Manlio Argueta recibe el Guggenheim

Ernesto García, Carlos. Manlio Argueta recibe el Guggenheim. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 25 de julio de 2005.

La noche en que Manlio Argueta me comentó que la Fundación Guggenheim le había concedido una beca, por acto reflejo hice un recuento de la cantidad de Premios Nobel, Premios Cervantes, Rómulo Gallegos o Juan Rulfo con que cuentan las letras centroamericanas. Esa relación seguramente no la harían los chilenos o los colombianos, pero a los salvadoreños no nos queda más que pensar de esa forma, porque no contamos a menudo con este tipo de distinciones, que al fin y al cabo nos atañen desde el punto de vista de la pertenencia a un entorno que determina nuestra propia historia. Algunos, de manera maliciosa quizá pensarán que no se trata más que de una beca que podría haber recaído en cualquier otro escritor que se lo hubiera propuesto. Yo simplemente me limitaré a decir, que aún en el caso de que eso fuese así, la verdad es que recayó en Manlio Argueta quien con novelas de la talla de Un día en la vida, El valle de las hamacas y Caperucita en la zona roja le han dado identidad propia a la novela salvadoreña y por extensión centroamericana.

En San Salvador sellamos con Argueta el acuerdo de esta breve entrevista y me marché a releer algunos poemas de toda una generación en la que destacan los versos de Roque Dalton, Roberto Cea, Tirso Canales, Roberto Armijo, Alfonso Quijada Urías y por supuesto de Manlio Argueta, es decir, la misma que iluminó como ninguna otra el sendero por donde transitan las palabras de este universo poético que hoy podemos llamar nuestro.

Carlos. Manlio, para un escritor salvadoreño, debe de ser muy importante recibir una beca tan prestigiosa como la Guggenheim pero también supongo que debe de suponer un reto y un compromiso.

Manlio. Carlos, el compromiso como escritor lo tengo desde hace mucho tiempo, y lo sentí más fuerte estando fuera de mi país, en Costa Rica, en Holanda, Canadá, en los Estados Unidos; el compromiso de escribir lo mejor posible y darlo todo por ello, pues por algo escogí ese oficio. Pero sí tienes razón, es un reto, porque en mi proyecto me propuse escribir sobre un tema, -el proyecto que presenté a la Guggenheim- y no siempre se sabe cómo enfocar la obra, estructura, personajes. Porque el trabajo de creación literaria va más allá de un plan o proyecto. Me siento como si hubiera salido embarazado, feliz por supuesto, y debo cumplir con responsabilidad profesional mi propuesta presentada a la Fundación Guggenheim de Nueva York. Debo decirte más, en los 81 años que tiene sólo la han ganado cuatro artistas, Ana Istarú de Costa Rica; Claudia Gordillo, fotógrafa y Pablo Antonio Cuadra, poeta y periodista de Nicaragua. Cuatro científicos de Costa Rica y uno de Nicaragua. Yo inicio por El Salvador.

C. El próximo año se cumple el 50 aniversario de la irrupción en las letras salvadoreñas de la llamada “Generación Comprometida” de la que tú, junto a otros escritores, fuiste forjador. Algunos de ellos han muerto por muy diversas razones, otros siguen escribiendo y publicando sus obras con un cierto éxito ¿Qué ha quedado de todo aquello en el espíritu literario de Manlio Argueta?

M. Los que cumplen cincuenta años somos los del Círculo Literario Universitario, que quede claro y no vaya a pasarnos como la Manyula. El Círculo fue fundado en 1956 por Otto René Castillo y Roque Dalton, ambos muertos trágicamente en esa utopía nunca definida. Dalton, asesinado con un balazo en la cabeza; Castillo quemado vivo en Guatemala por las fuerzas contrainsurgentes de su país. Mientras que la Generación Comprometida fue nominada así en 1950 por Ítalo López Vallecillos, y fue el más activo y promotor de ese grupo junto a Menen Desleal y otros. Como ves, es una paradoja increíble si no fuera porque la realidad es más ficticia que la propia ficción. Cuando vemos los traumas posteriores a esa época dorada de rebeldías, es decepcionante, en muchas cosas los retrocesos son increíbles, el vandalismo de todo tipo, mental y material ha sustituido los ideales que pudieron ser equivocados, pero ideales al fin.

C. Cómo ves ahora los sueños utópicos de tu juventud estudiantil, como poeta y promotor cultural de los años 60, ya que ustedes crearon periódicos, revistas y libros desde la Universidad.

M. La utopía ha sido reinventada por los nuevos políticos a la medida de sus intereses personales. Pero bien, a mí sólo me toca registrar los hechos como secretario de mi sociedad, no puedo mistificarlos, ni flexibilizarlos al impulso de dogmatismos superados. El problema es que no se ha sabido reinventar lo real, por no contar con un archivo de ideas y pensamiento, por no comprender el impulso dinámico de la palabra.

C. Sé que piensas escribir una novela sobre los emigrantes salvadoreños en los Estados Unidos ¿qué es lo que más te llama la atención de ese fenómeno social?

M. Es difícil definirlo en pocas palabras, debo enmarcarlos en toda la novela que aun no he escrito. Pero veamos, me llama la atención que ya no somos los mismos y no nos damos cuenta, o si nos damos cuenta, seguimos dando respuestas fuera de tiempo, nosotros mismos nos damos atol con el dedo. Al no reparar en ese cambio de lo que podríamos llamar “identidad”. Olvidamos que los valores salvadoreños han ido al mundo para hacernos diferentes. Pero también es paradójico, tengo amigos salvadoreños en lugares lejanos como Australia y Nueva Zelanda que siguen siendo más nacionales que los que permanecen dentro del territorio. Lo malo es creer que somos los mejores patriotas del mundo porque vivimos entre las reducidas fronteras salvadoreñas. La gente por sí misma, se da cuenta que esos conceptos de estrechez se vuelve cada vez más en una bayuncada.

El paisito en que nos tocó nacer es cada vez más diferente de lo que creemos, ese paisito sólo existe en mentes que involucionan. Creo que todo lo dicho tiene que ver con la visión de país que deseamos. No sólo no debemos dormirnos en los laureles sino sembrar la estaca para que se reproduzca en bosque.

C. Un día en la vida, se ha convertido en tu novela de mayor proyección internacional y sé que está próxima a reeditarse en España y que de igual manera muy pronto verá la luz una nueva novela tuya ¿Crees que se esta abriendo un nuevo tiempo para la narrativa centroamericana en este país?

M. A veces pienso que perdí buenas oportunidades debido al tiempo de rencor y odio que nos tocó vivir, por lo menos como lo interpretamos en esos años, porque no cabe duda que todavía hay rencor y odio. No sé si es peor que el tiempo de esperanzas y optimismos de antes. Porque ahora el desencanto produce destrucción así en la paz como en la guerra; antes hubo ideales para superar el problema social; ahora veo más vandalismo y bandidismo colectivo. Digo que perdí oportunidades porque fui publicado en Londres por la editorial que fue de los Wolf, de Virginia y esposo (The Hogart Press o Chato & Windus; o por Random House de Nueva York), como escritor fui publicitado por Newsweek, N.Y. Times, Washington Post, para citar periódicos de Estados Unidos. En el exterior gané a mi país y gané otros países no de habla española donde reconocieron mi obra literaria, incluyendo a Israel, los países escandinavos y Rusia.

C. ¿Cómo piensas combinar tu cargo al frente de la Biblioteca Nacional de El Salvador y el acto de escribir tu nueva obra?

Buscaré adaptarme a las leyes que habla sobre becarios. Soy un trabajador emotivo, hay proyectos de desarrollo y modernización de la divulgación y conservación del patrimonio bibliográfico que me es difícil dejar, por eso no quiero dejar la biblioteca y debo coordinar para cumplir mi compromiso adquirido con la Guggenheim Foundation.

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Su nombre es su título

López Trigo, Manuel E. “Su nombre es su título“. Diario Extra. Página Abierta. (San José, Costa Rica), 23 de marzo 2010, p. 2

Alberto Cañas es para todo costarricense medianamente informado, mucho más que un nombre: ¡es un título!

Ciertamente, basta escuchar este nombre para saber de quién y de qué se trata. Porque, verdad de verdades, se está hablando de una persona de sustancia y valor superlativos, que por los hechos de su existencia venturosamente prolongada y fecunda, ha alcanzado calidad emblemática en nuestro horizonte cultural y político.

La familia ha sido, en su vida, referente fundamental y fuente de inspiración y fortaleza. Profundamente orgulloso de sus orígenes y respetuoso del buen nombre de sus antepasados, mantuvo una tierna relación con su señora madre, doña Claudia, a quien solía visitar casi todos los días. El hogar que construyó y los hijos que procreó en la amorosa y solidaria compañía de la noble dama doña Alda Collado, ha sido, siempre, su refugio y su alegría.

Ideal quijotesco. Inconformista de espíritu libérrimo y romántico que lo acerca al ideal quijotesco, sensible ante la necesidad y el sufrimiento ajenos, nuestro personaje sin importarle lo que otros piensen o digan, ha sido consistente y aguerrido defensor de elevados principios y valores.

Son innumerables los temas de su interés e impresionante la diversidad de los caminos que con brillo y distinción ha recorrido este abogado, diplomático, político, escritor, periodista profesor en el aula y maestro en la vida, hombre auténtico y apasionado que ha conquistado admiración y respeto entre sus conciudadanos.

No sabe Alberto Cañas de vanidades ni de poses. Se expresa de manera sencilla y clara, sin ostentaciones retóricas pese a su exquisito dominio del idioma, que le ha llevado a ser miembro de número y por años presidente de la Academia Costarricense de la Lengua. No le preocupan apariencias o formalismos, ni conoce de fingimientos.

Aunque sus manifestaciones directas y vehementes respecto de personas y situaciones, o el fervor que empeña en la defensa y promoción de sus ideas y convicciones, pudieren haberle ganado alguna malquerencia él sabe perdonar, no alimenta rencores ni procede con torcida intención. Ha consagrado honesta y sinceramente su fructífera existencia a defender las causas en que ha creído, a difundir sus verdades, a promover la cultura y las bellas artes, a conocer y tratar de entender a su pueblo, y, en fin, a servirle a la nación costarricense en las formas que ha considerado apropiadas.

De su cultura enciclopédica, lúcida inteligencia, agudo sentido del humor, elocuente verbo y fina pluma ha ido dejando abundantes muestras en la cátedra, el libro, la columna periodística, el programa de radio o de televisión, la curul, el cónclave de los académicos y la tertulia de los amigos.

Armoniosa combinación. Profundo conocedor de la historia y de la realidad nacional, combina armoniosamente su vocación crítica con una visión más bien optimista del futuro de Costa Rica, por lo cual sigue permanentemente activo en su  papel de centinela de la Patria.

Lector incansable y de tiempo completo desde que tenía tres años, hace solo 87, Alberto Cañas ha encontrado siempre, no se sabe cómo, tiempo suficiente para crear hermosas obras literarias de los más variados géneros, para desempeñar más que cumplidamente elevados cargos públicos y diplomáticos, dirigir medios de comunicación, gozar la belleza en todas sus formas, formar y forjar una familia -como ya quedó dicho- en dulce sociedad con su recordada doña Alda, y, ¡claro!, cultivar la amistad sin distingos de ninguna clase.

Mucho la debo yo, aunque quizás él no se haya enterado, a este hombre extraordinario a quien tengo el privilegio de conocer desde mi ya lejana juventud. Atesoro nuestra amistad, que con justa razón califica él de inalterable en su suculenta obra autobiográfica Ochenta años no es nada, porque no habrá, nunca, diferencia, distancia ni tiempo capaz de disminuir en mí ese inquebrantable sentimiento. Además lo cito con frecuencia, pues aparte de llevar en mi corazón afecto y admiración enormes hacia él, tengo invariablemente presentes sus sabias reflexiones, agudas observaciones y aleccionadoras anécdotas.

¿Qué puedo desear en su nonagésimo aniversario a quien ocupa lugar de privilegio en mi mundo afectivo? Salud, buenísima salud, para que siga dándonos luz y alegría por muchos, muchos, muchísimos años más. Con mis mejores deseos, llegue hasta el dilecto cumpleañero mi abrazo fraternal.

*Manuel López Trigo: Empresario, exembajador en Israel, exviceministro de Información y Comunicación.

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El jazz trae letras de emancipación para la niñez

Chacón, Vinicio. “El jazz trae letras de emancipación para la niñez“. Semanario Universidad. Opinión (San José, Costa Rica), 25 de noviembre de 2009, p. 16

 Nuevo libro de Fernando Contreras aborda la preocupación por la resistencia de las marginalidades.

“Una nota oculta en el oído, una nota clandestina, subversiva, un secreto: el secreto de la libertad, porque la libertad cabía en esa blue note”.

Mensajes puntuales como este, emanados del Jazz, componen las enseñanzas que transmite Cierto Azul, una nueva novela de Fernando Contreras. El relato cuenta la historia de Arturo, uno de los niños de los muchos llamados “de la calle”, no vidente, quien es adoptado por un sexteto de gatos callejeros y jazzistas.

“El jazz es el discurso, la columna vertebral que hace posible todo lo demás,” explicó Contreras sobre el relato. Añadió que la historia local y marginal del niño se articula con los orígenes del jazz, que se dan “en la peor de las marginalidades, la esclavitud”.

Según el autor, los elementos que se juntan en el texto sólo podrían encontrarse al azar, pues “la vida de un gato callejero consiste en una constante improvisación, la inestabilidad de la calle obliga necesariamente a todos los seres que en ella habitan a una improvisación constante, improvisar es tener una enorme confianza en el otro”.

En este caso “el texto queda fijo en su forma, aunque ligado a la improvisación del jazz”, dijo.

Cierto Azul ve la luz bajo el sello de la Editorial Legado y fue presentado el pasado 18 de noviembre. Las influencias del jazz son más que evidentes desde el mismo título, que remite a un disco del legendario Miles Davis.

De acuerdo con Contreras, el libro fue escrito en el pasado mes de julio, pero la idea que le dio origen es más antigua. “Empezó como un cuento infantil a partir de la imagen de un gato lazarillo. El perro atiende los deseos del amo, pero con el gato eso cambia y en este caso no pretende guiar al niño, sino fortalecerlo y emanciparlo, no se ofrece como un guía para siempre, sino que busca darle herramientas para que se la juegue.

Así, detalló que tenía esa idea del gato lazarillo en la mente, pero no la había ejecutado. “De pronto me encontré con que se cumplían 50 años del disco Kind of Blue, de Miles Davis, y quise unirme a esa celebración”.

Sobre la influencia que sobre él tiene el jazz, manifestó que se lo debe al compositor argentino Astor Piazzola, quien combinó el tango con este género, y al también argentino Julio Cortázar, cuya célebre novela Rayuela es pletórica en referencias al jazz, que además influye en otras obras suyas, como el relato El Perseguidor.

UNA NOTA AZUL

El jazz es un género musical nacido durante la primera mitad del siglo XX en Estados Unidos, particularmente en Nueva Orleáns, según las versiones más aceptadas. Antecedido por el blues, sus orígenes se remontan a la herencia musical africana a la que se ciñeron las miles de personas de etnia negra que fueron secuestradas de África y reducidas a la esclavitud en América, así como sus descendientes.

En el texto de Contreras, las enseñazas sobre la resistencia y emancipación del jazz aparecen como el discurso de un gato, abuelo de uno de los protagonistas, quien contra su voluntad migró de Nueva York, donde convivió con una gran movida jazzística, a un aburrido San José.

“En el texto se dice ´no´ a la obediencia de los perros, pues el perro se entiende como dependiente y acostumbrado a la esclavitud”, apuntó el escritor.

Una de las lecciones de jazz heredadas de ese abuelo neoyorquino se refiere a “una manera de escuchar el mundo, una manera de decirlo, de contarlo, de cantarlo… Un sonido raro para el oído de los verdugos, una nota azul, anómala para el gusto de los ´amos´: una tercera menor sobre un acorde mayor. ¡Esa era la fórmula de la libertad!”.

Al respecto, el autor de textos como Urbanoscopio y El Tibio Recinto en la Oscuridad, señaló que el texto también se revela contra esa pretendida normalidad que describió cono “una expresión de la época de gran represión que vivimos, en la que nos acercamos al control orwelliano de la vida cotidiana”.

Según dijo, ese control “orwelliano”, en alusión a la novela 1984 de George Orwell, se puede apreciar en las campañas políticas. “Después del juicio del expresidente Calderón la corrupción desaparece como tema y sólo se habla de la tal “mano dura” contra la delincuencia. Quisiera que me digan de qué se trata esa mano dura, porque esas campañas apuntan a la represión, vivimos una vigilancia electrónica que se manifiesta en la omnipresencia de las cámaras de video y se apunta a un control cada vez más especializado”.

Señalo que ante ese creciente control, el gran reto radica en cómo mantener distancia y cómo escapar. “Sigo creyendo que el jazz es emancipación, la música fue la gran articulación de todo el movimiento de liberación ante la esclavitud”.

Detalló que “en momentos de emancipación, los esclavos negros se apropiaron de la lengua de los dominantes y de sus instrumentos. Por el lado de la lengua es por donde se le entra a la cultura del opresor, pero no renunciaron a su sonido, que se manifestó a través de la llamada nota azul”.

Hugo Díaz. Un interprete del ser costarricense

Morales, Carlos. “Hugo DíazUn interprete de ser costarricense”. Semanario Universidad (San José, Costa Rica), setiembre de 1990

Entre los acontecimientos para conmemorar el XX aniversario de fundación del Periódico UNIVERSIDAD, no podría faltar una nueva exposición de los dibujos de Hugo Díaz.

Díaz es la presencia permanente en las páginas del Semanario, desde aquel 28 de setiembre de 1970, cuando gritó por primera vez en los pasillos universitarios el ya clásico “La U.; la U.”.

Tan inherente es su caricatura, que se ha convertido en un símbolo de identidad y no son pocos los lectores que comienzan a leer el periódico por la página cuatro, pues saben que allí esta su ocurrencia, su dardo, su chiste, su reflexión, su sonrisa de la semana.

Personalmente es un artista muy comedido. Bien consciente de su valor, pero nada estridente ni pretensioso. Más bien su modestia es directamente proporcional a la gran calidad de su obra.

Pocas veces he visto en mi vida un artista con mayor capacidad para captar plásticamente los rasgos sicológicos de una persona o las circunstancias que lo conforman. Mientras Quino, el célebre dibujante porteño alcanzó la celebridad con unos pocos personajes, Hugo Díaz ha logrado recomponer en su lápiz el temperamento de casi todos los políticos del país y ha sabido expresar, como nadie, el ser costarricense con un toque de ironía.

Por eso los personajes de Díaz no se individualizaron, por le contrario, formaron legión, legión inagotable que abarca toda la realidad costarricense de los últimos veinte años.

Ese vibrar nacional es lo que hemos querido resaltar en esta nueva exposición de Hugo Díaz. Son dibujos que pintan diferentes momentos y personajes de las dos décadas que está cumpliendo el Semanario UNIVERSIDAD y en cierta forma reflejan también la idiosincrasia nacional de los diez lustros que lleva de hacer Patria la Universidad de Costa Rica.

El visitante podrá notar la alta calidad interpretativa y técnica que el artista posee, la forma siempre generosa y sonriente con que aborda el tema local y su irreductible compromiso con las clases más necesitadas de nuestra nación y contra los vicios y corruptelas que perjudican nuestra sana convivencia.

Como lo dice el artículo 3 del Estatuto Orgánico: “El propósito de la Universidad de Costa Rica es obtener las transformaciones que la sociedad necesita para el logro del bien común, mediante una política dirigida a la consecución de una verdadera justicia social, del desarrollo integral, de la libertad plena y de la total independencia de nuestro pueblo”.

Hugo Díaz es un fiel intérprete de ese mandato. Por eso mismo es signo de identificación del Semanario UNIVERSIDAD y baluarte indiscutible de los principios que sustentan a esta casa de estudios que ahora cumple 50 años de esparcir luz.

Cuando se haga el recuento de ese fin de siglo, los dibujos de Díaz serán una consulta obligada y un punto de  apoyo para entender y entendernos. No me cabe duda.

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El homenaje a don Alberto

“El homenaje a don Alberto”. La República. Página Editorial (San José, Costa Rica), 2 de abril de 1995, p. 14A

 En la semana pasada, con ocasión de haber cumplido sus 75 años, un grupo de organizaciones rindió un significativo homenaje a don Alberto Cañas Escalante. El acto, así como los organizadores, incluyó una serie de manifestaciones que mostraban un origen tan variado que solo era posible concebirlo por la personalidad multifacética del homenajeado. Había agrupaciones políticas del cantón de Montes de Oca y de varios distritos del cantón central de San José; había representantes de varios grupos culturales; como era de suponer, asistieron diputados de las distintas fracciones de la actual Asamblea, y gran número de amigos personales y parientes. Solo había entre todos ellos un común denominador: la personalidad del homenajeado y la amistad y admiración de todos los presentes para con él.

Como se destacó en el acto, Alberto Cañas es el autor teatral más prolífico de Costa Rica, con éxitos tanto en las tablas como en las versiones escritas de sus obras; ha publicado una serie de novelas y cuentos, una de las cuales, por lo menos, “Los Molinos de Dios”, tiene tal relación con el desarrollo de la cultura política, social y económica costarricense que se puede estar seguro de su persistencia más allá de la vida de su autor; hizo docencia universitaria por muchos años en materia de teatro, con participación en los cursos de extensión anual; fue el primer Ministro de Cultura de Costa Rica, de modo que literalmente le tocó inventar esa cartera; de sus años de poeta juvenil quedó una poesía, “El Punto Guanacasteco”, que se incorporó al acervo básico de las expresiones generalmente conocidas y utilizadas por los estudiantes en sus presentaciones culturales. En sus actuaciones políticas, iniciadas en el Centro de Estudios de los Problemas Nacionales, ocupó una serie de cargos partidistas y oficiales que culminan en su actual segunda ronda como diputado, donde ha ocupado en el primer año de Gobierno la presidencia de la Asamblea Legislativa y se puede estar seguro de que en el resto del cuatrienio mantendrá una participación activa y combativa. De todo eso se habló en el homenaje. Pero no es de eso que corresponde hablar ahora.

Lo importante para nosotros es que Alberto Cañas ha sido y es asimismo periodista. No solo eso sino también que, aunque ha colaborado en casi todos los periódicos de Costa Rica, La República reclama el orgullo de ser el principal órgano a través del cual se ha realizado su labor de prensa. Fue nuestro primer director y, en esa condición, le correspondió sentar algunas orientaciones que todavía perduran. Creó en La República la columna “Chisporroteos”, que se llevó luego a otros periódicos pero que recuperamos en los últimos años y que esperamos mantener por muchos más, para disfrutar de que sea desde nuestras páginas donde Alberto Cañas diserte sobre todo lo divino y lo humano, manteniendo tesis que pueden ser populares o ser exclusivamente personales, pero que, en todo caso, le permitirán revelar los criterios de una personalidad con muchos ribetes de unicidad, pero que puede considerarse representativa de lo mejor de lo costarricense.

Por ello, creemos de absoluta necesidad unirnos al homenaje rendido a Alberto Cañas de expresar nuestro orgullo por tenerlo como parte del grupo que ha hecho La República a través de los años y que continúa pensando desde ella. Por saberlo uno de los grandes activos que nos permiten hacer un buen periódico y contribuir desde él a la cultura y la vida costarricense.

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Cantera

Barahona Riera, Macarena“Cantera”. La República, Opinión (San José, Costa Rica), 21 de febrero de 2002,  p. 10A

Este mes de enero cumplió 114 años de haber nacido en la ciudad de San José, María Isabel Carvajal.

Vecina de su adorado Parque Morazán, allí creció; estudió en el Edificio Metálico, en el Colegio de Señoritas, trabajó en varias escuelas de San José y de Heredia. Fundó la primera escuela maternal del país, en la vieja casona que aún permanece resquebrajada y olvidada, al costado noroeste del Parque España.

Fue la primera docente de literatura infantil en la desaparecida Escuela Normal. Trabajó en la desaparecida también, Biblioteca Nacional y el Patronato Nacional.

María Isabel Carvajal, “Chavela”, como la conocieron sus amigos y compañeros de luchas y amistades, fue una mujer privilegiada en su inteligencia, en sus capacidades y sensibilidades y sobre todo tuvo el halo de la magia y la creación que la acompañó en su escritura.

Vivió su corta vida (61) dirigida por esa fuerza que tienen las mujeres cuando cumplen su destino. Escribiendo, formando opinión, convencida de sus ideas, enfrascada en argumentos y luchas, donde las mujeres eran invisibles. Tuvo la sagacidad de permanecer soltera, aunque de amores, seguro que tuvo amores.

Su independencia le trajo más arrojo y valentía, tanta que por supuesto, fue temida. Como solo las mujeres se estremecen, y ella enérgica, delgada y fuerte, dueña de sí, de su pluma hizo una espada valiente, de su hogar poblado de hermosísimas guarias, un fuego de reuniones y de ideas.

Es lógico, cuando la lógica es una leve pero intensa lucha de los contrarios, que fue odiada, pero no sometida. Y cuando en la guerra civil, fue objeto de amenazas, esta maestra normal que había ganado en las luchas callejeras contra los Tinoco un lugar de honor, que había ganado la primera beca de estudios a Europa, del gobierno de don Julio Acosta a una mujer, y había realizado su sueño en la fundación de la Escuela Maternal, y habiendo quedado destituida, como todos los empleados públicos conocidos como simpatizantes de los “calderocomunistas”, tuvo que huir de este país, y solicitar asilo al siempre leal y digno México, ya enferma, para nunca más regresar con vida.

¿Cómo es posible que un ser humano resulte tan temido como para que en los meses que transcurrieron de su enfermedad su solicitud fuera reiteradamente negada, primando el temor de ver rodeada a la escritora con un recibimiento masivo y que se convirtiera en una amenaza de oposición para la Junta Fundadora de la República.

Será por eso, y por otras razones que aún no conocemos, que no pudo morir en su amada casa del Barrio Morazán, donde las guarias de su tapia la esperaban para despedirla; que su obra periodística, sus novelas, guardan silencio en los anaqueles de la Biblioteca Nacional y solo conocen los niños y los mayores las recopilaciones de los pícaros cuentos del sincretismo americano de su Tía Panchita, y en el Museo de los niños nos aguarda una figura horrible con cara de viejita y santulona cuentacuentos, como nunca lo fue ella.

Será por eso que su casa fue demolida, y solo existe una humilde placa que recuerda el sitio donde habitó una mujer valiente de pluma aguerrida y ofendida hasta en su muerte.

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La otra cara de “Carmen Lyra”

Naranjo Chacón, Gustavo A. La otra cara de “Carmen Lyra”La Prensa Libre (San José, Costa Rica), 15 de enero de 2001, Página 13.

Nacida en 1888, María Isabel Carvajal es mayormente recordada por “Los cuentos de mi tía Panchita”, pero más allá de ellos, ella siempre se distinguió por ser una luchadora de las causas sociales.

María Isabel Carvajal, valiente luchadora de las causas sociales… muy diferente a la “tía Panchita” que recordamos

María Isabel Carvajal vio la primera luz un 15 de diciembre de 1888. De niña asistió, al igual que muchas otras niñas de la capital, al renombrado Colegio de Señoritas, donde se recibió en 1904. Sin embargo, mucho antes de convertirse en “Carmen Lyra”, la escritora, la joven dama sirvió como novicia en el Hospital San Juan de Dios. Y sería ese dolor y sufrimiento de los pobres y desamparados el que encendería para siempre en ella su llama de luchadora. Comenzó a escribir incansablemente apoyada por sus amigos don Joaquín García Monge –para quien redactaría en la revista “Ariel” bajo el pseudónimo Carmen Lyra (este nombre surgió del recorrido que hacían los buses en Chile: Carmen-Lira)– y don Omar Dengo, quien junto a Rómulo Tovar la iniciaron en las ideas del anarquismo.

Serían estas ideas las que le impulsaron a ingresar al Centro Germinal, donde se comenzarían a desarrollar los temas de una nueva educación que daría frutos con la apertura de la Escuela Normal en 1915 bajo la administración de González Flores. Cuando el Ministro de Guerra Federico Tinoco se hizo del poder, María Isabel Carvajal no dudó en lanzarse a las calles, en la famosa huelga de maestras que acabaría con el incendio del diario oficialista “La Información”, en 1919.

Para 1920 su figura se había vuelto tan controversial que el gobierno decidió darle una beca y enviarla lejos por un tiempo. El destino sería Europa, para que estudiara las íntimas técnicas de pedagogía en la Universidad de París, con el fin de renovar la educación nacional.

A su regreso traería consigo los conocimientos de las técnicas preescolares Montessori, con las cuales abrió el primer parvulario contiguo al edificio metálico. A ella se unieron las maestras Margarita Castro y Luisa González. Años después, cerca de 1930, ya dejado el aprismo como escuela política y estudiando a fondo el socialismo científico, ella se lamentaría de lo poco que hacía una buena educación habiendo necesidades básicas y extrema pobreza en los pequeños, olvidados por la sociedad capitalista.

Más allá de la Tía Panchita

La verdadera “tía Panchita”, la que nos enseñó a pelear por nuestros ideales en un mañana mejor

Aunque su obra más conocida son “Los cuentos de la tía Panchita”, su producción fue rica y diversa. Entre sus obras más maduras se encuentra “El banano y los hombres” y “Barrio Cothnejo-Fishy” con el que abandonaría el realismo literario y abriría en el país del realismo crítico.

Gran parte de su obra fue divulgada a través de las revistas Repertorio Americano, la Revista Renovación –de la cual sería directora– y El Trabajo, la principal publicación del Partido Comunista.

Durante la década de los treinta apoyó junto a Carlos Luis Fallas las huelgas de zapateros en San José y de trabajadores en los bananales. En este periodo escribiría su “Historia de la United Fruit Company y sus atrocidades”. Dicha compañía fue creada por la enigmática figura del liberal Minor Keith.

María Isabel Carvajal murió el 13 de mayo de 1949 en la ciudad de México, donde gran cantidad de escritores e intelectuales latinoamericanos la velaron en medio de una multitudinaria actividad convocada por el Partido Comunista de México.

Cuando su cuerpo arribó al aeropuerto de La Sabana, en medio de la tensión por los eventos del 48 y la reciente intentona de golpe liderada por Eduardo Cardona, se rumoró que en el ataúd venían armas para los rebeldes. El ataúd fue escoltado por miles de costarricenses que durante dos días pasaron por su vivienda depositando flores para rendir un último menaje a la tía y maestra de todos los costarricenses

Decreto del diario oficial La Gaceta de 1976, donde se declara Benemérita de las Artes y las Letras Nacionales

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