El deleite de lo prohibido: a la caza del “Putolión” después de un caso insólito

Castro, Iván. El deleite de lo prohibido: a la caza del “Putolión” después de un caso insólito. Diario Latino (San Salvador, El Salvador), 13 de noviembre de 1995

“El miedo, que jamás confiesa su nombre, dice llamarse realismo, y se disfraza de prudencia”. Eduardo Galeno.

 Pocos ejemplares de la novela burlaron la orden la destrucción, en un hecho inédito en el que se cruzan presiones desconocidas, irrespeto a la libertad de expresión, miedo al pasado del país y llamadas insultantes contra el autor.

Manlio Argueta, quien escribió el prólogo a Putolión, la segunda novela escrita por David Hernández, expresa su sorpresa por la decisión tomada a raíz de una alusión, que en un pequeño pasaje del libro, se hace del poeta David Escobar Galindo.

“El contenido más importante de la obra, lo que más me impacto, es la historia del grupo de poetas de la Cebolla Púrpura. No reparé mucho en los detalles ni hice alusión a ellos”, dijo Argueta.

“Para mí fue una sorpresa cuando algunos libreros me comunicaron que estaban pidiendo la devolución de la novela para que fuera sacada de circulación”, agrego el escritor.

La medida se originó en un pasaje de Putolión que reproduce una cita del periódico estudiantil “La Jodarria”, en la página 177 de la edición de mil ejemplares que UCA Editores lanzó en septiembre de 1995.

“La  Jodarria” era una revista escrita por los poetas de la Cebolla Púrpura, un colectivo al que pertenecía Hernández en los años 70 y cuya mayoría de integrantes fue asesinada o murió en la década siguiente.

Salía a la  vista que existieron presiones para que la novela tuviera una corta vida. El Vicerrector de la UCA, Rodolfo Cardenal, rechazó que la universidad las haya recibido.

Sin embargo, Manlio Argueta dijo que el Director de Publicaciones de la UCA le comentó: “que había recibido presiones de un poeta y funcionario de la UCA, a quien le acaban de otorgar el Premio Nacional de Cultura”.

Argueta sostuvo que el poeta Escobar Galindo hubiera tolerado la alusión indirecta que de él se hace en la novela. Otros recuerdan que Galindo publicó en UCA Editores una antología poética en la que incluyó un texto que Roque Daltón le dedicó, además de un alias de fuerte connotación que el adjudico (“perra de hielo”).

“Pienso que el poeta Escobar Galindo tiene la entereza moral suficiente para tolerar un hecho literario ante la disyuntiva de condenar una obra. No me lo imagino haciendo presiones autoritarias porque he conversado con él  y sé los principios que sustentan respecto al tema de la libre expresión.

En todo caso y como señala Manlio, “las presiones deben haber sido muy grandes” porque una editorial de prestigio –que incluso ha publicado muchas voces alternativas- tiene sus requerimientos y sus exigencias para lograr calidad.

El presidente de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), Rennan Alcides Orellana, estimo que la decisión es comprable a “la destrucción de un medio de comunicación, de un medio de ideas permanente”.

La mayoría de escritores, periodistas, estudiantes, y o aficionados a esto o a lo otro, coinciden en condenar la destrucción de la obra.

Además, como grito unánime aparece la advertencia sobre el peligro de los “cancerberos literarios”, que desde una actitud cuestionable pretenden poner postas fronterizas para delimitar y decidir cuál es el quehacer literario  será lo literario.

“Se ha tomado una decisión que pueda sentar un precedente nefasto, especialmente porque hemos sabido ya de esa época de la que venimos que produjo un conflicto bélico que (ahora) tratamos de reparar”, dijo Manlio.

David Hernández dijo desde Hannover, Alemania que la destrucción de su libro plantea “un intento de querer olvidar el pasado a cualquier precio”.

Pero Manlio Argueta agrega que “un hecho de esta naturaleza no se dio siquiera en lo regímenes autoritarios que muchos intelectuales criticamos, y que incluso hizo víctimas a los maestros fundadores de la UCA”.

“Pienso en un homenaje a estos mártires , la novela de Hernández debe rescatarse. Y si acaso alguien cree que trasgrede la ley, debe dársele curso a un procedimiento legal, pero no debe condenarse a priori”, agregó.

Según fuentes cercanas a Hernández, antes de conocer la destrucción de su libro, este ha recibió llamadas desde los Angeles, Estados Unidos, en las que se le insultaba.

Mientras los ejemplares de Putolión van a parar a las casas convertidos quizá en papel higiénico o servilletas después del respectivo reciclaje, dando inicio a una difusión inusual: la de los números sobrevivientes.

Estos ejemplares son buscados con  pasión de cazador, comprobándose que las prohibiciones tienes un enorme poder de incentivo para buscar lo prohibido.

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Entrevista con Manlio Argueta. Relacionado con la destrucción de la novela Putolión de David Hernández

Ramírez, César A. Entrevista con Manlio Argueta. Relacionado con la destrucción de la novela Putolión de David Hernández. Diario Latino. Suplemento Cultural 3000. (San Salvador, El Salvador), 11 de noviembre de 1995

Introducción:

Asistimos a un hecho insólito en la literatura nacional, comparable con aquellas acciones grotescas de otros tiempos, es así como se ha perseguido a la inteligencia por siglos, como en la quema de la Biblioteca de Alejandría, las quemas de libros en la Alemania Nazi, los Versos Satánicos condenados por el fundamentalismo islámico etc, sin embargo ahora tenemos un hecho que conocemos por terceras personas, una acción concreta del retiro de una obra literaria, eso es innegable, esa es la realidad, la destrucción aparente de un fragmento de nuestra memoria, aparente porque se tiene conocimiento que existen alrededor de una docena de originales comprados en diferentes puntos de las ciudades antes del retiro, además la multiplicación de ese documento no es cosa del otro mundo, recordemos como se reprodujeron en la extinta Unión Soviética los textos de Alexander Soljenitsiyn, la pregunta por consiguiente es: ¿podemos acusar a alguien en particular sobre esa acción? ¿esa es una acción institucional o personal? ¿los acusados pueden defenderse? etc, etc, etc, en el fondo, se establece una ruptura entre autores nacionales, amigos todos, que tienen dos visiones de una misma realidad, nuestra labor cultural nos exige publicar diversas opiniones y las publicaremos en la medida de nuestra posibilidades, aunque eso no signifique que compartamos el pensamiento de los textos, puesto que con ello nos acercaremos a la realidad de los hechos.

César A. Ramírez

Coordinador Suplemento Tres Mil.

Entrevista con Manlio Argueta

Relacionado con la destrucción de la novela Putolión de David Hernández

p. Hemos sabido que no querías pronunciarte sobre ese problema no obstante que se dice que tú eres el representante de David Hernández y por otro lado la obra tiene un prólogo tuyo, ¿qué motivó ese silencio?

R. Mira yo he regresado al país después de haber estado fuera por veintiún años, quizás en el fondo no le he retomado y soy y me siento un extraño. Viví en Costa Rica, he visitado muchas veces como conferenciante de universidades de Estados Unidos y Canadá; he trabajado en Inglaterra adaptando para el cine mi novela Cuscatlán donde de bate la Mar del Sur; y he reconocido toda Europa occidental, excepto España y Portugal; Holanda me lanzó internacionalmente como escritor. Todo esto le he dado una dimensión diferente a mi vida. No cabe duda que al ser una especie de ciudadano del mundo, se te pegan muchas cosas, Costa Rica por ejemplo me enseño a ser tolerante a apreciar la importancia que tiene un Estado de Derecho. En Holanda aprendí lo fundamental que es escribir una literatura no sofisticada, sencilla, más comunicativa; y de Norteamérica aprendí la responsabilidad profesional como escritor. Decidí regresar a mi país para dedicarme totalmente a la literatura y al trabajo cultural, para quedarme definitivamente. Imagínate entonces como puedo sentirme al verme involucrado en un problema inaudito. Tantas cosas de diferente calibre que nos están ocurriendo, al grado que el Presidente de la República calificó la actual situación como “dantesca”.

Pienso que no tiene sentido ser escritor o comunicador, ni estar pensando en talleres nacionales ni en casas de cultura, ni incluir el arte en la reforma educativa si optamos por el silencio.

Qué le vamos a decir a los poetas jóvenes, que carecen de estímulos y a los que vendrán en un cercano futuro, que quizás tengan mejor suerte. Qué le podemos enseñar a los jóvenes.

P. ¿Cuál es el verdadero trasfondo de la actitud de esa editorial?

R. Lo único que sé es que hubo presiones fuertes contra el director de la editorial, quien había decidido la edición de la novela y luego se vio obligado a pedir que los libreros la devolvieran cuando ya estaba distribuida.

P. Si obedeció a presiones, ¿de dónde provinieron? ¿Resultan tan poderosas para originar temor a quién puede temer la editorial para cometer un acto de inquisición?

R. No sé qué poderes pueda tener un u otra persona, pues estoy más dedicado a escribir y promover lo lectura; pero si el Director me aclaró que la primera protesta la recibió de un profesor de letras de la UCA que en el pasado ha sido alto funcionario de dicha Universidad, y recién acaba de recibir un premio literario importante; éste consideraba que se aludía en la novela de una manera fuerte, a un poeta respetado y muy ligado a la vida política nacional.

P. ¿Se puede saber quienes son esos poetas?

R. Bueno, el aludido es David Escobar Galindo.

P. ¿Y el poeta que primero presionó al director de la UCA?

R. Creo que no debe mencionarse pues cabe duda que él actuó en defensa de un amigo, lo cual hace natural su reacción.

P. Pero tuvo que haber otro tipo de presiones para que el director la retirase ¿qué trama tiene la novela, es tan poderosa para originar hechos insólitos como estos?

R. No me consta que otras presiones hubo, lo que si sé es que el director de la UCA Editores se comprometió a sacar de circulación la novela y Escobar Galindo le respondió que era lo menos que podía hacer.

Yo pienso que todo se exageró, la gran literatura está llena de alusiones y si la decisión hubiese sido hacerla desaparecer no existiría la Divina Comedia, por ejemplo, obra en la que Dante coloca a sus enemigos políticos en el infierno; ni la gran poesía latina de Catulo y Propercio que ironizaba a los emperadores.

Quizás no conoceríamos a Rabelais, ni al Marqués de Sade, ni a Neruda, ni a Miller. Me gusta cómo define Carlos Fuentes este punto: “El narrador trabaja con la emergencia del descubridor; si no nombra, nadie nombrará; si no escribe todo será olvidado; si todo es olvidado, dejaremos de existir”. Pero Putolión es más una novela erótica y de anécdotas de poetas que política; si nombra inclusive a amigos o personas a quienes respeto, pero esto es secundario, tan secundario que la Editorial UCA no tuvo reparos en publicarla; además Hernández es un técnico de biogenética estudiando ahora un doctorado de literatura germánica y es un escritor que ya tiene una novela publicada en Alemania y ha publicado poesía, él mismo fue del grupo de poetas denominado La Cebolla Púrpura. No se trata de una persona improvisada y no es la primera vez que en la novela nacional se aluden personas reales.

P. ¿Pero es tan grave la alusión?

R. Cada quien la considera grave y reacciona de diferente manera, hay que sentirlo en la propia piel para saber como vas a reaccionar. En realidad se trata de unas siete líneas donde David Hernández cita entre comillas una de esas publicaciones de humor salvadoreño que muchas veces puede ser mal humor y que hacían los estudiantes en los desfiles bufos, el panfleto se llamaba La Jodarria. La novela tiene en ese aspecto mucho callage. Pero lo más importante que tiene la obra y es lo que yo toqué en el prólogo es lo que se refiere a los poetas de La Cebolla Púrpura, la mayoría de ellos muertos en el conflicto. No se trata de una obra antigubernamental, pues inclusive sólo se refiere a la década del 70. Tampoco es panfletaria, pero sí tiene un lenguaje fuerte dentro de una elaboración muy profesional.

Yo creo las alusiones frente a un valor civil y humano como es la libertad de expresión y la libre creatividad, no ameritaba la decisión inaudita de ordenar destruir la obra. ¿Qué ejemplo podemos dar si tratamos de buscar la concordia nacional o por parte de un educador, si está participando en una reforma educativa que quiere implantar el estudio de los valores cívicos y morales frente a la destrucción moral que estamos viviendo, con una juventud víctima y victimaria.

P. ¿Putolión es un personaje de la vida real?

Sí, pero el autor no lo aclara mucho, pienso que es un abuelo brujo de David Hernández. Como te digo la novela no tiene que ver con los aludidos, estas alusiones son marginales, propias de la novela moderna.  Por el contrario trata de las aventuras y desventuras de los poetas de esa generación y de todas las generaciones. Los personajes son Cirilo –en quien veo a David; Rigoberto Góngora, poeta a quien conocí en Costa Rica y que murió mientras desactivaba una mina en Guazapa; también es figura principal Jaime Suárez Queiman– poeta y periodista asesinado; y Alfonso Hernández combatiente y poeta. Es una obra de la cultura nacional y debemos respetarla.

Por eso digo que hubo encandilamiento de las emociones y parece mentira que ello originara un hecho que por lo menos puede servir para ahondar sobre el papel de la literatura y el arte en el actual proceso de transformación que vive el país. De nuevo la obra literaria nos demuestra que juega una función social, histórica, no se puede marginar o automarginar del desarrollo.

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