El jazz trae letras de emancipación para la niñez

Chacón, Vinicio. “El jazz trae letras de emancipación para la niñez“. Semanario Universidad. Opinión (San José, Costa Rica), 25 de noviembre de 2009, p. 16

 Nuevo libro de Fernando Contreras aborda la preocupación por la resistencia de las marginalidades.

“Una nota oculta en el oído, una nota clandestina, subversiva, un secreto: el secreto de la libertad, porque la libertad cabía en esa blue note”.

Mensajes puntuales como este, emanados del Jazz, componen las enseñanzas que transmite Cierto Azul, una nueva novela de Fernando Contreras. El relato cuenta la historia de Arturo, uno de los niños de los muchos llamados “de la calle”, no vidente, quien es adoptado por un sexteto de gatos callejeros y jazzistas.

“El jazz es el discurso, la columna vertebral que hace posible todo lo demás,” explicó Contreras sobre el relato. Añadió que la historia local y marginal del niño se articula con los orígenes del jazz, que se dan “en la peor de las marginalidades, la esclavitud”.

Según el autor, los elementos que se juntan en el texto sólo podrían encontrarse al azar, pues “la vida de un gato callejero consiste en una constante improvisación, la inestabilidad de la calle obliga necesariamente a todos los seres que en ella habitan a una improvisación constante, improvisar es tener una enorme confianza en el otro”.

En este caso “el texto queda fijo en su forma, aunque ligado a la improvisación del jazz”, dijo.

Cierto Azul ve la luz bajo el sello de la Editorial Legado y fue presentado el pasado 18 de noviembre. Las influencias del jazz son más que evidentes desde el mismo título, que remite a un disco del legendario Miles Davis.

De acuerdo con Contreras, el libro fue escrito en el pasado mes de julio, pero la idea que le dio origen es más antigua. “Empezó como un cuento infantil a partir de la imagen de un gato lazarillo. El perro atiende los deseos del amo, pero con el gato eso cambia y en este caso no pretende guiar al niño, sino fortalecerlo y emanciparlo, no se ofrece como un guía para siempre, sino que busca darle herramientas para que se la juegue.

Así, detalló que tenía esa idea del gato lazarillo en la mente, pero no la había ejecutado. “De pronto me encontré con que se cumplían 50 años del disco Kind of Blue, de Miles Davis, y quise unirme a esa celebración”.

Sobre la influencia que sobre él tiene el jazz, manifestó que se lo debe al compositor argentino Astor Piazzola, quien combinó el tango con este género, y al también argentino Julio Cortázar, cuya célebre novela Rayuela es pletórica en referencias al jazz, que además influye en otras obras suyas, como el relato El Perseguidor.

UNA NOTA AZUL

El jazz es un género musical nacido durante la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos, particularmente en Nueva Orleáns, según las versiones más aceptadas. Antecedido por el blues, sus orígenes se remontan a la herencia musical africana a la que se ciñeron las miles de personas de etnia negra que fueron secuestradas de África y reducidas a la esclavitud en América, así como sus descendientes.

En el texto de Contreras, las enseñazas sobre la resistencia y emancipación del jazz aparecen como el discurso de un gato, abuelo de uno de los protagonistas, quien contra su voluntad migró de Nueva York, donde convivió con una gran movida jazzística, a un aburrido San José.

“En el texto se dice ´no´ a la obediencia de los perros, pues el perro se entiende como dependiente y acostumbrado a la esclavitud”, apuntó el escritor.

Una de las lecciones de jazz heredadas de ese abuelo neoyorquino se refiere a “una manera de escuchar el mundo, una manera de decirlo, de contarlo, de cantarlo… Un sonido raro para el oído de los verdugos, una nota azul, anómala para el gusto de los ´amos´: una tercera menor sobre un acorde mayor. ¡Esa era la fórmula de la libertad!”.

Al respecto, el autor de textos como Urbanoscopio y El Tibio Recinto en la Oscuridad, señaló que el texto también se revela contra esa pretendida normalidad que describió cono “una expresión de la época de gran represión que vivimos, en la que nos acercamos al control orwelliano de la vida cotidiana”.

Según dijo, ese control “orwelliano”, en alusión a la novela 1984 de George Orwell, se puede apreciar en las campañas políticas. “Después del juicio del expresidente Calderón la corrupción desaparece como tema y sólo se habla de la tal “mano dura” contra la delincuencia. Quisiera que me digan de qué se trata esa mano dura, porque esas campañas apuntan a la represión, vivimos una vigilancia electrónica que se manifiesta en la omnipresencia de las cámaras de video y se apunta a un control cada vez más especializado”.

Señalo que ante ese creciente control, el gran reto radica en cómo mantener distancia y cómo escapar. “Sigo creyendo que el jazz es emancipación, la música fue la gran articulación de todo el movimiento de liberación ante la esclavitud”.

Detalló que “en momentos de emancipación, los esclavos negros se apropiaron de la lengua de los dominantes y de sus instrumentos. Por el lado de la lengua es por donde se le entra a la cultura del opresor, pero no renunciaron a su sonido, que se manifestó a través de la llamada nota azul”.

Librero: rito de paso

Soto, Rodrigo. “Librero: rito de paso”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 27 de diciembre de 2009

Uno de los temas recurrentes en la narrativa de Fernando Contreras Castro es la familia. Ya se trate de la familia reconstituida en los márgenes de la sociedad –Única mirando al mar –, de la familia estigmatizada por la anomalía –Los Peor – o de las bandas cuasifamiliares que emergen en el escenario postapocalíptico de losCantos de las Guerras Preventivas, los vínculos familiares son uno de los motivos que aparecen con mayor fuerza y frecuencia en sus libros.

Cierto azul, la última entrega de Contreras, es una breve novela en la que el tema de la familia vuelve a aparecer. Aquí se trata de un niño ciego arrojado a las calles, adoptado luego por una pandilla de gatos –gatos, sí, miau, miau– que resultan ser músicos de jazz.

El tema de la familia anómala reaparece aquí, pero en un contexto radicalmente diferente pues, en este caso, el grupo familiar no está marcado por la exclusión, el estigma o la tragedia, como en las obras mencionadas arriba.

Dicho más precisamente: aunque el mundo de los gatos jazzeros y del niño ciego esté, en efecto, en los márgenes de la sociedad dominante, “he ahí precisamente el punto, ¿qué nos importan a los gatos nuestros detractores?”, como afirma uno de los gatos-músicos apenas iniciando la obra.

A cargo de este musical sexteto de gatos y gatas correrá la educación sentimental, intelectual y musical de Arturo, el niño ciego.

Serán ellos quienes le revelen los secretos del jazz, de la creación musical, del rapto liberador, del juego maravilloso, de la improvisación, pero también, y paralelamente, quienes le revelen las artes sagradas de la amistad, del amor y la solidaridad entre los seres.

La música ya había sido motivo en algunos libros de Contreras, particularmente en Los Cantos de las Guerras Preventivas, pero en la novelita que nos ocupa se convierte en tema fundamental.

La música –en este caso el jazz– es evocada, recreada, alabada y celebrada desde la perspectiva de un conocedor, pero, ante todo, de un amante del género. Cierto azul, Kind of blue

La novela trata, pues, de una iniciación, de la consumación de un rito de paso entre la niñez y la edad adulta, paso que se consumará cuando el sexteto de gatos permita que Arturo, ahora trompetista consumado, emprenda su propio sendero en pos de sí mismo, de su propio viaje y vuelo.

La etapa formativa ha concluido y, por más fuertes que sean los lazos que lo unen con su familia/maestros, es el momento de volar solo, con la certeza –o más bien la fe– en un futuro rencuentro con su familia gatuna, aunque el futuro en rigor no exista y solo podamos contar con el presente que se fuga en la improvisación endiablada del jazz.

Fernando Contreras se lanza a tocar su solo en esta obra, la más audaz, la más juguetona, la más libre de cuantas ha escrito. La soltura y la ligereza de su estilo son engañosas y no deben llevar al lector a obviar la hondura de las reflexiones en las que el libro nos sumerge: el amor, la libertad, la amistad, la creación y el miedo son algunos de los temas sobre los cuales los iluminados gatos ilustrarán al niño-joven Arturo.

La metáfora de Italo Calvino sobre la liviandad y la pesadez de la prosa vuelven a revelarse aquí en toda su potencia pues, en efecto, la novela de Contreras es liviana como ninguna otra de las que haya escrito, pero al mismo tiempo es la única de ellas donde aparece un cierto tono sentencioso.

Esa aparente contradicción desaparece en el texto novelístico, que logra fundir o conciliar los dos extremos, peso y liviandad, y esto es parte de su magia y de su gracia.

Tal vez sea una causa perdida sugerir a las autoridades del Ministerio de Educación Pública que, en lugar de Única mirando al mar, incluyan Cierto azul en la lista de lecturas sugeridas a los estudiantes de secundaria (de seguro, Fernando Contreras estaría muy de acuerdo); sin embargo, la peor fuerza es la que no se hace.

La libertad, los gatos y un cierto azul

Izaguirre Cedeño, María del Mar. “La libertad, los gatos y un cierto azul”. Oficina de Divulgación. Universidad de Costa Rica, 7 de diciembre de 2009 (http://www.ucr.ac.cr/noticias/2009/12/07/la-libertad-los-gatos-y-un-cierto-azul.html)

El profesor y escritor Fernando Contreras Castro presentó a la comunidad universitaria su libro Cierto Azul, el cual al parecer de la escritora Ana Cristina Rossi es un libro surrealista, y fantástico.

El libro inicia con un relato de lo que es la calle para el protagonista fuente infinita de asombro, dolor y libertad. ¿Qué es lo que cuenta en esta vida? Fernando Contreras nos dice que la libertad, la solidaridad, la creación y la improvisación, es decir el amor. Todo ese va junto y es inseparable, aseveró la Magistra Ana Cristina Rossi.

Cierto azul narra la historia de un niño huérfano y ciego, el cual es adoptado por una pandilla de gatos músicos, todos integrantes de una banda de jazz. Arturo el es un niño de 7 años que vive en la calle, el chico es adoptado por el gato Freddy Freeloader y los integrantes del sexteto de jazz.

“La calle es una sorpresa en ondas expansivas, nunca falta alguien que se agache y chasquee los dedos para llamar la atención y me rasque la cabeza si me acerco. O alguien que me quite de su camino de una sola patada en las costillas pero esa es la calle fuente infinita de asombro y dolor. La vida sería más fácil sin pulgas. Nos rascamos y nos sacudimos inútilmente. Las pulgas nos habitan, nos pueblan, nos beben, trabajamos para ellas. Pero esto es vivir en la calle, y la verdad, no cambiaría ni una de mis malditas pulgas por un segundo de mi libertad”.

Los gatos del libro muestran a una ciudad capital: San José llena de comercio, una ciudad de negocios, donde ni siquiera los parques son sólidos manifestó el sociólogo Dr. Sergio Villena.

Para Villena Cierto Azul es la tercera pieza de la trilogía de Contreras que inició con Única mirando al mar y Los Peor.

El libro de Contreras Castillo Cierto Azul consta de 70 páginas en las que resalta los valores humanos trascendentales como la solidaridad, la amistad y la libertad comentaron los académicos presentes en la presentación de este libro que se efectuó en la sala multiusos de la Escuela de Estudios Generales de la UCR.

El autor aseguró que el libro parte fundamentalmente de una premisa: el amor es un acto subversivo y peligroso.

Fernando Contreras: Esta novela mía es más exigente

Fonseca Q., Pablo. “Fernando Contreras: Esta novela mía es más exigente”. La Nación (San José, Costa Rica), 8 de diciembre de 2006

Entrevista:

El escritor Fernando Contreras acaba de presentar Cantos de las guerras preventivas, una novela en la cual explota los temas del terrorismo, las guerras y la contaminación.

Esta parece ser una novela tan apocalíptica como esperanzadora. ¿Qué mensaje quiere dar?

Creo que el término apocalíptico no es lo que busco porque no hay un final definitivo de la especie humana. Está la idea de una destrucción en muchos sentidos, como el social y el ecológico. La destrucción es consecuencia de esta dirección en la que vamos actualmente, pero al fin y al cabo pienso que la vida será más fuerte y en medio de esa destrucción creo que habrá grupos de humanos que quieran vivir pacíficamente, aun en condiciones rudimentarias.

El tema de la novela está fuertemente anclado en lo que sucede en el mundo desde el 2001.

Claro, es la historia del mundo que cambia con la farsa del 2001, cuando se emprende una estrategia absurda y homicida llamada “guerras preventivas”, que no es más que el eufemismo utilizado para justificar todas estas acciones brutales. Simplemente son proyectos homicidas y criminales.

Después de que parte del mundo se destruye con “guerras preventivas” quedan algunos humanos que deben empezar de nuevo.

Aunque en el texto estemos hablando de grandes ataques, todo en el texto está desde el punto de vista de las víctimas que son bombardeadas arbitrariamente. ¿Qué pasa cuando la ciudad es destruida y la gente queda sin luz, sin agua, sin casa o cuando no sabés qué le pasó a tu familia? Entonces la gente sale a la calle y no hay nada. Eso que queda en ese momento es la realidad desprovista de todo y los humanos no podemos vivir en la realidad. Nosotros podemos vivir porque vivimos en nuestras ficciones cotidianas, reinventando el mundo constantemente y entonces esos seres humanos deben crear sentido de nuevo.

¿Es arbitrario el espacio preponderante a la religiosidad?

Por un lado está la religión desde la oficialidad y por el otro la recuperación que hacen los disidentes de la religiosidad. En el tercer capítulo hay toda una degradación de la idea de la religiosidad como institución, pero en el quinto existe un tratamiento de la figura de Dios sumamente respetuoso porque nace de la gente. ¿A qué se acude para fundar de nuevo el mundo? A la idea de Dios, la idea de la religiosidad.

¿Cree que el mundo va hacia donde usted lo describe?

De todo corazón yo quiero que no, pero hasta ahora no hay nada que me demuestre lo contrario. Todos los proyectos armamentistas van en esa dirección. No veo voluntad política para evitar un desastre de esa magnitud.

¿Qué representa este nuevo libro en su carrera literaria?

El escritor y su público se necesitan mutuamente. Esta novela es un poco más exigente para el lector, un poco más dura y requiere un poco más de esfuerzo que mis libros anteriores.

Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe

Soto, Michelle; Montoya Rodrigo (fotógrafo).  “Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe”. Perfil (555): 74-77, 19 de octubre 2007

En agosto, la Academia Costarricense de la Lengua dio la bienvenida a Anacristina Rossi, y con ella, a la literatura afrocaribeña.

Escuchar a Anacristina Rossi es como oír las olas reventar. Su verbo es tan furioso como el mar, pero sus palabras también tocan la orilla como espuma.

Con ella se conversa de literatura, de lengua, del ser mujer, de utopías y sueños, de medio ambiente y, sobre todo, de Limón. Rossi lleva el sol en la piel y el viento en el cabello, ella es Caribe.

El pasado 23 de agosto, se incorporó a la Academia Costarricense de la Lengua. Es así como su nombre se une al de Arnoldo Mora Rodríguez, Rafael Ángel Herra, Adolfo Constenla, Samuel Rovinski, Estrella Cartín, Julieta Pinto y Alberto Cañas, entre otros.

En su discurso de incorporación rescató del silencio los textos de Samuel Charles Nation y, con estos, una literatura afrolimonense de principios del siglo XX.

SUS LETRAS

Rossi estudió lingüística y lenguas modernas en Inglaterra, Francia y Holanda. Obtuvo una maestría en idiomas y un doctorado en ciencias de la traducción.

Es activista ambiental y social, rasgo que se refleja en su libro La loca de Gandoca de 1991. Sus novelas María de la noche (1985) y Limón Blues (2002) fueron distinguidas con el Premio Nacional en ese género. Sus escritos son objeto de estudio en universidades costarricenses  y estadounidenses.

Ha participado en congresos sobre literatura en Estados Unidos, Alemania y Panamá, entre otros. Fue invitada por el Ministerio de Cultura de Francia como representante del istmo en el Programa “Belles Etrangéres”, el cual fue dedicado a Centroamérica en 1997.

Asimismo, recibió la Medalla Presidencial del Centenario del Nacimiento de Pablo Neruda, la cual fue otorgada por el Gobierno de Chile por la proyección social de su obra literaria.

Por más que sus textos trascienden fronteras, Rossi suele regresar a Limón de su infancia, al que lleva siempre del lado izquierdo del pecho.

UTOPÍAS

En la última década, la voz mestiza de Anacristina Rossi tiene la sonoridad de un blues, y últimamente, de un reggae.

A finales de 1997, emprendió la investigación que le llevó a escribir Limón Blues y que le despertaría la necesidad de seguir recopilando y escribiendo aún después de Limón Reggae.

En la Biblioteca Nacional, desempolvó periódicos limonenses publicados entre 1903 y 1942, génesis de una literatura costarricense escrita por afrodescendientes.

“¿Qué es lo que nos dice esa literatura sobre Costa Rica?  En ella, los ticos nos vemos reflejados desde el punto de vista de alguien que nos ve –al mismo tiempo- desde adentro y afuera, desde otra y nuestra cultura”, comenta Rossi.

Fue así como conoció los textos del periodista y ensayista Samuel Charles Nation. En su prosa se develaron los ideales y las luchas por la reivindicación de los afrodescendientes y la figura mítica de Marcus Garvey.

“Mi esfuerzo es tratar de recuperar la literatura que hay en esos periódicos, hay una enorme riqueza en ensayos periodísticos y poemas. Eran el único lugar donde los afrodescendientes podían publicar porque no tenían editoriales”.

Mi sueño es, algún día, tener tiempo y el dinero para recoger esos ensayos, sacarlos de los periódicos, seleccionar, ordenar y ver cómo hago un libro para jóvenes y otro que recoja todo el material” añade la escritora con ímpetu.

En Limón Blues, la pluma de Anacristina de el primer acercamiento a esta literatura donde se retrata esa búsqueda de la utopía.

Con esa prosa de prisa, cargada de blancos que asesinan, negros que forman sindicatos, periodistas que publican páginas muchas veces censuradas, bananos destrozados por el machete de la Compañía, tambores que suenan hasta el amanecer, mujeres blancas que tiemblan por la carne oscura de sus sirvientes negros, olas que no dejan de reventar en la arena cálida y amores que se hacen y se deshacen bajo ese sol tropical que todo lo envuelve y todo lo embruja, los años transcurren con una velocidad vertiginosa, como si el tiempo se nos fuera a acabar sin permitirnos terminar la historia.

Y con esas esperanzas que se truncan con el paso de los años, Limón parece una de esas niñas rurales que envejecen antes de tiempo. Como resultado, solo queda el recuerdo, la nostalgia de un pasado que este país, que se precia de multiétnico, simplemente prefiere olvidar y que esta escritora nuestra, que se llama Anacristina Rossi, nos lo resucita de entre los muertos”, reseñó Manuel Delgado a propósito de la novela para Club de Libros.

Pero, Limón Blues terminó en 1973. Aún quedaba mucho por escribir, la escritora quería hablar de ese Limón que conoció de niña y adolescente. Fue así como se desencadenó una segunda utopía, la propia y la colectiva.

Limón Reggae habla de la revolución en Centroamérica durante los 70, centrada en El Salvador. Pero, también recata los ideales de Afrotsco de Limón y los Rastafari de Puerto Viejo.

“En Centroamérica se trató de tener dos utopías: la revolución nicaragüense y la salvadoreña. La salvadoreña terminó en gran fracaso, la nicaragüense por lo menos tuvo su periodo. Lo mismo le pasó a los Rastafari, pero ellos recrearon la utopía en el interior, y en lugar de aspirar a una utopía colectiva y grande, decidieron tener una más pequeña y es sobre todo interior.

Lo mismo pensaban los grupos negros en Limón durante los 70, Afrotsco era un grupo real y Milton Franklin (quien fue uno de sus integrantes) sigue pensando que los ideales de un cambio interior son vigentes. Para los socialistas y los de la teoría del marxismo, la utopía está afuera; pero lo lindo de él es que la utopía esta adentro”, recuerda la “loca de Gandoca”

-Y ahora, ¿cuál es la utopía que estamos persiguiendo?

-La única utopía posible es la paz con la naturaleza. Pero no la que dice nuestro presidente, con la que no estoy de acuerdo, porque la incluye con cosas tan devastadoras como este tratado de libre comercio. Las luchas ecológicas han costado tanto y han sido siempre como mitad perdidas y mitad ganadas, y cuando se ha ganado siempre ha sido gracias a la Sala Constitucional.

“No es que los seres humanos destruyan el ambiente porque son malos, sino porque la conservación entra en conflicto con sus ideas de dinero. Está bien que hagan dinero, no tengo nada en contra del comercio ni los negocios, pero tienen que tener un límite.

“Se necesita un cambio de actitud de todos y todas para detener el calentamiento global, es el reto más grande. La utopía está en ponernos un freno a nosotros mismos, debe ser modesta en ese sentido”.

NUESTRO AFROASCENDIENTE

La palabra evoca. Se dice que se empieza a existir en el momento en que se nombra. En ese sentido, la prosa de Rossi nos confronta con nuestra afroascendencia, nuestra identidad como costarricenses.

“Las mujeres cobran existencia cuando se les nombra, de lo contrario no están. Lo mismo pasa con nuestra afrodescendencia.

¿Dónde está ese abuelo y abuela negra?

¿Por qué nos vemos en el espejo y decimos que somos blancos, por qué los negamos?.

Tengo 10 años de confrontar esa cultura y de confrontarme a mí misma con mis propios ascendientes. Ese ha sido un reencuentro lindísimo, quisiera que ese reencuentro fuera de toda Costa Rica”, reconoce.

Como dijo una vez María Lourdes Cortés, Limón “es la síntesis de lo que es Ana la mujer, y Ana la escritora: de sus fantasmas, sus deseos y sus luchas. Es el rondón de sus de sus raíces, hundidas en el pasado y de sus sueños volando hacia el futuro”.

-¿La Academia Costarricense de la lengua con su incorporación está reconociendo, como un primer paso, a ese antepasado negro que tenemos los costarricenses? ¿Nos estamos viendo en la literatura afrodescendiente?

-Es un primer paso. Todavía no nos estamos viendo, aún falta recuperarlo y rescatarlo.

“Como académicos, cada uno tiene su campo de estudio. Todos tenemos nuestras locuras y teleles con la lengua. El mío ha sido tratar de ser un puente entre la cultura y la literatura afrodescendiente de principios del siglo XX y la actual, porque siempre negamos el problema de racismo y no hay que tenerle miedo a las palabras, ese racismo nos ha hecho estereotipar lo que fue.

“Limón no es solo ese rice and beans y carnavales, tiene un enorme bagaje cultural y una enorme riqueza que aportarnos, pero nosotros le damos la espalda”.

-¿En que consiste el trabajo de la Academia Costarricense de la Lengua?

-Somos traductores entre la lengua clásica y la de hoy. La lengua es un organismo vivo y funciona quieran los académicos o no. Entonces, lo que nos toca es ser puentes entre esa lengua que va evolucionando y la lengua clásica, como un filtro que permita ir incorporando al acervo clásico toda esa novedad. Habrá cosas que se podrán incorporar y otras no. Una tiene que estar atenta para recordar la estructura de nuestra lengua y así se pueda asimilar lo nuevo, sin perder la estructura.

-Ha señalado que para que la Academia Costarricense de la Lengua pueda trabajar, requiere de una sede, ¿Son como Quijotes sin Rocinantes o Sanchos sin burros, qué ha pasado?

-Andamos como del tumbo al tambo, como gitanos, y no podemos asentarnos para hacer un trabajo serio porque no tenemos sede.

“Al final del gobierno de don Abel, estaba lista la sede en la avenida central. Pero, por problemas burocráticos, no se concretó. Entonces, le hemos pedido ha este gobierno que nos dé un lugar donde estar.

“¿Cómo vamos a hacer un buen trabajo si tenemos que andar con todo bajo el brazo? ¿Adónde se va a sentar uno a guardar los documentos? ¿Cómo vamos a hacer trabajos en conjunto en la Academia si vamos de aquí para allá? Somos Quijotes a pie”

-¿Son  necesarias las editoriales pequeñas para leernos como costarricenses y tener variedad de voces sobre nosotros mismos?

-Hay un problema en Costa Rica muy grande, que la existencia de editoriales no va a arreglar y tiene como resultado la mediocridad. El problema es que no nos atrevemos a decirnos la verdad sobre lo que pensamos de los textos de los otros.

“Aquí no hay crítica porque no se soporta. No tenemos la madurez para aguantar vernos expuestos. Eso nos impide crecer como escritores y quedarnos en una mediocridad, los golpazos son los que nos van haciendo crecer.

“Los golpes que me he llevado hicieron que tratara de superarme. Los golpes que realmente se asimilan son los fuertes, como los que se dan en público. Para que nuestra literatura crezca, hay dos cosas que deben ir juntas: que hayan editoriales para leernos y que podamos hacernos crítica”.

Deuda saldada

Soto, Rodrigo. “Deuda saldada”. La Nación. Ancora. (San José, Costa Rica), 16 de febrero 2003, p. 6

Han pasado casi 20 años desde que Anacristina Rossi publicara su novela María la noche (Lumen, 1985). En ese lapso, publicó la nouvelle La Loca de Gandoca (EDUCA, 1992), a la que no obstante su éxito editorial hemos de considerar una obra menor, y los desiguales relatos incluidos en la colección Situaciones conyugales (REI, 1993). De este modo, la sensación de que la autora de María la noche estaba en deuda con los lectores era, creo, bastante generalizada. Hoy, con la publicación de su novela Limón Blues (Alfaguara, 2002), me atrevo a afirmar que la deuda ha sido saldada, pues con ella, Rossi retoma la senda de su mejor narrativa: rigurosa, profunda y de largo aliento.

En esta ocasión, la autora lanza una mirada retrospectiva a la historia de la inmigración antillana -particularmente la jamaiquina- a la costa caribe costarricense. Por ello, la novela de Rossi se relaciona con otras que, en años recientes, han  abordado desde distintos ángulos ese mismo tema: Calypso, de Tatiana Lobo, La Flota Negra, de Yazmín Ross, así como con la de los autores afrocostarricenses, en particular la de Quince Duncan. Sin embargo, y sin ser un especialista en la materia, tengo la impresión de que ninguno de los intentos anteriores había sido tan abarcador y riguroso en su afán de recrear la historia de esta inmigración.

La novela se teje alrededor de la historia de tres personajes principales -los jamaiquinos Orlandus Robinson y su mujer, Irene, y Leonor, una aristócrata costarricense (es decir, ticomeseteña)-, cuyas vidas se cruzan en diferentes momentos y circunstancias. A partir de ellas, la autora reconstruye con trazo firme y abundante documentación una de las facetas más ricas, pero también más relegadas, de la historia contemporánea del país: la de los antillanos, que a partir de finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX llegaron a las costas limonense y talamanqueña y cambiaron para siempre la fisonomía de nuestra nación.

En esta historia -y en la vida de los personajes que conducen la narración-, jugará un papel determinante la U.N.I.A., el movimiento político fundado por Marcus Garvey, cuyo programa aspiraba en última instancia a la repatriación de todos los negros al África. La mirada que nos propone la autora sobre ese movimiento y sobre su carismático líder dista de ser simplista o apologética. Por el contrario, trata de ahondar en las contradicciones que lo tensaron y que, en última instancia, condujeron a su fracaso. Asimismo, la novela dibuja el papel que jugó el enclave bananero de la United Fruit Company, no solo en la vida de estos inmigrantes, sino en la de toda la nación costarricense.

Sabia amalgama

En conjunto, la novela arroja una visión muy diferente de la que la mayoría de los costarricenses tenemos de esa zona del país y de ese momento de la historia, y nos propone un Limón cosmopolita y dinámico, mucho más vinculado con el extranjero de la que estaba entonces el resto del país. Y aun cuando en lo personal he tenido la impresión de que algunos trazos de ese dibujo están un tanto magnificados o idealizados, uno termina de leer el libro con la convicción de que ahí se encuentra una imagen aproximada -y en todo caso mucho más completa de la que hasta entonces teníamos- de esa parte de la historia del país.

Aun tratándose de una novela rigurosamente, documentada, en ningún momento la obra deja de ser eso: una novela. Y la autora se encarga de recordárselo, no solo mediante la construcción de personajes ricos y complejos, que son quienes en todo momento conducen los hilos de la trama, sino también con algunas escenas que, alejándose del tono documental que impregna la obra, se adentran decididamente en la imaginación poética y literaria. Salvo algunos detalles que más allá de su realidad histórica resultan poco verosímiles -como una copia fotostática en los años veintes-, la novela resulta convincente desde el punto de vista histórico. Más importante aún, resulta convincente y con frecuencia apasionante como relato novelístico. Quizás por momentos la narración se hace demasiado atropellada y los lectores hubiéramos agradecido alguna pausa o signo tipográfico que separa las escenas, pero estos detalles carecen de relieve al lado de la fuerza narrativa y de la riqueza documental de lo obra.

Novela en donde la recreación histórica, el apunte político, la reconstrucción cultural y el dibujo psicológico se armonizan y amalgaman sabiamente, Limón Blues se anuncia como la primera parte de un díptico cuya segunda parte esperamos desde ya los lectores.

Joaquín Gutiérrez vive en francés

Doriam Díaz. “Joaquín Gutiérrez vive en francés”. La Nación. Suplemento Viva (San José, Costa Rica), 6 de junio de 2003, p. 9

La espera de más de una década se transformó en un logro para la literatura costarricense. La editorial Actes Sud, una de las más prestigiosas de Francia y Bélgica, acaba de publicar en francés la novela Murámonos Federico (1973), del escritor costarricense Joaquín Gutiérrez  (1918-2000).

Dicha edición se titulada Mourons (ensemble), Federico (Murámonos (juntos), Federico) y es una traducción del español realizada por Roland Faye, quién también pasó al francés la novela Ceremonia de casta, de Samuel Rovinski.

Faye tradujo la novela de Gutiérrez a principios de los años 90; no obstante, el trabajo tuvo un azaroso destino que culminó en mayo pasado con la publicación del libro en Actes Sud.

Y la espera valió la pena pues Actes Sud, fundada en 1978, tiene un catálogo con 1.800 títulos, publica 140 títulos nuevos por año y ha dado a conocer en lengua francesa a unos 2.200 autores.

Es más, ese sello le ha descubierto a los francófonos a autores como el húngaro y Premio Nóbel de Literatura Imre Kertész, la cubana Zoé Valdés y el norteamericano Paul Auster.

Cuidadoso trabajo

Mientras en Costa Rica se ha  privilegiado la lucha de Federico contra la compañía bananera, la edición en francés acentúa desde la portada hasta la contratapa los elementos más universales de la novela.

“Son justamente los elementos menos realistas del texto: la historia casi mágica de Estebanita, el humor, la ironía, la pugna entre dos mundos sometidos ambos –el personal –subjetivo y el social-objetivo- a la presión de la modernidad y de la tradición …”, explicó el escritor Carlos Cortés, quien revisó en detalle la obra en francés.

Es más, la contratapa del libro llamada El punto de vista de los editores expresa: “…el autor diseña una pintura de la alienación de los pueblos centroamericanos. Él entrega a sus personajes, todos admirablemente cincelados y coloreados, a las fronteras estrechas y reductoras de un mundo que vacila entre la tradición y la modernidad, seducción del sur y presión de norte”.

Según afirmó Cortés, la traducción es muy cuidadosa. Por ejemplo, las expresiones y nombres de los personajes se mantienen en el texto y se explican brevemente en notas al pie. Además, “…la versión reproduce el lirismo ingenuo del niño frente al relato narrativo de acción”, agregó.

La traducción de Murámonos Federico tiene 256 páginas y se encuentra en el catálogo de Actes Sud (www.actes-sud.fr).

Un detalle curioso: la novela estuvo dentro de las novedades de mayo del sello, junto a un libro del Nóbel Kertész.

Esta es la segunda novela costarricense que publica Actes Sud, la primera fue María, la noche (Maria, la nuit), de Anacristina Rossi.

El camino de Murámonos Federico en francés apenas comienza. La novela le sigue los pasos a Cocorí, que ha sido traducido a 10 idiomas, y mantienen vivo en el ambiente literario a Joaquín Gutiérrez.

Comprar "Murámonos Federico"

Comprar “Murámonos Federico”

Homenaje póstumo a don Joaquín Gutiérrez

Carlos Porras. “Homenaje póstumo a don Joaquín Gutiérrez”. Tiempos del Mundo. (San José, C.R.), 21 de agosto, 2003. página 3

La tertulia literaria “Entre Líneas” de agosto será dedicada a la novela Murámonos Federico, de Joaquín Gutiérrez, publicada hace 30 años. Familiares, amigos y estudiosos de la obra de don Joaquín participarán en el encuentro.

Nació premiada por partida doble. En 1973, la novela Murámonos Federico ganó el Premio Editorial Costa Rica, que se convocaba por primera vez ese año y, una vez editada, ganó también el Premio Nacional de Novela Aquileo Echeverría. La novela fue recibida con entusiasmo, pero generó también un brote de polémica ya que muchos la criticaron fuertemente. Las críticas, sin embargo, eran tan disparatadas, que empujaron al filósofo Constantino Láscaris a escribir un irónico artículo titulado: “Defensa de un libro que no he leído”.

Láscaris nunca aclaró si finalmente leyó el libro o no, pero lo cierto es que tras su aparición, en 1973, la novela pronto llegó a convertirse en texto de lectura obligatoria en la secundaria y fueron muchas las generaciones de estudiantes que descubrieron en sus páginas toda la vitalidad de un drama doloroso pero cargado de heroísmo. “Murámonos Federico”, considerada una obra maestra de la literatura costarricense, es quizá la más compleja de las seis novelas de nuestro recordado escritor.

A través de un alternado concierto de voces, en que se entremezclan diálogos con amigos, cartas, páginas de un diario, recuerdos, reflexiones y sueños, se va dibujando el desmoronamiento de la vida de Federico García, un hombre terco, abogado y finquero, a quien en un breve lapso le cambia la fortuna de repente. De respetado profesional, feliz padre de familia, próspero cultivador de banano y hombre ingenioso y robusto que comparte charlas con Colacho, su amigo de toda la vida, Federico pasa a una situación desesperada. Muere su amigo, su esposa se enferma, dejan de recibirle la cosecha de banano y, por ello, termina hundido en deudas, su hijo abandona los estudios, su hija se va de la casa con el novio, la compañía bananera lo acorrala para quitarle sus propiedades y, casi simultáneamente, empieza a perder peso, a envejecer, y el médico le anuncia que está enfermo del corazón.

Todas se le vinieron juntas y tratando de hacer frente a las batallas de tantos frentes abiertos, Federico logra a pesar de todo mantener su dignidad y su sentido del humor. Dolorosamente efectivas, las ironías que suelta Federico mientras todo el mundo se le está cayendo encima conmueven por su fortaleza y vitalidad.

Una novela extraordinaria en la que el humor, el amor, la ironía, la denuncia y la reflexión profunda convergen en una drama palpitante, escrito con la genial maestría de un Joaquín Gutiérrez en plena madurez.

El lunes 25 de agosto, a las siete de la noche, en el Instituto de México, se realizará la Tertulia Entre Líneas para conmemorar los treinta años de la novela Murámonos Federico. El acto consistirá en una breve conferencia sobre la obra y una tertulia con la participación de doña Elena Nascimento de Gutiérrez, su esposa, así como algunos de sus amigos, como el escritor Rodolfo Arias y el editor Sebastián Vaquerano, entre otros.

(Redactado el 21 de agosto de 2003)

Comprar obras de Joaquín Gutiérrez

Cierto azul (este libro está agotado)

Un niño huérfano de siete años de edad, abandonado en las calles de San José y además ciego, es adoptado y criado por un sexteto de jazz, cuya inolvidable particularidad es que está conformado exclusivamente por gatos –sí, sí: mininos de cuatro patas–, los cuales habitan en los cielos rasos del Mercado Central y deambulan por toda la ciudad. Ya esa sola referencia fabulesca nos da una idea de las libertades alegóricas y de improvisación que se tomará esta nouvelle para encaminar al lector por los mejores momentos del jazz, el blues y otros ritmos de origen afro, sin ocultar, con fino humor, una buena carga de filosofía y otra de crítica social. Lo inverosímil de la convivencia gatuna es sorteada con gracia por la fuerza de un lenguaje poético y un estilete de seda que sabe donde punzar las falacias y corruptelas de una sociedad “perruna” que poco aprecia valores como la libertad, la improvisación, la diferencia, la rebeldía, la amistad o el amor.

“La normalidad es una camisa de fuerza que, cuando se ajusta de un lado, se descose del otro”, dice el personaje principal del libro; un típico Cronopio que detesta lo corriente y se desvive por maestros del jazz como Mills, Evans, Sandoval o Gillespie.