Los 30 de una novela

“Los 30 de una novela”. La Nación. Viva. (San José, Costa Rica), 25 de agosto de 2003, p.10

La tertulia litera Entre líneas, que se realizará esta noche a la 7 p.m. en el Instituto de México, estará dedicada a la novela Murámonos Federico, de Joaquín Gutiérrez, en los 30 años de su publicación.

Según Carlos Porras, organizador de la actividad, habrá una breve conferencia sobre la novela, una semblanza de Gutiérrez a cargo del escritor Rodolfo Arias y una tertulia con participación del público. Hace 30 años, Murámonos Federico ganó el Certamen Editorial Costa Rica, luego de publicada y después ganó también el Premio Aquileo J. Echeverría.

En la actividad estarán presentes Elena George Nascimento, viuda del escritor, y Sebastián Vaquerano, de la Editorial Legado.

El instituto de México está ubicado 250 metros al sur de la cuarta entrada a Los Yoses. La entrada es gratuita.

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Joaquín Gutiérrez vive en francés

Doriam Díaz. “Joaquín Gutiérrez vive en francés”. La Nación. Suplemento Viva (San José, Costa Rica), 6 de junio de 2003, p. 9

La espera de más de una década se transformó en un logro para la literatura costarricense. La editorial Actes Sud, una de las más prestigiosas de Francia y Bélgica, acaba de publicar en francés la novela Murámonos Federico (1973), del escritor costarricense Joaquín Gutiérrez  (1918-2000).

Dicha edición se titulada Mourons (ensemble), Federico (Murámonos (juntos), Federico) y es una traducción del español realizada por Roland Faye, quién también pasó al francés la novela Ceremonia de casta, de Samuel Rovinski.

Faye tradujo la novela de Gutiérrez a principios de los años 90; no obstante, el trabajo tuvo un azaroso destino que culminó en mayo pasado con la publicación del libro en Actes Sud.

Y la espera valió la pena pues Actes Sud, fundada en 1978, tiene un catálogo con 1.800 títulos, publica 140 títulos nuevos por año y ha dado a conocer en lengua francesa a unos 2.200 autores.

Es más, ese sello le ha descubierto a los francófonos a autores como el húngaro y Premio Nóbel de Literatura Imre Kertész, la cubana Zoé Valdés y el norteamericano Paul Auster.

Cuidadoso trabajo

Mientras en Costa Rica se ha  privilegiado la lucha de Federico contra la compañía bananera, la edición en francés acentúa desde la portada hasta la contratapa los elementos más universales de la novela.

“Son justamente los elementos menos realistas del texto: la historia casi mágica de Estebanita, el humor, la ironía, la pugna entre dos mundos sometidos ambos –el personal –subjetivo y el social-objetivo- a la presión de la modernidad y de la tradición …”, explicó el escritor Carlos Cortés, quien revisó en detalle la obra en francés.

Es más, la contratapa del libro llamada El punto de vista de los editores expresa: “…el autor diseña una pintura de la alienación de los pueblos centroamericanos. Él entrega a sus personajes, todos admirablemente cincelados y coloreados, a las fronteras estrechas y reductoras de un mundo que vacila entre la tradición y la modernidad, seducción del sur y presión de norte”.

Según afirmó Cortés, la traducción es muy cuidadosa. Por ejemplo, las expresiones y nombres de los personajes se mantienen en el texto y se explican brevemente en notas al pie. Además, “…la versión reproduce el lirismo ingenuo del niño frente al relato narrativo de acción”, agregó.

La traducción de Murámonos Federico tiene 256 páginas y se encuentra en el catálogo de Actes Sud (www.actes-sud.fr).

Un detalle curioso: la novela estuvo dentro de las novedades de mayo del sello, junto a un libro del Nóbel Kertész.

Esta es la segunda novela costarricense que publica Actes Sud, la primera fue María, la noche (Maria, la nuit), de Anacristina Rossi.

El camino de Murámonos Federico en francés apenas comienza. La novela le sigue los pasos a Cocorí, que ha sido traducido a 10 idiomas, y mantienen vivo en el ambiente literario a Joaquín Gutiérrez.

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Chisporroteos

Alberto F. Cañas. “Chisporroteos”. La Repúbica (San José, Costa Rica), 21 de octubre de 2000, p. 10A

Mi primer recuerdo de Joaquín Gutiérrez se remonta a mis días del Edificio Metálico, y es el de un manganzón jugando de portero en una mejenga futbolística cerca de la Casa Amarilla, y convertido, por su gigantesca estatura, en una barrera inexpugnable. Cuando se tienen diez u once años, una diferencia de dos es más inexpugnable que aquel portero de la mejenga. Lo miré hacia arriba (cosa en todo caso inevitable) y lo incorporé a la lista de héroes. Todavía puedo reconstruir mentalmente su cabellera alborotada de esa ocasión.

Donde realmente lo conocí fue en la casa de los Cardona Cooper, sede dulcísima y nocturna de una tertulia diaria inolvidable, a la que concurrían parientes, vecinos y amigos de los Cardona y pretendientes de las muchachas de la vecindad (que también participaban en la tertulia). Joaquín Gutiérrez concurría como vecino; yo, como amigo inamovible de Toño Cardona y pretendiente… bueno, eso no importa.

Pero fue allí donde comenzamos a ser amigos. Y yo, a ser el oyente fiel y encantado de sus inagotables historias. Ya para entonces, Joaquín Gutiérrez había sentado plaza de poeta, y de muchas cosas más.

Ya podíamos aquilatar su brillo intelectual. Ya era un ajedrecista de nota. Lo que no presentíamos es que sería una de las figuras claves de nuestra literatura y (desde que volvió a su patria tras décadas de ausencia), parte imprescindible de nuestro paisaje cultural, inconcebible sin él desde que regreso en 1973, gracias a una jugada del presidente José Figueres, que consistió en enviarle un cable cifrado a nuestra Embajada en Santiago de Chile (que la cancillería de Pinochet descifraría con toda seguridad), pidiéndole le preguntara a Joaquín si no pensaba venir a Costa Rica a cumplir el contrato que tenía con el Ministerio de Cultura para realizar determinados trabajos. El interés del gobierno de Costa Rica en él, alivió a la antropófaga dictadura chilena, que se quitó una brasa de las manos permitiendo la salida de Chile a un candidato al fusilamiento.

Una de las últimas hazañas que llevó a cabo desde Chile, fue enviar, al primer concurso de novelas de la Editorial Costa Rica, el manuscrito de “Murámonos Federico”. Ya el jurado, que integrábamos Guido Fernández, Eugenio Rodríguez y yo, tenía casi tomada una decisión sobre el premio, cuando, en los viejos garitos, Joaquín Gutiérrez gritó: “Barajo”, y el fallo en ciernes se vino al suelo. Los tres coincidimos en haber sido los privilegiados lectores iniciales de una de las grandes novelas costarricense, la novela de la década, la mejor novela de un novelista que ya tenía a su haber obras notables. (Agrego yo ahora, después de más se veinticinco años, que “Murámonos Federico” integra, con “El primo”, “Pedro Arnáez”, “El sitio de las Abras” y “Mi Madrina” la selección de honor de la novela costarricense del siglo XX).

Ese formidable aporte suyo, nos queda : “Manglar”, “Cocorí”, “La Hoja de Aire”, “ ¿Te acordás hermano?”, y sus subestimados pero embrujantes libros de poesía, seguirán deleitándonos y permitiendo que nos comuniquemos con él. Pero ¿Qué vamos a hacer sin su vozarrón, sin su delicia de contar anécdotas y sucedidos, sin su cordial conversación estimulante, sin su don de gentes, sin su bonhomía, sin su malicia, sin su firmeza de convicciones unida a un espíritu de tolerancia poco común entre sus correligionarios, sin su facultad para estar enterado de cuanto bueno se escribía en el mundo? Pero más que todo, ¿sin su espíritu de niño? Porque Joaquín Gutiérrez nunca dejó de ser un niño. Era un niño grande . un niño enorme, de un metro noventa. Pero un niño.

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Homenaje póstumo a don Joaquín Gutiérrez

Carlos Porras. “Homenaje póstumo a don Joaquín Gutiérrez”. Tiempos del Mundo. (San José, C.R.), 21 de agosto, 2003. página 3

La tertulia literaria “Entre Líneas” de agosto será dedicada a la novela Murámonos Federico, de Joaquín Gutiérrez, publicada hace 30 años. Familiares, amigos y estudiosos de la obra de don Joaquín participarán en el encuentro.

Nació premiada por partida doble. En 1973, la novela Murámonos Federico ganó el Premio Editorial Costa Rica, que se convocaba por primera vez ese año y, una vez editada, ganó también el Premio Nacional de Novela Aquileo Echeverría. La novela fue recibida con entusiasmo, pero generó también un brote de polémica ya que muchos la criticaron fuertemente. Las críticas, sin embargo, eran tan disparatadas, que empujaron al filósofo Constantino Láscaris a escribir un irónico artículo titulado: “Defensa de un libro que no he leído”.

Láscaris nunca aclaró si finalmente leyó el libro o no, pero lo cierto es que tras su aparición, en 1973, la novela pronto llegó a convertirse en texto de lectura obligatoria en la secundaria y fueron muchas las generaciones de estudiantes que descubrieron en sus páginas toda la vitalidad de un drama doloroso pero cargado de heroísmo. “Murámonos Federico”, considerada una obra maestra de la literatura costarricense, es quizá la más compleja de las seis novelas de nuestro recordado escritor.

A través de un alternado concierto de voces, en que se entremezclan diálogos con amigos, cartas, páginas de un diario, recuerdos, reflexiones y sueños, se va dibujando el desmoronamiento de la vida de Federico García, un hombre terco, abogado y finquero, a quien en un breve lapso le cambia la fortuna de repente. De respetado profesional, feliz padre de familia, próspero cultivador de banano y hombre ingenioso y robusto que comparte charlas con Colacho, su amigo de toda la vida, Federico pasa a una situación desesperada. Muere su amigo, su esposa se enferma, dejan de recibirle la cosecha de banano y, por ello, termina hundido en deudas, su hijo abandona los estudios, su hija se va de la casa con el novio, la compañía bananera lo acorrala para quitarle sus propiedades y, casi simultáneamente, empieza a perder peso, a envejecer, y el médico le anuncia que está enfermo del corazón.

Todas se le vinieron juntas y tratando de hacer frente a las batallas de tantos frentes abiertos, Federico logra a pesar de todo mantener su dignidad y su sentido del humor. Dolorosamente efectivas, las ironías que suelta Federico mientras todo el mundo se le está cayendo encima conmueven por su fortaleza y vitalidad.

Una novela extraordinaria en la que el humor, el amor, la ironía, la denuncia y la reflexión profunda convergen en una drama palpitante, escrito con la genial maestría de un Joaquín Gutiérrez en plena madurez.

El lunes 25 de agosto, a las siete de la noche, en el Instituto de México, se realizará la Tertulia Entre Líneas para conmemorar los treinta años de la novela Murámonos Federico. El acto consistirá en una breve conferencia sobre la obra y una tertulia con la participación de doña Elena Nascimento de Gutiérrez, su esposa, así como algunos de sus amigos, como el escritor Rodolfo Arias y el editor Sebastián Vaquerano, entre otros.

(Redactado el 21 de agosto de 2003)

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Joaquín Gutiérrez

Joaquín Gutiérrez

Joaquín Gutiérrez, figura emblemática de la literatura costarricense, es, sin duda, el más internacional de sus escritores. Ha publicado seis novelas (Manglar, Puerto Limón, La hoja de aire, Cocorí, Murámonos Federico, y Te acordás hermano), tres de ellas traducidas a doce idiomas y premiadas en Chile, Cuba y Costa Rica; tres poemarios (Poesía, Jicaral, Te conozco mascarita); cuatro libros de viajes (Del Mapocho al Vístula, La URSS tal cual, Crónicas de otro mundo y Vietnam: crónicas de guerra); uno de memorias (Los azules días), y cuatro traducciones de Shakespeare (El rey Lear, Hamlet, Macbeth y Julio César). En China tradujo diversas obras de Lu Sün y Mao Tse Tung. Miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, posee el Premio Nacional de Cultura, máxima distinción literaria que otorga su patria; la Universidad de Costa Rica le confirió el Doctorado Honoris Causa y, al concluir 1999, el diario La Nación lo declaró personaje del siglo en la literatura nacional.

Candidato a la Vicepresidencia de la República en dos elecciones, ha sido condecorado por los gobiernos de Chile, Nicaragua, Polonia y Cuba. Su busto en bronce se exhibe permanentemente en el Teatro Nacional de su país. Cocorí tiene una notable historia de trotamundos. En 1947 obtuvo en Chile el Premio Rapa Nui, fue posteriormente publicado en inglés, francés, alemán, portugués, ruso, ucraniano, holandés, eslovaco, lituano, búlgaro y, con patrocinio de la UNESCO, en sistema Braille para ciegos. Ha sido numerosas veces llevado al teatro en Alemania, Checoeslovaquia, México, Perú, Ecuador, Venezuela, Colombia, Argentina, Chile y Costa Rica. Con el auspicio de la Unión Europea integra una colección destinada a tres mil bibliotecas de los países de América Central. En la actualidad circulan sendas ediciones en Argentina, Costa Rica, Honduras y Cuba.

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Murámonos Federico

Murámonos Federico

Murámonos Federico

Murámonos Federico ganó en 1973 el premio Editorial Costa Rica de novela y fue publicada al año siguiente. Joaquín Gutiérrez recibió el premio Nacional de Cultura, máxima distinción en el campo cultural que otorga su patria y fue miembro de la academia Costarricense de la lengua; la Universidad de Costa Rica le confirió el Doctorado Honoris Causa y, al concluir 1999, el diario La Nación lo declaró personaje del siglo en la literatura nacional. Su busto se exhibe permanentemente en el Teatro Nacional. Joaquín Gutiérrez, figura emblemática de la literatura costarricense, es, sin duda, el más internacional de sus escritores.

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