Nueva edición de Puerto Limón

Díaz, Doriam. “Nueva edición de Puerto Limón”.  La Nación, Viva (San José, Costa Rica), 23 de mayo de 2004, p.8

 Después de estar varios años agotada, la novela Puerto Limón (1950), del escritor costarricense Joaquín Gutiérrez (1918-2000), vuelve a las librerías con una nueva edición de la Editorial  Legado.

 “Es una obra fundamental de la literatura costarricense y consideramos una pérdida de patrimonio que continuase sin circular dijo Sebastián Vaquerano director de Legado.

Puerto Limón es una novela que trata de la huelga de 1934, en la cual unos 13.000 trabajadores del banano se negaron a tocar un solo racimo más hasta ver satisfechas sus pocas demandas. Allí queda patente no solo la pelea por lograr condiciones laborales más justas, sino también una lucha alrededor de la soberanía nacional.

El texto fue llevado al teatro por Alfredo Pato Catania, en 1975 y en el 2003.

La obra es parte del amplio legado de Gutiérrez, quien publicó seis novelas, cuatro libros de viaje, cuatro traducciones de William Shakespeare, tres poemarios y un libro de memorias.

Reeditan Puerto Limón

Bermúdez, Manuel. «Reeditan Puerto Limón». Semanario Universidad (San José, Costa Rica), junio de 2004, p. 8

La editorial Legado ofrece la más reciente edición de la novela Puerto Limón del escritor mayor de las letras costarricenses: Joaquín Gutiérrez Mangel.

Considerada una obra capital en la literatura nacional, ha sido llevada varias veces al escenario del teatro por las características de tensión dramática que posee.

Es este caso, se trata de una edición muy cuidada, que favorece una lectura fácil, con tipografía clara y un diseño espacioso y fresco. La portada lleva la obra Bananales del maestro Teodoro Quirós.

Es novela escrita a mitad del siglo pasado, narra el mundo duro e intenso de la provincia de Limón. Una zona atlántica dominada por la explotación bananera, principalmente por la United Fruit Company.

Silvano, el protagonista, lleva a vivir a la casa de su tío. El contraste de un muchacho de la pequeña capital con el mundo de la finca, define la construcción de la narración. Los ojos de Silvano serán los del lector, que se asombra, teme, rechaza y se fascina con el mundo que se le ofrece. Las diferencias con su tío definen su deseo de marcharse de aquel ambiente tenso y agreste para  probar suerte en otras partes del mundo. Con su prima descubre el amor, mientras en el entorno la lucha de los peones de la compañía bananera produce una atmósfera de sobresalto y sospecha.

Muy bien retrata Gutiérrez aspectos del ser costarricense. El lenguaje, las disquisiciones sobre la vida, los anhelos del joven, las vidas rotas y pobres de los trabajadores, la fuerza implacable de la naturaleza, las historias de vida que se entrecruzan, retratan un puerto Limón de medio siglo atrás, pero cuyas características aún perviven.

Por la tensión en la estructura, la construcción psicológica de los personajes, el uso del lenguaje común y la evocación del ambiente monótono y misterioso del bananal, esta novela es un hito en la literatura nacional.

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Para leer en vacaciones. Existe una amplia gama de libros para disfrutar en el fin de año.

Mora, José Eduardo. «Para leer en vacaciones.  Existe una amplia gama de libros para disfrutar en el fin de año».  Semanario Universidad (San José, Costa Rica), 7 diciembre de 2006, p. 12

Ensayos, novelas, volúmenes de relatos, autobiografías: el mercado costarricense ofrece para esta época lo más variado en el campo de las letras, con el fin de que diciembre sea un reencuentro con la lectura.

En formato de lujo llega a las librerías nacionales una nueva edición de “La hoja de aire”, de Joaquín Gutiérrez, la cual fue producida en España y viene complementada con unas bellísimas ilustraciones de Emilio González Sáinz.

La edición, que estuvo a cargo de Juliana Penagos, y que es una verdadera joya desde el punto de vista de la producción gráfica, es la primera que se hace de la novela en tierras españolas. En el país la obra es distribuida por la editorial Legado.

Releer “La hoja de aire” trae consigo la comprobación, por ejemplo, de que en esta Costa Rica todavía hay una vasta pobreza en el campo intelectual, como la sufría Alfonso, dado que aún los espacios para la conversación inteligente, para la tertulia literaria y para el intercambio de ideas son reducidos.

La obra se lee en un par de horas, pero sus efectos pueden durar toda la vida, porque es un texto al que no le falta ni le sobra nada y porque tiene una enorme vigencia.

Realizado por Taller Editorial Piedra de Toque, el libro trae un prólogo del escritor mexicano Jordi Soler y el original escrito por Pablo Neruda.

“Aunque Joaquín Gutiérrez es un costarrico general, que desde joven se naturalizó en el continente, otorgándose la más espaciosa ciudadanía, hay que buscar en este mágico relato el sabor central de la América delgadísima que esencialmente representa”,  escribió en 1968 Neruda.

La cultura de la mojigatería a la que se enfrentó Alfonso antes de irse a México y a su regreso, el amor que siempre vuelve con sus recuerdos ficticios y una prosa escrita casi como un susurro, hacen de “La hoja de aire” una lectura especial para la época.

Historia y Teatro

A quienes les interese el teatro se hallarán una edición de “La Imagen Teatral” del fallecido Lenín Garrido, la cual es editada por editorial Promesa.

El texto reviste importancia porque Garrido, quien fuera profesor de literatura en la Universidad de Costa Rica, aborda el tema desde el ámbito teórico, aunque también con base en su larga experiencia como actor y director.

“Es natural que al ejercicio de una actividad artística se llegue por amor, por amor que despierta la potencia interna del espíritu; la habilidad técnica, erudición relativa al arte, la práctica, la constancia, pero también el amor por un arte despierta el deseo de conocerla en toda su realidad íntima”, decía Garrido en la introducción.

En el ámbito de la historia hay dos libros que pueden resultar una relevante lectura en el fin de año como son “La historia no es solo color de Rosa” del catedrático Gerardo Contreras y “Clarín patriótico: la guerra contra los filibusteros y la nacionalidad costarricense”, de Juan Rafael Quesada.

En “La historia no es color de Rosa” Contreras hace un sólido recorrido por los 75 años de Partido Comunista en Costa Rica y evidencia las contradicciones de clase que dieron origen a esa organización.

El 16 de junio de 1931, cita Contreras, se estableció formalmente el Partido Comunista de Costa Rica, el cual desempeñaría una función extraordinaria en los acontecimientos de 1948, que culminaron con la junta de la Segunda República, presidida por José Figueres Ferrer.

La fundación del Partido Comunista representó, de acuerdo con Contreras, “un elemento fundamental, esto es, un Partido de la clase trabajadora, lo que implicó un salto cualitativo en el proceso de la lucha de clases en la escala nacional”.

Para todo estudioso del aporte del comunismo en el país, la obra publicada por ediciones perro Azul, es imprescindible para entender la Costa Rica contemporánea.

Quesada, por su parte, sostiene que antes de la guerra del 56, ya la idea de nacionalidad se había cristalizado en el imaginario nacional.

“La nacionalidad, en tanto, que sentimiento de identificación colectiva, ya había adquirido un arraigo importante en el imaginario costarricense. La guerra, hazaña colectiva por antonomasia, constituyó una coyuntura especial en la que se tejieron lazos de unión y solaridad”.

Los vínculos de esa nacionalidad que se notaron en la guerra contra los filibusteros encabezados por William Walker se pueden rastrear, según Quesada, ya en los inicios de la colonia.

La guerra del 56-57, asegura el historiador, constituyó una oportunidad para que el pensamiento martiano se plasmara en la realidad, puesto que la patria se defendió en las “trincheras de ideas”.

El libro de Quesada fue publicado por Alma Máter y es una lectura alternativa sobre el 56 en el 150 aniversario de la gesta nacional.

Universales

Además de la lecturas sugeridas en las líneas anteriores, usted también se puede adentrar en textos con renovada pasión, porque más que leer, como decía Jorge Luis Borges, el placer está en releer.

Una aventura intelectual maravillosa es abrir el vasto tomo del Conde de Montecristo de Alejandro Dumas y hacer ese recorrido por ese inmenso personaje que es Edmundo Dantés, una vez que sale transformado del Castillo de If.

Tras haberse fugado de la prisión, con motivo de la muerte del abate Faría, sale al mundo el Conde de Montecristo, quien es visto así por Gabriel García Márquez, Nobel de Literatura 1982.

“A esa hora ya existía en el mundo -creado para el asombro y la memoria de la humanidad- un tercer personaje indestructible: el Conde de Montecristo, dueño de una sabiduría universal, una fortuna incontable y una sed de venganza que no lograría saciar aún después de haberse castigado sin tregua ni piedad a sus enemigos”.

Hay una muy cuidada edición, entre otras, del debate sobre este maravilloso libro, que se publicó en un principio como un largo folletín que Dumas escribió a mano para los periódicos de la época.

Para los que gustan de las crónicas se encuentran en librerías unos pocos ejemplares de “Artistas, locos y criminales” del periodista y escritor Osvaldo Soriano.

El periodismo realizado por Soriano en La Opinión de Buenos Aires, donde fue director de deportes, es el cimiento de esas crónicas en las que el autor de “Cuarteles de invierno” hace gala de su exquisita técnica narrativa y de una capacidad asombrosa para adentrarse en el lado humano de sus personajes.

Basta citar la crónica “Un odio que conviene no olvidar”, una semblanza del decaído y olvidado boxeador José María Gatita, en la que Soriano, con dedicatoria a Julio Cortázar, hace un despliegue de su mejor técnica periodística y narrativa.

Y para los que gustan de géneros que anden a caballo entre la literatura y el periodismo, está el sorprendente trabajo de David Yallop, “En nombre de Dios”, que con una edición actualizada de Sudamericana circula de nuevo en las principales librerías.

El libro es una investigación exhaustiva sobre los motivos que condujeron al asesinato de Juan Pablo I, tan solo 33 días después de haber asumido su cargo como jefe espiritual del catolicismo.

Gracias a las técnicas del periodismo literario, es posible saber que la última cena de Luciani consistió en “un ligero caldo, un bistec de ternera, un plato de judías verdes y un poco de ensalada”.

Así detalle a detalle, Yallop se adentra en la maquinaria que propició el asesinato de Luciani, sustituido luego por el conservador Juan Pablo II.

Hay lecturas para todos los gustos que incluye a autores naciones y extranjeros, solo es cuestión de adentrarse en el incomparable universo de los libros.

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Catania se va de gira con Como un puñal en las carnes

Quirós U., Marcela. “Catania se va de gira con Como un puñal en las carnes”. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 11 de octubre de 2006, p. 17. http://wvw.nacion.com/viva/2006/octubre/11/espectaculos856348.html

 De viaje: El actor y director de teatro Alfredo Catania llevará la obra –protagonizada por el argentino Jorge Ricci– a Colombia y España

A los 73 años Alfredo Pato Catania mantiene la vitalidad y la agenda de sus mejores años. Esta vez son las obras de teatro Como un puñal en las carnes y La hoja de aire las que le dan las emociones de una extensa gira que comenzó el sábado anterior y lo mantendrá fuera hasta el 26 de noviembre.

Como un puñal en las carnes será vista en Colombia y España y La hoja de aire en Uruguay”, reveló orgulloso Catania, quien dirigió la primera y es el director y el intérprete de la segunda.

Itinerario. Pato y Jorge Ricci –actor argentino protagonista de Como un puñal en las carnes– se presentaron el martes y el miércoles en Manizales y el 13 y 14 lo harán en Medellín. De ahí partirán a España, en donde tendrán funciones el 20 en la ciudad de Almagro; el 22 y 23 en Cádiz; el 25 en el Puerto de Santa María; y el 26 en Olvea. El 4 de noviembre estarán en la Casa de las Américas, en Madrid, y en la Universidad de León, el 11.

La hoja de aire, por su parte, formará parte del programa del importante Festival Internacional de Unipersonales de Montevideo donde será vista el 26 de noviembre.

Propuestas. La hoja de aire, del costarricense Joaquín Gutiérrez, fue estrenada por Catania en el 2001 con la actuación de Luis Fernando Gómez. Hace tres años Pato asumió el protagonismo del monólogo y desde entonces lo ha presentado en colegios, comunidades e instituciones del país y lo ha llevado de gira a Argentina, Guatemala, El Salvador y Honduras.

Como un puñal en las carnes, del argentino Mauricio Kartún, fue estrenada en Costa Rica en el año 2004 en la sala Vargas Calvo.

“Kartún es uno de los más importantes dramaturgos argentinos, describe con minuciosidad y en tres tiempos la historia agridulce del contador Vicente Ramella y de su desesperado apasionamiento por una joven con quien escapa para instalarse en el mismo hotel que por muchos veranos compartió con Carmen, su mujer”, relató Catania, quien agrega que la propuesta coincide con el tipo de teatro intimista que prefiere desarrollar en ese momento de su vida.

La obra es protagonizada por Jorge Ricci, actor que reside en Argentina y quien conoció a Alfredo cuando fue alumno suyo en la Municipalidad de Santo Tomé, en el país de origen de ambos.

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Prólogo

Morales, Carlos. «Prólogo». En: Gutiérrez, Joaquín. Vietnam crónicas de guerra. San José, Costa Rica. Editorial Legado, 2002. P. 9-11

Para estas cosas de la historia, veinte años son un buen término. Es un período adecuado a la comprensión en escorzo de los fenómenos político sociales, con la ventaja de que, al cabo de dos décadas, la legislación de los Estados Unidos permite ventilar ciertos documentos del Pentágono y de sus organismos de defensa, que durante el correr de los hechos permanecían en secreto.

Por eso no es de extrañar que Vietnam se haya puesto de moda en los ochenta. La prensa, los investigadores, todos los medios de comunicación y el cine en particular, han tenido mejor acceso y documentación más segura sobre lo que fue aquella guerra. La cadena de películas sobre la gesta de Indochina es buena prueba de que esa guerra de los 60 alcanza hoy nueva repercusión. “Regreso sin gloria”, “El cazador”, “Apocalipsis now”, “Platoon”, “Full metal jackett”, “Hamburger Hill”, etc., son una muestra de ese gran interés.

Pero además la guerra de Vietnam se dio en un contexto muy particular en las relaciones del mundo. Los años sesenta son la época de los Beatles, de las revueltas de mayo en París, de la matanza en Tlaltelolco, de la Revolución Cultural en China, de las manifestaciones en Berkeley, de la aparición de los hippies, del Che. En fin, toda una época para, inspirar nostalgia y señalizar rumbos.

Es natural entonces que ese despertar de los sesenta, ese resurgimiento de las atrocidades de Vietnam sea también interpretado y visualizado desde nuestro prisma occidental. Recuperamos sus imágenes y su historia, desde un enfoque doliente, nostálgico y distorsionado por la diversidad de valores que nos separan del heroico pueblo peninsular.

Joaquín Gutiérrez, el más certero novelista de Costa Rica y uno de sus periodistas andariegos más experimentados y en mejor posesión del lenguaje noticioso-literario, nos trae ahora —con estas “Crónicas de guerra”— un Vietnam distinto. Un Vietnam mucho más real y verídico, en el que no figuran aquellas páginas engañosas de la prensa ni los corresponsales maniatados por su agencia.

El suyo es un Vietnam desde adentro, contemplado desde las llamas de esa ametralladora que en un abril como este derribó —hace veinte años— el avión número 1.000 de las fuerzas invasoras. Es el Vietnam bizarro de los campesinos espectrales que combaten como hormigas heroicas para salvar la soberanía y la dignidad de la tierra que los alumbró. Es la Indochina secular y maravillosa de ese bardo llamado Ho Chi Minh, a quien el propio cronista tuvo ocasión de entrevistar.

El libro de Joaquín Gutiérrez, reportero, convoca muchas satisfacciones en el rescate vívido para la memoria colectiva de todos nuestros pueblos, con un estilo vibrante, preciso, fresco, de admiración, de ternura y con limpio sentido del humor. Y contempla también dos enseñanzas que quisiera resaltar: una la juventud indoblegable de un escritor revolucionario que, en la cumbre de sus 70, sigue tan firme, joven y leal a sus principios de una vida, como si acabara de velar las armas en el templo de Minerva. Y la otra, la fuerza crepuscular de ese pueblo indómito que en medio de las penurias más asombrosas y los sacrificios más increíbles, hizo valer su garra y alteza hasta derrotar y poner en fuga al último de los intrusos.

Es este un libro hermoso, rico de contenidos, nostálgico, aleccionador y pleno de enseñanzas para nuestro futuro. Se juntan en él ambas fuerzas: la del escritor comprometido que arriesgó su vida y afiló su pluma por una causa que le apasionaba; la de un pueblo admirable que le ha enseñado al mundo que cuando se tiene decoro, no hay expoliador posible —por grande y amenazante que sea— capaz de imponer su jáquima a una población erguida.

Apenas para Centroamérica. Apenas para nuestro tiempo  y nuestros rostros mestizos y hambreados. Y todo en un hermosísimo estilo que rompe las barreras entre periodismo y literatura, y entre los dos discursos, la trágica realidad y el artístico relato.

Una visión inusual y oportuna de ese Vietnam que nos marcó a todos, que marcó al mundo, y se volvió inolvidable.

Carlos Morales

Abril 1988 – octubre 1999

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Fragmentos de la tierra prometida. Cinco rapiditas a Fernando Contreras

Ulloa Argüello, Warren. Cinco rapiditas a Fernando Contreras.

Tomado de la página web de Literofilia

 ¿Por qué Fernando Contreras apuesta a un género literario que aún se mantiene en exploración, en medio de controversias entre autores, críticos y académicos?

El género “micro relato” es, ciertamente, una apuesta peligrosa. De hecho, fácilmente podría confundirse con otros, como el aforismo, por ejemplo. En mi criterio, el micro relato es un verdadero desafío literario. Se trata de llevar una historia a su mínima expresión, sin que pierda por ello, su potencial. Me obsesiona el esfuerzo en el sentido de la economía de los recursos. En el caso particular de ”Fragmentos de la Tierra Prometida”, la apuesta va un poco más allá: espero que la suma de los micro relatos dé con un mundo novelesco, hecho añicos, pero un mundo novelesco al fin, que ha de terminar de cuajar en la imaginación del lector. Aunque los micro relatos son independientes, y podrían ser leídos en cualquier orden, espero haber logrado una unidad temática propia de la novela, pero sin novela. ¡Ciertamente, espero mucho del lector!

La lectura de este libro me remite a otra novela suya: “Cantos de las guerras preventivas”. El asidero de este nuevo libro es una profunda crítica al sistema sociopolítico actual, sin embargo siento un tono sarcástico en esta nueva colección de microrelatos, hasta atisbos de humor negro. ¿Es así o es percepción mía? De ser así, ¿es mejor reír que llorar con los tiempos que corren según su nuevo libro?

Sí, algo había quedado en el tintero después de “Cantos de las Guerras Preventivas” sin embargo, esa novela es una especie de novela futurista, de un futurismo latinoamericano, sin naves espaciales, ni bichos verdes. Los micro relatos, creo, están más anclados en el presente, en el desolador presente de las crisis inventadas en beneficio de los banqueros y las farmacéuticas, por mencionar a algunos de sus agentes patógenos. Acá en los Fragmentos no hay personajes individuales… es un colectivo del lado de las víctimas narrando la reducción de la vida al absurdo, y la resistencia por una vaga esperanza. Entre reír o llorar, yo creo que hay que reír con lágrimas en los ojos, como cuando llueve y brilla el sol.

Lea la entrevista completa en Literofilia

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Siento que estoy comenzando

Escudos, Jacinta. “Siento que estoy comenzando”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 8 de octubre de 2006, p. 5 http://wvw.nacion.com/ancora/2006/octubre/08/ancora6.html

Entrevista. El destacado autor salvadoreño, Manlio Argueta, conversó sobre sus escritos más recientes.

Manlio Argueta es, sin duda, uno de los escritores vivos más importantes de la región centroamericana. Nacido en 1935 en El Salvador, ganó en 1977 el Premio Casa de las Américas por Caperucita en la Zona Roja, una novela que tuvo gran influencia en los autores salvadoreños de generaciones futuras. Fue miembro de la llamada Generación Comprometida, un grupo de intelectuales que creía que los artistas y escritores no podían darle la espalda a la realidad social de su país. Entre otros miembros destacados de esta generación estaban Italo López Vallecillos y Álvaro Menen Desleal. También participó en el Círculo Literario Universitario junto a Roque Dalton y Otto René Castillo.

Por sus escritos y su actividad política tuvo que exiliarse en 1972 en Costa Rica, aunque Manlio prefiere no llamarlo así. “Me da pena llamarlo exilio porque los ticos se portaron muy bien conmigo”, dice. Después de casi 20 años de vivir en San José y de nacionalizarse costarricense, regresó en los 90 a El Salvador, donde ha ejercido diversos cargos culturales. Actualmente se desempeña como Director de la Biblioteca Nacional.

Su obra literaria le ha valido numerosos reconocimientos. En el 2000, su novela Un día en la vida obtuvo el quinto lugar en la lista de las cien mejores novelas latinoamericanas, según la Modern Library. En el 2004 fue declarado “Escritor Meritísimo de El Salvador” según decreto de la Asamblea Nacional. Y el año pasado ganó la Beca Guggenheim para trabajar en una novela cuyo tema será la migración salvadoreña.

Acá en Costa Rica, Editorial Legado publicó hace poco su cuento El Cipitío, con ilustraciones de Vicky Ramos. Basado en una tradición oral salvadoreña, El Cipitío es la historia de un niño abandonado por su madre que vive en los ríos, come ceniza de los fogones en los ranchos y le gusta enamorar a las niñas bonitas. Se dice que es un niño que nunca envejece y, como tal, disfruta haciendo una que otra travesura.

–¿Cómo nace la idea de combinar cuentos para niños con leyendas tradicionales de El Salvador?

–Era un tema que para mí estaba en el aire. Comencé a escribir estas historias para darles identidad escrita, porque personajes como el cipitío, la siguanaba, el cadejo y la chinchintora son parte de nuestras historias orales. Ya existen otras versiones anteriores, como las que hicieron Miguel Ángel Espino y Francisco Gavidia, pero no se han reeditado. Me pareció importante retomarlas como elementos de la identidad.

El Cipitío es un libro que tenía como 6 años de estarse cocinando. De hecho, el ilustrador seleccionado era el fallecido Hugo Díaz, a quien Sebastián Vaquerano (el editor) y yo bombardeamos con fotografías y dibujos para que las ilustraciones fueran lo más parecidas posibles al entorno de donde provenía la historia. Luego de fallecido Hugo, yo le sugerí a Sebastián algunos ilustradores de Cuba y Colombia, pero Sebastián se decidió por Vicky Ramos por su calidad como ilustradora y porque él quería estar cerca de todo el proceso de producción para cuidar la edición lo mejor posible.

–¿Le parece que con el fenómeno migratorio actual que se vive y con la urbanización de las zonas rurales se están perdiendo ciertas tradiciones?

–La intención principal de retomar estas historias es rescatar nuestras tradiciones, nuestros valores, y aportar algo propio a la literatura infantil. Se lee literatura infantil hecha desde Colombia o España. De hecho, mi generación se alimentó con lo infantil que venía de Argentina. Me pareció importante rescatar lo nuestro pensando en la migración y que los muchachos allá puedan leer algo que viene de la región centroamericana.

–Cambiando de tema, en los últimos meses parece haber mucho interés sobre su poesía…

–En las próximas semanas aparecerá publicada mi poesía completa en Hispamérica, una editorial de la Universidad de Maryland. El compilador es el Dr. Astvaldur Astvaldsson de la Universidad de Liverpool. Astvaldsson incluso descubrió poemas de mi adolescencia, que a estas alturas yo preferiría no publicar, pero el investigador dice que en la historia literaria de alguien, todos los textos son válidos.

 Además, fui honrado con el Premio de Poesía Naim Frashëri, de Macedonia, que se otorga en el marco de un festival de poesía famoso en el área de la cultura balcánica, que este año cumple su décima edición. También se hará una publicación conmemorativa con diez poemas míos.

–Recientemente usted fue jurado de un concurso literario en El Salvador, y una de las cosas que se comentaron mucho es que todos los cuentos participantes tocaban el tema de la violencia y la muerte. ¿No le parece excesivo el tema de la violencia en la narrativa salvadoreña?

–Cuando los jóvenes escriben sobre la violencia se debe a que es la realidad que están viviendo ahora. Casi todos los cuentos que concursaron tenían que ver con la muerte.

Los jóvenes escritores tienden a ligar la realidad con la literatura. Es claro que hay violencia y no me extraña que seguirá siendo el tema predominante en nuestra literatura, sobre todo en la narrativa. Pero el tema no lo dice todo, sino cómo se maneja. Creo que lo importante es insistir en que haya disciplina y cultura para escribir. Y tomarlo con seriedad.

–A estas alturas del campeonato, ¿cuál podría decir que fue el aporte de la Generación Comprometida a la literatura salvadoreña y centroamericana?

–Creo que el mejor aporte fue la actitud del escritor frente a su realidad, a no marginarse, a no sentirse especial ni separado de la realidad. Nuestro grupo tuvo en su momento mucho contacto con otros escritores, grupos, revistas culturales e intelectuales de toda la región, y eso creó un intercambio de ideas que, aunque no todos estuviéramos de acuerdo, lo importante era el diálogo.

Pienso por ejemplo que estos muchachos que escriben ahora sobre la violencia es por influencia nuestra. Lo que habrá que ver es qué ocurre con ellos cuando esa realidad se desvanezca, si perderán su tema narrativo. Por eso lo importante es escribir con calidad y pensando en la permanencia, hacer trascender esta realidad en el tiempo.

A mí por ejemplo mucha gente me dijo que acabada la guerra se acabó Manlio Argueta, porque yo había escrito mucho sobre la guerra. Y eso me lo dijeron algunos amigos en son de broma y otra gente que lo decía muy en serio. Pensaron que acabada la guerra ya no tendría sobre qué escribir. Pero todo lo contrario. He seguido escribiendo, y la verdad siento que estoy comenzando, que tengo mucho qué decir todavía.

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Concultura denuncia venta de obras. Piratas tras la obra de Salarrue

Ramos, Wendy. «Concultura denuncia venta de obras. Piratas tras la obra de Salarrue». La Prensa Gráfica (San Salvador, El Salvador), 8 de octubre de 2002, p. 14

La obra literaria “Cuento de Barro”, del salvadoreño Salvador Salazar Arrué, Salarrué, es pirateada y se comercializa en varias librerías del país.

Así lo informaron en exclusiva a LA PRENSA GRAFICA autoridades de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI), dependencia del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA).

Sin embargo, CONCULTURA no cuenta con estimaciones de las pérdidas ni de la cantidad de ejemplares que circulan. La institución es la dueña de los derechos de autor.

La piratería se descubrió luego de que empleados de la DPI detectaron la venta de libros a precios más bajos del que la imprenta estatal da a los distribuidores.

Ante el hallazgo, la dirección ubicó varias librerías en Sonsonate, San Miguel, San Vicente y Santa Ana que vendían imitaciones.

Mala calidad

La gerente de ventas de la DPI, Claudia Guerra, dijo que en los libros ilegítimos se evidencian las diferencias en la calidad y el acabado de cada ejemplar.

De acuerdo con una representante del Departamento Jurídico de CONCULTURA, Yanira de Soundy, por el momento no cuentan con mayores detalles sobre el lugar donde se imprimen los libros.

Solicitó a la Fiscalía General de la República que investigue el caso.

Un delito difícil de perseguir

Por su parte, el coordinador de la Unidad de Delitos contra la Propiedad Intelectual de la FGR, Adolfo Muñoz, confesó que desconocía este caso.

Sin embargo, explicó que el Código Penal castiga la piratería con penas que van de uno a tres años de prisión, pero hasta el momento no hay ningún caso donde los piratas hayan terminado en la cárcel.

De 2000 a la fecha, solamente se han conocido 10 casos de piratería de libros, cuyos procesos terminaron por la vía de conciliación entre las partes.

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Triunfa obra de Alberto Cañas en El Salvador

«Triunfa obra de Alberto Cañas en El Salvador». La Nación . Sección B (San José, Costa Rica), 26 de marzo de 1983, p. 4B

Francisco Andrés Escobar: productor y miembro del elenco de la versión salvadoreña de «Uvieta» de Alberto Cañas.

Montada por la agrupación Teatro del Alba, “Uvieta”, la obra de Alberto Cañas, tuvo un exitoso recibimiento en los escenarios salvadoreños, demostrando que su validez no es solo tica”.

Después de un proceso de montaje de ocho meses y un cuidadoso estudio de mesa, los miembros del elenco descubrieron que la pieza es centroamericana.

El mito del hombre que hace subir a la muerte a un árbol y no lo deja bajarse “lo encontramos vivo en toda región”, dijo el productor y parte del reparto de la versión salvadoreña de “Uvieta”, el poeta Francisco Andrés Escobar.

Los personajes transcienden el ámbito costarricense: las murmuradoras, “el loquillo del pueblo”, son típicos de toda el área. Pasa lo mismo con las situaciones, pues la acción transcurre un domingo después de misa y es algo natural para las cinco naciones.

Pero el Teatro del Alba también encontró elementos en “Uvieta” que la elevan a un plano universal. “La pieza es un  alegato a favor de la capacidad de descubrir y de maravillarse ante lo que se va descubriendo”, opina Escobar.

En un momento de la obra, el protagonista declara: “Todos los  días son especiales para el que sabe verlos. Acordate de esto: las puestas de sol son gratis”. El drama de Cañas es un elogio de la vida sencilla. Con el dinero sólo se compra lo barato “y la pieza pugna por eso”.

El tratamiento del tema de la recíproca relación entre la vida y la muerte y la razón como instrumento para “resolver los desequilibrios que produce el hombre” son aspectos que contribuyen a que “Uvieta” sea universal.

Una tenue lucecita que apunta.

El Teatro del Alba nació el año pasado para contribuir a una tradición que aún no esta bien cimentada en El Salvador y “en medio de la hecatombe, sostener la vida desde dentro, echar las raíces que únicamente el arte puede descubrir y tomar”, explicó el escritor.

Sin presupuesto que los sostenga sin la participación de artistas profesionales, el grupo trabajó hasta diez horas por semana para llevar a cabo el montaje de «Uvieta».

Carlos Morales, Francisco Andrés Escobar, Marisol Salinas, René Iván Morales, David Hernández, Irma Aída Zeledón, Any Casstellanos y Mauricio Yañez componen el elenco, dirigido por este último.

Muchos de ellos se vieron obligados a interpretar varios papeles. Cualquier cosa se hace para una puesta en escena «muy digna, hecha con mucho amor, cariño y dedicación, y dando cada quien de si mismo lo más que podía dar».

¿Qué dijo el público salvadoreño del resultado?

Para Escobar se consiguió una versión «muy nuestra, el espectador la siente muy de él, muy de nuestra vida cotidiana; disfruta mucho de la anécdota y capta bien su mensaje».

El Teatro del Alba fue bautizado así  «porque en lo oscuro de la vida es una tenue lucecita que apunta, así como el alba; es abrir un rastrito de luz en un panorama bastante negro: es el día que se renueva a pesar de que el hombre se empeña en que los días , no se renueven».

Esta agrupación responde a una «voluntad de vivir a pesar de todo» y forma parte de un movimiento de las artes salvadoreñas que, a la par de ser testimonio de la crisis, quiere ser un refugio de ella y darle sentido a la vida.

La Escuela Nacional de Danza y sus tres temporadas de baile moderno,  folklórico y clásico, la literatura el teatro, la plástica, la Orquesta Sinfónica de Cámara forman parte de este florecimiento.

«La historia ha demostrado que los conflictos pasan, pero el arte queda», sostuvo Escobar.

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Un Pícaro en la Asamblea

Azofeifa, Isaac Felipe. «Un pícaro en la Asamblea. «Semanario Universidad (San José, Costa Rica), 27 de mayo de 1983 (Fragmento)

Alberto Cañas acaba de sacar en la Editorial Costa Rica su último libro. Se titula La soda y el F. C. y lleva un subtitulo: Biografía de una partida específica. Es un relato simple que deja un sabor a cuento largo porque no llega a alcanzar la complejidad narrativa de una novela corta. En realidad, parece pensado como un episodio más de esa obra más basta que esperemos ver desarrollarse, y que llegará a tener su buen título: Historias de San Luis, por ejemplo.

Uno se pregunta por qué no se ha hecho en Costa Rica la segunda edición de Feliz Año, Cháves, Cháves, cuya primera edición, de 1975 en Buenos Aires, debe haber circulado muy poco entre nosotros. Y es que esta no es solo una de las mejores obras de nuestra narrativa contemporánea, sino que con ella inaugura Alberto Cañas la saga de nuestro pueblo y de nuestro siglo. Radica en el mismo San Luis nuestro autor la historia de Uvieta, (1980) que es una obra maestra de nuestro teatro. Y ahora, contando la hazaña del diputado por San Luis, Lesmes Arrieta, nos agrega la tercera de sus obras al propósito estético-literario de ir penetrando en la carne, la sangre y la moral de nuestros prójimos sanluiseños para que los ticos nos veamos en ellos como en un espejo.

San Luis va adquiriendo un valor claro de símbolo. San Luis es Costa Rica misma. Pero la Costa Rica rural, aldeana, que se resiste a desaparecer y sigue profundamente anclada en nuestras provincias, en los cantones, en los cientos de pueblos silenciosos pero presentes como el San Luis de Alberto Cañas.

La intuición de Cañas no es nada simple, también ha visto que la ciudad sigue un destino diferente: el cambio de su sociedad, de sus instituciones, de sus costumbres, es lo que nos ha ofrecido en su novela corta Una casa en el barrio del Carmen y luego en su obra dramática tan melancólica por eso mismo: Ni mi casa es ya mi casa.

Lo mismo que le admiramos en su teatro, en su narración despliega Alberto Cañas sus cualidades de humor jovial y aguda observación irónica de nuestras costumbres y de nuestra gente. Especialmente rico en sorpresas de estilo es su hábil manejo de los matices de nuestra lengua hablada. Y sabe colocarlos con clara intención de castigar con la risa de la sátira amable nuestras costumbres expresivas. Jerga de los educadores, de los técnicos, de los hampones, de los abogados, y de los diputados junto con los burócratas.

Pero en La soda y el F. C. lo mismo que en Feliz Año, Chaves, Chaves, nuestro gran narrador y dramaturgo pone en juego mucho de su experiencia en los ajetreos políticos de muchos años….

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