¿Cocorí racista?

Arias Formoso, Rodolfo. “¿Cocorí racista?“. La Nación. Revista Dominical (San José, Costa Rica), 20 de abril de 2003

Con estupor he leído una circular del Viceministro de Educación, dirigida a directores en todo el país, en la cual se recalca, con mayúscula y subrayado, que Cocorí ya NO es texto  de lectura obligatoria, en vista de la inconformidad que provoca por su carácter “discriminatorio” de la raza negra. Es una opinión que con gran tacto no sostiene el Viceministro, sino que se le adjudica a los miembros de la Asociación Proyecto Caribe, integrada, entre otros, por ilustres figuras públicas como Eulalia Bernard, Esmeralda Brinton, Epsy Cambell o Quince Duncan.

He acudido de inmediato al texto. Y bueno, sí… hay discriminación de unos personajes hacia otros. Cocorí bromea diciendo que al contramaestre del barco, un pelirrojo, “se le está quemando el pelo”, la niña blanca dice que a Cocorí “no se le sale el hollín”, Cocorí, en revancha, piensa “¡a ti no se te sale la harina!”, pero no articula palabra porque la emoción del momento lo tiene paralizado.

Me pregunto: ¿será discriminación igual a racismo? Si así fuera yo soy un perfecto racista. El primer gran amor de mi vida fue una negra limonense terriblemente preciosa. Y mi primera esposa es negra y mi segunda esposa es china. Mis hijas mayores son unas mulatas guapísimas que se burlan de mí cada vez que vamos a la playa y ellas se broncean en dos toques mientras yo me pongo como un tomate. Por otro lado, las nórdicas, pálidas y de ojos celestes, siempre me han parecido insípidas.

El problema, por supuesto, surge cuando el derecho a discriminar, a escoger, cede su lugar al malévolo arte de la segregación, de la exclusión, del castigo político, económico, Psicológico, y muchas otras variantes más, originado en las formas, colores o lenguas de los diversos pueblos.

Las potencias europeas, aves de rapiña de la humanidad durante la así llamada “era de los descubrimientos” se adentraron por ese horrible camino más que nadie. Los genocidios contra los indios americanos, o contra los negros de África son los dos ejemplos que más de cerca nos tocan. Pero también hindúes, chinos, egipcios, turcos, etíopes, árabes o australianos sufrieron vejámenes similares.

Es explicable, entonces, que haya hipersensibilidad por parte de los oprimidos y sus descendientes. Creo entender, de esta óptica, cómo surge la reacción de los estimables miembros de Proyecto Caribe contra Cocorí. Ningún costarricense, con nivel cultural adecuado, puede ignorar que Limón ha sido siempre la provincia olvidada, que en nuestro país hubo legislación segregacionista, que abundan los meseteños despreciativos hacia los negros, los chinos o los indios.

Les sobran, a iniciativas como el Proyecto Caribe, ejemplos de injusticias y opresiones. Y nadan en la abundancia respecto a lo que merece rescatarse y difundirse de la cultura limonense en particular y afrocaribeña en general. Pero se equivocan, de tajo a  rajo, al escoger como chivo expiatorio a una joya de la literatura nacional como lo es Cocorí.

Pueden influir, como lo están haciendo ahora, sobre un viceministro. Pueden crear polémica, alboroto, sentir que la balanza se equilibra. Pueden creer, si quieren y les sirve de algo, que un autor blanco, miembro de una familia de bananeros, tiene forzosamente que ser discriminatorio, injusto, lesivo para sus ideas.

Pero se toparán, una y otra vez, contra la realidad. Contra sentencias como la 0509-96 de la sala constitucional, valiosa pieza jurídica y literaria, en la cual se rechaza de plano la existencia de cualquier elemento racista en el libro, o contra la acogida universal que ha tenido Cocorí, traducido a más idiomas y editado más veces que ningún otro libro en Centroamérica.

Y se toparán por siempre, contra la realidad que fue, y sigue siendo, Joaquín Gutiérrez Mangel. Quienes fuimos sus amigos sabremos, este día y todos los demás, que lo único que lo animó a escribir Cocorífue su amor por la vida, por los niños, por los ideales de justicia y libertad, de belleza y solidaridad, de heroísmo y ternura que lo condujeron por su larga y fértil existencia. Ideales que él siempre refería a su tierra de origen, a su amadísimo Limón, y que están presentes, página tras página, en ese maravilloso relato.

Comprar "Cocori" Kindle

Comprar “Cocori” Kindle

Comprar "Cocorí"

Comprar “Cocorí”

El doble destino de Cocorí

Chaverri, Amalia. “El doble destino de Cocorí“. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 18 de mayo de 2003, p. 4

 Con este texto, queremos en Áncora culminar la discusión del tema.

Cocorí, como héroe novelesco, cumplió su destino. ¿Qué error cometió Cocorí, como texto literario, para que cambiara su destino en las aulas escolares?

Argumentaré sobre las razones que me llevan a destacar  -siempre respetuosa de otras posiciones, provenientes de personas a quienes estimo-  aspectos significativos que, a mi juicio, son constitutivos del fenómeno literario, y relacionados con la polémica que se ha generado con este texto.

Parto de lo siguiente: una obra literaria, como producto del lenguaje, es susceptible de ser interpretada, así como analizada y explicada en su totalidad y no fragmentariamente. La especificidad del lenguaje literario es su carácter plurisignificativo, el cual está construido con procedimientos estéticos que construyen la capacidad simbólica propia de toda literatura. Su lectura implica insertarse en los códigos de la convención literaria.

Son esencialmente dos oraciones sobre las que se sostiene, a mi juicio, la concepción de racista y las que más han molestado a quienes pidieron su exclusión de los textos de lectura en las escuelas: el que Cocorí haya sido visto como un “monito” por la niña rubia (que luego fue cambiado por “raro”) y el que él piense que tiene la cara tiznada, porque así lo dijo la mamá de esa niña. Asumiendo que esos fueran los elementos válidos para considerarlo como tal, me pregunto: ¿qué pasa con el resto de los contenidos de la novela como una totalidad?, ¿qué implicaciones trajo el encuentro de Cocorí con la niña rubia, luego de que esta hiciera la mencionada pregunta y “le lanza los brazos al cuello y le da un sonoro beso’? Mi interpretación es la siguiente: la fugacidad de la vida de la rosa y del encuentro con la niña es el inicio de un aprendizaje y de maduración Psicológica en la vida de Cocorí.

Cocorí se convierte entonces en un “héroe” novelesco. A partir de la estructura del viaje -tema recurrente en todas las literaturas- este personaje motivado por la incertidumbre, oye el llamado a la aventura y va a la búsqueda de una respuesta sobre el porqué de la fugacidad de la vida y de la efímero de la bello. Hay en esa preocupación un gran tema, y es precisamente Cocorí, un “supuesto” personaje marginado por su color, quien lo encarna y desarrolla.

La riqueza del texto

En ese periplo, Cocorí se nutre de la sabiduría de los otros personajes/animales, y recibiendo conocimientos de todos ellos, aclarará la duda, enriquecerá su vida y alcanzará un mayor grado de madurez. Al final de la novela, Cocorí no es un héroe derrotado, es un héroe con mente inquisidora, un ser inquieto y persistente, un símbolo de perseverancia, un héroe triunfante que fue en búsqueda de una respuesta y la encontró. Con todo respeto, a mi juicio –y por ser el texto literario una totalidad- esta arista no fue considerada.

Me hago otra pregunta:

¿No sería más conveniente, utilizar el texto como instrumento de concientización? Por ejemplo: que los estudiantes problematicen sobre la visión de mundo eurocentrista de la niña; que analicen las acciones de Cocorí luego del encuentro con ella; que se pregunten si no fue más importante el camino recorrido por Cocorí más que el color de su piel; que busquen los valores que encarna Cocorí y su hábitat, así como los valores y disvalores del  texto en su totalidad; que comenten el mensaje esencial del texto. Finalmente, que trasciendan sus contenidos literarios y que, con base en la realidad actual, indaguen sobre los problemas raciales, la diversidad cultural, la situación actual de las etnias negras. El texto da para esto y para muchísimo más.

Ampliando, Cocorí -gracias al carácter plurisignificativo de la literatura- está lleno de símbolos relacionados con el conocimiento de las cualidades y defectos de la condición humana: la experiencia de los “viejos” en doña Modorra, la tortuga; la capacidad profética y la sabiduría de Viejo Cantor que se expresaba en versos; la figura femenina en Mamá Drusila; la solidaridad del mono Tití. También la envidia y pretensiones juveniles de don Torcuato, el cocodrilo; y la vida sin sentido de Talamanca, la inmensa bocaracá.

Es síntesis, creo que se ha fragmentado la interpretación del texto, al haber obviado el mensaje esencial, en palabras del Negro Cantor: “cada minuto útil vale más que un año inútil”, sabio mensaje expresado por personaje negro que hablaba en verso y cuyos contenidos tienen un amplio espectro de posibilidades de ser trabajado y elaborado con el estudiantado.

Todo lo anterior me hace de nuevo preguntarme ¿no sería más enriquecedora la opción de asumir y repensar la novela tanto como objeto de análisis y de goce estético como de discusión y crítica, concientizando desde cualquier posición que se tenga al respecto? ¿No saldríamos ganando todos descubriendo los valores de Cocorí?

Comprar "Cocori" Kindle

Comprar “Cocori” Kindle

Comprar "Cocorí"

Comprar “Cocorí”