La sotana revive al querido Carmuco

Sánchez C., Alexánder. La sotana revive al querido Carmuco. La Nación, Viva (San José, Costa Rica), 7 de febrero de 2013, p.8

 

Carmuco encuentra su preciada sotana y, en medio de la basura, comienza una nueva vida. Es ahora el “sacerdote” de los buzos, o más bien, el oasis espiritual en medio de viejas penas, carencias y un sinfín de esperanzas.

El miércoles 13 de febrero, en el anfiteatro del Cenac (7 p. m.), se estrenará el cortometraje Carmuco, de Patricia Velázquez. El filme es un extracto de lo que será un próximo largometraje basado en la novela tica Única mirando al mar (1993), de Fernando Contreras.

De hecho, el guion del corto es obra del mismo Contreras y Gabriela Calderón. Ambos autores recrearon el momento en que Oso Carmuco, personaje destacado de la novela, halla su famosa sotana y comienza su peculiar misión.

Con un libro de rezo en mano, Oso Carmuco – que es alcohólico y no respeta del todo el voto de castidad, oficia ‘misas’ y hasta matrimonios en el mismo botadero.

“Al igual que el largo, el corto retrata momentos posteriores a la novela. En el caso del cortometraje, la trama se ubica 20 años antes de los hechos narrados en Única mirando al mar”, explicó Velázquez.

Quien en el corto da vida a Oso Carmuco, es el actor Armando Herrera, quien se desempeña como conductor de bus, en la ruta Tibás-San José.

“Actuar es mi pasión y me entrego al máximo cuando hago un papel. Es como si fuera un actor profesional. Tanto es así, que al igual que Oso Carmuco, llegué a sentir que yo era, realmente, el cura de esa comunidad”, dijo entre risas Herrera.

“Para mí fue impresionante hacer ese papel, pues él, a pesar de que podría verse como un hombre perdido por su vicio, encuentra valoración siendo un cura. Entonces, su vida toma un sentido, que es ayudar a los demás”, agregó Herrera.

Pero no solo el Oso Carmuco saldrá en el corto; también aparecerán personajes como la famosa Única, el Bacán y don Retana, todos muy conocidos de la novela.

Laborioso. El corto Carmuco, de 10 minutos de duración, se filmó durante dos días en Miramar de Puntarenas, con jornadas de trabajo de casi 18 horas continuas.

“El primer día grabamos en un precario a orillas del basurero… Había pobladores muy inquietos por el corto. El segundo día fue peor: estábamos dentro del basurero y el calor de Puntarenas, sumado al hedor de la basura, hacia todo muy duro”, recordó Velázquez.

A pesar de todo, la realizadora destacó que el equipo de trabajo se entregó al máximo para lograr el producto final, el cual usted podrá ver de forma gratuita en el Cenac.

Incluso, Velázquez recordó que Herrera llegó a hundir su cabeza en la basura, como muestra de su compenetración total con el personaje central del filme.

Lo que se viene. La filmación del largometraje –del cual se desprende el cortometraje Carmuco–, se espera realizar en el 2014.

Según Velázquez, el largometraje está en etapa de desarrollo y ya recibió apoyo económico por parte de Proartes y el programa Ibermedia.

“Con la conclusión de este corto, considero que ya tenemos una carpeta sólida para solicitar fondos para la producción del filme”, explicó Velázquez.

“Con Carmuco se cierra un ciclo, pues más allá de realizarlo para facilitar la búsqueda de financiamiento, necesitábamos filmar en el basurero, con todo lo que eso implica”, finalizó la cineasta

http://www.nacion.com/2013-02-07/Entretenimiento/la-sotana-revive-al-querido-carmuco.aspx

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Sobre la nueva versión de Única mirando al mar

Contreras Castro, Fernando. “Sobre la nueva versión de Única mirando al mar”. San José, Costa Rica: El autor, 4 de marzo de 2010

Fernando Contreras Castro

¿Debe un escritor alguna explicación acerca del por qué escribe o reescribe algo?
En principio, la respuesta es no. El escritor ofrece un relato y, en palabras de Barthes: “el texto propone y el lector dispone”.
Queda así en manos del lector el papel de completar la totalidad juego, y en esto, está solo. El escritor, aunque quisiera colaborar y fuera esa su mejor intención, nada puede hacer al respecto: la novela está escrita, editada, y en manos del lector.
Soy escritor cuando estoy sentado frente a mi máquina escribiendo, o cuando en el momento más inesperado se me ocurre un tema. Soy escritor también mientras ando con ese tema en la cabeza luchando por llevarlo a lo que considere el mejor de los finales posibles, aunque eso sea sólo una vana aspiración pues, ya se sabe: siempre habrá un mejor final para cada relato precisamente ahí, en el abismo que precede al punto final.
Una vez entregado el texto a los lectores, inmediatamente dejo de ser escritor y paso a ser cualquiera otra cosa, un autor, por ejemplo o, en el mejor de los casos, un lector más así sea de lo que acabo de entregar. Ya nada hay que pueda hacer al respecto… o casi nada, dado que como lector estoy en la misma libertad que otro para hablar sobre lo escrito. Pienso aquí, irremediablemente en Cervantes cuando en el prólogo al desocupado lector le dice: “puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres de ella.”
Si lo anterior no me exculpa y libera de las secuelas provocadas por la lectura de mis libros, tengo aquí un último argumento que seguro sí lo hará: El lector toma un libro bajo su cuenta y riesgo. Después de un par de líneas o de páginas sabrá si obedeciendo a su más inapelable albedrío lo sigue leyendo, o si por el contrario, lo abandona en ese punto. Sea su decisión la que sea, no vuelva los ojos en busca de los del escritor para ver en su mirada la aprobación benigna, o el gesto condenatorio que lo arrastraría a seguir leyendo, porque en ese momento el escritor ya no existe.
Como lector entonces, y sólo en esa condición, me atrevo a señalar algunos aspectos sobre la reescritura de la novela Única Mirando al Mar.
Veamos: Una reescritura no es una corrección de un texto, sino que significa retomarlo de principio a fin para volver a decirlo de otra manera.
Pero, ¿por qué un escritor se toma semejante molestia? La respuesta solo puede ser una: porque nunca quedó satisfecho con la forma en la que lo dijo esa primera vez. De modo que su intención no es otra que la de permitirse una segunda (a veces hasta una tercera), oportunidad para replantear la fórmula de la novela.
Una segunda consideración no menos importante: Un escritor se toma la molestia de reescribir alguno de sus textos porque sigue creyendo que el tema es bueno, por lo que merece ser narrado de mejor manera.
La reescritura está más que justificada, se emprende y culmina con el nacimiento de un nuevo texto sobre un antiguo tema. Lo que conlleva necesariamente a un problema: ¡Tenemos entonces dos relatos, o dos variaciones sobre un mismo tema!
Como lector, cuando me enfrento a un fenómeno de esta naturaleza, así lo asumo: tengo un tema dicho de dos maneras diferentes, por tanto, me enfrento ahora a un diálogo entre estas dos variantes formales. Los dos textos dialogan, se complementan, se niegan y se afirman mutuamente, todo ello, claro, si el lector así lo desea, porque puede optar también, sin que ello le acarree culpa alguna, por quedarse con solo una de las dos versiones.
En el caso del lector curioso (y desocupado, insistiría Cervantes), o cómplice, como preferiría Cortázar, se trata de una gran oportunidad para adentrarse aún más en aquel mundo que ya creía conocer y que ahora le ofrece toda una “Terra Incógnita” para husmear.

Única Mirando al Mar sigue siendo el tema que el lector ya conoce, la historia aquella de un hombre que llevado por las contradicciones de un sistema injusto al límite de la exclusión social, no encuentra otra salida que la de lanzarse a la basura como un desecho más. En el botadero de la gran área metropolitana, este hombre, rescatado por una mujer buzo y su hijo adoptivo, se ve en el dilema de dejarse morir, como seguramente era su primera intención o bien, replantearse su vida, reinventarse a él mismo y volver a las filas de los que luchan a cada instante por ganarse el sentido de la vida con el sudor de la frente.
El estilo ha cambiado. Ahora es más liviano, lo que permite levantar observaciones más pesadas. El texto es más corto, al punto de calificar dentro de lo que se conoce como “novela breve”: una gran cantidad de lastre fue arrojada al mar en aras de la economía del lenguaje, y el narrador alivia en gran medida a los personajes de sus pesados y viejos parlamentos.
Por lo demás, el paisaje es el mismo, los problemas fundamentales que plantea la novela son los mismos. Personajes más, personajes menos, el elenco es el mismo, y si bien, parece a primera vista que el final ha cambiado… ¡atención desprevenido lector! Se trata sólo de una ilusión óptica, el final es el mismo, sólo parece diferente porque ahora nos ahorramos la metáfora para quedarnos en la ingrata realidad.
Y acaban aquí las consideraciones de un lector más de la mencionada novela, que no por coincidir con la persona del autor se considera en más derecho (ni menos), a intentar una opinión, entiéndase: una lectura.

Nuevas y viejas Concherías

Herrera, Franklin. “Nuevas y viejas Concherías”.  La República, Opinión (San José, Costa Rica), 2005, página 18

 

No hay duda de que Concherías, de Aquileo J. Echeverría, tiene el bien merecido título de clásico de la literatura costarricense y su autor, calificado por Rubén Darío como “el poeta de Costa Rica”, es sin dudas un referente fundamental de nuestra literatura y una fuente de primerísimo nivel para el conocimiento y comprensión de nuestras raíces históricas y lingüísticas y de nuestra nacionalidad y forma de ser.

Por estos días, la editorial Legado publicó otras Concherías. La versión sorprende en primera instancia por la perfecta presentación, que asoma desde su portada, ilustrada con una acuarela de Ana Griselda Hine, que adornó ya otra edición en 1989.

Un aspecto es de novedad en un texto tan leído, publicado, estudiado y representado como Concherías. A diferencia de otras ediciones, Legado consideró como original el libro que salió en 1909, publicado por la Imprenta Elzeviriana de Borrás y Mestres de Barcelona, España, que fuera firmado por el autor el 6 de marzo de ese año, cinco días antes de morir, cuando tenía apenas 43 años, vividos de manera pobre pero alegre y multifacética, ya fuera como militar en la guerra centroamericana contra Rufino Barrios, como ayudante del presidente Cárdenas de Nicaragua, como periodista en Costa Rica, El Salvador y Guatemala, como diplomático en París y Washington, como pulpero en Heredia o como bohemio siempre.

En ese sentido, la nueva edición rescata el primerísimo origen del texto y lo sustrae a un siglo de cambios y “correcciones”, practicados fundamentalmente sobre la ortografía de vocablos que el mismo autor quiso escribir tal cual los escuchaba en boca de sus protagonistas, los conchos, seguramente desconocedores de las sutilezas de la pronunciación y la ortografía reglamentadas por la academia y las variantes lingüísticas de prestigio.

Así, el texto que publica Legado escapa al excesivo celo de correcciones, estudiosos y editores, que consideraron quizá más conveniente trasladar a un lenguaje algo más culto o “correcto” unas palabras puestas ahí por el autor como reflejo de un mundo que surge de la contemplación por parte de un espectador externo y privilegiado. Solo La vela de un angelito, por ejemplo, ha sufrido a lo largo del tiempo más de 40 cambios de esa naturaleza.

En esa dimensión vale la pena releer esta nueva publicación de uno de los clásicos de nuestra literatura, en el entendido de que nos acercará mejor a un mundo de ingenuidad primaria y sencillez campesina.

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Entonces, vale recordar las palabras de Darío en el Prólogo de aquella edición barcelonesa: “Echeverría habla bien su lengua patriótica (…). Y yo aprovecho la ocasión para decir cuánto me encantan los poetas que como el árbol de su floresta dan la flor propia”.

El Principito reina

AP. París. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 24 de diciembre de 1999, p. 14

La obra de Saint-Exupery fue proclamada como  el libro del siglo.

El Principito, una deliciosa fábula de idealismo e inocencia de Antoine de Saint-Exupéry, fue proclamado por votación el libro del siglo, en una encuesta entre el público francés que publicó el diario Le Parisien.

Antoine de Saint-Exupery, un piloto que nos abrió el reino del corazón  con El Principito.

El libro conquistó los votos del 45 por cientos de los consultados, con una considerable ventaja sobre El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, que obtuvo el 23 por ciento.

En una tercera posición El gran Meaulnes, de Alain Fournier, con un 20 por ciento.

Saint-Exupéry es una figura legendaria en Francia, ya que su trágico destino y su legado literario lo elevaron al rango de uno de los autores más populares.

Desapareció piloteando su avión el 31 de julio de 1944 cerca de la costa francesa, luego de haber despegado de Córcega, en una misión aliada contra los nazis.

Las reiteradas búsquedas que se hicieron cerca de Niza no lograron encontrar su Lockheed P-38, y las teorías relativas a la desaparición del piloto, de 44 años, incluyen fuego enemigo, problemas mecánicos y aun suicidio.

El Principito, una fábula que evoca esperanza universal, fue escrita en 1943 durante plena guerra mundial, se popularizó en todo el mundo y fue traducido a 84 idiomas.

Otros libros destacados por estudio de opinión fueron El extranjero, de Albert Camus, y En busca del tiempo perdido, la obra monumental de Marcel Proust.

Camus, que nació en 1913 en Argelia, ganó el Premio Nobel de literatura en 1957 y murió tres años después en un accidente automovilístico.

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La encuesta, de la agencia especializada CSA, basó sus conclusiones en las respuestas de 1,016 personas.

Señora de la libertad

Carazo, Juan J. La Prensa Libre (San José, Costa Rica), 14 de junio de 1999, p. 2

Carmen Lyra: 50 años después de su muerte

No era una simple maestra de adorno y de ficción que se contentaba con llenar de contenidos a sus alumnos: era madre de los niños de su escuela y cuando vio la miseria, el frío y las desnudeces de sus hogares, se sintió inmersa y lanzó un grito que aún resuena y resonará siempre… mientras existan en nuestro país y en el mundo niños enfermos, raquíticos, descarriados que padecen todas las miserias por culpa de una sociedad egoísta.

Uno de los más altos y finos espíritus de nuestro país, escritora brillante, poetisa profunda, maestra extraordinaria, mujer ejemplar, militante inapreciable de las causas más elevadas de nuestra América Latina, estos son sólo algunos de los calificativos que se le dan a María Isabel Carvajal, más conocida como Carmen Lyra.

Nació un 15 de enero de 1888 en la cuidad de San José. Muy pronto siente la inclinación o  vocación de servir a los pobres. Después de haber concluido sus estudios en esta ciudad, inició su labor como novicia en el Hospital San Juan de Dios. Se graduó como Maestra Normal.

El dolor humano y las miserias que cada día observa le van provocando la necesidad de relatarlas, inicia así su labor literaria. Posteriormente se integra al Centro de Estudios Germinal y asume la dirección de la Revista Renovación.

Viaja a Europa a estudiar en la Universidad de París, enviada por el Gobierno de la República. A su regreso volvió a la enseñanza, a la que se había dedicado antes de su viaje y en especial a la educación infantil preescolar.

Ella fue quien fundó en San José la primera escuela maternal Montessoriana; para la que creó el material y los métodos indispensables.

Su talento y su inquietud la llevaron siempre en una actitud de protesta contra la inmoralidades cometidas por el orden establecido, en diversas actividades sociales y políticas. En su vieja casa de San José se reunían los grupos de jóvenes intelectuales y escritores en los años 30 y 40.

Desde 1931 se afilió al reciente partido comunista, que se llamó  bloque de Obreros y Campesinos y más tarde Vanguardia Popular. Como ella había leído muchísimo y poseía una amplia cultura universal, desde el primer momento fue directora intelectual del partido.

Su ingreso al Partido Comunista de nuestro país le permite publicar artículos en el semanario “Trabajo”; en ellos denuncia las pésimas condiciones  en que viven los barrios pobres. Nadie puede dudar del gran valor de esta mujer que amó sobre todas las cosas la tierra en la que nació. Carmen Lyra condujo al pueblo en su lucha contra la dictadura de los hermanos Tinoco, que culminó con el incendio del diario La información. Fue perseguida por diferentes gobiernos que vieron en ella a una defensora de la justicia y de la razón.

Su obra literaria

Sus primeros trabajos escritos fueron exclusivamente literarios y aparecieron en las revistas Pandemonium, Ariel y Atenea, o como parte de publicaciones colectivas.

Más tarde cuando privó en ella la ideología social, publicó en Repertorio Americano, en las revistas Renovación (la que ella dirigió y en los diarios del país, sobre todo en “Trabajo”, órgano del Partido Comunista. Sus primeras publicaciones fueron cuentos cortos y artículos de crítica literaria.

Su primera obra importante apareció en 1918, “Las Fantasías de Juan Silvestre” y poco después se publicó su mejor obra de juventud la novela “ En una silla de ruedas”, obra costumbrista y sentimental. Su libro más conocido y popular del que se han hecho gran número de ediciones, es “ Los cuentos de mi tía Panchita”, colección de narraciones para niños, sobre temas populares de diversas fuentes, vertidos por la autora al lenguaje y a las circunstancias costarricenses.

Otro aspecto interesante de esta escritora es la serie de dramatizaciones infantiles, que escribió para las escuelas.

El resto de su obra es periodística y de combate, cuadro sociales de sátira y pequeños ensayos, entre los que se destaca el conjunto titulado “Bananos y hombres”. En sus últimos escritos hay fuertes censuras contra la explotación extranjera, la sociedad, la iglesia y las instituciones oficiales.

Es interesante observar que, a pesar de que conocía la doctrina marxista, en sus escritos no acude a razones doctrinarias sino a la copia de la realidad, con fuerza y recursos de verdadera escritora.

Su legado social

Durante el gobierno de Julio Acosta, Carmen Lyra es enviada a Europa en un viaje de estudios. Allí recibe la influencia de las ideas de Haya de la Torre, la naciente revolución Rusa, el fascismo Italiano y la revolución de ideas de Rodó, Vasconcelos, Ingeniero y Hostos entre otros.

Todo esto provocó un cambio en el estilo de Carmen Lyra nacido de la trasformación de sus ideas relacionadas con educación, cultura y las relaciones sociales entre las diferentes clases.

Por su actividad política fue castigada con el exilio en México, país en el cual murió, un 13 de mayo de 1949.

La violencia política trajo a Carmen Lyra hasta México.

Arrancada de su pueblo y de su tierra; como acto final de una serie de hondas conmociones que sufriera en nuestro país, vivió en México llena de angustias por la suerte de los suyos y por los acontecimientos dramáticos que se venían desarrollando en esa época.

Allá enfermó y murió. Su último deseo era morir en su Patria; pero eso no fue viable.

La muerte de María Isabel Carvajal dejó un sitio que muy pocos pueden ocupar; pero también dejó una senda llena de luz para nuestros niños, mujeres y hombres de estas tierras.

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Su obra no ha de extinguirse, sino que con el tiempo ha de creer, porque parte de ella se renueva cada año por estos ámbitos, en los cuentos maravillosos que ella contó para todos los niños actuales y futuros.

Carmen Lyra

Carmen Lyra

Carmen Lyra es el nombre artístico de María Isabel Carvajal, la escritora más significativa de las letras costarricenses y una figura entrañable para varias generaciones educadas con sus relatos a partir de los años cuarenta, cuando, en cada aula, se acostumbraba cerrar el día embelezando a los niños con las travesuras de Tío Coyote y Tío Conejo. Nació en 1888 en San José y murió exiliada en México en 1949. Fue educadora por antonomasia, luchadora cívica, renovadora en la narrativa y la docencia, cuentista y novelista. Entre su vasta producción figuran numerosos artículos en Repertorio Americano y otras revistas literarias; los libros Fantasías de Juan Silvestre, Bananos y hombres y Relatos Escogidos; varios ensayos políticos y didácticos; el manual escolar Patria Grande y la novela En una silla de ruedas.

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Vivan las locas

Quesada, Juan Rafael. “Vivan las locas”. La República.  (San José, C.R.), febrero 1993

¡Qué refrescante, qué estimulante es saber que existen mujeres como “La loca de Gandoca“!

La República / Jorge Illá

En Costa Rica hasta los años 40, a la mujer se le educó para que tuviera como fin último “el encontrar un marido”. Sin embargo, con la apertura de la Universidad de Costa Rica se inició, poco a poco, la profesionalizaron de las mujeres, y empezaron a desarrollarse las condiciones necesarias para convertirlas en ciudadanas. No es por casualidad, entonces, la participación de las mujeres en la huelga de “brazos caídos” de 1946 y en los hechos políticos de 1948.

Desde entonces, la mujer ha ido teniendo más participación en diversos órdenes de la vida costarricense y, es posible, que en un futuro cercano hasta lleguen a la casa presidencial. Eso sí, por méritos, no por decretos, ni por apellidos. En ese contexto de la década de 1990 es que debe ubicarse la palabra y la acción de esa valiente mujer –ejemplo para todos los hombres de Costa Rica– llamada Ana Cristina Rossi.

Aunque Ana Cristina se había hecho conocer hace unos años como escritora, por medio de su novela “María la noche”, podemos afirmar, tajantemente, que “La loca de Gandoca” es la obra –éxito de librería– que la ha hecho trascender los medios intelectuales y llegar a un público mucho más amplio. ¿Por qué ese éxito?

Por Ana Cristina, contra viento y marea, ha logrado que se haga de público conocimiento la destrucción de la naturaleza –es decir la fuente de la vida– que se está llevando a cabo, hoy mismo, en Gandoca-Manzanillo, en la provincia de Limón. Porque la autora en una obra con valor literario en sí, se ha referido a un tema de interés general, de desgarradora actualidad.

Mientras otras mujeres desvirtúan nobles causas como el feminismo, y otras se ganan los favores oficiales, reafirmando con nuevos órdenes (marxismo-gremsciano) añejas mitologías sobre el sistema político costarricense, Ana Cristina ha asumido plenamente su responsabilidad ciudadana al denunciar, ayudada por sus dotes literarios, el desastre ecológico, del que sigue siendo víctima buena parte de la zona atlántica.

¡Claro está, Ana Cristina ha debido enfrentar muchos obstáculos! Dificultad para obtener información en el MIRENEM, intimidaciones, amenazas de extranjeros, matonismo por parte de “muchos” malinschistas, etc. Pero esencialmente, el mayor obstáculo –de ahí su enorme mérito– ha sido el comportamiento generalizado de los costarricenses: el ser tico, o sea, palanganas, oportunista, ayuno de compromiso, zafa lomo. Es este comportamiento, el que Rodrigo Facio calificó, en su momento determinado, para descalificarla –como quisieron hacer con Carlos Morales cuando denunció los desmadres del CSUCA–, la trataron de loca.

¡Gracias Ana Cristina por esta renovadora inyección de optimismo; por fortalecer nuestra responsabilidad ciudadana! Gracias mil, por recordarnos que Costa Rica vale más que todo el oro del mundo. Por eso queremos decir a todo pulmón: “¡Vivan las locas!”.

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La muñeca de Emilia

La muñeca de Emilia

La muñeca de Emilia

La eventualidad de que un día despertemos enterrados en los desechos de todo tipo que a diario producimos y a nuestro alrededor tiramos, no es sólo una angustia fantasiosa de la literatura tremendista. De hecho, eso podría convertirse en una espantosa realidad, si no controlamos esos desperdicios que nuestra sociedad apática desparrama, sin conciencia, por el globo terráqueo . La niñez —futuro natural de la Humanidad— es la primera víctima de los actos que ensucian o degradan el hábitat, y es también la mejor reserva para combatir la depredación que hacemos del medio ambiente los adultos. A esa infancia frágil y receptiva es hacia donde apunta este texto mágico y directo en el que María, la niña protagonista, es aleccionada y puesta en alerta por peces y pájaros para que la contaminación del entorno y su consecuente destrucción del planeta, dejen de ser una costumbre o un mal hábito de sus descuidados habitantes.

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Limón Reggae

Limón Reggae

Limón Reggae

Limón Reggae es la esperada novela de Anacristina Rossi luego del éxito de su anterior Limón Blues. Segunda de una trilogía, esta obra es un lienzo que retrata la Centroamérica del final del siglo XX. Desde su niñez en Limón, en los años 70, Laura/Aisha, personaje principal, registra las luchas reivindicativas de los negros en Estados Unidos y su impacto en el Caribe costarricense. Esto marcó su vida. En un estilo que cautiva y atrapa desde el inicio, la obra nos lleva por una historia trepidante y, con Laura como testigo de excepción, muestra la brutalidad de las dictaduras militares en Nicaragua y El Salvador, la lucha revolucionaria, las agitadas pasiones, los intensos amores y desencantos de los protagonistas de esa turbulenta época. Entre la felicidad efímera y la lucha persistente, una cadencia los une: “el reggae con su compás atrasado, su backbeat misterioso, su espacio de silencio, de poder y de gloria.”

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La loca de Gandoca

La loca de Gandoca

La loca de Gandoca

Anacristina Rossi pertenece a una nueva generación de escritores costarricenses que rompe los moldes tradicionales en la literatura de su país. Traductora e intérprete graduada de la Universidad de París, Francia; tiene una maestría en Mujer y Desarrollo del Instituto de Estudios Sociales de la Haya, Países Bajos. Ha ejercido el periodismo y participa activamente en las luchas en defensa del medio ambiente y los derechos de las mujeres indígenas. Su novela María la Noche, publicada por la Editorial Lumen, de España, ganó el Premio Nacional de Novela en Costa Rica (1985); fue traducida al francés y publicada por la Editorial Actes Sud, de Francia. De su libro Situaciones Conyugales han sido traducidos varios cuentos para antologías francesas y norteamericanas.

Tejida con el cautivante hilo de una historia de amor –poética y trágica a la vez– esta obra tiene por marco las luchas por preservar la riqueza ecológica del Refugio de Vida Silvestre Gandoca-Manzanillo en el litoral Atlántico de la provincia de Limón, Costa Rica. De gran acogida en el público (sus sucesivas ediciones sobrepasan ya los cuarenta mil ejemplares), aborda temas de gran vigencia como la corrupción, la inversión extranjera, la soberanía nacional y la depredación del medio ambiente. Mezcla de realidad y ficción, cuando fue publicada La loca de Gandoca (1992) generó un debate que llevó a la Corte Suprema de Justicia a pronunciarse sobre los hechos denunciados. Hoy en día, esa área, supuestamente protegida, lucha contra los peligros de la exploración petrolera y la amenaza de un desarrollo turístico sin regulación suficiente.

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