ana Istarú y Quince Duncan, de Costa Rica. Además nos acompaño en varias actividades el novelista y periodista de Costa Rica Carlos Cortés, quién entre otras tuvo destacada participación en acto dedicado a Roberto Armijo, en los recintos de la Sorbonne; también se sumó a la visita el escritor Guatemalteco José Mejía. Ambos residen en Francia.

Centro de permanencia fue el Hotel Lutecia, esquina de Bulevard Raspail y Serves Babylonia, que sirvió de cuartel general de la Gestapo, cuando los nazis ocuparon París. Según Monteforte Toledo, aún se escuchan por las noches los fantasmas de presos y torturados de la Resistencia francesa.

Hubo otras recepciones de autoridades locales y universitarias en varias ciudades: Arles, Nantes, Reims, Tolousse, Bordeaux, La Rochelle, Cergy-Pontise, Blois, Ferminy, Limoges, Clermont-Ferrand, Aux en Provence, Tours. Para cumplir con esta apretada agenda debimos distribuirnos en varios grupos.

  1. Receptividad de la Literatura Centroamericana.

Al día siguiente de nuestra llegada somos recibidos por la Ministra de Cultura, Mme Catherine Trautmann, con un desayuno en Palais Royal. Por la noche se estrenó en la Nueva Opera de París, construida por Mitterand, el documental de 50 minutos “Los escritores en Centroamérica”, dirigido por Dominique Rabourdin; luego pasó por la TV francesa. Palabras alusivas fueron ofrecidas por Jean Sebastián Dupuit, Secretario General del Centro Nacional del Libro y la Embajada de Guatemala.

Nobleza obliga hacer mención especial de la fraterna y solicita atención de las Belles Extrangeres, representadas por Martine Brelle, Florabelle Rouyer y Valerie Toussaint, con la presencia permanente de la coordinadora centroamericana: Maria Lourdes Cortés, agregada cultural de la embajada de Costa Rica en Francia. Y la necesaria guía de las jóvenes del Ministerio de Cultura, Eduwige y Estelle, en las visitas a las provincias; y el apoyo de traductoras(es) transportistas y organizadores en universidades y centros culturales.

El segundo día fuimos recibidos en la Casa de los Escritores Franceses, en París. Al día siguiente nos trasladamos a Saint Nazaire, Bretaña, por invitación de la Casa de Escritores y Traductores de esa ciudad. Nos reciben en el hotel de la Playa los dirigentes de la Casa, Christian, Patrick y Nicasio y funcionarios locales, con un brindis de la bebida típica: mezcla de vino blanco y Cassis, licor hecho de arándanos. En este hotel se filmó la película “Las vacaciones de Sr. Hulot”; una escultura del actor Jacques Tati avizora el mar. La TV local filma a los escritores.

  1. Se concreta el Intercambio Literario.

Por lo demás, la casa de Escritores y Traductores de Saint Nazaire, sella estas relaciones concediendo en el 98 una beca de residencia a dos escritores de la región: Miguel Huezo Mixco, de El Salvador y Roberto Castillo, de Honduras, ello implica traducción y publicación del libro escrito durante la estadía. ¡Saint Nazaire! Fue borrada del mapa en un 90% por los bombardeos aliados que trataban de destruir una base de submarinos construida por la ocupación nazi. Sin embargo, la base de hormigón acero quedó intacta. Nos informaron que se convertirá antes del 2000 en un gran centro cultural.

A mi retorno a París, por lo que casi nunca he celebrado, tuve la grata sorpresa de la celebración de mi cumpleaños en la Casa de los Escritores, donde estuvieron presentes escritores franceses de la Casa, las organizadoras  Martine y Valerie; María Lourdes Cortés, Carlos Cortés y Sergio Ramírez, Gioconda Belli, Ernesto Cardenal, Claribel Alegría y Ana Istarú. Los demás estaban de visita en otras ciudades.

Encuentro con amigos: Fernando Carballo, sociólogo peruano; visita a Montmartre al salvadoreño José William Armijo, hermano menor del poeta, cantante, teatrista y novel escultor.

  1. Recorrido por la Provincia Francesa

Me tocó viajar a Reims, ciudad con la catedral gótica más importante de Francia y que junto a Notre Dame y Chartes, historias emotivas y vivientes, conforman una trilogía del pasado plenas de historia emotiva y viviente de aquel país. Sopresa: encuentro en Reims con el traductor de una novela del salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa, La historia del traidor del nunca jamás, traducción que desconocía.

Traslado a la ciudad de los Alpes, Grenoble; visito la Universida Stendhal. Me acompaña Ernesto Cardenal. Cena con la alcaldesa y con el Director de Relaciones Internacionales de esa Universidad y con la Directora de la Biblioteca de Grenoble.

Varios viajes en el TGV y el Thalys, trenes de 300 y 350 kilómetros por hora. (Pensaba: ¿en cuántos minutos llegaría de San Salvador a San Miguel y en cuántas horas a San José Costa Rica? Europa es el tren, la cultura de desarrollo; también de la comodidad y el bienestar ciudadano). Paradoja: Nuestros países pobres y tristes destruyeron el tren para privilegiar el automóvil, por lo general instrumento contaminante y homicida que refleja la insensibilidad social.

Al final fuimos despedidos en Casa de América Latina y por la Embajada de Guatemala. Esa misma noche recorremos casi tres kilómetros, con el hondureño Roberto Castillo, la rue de la Cherche Midi, homenaje fraterno a la Maga de Julio Cortázar.

Centroamérica y Francia, un reencuentro literario que viene a abonar la gran tradición e influencia de aquel gran país en la cultura de Latinoamérica.

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Legado espiritual de Roberto Armijo en el arte de William Armijo

Argueta, Manlio. Legado espiritual de Roberto Armijo en el arte de William Armijo. Co Latino. Suplemento Cultural 3000.  (San Salvador, El Salvador), 3 de enero de 1998

 1- Las hermandades poéticas.

 En mi reciente visita a Europa, invitado por el Ministerio de Cultura de Francia, del 15 al 30 de noviembre, 1997, me pareció que estar en Montmartre sin el poeta Roberto Armijo era como si el barrio no existiera. Tantas veces habíamos recorrido la colina, descubriendo en las casas placas de pintores como Martissse, Toulouse Latrec, Picasso, Van Gogh. En la parte baja del barrio, el apartamento que originalmente había sido de Roberto y que subarrendó su hermano José William Armijo, a doscientos metros del Moulin Rouge y del gigante Sexodrome con sus centellantes luces rojas y a pocos pasos de nidos de trasvestis.

Las anteriores seis u ocho visitas a París fueron producto de mis desprendimientos que hice desde Holanda o Alemania, nada más para ver al hermano poeta. “Vamos a tomar el mejor vino de los vinos baratos, adecuado a nuestra economía de poetas y a nuestro buen gusto”, me decía para referirse al Cote du Rhone; mejor si acompañado de frijolitos fritos, que el preparaba, y queso de cabras, su preferido. Nos reuníamos en la rue André  Antoine, la casa de José William (pero donde Roberto había dejado su estudio y biblioteca); otras veces en el nuevo apartamiento donde vivía con Ana María, en Place Saint Pierre, al pie del funicular que sube hasta el Sagrado Corazón (Sacre Couer, iglesia erigida por los conservadores en la cima de la colina para conmemorar la derrota de la Comuna).

Aquellas mis visitas nunca sobrepasaron los tres días, pero era lo suficiente para hablar de poemas y de literatura, y consolidar la fraternidad que tuvo su origen en 1956, cuando con Roque Dalton, llegó a la casa de Tarquino Argueta, para conocer al entonces desconocido poeta migueleño que a los diecinueve años había ganado un primer premio de poesía.

 2- Las mensajes poéticos son siempre fantasmales.

Al quinto día de mi recién estancia en París, llamé a José William, para entregarle ejemplares del poemario de su hermano: El pastor de las equivocaciones que enviaba Ricardo Aguilar, de la Fundación Salarrué. Necesitaba rememorar al poeta en el lugar de los hechos. “No siento deseos de visitar París sin la presencia de Armijo”, había coincidido conmigo David Hernández desde Alemania. Yo por mi parte, al escuchar a William mi aventure a encontrar la presencia fantasma del poeta. Para seguir el rito, teníamos que rememorarlo con el Cote du Rhone y el queso de cabras. “Yo te invito”, me dice William cuando nos toca pagar en el súper cercano.

Y me doy cuenta del mensaje que me había dejado Roberto: nunca en anteriores visitas había reparado en las esculturas de madera puesta con desgano en los rincones del apartamiento, pleno de libros, de la rue André Antoine. Pregunto a William y me responde: “Son mías, es mi hobby, cuando me siento agotado de cantar, para no desesperarme en la soledad europea”. Me doy cuenta que tiene muchos instrumentos de talla en madera. “Antes estaban abajo, en el sótano, para no disminuirle el espacio que necesitaba mi hermano”, responde a mi pregunta. En verdad el espacio de Saint Pierre es mucho mas pequeño.

Luego consulto con dos amigos latinoamericanos profesores de arte, si habían visto las esculturas de William. Y me dicen cada uno por aparte que muchas veces iban a visitar al poeta Armijo para departir  pero también para admirar las esculturas de su hermano William. Sorpresa. ¿Cómo era posible que nunca lo habíamos comentado con Roberto ni yo hubiese advertido su existencia? “Siempre estuvieron ahí donde las ves ahora”, me dice William, de quien apenas sabía los tiempos difíciles que había pasado para mantenerse vivo veinte años en París tocando la guitarra en plazas y cafés, o bien como actor, y estudiando teatro en la Sorbonne, hasta sacar una maestría. Bueno, en estos momentos sentí que Roberto hacía señales. William sería continuador de su estirpe artística salvadoreña en París.

 3- Ganar un nuevo escultor.

 Comento con José William: “Me han dicho unos amigos que ya es hora que abandones el canto y te dediques a la escultura”. Me dice que se siente un seguidor de la gran tradición del canto popular francés: y me menciona a Brell, a la Piafh, a Aznavour y otros. “Aquí la canción es algo más que el medio para ganarse la vida, es una herencia histórica”. Le repito lo que me han dicho los amigos especialistas: William es un gran creativo como escultor, a nivel de París, aunque el no se haya dado cuenta del todo. El hermano menor Armijo me ratifica que esculpe sus emociones y sus silencios en madera y que cada escultura es buena para el mismo. “A veces me las han querido comprar pero no puedo vender lo que hice para mí, además como podes ver, no son más de dos docenas, pues el canto, que me ha dado la vida en Paris, no me deja tiempo para la escultura, no puedo abandonarlo, además nunca me sentí escultor”. Ahora, William dejó de cantar en la calle o de promoverse como chansonier en los cafés, las ofertas le llegan por teléfono. “Puedo darme el lujo de rechazar y de agotarme menos”. Además desde hace años, el canto le ha dado lo suficiente para pagar los mil dólares mensuales que consume su apartamiento modesto en el París de Montmartre.

Me reafirma que sus esculturas en cierta manera las tenía ocultas y sólo había reparado en ellas su hermano y unos pocos amigos que lo visitaban. Me muestra una que tiene oculta porque se la obsequió a Roberto: una mujer desnuda estirada al cielo como una lanza, con una cabeza entre sus manos alzadas.

Quizás la poesía de Roberto Armijo nos envolvía tanto que no podíamos ver el trabajo de William. Debí descubrirlas en las tantas veces de mis visitas,  me reprocho a mí mismo. Sin embargo, siento que es el poeta quién me transmitió esta vez, desde su muerte cercana, la calidad artística de José William Armijo; es en cierta forma la modestia de este y su amor por el hermano mayor lo que hizo callar muchas veces, en un inopinado gesto de amor y admiración. “Era como mi padre y pensé que yo también moría”, me dice.

Yo lo sé.

En una de las reuniones con los amigos, William promete que le dedicará más tiempo a la escultura, que verá como alquila un pequeño taller, aunque en París es difícil y caro. Y según lo conversamos con unos de sus admiradores, una vez que tenga las piezas necesarias, deberán apoyarlo para que monte su primera exposición en París; pero la idea es no pasar del 1998. Este es el hallazgo que debo al mensaje fantasmal del poeta Armijo, ahí en lo que fue su primera casa, en Pigalle, en la rue André Antoine. Lo demás, para satisfacción del arte salvadoreño, es tarea de José William Armijo.

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