Para leer en vacaciones. Existe una amplia gama de libros para disfrutar en el fin de año.

Mora, José Eduardo. “Para leer en vacaciones.  Existe una amplia gama de libros para disfrutar en el fin de año”.  Semanario Universidad (San José, Costa Rica), 7 diciembre de 2006, p. 12

Ensayos, novelas, volúmenes de relatos, autobiografías: el mercado costarricense ofrece para esta época lo más variado en el campo de las letras, con el fin de que diciembre sea un reencuentro con la lectura.

En formato de lujo llega a las librerías nacionales una nueva edición de “La hoja de aire”, de Joaquín Gutiérrez, la cual fue producida en España y viene complementada con unas bellísimas ilustraciones de Emilio González Sáinz.

La edición, que estuvo a cargo de Juliana Penagos, y que es una verdadera joya desde el punto de vista de la producción gráfica, es la primera que se hace de la novela en tierras españolas. En el país la obra es distribuida por la editorial Legado.

Releer “La hoja de aire” trae consigo la comprobación, por ejemplo, de que en esta Costa Rica todavía hay una vasta pobreza en el campo intelectual, como la sufría Alfonso, dado que aún los espacios para la conversación inteligente, para la tertulia literaria y para el intercambio de ideas son reducidos.

La obra se lee en un par de horas, pero sus efectos pueden durar toda la vida, porque es un texto al que no le falta ni le sobra nada y porque tiene una enorme vigencia.

Realizado por Taller Editorial Piedra de Toque, el libro trae un prólogo del escritor mexicano Jordi Soler y el original escrito por Pablo Neruda.

“Aunque Joaquín Gutiérrez es un costarrico general, que desde joven se naturalizó en el continente, otorgándose la más espaciosa ciudadanía, hay que buscar en este mágico relato el sabor central de la América delgadísima que esencialmente representa”,  escribió en 1968 Neruda.

La cultura de la mojigatería a la que se enfrentó Alfonso antes de irse a México y a su regreso, el amor que siempre vuelve con sus recuerdos ficticios y una prosa escrita casi como un susurro, hacen de “La hoja de aire” una lectura especial para la época.

Historia y Teatro

A quienes les interese el teatro se hallarán una edición de “La Imagen Teatral” del fallecido Lenín Garrido, la cual es editada por editorial Promesa.

El texto reviste importancia porque Garrido, quien fuera profesor de literatura en la Universidad de Costa Rica, aborda el tema desde el ámbito teórico, aunque también con base en su larga experiencia como actor y director.

“Es natural que al ejercicio de una actividad artística se llegue por amor, por amor que despierta la potencia interna del espíritu; la habilidad técnica, erudición relativa al arte, la práctica, la constancia, pero también el amor por un arte despierta el deseo de conocerla en toda su realidad íntima”, decía Garrido en la introducción.

En el ámbito de la historia hay dos libros que pueden resultar una relevante lectura en el fin de año como son “La historia no es solo color de Rosa” del catedrático Gerardo Contreras y “Clarín patriótico: la guerra contra los filibusteros y la nacionalidad costarricense”, de Juan Rafael Quesada.

En “La historia no es color de Rosa” Contreras hace un sólido recorrido por los 75 años de Partido Comunista en Costa Rica y evidencia las contradicciones de clase que dieron origen a esa organización.

El 16 de junio de 1931, cita Contreras, se estableció formalmente el Partido Comunista de Costa Rica, el cual desempeñaría una función extraordinaria en los acontecimientos de 1948, que culminaron con la junta de la Segunda República, presidida por José Figueres Ferrer.

La fundación del Partido Comunista representó, de acuerdo con Contreras, “un elemento fundamental, esto es, un Partido de la clase trabajadora, lo que implicó un salto cualitativo en el proceso de la lucha de clases en la escala nacional”.

Para todo estudioso del aporte del comunismo en el país, la obra publicada por ediciones perro Azul, es imprescindible para entender la Costa Rica contemporánea.

Quesada, por su parte, sostiene que antes de la guerra del 56, ya la idea de nacionalidad se había cristalizado en el imaginario nacional.

“La nacionalidad, en tanto, que sentimiento de identificación colectiva, ya había adquirido un arraigo importante en el imaginario costarricense. La guerra, hazaña colectiva por antonomasia, constituyó una coyuntura especial en la que se tejieron lazos de unión y solaridad”.

Los vínculos de esa nacionalidad que se notaron en la guerra contra los filibusteros encabezados por William Walker se pueden rastrear, según Quesada, ya en los inicios de la colonia.

La guerra del 56-57, asegura el historiador, constituyó una oportunidad para que el pensamiento martiano se plasmara en la realidad, puesto que la patria se defendió en las “trincheras de ideas”.

El libro de Quesada fue publicado por Alma Máter y es una lectura alternativa sobre el 56 en el 150 aniversario de la gesta nacional.

Universales

Además de la lecturas sugeridas en las líneas anteriores, usted también se puede adentrar en textos con renovada pasión, porque más que leer, como decía Jorge Luis Borges, el placer está en releer.

Una aventura intelectual maravillosa es abrir el vasto tomo del Conde de Montecristo de Alejandro Dumas y hacer ese recorrido por ese inmenso personaje que es Edmundo Dantés, una vez que sale transformado del Castillo de If.

Tras haberse fugado de la prisión, con motivo de la muerte del abate Faría, sale al mundo el Conde de Montecristo, quien es visto así por Gabriel García Márquez, Nobel de Literatura 1982.

“A esa hora ya existía en el mundo -creado para el asombro y la memoria de la humanidad- un tercer personaje indestructible: el Conde de Montecristo, dueño de una sabiduría universal, una fortuna incontable y una sed de venganza que no lograría saciar aún después de haberse castigado sin tregua ni piedad a sus enemigos”.

Hay una muy cuidada edición, entre otras, del debate sobre este maravilloso libro, que se publicó en un principio como un largo folletín que Dumas escribió a mano para los periódicos de la época.

Para los que gustan de las crónicas se encuentran en librerías unos pocos ejemplares de “Artistas, locos y criminales” del periodista y escritor Osvaldo Soriano.

El periodismo realizado por Soriano en La Opinión de Buenos Aires, donde fue director de deportes, es el cimiento de esas crónicas en las que el autor de “Cuarteles de invierno” hace gala de su exquisita técnica narrativa y de una capacidad asombrosa para adentrarse en el lado humano de sus personajes.

Basta citar la crónica “Un odio que conviene no olvidar”, una semblanza del decaído y olvidado boxeador José María Gatita, en la que Soriano, con dedicatoria a Julio Cortázar, hace un despliegue de su mejor técnica periodística y narrativa.

Y para los que gustan de géneros que anden a caballo entre la literatura y el periodismo, está el sorprendente trabajo de David Yallop, “En nombre de Dios”, que con una edición actualizada de Sudamericana circula de nuevo en las principales librerías.

El libro es una investigación exhaustiva sobre los motivos que condujeron al asesinato de Juan Pablo I, tan solo 33 días después de haber asumido su cargo como jefe espiritual del catolicismo.

Gracias a las técnicas del periodismo literario, es posible saber que la última cena de Luciani consistió en “un ligero caldo, un bistec de ternera, un plato de judías verdes y un poco de ensalada”.

Así detalle a detalle, Yallop se adentra en la maquinaria que propició el asesinato de Luciani, sustituido luego por el conservador Juan Pablo II.

Hay lecturas para todos los gustos que incluye a autores naciones y extranjeros, solo es cuestión de adentrarse en el incomparable universo de los libros.

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La gran huelga de 1934. “ Calufa” en los bananales

Naranjo Chacón, Gustavo A. “La gran huelga de 1934. “ Calufa” en los bananales”. La Prensa Libre. (San José,C.R.), 4 de agosto del 2001. p.3.

Hace 67 años Jaime Cerdas Mora y Carlos Luis Fallas lideraron la huelga contra la United Fruit Co.

La gran huelga bananera de 1934 fue el epítome de las diversas huelgas y protestas iniciadas en 1888 por diferentes grupos de trabajadores que solicitaban en su mayoría las mismas cosas: mejora en las condiciones y los salarios, seguridad laboral…

Fueran los italianos, los trabajadores bananeros o los “tutiles”, esta cadena de rebeldía no podía pasar desapercibida por el incipiente Partido Comunista, el cual había visto validar su posición tras la crisis de 1929.

En 1934 Manuel Mora es elegido diputado al Congreso. Ese mismo año se da la gran huelga bananera, en la que participan cerca de 10 mil trabajadores, jefeados por Carlos Luis Fallas y Jaime Cerdas. Al año siguiente, aparecen dos de las obras más polémicas que haya visto el país: “ Costa Rica, Suiza Centroamericana” de Mario Sancho y “El Infierno Verde” de José Marín Cañas y hay una gran polémica por la medalla de oro que recibe Francisco Zúñiga por su Monumento a la Madre. Poco a poco, los alegres años veinte iban quedando más y más atrás en el tiempo.

La grande

Ya desde entonces -¿Quién dice que ahora es diferente? –el precio del banano dependía de la demanda de los mercados estadounidenses, mucho más temperamentales que los europeos y únicos accesibles desde la primera Guerra Mundial. Muchas fueron las ocasiones en que la United destruía las recimas de banano para mantener sus precios altos en el país del norte, haciendo a os finqueros nacionales asumir las pérdidas. Estos a su vez, preocupados por quedar con algo de ganancia, pagaban a sus trabajadores por las racimas recibidas en lugar de las cosechadas… cuando no remuneraban con boletas. Esta práctica fue denunciada por el escritor izquierdista de pensamiento y socialista de corazón Carlos Luis Fallas:

“Así llenan sus áreas de los ogros que viven en Wall Street, con el oro amasado con lágrimas, sudor, esputos de sangre y gritos de angustia y que hiede a pus, a pierna podrida y a ron”.

Magnificado en ocasiones, deplorables eran las condiciones y nulas las garantías que tenían los trabajadores de la tierra de Mr. Chittenden –gerente de la bananera- negándose a entrar las leyes nacionales dentro de aquellos parajes.

Bajo estas condiciones no fue difícil hacerles entender la necesidad de organización.

Aquí hace su entrada Carlos Luis Fallas quien habiendo sido trabajador bananero y encontrándose exiliado en Limón por increpar al Gobernador de Alajuela, comenzó la monumental tarea de crear comités dentro de la inmensidad de las fincas que se extendían desde el Valle de la Estrella hasta Guápiles.

Fallas se convirtió así en el eslabón que unió al Partido Comunista con la masa de trabajadores, y gracias a su labor de hormiga, pudo junto a Jaime Cerdas levantar en huelga a 10.000 trabajadores para el 9 de agosto.

Señora de la libertad

Carazo, Juan J. La Prensa Libre (San José, Costa Rica), 14 de junio de 1999, p. 2

Carmen Lyra: 50 años después de su muerte

No era una simple maestra de adorno y de ficción que se contentaba con llenar de contenidos a sus alumnos: era madre de los niños de su escuela y cuando vio la miseria, el frío y las desnudeces de sus hogares, se sintió inmersa y lanzó un grito que aún resuena y resonará siempre… mientras existan en nuestro país y en el mundo niños enfermos, raquíticos, descarriados que padecen todas las miserias por culpa de una sociedad egoísta.

Uno de los más altos y finos espíritus de nuestro país, escritora brillante, poetisa profunda, maestra extraordinaria, mujer ejemplar, militante inapreciable de las causas más elevadas de nuestra América Latina, estos son sólo algunos de los calificativos que se le dan a María Isabel Carvajal, más conocida como Carmen Lyra.

Nació un 15 de enero de 1888 en la cuidad de San José. Muy pronto siente la inclinación o  vocación de servir a los pobres. Después de haber concluido sus estudios en esta ciudad, inició su labor como novicia en el Hospital San Juan de Dios. Se graduó como Maestra Normal.

El dolor humano y las miserias que cada día observa le van provocando la necesidad de relatarlas, inicia así su labor literaria. Posteriormente se integra al Centro de Estudios Germinal y asume la dirección de la Revista Renovación.

Viaja a Europa a estudiar en la Universidad de París, enviada por el Gobierno de la República. A su regreso volvió a la enseñanza, a la que se había dedicado antes de su viaje y en especial a la educación infantil preescolar.

Ella fue quien fundó en San José la primera escuela maternal Montessoriana; para la que creó el material y los métodos indispensables.

Su talento y su inquietud la llevaron siempre en una actitud de protesta contra la inmoralidades cometidas por el orden establecido, en diversas actividades sociales y políticas. En su vieja casa de San José se reunían los grupos de jóvenes intelectuales y escritores en los años 30 y 40.

Desde 1931 se afilió al reciente partido comunista, que se llamó  bloque de Obreros y Campesinos y más tarde Vanguardia Popular. Como ella había leído muchísimo y poseía una amplia cultura universal, desde el primer momento fue directora intelectual del partido.

Su ingreso al Partido Comunista de nuestro país le permite publicar artículos en el semanario “Trabajo”; en ellos denuncia las pésimas condiciones  en que viven los barrios pobres. Nadie puede dudar del gran valor de esta mujer que amó sobre todas las cosas la tierra en la que nació. Carmen Lyra condujo al pueblo en su lucha contra la dictadura de los hermanos Tinoco, que culminó con el incendio del diario La información. Fue perseguida por diferentes gobiernos que vieron en ella a una defensora de la justicia y de la razón.

Su obra literaria

Sus primeros trabajos escritos fueron exclusivamente literarios y aparecieron en las revistas Pandemonium, Ariel y Atenea, o como parte de publicaciones colectivas.

Más tarde cuando privó en ella la ideología social, publicó en Repertorio Americano, en las revistas Renovación (la que ella dirigió y en los diarios del país, sobre todo en “Trabajo”, órgano del Partido Comunista. Sus primeras publicaciones fueron cuentos cortos y artículos de crítica literaria.

Su primera obra importante apareció en 1918, “Las Fantasías de Juan Silvestre” y poco después se publicó su mejor obra de juventud la novela “ En una silla de ruedas”, obra costumbrista y sentimental. Su libro más conocido y popular del que se han hecho gran número de ediciones, es “ Los cuentos de mi tía Panchita”, colección de narraciones para niños, sobre temas populares de diversas fuentes, vertidos por la autora al lenguaje y a las circunstancias costarricenses.

Otro aspecto interesante de esta escritora es la serie de dramatizaciones infantiles, que escribió para las escuelas.

El resto de su obra es periodística y de combate, cuadro sociales de sátira y pequeños ensayos, entre los que se destaca el conjunto titulado “Bananos y hombres”. En sus últimos escritos hay fuertes censuras contra la explotación extranjera, la sociedad, la iglesia y las instituciones oficiales.

Es interesante observar que, a pesar de que conocía la doctrina marxista, en sus escritos no acude a razones doctrinarias sino a la copia de la realidad, con fuerza y recursos de verdadera escritora.

Su legado social

Durante el gobierno de Julio Acosta, Carmen Lyra es enviada a Europa en un viaje de estudios. Allí recibe la influencia de las ideas de Haya de la Torre, la naciente revolución Rusa, el fascismo Italiano y la revolución de ideas de Rodó, Vasconcelos, Ingeniero y Hostos entre otros.

Todo esto provocó un cambio en el estilo de Carmen Lyra nacido de la trasformación de sus ideas relacionadas con educación, cultura y las relaciones sociales entre las diferentes clases.

Por su actividad política fue castigada con el exilio en México, país en el cual murió, un 13 de mayo de 1949.

La violencia política trajo a Carmen Lyra hasta México.

Arrancada de su pueblo y de su tierra; como acto final de una serie de hondas conmociones que sufriera en nuestro país, vivió en México llena de angustias por la suerte de los suyos y por los acontecimientos dramáticos que se venían desarrollando en esa época.

Allá enfermó y murió. Su último deseo era morir en su Patria; pero eso no fue viable.

La muerte de María Isabel Carvajal dejó un sitio que muy pocos pueden ocupar; pero también dejó una senda llena de luz para nuestros niños, mujeres y hombres de estas tierras.

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Su obra no ha de extinguirse, sino que con el tiempo ha de creer, porque parte de ella se renueva cada año por estos ámbitos, en los cuentos maravillosos que ella contó para todos los niños actuales y futuros.