Tres veces loca

“Tres veces loca”. La Nación. Suplemento Viva.  (San José, C.R.), 25 de enero 1993, p. 10


Portada de la Edición de EDUCA (1992)

De verdad que Costa Rica es un país de contrastes, de notables y sorprendentes contrastes, y de hechos inusuales… Mientras miles de libros se apilan en bodegas y librerías, con lo cual generan a veces la quiebra de instituciones, otros provocan el milagro de agotarse con solo semanas de circular.

Para muestra de ello, vale la pena mencionar la novela La loca de Gandoca, publicada por la escritora Anacristina Rossi, bajo el sello de la Editorial Universitaria Centromericana (EDUCA).

Un tema caliente, una narración de denuncia, una autora que utiliza la pluma para defender un territorio y advertir sobre los peligros que puede acarrear para los ecosistemas el desarrollo irracional de la industria turística, son los ingredientes de una novela que ha provocado el milagro y que ha movido a mucha gente a adquirirla o, quizás, a personas interesadas en el tema ecológico que se han preocupado por hacer llegar la novela a las manos apropiadas.

Cualquiera que sea la situación, lo cierto es que La loca de Gandoca, novela que empezó a circular el 23 de octubre de 1992, con un tiraje inicial de mil ejemplares, para el mes de diciembre ya se había agotado y exigía una segunda reimpresión, la cual a su vez, para la primera semana de enero de 1993 también se había terminado en librerías.

Sebastián Vaquerano, director de EDUCA, comentó que sus estimaciones iniciales se habían quedado cortas, pues pensó que a un tiraje de mil ejemplares le tomaría un año agotarse. “Esta es una situación verdaderamente atípica del mercado”, subrayo, aunque admitió sentirse completamente satisfecho, en especial porque ello trae oxígeno a una institución agobiada por los problemas económicos.

De todas maneras y para evitar retrasos en la circulación de la novela, EDUCA ha decidido que la tercera reimpresión sea de tres mil ejemplares, los cuales esperan que estén en circulación para la última semana de enero o la primera de febrero.

Anacristina Rossi reconoce que el éxito de su novela le da “una sensación maravillosa. Lo mejor que puede sentir un escritor es saber que lo están leyendo”.

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Una historia de amor y denuncia

Hernández, Edin. “Una historia de amor y denuncia”. Semanario Universidad.  (San José, C.R.). 13 de noviembre 1992. p. 4


Con una narración sencilla, directa, sin retórica, salvo en contadas excepciones, la reciente novela de Anacristina Rossi, deja al descubierto la realidad de nuestros recursos naturales que «no eran el 28 % sino menos del 10% del territorio. Además ese 10% está a punto de morirse».

La narración de Daniela Zermat (protagonista), quien denuncia la paulatina destrucción del refugio Gandoca, en Limón, se mezcla con los recuerdos de Carlos Manuel, el amor de su vida, quien sucumbe entre los humos del alcohol.

Este hilo conduce al lector en dos dramas de actualidad: el sufrimiento por la desintegración familiar con todos los entretelones del alcoholismo y la acelerada pérdida que sufre el país de sus reservas de fauna, flora y, por qué no decirlo, de soberanía nacional. En ambos casos, las historias cobran vida a la luz de hechos concretos que Anacristina Rossi materializa para perpetuarlos en el tiempo.

Esta novela permite que las generaciones del futuro, conozcan los ignominosos enredos burocráticos y la desesperada lucha de una mujer que como último recurso, al perder la causa por el «refugio de fauna salvaje Gandoca, Manzanillo», recurre a la literatura.

Según relata Daniela, la decisión de plasmar esa experiencia, parte de otro hecho intrínseco a Gandoca, el silencio perpetuo a que están sometidos los negros, «quienes ni siquiera han tenido la palabra oral, esa que se lleva el viento».

La descripción presencial de Daniela, se entrelaza con el pasado reciente de Carlos Manuel. En la primera, la narración cobra solidez por la investigación, aspecto que según algunos críticos, ubica esta obra como histórica.

El manejo del lenguaje simple, sin dilaciones, se altera por la recurrencia de gerundios. Es este estilo de la escritora lo que despierta la curiosidad del lector y lo conduce entre las blancas arenas de Gandoca y las oscuras oficinas de la administración nacional.

La edición de «La loca de Gandoca», de la costarricense Anacristina Rossi, autora de «María la Noche», Premio Nacional de Novela, fue editada por EDUCA en 1992, como primer trabajo tras la crisis que afectó a la Confederación Universitaria Centroamericana (CSUCA).

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La loca de Gandoca

Tovar, Enrique. “La loca de Gandoca”. La República, 20 de mayo de 1992

 

Basta una sola palabra para calificar esta obra de Anacristina Rossi: ¡Excelente! No obstante, hay que dar las razones para justificar esta apreciación sobre la mejor novela de los últimos años de Costa Rica.

Primero, está bien escrita, en lenguaje ameno y claro y despierta constantemente el interés del lector.

Segundo, se trata de la primera novela de denuncia ecológica de nuestro país. Expone un problema permanente que ha convertido a Costa Rica en la nación de mayor deforestación y destrozos de los recursos naturales del continente y quizás del mundo. Por lo menos esto le ha valido ganarse el premio del “Diablo ecológico”.

Tercero, no obstante narrar con pasión los acontecimientos, la autora no cae en el panfleto literario. Más bien engarza el problema ecológico a una vivencia amorosa estableciendo una simultaneidad o paralelismo de destrucción tanto en el mundo exterior como en la interioridad ser.

La Loca de Gandoca“, del sello EDUCA, y de 140 páginas, agota en pocos meses sus ediciones. Algo inusual en un medio cuyos ciudadanos han sido preparados desde el hogar hasta la universidad, pasando por la escuela y el colegio, para que no lean. Incluidos, por supuesto, los profesionales.

Quinto, la autora prácticamente no cae en lugares comunes. Por el contrario, tiene creatividad en el decir, en el llamar las cosas de manera original. De allí su gran valor como obra de arte.

Sexto, las pinceladas descriptivas del refugio de Gandoca, que van salpicando el relato, son verdaderas expresiones pictóricas, que sumergen constantemente al lector en ese paraíso de la vertiente Atlántica de Costa Rica y que, por falta de aplicación de las leyes, están destruyendo algunas empresas que solo ven el lucro inmediato.

Sétimo, es una obra didáctica y estimulante, que informa sobre las riquezas naturales al tiempo que despierta y refuerza el amor por las bellezas de nuestra tierra bendita, y que la mayoría de los costarricenses –¡ciegos o indolentes que somos!– no vemos ni sabemos apreciar.

Estas apenas son siete razones fundamentales sobre “La Loca de Gandoca”, una novela de solo dieces, escrita por una compatriota que ha expuesto abiertamente su dolor –su doble congoja, una de ellas verdadera angustia kafkiana– y que ha sacudido la apatía y la indiferencia de nuestro cotarro.

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Anacristina Rossi: Política ambiental es una estafa

Ramírez F, Eduardo. “Anacristina Rossi: Política ambiental es una estafa”. Semanario Universidad.  (San José, C.R.), 26 de febrero 1993, p. 8-9


La novela “La loca de Gandoca” agotó en escasos cuatro meses sus dos primeras ediciones, algo inusitado en el limitado mundo literario nacional. En esta entrevista con UNIVERSIDAD, la escritora Anacristina Rossi, analiza el éxito de su publicación y cuenta su lucha por el Refugio Gandoca-Manzanillo.

La política del Gobierno en materia ambiental es una estafa, pues mientras se promulga un nuevo orden ecológico y se reciben premios internacionales, por otro lado el desastre ecológico es imparable, aseguró la escritora Anacristina Rossi, autora de la novela de gran venta “La loca de Gandoca”.

Las denuncias sintetizadas en la mencionada novela sobre el daño que le causan empresarios hoteleros al área protegida cobraron mayor relevancia en las últimas semanas, al salir a la luz pública la destrucción de valiosos arrecifes coralinos y bosques, así como la contaminación de ese ambiente caribeño, en donde la novelista posee una pequeña vivienda.

Estos hechos demostraron la veracidad de sus testimonios y a pesar de que les dio forma de novela, afirmó a este Semanario que el 98% de su contenido corresponde a la realidad.

Rossi lleva a cabo desde hace varios años, una apasionada lucha por impedir la destrucción del citado Refugio y su “obsesión” le valió que la cesaran del cargo ad honorem que ocupaba en el Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas (MIRENEM).

Su posición le ha generado además, amenazas a su integridad física y enemigos que desean cerrarle la boca.

No obstante que en 1986 Rossi obtuvo el premio nacional Aquileo Echeverría, por su novela “María la noche”, algunos han restado méritos literarios a “La loca de Gandoca”.

Sin embargo, la escritora ha visto renovada su vocación literaria en estos días, al ganar los XXX Juegos Florales Centroamericanos del Carnaval de Mazateco –de Guatemala– en la rama de cuento.

En una amplia entrevista con UNIVERSIDAD, Anacristina dio detalles sobre el éxito de “La loca de Gandoca”, la cual –en escasos cuatro meses de circulación– ya se agotó en sus dos primeras ediciones (de 1000 ejemplares cada una) y acaba de ser puesta a la venta la tercera reimpresión de 3000 unidades.

También se refirió a aspectos literarios de sus novelas, y a otros relacionados con su vida y la ecología que defiende. A continuación ofrecemos lo expresado por ella.

¿A qué atribuye el éxito de su novela “La loca de Gandoca”?

–A dos cosas que yo no separo. Alguna gente ha dicho que “La loca de Gandoca” es inferior en valor literario a “María la noche” , pero me parece que eso no es cierto. Lo que pasa es que el valor de “La loca…” es distinto. Traté de lograr un lenguaje literario transparente, lo que se conoce como el grado cero de la escritura, es decir, como si no hubiera escritura de por medio, para transmitir los hechos nada más. Eso es un logro literario porque el libro llega muy rápido a través de la emoción, y considero que esa es una de las definiciones de la literatura: conmover a través de la emoción, mediante palabras. Se olvida a la gente que la mediación es el lenguaje. En “María la noche” la gente se encanta y se encuentra con el lenguaje, mientras que en “La loca de Gandoca” el lenguaje se olvida y lo que se ve es una realidad dolorosa, a veces poética, una realidad legal y también una realidad intelectual.

La segunda razón para el éxito es coyuntural. Sale en un momento, en el cual la gente está sufriendo los desastres, sin luchar y sin atreverse a decirlo –a pesar de que el Presidente proclama el nuevo orden ecológico y la propaganda nos abruma con las maravillas ecológicas del Gobierno–.

Entonces, que se alce una voz por encima de todo, que se denuncia lo que mucha gente está viviendo, gusta porque se siente acompañada.

Quizás hay un tercer factor, Sebastián Vaquerano (de Editorial EDUCA) le dio un precio accesible. No es lo mismo comprar un libro de ¢1500 o ¢2500 que uno de ¢350, y esa fue una visión que le agradezco.

Desde un punto de vista estrictamente literario, ¿cuál de sus dos novelas le satisface más?

–Las dos por igual. “María la noche” en cuanto a poesía y “La loca de Gandoca” por lograr transparencia de la emoción, lo cual me parece un logro literario. La tuve que depurar mucho, la escribí muchas veces, para que el lenguaje no fuera un obstáculo y se hiciera invisible.

¿Al escribir “La loca…” usted la pensó más por su carácter de denuncia o como obra literaria?

Pensé sobretodo en la denuncia, pero también en que para que esta fuera efectiva, debía ser literaria. Si hubiera sido una denuncia sin literatura, no hubiera llegado, no pondría a la gente a llorar. Eso no pasó con “María la noche”, que también llegó mucho, aunque en un nivel muy distinto. Creo que son aspectos diferentes de lo que puede ser la literatura de ésta.

En las últimas semanas se ha comprobado que las denuncias expuestas en su novela eran verdaderas. ¿Es importante para usted este hecho, aun cuando los daños en su mayoría son de carácter irreversible?

­–Es importante, porque las denuncias aunadas a informaciones y fotos aparecidas en los periódicos no han sido negadas ni por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) ni por el Ministerio de Recursos Naturales, Energía y Minas (MIRENEM). Todos aceptan los destrozos. El problema es que la destrucción se anunció en 1991, como lo demuestran los documentos. Tal vez eso me ayude a ganar el recurso de amparo, al no quedarle duda a la Sala IV de qué es lo que ha pasado y está pasando allí.

Si yo tenía que sufrir para defender mi casa y la salud de mis hijos, que me amenazaran de muerte, que la Municipalidad de Talamanca se volviera mi enemiga, y si ahora la gente se está dando cuenta de no sólo yo lo sufro, sino que muchos están rezando por eso y que la destrucción existe y es difícil pararla, esto me alegra.

¿Cuánto de realidad hay en su novela?

–Un 98%. Puedo decir lo que no es realidad: El salón de patines no era sobre hielo, pero existía la posibilidad de un salón de ese tipo en el centro comercial de la compañía Eurocaribeña.

Lo de “Jorge Boscoso” es verdad. Tengo el disfraz en la casa y lo tuve que usar, aunque no en una entrevista con Ana María Tato, como sale en el libro. Lo utilicé para sacar documentos sin que me vieran, porque el Ministro me había amenazado de no poder entrar al Ministerio.

¿En realidad son tan corruptas las instituciones estatales como usted las describe en la novela?

–Yo no las pinto directamente corruptas. Yo pinto lo que vi. Si usted le quiere llamar a eso corrupción… nada más le digo que yo lo viví, quizás con una serie de exageraciones literarias como el salón de patines. El pueblo juzgará si eso es corrupción o no. Tal vez había gente allí que lo estaba haciendo de buena fe.

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