Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe

Soto, Michelle; Montoya Rodrigo (fotógrafo).  “Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe”. Perfil (555): 74-77, 19 de octubre 2007

En agosto, la Academia Costarricense de la Lengua dio la bienvenida a Anacristina Rossi, y con ella, a la literatura afrocaribeña.

Escuchar a Anacristina Rossi es como oír las olas reventar. Su verbo es tan furioso como el mar, pero sus palabras también tocan la orilla como espuma.

Con ella se conversa de literatura, de lengua, del ser mujer, de utopías y sueños, de medio ambiente y, sobre todo, de Limón. Rossi lleva el sol en la piel y el viento en el cabello, ella es Caribe.

El pasado 23 de agosto, se incorporó a la Academia Costarricense de la Lengua. Es así como su nombre se une al de Arnoldo Mora Rodríguez, Rafael Ángel Herra, Adolfo Constenla, Samuel Rovinski, Estrella Cartín, Julieta Pinto y Alberto Cañas, entre otros.

En su discurso de incorporación rescató del silencio los textos de Samuel Charles Nation y, con estos, una literatura afrolimonense de principios del siglo XX.

SUS LETRAS

Rossi estudió lingüística y lenguas modernas en Inglaterra, Francia y Holanda. Obtuvo una maestría en idiomas y un doctorado en ciencias de la traducción.

Es activista ambiental y social, rasgo que se refleja en su libro La loca de Gandoca de 1991. Sus novelas María de la noche (1985) y Limón Blues (2002) fueron distinguidas con el Premio Nacional en ese género. Sus escritos son objeto de estudio en universidades costarricenses  y estadounidenses.

Ha participado en congresos sobre literatura en Estados Unidos, Alemania y Panamá, entre otros. Fue invitada por el Ministerio de Cultura de Francia como representante del istmo en el Programa “Belles Etrangéres”, el cual fue dedicado a Centroamérica en 1997.

Asimismo, recibió la Medalla Presidencial del Centenario del Nacimiento de Pablo Neruda, la cual fue otorgada por el Gobierno de Chile por la proyección social de su obra literaria.

Por más que sus textos trascienden fronteras, Rossi suele regresar a Limón de su infancia, al que lleva siempre del lado izquierdo del pecho.

UTOPÍAS

En la última década, la voz mestiza de Anacristina Rossi tiene la sonoridad de un blues, y últimamente, de un reggae.

A finales de 1997, emprendió la investigación que le llevó a escribir Limón Blues y que le despertaría la necesidad de seguir recopilando y escribiendo aún después de Limón Reggae.

En la Biblioteca Nacional, desempolvó periódicos limonenses publicados entre 1903 y 1942, génesis de una literatura costarricense escrita por afrodescendientes.

“¿Qué es lo que nos dice esa literatura sobre Costa Rica?  En ella, los ticos nos vemos reflejados desde el punto de vista de alguien que nos ve –al mismo tiempo- desde adentro y afuera, desde otra y nuestra cultura”, comenta Rossi.

Fue así como conoció los textos del periodista y ensayista Samuel Charles Nation. En su prosa se develaron los ideales y las luchas por la reivindicación de los afrodescendientes y la figura mítica de Marcus Garvey.

“Mi esfuerzo es tratar de recuperar la literatura que hay en esos periódicos, hay una enorme riqueza en ensayos periodísticos y poemas. Eran el único lugar donde los afrodescendientes podían publicar porque no tenían editoriales”.

Mi sueño es, algún día, tener tiempo y el dinero para recoger esos ensayos, sacarlos de los periódicos, seleccionar, ordenar y ver cómo hago un libro para jóvenes y otro que recoja todo el material” añade la escritora con ímpetu.

En Limón Blues, la pluma de Anacristina de el primer acercamiento a esta literatura donde se retrata esa búsqueda de la utopía.

Con esa prosa de prisa, cargada de blancos que asesinan, negros que forman sindicatos, periodistas que publican páginas muchas veces censuradas, bananos destrozados por el machete de la Compañía, tambores que suenan hasta el amanecer, mujeres blancas que tiemblan por la carne oscura de sus sirvientes negros, olas que no dejan de reventar en la arena cálida y amores que se hacen y se deshacen bajo ese sol tropical que todo lo envuelve y todo lo embruja, los años transcurren con una velocidad vertiginosa, como si el tiempo se nos fuera a acabar sin permitirnos terminar la historia.

Y con esas esperanzas que se truncan con el paso de los años, Limón parece una de esas niñas rurales que envejecen antes de tiempo. Como resultado, solo queda el recuerdo, la nostalgia de un pasado que este país, que se precia de multiétnico, simplemente prefiere olvidar y que esta escritora nuestra, que se llama Anacristina Rossi, nos lo resucita de entre los muertos”, reseñó Manuel Delgado a propósito de la novela para Club de Libros.

Pero, Limón Blues terminó en 1973. Aún quedaba mucho por escribir, la escritora quería hablar de ese Limón que conoció de niña y adolescente. Fue así como se desencadenó una segunda utopía, la propia y la colectiva.

Limón Reggae habla de la revolución en Centroamérica durante los 70, centrada en El Salvador. Pero, también recata los ideales de Afrotsco de Limón y los Rastafari de Puerto Viejo.

“En Centroamérica se trató de tener dos utopías: la revolución nicaragüense y la salvadoreña. La salvadoreña terminó en gran fracaso, la nicaragüense por lo menos tuvo su periodo. Lo mismo le pasó a los Rastafari, pero ellos recrearon la utopía en el interior, y en lugar de aspirar a una utopía colectiva y grande, decidieron tener una más pequeña y es sobre todo interior.

Lo mismo pensaban los grupos negros en Limón durante los 70, Afrotsco era un grupo real y Milton Franklin (quien fue uno de sus integrantes) sigue pensando que los ideales de un cambio interior son vigentes. Para los socialistas y los de la teoría del marxismo, la utopía está afuera; pero lo lindo de él es que la utopía esta adentro”, recuerda la “loca de Gandoca”

-Y ahora, ¿cuál es la utopía que estamos persiguiendo?

-La única utopía posible es la paz con la naturaleza. Pero no la que dice nuestro presidente, con la que no estoy de acuerdo, porque la incluye con cosas tan devastadoras como este tratado de libre comercio. Las luchas ecológicas han costado tanto y han sido siempre como mitad perdidas y mitad ganadas, y cuando se ha ganado siempre ha sido gracias a la Sala Constitucional.

“No es que los seres humanos destruyan el ambiente porque son malos, sino porque la conservación entra en conflicto con sus ideas de dinero. Está bien que hagan dinero, no tengo nada en contra del comercio ni los negocios, pero tienen que tener un límite.

“Se necesita un cambio de actitud de todos y todas para detener el calentamiento global, es el reto más grande. La utopía está en ponernos un freno a nosotros mismos, debe ser modesta en ese sentido”.

NUESTRO AFROASCENDIENTE

La palabra evoca. Se dice que se empieza a existir en el momento en que se nombra. En ese sentido, la prosa de Rossi nos confronta con nuestra afroascendencia, nuestra identidad como costarricenses.

“Las mujeres cobran existencia cuando se les nombra, de lo contrario no están. Lo mismo pasa con nuestra afrodescendencia.

¿Dónde está ese abuelo y abuela negra?

¿Por qué nos vemos en el espejo y decimos que somos blancos, por qué los negamos?.

Tengo 10 años de confrontar esa cultura y de confrontarme a mí misma con mis propios ascendientes. Ese ha sido un reencuentro lindísimo, quisiera que ese reencuentro fuera de toda Costa Rica”, reconoce.

Como dijo una vez María Lourdes Cortés, Limón “es la síntesis de lo que es Ana la mujer, y Ana la escritora: de sus fantasmas, sus deseos y sus luchas. Es el rondón de sus de sus raíces, hundidas en el pasado y de sus sueños volando hacia el futuro”.

-¿La Academia Costarricense de la lengua con su incorporación está reconociendo, como un primer paso, a ese antepasado negro que tenemos los costarricenses? ¿Nos estamos viendo en la literatura afrodescendiente?

-Es un primer paso. Todavía no nos estamos viendo, aún falta recuperarlo y rescatarlo.

“Como académicos, cada uno tiene su campo de estudio. Todos tenemos nuestras locuras y teleles con la lengua. El mío ha sido tratar de ser un puente entre la cultura y la literatura afrodescendiente de principios del siglo XX y la actual, porque siempre negamos el problema de racismo y no hay que tenerle miedo a las palabras, ese racismo nos ha hecho estereotipar lo que fue.

“Limón no es solo ese rice and beans y carnavales, tiene un enorme bagaje cultural y una enorme riqueza que aportarnos, pero nosotros le damos la espalda”.

-¿En que consiste el trabajo de la Academia Costarricense de la Lengua?

-Somos traductores entre la lengua clásica y la de hoy. La lengua es un organismo vivo y funciona quieran los académicos o no. Entonces, lo que nos toca es ser puentes entre esa lengua que va evolucionando y la lengua clásica, como un filtro que permita ir incorporando al acervo clásico toda esa novedad. Habrá cosas que se podrán incorporar y otras no. Una tiene que estar atenta para recordar la estructura de nuestra lengua y así se pueda asimilar lo nuevo, sin perder la estructura.

-Ha señalado que para que la Academia Costarricense de la Lengua pueda trabajar, requiere de una sede, ¿Son como Quijotes sin Rocinantes o Sanchos sin burros, qué ha pasado?

-Andamos como del tumbo al tambo, como gitanos, y no podemos asentarnos para hacer un trabajo serio porque no tenemos sede.

“Al final del gobierno de don Abel, estaba lista la sede en la avenida central. Pero, por problemas burocráticos, no se concretó. Entonces, le hemos pedido ha este gobierno que nos dé un lugar donde estar.

“¿Cómo vamos a hacer un buen trabajo si tenemos que andar con todo bajo el brazo? ¿Adónde se va a sentar uno a guardar los documentos? ¿Cómo vamos a hacer trabajos en conjunto en la Academia si vamos de aquí para allá? Somos Quijotes a pie”

-¿Son  necesarias las editoriales pequeñas para leernos como costarricenses y tener variedad de voces sobre nosotros mismos?

-Hay un problema en Costa Rica muy grande, que la existencia de editoriales no va a arreglar y tiene como resultado la mediocridad. El problema es que no nos atrevemos a decirnos la verdad sobre lo que pensamos de los textos de los otros.

“Aquí no hay crítica porque no se soporta. No tenemos la madurez para aguantar vernos expuestos. Eso nos impide crecer como escritores y quedarnos en una mediocridad, los golpazos son los que nos van haciendo crecer.

“Los golpes que me he llevado hicieron que tratara de superarme. Los golpes que realmente se asimilan son los fuertes, como los que se dan en público. Para que nuestra literatura crezca, hay dos cosas que deben ir juntas: que hayan editoriales para leernos y que podamos hacernos crítica”.

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Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense

Manzari, H. J. “Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense”. Istmica. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras;  (11): 253-259, 2007.  Tomado de: http://www.revistas.una.ac.cr/index.php/istmica/article/view/721

 

Limón Reggae, la última novela de escritora costarricense Ana cristina Rossi es a la vez una novela política, una novela revolucionaria y una novela híbrida y polifónica gracias a las voces caribeñas y centroamericanas que resuenan en ella. La segunda de una prometida trilogía, Limón Reggae sigue a la anteriormente publicada Limón Blues (2002). Como todas sus novelas históricas, esta última de Anacristina Rossi trata el tema del ser mujer, de las utopías sexuales, del medio ambiente y en particular de Limón. No obstante, en Limón Reggae la novelista mestiza pretende rescatar las voces y las luchas revolucionarias de la izquierda centroamericana de la silenciosa y marginada historia de la costa atlántica.

Al examinar la nueva novela histórica de Rossi, Limón Reggae revela un contrapunteo de herencias culturales y una interacción intercultural en el mundo limonense. Vale la pena ver cómo esta interacción y contrapunteo transparenta una nueva configuración del imaginario social y nacional costarricense. Más bien, y siguiendo las ideas de Benedict Anderson en su conocido estudio Imagined Communites: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, sería útil pensar en las naciones como comunidades imaginadas, creadas a partir de condiciones históricas específicas y de alianzas entre sectores sociales. Al cambiar las condiciones históricas es de suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores, lo que significó la construcción de nuevas relaciones. Tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica.

En las últimas décadas, los escritores y críticos literarios han intentado rescatar las voces afrolimonenses de la silenciosa historia centroamericana y en particular, de la historia costarricense. Carlos Meléndez y Quince Duncan en su estudio El negro en Costa Rica (1981) confirman que el comercio de los esclavos en Costa Rica llega tarde, en comparación con el resto del Caribe, es decir a finales del siglo XVII comienzos del siglo XVIII. La presencia de esclavos negros como mano de obra barata sirve para expandir el comercio y el cultivo del cacao en la zona. En Costa Rica, el tema de la abolición se promovía con el movimiento de la independencia, pero no se promulga hasta el 17 de abril del 1824. De todas maneras, los documentos oficiales indican que en Costa Rica pocos negros formaban parte de la población general. A mediados del siglo XIX se aumenta la inmigración de negros al país para trabajar en las bananeras y en la construcción del ferrocarril en 1873.

En el siglo XIX, la mayoría de los negros llegaron a Costa Rica con la intención de sólo quedarse una temporada. Muchos vinieron por poco tiempo y no se consideraron costarricenses y, por otra parte, las autoridades los consideraron simples herramientas de trabajo. De la zona atlántica costarricense la población negra de habla inglesa, o sea creole, por ser la mayoría jamaiquinos (a través de Panamá o Nicaragua) todavía conserva sus costumbres musicales, culinarias y familiares, completamente distintas al resto de Costa Rica. De hecho, cultural y lingüísticamente, es la zona más marginada de del país. Aún hoy, la zona atlántica, para algunos, parece lejos de la metrópolis josefina y resulta curioso saber que, hasta mediados del siglo XX estaba prohibido para los negros pasar de la zona atlántica al Valle Central en tren, la única forma de transporte público en la zona. Según Meléndez y Duncan, no fue hasta los 70 que se comenzó a asentar una población negra en la capital. De tal manera, los negros en Costa Rica seguían siendo parte de un grupo segregado y marginado por falta de oportunidades y dificultades lingüísticas entre otras razones.

A finales del siglo XX, con la publicación de novelas como Limón Blues y Limón Reggae de Anacristina Rossi y otras como Asalto al paraíso y Calypso de Tatiana Lobo, por mencionar sólo unas cuantas, se revelan alternativas con respecto a la representación histórica del Caribe en la literatura costarricense. Es más, con la llegada de los estudios subalternos de los años 70 se visibiliza una perfecta unión teórica para contemplar la identidad híbrida minoritaria de esta zona en términos de una identidad caribeña costarricense. A través de una verdadera estética de resistencia presente en la escritura contemporánea de la costa atlántica costarricense, los escritores de la región establecen un auténtico contrapunto entre lo que se podría llamar la comunidad imaginada de la nación y la real de la región limonense.

El crítico Edward Said en su estudio Cultura e imperialismo (1996) considera que las estrategias de resistencia no constituyen sólo una forma de reacción antiimperialista sino también un modo alternativo de concebir la historia que rompe las limitaciones culturales. Said sugiere que los escritores poscoloniales llevan así su pasado con ellos como cicatrices de heridas humillantes, pero que, a la vez, se convierte en motor de prácticas diferentes. Este proceso posibilita que estallen visiones de un pasado potencialmente en revisión y que tienden a un futuro postcolonial, como experiencias susceptibles de urgente revisión y reorganización, en las que el antiguo silencio de los nativos habla y actúa sobre el territorio reclamado a los colonizadores. Su tesis central sostiene que las naciones son narraciones y, de tal manera, la noción de identidad se construye a partir de instancias discursivas. O sea, se trata de analizar el juego de la diferencia dentro de la identidad. Tal diferencia permite reterritorializar las identidades culturales caribeñas. En este proceso resuena una dinámica sincrética que se apropria, de manera crítica, de elementos provenientes de códigos maestros de la cultura dominante y los creoliza desarticulando los signos presentes y re-articulando su significado simbólico.

Limón es una provincia de Costa Rica que se integra a una cadena étnica y cultural que abarca las regiones del Caribe centroamericano desde Guatemala hasta Panamá. A lo largo de esta cadena se comparten elementos materiales y espirituales con el resto del Caribe. Limón siempre ha sido una provincia marginada, debido a su posición geográfica, lejos de la capital o del área metropolitana, deficientes vías de comunicación y el lenguaje. Es más bien una región y una población marginada y segregada lingüística y culturalmente además de serlo históricamente. En Limón viven indígenas, negros (afrocaribeños), centroamericanos, libaneses, coolies y chinos juntos a muchos ticos transferidos del interior.

A diferencia de la novela músico-histórica de Tatiana Lobo, la última de Anacristina Rossi, Limón Reggae relata otra historia centroamericana y plantea otra visión del Caribe costarricense. Primero que nada, como sugiere Karen Poe, “la novela es una Babel feliz” en ella los personajes hablan el inglés limonense, el mekatelio, y también hablan como nicaragüenses, salvadoreños y ticos en una “comunión cultural” (67). Rossi recupera esos modismos típicos de la zona para recrear de manera lícita y verosímil el mundo limonense del siglo XX. Desde el punto de vista político, la nueva novela de Rossi subraya el desencanto, la tristeza y la impotencia del pueblo limonense frente a las estructuras y una sociedad moderna costarricense. La desolación, la desilusión y la injusticia resuenan en la novela para enfatizar lo difícil que es vivir al margen de una sociedad, sea caribeña o centroamericana.

Un perfecto ejemplo de esto se aprecia en la experiencia de la protagonista principal de Limón Reggae, Laura o Aisha como luego se llama quien padece de una identidad doble: la Laura capitalina y la Aisha limonense, como la llamaba su tía Maroz. Laura, como muchos limonenses, viene de una familia multicultural y multiétnica, lo cual sirve de metáfora para la gran comunidad limonense y su historia de diversidad. En las primeras páginas de la novela Laura abandona el nombre impuesto por sus padres y lo cambia por Aisha que refleja más su espíritu rebelde y su identidad mestiza. Llama la atención esta doble identidad de la protagonista cuando la narradora nos cuenta que “Limón es la otra parte de la vida de Laura. Pero no sólo Limón centro…sino el sur de la provincia, las playas, el bosque, los ríos….” (12) De niña Laura viajaba desde la capital hasta Limón y recuerda los olores del tren “El olor de las negras y las cosas que vendían: mentas, cocadas, patí” (13). Aquí la autora nos recuerda que Limón es múltiple y no sólo una entidad solitaria. El recorrido de comidas típicas de la zona alude al gran recetario de la cocina jamaiquina que llegó con los primeros trabajadores del ferrocarril. Limón representa otro mundo y Laura se sentía en otro mundo cuando llegaba a Limón y “se sentía chapotear y moverse en un aire muy dulce, muy suave, perfumado, respirar ese aire la ponía casi eufórica. Era el aire de Limón. Enseguida llegar, bajarse cerca del muelle, oír músicas distintas a las de San José y un idioma distinto: el inglés de Limón….” (13) Según la narradora, el Limón de su juventud es un Limón utópico, un paraíso, y esta imagen idílica se contrasta con la de la casa donde vivía su familia en San José después de que unos estafadores engañaron a su padre y lo perdieron todo. Entonces debieron dejar su casa para ir a alquilar una casa “espantosa” en un barrio fatal donde quedaba el “tugurio más grande de San José” (13) Más tarde Laura nos recuerda que “al despertarse la primera vez en ese barrio, en vez del aroma del café le “llegó un potente olor a podredumbre, a animal muerto. (…) Los guilas del tugurio, flacos y sucios y medio chingos … estaban haciendo caca en la puerta de su casa” (14). Esta imagen de San José como “un gran cagadero” deja poco para la imaginación de los lectores y sugiere otra visión de lo que es la gran capital. El contraste entre el Limón paradisíaco y la capital pobre y en decadencia trastrueca la vieja dicotomía metafórica de la civilización versus la barbarie establecida en la primeras novelas fundacionales de Latinoamérica del siglo XIX.

Pero aún para Laura, los recuerdos de un Limón idílico ya no tenían el mismo sentido de cuando era una niña. Para ella como para el resto de su familia, Limón había cambiado a lo largo de los años. Ya no era el paraíso de su infancia, la “Limón Town (que) se parecía a Nueva Orleáns… en los tiempos de su tía Maroz(18)…. La memoria colectiva reflejada en la de la protagonista sirve para preservar esos momentos felices de su infancia y contrasta severamente con las imágenes de un presente gris y turbulento. En parte, ésto se confirma con el personaje de Percival, quien se convierte en el primer amor de Laura. Es más, desde muy joven, Percival expresa su espíritu rebelde y anda en busca de su propia historia para escapar del mundo triste y solitario del Limón de los 70. En un instante, cuando Laura le está preguntando a Percival por qué había escogido otro nombre, él explica: “Porque Percival es un nombre colonial. Ahmed en cambio para nosotros es un nombre libre” (27). La necesidad de liberarse del control colonial y hegemónico del nombre colonial se asocia con el deseo de vivir en una sociedad posplantación y de deshacerse de la alienación histórica de sus ancestros. Tal experiencia sirve como fuerza motivadora en la transformación del personaje de Percival. Pero, para Percival, tal condición petrificada y de aislamiento, le da poca esperanza y en un instante nos cuenta que “Los negros ya no somos capaces de unirnos para salir de la miseria. Logramos la nacionalidad, Costa Rica es nuestra patria y una patria no debe abandonar a sus hijos. Pero no reclamamos. Nos alzamos de hombros y nos vamos a buscar el futuro a los Estados Unidos. En los últimos años más de un tercio de nuestra comunidad emigró” (22). Para muchos, la única solución/salvación posible está en irse a los Estado Unidos en busca de mejores condiciones u otras utopías. Es más, esta imagen refleja una cierta desesperación de parte de los afrodescendientes limonenses y una necesidad de deshacerse de esa miseria y abandono que significa vivir en Limón.

Limón como metáfora del desencanto que se siente por las situaciones políticas y socioculturales resuena por toda la novela. En Limón Reggae, Anacrsitina Rossi plantea varias y alternativas imágenes de la zona caribeña en decadencia, un espacio olvidado por el gobierno central y sus propios políticos. Limón es una zona marginada por su situación económica y sociocultural. Nos recuerda la narradora que “Limón está siniestro. Las calles revientan de pordioseros y de negras con elefantiasis, la basura taquea acequias y alcantarillas y llena la ciudad de punta a punta, todas las casas del centro salvo la de Maroz están en ruinas y adentro viven gentes que parecen fantasmas. Laura nunca había visto tanta prostituta en la calle ni tanto borracho tirado en la acera” (93). La autora nos deja con una imagen casi fantasmagórica y de decadencia de lo que representa el Limón contemporáneo. Repetidamente la narradora nos cuenta que “Limón es un desastre. Cuando éramos pequeños por lo menos era limpio” (28). Y Ahmed repite con frecuencia “Limón está muerto” (61). Pero no todos los personajes de la novela están de acuerdo con tal visión. Sylvia, otro personaje, alude a una pequeña esperanza que queda en los artefactos culturales que todavía preservan la cultura afrocaribeña de la zona. “Limón está jodido pero Limón no está muerto, piensa Sylvia, Limón vive en su patois, en los spirituals y los gospel, en los calipsos y los ocasionales arrebatos de jazz de los músicos viejos como el abuelo Maikí, en su comida, en sus iglesias y en sus logias.” (63) Entonces, las distintas perspectivas de los personajes aluden a una realidad múltiple y orgánica, al contrario de la típica y hegemónica propuesta por el Estado y consumida por los turistas que llegan en los cruceros a ver al Puerto Limón disfrazado del calypso y las tiendas de souvenirs.

Al final de la novela Aisha reflexiona sobre los cambios en su vida, sobre las consecuencias políticas del momento, sobre los sueños incompletos de la vida y todavía parece sentirse desilusionada con lo que observa y en el mundo que la rodea. Parece perder la esperanza y leemos que “Aisha mira la costa. Quedan árboles pero dominan los edificios. Exclama, ‘La empresa privada produce libertad’. …, ‘Sí, era lo que todos querían, negocios y más negocios.’ La utopía perdió, ganó la Centroamérica de los negocios como quería aquel Presi del Plan de Paz, piensa Aisha” (284) Aquí la autora critica con una obvia y directa pulla la administración y la política del gobierno del presidente Oscar Arias, para ella y la protagonista, un vendepatrias e hipócrita. Es más, con ésto, uno percibe cómo la guerra, la solidaridad, la amistad, el amor, el compromiso, la esperanza y la desilusión, los anhelos y la lucha incansable por una sociedad más justa agitan el apasionado corazón de la protagonista, en quien se refleja una generación y una época de las voces marginadas de la costa caribeña costarricense.

La novela de Anacristina Rossi, desde un punto de vista revolucionario, es un planteamiento de que la producción afrolimonense se da dentro de una estructura de conflicto y de resistencia. Tal conflicto se manifiesta en contra del poder económico/cultural donde las producciones culturales y el imaginario cultural formados desde afuera son puras construcciones foráneas. Los ejemplos mencionados aquí reflejan la alteriedad y la práctica discursiva de unas voces marginadas que sirven de portavoz de una ideología y una identidad sumamente limonense. Tanto para los personajes de Limón Reggae como para los mismos autores y cantautores limonenses, Limón vive en sus obras, en sus construcciones y en sus “modificaciones” así como la música del calypso sirve de construcción simbólica y apropiación cultural con la que más se identifican los afrolimonenses. Entonces, al reexaminar la condiciones y metáforas reflejadas en la novela Limón Reggae es obvio suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores o con nuevas relaciones entre ellos; tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica como se describe en Limón Reggae. Ante tanta desolación, las voces limonenses de la silenciosa historia centroamericana y, en particular, la historia costarricense, resuenan en la letra de su música y su poética tanto como en los ritmos de sus ancestros en ésta, la última novela de Anacristina Rossi.

Bibliografía

Anderson, Benedict. Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. London: Verso, 1995.

Lobo, Tatiana. Asalto al paraíso. San José, Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica, 1992.

_________. Calypso. San José, Costa Rica: Farben, 1996.

Mackenbach, Werner. “Representaciones del Caribe en la narrativa centroamericana.”

http://collaborations.denison.edu/istmo/n05/articulos/ representaciones.html. November 19, 2007.

Meléndez, Carlos, y Quince Duncan. El negro en Costa Rica. 10 ed. San José: Editorial Costa Rica, 1993.

Poe, Karen. “Limón Reggae: La reinvención utópica del sexo.” Página Literal. Pp. 62-71. San José, Octubre del 2007.

Rodríguez, Ileana, editor. The Latin American Subaltern Studies Reader. Durham: Duke University Press, 2001.

Rossi, Anacristina. La loca de Gandoca. 1992. Segunda reimpresión. San José, Costa Rica: Editorial Legado, 2001.

_________. Limón Blues. Cali: Colombia, Alfaguara, 2002. Said, Edward. Cultura e Imperialismo. Barcelona: Anagrama, 1996.

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Gandoca no está loca

Tovar, Enrique. “Gandoca no está loca”. La República.  (San José, C.R.), 27 de mayo 1995 

La exuberancia de la costa del Caribe hechiza y captura a los visitantes con sus bellas playas y su selva tropical.

Foto de Enrique Tovar

El turista llega al borde del litoral e inmediatamente se siente poseído. Es más, siente la magia del lugar. Las vibraciones son diferentes. El medio tiene una fuerza telúrica, una fuerza invisible que subyuga. En Gandoca, allá por Uvita y Manzanillo en la costa Atlántica, en un día de verano las palmeras –como dice la canción­– están borrachas de sol. La vegetación, el azul oscuro del mar y la radiante luminosidad se imponen. Realmente es una de las más bellas playas de Costa Rica, por eso le han puesto el ojo empresarios y turistas.

Decenas de hoteles, de pequeños y cómodos hospedajes se encuentran a lo largo de la vía entre Puerto Viejo y Manzanillo, dos lugares bellísimos también junto con Cahuita, Puerto Vargas y Punta Uva.

El visitante puede encontrar alojamiento del gusto que desee, desde una habitación doble que pasa los $75 hasta dormir en la playa, a la sombra de un almendro y bajo el arrullo de una palmera.

Desde el año pasado (1994)  se propagó una noticia: en Gandoca hay una loca, derivado del excelente libro de Anacristina Rossi, una de las obras más valientes escritas en nuestro país y concebida con solvencia literaria.

La gente llega al lugar y –especialmente aquellos que no se han leído el libro y que apenas han visto su título o que medio han oído algo– pregunta por la Loca de Gandoca.

En realidad, Gandoca no está loca ni existe ninguna demente suelta en ese bucólico paraje marino. Loca –eso sí– se pone la gente al sentir el rumor de las olas, la brisa salobre, y al embriagarse de las tonalidades verdes de la espesa vegetación. Los sábados y domingos es cuando llegan más visitantes a Gandoca, y el camino está en regulares condiciones, de Penshurt a Cahuita la vía asfaltada presenta muchos huecos y hendiduras ocasionadas por el terremoto del 22 de abril de 1991. Luego sigue la vía lastrada hasta Manzanillo.

¿Y cómo es Gandoca?

Uno de los logros del libro de Anacristina Rossi es que no vacía de un solo porrazo la descripción total y rotunda sobre el Refugio de Gandoca.

Hábilmente esta escritora inserta en determinados momentos pinceladas con el fresco y cautivante aroma de ese Refugio, y el lector, entre pasajes de romanticismo, momentos de coraje y sentimientos quebrantados –que se exponen en la novela– va captando el panorama de Gandoca.

Seguidamente, entresacados de la obra, se ofrecen algunas de las descripciones de la región.

“He sido depositada agotada y laxa sobre la arena de oro. Una manada de congos baja de los árboles a observarme. La que me mira es una mona. Se soba mucho el vientre: está embarazada”.

“Hay mares lisos de un azul índigo uniforme, mares perfectos como el Océano Pacífico. Hay mares con 20 metros de transparencia, como el Caribe en San Blas. El mar del Refugio Gandoca es una cosa distinta.

“No es un mar de buceo porque pasa revuelto diez meses al año. No es azul, tiene un alma cambiante, ora verde, ora violeta, ora gris. No se le puede ofrecer al turista tradicional que mide el éxito de sus vacaciones por el bronceado porque muchas veces llueve y no hay sol. Yo lo conozco bien y sé que no es un mar sino un lugar interior, un temperamento, una importante etapa en el conocimiento de sí. Sentarse en las playas del Refugio Gandoca es trascenderlo todo, incluso su propia arbitraria belleza, sus flores, sus algas, eternas, perfumadas, putrescibles”.

Poesía tropical

“Hundirse en los verdes repastos marinos, en lechos de esponjas…”.

“Los estudios de Álvaro eran casi poéticos. Hablaban de arrecifes fósiles, de los arrecifes vivos, de las esponjas en su frágil e inmensa variedad. Hablaban de moluscos excepcionales y decían que por ejemplo de 60 especies nuevas de algas descubiertas en nuestro país, el 90% eran del Refugio”.

“Los jobos, los cativos, el cashá y los guácimos hijearon. Yo no quiero aquí jardín, quiero la selva. Además no maté nunca los cangrejos, porque son como los trabajadores municipales, procesan la basura. Es verdad que los cangrejos son grandes y atrevidos, entran a la casa y se llevan el pan, los cepillos de dientes o las cajas de fósforos. Por eso hay que dejar todo bien guardado. Son grandes como gatos pero tampoco me decido a agarrarlos y hacerlos en sopa”.

Edén del Caribe

“Los árboles altísimos tapaban el cielo y se afianzaban con esas raíces como paredes que se llaman gambas. La selva intrépida hervía de especies útiles, especies muy antiguas. La selva enmarañada llegaba hasta un cocal y después del coral seguía la arena cremosa. La transición de selva a playa era original: los árboles arralaban y surgían flores grandes, brillantes y endémicas como heliconias. Y frutos prohibidos: manzanas de mono y anonas de mar. Las palmas tenían los troncos anaranjados y estaban invadidas por orquídeas de plena floración. Todo eso iba a desaparecer pronto bajo los bulldozers”, las palas mecánicas, los tractores de oruga”.

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No está tan loca la de Gandoca

Semanario Universidad, 21 de mayo de 1993

El refugio de Gandoca Manzanillo ubicado en Limón se asemeja a lo que pudo haber sido el paraíso, pero igual que en la historia bíblica llegó la «serpiente» (inversión extranjera) a provocar el conflicto y la destrucción.

En los últimos meses en dicho Refugio se desató una lucha entre el gobierno, asociaciones ambientalistas y el empresario checo Jan Kalina, por daños cometidos al ambiente.

Una clara denuncia del problema quedó plasmada en el libro «La loca de Gandoca», de Anacristina Rossi.

Rossi, quien tiene una propiedad en esta zona, ha vivido de cerca los problemas que se han presentado y las violaciones cometidas por Kalina en el refugio, por esta razón es que escribió el libro.

En la obra se narra como la región se convirtió en un ejemplo vivo del ultraje, cuando una extranjera inicia la construcción de un proyecto turístico llamado «Eco Dólares» (en la realidad se llama Proyecto de Desarrollo Turístico Punta Uva S.A.), sin estudios de impacto ambiental.

«Daniela», principal personaje del libro, se ve inmersa en un proceso de lucha contra quienes aprobaron la venta de la soberanía nacional.

Las violaciones que se dieron con el proyecto del hotel Las Palmas, ubicado en Punta Uva se centran en la construcción de cabinas sin control (al no contar con el permiso de las autoridades correspondientes); y tala indiscriminada de árboles.

También se destruyeron arrecifes únicos en el mundo para construir un canal de drenaje del terreno, con lo cual se viciaron los 50 metros de milla marítima pública, ya que este obstruye el paso peatonal.

Además, se construyó un bar en zona inalienable, así como la utilización de palmeras para alumbrado público, se utilizó un tractor en la playa para nivelarla y posteriormente se tiraron los sedimentos al mar.

Las irregularidades del proyecto turístico se basaban en violaciones a la Ley Forestal, la Ley Vida Silvestre, el Decreto del Reglamento del Refugio y no cumplían con los permisos de uso concedido por el Gobierno.

El final de la historia literaria parece no haber terminado, pues en marzo de este año, fue revocado el permiso de uso.

En el acta declaratoria del MIRENEM se especifican los trámites administrativos seguidos en el caso, las violaciones hechas por Kalina y se le concede un plazo de 6 meses para dejar el lugar como lo había encontrado

Ante esta situación Kalina presentó un recurso ele amparo ante la Sala IV, el cual fue resuelto a su favor, esta semana, debido al procedimiento utilizado por el MIRENEM.

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