Francia, Centroamérica y la Bellas Letras Extranjeras

Argueta, Manlio. ʺFrancia, Centroamérica y la Bellas Letras Extranjerasʺ. Co Latino. Suplemento Cultural 3000. (San Salvador, El Salvador), 3 de enero de 1998 p. III

1. El Intercambio y el Fortalecimiento Cultural.

La tradición de Sarte, de Camus, de Malraux, de los poetas y artistas de la resistencia contra el nazismo dejaron sus rasgos en Francia: arte y cultura y su transcendencia política. Antes del “boom” de la literatura latinoamericana, es decir antes de los 60, viajar a Francia fue el sueño mayor de los escritores; pero los sueños pueden ser recurrentes y algo novedoso pueden otorgarnos estos encuentros en el marco de mayores acercamientos globales, incluyendo los tecnológicos. De ahí lo importante que Les Belles Etrangeres, organizado por el Centro del Libro y el Ministerio de Cultura de aquel país, haya incluido a Centroamérica en su programa. La visita se realizó de 15 al 30 de noviembre, con la participación aproximada de 16 escritores centroamericanos.

Poetas y narradores, la mayoría de ellos traducidos al francés, formaron la delegación compuesta por Mario Monteforte Toledo y Rodrigo Rey Rosa, de Guatemala: Ana María de Britton, de Panamá; Claribel Alegría y Manlio Argueta, de El Salvador, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli y Sergio Ramírez, Nicaragua; Ana Cristiana Rossi, Ana Istarú y Quince Duncan, de Costa Rica. Además nos acompaño en varias actividades el novelista y periodista de Costa Rica Carlos Cortés, quién entre otras tuvo destacada participación en acto dedicado a Roberto Armijo, en los recintos de la Sorbonne; también se sumó a la visita el escritor Guatemalteco José Mejía. Ambos residen en Francia.

Centro de permanencia fue el Hotel Lutecia, esquina de Bulevard Raspail y Serves Babylonia, que sirvió de cuartel general de la Gestapo, cuando los nazis ocuparon París. Según Monteforte Toledo, aún se escuchan por las noches los fantasmas de presos y torturados de la Resistencia francesa.

Hubo otras recepciones de autoridades locales y universitarias en varias ciudades: Arles, Nantes, Reims, Tolousse, Bordeaux, La Rochelle, Cergy-Pontise, Blois, Ferminy, Limoges, Clermont-Ferrand, Aux en Provence, Tours. Para cumplir con esta apretada agenda debimos distribuirnos en varios grupos.

  1. Receptividad de la Literatura Centroamericana.

Al día siguiente de nuestra llegada somos recibidos por la Ministra de Cultura, Mme Catherine Trautmann, con un desayuno en Palais Royal. Por la noche se estrenó en la Nueva Opera de París, construida por Mitterand, el documental de 50 minutos “Los escritores en Centroamérica”, dirigido por Dominique Rabourdin; luego pasó por la TV francesa. Palabras alusivas fueron ofrecidas por Jean Sebastián Dupuit, Secretario General del Centro Nacional del Libro y la Embajada de Guatemala.

Nobleza obliga hacer mención especial de la fraterna y solicita atención de las Belles Extrangeres, representadas por Martine Brelle, Florabelle Rouyer y Valerie Toussaint, con la presencia permanente de la coordinadora centroamericana: Maria Lourdes Cortés, agregada cultural de la embajada de Costa Rica en Francia. Y la necesaria guía de las jóvenes del Ministerio de Cultura, Eduwige y Estelle, en las visitas a las provincias; y el apoyo de traductoras(es) transportistas y organizadores en universidades y centros culturales.

El segundo día fuimos recibidos en la Casa de los Escritores Franceses, en París. Al día siguiente nos trasladamos a Saint Nazaire, Bretaña, por invitación de la Casa de Escritores y Traductores de esa ciudad. Nos reciben en el hotel de la Playa los dirigentes de la Casa, Christian, Patrick y Nicasio y funcionarios locales, con un brindis de la bebida típica: mezcla de vino blanco y Cassis, licor hecho de arándanos. En este hotel se filmó la película “Las vacaciones de Sr. Hulot”; una escultura del actor Jacques Tati avizora el mar. La TV local filma a los escritores.

  1. Se concreta el Intercambio Literario.

Por lo demás, la casa de Escritores y Traductores de Saint Nazaire, sella estas relaciones concediendo en el 98 una beca de residencia a dos escritores de la región: Miguel Huezo Mixco, de El Salvador y Roberto Castillo, de Honduras, ello implica traducción y publicación del libro escrito durante la estadía. ¡Saint Nazaire! Fue borrada del mapa en un 90% por los bombardeos aliados que trataban de destruir una base de submarinos construida por la ocupación nazi. Sin embargo, la base de hormigón acero quedó intacta. Nos informaron que se convertirá antes del 2000 en un gran centro cultural.

A mi retorno a París, por lo que casi nunca he celebrado, tuve la grata sorpresa de la celebración de mi cumpleaños en la Casa de los Escritores, donde estuvieron presentes escritores franceses de la Casa, las organizadoras  Martine y Valerie; María Lourdes Cortés, Carlos Cortés y Sergio Ramírez, Gioconda Belli, Ernesto Cardenal, Claribel Alegría y Ana Istarú. Los demás estaban de visita en otras ciudades.

Encuentro con amigos: Fernando Carballo, sociólogo peruano; visita a Montmartre al salvadoreño José William Armijo, hermano menor del poeta, cantante, teatrista y novel escultor.

  1. Recorrido por la Provincia Francesa

Me tocó viajar a Reims, ciudad con la catedral gótica más importante de Francia y que junto a Notre Dame y Chartes, historias emotivas y vivientes, conforman una trilogía del pasado plenas de historia emotiva y viviente de aquel país. Sopresa: encuentro en Reims con el traductor de una novela del salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa, La historia del traidor del nunca jamás, traducción que desconocía.

Traslado a la ciudad de los Alpes, Grenoble; visito la Universida Stendhal. Me acompaña Ernesto Cardenal. Cena con la alcaldesa y con el Director de Relaciones Internacionales de esa Universidad y con la Directora de la Biblioteca de Grenoble.

Varios viajes en el TGV y el Thalys, trenes de 300 y 350 kilómetros por hora. (Pensaba: ¿en cuántos minutos llegaría de San Salvador a San Miguel y en cuántas horas a San José Costa Rica? Europa es el tren, la cultura de desarrollo; también de la comodidad y el bienestar ciudadano). Paradoja: Nuestros países pobres y tristes destruyeron el tren para privilegiar el automóvil, por lo general instrumento contaminante y homicida que refleja la insensibilidad social.

Al final fuimos despedidos en Casa de América Latina y por la Embajada de Guatemala. Esa misma noche recorremos casi tres kilómetros, con el hondureño Roberto Castillo, la rue de la Cherche Midi, homenaje fraterno a la Maga de Julio Cortázar.

Centroamérica y Francia, un reencuentro literario que viene a abonar la gran tradición e influencia de aquel gran país en la cultura de Latinoamérica.

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Calufa, investigador

Molina Jiménez, Iván. ʺCalufa, investigadorʺ. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 27 de abril de 2013, p. 34A

En la literatura costarricense, a Carlos Luis Fallas Sibaja (1909-1966) se le considera fundamentalmente un autor de novelas y relatos, justamente célebre por obras como Mamita Yunai, Gentes y gentecillas, Marcos Ramírez y Mi madrina.

Fallas, sin embargo, fue también un escritor de ensayos políticos, sociales e históricos, como se puede apreciar en el libro De mi vida, que acaba de publicar la Editorial de la Universidad Nacional.

De los materiales incluidos en esa obra, hay tres ensayos que son de particular interés, ya que para elaborarlos Fallas realizó un detallado trabajo de campo con el fin de conocer las condiciones de vida y laborales de ciertas categorías de obreros y productores agrícolas.

El primero, publicado en diciembre de 1933, se refiere a la situación de los barreteros en el Caribe y a sus conflictos con la United Fruit Company. Este estudio constituye un antecedente fundamental del relato “Barreteros”, que Fallas terminó de escribir en 1941 y publicó en 1954.

En una línea similar, el segundo ensayo, publicado en agosto de 1935, explora el mundo social de los mineros de Desmonte y de los campesinos de las áreas aledañas, enfrentados con los intereses de dos empresarios extranjeros. Curiosamente, esta importante contribución de Fallas no ha sido considerada por los historiadores costarricenses y extranjeros que décadas después analizaron la problemática minera.

Finalmente, el tercer ensayo es el más conocido de todos, dado que circuló como folleto en 1960 y fue reimpreso en 1978: “Don Bárbaro”. En este trabajo, cuyo título evoca la célebre novela que Rómulo Gallegos publicó en 1929, Fallas analiza la concentración de la tierra en Guanacaste y, especialmente, la lucha de los pequeños y medianos productores agrícolas por defender sus propiedades, amenazadas por lo que él denominó “el latifundio de los Morice”.

Los dos primeros ensayos referidos evidencian ya los tempranos esfuerzos de Fallas por observar, describir, recoger testimonios, revisar documentos, verificar la información obtenida, ordenarla, comparar resultados y analizarlos. Las capacidades indicadas encontraron su mejor expresión en “Don Bárbaro”, que destaca por una mayor exhaustividad en la recolección, sistematización y análisis de los datos.

Por estos ensayos, y otros que también están incluidos en De mi vida, Fallas debería empezar a ser considerado como una figura relevante en el desarrollo de las ciencias sociales en Costa Rica. Imaginativo practicante de la historia oral, fue también pionero en la construcción de la historia de los trabajadores, de los pequeños y medianos productores agrícolas y de los movimientos sociales.

http://www.nacion.com/2013-04-27/Opinion/Calufa–investigador.aspx

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Fiesta Teatral

Martínez, Lilliam. Fiesta Teatral. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 28 de marzo de 2002.

 En el marco del Día Internacional del Teatro, un grupo de actrices y actores se prepara para llevar a Costa Rica una nueva adaptación de “Un Día en la Vida”.

 Artteatro celebró el Día Internacional del Teatro por adelantado con la presentación de “Voces en el umbral”, a inicios de este mes. Después, Moby Dick hizo lo suyo con “Beranarda”.

La Casa de la Cultura de la colonia Centroamericana, La Luna y “La Chulona” serán puntos de encuentro para celebrar este día. Mientras tanto, los actores y actrices de Teatro La Calle se tienen algo entre manos.

 “Un Día en la Vida”…tica.

Teatro La Calle presentó hace casi un año una adaptación de la novela más conocida de Manlio Argueta a nivel mundial: “Un día en la Vida”.

Alguien de la embajada tica en nuestro país, vio la obra y le gustó. Por esta “buena fortuna”, Teatro la Calle está invitado a participar en el Festival Internacional de las Artes que cada dos años se realiza Costa Rica. Las presentaciones de “Un día en la vida” estan programadas del 17 al 20 de abril en la tierra del ¡pura vida!.

Con un viaje en su agenda, cuatro actrices (Rubidia Contreras, Xucit Chaves, Susana Reyes, Isabel Rodríguez) y tres actores Francisco Borja, Oscar Guardado y Ricardo Mendoza) se preparan. El lunes Santo, Planeta los pilló en pleno ensayo general, con vestuario y todo.

La puesta en escena que preparan se basa en una nueva versión teatral de la novela de Argueta. Es decir, está “obra” es diferente a la que se presentó el año pasado. Ricardo Mendoza y Manlio Argueta son los responsables de los cambios, pues veían “problemas de estructura”.

“En esta versión se introducirá un elemento nuevo: cine (video) dentro de la obra de teatro”. Con la ayuda del departamento de Comunicaciones y Periodismo de la UCA, Teatro La Calle podrá proyectar estractos de documentales de los 80s “para recalcar lo qué sucedió en ese entonces”, explica Mendoza.

Los gastos de estadía corren por cuenta de los organizadores del Festival, pero para “el pasaje” Teatro La Calle hará una breve temporada del 4 al 6 de abril en la UCA. La entrada costará 20 colones para estudiantes y 25 general. La obra ¡los vale!

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3 de febrero, 6 de la tarde

Cañas, Alberto. “3 de febrero, 6 de la tarde”. La República. (San José, C. R.), 11 de feb, 1974.  p.15

 Existe en el día de elecciones, aunque no lo sepamos, ese momento del atardecer en que al hombre a quien una ley idiota mutila y disminuye, se le despiertan viejos encuentros, vivencias, sentimientos y escenas; lo que está sucediendo en aquel instante y en el resto del día, entre aromas de fiesta, niños en las aceras y campesinos con expresión de orgullo, le está afectando personalmente; piensa que son sus afectos y emociones los que están jugando; que su juventud misma (que ahora comprende es lo mejor que se tuvo o se tiene) está de por medio, y que el acto ciudadano y patriótico trasciende para transformarse en un hecho íntimo, individual, de hombre a hombre, de amigo a amigo, de hermano a hermano. ¡No es la Patria, demonio, la que está en juego, sino mis 20 años!.

Eran unas luminosas cuatro de la tarde. Mi automóvil estaba despojado de la placa con bandera que lo distingue y me inutiliza. Yo podía discurrir por las calles y caminos como cualquier mortal. Y aquel joven muy cercano a mi casa desde hace muchos años, se instaló a la par mía para emprender el paseo de inspección y nervios.

Era el día decisivo, pero la pelea estaba terminada. Los costarricenses dejamos de enseñarnos los dientes precisamente cuando otros los afilan. Ya la gente esta votando y hay que dejar que lo hagan en paz. Los demás somos espectadores y no debemos perturbar al que esta metido, a solas con Dios y con la historia, en el sagrado recinto hecho de cartones. La paz que le proporcionemos le ayudará a decidir.

De suerte que si estamos en la calle es para disfrutar y para que nos disfruten. Porque aquél que se detiene en la acera con su banderita en la mano a gozar del espectáculo se convierte a su vez en parte del espectáculo, para que le gocen a él. Y todos los que acuden a presenciar el espectáculo a él se integran, y tantos somos los participantes como los espectadores.

Recorríamos las calles, y luego las carreteras, y los distritos, y las cabeceras de los cantones cercanos, haciendo recuento de banderas o bien de vehículos empeñados en descifrar por medio de los signos exteriores el misterio de las urnas, en conocer el secreto con tres, tal vez con apenas dos horas de anticipación. No hay curiosidad más intensa que aquélla que sólo debe esperar breve plazo para satisfacerse.

Atardecía y así avanzábamos en dirección oeste del resplandor del poniente procuraba que algunas banderas se confundieran con otras, y de pronto sentíamos que hacía falta acercarse mucho para saber si una bandera era de un partido o de otro. (Y no saquen de aquí metafóricas conclusiones rápidas los corifeos de la izquierda, que la confusión no reconoce barreras ideología, y muchas veces el acercarse era para distinguir si se trataba de colores del más racial de los extremismos o del conservatismo más correcto y engolado).

Hay algo de insólito, de inverosímil más bien, en ese vehículo que se introduce dentro de la vorágine de colores y sonido sin llevar insignia ni demostración. Yo iba en él y sentía sobre mis ojos y sobre mi nuca, miradas de desconfianza que no acertaban a comprender en qué consistíamos yo y mi carro.

Sin embargo, el que se siente extraño, o forastero, o sospechoso, tiene de pronto la sorpresa y breve alivio de notar que alguno le reconoce y le lanza una mirada de inteligencia para expresarle que comprende la difícil y engorrosa situación por la que pasa.

El interés sectario o anímico del paseo, fue pronto sustituido por una participación silenciosa en la euforia colectiva que -conforme avanzan las horas- iba perdiendo su interés partidista para ser únicamente la fiesta, la auténtica fiesta.

Esto lo vimos muy claro cuando ingresamos a la Avenida Central. Dos hileras de vehículos exhibían las ocho banderas de la campaña (algunos de ellos efectivamente las ocho) y sus ocupantes se cambiaban miradas de provocación (yo voy ganando) o de conmiseración (ya perdiste y no lo sabés) o de complicidad (la victoria es de ambos). Todo ello, sin que a ninguno de los que esperaban el triunfo -los muy menores ya se sabe que no lo esperaban- admitiese siquiera la posibilidad de no alcanzarlo.

Los radios difundían los boletines e instrucciones del Tribunal. Pero eso terminó cuando dieron las seis de la tarde. Entonces, del radio se desprendieron las notas del Himno Nacional.

Instintivamente le di al de mi vehículo todo el volumen posible. Tengo la sensación de que en todos los automóviles hicieron lo mismo, y de que la Avenida Central fue un gran Himno de nudo pegado.

Mi acompañante me dijo con toda sencillez:

-Entonces ya la elección terminó.

-Ya terminó.

-El próximo presidente ya esta elegido.

-Ya tenemos presidente aunque no sepamos quien es.

-Ya  no hay campaña política.

-Ya no hay campaña política, ni entre quienes ser neutrales.

-Entonces ya puedo hacer esto. No se de donde extrajo (creo que de debajo del asiento) una bandera de partido que me pareció enorme; la sacó por la ventanilla derecha del carro, y comenzó a agitarla con la fruición del esclavo liberado.

Yo pensé: “¿En donde me meto si me reconocen?”, y luego: “Ya no hay campaña y la elección terminó, de suerte que no puede haber partidarismo” (El abogado interpretando las leyes). Pero sin embargo y por si acaso, en la próxima esquina doblé al norte y me salí de allí, para tomar en cuanto pude la Avenida Primera y el camino de mi casa.

A las seis de la tarde y cuando se marcha hacia el este, las calles son más grises. Son lo más gris del mundo. El cielo se estaba un poco encapotando, pero el día –lo que quedaba del día- seguía luminoso. El Himno Nacional terminaba pero seguirían otros.

La Avenida Primera quedó casi desierta, porque los vehículos se apartaban de ella para participar en el orgiástico desfile final que se desarrollaba a una cuadra de allí, y del cual me llegaban los sonidos estridentes, rítmicos, desafiantes y clásicos.

Yo –pensé- podía o no podía participar de aquel desfile que, a pesar de las banderas y de los toques característicos de las bocinas, tenía ya carácter nacional. Pero en la duda abstente y puse el pie sobre el acelerador. El automóvil cobró velocidad y el viento entonces agitó con más fuerza la bandera que sobresalía de la ventanilla derecha, en las manos de mi sonriente y joven acompañante.

Yo compartía aquella sonrisa. Era mía también y era de todos. Y es probable que la ayudara a crecer, a hacerse más completa y definida, la canción que, a todo volumen, como si por la fuerza de mi voluntad hubiese de inundar todas las calles y avenidas, propalaba desde el radio la gran verdad de aquel momento y de aquel día: “Los hijos del pueblo levanten la frente, al sol refulgente de la libertad…”

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Un fantasma llamado Manlio Argueta

Mendoza, Rafael. “Un fantasma llamado Manlio Argueta”. Diario el Mundo (San Salvador, El Salvador), 25 de abril de 1987, p. 13

Anda por las calles de San José de Costa Rica, con su paso apresurado y un portafolios que parece estorbarle, yendo al Centro Cultural Costarricense–Salvadoreño que él fundó con apoyo de instituciones holandesas, o viniendo de todas las nostalgias que su voluntario exilio estancó para que el ácido de la distancia realizara el milagro novelesco, que en él es más que oficio, porque es casi una obsesión o serio compromiso en la trinchera literaria. Anda y no anda por ahí. Cabeza llena de llamadas por hacer, de cartas por armar, de nuevos capítulos que agregar a… quién sabe qué nueva sorpresa; y entre todas esas larvas se su pensar, algún encargo de su mujer que, como siempre , olvidó.

La última vez que le vimos, en su humilde indumentaria de peregrino laureado, andaba con Vëroed, el conjunto holandés que difundió en canciones muchos de los textos de “Un día en la Vida”. Fue el casco de Panamá, una noche de antorchas, guitarras y embriaguez poética. Luego se vinieron otros cinco años. Lapso que no dejaron de animar otras cartas, otras noticias de sus éxitos, nuevas esperanzas de reencontrarnos…  Hasta hoy, 27 de marzo de 1987, en el hotel donde me hospedo, de visita en Costa Rica para cumplir actividades paralelas a la Conferencia “Hacia la Paz en C.A.”.  El ha soltado el “quiúbole” pipil sin demostrar emoción, como lo expresaría alguien que nos ve a diario; la muestra de afecto las trae en dos o tres libros, entre los cuales destaca la edición en francés de “Un Día en la Vida”; me entrega además algunas copias fotostáticas de comentarios que de sus obras se han hecho en Europa y los Estados Unidos. Del hotel tenemos que salir apresuradamente rumbo al Centro Cultural Costarricense-Salvadoreño, su centro de operaciones y entidad que él fundó con colaboración de instituciones holandesas. El debe telefonear a su gente en Estados Unidos para informarse de las gestiones que aquél hace por el contrato de filmación de “Un Día …”.  Mientras él trata infructuosamente de establecer la conexión, leemos el material que nos confió:

“CUSCATLAN” Por Manlio Argueta… (traduzco). La brillante nueva novela del autor de Un Día en la Vida…  En esta obra maestra (textual) Manlio Argueta nos entrega un trabajo literario, sumamente atractivo y de gran hondura, que nos obliga a empatizar con un pueblo cuya historia política está tan entrelazada con la nuestra…”  Edición primera de Random House , Nueva York…

“Chatto Fiction… (sigo traduciendo). “Un Día en la Vida”…  Unos de esos libros que aparecen cada década y alternan nuestra concepción de la verdadera tragedia que hay detrás de los encabezados noticiosos…/… – Manlio Argueta, probablemente el principal novelista centroamericano, (en el libro) ha evocado la dura realidad de sus paisanos que viven en un país lamentándose bajo cincuenta años de explotación militar…”  Edición primera de Chatto & Windus, Londres…

“Manlio Argueta… “Un Día como Tantos Otros” (traduciendo el título original en francés)… Colección L’Autre Amerique, L’-Hartmattan… Francia… Manlio Argueta es actualmente el escritor salvadoreño más representativo por sus novelas que ponen en escena la trágica vida de sus conciudadanos…”

Salimos por fin de aquel teatro-taller que ya me tenía aplastado por el inusual calor del marzo tico, y ya en la calle, mientras aguardamos un auto que nos conduzca a San Pedro, asaltado por la sensación del exilio que me autoimpuse en Panamá, le pregunto al humilde migueleño que ha conquistado tanto respeto internacional: “¿Y vos ya te acostumbraste a este país? ¿Te sentís parte de San José o… todavía te jode la nostalgia?”… El, con su sonrisa bonachona, asiente con la cabeza y luego enfatiza… “!Más que jodido!… Yo aquí soy un fantasma… En otros países me reciben con los brazos abiertos y, aquí, a nadie le interesa saber qué hago ni dónde encontrarme… Todos saben que trabajo en este Centro y nunca me avisan si algún extranjero pregunta por mí… Todavía, algunos escritores locales, cuando me encuentran me preguntan que “dónde, en que país vivo ahora”… Eso parezco: un fantasma, traducido a varios idiomas pero ignorado en su región…”

Ahora andará con su portafolios en alguna calle de Londres. Lo dejamos ya casi preparando las maletas, despidiéndonos con el “nos vemos” de siempre, perdiéndose bajo el paraguas de la noche de otro día en la vida, la suya, la nuestra, la de su patria que él describe fielmente y quién sabe cuándo volverá a tenerlo en su subdesarrollado seno…    Rafael Mendoza.

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El teatro de Alberto Cañas

Gallegos Troyo, Daniel. “El teatro de Alberto Cañas”. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 3

Es un hecho indiscutible que el teatro de Alberto Cañas representa un momento decisivo en nuestra literatura dramática porque un teatro bien construido, de envidiable oficio, concebido con personajes ricos y variados, con temas diversos, y un excelente lenguaje. Pero, además de todas esas virtudes tiene algo de lo que yo tengo absoluta certeza. Es y será un teatro perdurable, y este es el mayor triunfo al que puede aspirar un dramaturgo.

¿Qué es lo que le da esa perdurabilidad, esa calidad de contemporaneidad que rompe las barreras del tiempo y de la moda, en esta época en la que abunda un teatro que se consume en tan solo una puesta, y se recuerda más que nada por su calidad de desechable? La respuesta la encontramos en la obra teatral de Cañas, que además de mostrar el inmenso talento y oficio de su dramaturgo, cuenta con ese don tan especial, tan intuitivo y difícil que lo caracteriza y que es la capacidad de conocer y penetrar acertadamente en el alma del ser costarricense, de adivinar con precisión lo que le preocupa y lo que lo hace reír.

En sus comedias nos identificamos fácilmente con sus personajes y, lo que es más importante, nos reímos con ellos, pero nunca de ellos, porque celebramos con buen humor esa mezcla de disimulada astucia, sorna, y buena dosis de sana ingenuidad, con que resuelven sabiamente aquellas situaciones cómicas que son la base de la comedia.

Y en sus dramas, de tan variados temas con los que Cañas nos induce a la reflexión, encontramos, también, un rasgo muy costarricense y es el de no asumir lo trágico como parte de un destino inevitable, porque Cañas piensa que el costarricense es optimista, que si bien acepta el reto de su condición humana, lo acepta no como derrota sino como un estímulo para seguir adelante y vencer escollos.

Carácter Universal. Si bien la obra teatral de don Alberto se desarrolla en localidades totalmente ticas, en áreas rurales, como es el mítico pueblo de San Luis, prototipo del cantón de nuestra meseta central, o en los barrios capitalinos con características muy especificas, en ningún momento los temas, personajes y anécdotas de su obra dejan, por esto, de tener un carácter universal. Poseen, diría yo, la misma magia de un Emilio Caballido, cuyas obras totalmente mejicanas pueden verse a lo largo y ancho de nuestra América y otos países, o la del genial irlandés John M Synge, cuyos personajes tan irlandeses y lejanos Geográficamente se comunican con públicos de diferentes lugares y tiempos.

El teatro de Alberto Cañas es universal porque nos muestra, tanto en sus comedias como en sus dramas, una humanidad que nos envuelve, y como en un espejo nos reconocemos como imagen de lo que somos y queremos ser. Es también, sin lugar a dudas, una resolución del autor para rescatar aquellos valores que más nos identifican. Recolección de memorias colectivas convertidas en acción teatral como esencia de lo que es nuestro y nos libra del olvido. Eso hace que el teatro de Cañas sea un teatro de calidad perdurable y permanente, que encontrará siempre públicos receptivos aquí y en cualquier otra parte en que se represente.

*Daniel Gallegos T.: Dramaturgo, Premio Magón de Cultura.

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Poeta olvidado: Se impone la edición antológica de la poesía de don Beto

Ross, Marjorie. “Poeta olvidado: Se impone la edición antológica de la poesía de don Beto”. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 3

 Tanto privilegió el periodismo escrito, la narración y el teatro, que muchos incluso ignoran que Alberto F. Cañas es poeta. Así lo digo, en presente, porque quien lo es no abandona jamás ese sombrero de arcoiris y tormentas, aunque quizás lo cuelgue lejos de la mirada ajena.

En el Liceo de Costa Rica, en donde se graduó en 1937, ya era conocida su pasión por la literatura. Cuando se celebraron los cincuenta años de la fundación de ese centro de estudios, se organizó un concurso literario y Cañas ganó los premios de poesía y cuento. Rogelio Sotela recogió en su obra antológica “Escritores de Costa Rica”, de 1942, en el capítulo de la Nueva Generación, un poema de Cañas de ese entonces, “El Punto Guanacasteco”.

Copio aquí un corto fragmento: “…La blanca marimba de dientes/ que la esquiva mozal/ con cara sonriente exhibe orgullosa/ parece que canta, que tal es su risa…/ Y aquella garganta perfecta, torneada/ hacia atrás echada, se crispa, se eriza…/Y la risa loca, y la loca risa, se desgrana en canto, sale de la boca, y se pierde rauda, divina, alocada,/ en el laberinto de una carcajada”.

Acerca del amor. De distinto aliento es el segundo poema que recoge Sotela, de carácter amoroso, titulado “Hemos estado juntos anoche”, que transcribió completo: “Hemos estado juntos anoche, sin embargo… Yo no sé en donde estabas. Yo no sé que decías. Pese a la larga lluvia y al silencio tan largo estábamos muy juntos. Tus manos y las mías se perdían en recuerdos de otras noches mejores. Estaba la cruel noche llena de despedida, y la luna invisible cantaba los rumores de la niebla implacable y la noche perdida. Al través de la noche tu recuerdo se me iba. Estabas tan lejana y perdida. Mas tan viva…y tan larga la lluvia…y el silencio tan largo…Amada: En donde estabas? Entonces qué decías?

Pensabas en los besos y la palabras mías? …y hemos estado juntos anoche, sin embargo”.

En 1946, Cañas recogió este poema en su libro “Elegía Inmóvil”, publicado en San José, en una edición de 500 ejemplares, por la Editorial Cuervo.

En el prólogo, escrito por Enrique Macaya, leemos: “Romances y Letrillas (mencionados en el título del primer capítulo), tan lejanos en su trajinar histórico (…), tienen en Alberto Cañas una desconcertante actualidad. Por su audaz oposición de contrastes en las imágenes y la subjetiva presencia del paisaje(…). Magnífica unidad lírica dentro de la distante añoranza de las viejas formas castellanas. Unidad que es afirmación y buena y única senda para la renovación literaria del futuro”.

Mario Marcilese incluyo el poema anterior en su libro “Antología poética Hispanoamericana Actual” (1968, Editorial Platense, Río de la Plata). Del mismo libro, antologó “El Beso”, del que copio un fragmento: “El beso, canción inmóvil,/ llegó y se sentó a mi vera,/ y las rojas armonías se ensañaron traicioneras,/ mientras las luces miraban/ con guiños de luna enferma./ El beso, canción del viento,/ me acarició con luz tierna,/ y el pelo bajo la luna se enredaba como tea…/ El beso, canción con alas,/ se estaba envolviendo en seda…”.

Los hombres de la Trinchera. Dos años después de la aparición de “Elegía Inmóvil”, en julio, recién terminada la guerra civil de 48, don Beto publicó el poema largo “Los Hombres de la Trinchera” -escrito en Nueva York-, del que recojo estos fragmentos: “Para hablar, compatriotas de estos compatriotas,/ se necesita amar mucho nuestra tierra;/ hay que saber lo duro que es amarla;/ se necesita haber llorado por ella;/ se necesita haber contado una por una/ todas las lágrimas que cuesta,(…) / ¡San Isidro en peligro! ¡San Isidro en peligro! Perdido San Isidro, todo estará perdido.! Los hombres se contaron y eran tan sólo treinta./ Que pueden treinta hombres hacer contra trescientos (…), / Noche y sed, tomad nota. / No hay nada que beber en la trinchera/ y no hay otra luz/ que la luz desigual de las estrellas./ Y la muerte al otro lado de la calle/ en la iglesia, en la Escuela,/ y en todos los lugares/ que rodean la trinchera./ La muerte y las estrellas/ están allí presentes./ la muerte y las estrellas./ y la muerte y la luna;/ y la muerte y la sed siempre presentes./ Pero no hay que rendirse, que nada se ha perdido/ mientras un hombre quede en la trinchera (…)”.

En una entrevista que le hizo Rafael Cuevas Molina, en el 2009, dijo don Alberto, criticando el uso de encorsetar en forma de libro los poemas recién nacidos: “Estoy escribiendo un libro de poemas”. “Ya tengo dos libros de poemas”. ¡No! “Dígame cuantos poemas tiene, no cuántos libros”. Estoy segura de que además de los mencionados, Cañas ha de tener muchos otros poemas escritos que no se conocen. Se impone una publicación antológica de su obra poética, para que quede atrás el poeta Cañas olvidado.

*Marjorie Ross:Periodista y escritora, Premio Nacional de Periodismo Pío Víquez, Premio Nacional de Literatura  Aquileo J. Echeverría.

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Su nombre es su título

López Trigo, Manuel E. “Su nombre es su título“. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 2

Alberto Cañas es para todo costarricense medianamente informado, mucho más que un nombre: ¡es un título!

Ciertamente, basta escuchar este nombre para saber de quién y de qué se trata. Porque, verdad de verdades, se está hablando de una persona de sustancia y valor superlativos, que por los hechos de su existencia venturosamente prolongada y fecunda, ha alcanzado calidad emblemática en nuestro horizonte cultural y político.

La familia ha sido, en su vida, referente fundamental y fuente de inspiración y fortaleza. Profundamente orgulloso de sus orígenes y respetuoso del buen nombre de sus antepasados, mantuvo una tierna relación con su señora madre, doña Claudia, a quien solía visitar casi todos los días. El hogar que construyó y los hijos que procreó en la amorosa y solidaria compañía de la noble dama doña Alda Collado, ha sido, siempre, su refugio y su alegría.

Ideal quijotesco. Inconformista de espíritu libérrimo y romántico que lo acerca al ideal quijotesco, sensible ante la necesidad y el sufrimiento ajenos, nuestro personaje sin importarle lo que otros piensen o digan, ha sido consistente y aguerrido defensor de elevados principios y valores.

Son innumerables los temas de su interés e impresionante la diversidad de los caminos que con brillo y distinción ha recorrido este abogado, diplomático, político, escritor, periodista profesor en el aula y maestro en la vida, hombre auténtico y apasionado que ha conquistado admiración y respeto entre sus conciudadanos.

No sabe Alberto Cañas de vanidades ni de poses. Se expresa de manera sencilla y clara, sin ostentaciones retóricas pese a su exquisito dominio del idioma, que le ha llevado a ser miembro de número y por años presidente de la Academia Costarricense de la Lengua. No le preocupan apariencias o formalismos, ni conoce de fingimientos.

Aunque sus manifestaciones directas y vehementes respecto de personas y situaciones, o el fervor que empeña en la defensa y promoción de sus ideas y convicciones, pudieren haberle ganado alguna malquerencia él sabe perdonar, no alimenta rencores ni procede con torcida intención. Ha consagrado honesta y sinceramente su fructífera existencia a defender las causas en que ha creído, a difundir sus verdades, a promover la cultura y las bellas artes, a conocer y tratar de entender a su pueblo, y, en fin, a servirle a la nación costarricense en las formas que ha considerado apropiadas.

De su cultura enciclopédica, lúcida inteligencia, agudo sentido del humor, elocuente verbo y fina pluma ha ido dejando abundantes muestras en la cátedra, el libro, la columna periodística, el programa de radio o de televisión, la curul, el cónclave de los académicos y la tertulia de los amigos.

Armoniosa combinación. Profundo conocedor de la historia y de la realidad nacional, combina armoniosamente su vocación crítica con una visión más bien optimista del futuro de Costa Rica, por lo cual sigue permanentemente activo en su  papel de centinela de la Patria.

Lector incansable y de tiempo completo desde que tenía tres años, hace solo 87, Alberto Cañas ha encontrado siempre, no se sabe cómo, tiempo suficiente para crear hermosas obras literarias de los más variados géneros, para desempeñar más que cumplidamente elevados cargos públicos y diplomáticos, dirigir medios de comunicación, gozar la belleza en todas sus formas, formar y forjar una familia -como ya quedó dicho- en dulce sociedad con su recordada doña Alda, y, ¡claro!, cultivar la amistad sin distingos de ninguna clase.

Mucho la debo yo, aunque quizás él no se haya enterado, a este hombre extraordinario a quien tengo el privilegio de conocer desde mi ya lejana juventud. Atesoro nuestra amistad, que con justa razón califica él de inalterable en su suculenta obra autobiográfica Ochenta años no es nada, porque no habrá, nunca, diferencia, distancia ni tiempo capaz de disminuir en mí ese inquebrantable sentimiento. Además lo cito con frecuencia, pues aparte de llevar en mi corazón afecto y admiración enormes hacia él, tengo invariablemente presentes sus sabias reflexiones, agudas observaciones y aleccionadoras anécdotas.

¿Qué puedo desear en su nonagésimo aniversario a quien ocupa lugar de privilegio en mi mundo afectivo? Salud, buenísima salud, para que siga dándonos luz y alegría por muchos, muchos, muchísimos años más. Con mis mejores deseos, llegue hasta el dilecto cumpleañero mi abrazo fraternal.

*Manuel López Trigo: Empresario, exembajador en Israel, exviceministro de Información y Comunicación.

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El San José de don Beto

Garita, Nora. “El San José de don Beto”. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 2

 

En medio de su vasta producción literaria, don Beto Cañas nos ha planteado varios interrogantes sobre la ciudad de San José, en una novela suya llamada “Una casa en el Barrio del Carmen”.

La casa, construida en adobe y bahareque a finales del siglo XIX, era “ancha y esquinera, llena de ventanas en hilera interminable… y un patio interior rodeado por la medianera y tres corredores, y sembrado de helechos casi gigantes y de pacayas… cuando tener pacayas en el patio era señal de elegancia y buen vivir”. En ese tiempo social en el que la misa matinal regulaba los horarios y la Iglesia tenía el poder de las campanas, transcurre la historia de la casa y sus dos habitantes. El barrio tenía el nombre de la Iglesia cercana, pero la vida de barrio va desapareciendo poco a poco. Las casas de familias conocidas quedan deshabitadas, convertidas en despachos de médicos o demolidas. San José se vuelve una ciudad de rótulos. En los años cincuenta, nuevos valores de mercado vuelven la casa objeto de eventual lucro para muchos hombres de negocio.

¿Rematar la casa al vencerse la hipoteca?

¿Venderla para botarla y hacer en esa esquina una gasolinera?

La tesis que sustenta la novela es que los valores de mercado configuraron la ciudad. Esto da vigencia a la novela, cuando se observa el poder de los inversionistas en perfilar el rostro actual de San José: ¿tirar al suelo un edificio patrimonial para hacer un parqueo?

La casa se llama “La República”. Es pues, el recurso usado por el narrador para plasmar su visión social demócrata de la historia de Costa Rica. Refiriéndose a Walter Jiménez, el joven que estudió ciencias económicas, dice: “participó en la Revolución del 48, que fue como la lumbre de una generación y la apertura de un rumbo, como una encrucijada abierta, una oportunidad escondida…” Son los acontecimientos del 48 los que abren oportunidades a la movilidad social a los hijos de maestras, a los hijos de empleados bancarios. Las tesis sobre la historia nacional, en el fondo, es que el Estado de la Segunda República, con sus nuevas Instituciones, crea y amplía la clase media.” ¡Yo soy la clase media!”, dice Walter. Esta posición ante la historia, mantiene vigentes las preguntas sobre el papel del Estado en permitir la concentración en pocas manos, o en discutir la riqueza.

Contar la vida de una casa para hacer un cuadro con visión de país. Esa Costa Rica pintada en el cuadro se transformó, los valores oligarcas quedaron desdibujados, como se destiñeron las liebres y perdices del cuadro colgado en la pared de la casa. Esto ha sido señalado por especialistas en literatura, de la siguiente manera; “la imagen que clausura el texto alcanza una fuerza especial al remitir a un objeto, un cuadro, la sensación de decadencia y pérdida de protagonismo de la clase poseedora, por nacimiento, de los valores auténticos” (Carballo, Ovares, Rojas, 1993:278).

La literatura, con su poder evocador, le gana aquí la partida a la sociología. Gracias, don Beto, por la escritura.

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Homenajeado Alberto Cañas en el Día de la libertad de Expresión

“Homenajeado Alberto Cañas en el Día de la libertad de Expresión“. La Nación (San José, Costa Rica), 2 de setiembre de 1983, p. 2A

 Con la entrega de una medalla de honor al periodista Lic. Alberto Cañas Escalante, por parte del Presidente de la República, don Luis Alberto Monge, se celebró ayer el Día de la Libertad de Expresión.

El acto se efectuó en el auditorio del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos y contó con la presencia de miembros de los supremos poderes, cuerpo diplomático y representantes de los medios de comunicación del país.

Se eligió esta fecha en conmemoración del natalicio del Dr. José María Castro Madriz, a quien se considera el padre de la libertad de prensa en Costa Rica.

Los oradores, entre los que estuvieron el presidente Monge y el homenajeado, así como  los ministros de Gobernación, Dr. Alfonso Carro Zúñiga y el asesor en comunicación e información, periodista Armando Vargas Araya, resaltaron la figura del Dr. Castro Madriz

Por su parte, el mandatario destacó la amplia libertad de prensa que hay en el país y expresó su solidaridad con los pueblos de América Latina que carecen de ese derecho.

El Lic. Cañas Escalante dijo, vivamente emocionado, que había recibido con sorpresa el anuncio de que iba a ser condecorado con la medalla del honor a la libertad de expresión.

El homenajeado ha ocupado diversos cargos públicos; ha sido diputado, embajador el las Naciones Unidas, ministro fundador del Ministerio de Cultura, Juventud y Deporte y vicecanciller.

Ha trabajado en varios periódicos y durante mucho tiempo publicó en La República la columna “Chisporroteos”. Es profesor universitario de la Escuela de Ciencias y la Comunicación Colectiva, así como decano de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica.

También es comentarista de radio Monumental. La tarea realizada por Cañas Escalante fue ensalzada por el presidente Monge y el ministro Vargas Araya.

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