Única mirando al mar. Belleza, amistad y amor en medio de la podredumbre y la suciedad

Formoso, Manuel. “Única mirando al mar. Belleza, amistad y amor en medio de la podredumbre y la suciedad”. La Nación. Opinión (San José, Costa Rica), 16 de agosto de 2007

 Mi nieta mayor –lectora incansable– debió leer, como tarea en el colegio, Única mirando al mar, de Fernando Contreras. Para acompañarla en la lectura y ayudado por la casualidad de tropezar con un ejemplar en el desorden que reina en mi biblioteca, leí la obra de Contreras que alguna vez comencé, pero que la hice a un lado porque no me gustó el tema de que trata. En realidad, no es para menos porque la narración transcurre en Río Azul y los personajes son los buzos zampados día y noche, buscando frenéticamente objetos de valor o que tengan alguna utilidad en su miserable vida de habitantes permanentes en ese mar de basura.

Fernando Contreras tiene la enorme capacidad poética de introducir belleza, amistad y hasta una historia de amor en medio de ese constante olor a podredumbre, suciedad y mosquerío que se desprende de los cientos de toneladas que día a día arrojan los camiones transportadores de basura producida en la Gran Área Metropolitana. Igualmente, los personajes que dan vida a la novela, sucios, de piel renegrida, pelo tieso del tierrero que contiene y vestidos de andrajos, se nos vuelven entrañablemente queridos y su destino trágico nos angustia como si se tratara de amigos de toda la vida.

Madre proveedora. Única es única por su bondad de madre y capacidad de proveedora de comida, perfumes, pasta de dientes y mil cosas que llegan con la basura. Encuentra Única entre la basura un hijo y un hombre –totalmente derrotado, tanto que él mismo se lanzó a un camión que lo llevó a Río Azul– que llegará a ser su marido. El matrimonio de Única con este hombre lo realiza un sacerdote que se consagró a sí mismo después de haberse encontrado una túnica púrpura, y la fiesta consiguiente con la asistencia de numerosos buzos es de una ternura y un optimismo conmovedor pues se trata de seres humanos situados en el escalón más bajo del orden social, mostrando una capacidad para reciclarse, embellecer su vida con el amor, todo sin salirse del basurero de Río Azul y sus implacables leyes nacidas de una realidad putrefacta, maloliente y llena de moscas.

La casualidad ha querido que termine de escribir estas líneas el 31 de julio del 2007, día en que se cierra oficialmente Río Azul y 14 años después de haber escrito Fernando Contreras su valiosa novela.

P.S. Río Azul parece tener más vidas que un gato. Al día siguiente de haberse declarado oficialmente cerrado, las municipalidades de Curridabat, Moravia, Coronado y Alajuelita no tienen dónde tirar basura, y los posibles botaderos carecen de vías en buen estado para soportar el paso de los camiones cargados con los desechos, por lo que ya se habla de prolongar en 18 meses la vida de Río Azul.

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Fernando Contreras Castro

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En 1986 aparecieron sus cuentos “Su oficio de escritor” y “Sueños del Faraón”. Su cuento “El ratón y la locomotora” fue traducido al alemán e incluido en la antología “Leben auf eigne Faust” (Historias de niños de la calle de cuatro continentes).

También ha publicado varios ensayos sobre diversos temas en revistas especializadas del país, y otros textos suyos han aparecido en diversas antologías. En orden cronológico, estos son sus libros publicados:

  • Única mirando al mar: novela 1993
  • Los Peor: novela, 1995 (Premio Nacional Aquileo J. Echeverría)
  • Urbanoscopio: cuentos,1997
  • El tibio Recinto de la oscuridad: novela, 2000 (Premio Nacional Aquileo J. Echeverría)
  • Sonambulario: cuentos, 2005
  • Cantos de las Guerras Preventivas: novela, 2006:
  • Cierto azul: novela corta, 2009

Fue profesor de Filología y actualmente en la Escuela de Estudios Generales en la Universidad de Costa Rica.

Este autor de nuevos clásicos nacionales conforma parte de una nueva narrativa costarricense, la llamada generación del desencanto, que rompe con el costumbrismo de la generación del 40 y con la generación urbana de los 60.

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Cuentos de barro

Cuentos de barro

Cuentos de barro

Salarrué, Seud.; Vides, José María, Ils. Cuentos de barro. San José, Costa Rica : Editorial Legado, 2000

“Salarrué (seudónimo de Salvador Salazar Arrué, 1899-1975), gran patriarca de la literatura salvadoreña, de fecunda actividad en la pintura, el cuento, la novela y la poesía, tiene un lugar de privilegio en la cultura de su país y un reconocimiento en todo el continente. Es uno de los maestros del realismo costumbrista en América Latina. Aunque esa clasificación es aplicable sólo a la primera fase de su obra narrativa, dentro de esa corriente llegó a producir verdaderas joyas del relato vernáculo. Publicó cinco libros de cuentos: Cuentos de barro, Trasmallo, Eso y más, La espada y otras narraciones, y Cuentos de cipotes; cuatro novelas: El señor de la burbuja, sed de Siln Badler, Catleya luna e Íngrimo; tres libros de relatos: El cristo negro, O-Yarkandal, y Remotando el Uluán; tres de ensayos: Conjeturas en la penumbra, Vilanos, El libro desnudo, y uno de categoría inubicable: La sombra y otros motivos literarios. Sobre el célebre Cuentos de barro, la poetisa chilena Gabriela Mistral (Premio Nobel de literatura en 1945) comentó:

“El Salvador da sus sorpresas; a mi me ha dado la de un fermento intelectual admirable, la de la levadura que pone un grupo selecto y que acabará por enliudar al país. No todos están en formación; algunos se hallan formados; son dueños ya de su lengua y maestros en algún género. Así este Salarrué, prosista de una originalidad que se podrá apreciar en los cuentos de esta página y persona fascinante en la vida interior que confiesa sin confesar y que le labra la obra del buen modo: de adentro hacia fuera. Antes de ser un escritor ha querido ser un hombre depurado y rematado, artesano lento y seguro de sus potencias.” (Repertorio Americano, Tomo XXIII, Nº15, Costa Rica, 17 de octubre de 1931) , La presente edición es ilustrada con grabados del pintor salvadoreño José Mejía Vides, publicados en 1943 por la Editorial Nascimento, de Chile.

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Carmen Lyra: Su palabra aún se escucha

Carlos Rubio. “Carmen Lyra: Su palabra aún se escucha”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 28 de marzo de 2004

Fue en la mañana del 25 de noviembre pasado cuando un grupo de niños se reunió en el Cementerio General de San José. Se trataba de estudiantes de la Escuela Omar Dengo y Scouts de Barrio Cuba quienes, junto a sus educadores, se dieron a la tarea de restaurar la tumba de Carmen Lyra. De manera insospechada y silenciosa, varios pequeños disfrazados de Uvieta, el Cotonudo, la Cucarachita Mandinga o Tío Conejo desfilaron bajo un ondear de banderas que parecía pasar  inadvertido ante el transitar de automóviles y gente que se mueve diariamente por el sur de la ciudad. Se trató de un acto sencillo en el que miembros de las jóvenes generaciones recordaron y rindieron homenaje a una mujer que se atrevió a transgredir los dictados de su época y cuya palabra  se mantiene con plena vigencia.

Carmen Lyra

No es de extrañar que niños y profesores recuerden a Carmen Lyra, pues ella se tomó en serio su papel de maestra. Precisamente, realizó su primera publicación en la revista Páginas Ilustradas, en 1907, un año después  de que se graduara como maestra normal en el Colegio Superior de Señoritas. Se dice que ella condujo una manifestación  de educadores en el  año de 1919 en contra de la dictadura de los hermanos Tinoco, que culminó con la quema del diario La Información; acto determinante que se constituyó en una estoca final en contra de lo que pudo ser una larga dictadura. Fue ella también la joven que viajó a Europa, conoció la filosofía de la pedagoga  italiana María Montessori e introdujo en nuestro país, con una visión científica, el concepto de educación preescolar. Fue ella además quien, en la década del treinta, constituyó una Universidad Popular en su propia casa y se encargó de elaborar el primer texto didáctico con la visión socialista de su partido. Bien se podría señalar que consideró la educación como un acto  revolucionario y transformador para lograr el bienestar de un pueblo. De esa manera, se puso  al tanto y, en gran medida, sobrepasó los ideales epistemológicos de su tiempo.

Escapar de preceptos patriarcales

Sin embargo, poco se hablar de la labor pedagógica y política de Carmen Lyra. Se le suele recordar como la ingeniosa maestra que un día decidió vestirse de tía Panchita y contó cuentos a los niños (lo cual ya constituye un trabajo difícil y honroso), pero casi  no se mencionan sus discursos proselitistas o literarios  en los que evidenció la lucha de clases en una Costa Rica que solo quería saber de la anécdota simpática, el paisaje rural y la viñeta costumbrista.

Tal como señala Elizabeth Rosa Horan en su artículo “Escribiendo la santa maestría: Carmen Lyra y Gabriela Mistral” (1997), ambas escritoras compartieron el hecho de ser educadoras y de rodearse de niños. Ese ropaje, conformado por la niñez, les permitió convertirse, a muy tempranas edades, a una en “tía de los costarricenses” y a otra en “abuelita de Chile”. Esos títulos les conferían  la suficiente autoridad para sobreponerse a los mecanismos de represión masculina propios de su época y pasar por alto el bovarismo impuesto a las mujeres. Habría que recordar que el voto femenino  aún era impensable en las dos primeras décadas del Siglo XX, así como era considerada indecente la expresión de un discurso interior de una intelectual o artista.

Carmen Lyra solía participar en revueltas y mitines en las calles de San José, disfrazada de chiquillo, afirmaron quienes la conocieron. Ella aprovechaba su menuda figura para huir de las autoridades que la perseguían. Pues bien, ese mismo mecanismo  le sirvió para escapar de los preceptos burgueses y patriarcales de su siglo. Carmen Lyra fue la maestra- niña que empezó a hablar en el solar de la escuela y desde ahí denunció la corrupción, la vejación y el olvido con que los más poderosos sometían a los débiles en Costa Rica  y América.

Revolucionaria ante todo

Su casa estuvo situada cerca del Parque Morazán. De joven ella pudo haberse convertido en una “glostora”,  como se les llamaba a los jóvenes bien. Sin embargo, María Isabel Carvajal Quesada su nombre de pila- decidió convertirse en novicia. Profesó con la Orden de las Hermanas de la Caridad, que atendía el Hospital San Juan de Dios. Aparentemente, no pudo ordenarse por un motivo aparentemente intrascendente: era hija de padre no conocido, “hija del amor” le decía en esos tiempos. Será por eso que la iglesia católica perdió a una gran religiosa y de la misma forma, la política y la literatura costarricense ganaron a una gran mujer.

Tal como puede observarse, su pensamiento experimentó un vertiginoso cambio. De ser una muchacha que leía libros románticos y costumbristas y que aspiraba a convertirse en religiosa, optó por estudiar el anarquismo y las ideas antiimperialistas de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), para luego ocuparse, desde 1931 hasta su muerte, de la dirección intelectual y la propaganda del Partido Comunista de Costa Rica. Cabe así preguntarse, ¿qué significaría ser mujer y comunista en las décadas del 30 y 40 en una Costa Rica provinciana? De seguro, había que empezar por un estudio detallado de los clásicos del marxismo. (Es importante señalar que Carmen Lyra tradujo  “El manifiesto” del  francés e hizo una publicación rústica en el polígrafo de la Escuela Maternal. Y era ella, la propia directora de la institución,  quien distribuía el folleto entre las  madres que pasaban por sus hijos a la salida de clases). Ser comunista implicaba también una forma de vida. Constantemente hubo reuniones en la sala de su casa. Allí estaban dispuestos a discutir y proponer acciones de cambio. Mucho escribió María Isabel Carvajal para su partido.  Entre esos textos se encuentran El peón y El grano de oro, los primeros intentos de explicar la historia  de nuestro país desde el ángulo del materialismo  histórico. También, ser mujer y comunista era ya, por sí mismo, una transgresión. Pronunció discurso en plazas públicas y en emisoras radicales y hasta estrenó una comedia llamada Atolillo con dedo, en el viejo Teatro Latino en 1943, la cual trataba sobre las garantías sociales. Ella misma experimentó el peso de la persecución política: en 1933 fue destituida de su puesto de directora de la Escuela Maternal, centro educativo que había ideado y fundado en 1925. La gente de aquella época pensaría que “los de izquierda” eran ateos sin perdón divino. Y tal como lo expresara muchas décadas después su amiga y colaboradora Luisa Gonzáles: “Carmen Lyra era atea, pero Dios la quería mucho”.

Fue esta mujer la que inició la idea de los comedores escolares, cuando buscaba donativos de alimentos para sus pequeños alumnos de la Escuela Maternal y creó la primera sala dedicada a los niños en la antigua Biblioteca Nacional, cuando se encontraba bajo la dirección de Joaquín García Monge. Fue Carmen Lyra quien levantó la bandera para exigir el voto femenino y quien contribuyó intelectualmente a la creación de muchas de las garantías sociales generadas en el pacto caldero-comunista de la década del 40. Siempre valiente y altiva, tuvo las fuerzas para no alienarse con exclusividad a las tareas que, tradicionalmente, se le asignaron  a las mujeres de su tiempo: ser ama de casa, madre, maestra, enfermera o religiosa.

Murió en México en 1949, después de casi un año de exilio político.

Aún hoy, más de cincuenta años después de su desaparición, se siegue considerando a Cuentos de mi tía Panchita como uno de los clásicos fundamentales de la literatura infantil latinoamericana. Pero falta estudiar y desentrañar más de la vida y obra de esta mujer comprometida, pues a pesar del tiempo. Carmen Lyra tiene mucho que decirnos sobre nuestro acontecer nacional y global. Quizá  sea por eso que se le sigue recordando en actos sencillos y casi imperceptibles, como ocurrió en aquella mañana de noviembre, cuando niños del sur del capital cargaron manojos de flores en memoria de la artista, la revolucionaria y la maestra.

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Carta de Magón a Carmen Lyra

New York, Abril 17 de 1920.
Srta. María Isabel Carbajal
San José – Costa Rica.

Estimada Carmen Lira:

El mutuo amigo García Monge, alias “Moto” acaba de enviarme el último tomo de sus colecciones “Cuentos de mi tía Panchita”, debidos a su pluma. No he podido resistir al impulso de escribir a Ud. unas dos gruesas palabras de felicitación y mi promesa de escribirle largo y tendido cuando concluya la lectura. Voy o iba anoche por “Uvieta”, hasta ahora el que más me ha gustado.

Como yo reclamo y mantengo ser el iniciador en Costa Rica de la literatura de Costumbres, tengo y asumo el derecho de lamentarme o felicitarme con la aparición de nuevos libros del género.

El suyo es de los que me han “Vuelto turumba” y me han puesto más contento que negro con zapatos nuevos.

Porque yo conocí a su “tía Panchita” que en casa se llamaba “Manuela Jiménez” y en otras casas allá por 1890 debió llamarse “Sunción” o “Mona” o “Chedes” o “Trenidad” y fuí grandísimo Compinche de ella y me le arrecostaba con temblorosa ansiedad y temerosa expectación a escucharle sus fantásticos “Cuentos de Camino” con súbitas apariciones y aventuras del Cadejos, la Zegua y la Llorona y el Patas, todos más o menos tarde derrotados y hechos chuicas por la flamante espada del “Príncipe Encantador” o por las burdas Argucias del “Tonto” que siempre resultaba ser el más “Vivo”.

La boca la tengo hecha agua, leyendo su libro y lanzando mi memoria a los felices años de mi niñéz, cuando mi Cátedra preferida era la Cocina, mi Liceo el corredor de mi tía “Cholita” Castro de Zúñiga y mis teorías las de Bertoldo, Sancho, Don Quijote, Pedro Urdemales y ñor Valentín y Sequeira o Secaira, el atormentador de Don Braulio Carrillo.

Dios se lo pague y la Vírgen me la guarde de toda contingencia por haberme sonado ese cascabelito de oro en la purísima oreja, que me ha causado íntimo regocijo. Así se hace que ya prontito el “Moto” echará también mis Cuentos en el libro y entonces me daré el gustazo de dedicarle un ejemplar pa que vea!

Eche acá esos cinco libros y no se caliente si le digo que soy su servidor y amigo,

Magón

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Fuente: Cosas de Jota (Blog)

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Historias conyugales

Quiros J. Maribelle. “Historias Conyugales”. La Nación.  (San José, C.R.), 10 de marzo 1993


Anacristina Rossi trabaja en los últimos detalles de su libro de relatos “Historias conyugales”

Anacristina Rossi comenta su premio centroamericano y el éxito en librerías de La loca de Gandoca”

La posición de la mujer en la pareja y lo que el matrimonio significa para ellas, en el marco de una naturaleza marina amenazada, es analizada por la escritora Anacristina Rossi en su cuento Marea alta.

Con esa obra la costarricense, autora de las novelas María La Noche (premio nacional 1985) y La loca de Gandoca, obtuvo el premio único del certamen XXX Juegos Florales Carnaval Mazateco 1993, en febrero pasado.

Este certamen regional es organizado anualmente por el Centro Universitario de Sur Occidente, de la Universidad de San Carlos de Guatemala, y la Municipalidad de Mazatenango Suchitepequez.

Comprende las ramas de teatro, narrativa corta (cuento) y poesía, y pueden participar escritores centroamericanos residentes en el área o en el exterior.

“Es un premio modesto pero muy importante, como todo reconocimiento. Es la primera vez que participo en un concurso. No lo había hecho porque considero que el mejor premio es que lean mis obras, pero necesitaba una reafirmación literaria después de tanta ecología”, comentó la escritora.

Explicó que Marea alta es un cuento largo que forma parte del libro Historias conyugales, el cual reúne once relatos sobre la convivencia entre parejas.

El escrito, que está prácticamente listo para ser publicado, está basado en historias reales o imaginarias. “No son relatos de denuncia, tienen su origen en cosas que he visto o vivido”.

Crisis matrimonial

Al final, en esas historias de parejas prevalece el desencuentro sobre el encuentro.

“Concluyo que el matrimonio, no la vida en pareja en sí, es una institución en crisis, obsoleta por no adaptarse a los cambios de la sociedad, en la que la peor parte siempre la llevan las mujeres”, explica la escritora.

En el caso de Marea alta, el relato se desarrolla en las playas del pacífico costarricense, en 1992, donde el mundo miserable del “campesino subdesarrollado” se confunde con el “miamisado” de la sofisticada burguesía nacional” y la lucha de los ecologistas contra el desastre natural inminente.

“Es sobre todo una historia de amor entre un visitante y una mujer que no existe. Es un cuento de misterio en que el personaje femenino es un enigma, su intención no es ecologista.”

Anacristina asegura que el relato está inspirado en el poema Mañana, de A. Tennyson, pues toma su esencia de ‘la espera de la mujer, porque a todas nosotras, aunque no queramos, la vida nos enseña a esperar”.

Si bien diferencia Marea alta de María La Noche o La Loca de Gandoca, Rossi acepta que comparten la temática del deseo de una mujer, la lucha por la vida y por la naturaleza, como el resto de los cuentos de Historias conyugales.

Sobre el éxito en librerías de La loca de Gandoca, novela de denuncia ecológica en torno a la destrucción del refugio de fauna silvestre Gandoca Manzanillo, la escritora se mostró muy satisfecha.

El mes pasado, Editorial Universitaria Centroamericana puso a circular la tercera edición de la obra, que consta de 3.000 ejemplares, al agotarse los 2.000 de la primera y segunda edición entre octubre de 1992 y enero de 1993.

“Espero que por lo menos sirva para cambiar en algo la situación que amenaza a la ecología costarricense. Me demuestra que si el tico no lee es porque no se le está escribiendo sobre los temas que le interesan.”

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¡Salir con un domingo siete!

La cuentacuentos Teresita Borge, nos ha permitido presentarles su interpretación del cuento “Salir con un domingo siete” de Carmen Lyra, que aparece en los Cuentos de mi Tía Panchita.

¡Aquí se los dejamos para su disfrute!


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Cuentos de mi tía Panchita

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Carmen Lyra es el nombre artístico de María Isabel Carvajal, la escritora más significativa de las letras costarricenses y una figura entrañable para varias generaciones educadas con sus relatos a partir de los años cuarenta, cuando, en cada aula, se acostumbraba cerrar el día embelezando a los niños con las travesuras de Tío Coyote y Tío Conejo. Nació en 1888 en San José y murió exiliada en México en 1949. Fue educadora por antonomasia, luchadora cívica, renovadora en la narrativa y la docencia, cuentista y novelista. Entre su vasta producción figuran numerosos artículos en Repertorio Americano y otras revistas literarias; los libros Fantasías de Juan Silvestre, Bananos y hombres y Relatos Escogidos; varios ensayos políticos y didácticos; el manual escolar Patria Grande y la novela En una silla de ruedas.

Cuentos de mi tía Panchita los editó por vez primera Joaquín García Monge, en 1920, y son una recopilación de relatos ya existentes en la tradición oral que la autora captó con encantadora maestría, en un lenguaje popular costarricense auténtico e inolvidable.

De remoto origen europeo y esparcidos en América por la dominación española, los primeros trece cuentos son mágicos relatos que —como La cucarachita Mandinga y La Flor del Olivar— han animado los juegos infantiles de casi toda la gente menuda de este país. Los últimos diez son las fábulas de Tío Conejo y Tío Coyote, pícaro sabihondo, el primero, y víctima suya, el segundo, que, si bien descienden literariamente de África, Carmen Lyra los nacionalizó con inigualable encanto, colorido y célebre humor local, hasta el punto de convertirlos en un clásico de la literatura costarricense. La presente edición tiene un mérito adicional: es ilustrado por el trazo incomparable del maestro Hugo Díaz.

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