Beto Cañas, señor de causas

Parra Aravena, Ana María. “Beto Cañas, señor de causas”. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 17 de octubre de 1999, p.1

Aunque él no lo admite, deja un invaluable legado con su verbo y con su pluma, por eso le otorgaron un doctorado honoris causa.

“Tengo fama de ser bravo, pero en realidad tengo el carácter más dulce del mundo…”, dice don Alberto Cañas Escalante. Tira la cabeza un poco hacia atrás y sonríe. Cruza los brazos y respira profundamente, más cansado que resignado.

“¿La verdad? Yo no soy un malcriado y no me interesa lo que diga la gente”, afirma don Alberto, y todavía mantiene la sonrisa. A lo mejor la tarde de lluvia lo tenia de buen humor.

“¿Sabe una cosa? Es que dicen que soy un malcriado porque una vez dije en televisión que Federico Tinoco era un hijo de p… Y lo dije porque lo dije, no me importo que hubiera cámaras o no. Había que decirlo y yo lo hice. Eso es todo”.

Don  Beto Cañas -como lo llama la mayoría- es toda una figura en el panorama nacional de las ideas.

Abogado, escritor, dramaturgo, exdiputado, político y periodista, es uno de esos señores de los que ya no quedan; de los que extrañan la Costa Rica de Omar Dengo, Brenes Mesén y García Monge; de cuando Constantino Láscaris se sentaba con sus estudiantes a filosofar; de cuando los hombres defendían sus ideas hasta con las armas, como en el 48. La Costa Rica donde la prensa publicaba extensas crónicas de la Asamblea Legislativa y donde la juventud protestaba por lo suyo y por lo ajeno.

“Mire, yo un día, le decía a mis estudiantes que si esto de Pinochet se hubiera dado en mi época ya nosotros hubiéramos marchado hacia la embajada británica dos veces”.

A don Alberto, que ha llamado siempre la atención de los medios de comunicación nacionales, la Universidad  Estatal a Distancia (UNED) le otorgó el galardón.

Este grado lo comparte también con Luis Ferrero y Guido Miranda.

“Son tres maestros, tres educadores que con su ejemplo y tesón han señalado, a lo largo de varias décadas, derroteros y valores donde la UNED aprueba el Honoris Causa para estos tres ilustres ciudadanos.

Tenaz indagador

Don Beto es una de esas personas que no tienen pelos en la lengua. Dice lo que piensa y la vehemencia con que defiende sus argumentos lo hace levantar el tono de voz; entonces a muchos les tiemblan las rodillas y a otros se les hace un nudo en la garganta. Se ganó la fama de cascarrabias y de criticón despiadado.

Y es que don Alberto siempre fue preguntón.

“Yo me acostumbré desde muy niño a preguntar ¿por qué? y era una plaga para mis tíos. Entonces, en la Asamblea pregunto ¿eso del principio de la caja única … por que? A mi me tienen que dar respuestas”, dice con un tono energético.

“Sí, a mi se me puede convencer. Hay gente que me ha explicado su punto de vista y yo cambio de ideas ¡no de principios! Lo que pasa es que yo no tolero la estupidez, para eso si que no tengo paciencia”.

Cualquiera concluiría que esa capacidad suya de indagar es la que lo empujó a cultivarse en tantos campos. Pero él solo dice que ha hecho lo que le place.

Es que no puedo estar de vagabundo. Me he dedicado a todo lo que he podido, todo lo que me ha gustado y todo lo que he querido”.

“Tuve la vocación de escribir desde muy joven y la posibilidad para hacerlo era el periodismo. Estudié derecho porque no quería ser un simple bachiller y cerré mi bufete porque no quise convertirme en lo que son muchos abogados en Costa Rica: mandaderos de compañías extranjeras. Cambié el derecho por la docencia y me entregué a ella en cuerpo, alma y corazón”.

Ha dictado clases en la Universidad de Costa Rica y en la UNED.

-Entonces ¿qué se siente más don Beto: abogado, periodista, escritor, profesor o político?

Me siento más periodista y escritor. He sido político a la manera antigua de don Cleto (González) y don Ricardo(Jiménez), pero he sido político a ratos, no de profesión. Del periodismo me satisface ese contacto con la gente que no conozco”.

Señor en su tinta

La veta de escritor es una de las más productivas de don Alberto. Ha publicado 21 obras de teatro, entre ellas unas muy aplaudidas como Uvieta, La segua, Una bruja en el río y Tarantela y todavía tiene unas tres inéditas.

Su cosecha literaria también ha sido abundante y destacan en su producción los libros Los molinos de Dios, La soda y el F.C (Biografía de una Partida Específica), Feliz Año Chaves, Chaves y La exterminación de los pobres.

Don Alberto publicó sus primeras novelas a las 40 años de edad y es uno de sus oficios que más satisfacciones le trae.

“Yo me siento feliz cuando me invitan a algún colegio a hablar sobre mis obras, más de lo que me sentiría si me dieran un premio internacional que nunca he buscado”.

Todavía trabaja en el texto de sus memorias -lo comenzó a escribir hace cinco años atrás- y está también elaborando un libro de cuentos que no sabe cuando terminará.

“Hay tres de mis textos que son totalmente autobiográficos: Mi casa ya no es mi casa y dos cuentos por ahí que nadie sospecha. Uno es de una historia amorosa que me ocurrió a los 20 años y es tan inverosímil que nadie lo cree y otro es un episodio divertido del cual fui protagonista”, afirma don Beto y se niega a dar los nombres de esos cuentos a los que se refiere.

“Mis personajes son todos y son nadie. Invento todo y no invento nada”.

Don Beto Cañas continua hablando de cómo hay tanto de su vida en sus obras y de los misterios que ellas encierran.

ADN de don Beto

Nombre completo: Alberto Francisco Cañas Escalante

Fecha de nacimiento: 16 de marzo de 1920

Edad: 79 años

Esposa: Alda Collado

Hijos: Víctor, Daniel, Alberto y Alda

Nietos: 10

Profesión: Abogado, político, periodista, escritor, profesor

Vive: San Pedro de Montes de Oca

Frases sueltas:

“Yo leo un promedio de 1oo libros al año”.

“Internet es, después de 300 años, el ejemplo puro de la libertad de expresión Hay que velar porque Racsa no lo censure”.

“Estoy harto de abrir los periódicos y encontrar reproducciones de la revista Fortune”

“En la política a Costa Rica le hacen falta hombres con capacidad de decisión, no camarones que se lleve la corriente… o peor, el viento”.

“Este mundo está globalizado desde que Magallanes le dio la vuelta”.

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Alberto Cañas y la Política

Salazar Navarrete, Fernando*. “Alberto Cañas y la Política”. Diario Extra. Página Abierta (San José, Costa Rica), 23 de marzo de 2010, p. 4

De las múltiples facetas de la personalidad de Alberto Cañas, quizás hay una que sobresale: la de político. Es en este campo en el cual lo he conocido y cultivado una amistad que se ha prolongado por varios decenios, a pesar de la dispareja frecuencia con que solemos vernos. Afirmar que su condición de político domina sobre otras múltiples aptitudes, aficiones y vocaciones suyas es aventurar un juicio que quizás roce con quienes han estado a su lado en otras disciplinas a que ha entregado su talento y en la que igualmente ha brillado. Porque, en cierto modo, en grado equivalente a su entrega a la política, destaca su sobresaliente participación en el periodismo, las artes, la literatura y la cátedra.

Quienes hemos seguido el paso de Alberto en la política admiramos la vehemencia con que defiende sus principios y cómo revela una lealtad a las causas sociales que inspiraron su formación desde la juventud, dentro de una corriente de pensamiento que no ha abandonado.

Podría creerse que por su condición intelectual ilustrado, tomaría el rumbo de quienes salen de esas formaciones, para la izquierda o la derecha, con inclinaciones elitistas. Nada de eso va con Alberto Cañas. Sus posiciones políticas, que defiende con ardor, tienen acentos populares y nacionalistas que lo llevan a dar un cierto matiz ideológico a su pensamiento, en contraposición a otras propuestas que suelen calificarse de pragmáticas.

Ideas y acción. En un mundo en que las ideologías han cedido a otras formulaciones, no menos ideológicas, el pensamiento de Alberto sigue consecuente y fiel a las ideas por las que él siempre ha luchado. Son, si quiere, predecibles sus posturas en asuntos que tocan la participación y dimensión del estado, las políticas de concesión de obra, los monopolios estatales, las obras públicas por administración, y otras áreas que suscitan controversias en torno a quién debe hacer las cosas.

Sin embargo, Alberto no ha quedado rezagado en el ámbito solamente de las ideas. Cuando le tocó actuar en cargos ejecutivos como titular de los ministerios de Relaciones Exteriores, y de Cultura, Juventud y Deportes, sobresalió como un activo creador y realizador de proyectos que se tradujeron en obras perdurables. Dejó huella en la diplomacia desde que entró a la arena internacional como embajador ante las Naciones Unidas, en cuyo seno cosechó el honor de ser parte de históricas decisiones: la promulgación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la asamblea general que tuvo lugar en París, en 1948; y en la asamblea general celebrada en Nueva York, en 1949, emitir el voto para la admisión de Israel como miembro de las Naciones Unidas, acontecimiento que extendió reconocimiento internacional al joven estado judío.

Hombre de Partido.  Correligionario suyo en el activismo político, me acostumbre a ver a Alberto Cañas como un hombre de partido. Sus ideas no brotaron como formulaciones aisladas, ni fue jamás una pieza suelta y desequilibrante en el seno del partido. Desde la juventud en el histórico Centro en que cultivó su ideario social demócrata, forjó colectivamente con otros brillantes miembros de su generación todo el andamiaje ideológico que más tarde inspiró la fundación del Partido Liberación Nacional en el año de 1951. En las dos ocasiones en que fue electo diputado por el PLN, la primera de las cuales viví muy cerca de él, lo recuerdo como el infatigable jefe de fracción dotado de una extraordinaria capacidad de negociación, preocupado por crear consensos para sacar adelante el programa del partido en ejercicio del gobierno. Sin hacer juicio sobre las razones que llevaron a Alberto a su alejamiento del PLN, tengo para mí que fue algo lamentable y que el  partido pedió a una de sus figuras más destacadas, que no solo brilló por sus dotes de una inteligencia excepcional, sino por la ejemplar conducta ética que siempre exhibió a su paso por la vida pública y en su desempeño como político.

 *Abogado, exdiputado, exvicecanciller y exembajador

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Uvieta, de Alberto Cañas

“Uvieta, de Alberto Cañas”. La Nación (San José, Costa Rica), 16 de enero de 1981, p.3C

 Con la última obra de nuestro dramaturgo mas prolífico y constante se inicia el festival al aire libre en el teatro Carpa, concebido como homenaje a don Alberto por su labor como uno de los principales promotores del auge del teatro costarricense durante la última década. Por su desempeño en el papel del personaje epónimo, Luis Fernando Gómez obtuvo el premio como mejor actor de 1980.

La obra fue acogida favorablemente por la crítica. Víctor Valembois dijo en La República que Cañas “aprovecha para salpicar su texto de chistosas observaciones sobre diversas facetas del acontecer y vivir nacionales (…) La comedia transcurre ágilmente sin decaer en ningún momento”. De su parte, el comentarista de La Nación manifestó que la pieza “es un indicio significativo en la búsqueda literaria de Cañas, caracterizada por la indagación del alma criolla, por la fina observación de la conducta de sus compatriotas, quienes son a menudo blanco de su fisga”. Igualmente, afirmó que el director “encontró el ritmo adecuado para la evolución de las escenas y artículo de manera eficaz el desenvolvimiento de las situaciones para que obtuvieran sus puntos culminantes”.

Dirección de Lenín Garrido. Presentación del Teatro Universitario, en el teatro Carpa (pero al aire libre), costado este del Parque Morazán, de Martes a domingo, a las 8 p.m. Gradería ¢10, luneta, ¢15. Temporada finaliza el domingo 18 de enero.

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Cronista de la Transformación

Solano, Andrea . “Cronista de la transformación”. Tiempos del Mundo. Suplemento Cultural (San José, Costa Rica), 10 de octubre de 2002

El primer encuentro  de “Entre líneas”, ciclo de tertulias literarias  organizado por Tiempos del Mundo fue un homenaje al polifacéticos Alberto Cañas Escalante cuyos comentarios dieron, como es usual, mucho de qué hablar en una reunión muy familiar con los lectores del periódico.

Con la informalidad y libertad que caracteriza una conversación entre familiares o amigos, sólo que esta vez había un micrófono y no un taza de café de por medio, se realizó el primer encuentro de “Entre líneas”, espacio mensual destinado a la tertulia literaria organizado por Tiempos del Mundo.

Esta primera cita se llevó a cabo el pasado 30 de setiembre en el Instituto México y fue un homenaje a Alberto Cañas Escalante, literato, periodista, abogado y político cuyo aporte en los diferentes  campos ha sido decisivo para la construcción  de la Costa Rica a partir de la segunda mitad del siglo XX. “Entre Líneas” surgió a partir de la misión de nuestro periódico de impulsar el desarrollo y la paz en el hemisferio por medio de la cultura” , declaró el gerente general de Tiempos del Mundo, William Cook.

La idea es abrir un espacio para el intercambio de ideas entre creadores  literarios y público más allá de la mera lectura de una novela, cuento, ensayo, texto dramático o poemario. La próxima  tertulia será el 28 de octubre en el mismo lugar y estará dedicada a la escritora Lara Rios. La iniciativa de este semanario fue aplaudida por muchos de los asistentes, entre ellos gente de letras, teatro, cine plástica y política. “Excelente idea de abrir con Beto este ciclo, pues su aporte a la sociedad costarricense es inigualable. Además es un gran orador, muy ameno y sus palabras están cargadas de humor”, expresó el pintor Rafael “Felo” García. “Es recomendable llevar un orden cronológico y arrancar con escritores consagrados como don Alberto para luego dar oportunidad a creadores más jóvenes”, sugirió la poetisa Delia Mc Donald.

Precursor

La multiplicidad de campos en los que Cañas ha participado activamente hizo necesarias una delimitación del tema  por abordar en la tertulia: “Las generaciones más jóvenes podrían preguntarse: ¿cómo era Costa Rica antes de don Beto?  Muchas de las instituciones con las que crecimos fueron obra suya”, opinó  el crítico literario  de  Tiempos del Mundo, Carlos Porras.

Como político, Cañas fue fundador del Partido Liberación Nacional y recientemente del Partido Acción Ciudadana, como periodista, se le reconoce su importante participación en La Nación, La República, El Excelsior y la Escuela de Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica; como abogado es co-fundador  del bufete Facio y Cañas; como dramaturgo fundó la Compañía Nacional de Teatro, como escritor dirigió  por muchos años la Editorial Costa Rica y fue el primer jerarca del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, entidad que él mismo erigió.

La producción literaria de Cañas es también extensa; abarca poesía, cuento, novela, teatro, ensayo y testimonio. Fue por eso que se decidió destinar el espacio de la tertulia al comentario  de la novela “Los Molinos de Dios”, por cumplirse  11 años de su publicación. A juicio de Porras, esta obras cierra un género, el de la historia de nuestro país contada a través del cultivo, producción y exportación del café.” En las tres novelas suyas persiste una idea: Costa Rica está cambiando y no hay marcha atrás. Don Beto ha sido testigo y protagonista de esas transformaciones”. En “Los Molinos de Dios” se cuentan las vidas paralelas de dos familias y esto sirve de pretexto para la recreación de una sociedad y unos personajes en una época clave para le desarrollo de la Costa Rica actual: la segunda mitad del siglo XIX. En esta obra aparecen personajes arquetípicos basados en gente real con nombre y apellidos. “A partir de 1845 unos pocos se enriquecieron porque exportaban café a Londres; sin embargo, Costa Rica no siguió  el camino de El Salvador en donde el país completo pasó a manos de unas cuantas familias. Se dio el mismo  fenómeno de expropiados iniciaron  una marcha hacia el norte y así se fueron creando pequeños poblados como Grecia, Zarcero, Naranjo y luego San Ramón” Y de ahí arranca para presentar las subsiguientes generaciones de costarricenses y su respectiva forma  de enfrentar los sucesos políticos  que les tocó vivir.

Esa preocupación  por rescatar lo que nos identifica como ticos es constante en su obra “ninguna literatura tiene valor sino es nacional. Las universalizaciones no existen. Los escritores costarricenses tenemos aquí mismo un publiquito que nos lee y nos quiere y tenemos la obligación de escribir para ellos”, aseguró.

Citas “betadas”

“Si uno escribe para que no lo entiendan o está loco, o convencido de que lo que va a decir no vale la pena”.

“El que dice que no lee para entretenerse es un farsante”.

“Las modas pasan, hay que saber distinguir entre lo que queda y lo que no. Uno va más a la segura leyendo lo que ya quedó”.

“El gran novelista de América y del mundo sigue siendo Gabriel García Márquez. Nunca se ha metido en laberintos, posmodernos ni globalizaciones”.

“Costa Rica apenas está saliendo de la economía agrícola; lo que hay es una prótesis del capitalismo”.

“La globalización no cubre todo el globo, solo a las clases poderosas de los países desarrollados”.

“Los dramaturgos son una especie en extinción porque los directores decretaron su muerte. Yo ya me suicidé antes de que me fusilaran. Uno escribe una obra de teatro y termina en una orgía de mecates y hielo seco”.

“No he dejado de leer a los autores jóvenes. Sistemáticamente, los compro, los empiezo y los guardo porque confieso que muchas veces no entiendo qué me quieren decir”.

“Llego como mínimo hasta la página cincuenta de un libro. Si me interesa sigo, sino, lo dejo ahí”.

“La gente en Costa Rica sí está leyendo, pero es que a veces no hay plata para comprar libros”.

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