Prohíben en Nicaragua libro de M. Asturias

“Prohíben en Nicaragua libro de M. Asturias”. La República (San José, Costa Rica), 18 de mayo de 1976,  p. 17

Aunque parece inverosímil, el libro más afamado del Premio Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias, titulado “El señor Presidente”, ha sido totalmente prohibido en Nicaragua por la dictadura de Somoza.

La noticia nos llega por intermedio del director de la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA), doctor Sergio Ramírez, quien le ha escrito al director de aduanas de Nicaragua reclamando la extraña posición.

Cien ejemplares de “El señor Presidente” fueron decomisados por la aduana de Nicaragua, con la siguiente nota: “se requisa por no estar permitida la entrada de ese libro al país”.

El libro de Asturias, que de cierto modo se puede considerar como el que le mereció un Preimo Nobel en 1971, trata sobre la historia de un dictador que siempre se identificó con el militar Cabrera Infante, que gobernó Guatemala en el primer cuarto de este siglo. El libro retrata la miseria del pueblo y los manejos engañosos y sucios del dictador para oprimir al pueblo y mantenerse en el poder.

Fue llevado al teatro hace un año, por un grupo guatemalteco de la Universidad Popular, que utilizó una versión del autor francés. La puesta en escena fue vista en Costa Rica durante tres días que estuvo en el Conservatorio Castella.

El doctor Sergio Ramírez ha enviado copia de la carta a intelectuales y organismos internacionales y en uno de sus párrafos indica:

“A menos que se trate de un error la inclusión de “El Señor Presidente” en las listas de libros prohibidos del gobierno de Nicaragua, no necesitaría recordarle que Miguel Ángel Asturias es Premio Nobel de Literatura, hecho que es seguramente de su conocimiento por ser Ud. miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, correspondiente a la Real Española; y que “El Señor Presidente” es texto oficial de lectura para los estudiantes de la lengua castellana y en las universidades, en Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Honduras, para no citarle más que algunos países de Latinoamérica y el mundo cuyas autoridades de educación han decidido incluirlo entre los textos formativos de la juventud”.

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Miguel Ángel Asturias (1899-1974)

“Miguel Ángel Asturias (1899-1974)”. La Nación (San José, Costa Rica), 15 de julio de 1987, p. 2C

Conocer la vida y la obra de Miguel Ángel Asturias es identificarse con la realidad de los pueblos lationamericanos y extender un amplio ámbito, sin importar la distinción de nacionalidad o de raza, su temática va dirigida a los que cuestionan la libertad y la justicia. Su obra expresa la sensibilidad de un escritor, que refleja el drama de la condición humana señalada por el dolor, por la opresión y la falta de humanidad.

Su novela cumpre “El señor Presidente”, escrita en 1946, presenta recuerdos dolorosos vividos en Guatemala, cuando era apenas un niño, junto con situaciones políticas. Describe la existencia servilista de un país hispanoamericano, gobernado por una dictadura.

En efecto, la persecución política en el año 1900, lleva a los padres de Asturias (abogado y maestra) a suspender sus actividades y correr a refugiarse en el campo, donde tienen que llevar una vida llena de dificultades.

Es allí donde el futuro escritor tiene contacto con la miseria del país, y al mismo tiempo descubre en la gente pobre una gran riqueza espiritual, que lo alienta a tener fe en el futuro, estas inquietudes le despiertan su gran sensibilidad, que manifiesta en su proceso creativo.

Entre 1921-1923 ante el violento clima político del país, los padres de Asturias decidieron enviarlo a Europa para que estudiara Economía Política.

La meta era Londres, pero Asturias se trasladó a París.

En este país fue donde inicia su actividad como escritor, se inscribió en un curso sobre “Mitos y Religiones de Centroamérica”, dirigido por un gran maestro George Raymoud, en la Universidad de Sorbona. Se interesó tanto por ese curso, que su inquietud lo llevó con urgencia a investigar los remotos orígenes de la cultura maya. Se dedicó a la traducción del “Popol Vuh y de los Anales de los Xahil”. (libros sagrados de la civilización precolombina).

Asturias, entusiasmado, dedicó gran parte de su tiempo a la creación original y emprendió la redacción de “Leyendas de Guatemala” que lo reveló como un gran escritor, y los críticos más calificados de la época lo aprueban.

En “Leyendas” se funde la magia y la realidad, revestida de una atmósfera poética. En uno de sus viajes a España publica éstas leyendas (1930), al año siguiente fueron traducidas al francés.

En “hombres de maíz”, (1949) Asturias explotó artísticamente los mitos de la tradición guatemalteca. Él decía que el maíz no está en la tierra para ser vendido como cualquier otro producto agrícola, de él se hizo la carne de indio y solo debe usarse como sagrado alimento.

Aunque se ha distinguido como novelista, también publicó su propia Antología Poética, denominada “Sien de Alondra” (1949) en la que incluyó poesías de campo, de emoción viajera, poesías populares, etcétera. Le siguieron otros poemarios en forma de soneto, sobre temas de Horacio (1951) y también tiene obra de teatro: “Soluma” (1957).

Las obras “Viento Fuerte” (1950) “El Papa verde” (1954) “Los Ojos de los enterrados” (1960) “Mulata de Tal” (1963) son otras novelas con las que contribuyó valiosamente, dando su aporte realista a las letras hispanoamericanas.

Por tal motivo los críticos han definido a Asturias como el máximo escritor hispanoamericano del novecientos, y uno de los maestros de la novela moderna.

Su incansable actividad artística le valió la máxima distinción que un escritor puede recibir: “El Premio Nobel de Literatura” en 1967.

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Carmen Lyra: Su palabra aún se escucha

Carlos Rubio. “Carmen Lyra: Su palabra aún se escucha”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 28 de marzo de 2004

Fue en la mañana del 25 de noviembre pasado cuando un grupo de niños se reunió en el Cementerio General de San José. Se trataba de estudiantes de la Escuela Omar Dengo y Scouts de Barrio Cuba quienes, junto a sus educadores, se dieron a la tarea de restaurar la tumba de Carmen Lyra. De manera insospechada y silenciosa, varios pequeños disfrazados de Uvieta, el Cotonudo, la Cucarachita Mandinga o Tío Conejo desfilaron bajo un ondear de banderas que parecía pasar  inadvertido ante el transitar de automóviles y gente que se mueve diariamente por el sur de la ciudad. Se trató de un acto sencillo en el que miembros de las jóvenes generaciones recordaron y rindieron homenaje a una mujer que se atrevió a transgredir los dictados de su época y cuya palabra  se mantiene con plena vigencia.

Carmen Lyra

No es de extrañar que niños y profesores recuerden a Carmen Lyra, pues ella se tomó en serio su papel de maestra. Precisamente, realizó su primera publicación en la revista Páginas Ilustradas, en 1907, un año después  de que se graduara como maestra normal en el Colegio Superior de Señoritas. Se dice que ella condujo una manifestación  de educadores en el  año de 1919 en contra de la dictadura de los hermanos Tinoco, que culminó con la quema del diario La Información; acto determinante que se constituyó en una estoca final en contra de lo que pudo ser una larga dictadura. Fue ella también la joven que viajó a Europa, conoció la filosofía de la pedagoga  italiana María Montessori e introdujo en nuestro país, con una visión científica, el concepto de educación preescolar. Fue ella además quien, en la década del treinta, constituyó una Universidad Popular en su propia casa y se encargó de elaborar el primer texto didáctico con la visión socialista de su partido. Bien se podría señalar que consideró la educación como un acto  revolucionario y transformador para lograr el bienestar de un pueblo. De esa manera, se puso  al tanto y, en gran medida, sobrepasó los ideales epistemológicos de su tiempo.

Escapar de preceptos patriarcales

Sin embargo, poco se hablar de la labor pedagógica y política de Carmen Lyra. Se le suele recordar como la ingeniosa maestra que un día decidió vestirse de tía Panchita y contó cuentos a los niños (lo cual ya constituye un trabajo difícil y honroso), pero casi  no se mencionan sus discursos proselitistas o literarios  en los que evidenció la lucha de clases en una Costa Rica que solo quería saber de la anécdota simpática, el paisaje rural y la viñeta costumbrista.

Tal como señala Elizabeth Rosa Horan en su artículo “Escribiendo la santa maestría: Carmen Lyra y Gabriela Mistral” (1997), ambas escritoras compartieron el hecho de ser educadoras y de rodearse de niños. Ese ropaje, conformado por la niñez, les permitió convertirse, a muy tempranas edades, a una en “tía de los costarricenses” y a otra en “abuelita de Chile”. Esos títulos les conferían  la suficiente autoridad para sobreponerse a los mecanismos de represión masculina propios de su época y pasar por alto el bovarismo impuesto a las mujeres. Habría que recordar que el voto femenino  aún era impensable en las dos primeras décadas del Siglo XX, así como era considerada indecente la expresión de un discurso interior de una intelectual o artista.

Carmen Lyra solía participar en revueltas y mitines en las calles de San José, disfrazada de chiquillo, afirmaron quienes la conocieron. Ella aprovechaba su menuda figura para huir de las autoridades que la perseguían. Pues bien, ese mismo mecanismo  le sirvió para escapar de los preceptos burgueses y patriarcales de su siglo. Carmen Lyra fue la maestra- niña que empezó a hablar en el solar de la escuela y desde ahí denunció la corrupción, la vejación y el olvido con que los más poderosos sometían a los débiles en Costa Rica  y América.

Revolucionaria ante todo

Su casa estuvo situada cerca del Parque Morazán. De joven ella pudo haberse convertido en una “glostora”,  como se les llamaba a los jóvenes bien. Sin embargo, María Isabel Carvajal Quesada su nombre de pila- decidió convertirse en novicia. Profesó con la Orden de las Hermanas de la Caridad, que atendía el Hospital San Juan de Dios. Aparentemente, no pudo ordenarse por un motivo aparentemente intrascendente: era hija de padre no conocido, “hija del amor” le decía en esos tiempos. Será por eso que la iglesia católica perdió a una gran religiosa y de la misma forma, la política y la literatura costarricense ganaron a una gran mujer.

Tal como puede observarse, su pensamiento experimentó un vertiginoso cambio. De ser una muchacha que leía libros románticos y costumbristas y que aspiraba a convertirse en religiosa, optó por estudiar el anarquismo y las ideas antiimperialistas de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), para luego ocuparse, desde 1931 hasta su muerte, de la dirección intelectual y la propaganda del Partido Comunista de Costa Rica. Cabe así preguntarse, ¿qué significaría ser mujer y comunista en las décadas del 30 y 40 en una Costa Rica provinciana? De seguro, había que empezar por un estudio detallado de los clásicos del marxismo. (Es importante señalar que Carmen Lyra tradujo  “El manifiesto” del  francés e hizo una publicación rústica en el polígrafo de la Escuela Maternal. Y era ella, la propia directora de la institución,  quien distribuía el folleto entre las  madres que pasaban por sus hijos a la salida de clases). Ser comunista implicaba también una forma de vida. Constantemente hubo reuniones en la sala de su casa. Allí estaban dispuestos a discutir y proponer acciones de cambio. Mucho escribió María Isabel Carvajal para su partido.  Entre esos textos se encuentran El peón y El grano de oro, los primeros intentos de explicar la historia  de nuestro país desde el ángulo del materialismo  histórico. También, ser mujer y comunista era ya, por sí mismo, una transgresión. Pronunció discurso en plazas públicas y en emisoras radicales y hasta estrenó una comedia llamada Atolillo con dedo, en el viejo Teatro Latino en 1943, la cual trataba sobre las garantías sociales. Ella misma experimentó el peso de la persecución política: en 1933 fue destituida de su puesto de directora de la Escuela Maternal, centro educativo que había ideado y fundado en 1925. La gente de aquella época pensaría que “los de izquierda” eran ateos sin perdón divino. Y tal como lo expresara muchas décadas después su amiga y colaboradora Luisa Gonzáles: “Carmen Lyra era atea, pero Dios la quería mucho”.

Fue esta mujer la que inició la idea de los comedores escolares, cuando buscaba donativos de alimentos para sus pequeños alumnos de la Escuela Maternal y creó la primera sala dedicada a los niños en la antigua Biblioteca Nacional, cuando se encontraba bajo la dirección de Joaquín García Monge. Fue Carmen Lyra quien levantó la bandera para exigir el voto femenino y quien contribuyó intelectualmente a la creación de muchas de las garantías sociales generadas en el pacto caldero-comunista de la década del 40. Siempre valiente y altiva, tuvo las fuerzas para no alienarse con exclusividad a las tareas que, tradicionalmente, se le asignaron  a las mujeres de su tiempo: ser ama de casa, madre, maestra, enfermera o religiosa.

Murió en México en 1949, después de casi un año de exilio político.

Aún hoy, más de cincuenta años después de su desaparición, se siegue considerando a Cuentos de mi tía Panchita como uno de los clásicos fundamentales de la literatura infantil latinoamericana. Pero falta estudiar y desentrañar más de la vida y obra de esta mujer comprometida, pues a pesar del tiempo. Carmen Lyra tiene mucho que decirnos sobre nuestro acontecer nacional y global. Quizá  sea por eso que se le sigue recordando en actos sencillos y casi imperceptibles, como ocurrió en aquella mañana de noviembre, cuando niños del sur del capital cargaron manojos de flores en memoria de la artista, la revolucionaria y la maestra.

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