Triunfa obra de Alberto Cañas en El Salvador

“Triunfa obra de Alberto Cañas en El Salvador”. La Nación . Sección B (San José, Costa Rica), 26 de marzo de 1983, p. 4B

Francisco Andrés Escobar: productor y miembro del elenco de la versión salvadoreña de “Uvieta” de Alberto Cañas.

Montada por la agrupación Teatro del Alba, “Uvieta”, la obra de Alberto Cañas, tuvo un exitoso recibimiento en los escenarios salvadoreños, demostrando que su validez no es solo tica”.

Después de un proceso de montaje de ocho meses y un cuidadoso estudio de mesa, los miembros del elenco descubrieron que la pieza es centroamericana.

El mito del hombre que hace subir a la muerte a un árbol y no lo deja bajarse “lo encontramos vivo en toda región”, dijo el productor y parte del reparto de la versión salvadoreña de “Uvieta”, el poeta Francisco Andrés Escobar.

Los personajes transcienden el ámbito costarricense: las murmuradoras, “el loquillo del pueblo”, son típicos de toda el área. Pasa lo mismo con las situaciones, pues la acción transcurre un domingo después de misa y es algo natural para las cinco naciones.

Pero el Teatro del Alba también encontró elementos en “Uvieta” que la elevan a un plano universal. “La pieza es un  alegato a favor de la capacidad de descubrir y de maravillarse ante lo que se va descubriendo”, opina Escobar.

En un momento de la obra, el protagonista declara: “Todos los  días son especiales para el que sabe verlos. Acordate de esto: las puestas de sol son gratis”. El drama de Cañas es un elogio de la vida sencilla. Con el dinero sólo se compra lo barato “y la pieza pugna por eso”.

El tratamiento del tema de la recíproca relación entre la vida y la muerte y la razón como instrumento para “resolver los desequilibrios que produce el hombre” son aspectos que contribuyen a que “Uvieta” sea universal.

Una tenue lucecita que apunta.

El Teatro del Alba nació el año pasado para contribuir a una tradición que aún no esta bien cimentada en El Salvador y “en medio de la hecatombe, sostener la vida desde dentro, echar las raíces que únicamente el arte puede descubrir y tomar”, explicó el escritor.

Sin presupuesto que los sostenga sin la participación de artistas profesionales, el grupo trabajó hasta diez horas por semana para llevar a cabo el montaje de “Uvieta”.

Carlos Morales, Francisco Andrés Escobar, Marisol Salinas, René Iván Morales, David Hernández, Irma Aída Zeledón, Any Casstellanos y Mauricio Yañez componen el elenco, dirigido por este último.

Muchos de ellos se vieron obligados a interpretar varios papeles. Cualquier cosa se hace para una puesta en escena “muy digna, hecha con mucho amor, cariño y dedicación, y dando cada quien de si mismo lo más que podía dar”.

¿Qué dijo el público salvadoreño del resultado?

Para Escobar se consiguió una versión “muy nuestra, el espectador la siente muy de él, muy de nuestra vida cotidiana; disfruta mucho de la anécdota y capta bien su mensaje”.

El Teatro del Alba fue bautizado así  “porque en lo oscuro de la vida es una tenue lucecita que apunta, así como el alba; es abrir un rastrito de luz en un panorama bastante negro: es el día que se renueva a pesar de que el hombre se empeña en que los días , no se renueven”.

Esta agrupación responde a una “voluntad de vivir a pesar de todo” y forma parte de un movimiento de las artes salvadoreñas que, a la par de ser testimonio de la crisis, quiere ser un refugio de ella y darle sentido a la vida.

La Escuela Nacional de Danza y sus tres temporadas de baile moderno,  folklórico y clásico, la literatura el teatro, la plástica, la Orquesta Sinfónica de Cámara forman parte de este florecimiento.

“La historia ha demostrado que los conflictos pasan, pero el arte queda”, sostuvo Escobar.

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Unas Letras para Uvieta

Rojas, Miguel. Unas Letras para Uvieta”. Semanario Universidad (San José, Costa Rica), s,f., p 20.

A pesar de que en Costa Rica existe una producción dramática bastante irregular en cantidad y calidad que tiene más de un siglo, no es sino con Alberto Cañas y Daniel Gallegos en que se dan a luz piezas que realmente valen la pena, hablando en términos de creación por parte de verdaderos dramaturgos, originales y de gran valor literario. Los estilos de ambos son bastante diferentes, pero son importantes para la iniciación de una búsqueda de valores nacionales y universales. Posteriormente, aparecen Samuel Rovinsky y Antonio Iglesias, con una producción que todavía cumple el período de ajuste entre el creador, su obra y el tiempo.

Alberto Cañas tuvo la ocurrencia de crear su UVIETA, un UVIETA que solo toma la idea del cuento africano recreado para nuestra literatura por Carmen Lyra. Su Noé Redondo, como se llama el civil que apodan Uvieta, es un empleado de un hospital de El Seguro Social, del que se vale Beto para darnos una muestra de sensibilidad poética y madurez dramática como dramaturgo. Beto es, por antonomasia, nuestro dramaturgo para dominguera en el terruño.

Al igual que los griegos del siglo V antes de la muerte de Jesucristo, Beto recoge, temas y personajes locales, se apoya en el espejo de una dimensión poética sencilla y directa que tiene olor y sabor de nuestros compatriotas. Y por ahí empieza su éxito. A esto le agrega una estructura dramática convencional de tiempo y espacio –sin ninguna novedad ni experimentación de ningún tipo- para contarnos sus historias y sus ocurrencias que generalmente rompen el molde de lo que creemos irreal pero que en sus manos se convierte en real e imaginativo. Con el paso de los años, Beto se ha ido convirtiendo en un gran tío cuenta historias para el teatro costarricense.

Espejo de su pueblo que tiene arraigo y parto en lo rural y agrario, que cada vez más se larga desbocado hacia una superfluosidad urbana, Beto observa con fina ironía y sarcástico escalpelo aquello que le sirve para sus fines de crítica mordaz. Entonces vemos que le clava sus dardos al Seguro Social, a los diputados, a la policía especializada en desenredar hechos de crimen y misterio, y valerse de soplones para realizar sus pesquisas. Esto nos hace disfrutar a los costarricenses de hoy, como también Aristófanes lo hizo en Grecia, cuna del teatro, allá por los siglos V – IV a. de c. Y es que los espectadores gustan y les gusta que les hablen en su lenguaje y con personajes que ellos conocen en la vida real que los rodea todos los días. Les causa profundo deleite sentirse costarricenses en la butaca y verse representados, viendo transcurrir parte de su idiosincrasia y costumbres en el espejo de la acción dramática.

Cuando reflexionamos sobre el rotundo éxito de UVIETA en el montaje de Lenín Garrido para el Teatro Universitario, encontramos las raíces de una Costa Rica que todos queremos, que quisiéramos ver detenida en el río de la historia, y continuar siendo nosotros, con nuestros mangos, nuestra naranjas y nísperos y toda esa poesía implícita en nuestra sencillez, asentada sobre pequeños valles, candorosas nubes de azul y las sabrosas tertulias que la chispa del costarricense sabe acompañar con el café y el tamal en hoja de plátano.

Desgraciadamente, preferimos imitar como monos los frutos decadentes de los imperios y la parla de los vividores profesionales que trafican con los puestos de Gobierno, Salud y larga vida, Beto. A Daniel Gallegos lo mismo, y que no nos prive de su trilogía, ya escrita pero todavía inédita, pues no le pertenece a él –creemos-, sino que es patrimonio de todos los costarricenses.

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