Recomiendan lectura de Cocorí

«Recomiendan lectura de Cocorí». Semanario Universidad (San José, Costa Rica), 5 de febrero de 2004, p. 18

Una circular donde se recomienda la lectura del libro Cocorí de Joaquín Gutiérrez fue enviada por el viceministro de Educación, Wilfrido Blanco a los directores regionales de enseñanza.  De esta manera el Ministerio de Educación Pública acata una recomendación de la Defensoría de los Habitantes en la que se solicita tomar una serie de recomendaciones para restaurar el prestigio de Gutiérrez.

La polémica alrededor del libro surgió con una circular que emitió el MEP el 24 de enero del 2003 en la que se comunica que la citada obra no era de carácter obligatorio. Dicha comunicación tomó en cuenta el criterio de la Asociación Proyecto Caribe sobre supuestos aspectos discriminatorios en el libro.

En esta nueva comunicación el MEP sugiere la lectura de “Cocorí” y consigna que no ha realizado ninguna investigación que demuestre contenidos racistas ni discriminatorio. Además indica que mediante voto No. 509-96, la Sala Constitucional concluyó que en la obra citada no existe ningún elemento discriminatorio y por lo tanto no existe violación a los derechos fundamentales.

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Nueva Producción. Historia de Cocorí es contada con música

Sanabria S., Sileny. «Nueva Producción. Historia de Cocorí es contada con música». La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 1 de noviembre de 2007, p. 12

 Cultural Propuesta: Esta sábado será el lanzamiento de una nueva producción musical que se basa en el conocido cuento Cocorí.

Un proyecto que surgió de un conocido cuento costarricense, ahora toma lugar en una atractiva producción musical y cultural que cuenta la historia de Cocorí, el niño limonense que junto a otros personajes vivió grandes aventuras.

Cocorí, canciones efímeras es la nueva producción de un grupo de músicos, -todos vecinos de Palmares-, que se unieron para incentivar parte de la cultura tica en una producción teatral musical y que se presentará gratuitamente al público este sábado 3 de noviembre en la tarima principal de La Feria Nacional del libro, que se llevará a cabo en la localidad de Palmares.

Este disco, que ha servido como base para animar obras de teatro, en especial Cocorí, está a la venta en algunas tiendas de discos de Palmares y próximamente en librerías y tiendas de discos en San José por un valor de ¢3000.

Sobre el disco. Con ritmos tropicales como calipso limonense, reggae, el bembé y rock entre otros, el disco incluye siete temas originales tales como: Canción del gallo –tema con el que abre la producción-, La niña rubia, Sortilegio y Arrurrú (canción de cuna), entre algunos otros.

“Aunque las canciones son basadas en el cuento Cocorí, es un trabajo maduro y especial para todas las edades debido al contenido de las letras que esperamos gusten mucho”, comentó Alberto González productor del disco.

El equipo esta integrado por dos compositores y cinco músicos que con gran dedicación fusionaron este cuento con originales sonidos.

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Travesía Infantil

Ramírez, Paola. «Travesía Infantil». La República (San José, Costa Rica), 3 de febrero de 2000, p. 5b

La Editorial Legado introduce en el mercado una nueva versión de la aventura mágica de Cocorí ilustrada por Hugo Díaz.

El intrépido Cocorí saca a relucir su pericia e ingenio en una historia que ha conmovido a cientos de lectores y que ahora Editorial Legado pone a su disposición en las principales librerías del país.

Inquieto y juguetón, este personaje se entrelaza con las letras de Joaquín Gutiérrez y se complementa con las caricaturas de Hugo Díaz en un ambiente donde la flora y la fauna costarricense saltan de las páginas en blanco para crear imágenes que describen sus experiencias.

“En ellas se muestran algunas de las especies que están en vías de extinción o son desconocidas, apartándose de los patrones europeos que han caracterizado otras publicaciones, para ofrecer en esta edición personajes con movimiento, gracia y soltura, dándole la posibilidad al lector incluso de colorearlos”, comentó el gerente de editorial Sebastián Vaquerano.

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Cocorí al rededor del mundo

Estas son las diferentes ediciones de «Cocorí» a través del tiempo…

Chile, 1947, Editorial Rapa Nui

Cocorí

Cocorí, 1947, Editorial Zig Zag

Francia, 1953, Editorial G.P.

Alemania

Alemania, 1956, Editorial Alfred Holz Verlag

Unión Soviética

Unión Soviética, 1960, Editorial Vicielka, Moscú

Holanda

Holanda, 1964, Editorial Van Goor Zonen den Haag

Chile

Chile, 1971, Editorial Nascimento

Argentina

Argentina, 1972, Editorial Guadalupe

Eslovaquia

Eslovaquia, 1973, Editorial Mladé Letá

Ucrania

Ucrania, 1974, Editorial Bicielka

Costa Rica

Costa Rica, 1975, Editorial Costa Rica

Lituania

Lituania, 1980, Editorial Vertimas

Costa Rica, 1983, Editorial Costa Rica

Costa Rica, 1984, Editorial EDUCA

Argentina, 1985, Editorial Guadalupe


Traducciones y otras vagabunderías

Figueres Ferrer, José. 1982. “Traducciones y otras vagabunderías. Notas literarias”. La Presa Libre. (San José, C.R.), 3 de junio 1982,  p. 7

Joaquín Gutiérrez con José María Figueres Ferrer, 1975

¿A cuál vagabundo se le ocurre a esta hora ponerse a traducir a Shakespeare al español? —Del todo vagabundo no debe de ser, porque la traducción es en verso, y probablemente llevó muchas toneladas de trabajo. Tampoco puede ser mal juez el traductor, porque escogió precisamente dos tragedias del bardo que son las preferidas de la gran crítica: el Hamlet y el Rey Lear.

Por casualidad recuerdo que Macauley expresó de pasada esta opinión sobre ambas obras, si la memoria me funciona bien, en su ensayo sobre Milton. Y, para mí, Lord Macauley es el papá y la mamá de los críticos literarios, y de los estetas.

Paradójicamente, por ser yo lector de los originales (desde la época remota de mis propias vagabunderías en Boston), no puedo establecer comparación entre estas traducciones “ticas” recientes, y otras anteriores, producidas a través de varios siglos. Ni siquiera se me hubiera ocurrido leer estos trabajos de ahora, si no fuera porque estoy prejuiciado favorablemente hacia las letras de Joaquín Gutiérrez.

Pero una vez encaminado en la lectura, comencé a sentir algo extraño. He aquí una obra literaria que me es nueva en el idioma, pero viejísima en lo que narra y dialoga, y en sus personajes y sus parábolas y sus metáforas. Me sentía como transitando por los corredores conocidos de un viejo palacio encantado, en un país remoto, oyendo voces familiares expresarse en español.

Ya una vez antes tuve esa misma sensación, al encontrarme no sé donde con los ensayos de Emerson, que yo había conocido desde mi adolescencia traducidos al catalán, que es el idioma universal en que aprendí a hablar como niño, en San Ramón de Alajuela, Costa Rica.

El lector joven de hoy, no conocedor aún de Shakespeare, al iniciarse en estas traducciones llevará una enorme ventaja, además del goce de leer las obras clásicas en lengua propia; la ventaja de no topar con todo un léxico arcaico, que tanto dificulta la lectura, y exige el auxilio frecuente de notas y diccionarios.

Gran parte del trabajo de hacha, de abrirse camino por la selva, lo ha realizado para él, el traductor, sin perder el mágico ambiente del bosque original.

Recuerdo la primera vez que leí el Hamlet en Boston, en tiempo de Cristián Rodríguez y Emilio Valverde Vega. A pesar de estar familiarizado ya con clásicos ingleses más recientes, las dificultades del vocabulario shakespeariano (aunque menos abstracto que el de Chaucer), me detuvieron durante gran parte de la noche. Pero antes de amanecer decidí, por fin, impaciente, echar carrera adelante, sin detenerme a examinar obstáculos, con la intención de volver después, sabiendo a donde iba, a explorar las curvas y recovecos del camino. Pocas páginas antes del final, tuve la sensación de que mi trabajo había sido inútil. No aparecía el desenlace trágico esperado, después de tantas horas de amenazadores nubarrones. Pero de pronto, como por encanto, se desató por todos lados la tormenta. Todos los héroes cayeron, súbitamente, dejando el escenario cubierto de cadáveres sangrientos.

Comprendí que aquellos momentos de duda y desilusión habían sido una triquiñuela; triquiñuela genial del dramaturgo.

Quien empiece hoy por leer la traducción de Gutiérrez, repetirá exactamente mi primera experiencia con el Hamlet, sin el trabajo de abrirse paso por el matorral de los arcaísmos.

Otras dos grandes ventajas tendrá a su favor quien lea directamente a don Joaquín: primera, le sucederá como a un principiante del Quijote, que comenzase por leer el Prólogo de la Segunda Parte. Sería víctima de amor a primera vista. Asimismo, los dos prólogos del propio Gutiérrez, que anteceden a las traducciones, son valiosos enfoques de un pensador de nuestro tiempo, sobre las conocidas tragedias del Siglo XVII.

Le sucederá también, pasando a otro campo enteramente distinto, como al joven matemático, que tiene a su alcance ahora, de una vez, la computadora. Quienes tuvimos que empezar por las tablas de multiplicación, después por las de logaritmos; luego por la regla de cálculo; para llegar, ya de viejos, a la época de las computadoras, envidiamos por analogía a los estudiantes de la tragedia clásica por la facilidad de que disfrutarán hoy, en sus estudios iniciales, gracias a la audacia y a la inspiración de un traductor tico vagabundo (El Hamlet y el Rey Lear de Gutiérrez están a la venta en las librerías de San José, y yo tengo comisión, según los editorialistas de La Nación).

Mucha gente ignora (y por eso el mundo anda tan mal) que yo fui traductor en Nueva York, en 1926 y 1927. Mi despacho, por si algo se les ofrece, estaba en 14 Battery Place, donde nace Broadway, en la punta de Manhattan. Pero no era yo traductor de poesía, ¡Dios me libre! Dictaba fácilmente de las lenguas latinas al inglés, en las materias técnicas cuyo vocabulario sencillo conocía: Física, Electricidad, Maquinaria. A pesar de que sabía de memoria, por otra vagabundería, buena parte de Edgar Allan Poe, y de Walt Whitman, jamás hubiera osado, ni entonces ni ahora, ponerme a traducirlos. Además, no había peligro: la oficina de traducciones de que yo formaba parte, no podía ser más burguesa. El arte y la filosofía les eran tan ajenos, como la virtud a las mozas de la venta, que Don Quijote tomaba por doncellas.

Con más ingenio que justicia se acuñó la frase italiana: “traduttore, traditore”. Hasta nuestro manchego se dejó decir que “las traducciones, como no sean de las lenguas clásicas, no arguyen mérito alguno”. Tal vez por castigo, el propio Ingenioso Hidalgo, nacido al principio del Siglo XVII, no llegó a conocer una buena versión de sus andanzas en inglés, sino hasta 1960. Anteriormente, parece mentira, el texto se pasaba del español al alemán, y de ahí al inglés. Yo debo tener todavía algunos viejos ejemplares, que resultan patéticamente malos (sin ánimo de elogiar a nadie). La única traducción buena, y definitiva, es la de Putman, que requirió once años de trabajo, y apareció hace solamente tres o cuatro lustros. El disfrute que proporciona Putnam es casi tan intenso como el del original de don Miguel. Y que me perdonen la herejía. No todo traduttore, y menos aun don Joaquín, es traditore.

Dicen que un hacendado latinoamericano residente en Chicago, que al parecer no era ningún Joaquín Gutiérrez, al leer Putnam exclamó: ¡Qué lástima que este libro tan interesante no se publique en español!

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¡Enhorabuena, Cocorí! Reflexiones sobre una obra literaria

Cartín de Guir, Estrella. «¡Enhorabuena, Cocorí! Reflexiones sobre una obra literaria». La Nación (San José, Costa Rica), 15 de agosto de 2003, página 19A

Byron Moreno / La Nación

Hemos presenciado recientemente una polémica de corte inusual en nuestro medio. El tema en discusión ha sido una obra literaria: Cocorí, el relato maestro de Joaquín Gutiérrez, una de las más reconocidas obras de la literatura costarricense.

Pero lo interesante y positivo de esta polémica ha sido la disposición de la sociedad para atender y reaccionar ante el debate creado. Se ha suscitado enorme interés por la obra. El que no la había leído corrió a hacerlo y quien ya la conocía y se había deleitado con ella la releyó con nuevos ojos. El interés por una obra literaria ha sustituido por unos días los más gratos temas del costarricense: la política y el fútbol. Síntoma todo esto de un avance del nivel cultural del país porque solo una comunidad culta y reverente de sus valores reacciona así ante el destino de una de sus obras más apreciables.

Se han publicado múltiples y conceptuosos artículos sobre el relato; se han realizado mesas redondas, entrevistas, debates, etc. y lo más importante es que no solo han participado intelectuales, sino que estudiantes, padres de familia y el pueblo en general se han involucrado en el asunto y están ávidos de recabar opiniones sobre el tema. ¡Enhorabuena, Cocorí!

Aprovecho la ocasión para exponer algunas reflexiones sobre la obra como creación literaria.

El epígrafe de una obra es un elemento deíctico o marca textual que sintetiza el contenido de un texto y orienta al lector acerca de la intencionalidad del autor y el desarrollo de la temática.

Brevedad de la rosa. El epígrafe de Cocorí está tomado de un soneto de Quevedo y alude a un tema de antigua tradición cultural: la fugacidad de la vida y las vanidades humanas, simbolizada en la brevedad de la vida de la rosa: «A breve vida nace destinada, sus edades son horas en un día». Símbolo reiterado en la literatura grecolatina, aparece en Horacio asociado al tema del Carpe diem (Goza el día).

Esa exhortación a gozar de la vida y a gustar el fruto de la primavera pasa de la cultura clásica al Renacimiento, donde es posible rastrear el tema en poetas como Garcilaso de la Vega, Poliziano, Ronsard.

En un soneto del poeta toledano leemos: «En tanto que de rosa y azucena/ se muestra la color en vuestro gesto/ y que vuestro mirar airado, honesto/ enciende el corazón y lo refrena…/ Coged de vuestra alegre primavera/ el dulce fruto…/ Marchitará la rosa el viento helado,/ todo lo mudará la edad ligera».

En el barroco es visible de nuevo en Góngora y Quevedo. Un soneto de Quevedo, alusivo a la rosa comienza así: «Naciste ayer y morirás mañana/ para tan breve ser ¿quién te dio vida?».

La obra de Joaquín Gutiérrez está inserta en la tradición de la cultura universal. En la configuración del protagonista, el autor recrea los grandes arquetipos de la cultura occidental.

En pos de la verdad. Cocorí es un héroe a la manera del héroe universal. Este es un personaje que, impulsado por un acontecimiento crucial en su vida, emprende un viaje en busca de la verdad, la justicia y los más nobles valores del ser humano. En ese viaje único, el héroe debe superar pruebas y vencer obstáculos. Ejemplos de este arquetipo heroico son Jasón en pos del Vellocino de Oro, Ulises, Don Quijote, etc. Cocorí responde a este paradigma. Es un niño pensador, inquisidor, que busca una verdad. Necesita una explicación para algo ilógico: la muerte prematura de su rosa. ¿Por qué si era tan hermosa y lo hizo feliz, vivió solo una horas, en tanto que otros tienen una larga e inútil existencia?

En busca de la respuesta, emprende su periplo por la selva y enfrenta peligrosas aventuras. El crucial acontecimiento motivador en su vida ha sido el encuentro con la niña del barco. Ella se convierte en la dama de sus sueños, es su Dulcinea. En su viaje, el héroe va siempre acompañado de un escudero que, a veces temeroso, lo secunda en sus aventuras. Cocorí comparte sus andanzas con el monito Tití.

En su recorrido indagatorio visita al campesino, quien no está para dar respuesta a niños preguntones; interroga a la tortuga, cuya experiencia de la vida la ha convertido en filósofa y aconseja al niño que visite al caimán y a Talamanca, la Bocaracá. Pero ninguno es capaz de dar una respuesta a Cocorí.

Es, finalmente, el Negro Cantor, el artista, el filósofo, él que, como otro Orfeo que encantaba a los animales con la música de su lira, congrega a su alrededor las abejas con el hilo de miel de sus melodías, quien le da la respuesta. De nuevo, dentro de la tradición de la cultura universal, la verdad está en el arte; su poseedor es el creador artístico.

Una linda vida. Es él quien responde satisfactoriamente a Cocorí. Ante la queja del niño por la brevedad de la vida de su rosa que era linda y buena, responde sabiamente: «Te engañas Cocorí, no fue una vida corta. ¿No viste que tu rosa tuvo una linda vida? ¿No viste que cada minuto se daba entera hecha dulzura y perfume? ¿No ves que tu rosa tuvo en su vida luz, generosidad, amor? Tu rosa vivió en algunas horas más que los centenares de años de Talamanca y don Torcuato. Porque cada minuto útil vale más que un año inútil».

Esta universalidad de la obra y su arraigo en la cultura occidental las ha reconocido el lector europeo, y esto podría explicar en parte la entusiasta acogida que el relato ha tenido fuera de la patria.

Su universalidad, unida a los valores básicos del comportamiento humano contenidos en la obra, tales como amor, amistad, solidaridad, verdad, generosidad, hacen de Cocorí un libro cuya lectura se vuelve imprescindible y obligatoria para niños y jóvenes.

No permitamos que estos valores se opaquen y se dañe la comprensión del texto por enfrascarnos en una estéril lectura en blanco y negro.

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El personaje literario Cocorí

Conde, Eric. “El personaje literario Cocorí”.  Semanario Universidad (San José, Costa Rica), 12 de febrero de 2004, p. 18

 

La primera característica que debe tener un buen personaje es que sea nuevo, y Cocorí lo es. Sus rasgos individuales físicos y psicológicos son únicos.

Cocorí es un personaje memorable, por lo menos dentro de la literatura infantil costarricense.

Carmen Lyra estableció una literatura para niños contundente, que no ha sido igualada en nuestro país hasta hoy; pero sus aciertos (muy bien merecidos), son en el nivel de lenguaje, de estilo, de gracia, de fantasía y autenticidad criolla (que no es poco), pero Carmen Lyra no creó ningún personaje nuevo: desde Tío Conejo hasta la Cucarachita Mandinga (Cucarachita Martina en el resto del mundo), todos sin excepción fueron tomados de la literatura clásica europea.

Sin embargo, Cocorí es costarricense, y no tiene otro equivalente en la literatura. Cocorí es convincente y típico.

No podemos hacer un análisis literario de un libro infantil, cuyo primer propósito es lúdico, esperando que el niño lector haga un análisis político del texto, como han pretendido algunos críticos literarios. Sin embargo, debemos tener en cuenta la época y las circunstancias históricas en que se escribe el libro. Tenemos que ubicarnos en un niño limonense anterior a 1947, cincuenta y seis años atrás. Si este personaje literario, que es un ser de papel, hubiese tenido un equivalente humano, hoy fuera un viejo de más de sesenta y tres años.

Un elemento básico que no puede obviar ningún análisis crítico en narrativa, es el punto de vista del narrador, que en este libro es positivo y transparente. Si el escritor hubiese contradicho el punto de vista del narrador con cualquier elemento negativo en contra del héroe: racismo, cobardía, fealdad física, hubiese destruido el poder de persuasión de la novela; en otras palabras es literariamente imposible asumir el racismo en un texto para niños en detrimento del héroe (desde la voz del narrador).

El narrador no puede atacar al héroe en un libro destinado a los niños. Eso sólo puede hacerlo otro personaje (un villano, una bruja, una madrastra mala…), pero en el libro «Cocorí» no existe un antihéroe que pueda asumir ese rol. El cocodrilo y la bocaracá no están diseñados para burlarse del niño por ser de raza negra, la niña del barco no puede hacerlo porque es buena y le da un beso y una rosa.

Para decir que el racismo está sugerido en el libro habría que cargarle las culpas al narrador. No existe en el mundo un narrador omnisciente o testigo en un texto destinado a los niños que agreda al héroe y muchísimo menos un narrador protagonista que se agreda a sí mismo.

Cocorí como héroe y protagonista de un libro destinado a los niños es lo único que puede ser en su rol: un niño valiente, bonito, audaz, que se gana nuestra simpatía.

La literatura destinada al lector adulto se rige por otros patrones. El protagonista en «El Perfume», de Patrick Süs-kind es un asesino jorobado y deforme, y en «La Metamorfosis», de Kafka, el protagonista se ve transformado en un enorme insecto aborrecido por su familia.

Se supone que a nadie se le ocurre leer estos textos en el kínder.

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Nuestro Principito. Un hito en la crónica de los derechos humanos

Víctor J. Flury. “Nuestro Principito. Un hito en la crónica de los derechos humanos”. La Nación (San José, Costa Rica),  11 de julio de 2003, p. 19A


Byron Moreno / La Nación

El libro de Joaquín Gutiérrez, Cocorí, está hoy en el ojo de la tormenta. A 56 años de su publicación, y en medio de un debate que no cesa, pocos recuerdan que este ya clásico cuento pertenece a la literatura, no a la historia de las ideas o de las doctrinas.

Pocos recuerdan, asimismo, que a lo largo de sus 80 páginas lo que se desarrolla es una fábula selvática y apasionada, a partir de las andanzas de un chico negro en busca de la verdad.

La verdad de la existencia ¿Qué duda cabe?, cuyo símbolo es una rosa, como la flor es el símbolo existencial de El principito, obra maestra de Saint-Exupéry («soy responsable de mi flor…», declara el principito); y comparo los dos textos porque ostentan el mismo tono y un similar afán de aprender de la realidad, aunque Cocorí guste más de la picaresca que su hermano de ficción.

La relectura de Cocorí permite, ahora, apreciar dicha semejanza oculta y ver cómo Joaquín Gutiérrez nos remite al término de su faena hacia una categórica elección entre vivir y durar.

Vivir y durar. Vivir es lo que hace la rosa, darse íntegra a la dulzura y el perfume; durar, lo que hacen los centenarios don Torcuata, temible caimán, o Talamanca la Bocaracá, terrible serpiente, ambas extendidas a lo largo del tiempo de un modo mezquino y perverso.

¿Y qué es lo que pone en marcha toda la aventura? El precoz amor del güila por una chica rubia; y aquí hay un corto respingo de la trama: el contacto inicial de la chica y Cocorí provoca una crisis (de extrañeza en ella, de vergüenza en él) que ha llevado a algunos críticos a hablar de discriminación, de antinegritud.

Una calificación que, a mi juicio, es errónea y precipitada. Porque el relato sigue, y los protagonistas de la escena superan la discordia y rectifican el pasmo original.

La otredad no dirige, entonces, el cuento. Al revés: la escritura, de acuerdo con sus reglas, traza el conflicto y le aporta una solución que (creo yo) reconcilia los espíritus.

«Cocorí soy yo». ¿Qué diría Joaquín Gutiérrez de su protagonista, en caso de que pudiera terciar en la polémica? Algo vecino, supongo, a aquella gran frase de Flau-bert respecto de su mejor novela (también muy discutida): «Madame Bovary soy yo», lo que –en el punto que abordamos– arrojaría el siguiente resultado: «Cocorí soy yo». Una definición exacta. Porque el autor, hoja tras hoja, se identifica con su criatura negra y es igual a Cocorí; y desde tal perspectiva retrata el mundo que lo rodea y sus mecanismos básicos.

Que esto haya ocurrido en 1947, y dentro de Costa Rica, no deja de causarnos perplejidad. Eran épocas en que las sociedades occidentales no percibían a los afro-caribeños: los negaban llana y lisamente.

Discurso literario. De allí que Cocorí, el cuento, y Cocorí, el personaje, representan un hito en la crónica de los derechos humanos; y habría que pedirles a quienes piensan lo contrario que traten de compaginar dos cosas: la situación del país a fines de los 40 y las características del discurso literario que, a menudo, es tan imperfecto como lo que pinta y a su vez tan revelador como lo que adivina.

Por ejemplo, el libro adivina la necesidad ecológica mediante un sugestivo rodeo: personifica a la tortuga, el mono, el hombre… y los reúne gracias a un objetivo, una leyenda comunitaria, un mito natural, mientras teje afinidades y armonías.

Siento que Cocorí es nuestro Principito; y el hecho de que el héroe sea negro no me parece un hecho baladí. Al contrario, fue y es un acto inspirado del escritor, de cuyas cenizas –a la inversa de lo que dice el refrán­– todavía queda mucho fuego.

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Esta es la mágica historia de un intrépido negrito que, en busca de respuesta a una inquietud filosófica nacida del afecto a una niña, emprende una peligrosa travesía en plena selva tropical con peripecias que ponen a prueba su ingenio y valentía. Las ilustraciones de esta edición fueron hechas por Hugo Díaz,  gran maestro costarricense de la plumilla y el color.

Joaquín Gutiérrez, figura emblemática de la literatura costarricense, es sin duda, el más internacional de sus escritores.

Ha publicado seis novelas (Manglar, Puerto Limón, La hoja de aire, Cocorí, Murámonos Federico, y Te acordás hermano), tres de ellas traducidas a doce idiomas y premiadas en Chile, Cuba y Costa Rica; tres poemarios (Poesía, Jicaral, Te conozco mascarita); cuatro libros de viajes (Del Mapocho al Vístula, La URSS tal cual, Crónicas de otro mundo y Vietnam: crónicas de guerra); uno de memorias (Los azules días), y cuatro traducciones de Shakespeare (El rey Lear, Hamlet, Macbeth y Julio César).

En China tradujo diversas obras de Lu Sün y Mao Tse Tung. Miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, posee el Premio Nacional de Cultura, máxima distinción literaria que otorga su patria; la Universidad de Costa Rica le confirió el Doctorado Honoris Causa y, al concluir 1999, el diario La Nación lo declaró personaje del siglo en la literatura nacional.

Candidato a la Vicepresidencia de la República en dos elecciones, ha sido condecorado por los gobiernos de Chile, Nicaragua, Polonia y Cuba. Su busto en bronce se exhibe permanentemente en el Teatro Nacional de su país.

Cocorí tiene una notable historia de trotamundos. En 1947 obtuvo en Chile el Premio Rapa Nui, fue posteriormente publicado en inglés, francés, alemán, portugués, ruso, ucraniano, holandés, eslovaco, lituano, búlgaro y, con patrocinio de la UNESCO, en sistema Braille para ciegos. Ha sido numerosas veces llevado al teatro en Alemania, Checoeslovaquia, México, Perú, Ecuador,Venezuela, Colombia, Argentina, Chile y Costa Rica. Con el auspicio de la Unión Europea integra una colección destinada a tres mil bibliotecas de los países de América Central. En la actualidad circulan sendas ediciones en Argentina, Costa Rica, Honduras y Cuba.

Reseña de Cocorí

Portadas de Cocorí al rededor del mundo

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