Manlio Argueta recibe el Guggenheim

Ernesto García, Carlos. Manlio Argueta recibe el Guggenheim. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 25 de julio de 2005.

La noche en que Manlio Argueta me comentó que la Fundación Guggenheim le había concedido una beca, por acto reflejo hice un recuento de la cantidad de Premios Nobel, Premios Cervantes, Rómulo Gallegos o Juan Rulfo con que cuentan las letras centroamericanas. Esa relación seguramente no la harían los chilenos o los colombianos, pero a los salvadoreños no nos queda más que pensar de esa forma, porque no contamos a menudo con este tipo de distinciones, que al fin y al cabo nos atañen desde el punto de vista de la pertenencia a un entorno que determina nuestra propia historia. Algunos, de manera maliciosa quizá pensarán que no se trata más que de una beca que podría haber recaído en cualquier otro escritor que se lo hubiera propuesto. Yo simplemente me limitaré a decir, que aún en el caso de que eso fuese así, la verdad es que recayó en Manlio Argueta quien con novelas de la talla de Un día en la vida, El valle de las hamacas y Caperucita en la zona roja le han dado identidad propia a la novela salvadoreña y por extensión centroamericana.

En San Salvador sellamos con Argueta el acuerdo de esta breve entrevista y me marché a releer algunos poemas de toda una generación en la que destacan los versos de Roque Dalton, Roberto Cea, Tirso Canales, Roberto Armijo, Alfonso Quijada Urías y por supuesto de Manlio Argueta, es decir, la misma que iluminó como ninguna otra el sendero por donde transitan las palabras de este universo poético que hoy podemos llamar nuestro.

Carlos. Manlio, para un escritor salvadoreño, debe de ser muy importante recibir una beca tan prestigiosa como la Guggenheim pero también supongo que debe de suponer un reto y un compromiso.

Manlio. Carlos, el compromiso como escritor lo tengo desde hace mucho tiempo, y lo sentí más fuerte estando fuera de mi país, en Costa Rica, en Holanda, Canadá, en los Estados Unidos; el compromiso de escribir lo mejor posible y darlo todo por ello, pues por algo escogí ese oficio. Pero sí tienes razón, es un reto, porque en mi proyecto me propuse escribir sobre un tema, -el proyecto que presenté a la Guggenheim- y no siempre se sabe cómo enfocar la obra, estructura, personajes. Porque el trabajo de creación literaria va más allá de un plan o proyecto. Me siento como si hubiera salido embarazado, feliz por supuesto, y debo cumplir con responsabilidad profesional mi propuesta presentada a la Fundación Guggenheim de Nueva York. Debo decirte más, en los 81 años que tiene sólo la han ganado cuatro artistas, Ana Istarú de Costa Rica; Claudia Gordillo, fotógrafa y Pablo Antonio Cuadra, poeta y periodista de Nicaragua. Cuatro científicos de Costa Rica y uno de Nicaragua. Yo inicio por El Salvador.

C. El próximo año se cumple el 50 aniversario de la irrupción en las letras salvadoreñas de la llamada “Generación Comprometida” de la que tú, junto a otros escritores, fuiste forjador. Algunos de ellos han muerto por muy diversas razones, otros siguen escribiendo y publicando sus obras con un cierto éxito ¿Qué ha quedado de todo aquello en el espíritu literario de Manlio Argueta?

M. Los que cumplen cincuenta años somos los del Círculo Literario Universitario, que quede claro y no vaya a pasarnos como la Manyula. El Círculo fue fundado en 1956 por Otto René Castillo y Roque Dalton, ambos muertos trágicamente en esa utopía nunca definida. Dalton, asesinado con un balazo en la cabeza; Castillo quemado vivo en Guatemala por las fuerzas contrainsurgentes de su país. Mientras que la Generación Comprometida fue nominada así en 1950 por Ítalo López Vallecillos, y fue el más activo y promotor de ese grupo junto a Menen Desleal y otros. Como ves, es una paradoja increíble si no fuera porque la realidad es más ficticia que la propia ficción. Cuando vemos los traumas posteriores a esa época dorada de rebeldías, es decepcionante, en muchas cosas los retrocesos son increíbles, el vandalismo de todo tipo, mental y material ha sustituido los ideales que pudieron ser equivocados, pero ideales al fin.

C. Cómo ves ahora los sueños utópicos de tu juventud estudiantil, como poeta y promotor cultural de los años 60, ya que ustedes crearon periódicos, revistas y libros desde la Universidad.

M. La utopía ha sido reinventada por los nuevos políticos a la medida de sus intereses personales. Pero bien, a mí sólo me toca registrar los hechos como secretario de mi sociedad, no puedo mistificarlos, ni flexibilizarlos al impulso de dogmatismos superados. El problema es que no se ha sabido reinventar lo real, por no contar con un archivo de ideas y pensamiento, por no comprender el impulso dinámico de la palabra.

C. Sé que piensas escribir una novela sobre los emigrantes salvadoreños en los Estados Unidos ¿qué es lo que más te llama la atención de ese fenómeno social?

M. Es difícil definirlo en pocas palabras, debo enmarcarlos en toda la novela que aun no he escrito. Pero veamos, me llama la atención que ya no somos los mismos y no nos damos cuenta, o si nos damos cuenta, seguimos dando respuestas fuera de tiempo, nosotros mismos nos damos atol con el dedo. Al no reparar en ese cambio de lo que podríamos llamar “identidad”. Olvidamos que los valores salvadoreños han ido al mundo para hacernos diferentes. Pero también es paradójico, tengo amigos salvadoreños en lugares lejanos como Australia y Nueva Zelanda que siguen siendo más nacionales que los que permanecen dentro del territorio. Lo malo es creer que somos los mejores patriotas del mundo porque vivimos entre las reducidas fronteras salvadoreñas. La gente por sí misma, se da cuenta que esos conceptos de estrechez se vuelve cada vez más en una bayuncada.

El paisito en que nos tocó nacer es cada vez más diferente de lo que creemos, ese paisito sólo existe en mentes que involucionan. Creo que todo lo dicho tiene que ver con la visión de país que deseamos. No sólo no debemos dormirnos en los laureles sino sembrar la estaca para que se reproduzca en bosque.

C. Un día en la vida, se ha convertido en tu novela de mayor proyección internacional y sé que está próxima a reeditarse en España y que de igual manera muy pronto verá la luz una nueva novela tuya ¿Crees que se esta abriendo un nuevo tiempo para la narrativa centroamericana en este país?

M. A veces pienso que perdí buenas oportunidades debido al tiempo de rencor y odio que nos tocó vivir, por lo menos como lo interpretamos en esos años, porque no cabe duda que todavía hay rencor y odio. No sé si es peor que el tiempo de esperanzas y optimismos de antes. Porque ahora el desencanto produce destrucción así en la paz como en la guerra; antes hubo ideales para superar el problema social; ahora veo más vandalismo y bandidismo colectivo. Digo que perdí oportunidades porque fui publicado en Londres por la editorial que fue de los Wolf, de Virginia y esposo (The Hogart Press o Chato & Windus; o por Random House de Nueva York), como escritor fui publicitado por Newsweek, N.Y. Times, Washington Post, para citar periódicos de Estados Unidos. En el exterior gané a mi país y gané otros países no de habla española donde reconocieron mi obra literaria, incluyendo a Israel, los países escandinavos y Rusia.

C. ¿Cómo piensas combinar tu cargo al frente de la Biblioteca Nacional de El Salvador y el acto de escribir tu nueva obra?

Buscaré adaptarme a las leyes que habla sobre becarios. Soy un trabajador emotivo, hay proyectos de desarrollo y modernización de la divulgación y conservación del patrimonio bibliográfico que me es difícil dejar, por eso no quiero dejar la biblioteca y debo coordinar para cumplir mi compromiso adquirido con la Guggenheim Foundation.

Comprar obras de Manlio Argueta

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Casa de Salarrué pide auxilio

Reyes, Alfonso. “Casa de Salarrué pide auxilio”. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 7 de julio de 2000

Desde 1996 se trata de instaurar la “Quinta Monserrat” para convertirla en museo y patrimonio nacional.

Casi en la cúspide de Los Planes de Renderos, se encuentra una casa que relata, por sí misma, un trozo de la cultura salvadoreña. Este es sólo un trozo, una valiosa moneda de oro de un gran tesoro nacional, se trata pues, de los últimos días artísticos de Salvador Salazar Arrué en su casa, la Quinta Monserrat.

En este espacio, vivió sus últimos días el célebre escritor salvadoreño Salvador Salazar Arrué, dejando con ésta gran cantidad de objetos personales y artísticos que a través de los tiempos han adquirido gran valor cultural.

Actualmente, la Quinta Monserrat se encuentra en grave deterioro por lo que urge sacarla de tal situación, pues la inclemencia del tiempo pretende destruir lo que podría constituirse en un patrimonio cultural salvadoreño con proyecciones internacionales.

Con el fin de salvar a la Quinta Monserrat, la Fundación “Casa de Salarrué” se encuentra en proceso de venta de este domicilio al gobierno de El Salvador a través de Concultura. Ciertamente desde 1994 la casa está a la venta como cualquier otra.

En 1999 el presidente Francisco Flores propuso utilizar parte del presupuesto de la nación para comprar e instalar el centro cultural.

En enero del presente año, aún no se había definido algo concreto, pero en el Pleno Legislativo ya se había aprobado el presupuesto destinado para la compra de la Quinta Monserrat.

En pocos días el presidente de la Fundación “Casa de Salarrué”, Ricardo Aguilar, sostendrá una reunión con Gustavo Herodier, Presidente de Concultura, para formalizar los detalles de compra y venta de la casa, y de esta manera encaminar la Quinta Monserrat hacia un mejor futuro.

La fundación “Casa de Salarrué” no tiene los medios económicos para sostener la Quinta Monserrat, pues esta fundación no cuenta con ayuda gubernamental o privada, por lo tanto el financiamiento para la mayoría de las actividades correspondientes a las obras de Salarrué corren por cuenta de los miembros de la Fundación, que por cierto la conforman Ricardo Aguilar y la escultora Verónica Vides.

Proyecto original

La fundación “Casa de Salarrué” había planeado crear un centro cultural donde se mostraría una gran cantidad de obras literarias, artísticas y otras pertenencias de uno de los escritores que más renombre tiene en El Salvador. Este centro se instalará inicialmente en la ciudad de La Palma Chalatenango, pues “en el año de 1961 Salarrué quería cambiar de casa y vivir allá (en La Palma)” comenta Ricardo Aguilar,

Se renunció a esta idea, ya que “el camino hacia la Palma resulta agotador por lo tanto mucha gente se iba abstener a visitar este centro cultural” continúa Aguilar. Luego, se concibe fundar este proyecto en San Salvador, pero, por limitaciones económicas por parte de la Fundación “Casa de Salarrué”, este proyecto nunca llegó a concretarse.

En la actualidad, la Fundación “Casa de Salarrué”, con el consentimiento de la única hija viva del escritor salvadoreño, Olga Salazar, se moviliza para vender la casa y dejar a cargo del gobierno el legado que Salarrué dejó a El Salvador. Al concretarse la venta de la casa, la Fundación “Casa de Salarrué” desaparece, pues no poseen financiamiento que lo sostenga y mantenga las actividades que se desarrollan a favor de la obra de este escritor salvadoreño.

El legado de Salarrué

En 1986, Maya Salazar hace una entrega legal de las que fueron pertenencias, documentos y obras artísticas y literarias, del escritor Salvador Salazar Arrué, a Ricardo Aguilar. Cuando este legado fue entregado a Aguilar, aún se encontraba en los lugares donde Salvador Salazar Arrué los había dejado, pero “como había pasado el terremoto del 86, y la humedad de Los Planes, entonces encontré papeles vueltos lodos, cosas valiosas entre lodo” asegura Aguilar.

Con la venta de la casa, este legado quedaría en custodia del gobierno de salvadoreño, “pero con una garantía de que eso no se va a perder, que eso no se va a deteriorar” afirma.

Durante los meses de mayo y julio se mantuvo una exposición de objetos y obras de

Salarrué en Santa Ana. Dado el éxito obtenido, esa exposición se mantendrá durante julio.

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Alberto Cañas y la Política

Salazar Navarrete, Fernando*. “Alberto Cañas y la Política”. Diario Extra. Página Abierta (San José, Costa Rica), 23 de marzo de 2010, p. 4

De las múltiples facetas de la personalidad de Alberto Cañas, quizás hay una que sobresale: la de político. Es en este campo en el cual lo he conocido y cultivado una amistad que se ha prolongado por varios decenios, a pesar de la dispareja frecuencia con que solemos vernos. Afirmar que su condición de político domina sobre otras múltiples aptitudes, aficiones y vocaciones suyas es aventurar un juicio que quizás roce con quienes han estado a su lado en otras disciplinas a que ha entregado su talento y en la que igualmente ha brillado. Porque, en cierto modo, en grado equivalente a su entrega a la política, destaca su sobresaliente participación en el periodismo, las artes, la literatura y la cátedra.

Quienes hemos seguido el paso de Alberto en la política admiramos la vehemencia con que defiende sus principios y cómo revela una lealtad a las causas sociales que inspiraron su formación desde la juventud, dentro de una corriente de pensamiento que no ha abandonado.

Podría creerse que por su condición intelectual ilustrado, tomaría el rumbo de quienes salen de esas formaciones, para la izquierda o la derecha, con inclinaciones elitistas. Nada de eso va con Alberto Cañas. Sus posiciones políticas, que defiende con ardor, tienen acentos populares y nacionalistas que lo llevan a dar un cierto matiz ideológico a su pensamiento, en contraposición a otras propuestas que suelen calificarse de pragmáticas.

Ideas y acción. En un mundo en que las ideologías han cedido a otras formulaciones, no menos ideológicas, el pensamiento de Alberto sigue consecuente y fiel a las ideas por las que él siempre ha luchado. Son, si quiere, predecibles sus posturas en asuntos que tocan la participación y dimensión del estado, las políticas de concesión de obra, los monopolios estatales, las obras públicas por administración, y otras áreas que suscitan controversias en torno a quién debe hacer las cosas.

Sin embargo, Alberto no ha quedado rezagado en el ámbito solamente de las ideas. Cuando le tocó actuar en cargos ejecutivos como titular de los ministerios de Relaciones Exteriores, y de Cultura, Juventud y Deportes, sobresalió como un activo creador y realizador de proyectos que se tradujeron en obras perdurables. Dejó huella en la diplomacia desde que entró a la arena internacional como embajador ante las Naciones Unidas, en cuyo seno cosechó el honor de ser parte de históricas decisiones: la promulgación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la asamblea general que tuvo lugar en París, en 1948; y en la asamblea general celebrada en Nueva York, en 1949, emitir el voto para la admisión de Israel como miembro de las Naciones Unidas, acontecimiento que extendió reconocimiento internacional al joven estado judío.

Hombre de Partido.  Correligionario suyo en el activismo político, me acostumbre a ver a Alberto Cañas como un hombre de partido. Sus ideas no brotaron como formulaciones aisladas, ni fue jamás una pieza suelta y desequilibrante en el seno del partido. Desde la juventud en el histórico Centro en que cultivó su ideario social demócrata, forjó colectivamente con otros brillantes miembros de su generación todo el andamiaje ideológico que más tarde inspiró la fundación del Partido Liberación Nacional en el año de 1951. En las dos ocasiones en que fue electo diputado por el PLN, la primera de las cuales viví muy cerca de él, lo recuerdo como el infatigable jefe de fracción dotado de una extraordinaria capacidad de negociación, preocupado por crear consensos para sacar adelante el programa del partido en ejercicio del gobierno. Sin hacer juicio sobre las razones que llevaron a Alberto a su alejamiento del PLN, tengo para mí que fue algo lamentable y que el  partido pedió a una de sus figuras más destacadas, que no solo brilló por sus dotes de una inteligencia excepcional, sino por la ejemplar conducta ética que siempre exhibió a su paso por la vida pública y en su desempeño como político.

 *Abogado, exdiputado, exvicecanciller y exembajador

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