Manlio Argueta. “Los poetas darán de que hablar”

Chávez, Luis. Manlio Argueta. “Los poetas darán de que hablar”. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 17 de febrero de 2001, p.7

 Entrevista de Luis Chávez.

¿Cuándo y donde nace Manlio Argueta?

Nací en San Miguel, en 1935, el 24 de noviembre. Ahí estuve toda mi infancia y adolescencia, y me vine a San Salvador a estudiar a la Universidad de El Salvador.

¿Y cómo escritor, que nace primero: el poeta o el novelista?

Comencé a escribir poesía en la escuela primaria, pero en mi edad adulta, como a los 29 años, yo necesitaba decir cosas que ya no las podía decir con la poesía, fue así como decidí meterme a la novela, sin haber tenido ninguna vocación por ésta, ni un ánimo por hacerlo.

Tenemos conocimiento que tu primer novela fue El Valle de las hamacas, la cual ganó un premio centroamericano ¿cuántas novelas has escrito a la fecha?

Bueno después de esa tengo seis novelas más, tomando en cuenta una inédita que se llama Los Poetas, que es la séptima.

Tu última novela, Siglo del O(g)ro habla mucho de tu niñez. ¿Estarías retroalimentando tu niñez, Manlio?

¡Claro!, y es lo que ha llamado la atención en San Miguel, porque realmente las dos últimas novelas que he escrito al volver a El Salvador, después de estar fuera son sobre San Miguel. Una de ellas es Milagro de la paz, que se refiere al barrio donde crecí y la otra es Siglo de O(g)ro, que es mi infancia, siempre en San Miguel.

Estar colocado entre los primeros cinco a nivel mundial con tu novelística ¿qué criterio te aviene?

En realidad del habla española estoy colocado entre los primeros cinco de 100 que escogieron. Claro que para mí es un gran estímulo. Es casi sorpresivo, ya que mi novelística no es tan conocida como la de otros novelistas que quedaron en puestos inferiores; sin embargo, algo encontraron en mi novela. Más que todo, -dicen los jurados- que es por el aporte social y la contribución en el siglo, según los contenidos de la novela, o sea, no es éxito por mayor venta o mayor publicidad que recibe una novela, sino que estudiaron influencias que ha tenido, y como mi novela “Un Día en la Vida” precisamente, que es la que galardonaron, ha tenido mucha distribución y mucha circulación a nivel mundial, de manera que es posible que eso motivó a los jurados, que no eran siquiera centroamericanos los que dieron esa denominación y es en habla española. Las 100 mejores novelas del siglo de habla hispana…Bueno, la primeras cinco: de (Gabriel) García Márquez, escogieron dos, de Carlos Fuentes, una, de Mario Vargas Llosa, otra y yo. Somos cuatro, pero como García Márquez participó con dos novelas, porque no es a los escritores, sino las novelas más importantes, entonces GABO tiene dos novelas en los primeros cinco lugares.

En los corrillos literarios se decía que te habían tomado el pelo. Muchas veces la envidia nos corroe; salieron algunos comentarios hirientes en los medios periodísticos del país. Sin embargo, mantuviste tu humildad, tu manera de ser, te conozco de años y sé la trayectoria que tienes Manlio. ¿Cuál fue tu reacción?

Al principio sentí un poco de sentimientos que me afectaban, pero, después me di cuenta que era normal. Fíjate, el hecho de aparecer al lado de Carlos Fuentes, de Vargas Llosa (Mario), para muchos intelectuales nuestros eso es inconcebible, pero, realmente, como yo se los decía, no soy yo quien lo decidí. Son jurados que trabajan en los Estados Unidos como críticos, como científicos sociales y como editores, de tal manera de que yo sabía la realidad de la nominación, pero no dejaba de sentirme afectado que mis compañeros, en vez de alegrarse y celebrar conmigo, se molestaban. Pero como sé la circulación que ha tenido la novela, lo acepté con sorpresa.

En tu poesía también nace el niño que llevas dentro. Ahí hay un verso que dice “saludas al mundo como un niño malo”, ¿estaría cargada tu poesía de lirismo, pero de un lirismo social?

Si, ese verso está en un poema que se llama Réquiem para un poeta, que yo se lo dedico a Orlando Fresedo, uno de mis poetas favoritos cuando yo me estaba formando como poeta, inclusive para ganar los premios. Quiero decirte que yo surgí de la nada. Yo gané dos primeros premios uno en noviembre y el otro en diciembre, sin que nadie supiera quien era yo, del anonimato de San Miguel, porque ese año me venía para San Salvador, y recuerdo que de los poetas que más me influenciaron fue precisamente Orlando Fresedo. También se Siglo de O(g)ro, ahí hablo de que “la infancia es la patria del poema”.

Tu trabajo no está comenzando, pues ya hay una experiencia acumulada, tenés una novela inédita… ¿qué otros proyectos tienes Manlio?

Tengo dos libros de poemas inéditos, uno que lo he venido trabajando inclusive me han publicado alguna parte en inglés, en una editorial bastante conocida en Nueva York, que se llaman Norton Press, una de las cinco o seis editoriales más grandes de Nueva York, pero yo lo quiero publicar en español.

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Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe

Soto, Michelle; Montoya Rodrigo (fotógrafo).  “Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe”. Perfil (555): 74-77, 19 de octubre 2007

En agosto, la Academia Costarricense de la Lengua dio la bienvenida a Anacristina Rossi, y con ella, a la literatura afrocaribeña.

Escuchar a Anacristina Rossi es como oír las olas reventar. Su verbo es tan furioso como el mar, pero sus palabras también tocan la orilla como espuma.

Con ella se conversa de literatura, de lengua, del ser mujer, de utopías y sueños, de medio ambiente y, sobre todo, de Limón. Rossi lleva el sol en la piel y el viento en el cabello, ella es Caribe.

El pasado 23 de agosto, se incorporó a la Academia Costarricense de la Lengua. Es así como su nombre se une al de Arnoldo Mora Rodríguez, Rafael Ángel Herra, Adolfo Constenla, Samuel Rovinski, Estrella Cartín, Julieta Pinto y Alberto Cañas, entre otros.

En su discurso de incorporación rescató del silencio los textos de Samuel Charles Nation y, con estos, una literatura afrolimonense de principios del siglo XX.

SUS LETRAS

Rossi estudió lingüística y lenguas modernas en Inglaterra, Francia y Holanda. Obtuvo una maestría en idiomas y un doctorado en ciencias de la traducción.

Es activista ambiental y social, rasgo que se refleja en su libro La loca de Gandoca de 1991. Sus novelas María de la noche (1985) y Limón Blues (2002) fueron distinguidas con el Premio Nacional en ese género. Sus escritos son objeto de estudio en universidades costarricenses  y estadounidenses.

Ha participado en congresos sobre literatura en Estados Unidos, Alemania y Panamá, entre otros. Fue invitada por el Ministerio de Cultura de Francia como representante del istmo en el Programa “Belles Etrangéres”, el cual fue dedicado a Centroamérica en 1997.

Asimismo, recibió la Medalla Presidencial del Centenario del Nacimiento de Pablo Neruda, la cual fue otorgada por el Gobierno de Chile por la proyección social de su obra literaria.

Por más que sus textos trascienden fronteras, Rossi suele regresar a Limón de su infancia, al que lleva siempre del lado izquierdo del pecho.

UTOPÍAS

En la última década, la voz mestiza de Anacristina Rossi tiene la sonoridad de un blues, y últimamente, de un reggae.

A finales de 1997, emprendió la investigación que le llevó a escribir Limón Blues y que le despertaría la necesidad de seguir recopilando y escribiendo aún después de Limón Reggae.

En la Biblioteca Nacional, desempolvó periódicos limonenses publicados entre 1903 y 1942, génesis de una literatura costarricense escrita por afrodescendientes.

“¿Qué es lo que nos dice esa literatura sobre Costa Rica?  En ella, los ticos nos vemos reflejados desde el punto de vista de alguien que nos ve –al mismo tiempo- desde adentro y afuera, desde otra y nuestra cultura”, comenta Rossi.

Fue así como conoció los textos del periodista y ensayista Samuel Charles Nation. En su prosa se develaron los ideales y las luchas por la reivindicación de los afrodescendientes y la figura mítica de Marcus Garvey.

“Mi esfuerzo es tratar de recuperar la literatura que hay en esos periódicos, hay una enorme riqueza en ensayos periodísticos y poemas. Eran el único lugar donde los afrodescendientes podían publicar porque no tenían editoriales”.

Mi sueño es, algún día, tener tiempo y el dinero para recoger esos ensayos, sacarlos de los periódicos, seleccionar, ordenar y ver cómo hago un libro para jóvenes y otro que recoja todo el material” añade la escritora con ímpetu.

En Limón Blues, la pluma de Anacristina de el primer acercamiento a esta literatura donde se retrata esa búsqueda de la utopía.

Con esa prosa de prisa, cargada de blancos que asesinan, negros que forman sindicatos, periodistas que publican páginas muchas veces censuradas, bananos destrozados por el machete de la Compañía, tambores que suenan hasta el amanecer, mujeres blancas que tiemblan por la carne oscura de sus sirvientes negros, olas que no dejan de reventar en la arena cálida y amores que se hacen y se deshacen bajo ese sol tropical que todo lo envuelve y todo lo embruja, los años transcurren con una velocidad vertiginosa, como si el tiempo se nos fuera a acabar sin permitirnos terminar la historia.

Y con esas esperanzas que se truncan con el paso de los años, Limón parece una de esas niñas rurales que envejecen antes de tiempo. Como resultado, solo queda el recuerdo, la nostalgia de un pasado que este país, que se precia de multiétnico, simplemente prefiere olvidar y que esta escritora nuestra, que se llama Anacristina Rossi, nos lo resucita de entre los muertos”, reseñó Manuel Delgado a propósito de la novela para Club de Libros.

Pero, Limón Blues terminó en 1973. Aún quedaba mucho por escribir, la escritora quería hablar de ese Limón que conoció de niña y adolescente. Fue así como se desencadenó una segunda utopía, la propia y la colectiva.

Limón Reggae habla de la revolución en Centroamérica durante los 70, centrada en El Salvador. Pero, también recata los ideales de Afrotsco de Limón y los Rastafari de Puerto Viejo.

“En Centroamérica se trató de tener dos utopías: la revolución nicaragüense y la salvadoreña. La salvadoreña terminó en gran fracaso, la nicaragüense por lo menos tuvo su periodo. Lo mismo le pasó a los Rastafari, pero ellos recrearon la utopía en el interior, y en lugar de aspirar a una utopía colectiva y grande, decidieron tener una más pequeña y es sobre todo interior.

Lo mismo pensaban los grupos negros en Limón durante los 70, Afrotsco era un grupo real y Milton Franklin (quien fue uno de sus integrantes) sigue pensando que los ideales de un cambio interior son vigentes. Para los socialistas y los de la teoría del marxismo, la utopía está afuera; pero lo lindo de él es que la utopía esta adentro”, recuerda la “loca de Gandoca”

-Y ahora, ¿cuál es la utopía que estamos persiguiendo?

-La única utopía posible es la paz con la naturaleza. Pero no la que dice nuestro presidente, con la que no estoy de acuerdo, porque la incluye con cosas tan devastadoras como este tratado de libre comercio. Las luchas ecológicas han costado tanto y han sido siempre como mitad perdidas y mitad ganadas, y cuando se ha ganado siempre ha sido gracias a la Sala Constitucional.

“No es que los seres humanos destruyan el ambiente porque son malos, sino porque la conservación entra en conflicto con sus ideas de dinero. Está bien que hagan dinero, no tengo nada en contra del comercio ni los negocios, pero tienen que tener un límite.

“Se necesita un cambio de actitud de todos y todas para detener el calentamiento global, es el reto más grande. La utopía está en ponernos un freno a nosotros mismos, debe ser modesta en ese sentido”.

NUESTRO AFROASCENDIENTE

La palabra evoca. Se dice que se empieza a existir en el momento en que se nombra. En ese sentido, la prosa de Rossi nos confronta con nuestra afroascendencia, nuestra identidad como costarricenses.

“Las mujeres cobran existencia cuando se les nombra, de lo contrario no están. Lo mismo pasa con nuestra afrodescendencia.

¿Dónde está ese abuelo y abuela negra?

¿Por qué nos vemos en el espejo y decimos que somos blancos, por qué los negamos?.

Tengo 10 años de confrontar esa cultura y de confrontarme a mí misma con mis propios ascendientes. Ese ha sido un reencuentro lindísimo, quisiera que ese reencuentro fuera de toda Costa Rica”, reconoce.

Como dijo una vez María Lourdes Cortés, Limón “es la síntesis de lo que es Ana la mujer, y Ana la escritora: de sus fantasmas, sus deseos y sus luchas. Es el rondón de sus de sus raíces, hundidas en el pasado y de sus sueños volando hacia el futuro”.

-¿La Academia Costarricense de la lengua con su incorporación está reconociendo, como un primer paso, a ese antepasado negro que tenemos los costarricenses? ¿Nos estamos viendo en la literatura afrodescendiente?

-Es un primer paso. Todavía no nos estamos viendo, aún falta recuperarlo y rescatarlo.

“Como académicos, cada uno tiene su campo de estudio. Todos tenemos nuestras locuras y teleles con la lengua. El mío ha sido tratar de ser un puente entre la cultura y la literatura afrodescendiente de principios del siglo XX y la actual, porque siempre negamos el problema de racismo y no hay que tenerle miedo a las palabras, ese racismo nos ha hecho estereotipar lo que fue.

“Limón no es solo ese rice and beans y carnavales, tiene un enorme bagaje cultural y una enorme riqueza que aportarnos, pero nosotros le damos la espalda”.

-¿En que consiste el trabajo de la Academia Costarricense de la Lengua?

-Somos traductores entre la lengua clásica y la de hoy. La lengua es un organismo vivo y funciona quieran los académicos o no. Entonces, lo que nos toca es ser puentes entre esa lengua que va evolucionando y la lengua clásica, como un filtro que permita ir incorporando al acervo clásico toda esa novedad. Habrá cosas que se podrán incorporar y otras no. Una tiene que estar atenta para recordar la estructura de nuestra lengua y así se pueda asimilar lo nuevo, sin perder la estructura.

-Ha señalado que para que la Academia Costarricense de la Lengua pueda trabajar, requiere de una sede, ¿Son como Quijotes sin Rocinantes o Sanchos sin burros, qué ha pasado?

-Andamos como del tumbo al tambo, como gitanos, y no podemos asentarnos para hacer un trabajo serio porque no tenemos sede.

“Al final del gobierno de don Abel, estaba lista la sede en la avenida central. Pero, por problemas burocráticos, no se concretó. Entonces, le hemos pedido ha este gobierno que nos dé un lugar donde estar.

“¿Cómo vamos a hacer un buen trabajo si tenemos que andar con todo bajo el brazo? ¿Adónde se va a sentar uno a guardar los documentos? ¿Cómo vamos a hacer trabajos en conjunto en la Academia si vamos de aquí para allá? Somos Quijotes a pie”

-¿Son  necesarias las editoriales pequeñas para leernos como costarricenses y tener variedad de voces sobre nosotros mismos?

-Hay un problema en Costa Rica muy grande, que la existencia de editoriales no va a arreglar y tiene como resultado la mediocridad. El problema es que no nos atrevemos a decirnos la verdad sobre lo que pensamos de los textos de los otros.

“Aquí no hay crítica porque no se soporta. No tenemos la madurez para aguantar vernos expuestos. Eso nos impide crecer como escritores y quedarnos en una mediocridad, los golpazos son los que nos van haciendo crecer.

“Los golpes que me he llevado hicieron que tratara de superarme. Los golpes que realmente se asimilan son los fuertes, como los que se dan en público. Para que nuestra literatura crezca, hay dos cosas que deben ir juntas: que hayan editoriales para leernos y que podamos hacernos crítica”.