Mis 80 años

Aguilar Bulgarelli, José Francisco. Mis 80 años. San José, Costa Rica : el autor, mayo 2012

He gozado el privilegio de llegar a los ochenta años de vida. Eso quiere decir que he tenido oportunidad de ver, oír, leer y disfrutar muchas cosas. Solo me quejo de que el tiempo ha pasado demasiado rápido, todavía me queda bastante por conocer y realizar pero ya no tendré ocasión para hacerlo.

Aunque en este mundo hay altos y bajos, alegrías y tristezas, en términos generales puedo decir que estoy contento con lo que la vida me ha dado.

Tuve unos padres excelentes, una familia afectuosa, compañeras de vida tolerantes y amorosas, hijos responsables y cariñosos, nietos y hasta bisnietos que me alegran la vida. No puedo olvidar a los amigos, algunos de corazón de esos para toda la vida, otros que han llegado y salido a través de los años, dejando una estela de afecto que ahora rememoro con nostalgia.

Puedo decir, con un chispazo de vanidad, que siempre hice lo que quería, con un poco de rebeldía, sin someterme a nada ni nadie, lo que equivale a decir que fui libre para pensar y hacer y de eso me siento orgulloso.

Nunca tuve un capital importante, pero tampoco me hizo falta, pues siempre me conformé con que a mi familia no le faltara nada y poder vivir sin estrecheces.

En la familia me reconocen como padre y abuelo, un viejo que reparte pan y come queso; pero no saben lo que he hecho en mi vida, entre otras cosas, porque no he sido dado a contarlo y menos alardear de vanidades. No recuerdo que nadie me haya preguntado alguna vez por mi vida, qué es lo que he hecho, por donde he caminado, qué pienso, qué escribo.

Si eso ocurre con la familia, el resto de la gente no sabe si estoy vivo o muerto. Me pasé la vida perdiendo el tiempo; hice muchas cosas, pero ninguna que valiera la pena para los demás. En cambio a mí, la mayoría de esas cosas me hicieron sentirme bien, me divirtieron, me angustiaron, me realizaron.

Una vez escribí: “He escrito más de veinticinco libros y no soy escritor; tengo títulos de abogado, pero no soy abogado; durante años di clases en la Universidad y no soy profesor; he escrito en medios informativos y los he dirigido, pero no soy periodista; fui militante, dirigente, diputado, candidato a la Presidencia de la República y no soy político; estreché la mano del Papa y no soy creyente; soñé con utopías sin lograr ninguna; viajé por muchos países de todos los continentes y no soy turista; me he puesto muchos sombreros, he pasado por muchos aros, sin llegar a ninguna parte”.

Tengo a orgullo ser rebelde, ponerme del lado de los débiles, defender causas perdidas y estar en contra del orden establecido. El poder me incita a luchar en contra, no me inclino ante los poderosos, no soporto las amarras que imponen leyes y reglamentos y por eso hago lo que me place. Bien decía mi madre. “Ni a su madre le da cuentas de lo que hace”

Adjuntaré un currículum resumido por si alguien tiene la paciencia de leerlo y así enterarse de la vida de un hombre sin importancia, que hizo muchas cosas.  Mayo 10 del 2012.

CURRÍCULUM VITAE

Nombre:

José Francisco Aguilar Bulgarelli

Nació:

10 de mayo de 1932

Padres :

José Ramón Aguilar Villegas

Adela Bulgarelli Flores

Estudios:

Escuela Juan Rudín

Colegio Seminario

Universidad de Costa Rica

Título Académico:

Abogado y Notario.

ACTIVIDADES POLÍTICAS:

1954-1959    Presidente Juventud Calderonista

1959-1963    Secretario de Organización del Partido Republicano

1962-1966    Diputado a la Asamblea Legislativa

1962-1965    Presidente Comisión Asuntos Jurídicos Asamblea Legislativa.

1970               Fundador del Partido Socialista Costarricense

1974               Candidato a la Presidencia de la República por P. Socialista

1981               Fundador y Secretario General de Fuerza Popular Organizada

ACTIVIDADES DE SOLIDARIDAD

1968-1984.1       Vice-Presidente Consejo Nacional de Paz y Solidaridad (16 años)

1967-1979.1       Colaborador activo del Frente Sandinista de Nicaragua

1974-1983.1       Colaborador activo de Resistencia Nacional de El Salvador

1975-1991           Trabajo de divulgación y Solidaridad con Palestina, Yugoslavia, Rumanía, República Arabe Saharahui y

Cuba.

1982                        Recibe Medalla del Consejo Mundial de Paz y Solidaridad

1989                        Recibe Medalla del Ejército Sandinista de Nicaragua.

Se reúne con 6 Jefes de Estado y con el Papa Pablo Sexto.

Asiste a Congresos, Conferencias y Simposios Internacionales en decenas de países en todo el mundo generalmente como Jefe de la Delegación de Costa Rica.

SOLIDARIDAD CON LA R. P. D. DE COREA.

1973-1977.1       Funda en Costa Rica y en diferentes países Latinoamericanos Comités de Apoyo y Solidaridad por la

Reunificación de Corea y Comités Culturales de apoyo a Corea

1978                       Funda y es elegido Presidente del Instituto Latinoamericano para Estudios de la Idea Juche cargo que ejerce

durante 20 años.

1999                       Elegido Presidente Ad Honorem del Instituto Latinoamericano

1979                       Fundador y Vice-Director General del Instituto Internacional de La Idea Juche en Japón cargo que ejerce

hasta 1999.

Recibido SIETE veces por el PRESIDENTE KIM IL SUNG.

En dos ocasiones recibió la MEDALLA DE AMISTAD DE PRIMER ORDEN otorgada por Corea.

1997                       Recibió el PREMIO INTERNACIONAL KIM IL SUNG, máximo galardón que otorga Corea.

Ha asistido a Congresos, Conferencias y Simposios relacionados con Corea en Portugal, Austria, Grecia, Ecuador, Japón, Perú, Panamá, Colombia, Venezuela, Guyana, México, Suecia, Noruega, Suiza, Argentina y muchos otros países. Tiene publicados varios libros relacionados con la R. P. D. de Corea.

TRABAJO EN PERIODISMO

En 1948 fundó EL FARO INFORMADOR DEL ESPACIO un servicio informativo radial.

Fundador y co-director del periódico LA OPINIÓN.

Director y productor del programa televisivo PUNTO FINAL.

Miembro de la Asociación de Periodistas de Costa Rica.

Carnet No. 1 del Colegio de Periodistas de Costa Rica.

Miembro del Sindicato de Periodistas de Costa Rica.

Miembro de la Organización Internacional de Periodistas (OIP)

Fundador en Costa Rica del Comité de la OIP.

Miembro de la Federación latinoamericana de Periodistas (FELAP).

Director del Periódico Denuncia Revolucionaria.

Ha publicado en diversos periódicos nacionales e internacionales.

Ha asistido a Congresos, Conferencias y Simposios en diversos países como Irak, Pyon Yang, Helsinski, etc.

OTRAS COSAS

Miembro del Colegio de Abogados de Costa Rica.

Abogado litigante.

Profesor de Sociología en la Escuela Normal Superior.

Profesor de Sociología en la Universidad Nacional.

Miembro de la Asociación de Cazadores de Costa Rica.

Miembro del Radio Club de Costa Rica.

Miembro de la Cámara Nacional de Radio.

Miembro de la Asociación de Ex-Parlamentarios.

Radioaficionado con las siglas TI 2 LM.

Miembro de las Juntas Administrativas y Asociación de Padres del Colegio de Señoritas y el Liceo de Escazú.

Trabajador radiofónico, desde locutor, guionista, intérprete, vendedor, etc. Y propietario de RADIO AMÉRICA LATINA.

OTRAS MÁS

Lector empedernido. Ha escrito 25 libros.Fue invitado al Congreso Cultural de la Habana en 1968 donde conoció y trató a escritores como Julio Cortázar, Alejo Carpentier,  Gabriel Celaya y Efraín Huertas. Miembro de la Asociación de Autores de Costa Rica.

El teatro de Alberto Cañas

Gallegos Troyo, Daniel. “El teatro de Alberto Cañas”. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 3

Es un hecho indiscutible que el teatro de Alberto Cañas representa un momento decisivo en nuestra literatura dramática porque un teatro bien construido, de envidiable oficio, concebido con personajes ricos y variados, con temas diversos, y un excelente lenguaje. Pero, además de todas esas virtudes tiene algo de lo que yo tengo absoluta certeza. Es y será un teatro perdurable, y este es el mayor triunfo al que puede aspirar un dramaturgo.

¿Qué es lo que le da esa perdurabilidad, esa calidad de contemporaneidad que rompe las barreras del tiempo y de la moda, en esta época en la que abunda un teatro que se consume en tan solo una puesta, y se recuerda más que nada por su calidad de desechable? La respuesta la encontramos en la obra teatral de Cañas, que además de mostrar el inmenso talento y oficio de su dramaturgo, cuenta con ese don tan especial, tan intuitivo y difícil que lo caracteriza y que es la capacidad de conocer y penetrar acertadamente en el alma del ser costarricense, de adivinar con precisión lo que le preocupa y lo que lo hace reír.

En sus comedias nos identificamos fácilmente con sus personajes y, lo que es más importante, nos reímos con ellos, pero nunca de ellos, porque celebramos con buen humor esa mezcla de disimulada astucia, sorna, y buena dosis de sana ingenuidad, con que resuelven sabiamente aquellas situaciones cómicas que son la base de la comedia.

Y en sus dramas, de tan variados temas con los que Cañas nos induce a la reflexión, encontramos, también, un rasgo muy costarricense y es el de no asumir lo trágico como parte de un destino inevitable, porque Cañas piensa que el costarricense es optimista, que si bien acepta el reto de su condición humana, lo acepta no como derrota sino como un estímulo para seguir adelante y vencer escollos.

Carácter Universal. Si bien la obra teatral de don Alberto se desarrolla en localidades totalmente ticas, en áreas rurales, como es el mítico pueblo de San Luis, prototipo del cantón de nuestra meseta central, o en los barrios capitalinos con características muy especificas, en ningún momento los temas, personajes y anécdotas de su obra dejan, por esto, de tener un carácter universal. Poseen, diría yo, la misma magia de un Emilio Caballido, cuyas obras totalmente mejicanas pueden verse a lo largo y ancho de nuestra América y otos países, o la del genial irlandés John M Synge, cuyos personajes tan irlandeses y lejanos Geográficamente se comunican con públicos de diferentes lugares y tiempos.

El teatro de Alberto Cañas es universal porque nos muestra, tanto en sus comedias como en sus dramas, una humanidad que nos envuelve, y como en un espejo nos reconocemos como imagen de lo que somos y queremos ser. Es también, sin lugar a dudas, una resolución del autor para rescatar aquellos valores que más nos identifican. Recolección de memorias colectivas convertidas en acción teatral como esencia de lo que es nuestro y nos libra del olvido. Eso hace que el teatro de Cañas sea un teatro de calidad perdurable y permanente, que encontrará siempre públicos receptivos aquí y en cualquier otra parte en que se represente.

*Daniel Gallegos T.: Dramaturgo, Premio Magón de Cultura.

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Poeta olvidado: Se impone la edición antológica de la poesía de don Beto

Ross, Marjorie. “Poeta olvidado: Se impone la edición antológica de la poesía de don Beto”. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 3

 Tanto privilegió el periodismo escrito, la narración y el teatro, que muchos incluso ignoran que Alberto F. Cañas es poeta. Así lo digo, en presente, porque quien lo es no abandona jamás ese sombrero de arcoiris y tormentas, aunque quizás lo cuelgue lejos de la mirada ajena.

En el Liceo de Costa Rica, en donde se graduó en 1937, ya era conocida su pasión por la literatura. Cuando se celebraron los cincuenta años de la fundación de ese centro de estudios, se organizó un concurso literario y Cañas ganó los premios de poesía y cuento. Rogelio Sotela recogió en su obra antológica “Escritores de Costa Rica”, de 1942, en el capítulo de la Nueva Generación, un poema de Cañas de ese entonces, “El Punto Guanacasteco”.

Copio aquí un corto fragmento: “…La blanca marimba de dientes/ que la esquiva mozal/ con cara sonriente exhibe orgullosa/ parece que canta, que tal es su risa…/ Y aquella garganta perfecta, torneada/ hacia atrás echada, se crispa, se eriza…/Y la risa loca, y la loca risa, se desgrana en canto, sale de la boca, y se pierde rauda, divina, alocada,/ en el laberinto de una carcajada”.

Acerca del amor. De distinto aliento es el segundo poema que recoge Sotela, de carácter amoroso, titulado “Hemos estado juntos anoche”, que transcribió completo: “Hemos estado juntos anoche, sin embargo… Yo no sé en donde estabas. Yo no sé que decías. Pese a la larga lluvia y al silencio tan largo estábamos muy juntos. Tus manos y las mías se perdían en recuerdos de otras noches mejores. Estaba la cruel noche llena de despedida, y la luna invisible cantaba los rumores de la niebla implacable y la noche perdida. Al través de la noche tu recuerdo se me iba. Estabas tan lejana y perdida. Mas tan viva…y tan larga la lluvia…y el silencio tan largo…Amada: En donde estabas? Entonces qué decías?

Pensabas en los besos y la palabras mías? …y hemos estado juntos anoche, sin embargo”.

En 1946, Cañas recogió este poema en su libro “Elegía Inmóvil”, publicado en San José, en una edición de 500 ejemplares, por la Editorial Cuervo.

En el prólogo, escrito por Enrique Macaya, leemos: “Romances y Letrillas (mencionados en el título del primer capítulo), tan lejanos en su trajinar histórico (…), tienen en Alberto Cañas una desconcertante actualidad. Por su audaz oposición de contrastes en las imágenes y la subjetiva presencia del paisaje(…). Magnífica unidad lírica dentro de la distante añoranza de las viejas formas castellanas. Unidad que es afirmación y buena y única senda para la renovación literaria del futuro”.

Mario Marcilese incluyo el poema anterior en su libro “Antología poética Hispanoamericana Actual” (1968, Editorial Platense, Río de la Plata). Del mismo libro, antologó “El Beso”, del que copio un fragmento: “El beso, canción inmóvil,/ llegó y se sentó a mi vera,/ y las rojas armonías se ensañaron traicioneras,/ mientras las luces miraban/ con guiños de luna enferma./ El beso, canción del viento,/ me acarició con luz tierna,/ y el pelo bajo la luna se enredaba como tea…/ El beso, canción con alas,/ se estaba envolviendo en seda…”.

Los hombres de la Trinchera. Dos años después de la aparición de “Elegía Inmóvil”, en julio, recién terminada la guerra civil de 48, don Beto publicó el poema largo “Los Hombres de la Trinchera” -escrito en Nueva York-, del que recojo estos fragmentos: “Para hablar, compatriotas de estos compatriotas,/ se necesita amar mucho nuestra tierra;/ hay que saber lo duro que es amarla;/ se necesita haber llorado por ella;/ se necesita haber contado una por una/ todas las lágrimas que cuesta,(…) / ¡San Isidro en peligro! ¡San Isidro en peligro! Perdido San Isidro, todo estará perdido.! Los hombres se contaron y eran tan sólo treinta./ Que pueden treinta hombres hacer contra trescientos (…), / Noche y sed, tomad nota. / No hay nada que beber en la trinchera/ y no hay otra luz/ que la luz desigual de las estrellas./ Y la muerte al otro lado de la calle/ en la iglesia, en la Escuela,/ y en todos los lugares/ que rodean la trinchera./ La muerte y las estrellas/ están allí presentes./ la muerte y las estrellas./ y la muerte y la luna;/ y la muerte y la sed siempre presentes./ Pero no hay que rendirse, que nada se ha perdido/ mientras un hombre quede en la trinchera (…)”.

En una entrevista que le hizo Rafael Cuevas Molina, en el 2009, dijo don Alberto, criticando el uso de encorsetar en forma de libro los poemas recién nacidos: “Estoy escribiendo un libro de poemas”. “Ya tengo dos libros de poemas”. ¡No! “Dígame cuantos poemas tiene, no cuántos libros”. Estoy segura de que además de los mencionados, Cañas ha de tener muchos otros poemas escritos que no se conocen. Se impone una publicación antológica de su obra poética, para que quede atrás el poeta Cañas olvidado.

*Marjorie Ross:Periodista y escritora, Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez, Premio Nacional de Literatura  Aquileo J. Echeverría.

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Su nombre es su título

López Trigo, Manuel E. “Su nombre es su título“. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 2

Alberto Cañas es para todo costarricense medianamente informado, mucho más que un nombre: ¡es un título!

Ciertamente, basta escuchar este nombre para saber de quién y de qué se trata. Porque, verdad de verdades, se está hablando de una persona de sustancia y valor superlativos, que por los hechos de su existencia venturosamente prolongada y fecunda, ha alcanzado calidad emblemática en nuestro horizonte cultural y político.

La familia ha sido, en su vida, referente fundamental y fuente de inspiración y fortaleza. Profundamente orgulloso de sus orígenes y respetuoso del buen nombre de sus antepasados, mantuvo una tierna relación con su señora madre, doña Claudia, a quien solía visitar casi todos los días. El hogar que construyó y los hijos que procreó en la amorosa y solidaria compañía de la noble dama doña Alda Collado, ha sido, siempre, su refugio y su alegría.

Ideal quijotesco. Inconformista de espíritu libérrimo y romántico que lo acerca al ideal quijotesco, sensible ante la necesidad y el sufrimiento ajenos, nuestro personaje sin importarle lo que otros piensen o digan, ha sido consistente y aguerrido defensor de elevados principios y valores.

Son innumerables los temas de su interés e impresionante la diversidad de los caminos que con brillo y distinción ha recorrido este abogado, diplomático, político, escritor, periodista profesor en el aula y maestro en la vida, hombre auténtico y apasionado que ha conquistado admiración y respeto entre sus conciudadanos.

No sabe Alberto Cañas de vanidades ni de poses. Se expresa de manera sencilla y clara, sin ostentaciones retóricas pese a su exquisito dominio del idioma, que le ha llevado a ser miembro de número y por años presidente de la Academia Costarricense de la Lengua. No le preocupan apariencias o formalismos, ni conoce de fingimientos.

Aunque sus manifestaciones directas y vehementes respecto de personas y situaciones, o el fervor que empeña en la defensa y promoción de sus ideas y convicciones, pudieren haberle ganado alguna malquerencia él sabe perdonar, no alimenta rencores ni procede con torcida intención. Ha consagrado honesta y sinceramente su fructífera existencia a defender las causas en que ha creído, a difundir sus verdades, a promover la cultura y las bellas artes, a conocer y tratar de entender a su pueblo, y, en fin, a servirle a la nación costarricense en las formas que ha considerado apropiadas.

De su cultura enciclopédica, lúcida inteligencia, agudo sentido del humor, elocuente verbo y fina pluma ha ido dejando abundantes muestras en la cátedra, el libro, la columna periodística, el programa de radio o de televisión, la curul, el cónclave de los académicos y la tertulia de los amigos.

Armoniosa combinación. Profundo conocedor de la historia y de la realidad nacional, combina armoniosamente su vocación crítica con una visión más bien optimista del futuro de Costa Rica, por lo cual sigue permanentemente activo en su  papel de centinela de la Patria.

Lector incansable y de tiempo completo desde que tenía tres años, hace solo 87, Alberto Cañas ha encontrado siempre, no se sabe cómo, tiempo suficiente para crear hermosas obras literarias de los más variados géneros, para desempeñar más que cumplidamente elevados cargos públicos y diplomáticos, dirigir medios de comunicación, gozar la belleza en todas sus formas, formar y forjar una familia -como ya quedó dicho- en dulce sociedad con su recordada doña Alda, y, ¡claro!, cultivar la amistad sin distingos de ninguna clase.

Mucho la debo yo, aunque quizás él no se haya enterado, a este hombre extraordinario a quien tengo el privilegio de conocer desde mi ya lejana juventud. Atesoro nuestra amistad, que con justa razón califica él de inalterable en su suculenta obra autobiográfica Ochenta años no es nada, porque no habrá, nunca, diferencia, distancia ni tiempo capaz de disminuir en mí ese inquebrantable sentimiento. Además lo cito con frecuencia, pues aparte de llevar en mi corazón afecto y admiración enormes hacia él, tengo invariablemente presentes sus sabias reflexiones, agudas observaciones y aleccionadoras anécdotas.

¿Qué puedo desear en su nonagésimo aniversario a quien ocupa lugar de privilegio en mi mundo afectivo? Salud, buenísima salud, para que siga dándonos luz y alegría por muchos, muchos, muchísimos años más. Con mis mejores deseos, llegue hasta el dilecto cumpleañero mi abrazo fraternal.

*Manuel López Trigo: Empresario, exembajador en Israel, exviceministro de Información y Comunicación.

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El San José de don Beto

Garita, Nora. “El San José de don Beto”. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 2

 

En medio de su vasta producción literaria, don Beto Cañas nos ha planteado varios interrogantes sobre la ciudad de San José, en una novela suya llamada “Una casa en el Barrio del Carmen”.

La casa, construida en adobe y bahareque a finales del siglo XIX, era “ancha y esquinera, llena de ventanas en hilera interminable… y un patio interior rodeado por la medianera y tres corredores, y sembrado de helechos casi gigantes y de pacayas… cuando tener pacayas en el patio era señal de elegancia y buen vivir”. En ese tiempo social en el que la misa matinal regulaba los horarios y la Iglesia tenía el poder de las campanas, transcurre la historia de la casa y sus dos habitantes. El barrio tenía el nombre de la Iglesia cercana, pero la vida de barrio va desapareciendo poco a poco. Las casas de familias conocidas quedan deshabitadas, convertidas en despachos de médicos o demolidas. San José se vuelve una ciudad de rótulos. En los años cincuenta, nuevos valores de mercado vuelven la casa objeto de eventual lucro para muchos hombres de negocio.

¿Rematar la casa al vencerse la hipoteca?

¿Venderla para botarla y hacer en esa esquina una gasolinera?

La tesis que sustenta la novela es que los valores de mercado configuraron la ciudad. Esto da vigencia a la novela, cuando se observa el poder de los inversionistas en perfilar el rostro actual de San José: ¿tirar al suelo un edificio patrimonial para hacer un parqueo?

La casa se llama “La República”. Es pues, el recurso usado por el narrador para plasmar su visión social demócrata de la historia de Costa Rica. Refiriéndose a Walter Jiménez, el joven que estudió ciencias económicas, dice: “participó en la Revolución del 48, que fue como la lumbre de una generación y la apertura de un rumbo, como una encrucijada abierta, una oportunidad escondida…” Son los acontecimientos del 48 los que abren oportunidades a la movilidad social a los hijos de maestras, a los hijos de empleados bancarios. Las tesis sobre la historia nacional, en el fondo, es que el Estado de la Segunda República, con sus nuevas Instituciones, crea y amplía la clase media.” ¡Yo soy la clase media!”, dice Walter. Esta posición ante la historia, mantiene vigentes las preguntas sobre el papel del Estado en permitir la concentración en pocas manos, o en discutir la riqueza.

Contar la vida de una casa para hacer un cuadro con visión de país. Esa Costa Rica pintada en el cuadro se transformó, los valores oligarcas quedaron desdibujados, como se destiñeron las liebres y perdices del cuadro colgado en la pared de la casa. Esto ha sido señalado por especialistas en literatura, de la siguiente manera; “la imagen que clausura el texto alcanza una fuerza especial al remitir a un objeto, un cuadro, la sensación de decadencia y pérdida de protagonismo de la clase poseedora, por nacimiento, de los valores auténticos” (Carballo, Ovares, Rojas, 1993:278).

La literatura, con su poder evocador, le gana aquí la partida a la sociología. Gracias, don Beto, por la escritura.

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Homenajeado Alberto Cañas en el Día de la libertad de Expresión

“Homenajeado Alberto Cañas en el Día de la libertad de Expresión“. La Nación (San José, Costa Rica), 2 de setiembre de 1983, p. 2A

 Con la entrega de una medalla de honor al periodista Lic. Alberto Cañas Escalante, por parte del Presidente de la República, don Luis Alberto Monge, se celebró ayer el Día de la Libertad de Expresión.

El acto se efectuó en el auditorio del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos y contó con la presencia de miembros de los supremos poderes, cuerpo diplomático y representantes de los medios de comunicación del país.

Se eligió esta fecha en conmemoración del natalicio del Dr. José María Castro Madriz, a quien se considera el padre de la libertad de prensa en Costa Rica.

Los oradores, entre los que estuvieron el presidente Monge y el homenajeado, así como  los ministros de Gobernación, Dr. Alfonso Carro Zúñiga y el asesor en comunicación e información, periodista Armando Vargas Araya, resaltaron la figura del Dr. Castro Madriz

Por su parte, el mandatario destacó la amplia libertad de prensa que hay en el país y expresó su solidaridad con los pueblos de América Latina que carecen de ese derecho.

El Lic. Cañas Escalante dijo, vivamente emocionado, que había recibido con sorpresa el anuncio de que iba a ser condecorado con la medalla del honor a la libertad de expresión.

El homenajeado ha ocupado diversos cargos públicos; ha sido diputado, embajador el las Naciones Unidas, ministro fundador del Ministerio de Cultura, Juventud y Deporte y vicecanciller.

Ha trabajado en varios periódicos y durante mucho tiempo publicó en La República la columna “Chisporroteos”. Es profesor universitario de la Escuela de Ciencias y la Comunicación Colectiva, así como decano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica.

También es comentarista de radio Monumental. La tarea realizada por Cañas Escalante fue ensalzada por el presidente Monge y el ministro Vargas Araya.

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Lic. Alberto Cañas Escalante

Castegnaro, Marta. “Lic. Alberto Cañas Escalante”. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 11 de setiembre de 1998, p. 10

 Si solo tomásemos en cuenta la labor que realiza don Alberto Cañas en la columna periodística Chisporroteos en tanto en ella analiza el trabajo literario que se edita en Costa Rica, -columna que utiliza para estimular a los autores y destacar las facetas positivas de su producción- sería suficiente para que su nombre ocupase un lugar sobresaliente en la literatura costarricense. Pero se a ello añadimos que es poeta, autor de cuentos y novelas varias veces premiadas, dramaturgo excepcional (“Conoce a fondo el  teatro contemporáneo y esta especialidad corresponde a su temperamento y a su concepción esencialmente dramática de la vida”, dice don Alberto Bonilla), nos acercamos un poco más a conocer la realidad de este polifacético costarricense, que ha participado activamente en la política nacional –manteniendo siempre un gran prestigio- y que ha sido diputado, ministro, embajador, profesor universitario, crítico y ensayista de gran valor.

Nacido en San José, cursó la segunda enseñanza en le Liceo de Costa Rica; desde su etapa estudiantil sobresalió como poeta; a esa época corresponde su espléndido poema El Punto Guanacasteco, bella exaltación de la célebre danza. Siguió la carrera de Derecho y se graduó de abogado. Sus inquietudes sociales lo llevaron desde muy joven a formar parte del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, y a participar en lides periodísticas. Junto a José Figueres participó en la revolución de 1948.

Embajador ante las Naciones Unidas y encargado de la cartera de Relaciones Exteriores, su paso por la diplomacia ha sido excepcionalmente brillante. Como Ministro de Cultura Juventud y Deportes desarrolló una trascendental labor editorial de recate de los valores culturales y literarios costarricense. Diputado fogoso y apasionado, sus intervenciones provocaron a menudo intensas polémicas; le correspondió presidir la Asamblea Legislativa en 1994. Fue uno de los fundadores de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Costa Rica, donde se ha desempeñado como profesor.

Entre otros, ha publicado los siguientes libros: Aquí y ahora, Una casa en el barrio del Carmen , y La exterminación de los pobres. Los molinos de Dios, es su novela más ambiciosa; en ella, con ternura y picardía, “acaricia” la historia de la sociedad costarricense. “Su principal característica, y la que le ha llevado a ser el escritor más leído y el dramaturgo más popular de su país, es un afán de analizar y desentrañar la sociedad costarricense, con ojo crítico y un acentuado toque de humor que nunca lo abandona; y esto lo ha conseguido, en el teatro, jugando con elementos de fantasía, imaginación y magia en obras que han sido representadas en casi todos los países de Iberoamérica y divulgadas por la Radio y Televisión Española…”, dice un comentarista. Algunas de sus obras de teatro son Uvieta, Una bruja en el río, El luto robado y La Segua.

Tan intensa y valiosa labor cultural le hizo merecedor, en 1976, del Premio Nacional de Cultura Magón.

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El homenaje a don Alberto

“El homenaje a don Alberto”. La República. Página Editorial (San José, Costa Rica), 2 de abril de 1995, p. 14A

 En la semana pasada, con ocasión de haber cumplido sus 75 años, un grupo de organizaciones rindió un significativo homenaje a don Alberto Cañas Escalante. El acto, así como los organizadores, incluyó una serie de manifestaciones que mostraban un origen tan variado que solo era posible concebirlo por la personalidad multifacética del homenajeado. Había agrupaciones políticas del cantón de Montes de Oca y de varios distritos del cantón central de San José; había representantes de varios grupos culturales; como era de suponer, asistieron diputados de las distintas fracciones de la actual Asamblea, y gran número de amigos personales y parientes. Solo había entre todos ellos un común denominador: la personalidad del homenajeado y la amistad y admiración de todos los presentes para con él.

Como se destacó en el acto, Alberto Cañas es el autor teatral más prolífico de Costa Rica, con éxitos tanto en las tablas como en las versiones escritas de sus obras; ha publicado una serie de novelas y cuentos, una de las cuales, por lo menos, “Los Molinos de Dios”, tiene tal relación con el desarrollo de la cultura política, social y económica costarricense que se puede estar seguro de su persistencia más allá de la vida de su autor; hizo docencia universitaria por muchos años en materia de teatro, con participación en los cursos de extensión anual; fue el primer Ministro de Cultura de Costa Rica, de modo que literalmente le tocó inventar esa cartera; de sus años de poeta juvenil quedó una poesía, “El Punto Guanacasteco”, que se incorporó al acervo básico de las expresiones generalmente conocidas y utilizadas por los estudiantes en sus presentaciones culturales. En sus actuaciones políticas, iniciadas en el Centro de Estudios de los Problemas Nacionales, ocupó una serie de cargos partidistas y oficiales que culminan en su actual segunda ronda como diputado, donde ha ocupado en el primer año de Gobierno la presidencia de la Asamblea Legislativa y se puede estar seguro de que en el resto del cuatrienio mantendrá una participación activa y combativa. De todo eso se habló en el homenaje. Pero no es de eso que corresponde hablar ahora.

Lo importante para nosotros es que Alberto Cañas ha sido y es asimismo periodista. No solo eso sino también que, aunque ha colaborado en casi todos los periódicos de Costa Rica, La República reclama el orgullo de ser el principal órgano a través del cual se ha realizado su labor de prensa. Fue nuestro primer director y, en esa condición, le correspondió sentar algunas orientaciones que todavía perduran. Creó en La República la columna “Chisporroteos”, que se llevó luego a otros periódicos pero que recuperamos en los últimos años y que esperamos mantener por muchos más, para disfrutar de que sea desde nuestras páginas donde Alberto Cañas diserte sobre todo lo divino y lo humano, manteniendo tesis que pueden ser populares o ser exclusivamente personales, pero que, en todo caso, le permitirán revelar los criterios de una personalidad con muchos ribetes de unicidad, pero que puede considerarse representativa de lo mejor de lo costarricense.

Por ello, creemos de absoluta necesidad unirnos al homenaje rendido a Alberto Cañas de expresar nuestro orgullo por tenerlo como parte del grupo que ha hecho La República a través de los años y que continúa pensando desde ella. Por saberlo uno de los grandes activos que nos permiten hacer un buen periódico y contribuir desde él a la cultura y la vida costarricense.

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Chisporroteos

Alberto F. Cañas. “Chisporroteos”. La Repúbica (San José, Costa Rica), 21 de octubre de 2000, p. 10A

Mi primer recuerdo de Joaquín Gutiérrez se remonta a mis días del Edificio Metálico, y es el de un manganzón jugando de portero en una mejenga futbolística cerca de la Casa Amarilla, y convertido, por su gigantesca estatura, en una barrera inexpugnable. Cuando se tienen diez u once años, una diferencia de dos es más inexpugnable que aquel portero de la mejenga. Lo miré hacia arriba (cosa en todo caso inevitable) y lo incorporé a la lista de héroes. Todavía puedo reconstruir mentalmente su cabellera alborotada de esa ocasión.

Donde realmente lo conocí fue en la casa de los Cardona Cooper, sede dulcísima y nocturna de una tertulia diaria inolvidable, a la que concurrían parientes, vecinos y amigos de los Cardona y pretendientes de las muchachas de la vecindad (que también participaban en la tertulia). Joaquín Gutiérrez concurría como vecino; yo, como amigo inamovible de Toño Cardona y pretendiente… bueno, eso no importa.

Pero fue allí donde comenzamos a ser amigos. Y yo, a ser el oyente fiel y encantado de sus inagotables historias. Ya para entonces, Joaquín Gutiérrez había sentado plaza de poeta, y de muchas cosas más.

Ya podíamos aquilatar su brillo intelectual. Ya era un ajedrecista de nota. Lo que no presentíamos es que sería una de las figuras claves de nuestra literatura y (desde que volvió a su patria tras décadas de ausencia), parte imprescindible de nuestro paisaje cultural, inconcebible sin él desde que regreso en 1973, gracias a una jugada del presidente José Figueres, que consistió en enviarle un cable cifrado a nuestra Embajada en Santiago de Chile (que la cancillería de Pinochet descifraría con toda seguridad), pidiéndole le preguntara a Joaquín si no pensaba venir a Costa Rica a cumplir el contrato que tenía con el Ministerio de Cultura para realizar determinados trabajos. El interés del gobierno de Costa Rica en él, alivió a la antropófaga dictadura chilena, que se quitó una brasa de las manos permitiendo la salida de Chile a un candidato al fusilamiento.

Una de las últimas hazañas que llevó a cabo desde Chile, fue enviar, al primer concurso de novelas de la Editorial Costa Rica, el manuscrito de “Murámonos Federico”. Ya el jurado, que integrábamos Guido Fernández, Eugenio Rodríguez y yo, tenía casi tomada una decisión sobre el premio, cuando, en los viejos garitos, Joaquín Gutiérrez gritó: “Barajo”, y el fallo en ciernes se vino al suelo. Los tres coincidimos en haber sido los privilegiados lectores iniciales de una de las grandes novelas costarricense, la novela de la década, la mejor novela de un novelista que ya tenía a su haber obras notables. (Agrego yo ahora, después de más se veinticinco años, que “Murámonos Federico” integra, con “El primo”, “Pedro Arnáez”, “El sitio de las Abras” y “Mi Madrina” la selección de honor de la novela costarricense del siglo XX).

Ese formidable aporte suyo, nos queda : “Manglar”, “Cocorí”, “La Hoja de Aire”, “ ¿Te acordás hermano?”, y sus subestimados pero embrujantes libros de poesía, seguirán deleitándonos y permitiendo que nos comuniquemos con él. Pero ¿Qué vamos a hacer sin su vozarrón, sin su delicia de contar anécdotas y sucedidos, sin su cordial conversación estimulante, sin su don de gentes, sin su bonhomía, sin su malicia, sin su firmeza de convicciones unida a un espíritu de tolerancia poco común entre sus correligionarios, sin su facultad para estar enterado de cuanto bueno se escribía en el mundo? Pero más que todo, ¿sin su espíritu de niño? Porque Joaquín Gutiérrez nunca dejó de ser un niño. Era un niño grande . un niño enorme, de un metro noventa. Pero un niño.

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Alberto F. Cañas

Morales, Francisco. Alberto F. Cañas.  La República (San José, Costa Rica), 16 de marzo de 1995, p. 18A

Otros hablarán de él como intelectual, periodista y escritor.

Yo pertenezco a una generación –la de 1960– que tuvo el privilegio de formarse políticamente durante la época de oro de Liberación Nacional. El Liberación del decenio del 50: invasión del 55, primera lucha de tendencias, derrota electoral del 58 y las revoluciones boliviana y cubana.

El Liberación del parque Morazán.

Vimos el heroísmo de las batallas de Guanacaste: los Puercos, el Amo, Santa Rosa y La Cruz. Las acciones militares de Marshall, Aguiluz, Domingo García, la muerte de Eloy Morúa y Valdeperas y civiles transformados en soldados como Oduber, Juan Arrea y Beto Franco.

En la Universidad, durante el día recibíamos clases de Rodrigo Facio, el padre Núñez, Carlos Monge, Isaac Felipe Azofeifa y León Pacheco. También de Fidel Tristán, Isamel Antonio Vargas, Carlos Camaño, Alfonso Carro, Eugenio Rodríguez, Carlos José Gutiérrez, Raúl Hess, Bernal Jiménez, José Manuel Salazar, Eugenio Fonseca y Virgina Zúñiga Tristán.

Y por las noches, en el partido en el Morazán, también clases de esos universitarios reforzados por políticos como Figueres, Orlich, Oduber, Monge, Gonzalo Facio, Madrigal Nieto, Volio Jiménez, Molina Quesada, Luis Bonilla, Arauz Aguilar, Garrón, Carazo Odio, Cordero Croceri, Obregón y Solano Orfila.

Había entonces estudio, ideas, planteamientos, idealismos y hasta heroísmo. Universidad, era Liberación.

Y allí estaba Alberto F. Cañas el intelectual, el periodista, el escritor y crítico de cine que firmaba entonces con el seudónimo de O.M. Para los jóvenes, después de Rodrigo Facio, Cañas era el modelo intelectual. Tal vez por eso don Chico lo llevó en 1962 a diputado junto al presidente de la Juventud Liberacionista, Fernando Salazar Navarrete.

En 1970, en campaña electoral se empezó a estudiar la idea del Ministerio de Juventud, Cultural y Deportes y entre broma y serio nos decía don Pepe: “No tenemos ministerio pero tenemos ministro: Alberto”.

Su prestigio intelectual ayudó –políticamente– a consolidar el Ministerio. Y se aleja –o lo alejan– de la política por dos décadas.

Pero ya en su juventud septuagenaria y empujado por otros dos jóvenes, el padre Núñez y Hernán Garrón, se amarra las botas de político y se lanza a la batalla por la precandidatura de José María Figueres.

En la última década, por ejemplo, cuando el huracán neoliberal irrumpió prepotente y altanero también en Liberación, Alberto F. Cañas se mantuvo enhiesto. Liberacionista. Costarricense.

Hoy (1999) en la juventud de sus 75 años lo vemos –prestigiando– la Presidencia de la Asamblea Legislativa. Que siga alumbrando.

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