Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe

Soto, Michelle; Montoya Rodrigo (fotógrafo).  “Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe”. Perfil (555): 74-77, 19 de octubre 2007

En agosto, la Academia Costarricense de la Lengua dio la bienvenida a Anacristina Rossi, y con ella, a la literatura afrocaribeña.

Escuchar a Anacristina Rossi es como oír las olas reventar. Su verbo es tan furioso como el mar, pero sus palabras también tocan la orilla como espuma.

Con ella se conversa de literatura, de lengua, del ser mujer, de utopías y sueños, de medio ambiente y, sobre todo, de Limón. Rossi lleva el sol en la piel y el viento en el cabello, ella es Caribe.

El pasado 23 de agosto, se incorporó a la Academia Costarricense de la Lengua. Es así como su nombre se une al de Arnoldo Mora Rodríguez, Rafael Ángel Herra, Adolfo Constenla, Samuel Rovinski, Estrella Cartín, Julieta Pinto y Alberto Cañas, entre otros.

En su discurso de incorporación rescató del silencio los textos de Samuel Charles Nation y, con estos, una literatura afrolimonense de principios del siglo XX.

SUS LETRAS

Rossi estudió lingüística y lenguas modernas en Inglaterra, Francia y Holanda. Obtuvo una maestría en idiomas y un doctorado en ciencias de la traducción.

Es activista ambiental y social, rasgo que se refleja en su libro La loca de Gandoca de 1991. Sus novelas María de la noche (1985) y Limón Blues (2002) fueron distinguidas con el Premio Nacional en ese género. Sus escritos son objeto de estudio en universidades costarricenses  y estadounidenses.

Ha participado en congresos sobre literatura en Estados Unidos, Alemania y Panamá, entre otros. Fue invitada por el Ministerio de Cultura de Francia como representante del istmo en el Programa “Belles Etrangéres”, el cual fue dedicado a Centroamérica en 1997.

Asimismo, recibió la Medalla Presidencial del Centenario del Nacimiento de Pablo Neruda, la cual fue otorgada por el Gobierno de Chile por la proyección social de su obra literaria.

Por más que sus textos trascienden fronteras, Rossi suele regresar a Limón de su infancia, al que lleva siempre del lado izquierdo del pecho.

UTOPÍAS

En la última década, la voz mestiza de Anacristina Rossi tiene la sonoridad de un blues, y últimamente, de un reggae.

A finales de 1997, emprendió la investigación que le llevó a escribir Limón Blues y que le despertaría la necesidad de seguir recopilando y escribiendo aún después de Limón Reggae.

En la Biblioteca Nacional, desempolvó periódicos limonenses publicados entre 1903 y 1942, génesis de una literatura costarricense escrita por afrodescendientes.

“¿Qué es lo que nos dice esa literatura sobre Costa Rica?  En ella, los ticos nos vemos reflejados desde el punto de vista de alguien que nos ve –al mismo tiempo- desde adentro y afuera, desde otra y nuestra cultura”, comenta Rossi.

Fue así como conoció los textos del periodista y ensayista Samuel Charles Nation. En su prosa se develaron los ideales y las luchas por la reivindicación de los afrodescendientes y la figura mítica de Marcus Garvey.

“Mi esfuerzo es tratar de recuperar la literatura que hay en esos periódicos, hay una enorme riqueza en ensayos periodísticos y poemas. Eran el único lugar donde los afrodescendientes podían publicar porque no tenían editoriales”.

Mi sueño es, algún día, tener tiempo y el dinero para recoger esos ensayos, sacarlos de los periódicos, seleccionar, ordenar y ver cómo hago un libro para jóvenes y otro que recoja todo el material” añade la escritora con ímpetu.

En Limón Blues, la pluma de Anacristina de el primer acercamiento a esta literatura donde se retrata esa búsqueda de la utopía.

Con esa prosa de prisa, cargada de blancos que asesinan, negros que forman sindicatos, periodistas que publican páginas muchas veces censuradas, bananos destrozados por el machete de la Compañía, tambores que suenan hasta el amanecer, mujeres blancas que tiemblan por la carne oscura de sus sirvientes negros, olas que no dejan de reventar en la arena cálida y amores que se hacen y se deshacen bajo ese sol tropical que todo lo envuelve y todo lo embruja, los años transcurren con una velocidad vertiginosa, como si el tiempo se nos fuera a acabar sin permitirnos terminar la historia.

Y con esas esperanzas que se truncan con el paso de los años, Limón parece una de esas niñas rurales que envejecen antes de tiempo. Como resultado, solo queda el recuerdo, la nostalgia de un pasado que este país, que se precia de multiétnico, simplemente prefiere olvidar y que esta escritora nuestra, que se llama Anacristina Rossi, nos lo resucita de entre los muertos”, reseñó Manuel Delgado a propósito de la novela para Club de Libros.

Pero, Limón Blues terminó en 1973. Aún quedaba mucho por escribir, la escritora quería hablar de ese Limón que conoció de niña y adolescente. Fue así como se desencadenó una segunda utopía, la propia y la colectiva.

Limón Reggae habla de la revolución en Centroamérica durante los 70, centrada en El Salvador. Pero, también recata los ideales de Afrotsco de Limón y los Rastafari de Puerto Viejo.

“En Centroamérica se trató de tener dos utopías: la revolución nicaragüense y la salvadoreña. La salvadoreña terminó en gran fracaso, la nicaragüense por lo menos tuvo su periodo. Lo mismo le pasó a los Rastafari, pero ellos recrearon la utopía en el interior, y en lugar de aspirar a una utopía colectiva y grande, decidieron tener una más pequeña y es sobre todo interior.

Lo mismo pensaban los grupos negros en Limón durante los 70, Afrotsco era un grupo real y Milton Franklin (quien fue uno de sus integrantes) sigue pensando que los ideales de un cambio interior son vigentes. Para los socialistas y los de la teoría del marxismo, la utopía está afuera; pero lo lindo de él es que la utopía esta adentro”, recuerda la “loca de Gandoca”

-Y ahora, ¿cuál es la utopía que estamos persiguiendo?

-La única utopía posible es la paz con la naturaleza. Pero no la que dice nuestro presidente, con la que no estoy de acuerdo, porque la incluye con cosas tan devastadoras como este tratado de libre comercio. Las luchas ecológicas han costado tanto y han sido siempre como mitad perdidas y mitad ganadas, y cuando se ha ganado siempre ha sido gracias a la Sala Constitucional.

“No es que los seres humanos destruyan el ambiente porque son malos, sino porque la conservación entra en conflicto con sus ideas de dinero. Está bien que hagan dinero, no tengo nada en contra del comercio ni los negocios, pero tienen que tener un límite.

“Se necesita un cambio de actitud de todos y todas para detener el calentamiento global, es el reto más grande. La utopía está en ponernos un freno a nosotros mismos, debe ser modesta en ese sentido”.

NUESTRO AFROASCENDIENTE

La palabra evoca. Se dice que se empieza a existir en el momento en que se nombra. En ese sentido, la prosa de Rossi nos confronta con nuestra afroascendencia, nuestra identidad como costarricenses.

“Las mujeres cobran existencia cuando se les nombra, de lo contrario no están. Lo mismo pasa con nuestra afrodescendencia.

¿Dónde está ese abuelo y abuela negra?

¿Por qué nos vemos en el espejo y decimos que somos blancos, por qué los negamos?.

Tengo 10 años de confrontar esa cultura y de confrontarme a mí misma con mis propios ascendientes. Ese ha sido un reencuentro lindísimo, quisiera que ese reencuentro fuera de toda Costa Rica”, reconoce.

Como dijo una vez María Lourdes Cortés, Limón “es la síntesis de lo que es Ana la mujer, y Ana la escritora: de sus fantasmas, sus deseos y sus luchas. Es el rondón de sus de sus raíces, hundidas en el pasado y de sus sueños volando hacia el futuro”.

-¿La Academia Costarricense de la lengua con su incorporación está reconociendo, como un primer paso, a ese antepasado negro que tenemos los costarricenses? ¿Nos estamos viendo en la literatura afrodescendiente?

-Es un primer paso. Todavía no nos estamos viendo, aún falta recuperarlo y rescatarlo.

“Como académicos, cada uno tiene su campo de estudio. Todos tenemos nuestras locuras y teleles con la lengua. El mío ha sido tratar de ser un puente entre la cultura y la literatura afrodescendiente de principios del siglo XX y la actual, porque siempre negamos el problema de racismo y no hay que tenerle miedo a las palabras, ese racismo nos ha hecho estereotipar lo que fue.

“Limón no es solo ese rice and beans y carnavales, tiene un enorme bagaje cultural y una enorme riqueza que aportarnos, pero nosotros le damos la espalda”.

-¿En que consiste el trabajo de la Academia Costarricense de la Lengua?

-Somos traductores entre la lengua clásica y la de hoy. La lengua es un organismo vivo y funciona quieran los académicos o no. Entonces, lo que nos toca es ser puentes entre esa lengua que va evolucionando y la lengua clásica, como un filtro que permita ir incorporando al acervo clásico toda esa novedad. Habrá cosas que se podrán incorporar y otras no. Una tiene que estar atenta para recordar la estructura de nuestra lengua y así se pueda asimilar lo nuevo, sin perder la estructura.

-Ha señalado que para que la Academia Costarricense de la Lengua pueda trabajar, requiere de una sede, ¿Son como Quijotes sin Rocinantes o Sanchos sin burros, qué ha pasado?

-Andamos como del tumbo al tambo, como gitanos, y no podemos asentarnos para hacer un trabajo serio porque no tenemos sede.

“Al final del gobierno de don Abel, estaba lista la sede en la avenida central. Pero, por problemas burocráticos, no se concretó. Entonces, le hemos pedido ha este gobierno que nos dé un lugar donde estar.

“¿Cómo vamos a hacer un buen trabajo si tenemos que andar con todo bajo el brazo? ¿Adónde se va a sentar uno a guardar los documentos? ¿Cómo vamos a hacer trabajos en conjunto en la Academia si vamos de aquí para allá? Somos Quijotes a pie”

-¿Son  necesarias las editoriales pequeñas para leernos como costarricenses y tener variedad de voces sobre nosotros mismos?

-Hay un problema en Costa Rica muy grande, que la existencia de editoriales no va a arreglar y tiene como resultado la mediocridad. El problema es que no nos atrevemos a decirnos la verdad sobre lo que pensamos de los textos de los otros.

“Aquí no hay crítica porque no se soporta. No tenemos la madurez para aguantar vernos expuestos. Eso nos impide crecer como escritores y quedarnos en una mediocridad, los golpazos son los que nos van haciendo crecer.

“Los golpes que me he llevado hicieron que tratara de superarme. Los golpes que realmente se asimilan son los fuertes, como los que se dan en público. Para que nuestra literatura crezca, hay dos cosas que deben ir juntas: que hayan editoriales para leernos y que podamos hacernos crítica”.

Prohíben en Nicaragua libro de M. Asturias

“Prohíben en Nicaragua libro de M. Asturias”. La República (San José, Costa Rica), 18 de mayo de 1976,  p. 17

Aunque parece inverosímil, el libro más afamado del Premio Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias, titulado “El señor Presidente”, ha sido totalmente prohibido en Nicaragua por la dictadura de Somoza.

La noticia nos llega por intermedio del director de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA), doctor Sergio Ramírez, quien le ha escrito al director de aduanas de Nicaragua reclamando la extraña posición.

Cien ejemplares de “El señor Presidente” fueron decomisados por la aduana de Nicaragua, con la siguiente nota: “se requisa por no estar permitida la entrada de ese libro al país”.

El libro de Asturias, que de cierto modo se puede considerar como el que le mereció un Preimo Nobel en 1971, trata sobre la historia de un dictador que siempre se identificó con el militar Cabrera Infante, que gobernó Guatemala en el primer cuarto de este siglo. El libro retrata la miseria del pueblo y los manejos engañosos y sucios del dictador para oprimir al pueblo y mantenerse en el poder.

Fue llevado al teatro hace un año, por un grupo guatemalteco de la Universidad Popular, que utilizó una versión del autor francés. La puesta en escena fue vista en Costa Rica durante tres días que estuvo en el Conservatorio Castella.

El doctor Sergio Ramírez ha enviado copia de la carta a intelectuales y organismos internacionales y en uno de sus párrafos indica:

“A menos que se trate de un error la inclusión de “El Señor Presidente” en las listas de libros prohibidos del gobierno de Nicaragua, no necesitaría recordarle que Miguel Ángel Asturias es Premio Nobel de Literatura, hecho que es seguramente de su conocimiento por ser Ud. miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, correspondiente a la Real Española; y que “El Señor Presidente” es texto oficial de lectura para los estudiantes de la lengua castellana y en las universidades, en Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Honduras, para no citarle más que algunos países de Latinoamérica y el mundo cuyas autoridades de educación han decidido incluirlo entre los textos formativos de la juventud”.

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Miguel Ángel Asturias (1899-1974)

“Miguel Ángel Asturias (1899-1974)”. La Nación (San José, Costa Rica), 15 de julio de 1987, p. 2C

Conocer la vida y la obra de Miguel Ángel Asturias es identificarse con la realidad de los pueblos lationamericanos y extender un amplio ámbito, sin importar la distinción de nacionalidad o de raza, su temática va dirigida a los que cuestionan la libertad y la justicia. Su obra expresa la sensibilidad de un escritor, que refleja el drama de la condición humana señalada por el dolor, por la opresión y la falta de humanidad.

Su novela cumpre “El señor Presidente”, escrita en 1946, presenta recuerdos dolorosos vividos en Guatemala, cuando era apenas un niño, junto con situaciones políticas. Describe la existencia servilista de un país hispanoamericano, gobernado por una dictadura.

En efecto, la persecución política en el año 1900, lleva a los padres de Asturias (abogado y maestra) a suspender sus actividades y correr a refugiarse en el campo, donde tienen que llevar una vida llena de dificultades.

Es allí donde el futuro escritor tiene contacto con la miseria del país, y al mismo tiempo descubre en la gente pobre una gran riqueza espiritual, que lo alienta a tener fe en el futuro, estas inquietudes le despiertan su gran sensibilidad, que manifiesta en su proceso creativo.

Entre 1921-1923 ante el violento clima político del país, los padres de Asturias decidieron enviarlo a Europa para que estudiara Economía Política.

La meta era Londres, pero Asturias se trasladó a París.

En este país fue donde inicia su actividad como escritor, se inscribió en un curso sobre “Mitos y Religiones de Centroamérica”, dirigido por un gran maestro George Raymoud, en la Universidad de Sorbona. Se interesó tanto por ese curso, que su inquietud lo llevó con urgencia a investigar los remotos orígenes de la cultura maya. Se dedicó a la traducción del “Popol Vuh y de los Anales de los Xahil”. (libros sagrados de la civilización precolombina).

Asturias, entusiasmado, dedicó gran parte de su tiempo a la creación original y emprendió la redacción de “Leyendas de Guatemala” que lo reveló como un gran escritor, y los críticos más calificados de la época lo aprueban.

En “Leyendas” se funde la magia y la realidad, revestida de una atmósfera poética. En uno de sus viajes a España publica éstas leyendas (1930), al año siguiente fueron traducidas al francés.

En “hombres de maíz”, (1949) Asturias explotó artísticamente los mitos de la tradición guatemalteca. Él decía que el maíz no está en la tierra para ser vendido como cualquier otro producto agrícola, de él se hizo la carne de indio y solo debe usarse como sagrado alimento.

Aunque se ha distinguido como novelista, también publicó su propia Antología Poética, denominada “Sien de Alondra” (1949) en la que incluyó poesías de campo, de emoción viajera, poesías populares, etcétera. Le siguieron otros poemarios en forma de soneto, sobre temas de Horacio (1951) y también tiene obra de teatro: “Soluma” (1957).

Las obras “Viento Fuerte” (1950) “El Papa verde” (1954) “Los Ojos de los enterrados” (1960) “Mulata de Tal” (1963) son otras novelas con las que contribuyó valiosamente, dando su aporte realista a las letras hispanoamericanas.

Por tal motivo los críticos han definido a Asturias como el máximo escritor hispanoamericano del novecientos, y uno de los maestros de la novela moderna.

Su incansable actividad artística le valió la máxima distinción que un escritor puede recibir: “El Premio Nobel de Literatura” en 1967.

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