Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense

Manzari, H. J. “Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense”. Istmica. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras;  (11): 253-259, 2007.  Tomado de: http://www.revistas.una.ac.cr/index.php/istmica/article/view/721

 

Limón Reggae, la última novela de escritora costarricense Ana cristina Rossi es a la vez una novela política, una novela revolucionaria y una novela híbrida y polifónica gracias a las voces caribeñas y centroamericanas que resuenan en ella. La segunda de una prometida trilogía, Limón Reggae sigue a la anteriormente publicada Limón Blues (2002). Como todas sus novelas históricas, esta última de Anacristina Rossi trata el tema del ser mujer, de las utopías sexuales, del medio ambiente y en particular de Limón. No obstante, en Limón Reggae la novelista mestiza pretende rescatar las voces y las luchas revolucionarias de la izquierda centroamericana de la silenciosa y marginada historia de la costa atlántica.

Al examinar la nueva novela histórica de Rossi, Limón Reggae revela un contrapunteo de herencias culturales y una interacción intercultural en el mundo limonense. Vale la pena ver cómo esta interacción y contrapunteo transparenta una nueva configuración del imaginario social y nacional costarricense. Más bien, y siguiendo las ideas de Benedict Anderson en su conocido estudio Imagined Communites: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, sería útil pensar en las naciones como comunidades imaginadas, creadas a partir de condiciones históricas específicas y de alianzas entre sectores sociales. Al cambiar las condiciones históricas es de suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores, lo que significó la construcción de nuevas relaciones. Tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica.

En las últimas décadas, los escritores y críticos literarios han intentado rescatar las voces afrolimonenses de la silenciosa historia centroamericana y en particular, de la historia costarricense. Carlos Meléndez y Quince Duncan en su estudio El negro en Costa Rica (1981) confirman que el comercio de los esclavos en Costa Rica llega tarde, en comparación con el resto del Caribe, es decir a finales del siglo XVII comienzos del siglo XVIII. La presencia de esclavos negros como mano de obra barata sirve para expandir el comercio y el cultivo del cacao en la zona. En Costa Rica, el tema de la abolición se promovía con el movimiento de la independencia, pero no se promulga hasta el 17 de abril del 1824. De todas maneras, los documentos oficiales indican que en Costa Rica pocos negros formaban parte de la población general. A mediados del siglo XIX se aumenta la inmigración de negros al país para trabajar en las bananeras y en la construcción del ferrocarril en 1873.

En el siglo XIX, la mayoría de los negros llegaron a Costa Rica con la intención de sólo quedarse una temporada. Muchos vinieron por poco tiempo y no se consideraron costarricenses y, por otra parte, las autoridades los consideraron simples herramientas de trabajo. De la zona atlántica costarricense la población negra de habla inglesa, o sea creole, por ser la mayoría jamaiquinos (a través de Panamá o Nicaragua) todavía conserva sus costumbres musicales, culinarias y familiares, completamente distintas al resto de Costa Rica. De hecho, cultural y lingüísticamente, es la zona más marginada de del país. Aún hoy, la zona atlántica, para algunos, parece lejos de la metrópolis josefina y resulta curioso saber que, hasta mediados del siglo XX estaba prohibido para los negros pasar de la zona atlántica al Valle Central en tren, la única forma de transporte público en la zona. Según Meléndez y Duncan, no fue hasta los 70 que se comenzó a asentar una población negra en la capital. De tal manera, los negros en Costa Rica seguían siendo parte de un grupo segregado y marginado por falta de oportunidades y dificultades lingüísticas entre otras razones.

A finales del siglo XX, con la publicación de novelas como Limón Blues y Limón Reggae de Anacristina Rossi y otras como Asalto al paraíso y Calypso de Tatiana Lobo, por mencionar sólo unas cuantas, se revelan alternativas con respecto a la representación histórica del Caribe en la literatura costarricense. Es más, con la llegada de los estudios subalternos de los años 70 se visibiliza una perfecta unión teórica para contemplar la identidad híbrida minoritaria de esta zona en términos de una identidad caribeña costarricense. A través de una verdadera estética de resistencia presente en la escritura contemporánea de la costa atlántica costarricense, los escritores de la región establecen un auténtico contrapunto entre lo que se podría llamar la comunidad imaginada de la nación y la real de la región limonense.

El crítico Edward Said en su estudio Cultura e imperialismo (1996) considera que las estrategias de resistencia no constituyen sólo una forma de reacción antiimperialista sino también un modo alternativo de concebir la historia que rompe las limitaciones culturales. Said sugiere que los escritores poscoloniales llevan así su pasado con ellos como cicatrices de heridas humillantes, pero que, a la vez, se convierte en motor de prácticas diferentes. Este proceso posibilita que estallen visiones de un pasado potencialmente en revisión y que tienden a un futuro postcolonial, como experiencias susceptibles de urgente revisión y reorganización, en las que el antiguo silencio de los nativos habla y actúa sobre el territorio reclamado a los colonizadores. Su tesis central sostiene que las naciones son narraciones y, de tal manera, la noción de identidad se construye a partir de instancias discursivas. O sea, se trata de analizar el juego de la diferencia dentro de la identidad. Tal diferencia permite reterritorializar las identidades culturales caribeñas. En este proceso resuena una dinámica sincrética que se apropria, de manera crítica, de elementos provenientes de códigos maestros de la cultura dominante y los creoliza desarticulando los signos presentes y re-articulando su significado simbólico.

Limón es una provincia de Costa Rica que se integra a una cadena étnica y cultural que abarca las regiones del Caribe centroamericano desde Guatemala hasta Panamá. A lo largo de esta cadena se comparten elementos materiales y espirituales con el resto del Caribe. Limón siempre ha sido una provincia marginada, debido a su posición geográfica, lejos de la capital o del área metropolitana, deficientes vías de comunicación y el lenguaje. Es más bien una región y una población marginada y segregada lingüística y culturalmente además de serlo históricamente. En Limón viven indígenas, negros (afrocaribeños), centroamericanos, libaneses, coolies y chinos juntos a muchos ticos transferidos del interior.

A diferencia de la novela músico-histórica de Tatiana Lobo, la última de Anacristina Rossi, Limón Reggae relata otra historia centroamericana y plantea otra visión del Caribe costarricense. Primero que nada, como sugiere Karen Poe, “la novela es una Babel feliz” en ella los personajes hablan el inglés limonense, el mekatelio, y también hablan como nicaragüenses, salvadoreños y ticos en una “comunión cultural” (67). Rossi recupera esos modismos típicos de la zona para recrear de manera lícita y verosímil el mundo limonense del siglo XX. Desde el punto de vista político, la nueva novela de Rossi subraya el desencanto, la tristeza y la impotencia del pueblo limonense frente a las estructuras y una sociedad moderna costarricense. La desolación, la desilusión y la injusticia resuenan en la novela para enfatizar lo difícil que es vivir al margen de una sociedad, sea caribeña o centroamericana.

Un perfecto ejemplo de esto se aprecia en la experiencia de la protagonista principal de Limón Reggae, Laura o Aisha como luego se llama quien padece de una identidad doble: la Laura capitalina y la Aisha limonense, como la llamaba su tía Maroz. Laura, como muchos limonenses, viene de una familia multicultural y multiétnica, lo cual sirve de metáfora para la gran comunidad limonense y su historia de diversidad. En las primeras páginas de la novela Laura abandona el nombre impuesto por sus padres y lo cambia por Aisha que refleja más su espíritu rebelde y su identidad mestiza. Llama la atención esta doble identidad de la protagonista cuando la narradora nos cuenta que “Limón es la otra parte de la vida de Laura. Pero no sólo Limón centro…sino el sur de la provincia, las playas, el bosque, los ríos….” (12) De niña Laura viajaba desde la capital hasta Limón y recuerda los olores del tren “El olor de las negras y las cosas que vendían: mentas, cocadas, patí” (13). Aquí la autora nos recuerda que Limón es múltiple y no sólo una entidad solitaria. El recorrido de comidas típicas de la zona alude al gran recetario de la cocina jamaiquina que llegó con los primeros trabajadores del ferrocarril. Limón representa otro mundo y Laura se sentía en otro mundo cuando llegaba a Limón y “se sentía chapotear y moverse en un aire muy dulce, muy suave, perfumado, respirar ese aire la ponía casi eufórica. Era el aire de Limón. Enseguida llegar, bajarse cerca del muelle, oír músicas distintas a las de San José y un idioma distinto: el inglés de Limón….” (13) Según la narradora, el Limón de su juventud es un Limón utópico, un paraíso, y esta imagen idílica se contrasta con la de la casa donde vivía su familia en San José después de que unos estafadores engañaron a su padre y lo perdieron todo. Entonces debieron dejar su casa para ir a alquilar una casa “espantosa” en un barrio fatal donde quedaba el “tugurio más grande de San José” (13) Más tarde Laura nos recuerda que “al despertarse la primera vez en ese barrio, en vez del aroma del café le “llegó un potente olor a podredumbre, a animal muerto. (…) Los guilas del tugurio, flacos y sucios y medio chingos … estaban haciendo caca en la puerta de su casa” (14). Esta imagen de San José como “un gran cagadero” deja poco para la imaginación de los lectores y sugiere otra visión de lo que es la gran capital. El contraste entre el Limón paradisíaco y la capital pobre y en decadencia trastrueca la vieja dicotomía metafórica de la civilización versus la barbarie establecida en la primeras novelas fundacionales de Latinoamérica del siglo XIX.

Pero aún para Laura, los recuerdos de un Limón idílico ya no tenían el mismo sentido de cuando era una niña. Para ella como para el resto de su familia, Limón había cambiado a lo largo de los años. Ya no era el paraíso de su infancia, la “Limón Town (que) se parecía a Nueva Orleáns… en los tiempos de su tía Maroz(18)…. La memoria colectiva reflejada en la de la protagonista sirve para preservar esos momentos felices de su infancia y contrasta severamente con las imágenes de un presente gris y turbulento. En parte, ésto se confirma con el personaje de Percival, quien se convierte en el primer amor de Laura. Es más, desde muy joven, Percival expresa su espíritu rebelde y anda en busca de su propia historia para escapar del mundo triste y solitario del Limón de los 70. En un instante, cuando Laura le está preguntando a Percival por qué había escogido otro nombre, él explica: “Porque Percival es un nombre colonial. Ahmed en cambio para nosotros es un nombre libre” (27). La necesidad de liberarse del control colonial y hegemónico del nombre colonial se asocia con el deseo de vivir en una sociedad posplantación y de deshacerse de la alienación histórica de sus ancestros. Tal experiencia sirve como fuerza motivadora en la transformación del personaje de Percival. Pero, para Percival, tal condición petrificada y de aislamiento, le da poca esperanza y en un instante nos cuenta que “Los negros ya no somos capaces de unirnos para salir de la miseria. Logramos la nacionalidad, Costa Rica es nuestra patria y una patria no debe abandonar a sus hijos. Pero no reclamamos. Nos alzamos de hombros y nos vamos a buscar el futuro a los Estados Unidos. En los últimos años más de un tercio de nuestra comunidad emigró” (22). Para muchos, la única solución/salvación posible está en irse a los Estado Unidos en busca de mejores condiciones u otras utopías. Es más, esta imagen refleja una cierta desesperación de parte de los afrodescendientes limonenses y una necesidad de deshacerse de esa miseria y abandono que significa vivir en Limón.

Limón como metáfora del desencanto que se siente por las situaciones políticas y socioculturales resuena por toda la novela. En Limón Reggae, Anacrsitina Rossi plantea varias y alternativas imágenes de la zona caribeña en decadencia, un espacio olvidado por el gobierno central y sus propios políticos. Limón es una zona marginada por su situación económica y sociocultural. Nos recuerda la narradora que “Limón está siniestro. Las calles revientan de pordioseros y de negras con elefantiasis, la basura taquea acequias y alcantarillas y llena la ciudad de punta a punta, todas las casas del centro salvo la de Maroz están en ruinas y adentro viven gentes que parecen fantasmas. Laura nunca había visto tanta prostituta en la calle ni tanto borracho tirado en la acera” (93). La autora nos deja con una imagen casi fantasmagórica y de decadencia de lo que representa el Limón contemporáneo. Repetidamente la narradora nos cuenta que “Limón es un desastre. Cuando éramos pequeños por lo menos era limpio” (28). Y Ahmed repite con frecuencia “Limón está muerto” (61). Pero no todos los personajes de la novela están de acuerdo con tal visión. Sylvia, otro personaje, alude a una pequeña esperanza que queda en los artefactos culturales que todavía preservan la cultura afrocaribeña de la zona. “Limón está jodido pero Limón no está muerto, piensa Sylvia, Limón vive en su patois, en los spirituals y los gospel, en los calipsos y los ocasionales arrebatos de jazz de los músicos viejos como el abuelo Maikí, en su comida, en sus iglesias y en sus logias.” (63) Entonces, las distintas perspectivas de los personajes aluden a una realidad múltiple y orgánica, al contrario de la típica y hegemónica propuesta por el Estado y consumida por los turistas que llegan en los cruceros a ver al Puerto Limón disfrazado del calypso y las tiendas de souvenirs.

Al final de la novela Aisha reflexiona sobre los cambios en su vida, sobre las consecuencias políticas del momento, sobre los sueños incompletos de la vida y todavía parece sentirse desilusionada con lo que observa y en el mundo que la rodea. Parece perder la esperanza y leemos que “Aisha mira la costa. Quedan árboles pero dominan los edificios. Exclama, ‘La empresa privada produce libertad’. …, ‘Sí, era lo que todos querían, negocios y más negocios.’ La utopía perdió, ganó la Centroamérica de los negocios como quería aquel Presi del Plan de Paz, piensa Aisha” (284) Aquí la autora critica con una obvia y directa pulla la administración y la política del gobierno del presidente Oscar Arias, para ella y la protagonista, un vendepatrias e hipócrita. Es más, con ésto, uno percibe cómo la guerra, la solidaridad, la amistad, el amor, el compromiso, la esperanza y la desilusión, los anhelos y la lucha incansable por una sociedad más justa agitan el apasionado corazón de la protagonista, en quien se refleja una generación y una época de las voces marginadas de la costa caribeña costarricense.

La novela de Anacristina Rossi, desde un punto de vista revolucionario, es un planteamiento de que la producción afrolimonense se da dentro de una estructura de conflicto y de resistencia. Tal conflicto se manifiesta en contra del poder económico/cultural donde las producciones culturales y el imaginario cultural formados desde afuera son puras construcciones foráneas. Los ejemplos mencionados aquí reflejan la alteriedad y la práctica discursiva de unas voces marginadas que sirven de portavoz de una ideología y una identidad sumamente limonense. Tanto para los personajes de Limón Reggae como para los mismos autores y cantautores limonenses, Limón vive en sus obras, en sus construcciones y en sus “modificaciones” así como la música del calypso sirve de construcción simbólica y apropiación cultural con la que más se identifican los afrolimonenses. Entonces, al reexaminar la condiciones y metáforas reflejadas en la novela Limón Reggae es obvio suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores o con nuevas relaciones entre ellos; tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica como se describe en Limón Reggae. Ante tanta desolación, las voces limonenses de la silenciosa historia centroamericana y, en particular, la historia costarricense, resuenan en la letra de su música y su poética tanto como en los ritmos de sus ancestros en ésta, la última novela de Anacristina Rossi.

Bibliografía

Anderson, Benedict. Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. London: Verso, 1995.

Lobo, Tatiana. Asalto al paraíso. San José, Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica, 1992.

_________. Calypso. San José, Costa Rica: Farben, 1996.

Mackenbach, Werner. “Representaciones del Caribe en la narrativa centroamericana.”

http://collaborations.denison.edu/istmo/n05/articulos/ representaciones.html. November 19, 2007.

Meléndez, Carlos, y Quince Duncan. El negro en Costa Rica. 10 ed. San José: Editorial Costa Rica, 1993.

Poe, Karen. “Limón Reggae: La reinvención utópica del sexo.” Página Literal. Pp. 62-71. San José, Octubre del 2007.

Rodríguez, Ileana, editor. The Latin American Subaltern Studies Reader. Durham: Duke University Press, 2001.

Rossi, Anacristina. La loca de Gandoca. 1992. Segunda reimpresión. San José, Costa Rica: Editorial Legado, 2001.

_________. Limón Blues. Cali: Colombia, Alfaguara, 2002. Said, Edward. Cultura e Imperialismo. Barcelona: Anagrama, 1996.

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Una pasión encendida

Bermúdez, Manuel. “Una pasión encendida”. Semanario Universidad, (San José, Costa Rica), 12 julio 2007, p. 3

Luego del indiscutible éxito de su novela Limón Blues, Anacristina Rossi presenta esta segunda parte de la trilogía: Limón Reggae. Aunque no se trata de una zaga, el fascinante mundo del Caribe costarricense, que Rossi presenta en la novela anterior, sirve como punto de partida para contar una época que va desde los años 70 hasta un pasado muy reciente. Esta vez, el interés de la autora se extiende a los acontecimientos en la Centroamérica de finales del siglo pasado.

Con su estilo fluido y cautivante, lleva al lector por un viaje donde las pasiones, las luchas reivindicativas, los entusiasmos se conjugan en el sentir, madurez y compromiso de la protagonista.

Laura es una niña de clase media de San José, hasta que su padre, un agente de seguros, es convencido por unos estafadores a participar en una aventura  empresarial que lo lleva a la ruina. Así, la visión mítica de San José que tiene Laura se hace trizas al chocar con la realidad de los tugurios capitalinos. Por otra parte, la niña tiene una tía de origen árabe que vive en Manzanillo de Limón, donde ella va a pasar temporadas de vacaciones.

Su tía Maroz, gusta de llamarla Aisha, que es su nombre en árabe. El mundo de adolescencia de la protagonista pronto se dibuja como una etapa de iniciación y descubrimiento. Sus amigos en Limón le muestran una alta conciencia y responsabilidad social mezclada con el místico encanto de las organizaciones secretas limonenses.

Su amigo Percival se cambió el nombre por Ahmed y es ferviente militante de las luchas reivindicativas de los negros. Por él Laura conoce de las propuestas del Partido de las Panteras negras en Estados Unidos .

La mezcla de una atracción no confesada y la fascinación que le produce el compromiso político de un grupo, el CoRev, donde no es del todo aceptada por no ser negra, atribulan a Laura con un sentimiento de no pertenencia.

En la mitad de los agitados 70, Laura ingresa a la Universidad de Costa Rica para seguir la otra pasión que ha descubierto en su vida: el estudio de la pintura.

Pero el mundo universitario esta cargado de estímulos e interrogantes. El compromiso social está por todos lados y la participación política es casi en requisito.

Pronto Laura se desencanta del revolucionarismo de cafetín y de algunas malas experiencias afectivas personales y decide llevar a la práctica sus convicciones políticas.

Las inquietudes políticas se conjugan con intensos amores y desencantos en escenario que retratan la dura experiencia de las represiones militares de Nicaragua y El Salvador y la lucha revolucionaria en la que Laura participa.

La guerra, la solidaridad, la amistad, el amor, el compromiso, la esperanza y la desilusión, los anhelos y la lucha incansable  por una sociedad más justa agitan el apasionado corazón de la protagonista, en quien se refleja una generación y una época.

Laura / Aisha, es un tipo de protagonista que funciona como guía para el lector a lo  largo de una época en que el mundo cambió golpeando contundentemente los idealismos.

La trama de esta novela, casi cinematográfica por el vértigo de la acción narrada, logra atrapar el interés de principio a fin y sin pretender ser histórica, se atreve en un terreno hasta ahora poco explorado por la literatura costarricense.

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Así escribí Limón Reggae

Anacristina Rossi.  “Así escribí Limón Reggae”. El Financiero. (San José, Costa Rica), 8 de julio de 2007

Escribir esta novela fue difícil. Claro, lo mismo dije de Limón Blues , y también es cierto. La verdad es que yo no soy de esos autores que escriben felices, como dice Isabel Allende que le pasa a ella. Yo escribo sufriendo. Bueno, no todo el tiempo. Hay momentos gozosos, por ejemplo cuando una descubre un mundo que pugna por salir.

Ir dejándolo aparecer es maravilloso. Ir descubriendo a los personajes también. Hay personajes que llegan de una vez con todo su bagaje y su estilo de hablar y su mal o buen humor. Pero hay otros que no quieren echarse al agua.

De Limón Reggae he hecho más versiones que de ninguna otra novela. De María la Noche hice siete versiones pero aparte de las dos primeras, eran variaciones de una misma idea. Hace un tiempo, cuando Esther Tusquets dejó de dirigir la Editorial Lumen, me hicieron llegar los primeros manuscritos que yo le había mandado a la Editorial en 1981 y 1982.

La Loca de Gandoca es la única novela de la cual he hecho solo dos versiones, y muy parecidas. De Limón Blues hice como cinco versiones, y solo la primera era muy diferente, las otras eran variaciones.

La diferencia con Limón Reggae es que hice muchas versiones totalmente diferentes. La primera la traía ya casi terminada de Holanda en el 2000 pero muy temprano la abandoné.

La decepción política

Un año entero investigué sobre la descolonización de África para hacer una verdadera continuación de Limón Blues . Siempre tuve claro que Ignacio, el hijo de Orlandus y Leonor, era un marxista.

Había gente que me llamaba y me decía: “Yo sé que está escribiendo la segunda parte de Limón Blues, yo quiero saber qué pasó con Ignacio” o “Yo quiero que cuente la vida de Denmark.” Y tal vez por las expectativas de la gente, escribí la historia de Ignacio entrelazada con la historia de Denmark, su medio hermano.

Era una novela de decepción política. Ignacio se enrola en la causa de la independencia de Ghana y se da cuenta de que Kwame Nkrumah y su Partido traicionan al pueblo y se va a vagar años de años por el desierto. Allí se enamora de un hombre.

Esa parte me gustaba, examinar el amor entre dos hombres. Sin embargo, la novela salió demasiado larga y ajena a Costa Rica. La abandoné, pero me mostró que yo quería una novela sobre la Utopía. Y una novela sobre la imposibilidad del amor.

Para la tercera, cambié completamente el rumbo y pasé años estudiando Centroamérica, en particular El Salvador, pero también Costa Rica y Nicaragua. Volví a la Hemeroteca Nacional y leí todos los periódicos que pude encontrar sobre Costa Rica en los años setenta. Muy interesante.

Una versión intelectual

También leí un montón de libros sobre El Salvador, incluidos siete tomos de historia que acababa de publicar Concultura. Pasé investigando y hablando con gente y haciendo bocetos durante 4 años.

Fui dos veces a El Salvador, estuve unos días en Chalatenango. Me fascinaba la historia de su guerrilla, es una Utopía única en Latinoamérica.

El Salvador es un pueblo valiente dominado por una élite despiadada. Me fascinaban los innumerables actos de heroísmo, desde los más pequeños hasta los tremendos. Me fascinaba la figura de Salvador Cayetano Carpio. Y me afectaba mucho que al final hubieran surgido las “maras”.

También para esa tercera decidí volver a Limón pero diferente. Ramiro Crawford me había contado unas cosas increíbles de Limón en los setenta, y me puso en contacto con uno de los protagonistas de esa búsqueda de la Utopía: Milton Franklin.

Milton, que es una persona fabulosa, me dio una visión profunda y trágica del Limón actual. Sin Ramiro y sin Milton yo no hubiera podido internarme en el Limón contemporáneo.

Y la honestidad y valentía de Milton me ayudaron a romper los tabúes que había que romper para poder hablar sobre la Costa Rica –y el Limón– de la última mitad del siglo veinte.

Escribí pues la tercera, la envié a una agencia y les encantó. Pero era demasiado larga. Hice una versión corta que a la agencia le gustaba mucho pero no pudieron colocarla. Yo empecé a dudar. Les pedí a unos amigos que la evaluaran. Me dijeron: “Tenés un novelón político en potencia pero está demasiado intelectual.” Y: “Los personajes están demasiado estrujados por la política.”

La retiré de la agencia porque tener que agradar a las grandes editoriales del mundo me bloqueaba totalmente. Con Alfaguara nunca me pude entender.

Desde que la cosa se había ido para El Salvador yo le había pedido a Sebastián Vaquerano que me aceptara la novela, pero no habíamos concretado. Esta vez concretamos y le pedí tiempo. Me lo dio.

La magia de Tulia

Me tiré en un sillón a esperar que mis personajes llegaran y tomaran la historia. Pasé una semana, dos, tres, un mes, mes y medio, y nada. Estaba a punto de renunciar, pero me salvaron las llamadas de Nora Garita diciéndome: “No podés renunciar después de tanto trabajo. Además tenés que hablar sobre la izquierda y sobre la Centroamérica de la Utopía.”

Y un día por fin, el temperamento profundo de los personajes empezó a salir y eso me volvió al trabajo. Y luego conocí a una persona increíble: Tulia, la viuda de Salvador Cayetano Carpio. Tulia es un ser humano tan especial que me dio el impulso para terminar la novela.

Fue algo muy mágico. Siempre le agradeceré a Tulia la magia de su presencia. Y luego hubo otras cosas igualmente mágicas. Recuerdo que un día que estaba bloqueada pasó Manuel Obregón a dejarme un disco decalypso jazz . Esa música me desbloqueó.

Y también que estaba insegura de la parte sobre Nicaragua, y le pedí a Abelardo Morales una entrevista. Hablamos en Flacso, en una sala que daba al jardín. Yo lo escuchaba embobada. Y empezó a anochecer. Y de esa tarde no solo quedó cierta información de Abelardo, también quedó el jardín en las sombras crecientes.

Limón Reggae es una novela atrevida gracias a Milton. Pero es también una novela que me dio mucha magia. Y eso se lo debo a Nora y a Abelardo y a todos los demás que me ayudaron y no voy a nombrar.

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Anacristina Rossi regresa a Limón en su nueva novela

Díaz, Doriam. “Anacristina Rossi regresa a Limón en su nueva novela “.  La Nación.  (San José, C.R.), 19 de julio 2007

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Anacristina Rossi comentó que la primera versión de Limón Reggae iba a ser una continuación de Limón Blues , pero la desechó porque “le faltaba alma”. Luego de mucho escribir, llegó a esta que sí la satisface.
Jorge Castillo

Después de cinco años de probar diferentes historias y de escribir varias versiones, la escritora costarricense Anacristina Rossi presenta una nueva novela en que Limón es el punto de partida y llegada de una narración colmada de erotismo, violencia y luchas revolucionarias.

El texto se titula Limón Reggae y es la segunda parte de la trilogía que inauguró en el 2002 la novela Limón Blues , ganadora del Premio Aquileo J. Echeverría a la mejor novela del año.

Limón Reggae es una recuento de las luchas revolucionarias en Centroamérica, que comienza en Limón en la década de los años 70 y termina en la actualidad. Durante este viaje, el lector es guiado por Laura, quien es protagonista y testigo de los hechos.

Muy política. “Es una novela política; por primera vez, escribo una novela política porque los 70 fueron una época profundamente política. No es un Limón Blues 2 ”, comenta Rossi, autora de María la noche y La loca de Gandoca .

El texto muestra la violencia de las dictaduras militares en Nicaragua y El Salvador y, sobre todo, la lucha del pueblo salvadoreño.

Este tema da como resultado páginas impactantes que no le dan tregua al lector.

La escritora defiende que aquella época determinó lo que Costa Rica y Centroamérica es hoy y que los fracasos y errores de entonces explican “el marasmo que se vive actualmente”.

¿Qué pretende al retratar esa época y sus luchas? Rossi respondió: “ Limón Reggae es una larga carta a los jóvenes que se preguntan qué hicieron sus padres, de dónde viene el mundo que vivimos ahora, por qué nuestra Centroamérica es así. Es una novela que también pretende ‘desatanizar’ las luchas de la izquierda, las cuales estuvieron enterradas como un tabú por muchos años”.

En esta novela, la música reggae representa la utopía que se niega a morir. “El reggae es la utopía, es el intento de una solidaridad y fraternidad diferente que se mantiene hasta hoy”, dice la escritora.

Erotismo y amor. Limón Reggae también es una novela llena de amores y erotismo ya que se contagia con el “destape” sexual que se vive en los años 70.

Incluso, el crítico Juan Durán Luzio comentó que un aporte de este texto es la forma en que se narran los encuentros eróticos.

Karen Poe, especialista en estudios culturales, considera que la novela innova al presentar una sexualidad sin violencia, donde hombre y mujer toman la iniciativa, donde ambos son activos y donde se plantea la entrega del hombre, no solo de la mujer.

La narración es directa y fluida con un lenguaje que privilegia lo coloquial. “Quería darle frescura al acercarme a cómo podía hablar y sentir la gente”, dijo Rossi.

No le interesa el mercado. Rossi comenta que Limón Reggae es resultado de su interés por decir “algo fuerte que le saliera de las entrañas”. “Esta novela no trata de quedar bien, todo mundo cae, excepto la búsqueda del amor y la fraternidad”, confiesa.

En la travesía hacia la publicación del texto, Rossi aprendió no solo a tener mucha paciencia sino a lidiar con sellos editoriales.

Y agregó: “Lo único que cuenta es hacer algo que una quiera. No soy una escritora de mercado, no escribo para el mercado. Escribo lo que quiero”. Así lo hizo ella en esta novela y ahora les toca juzgar a los lectores

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Limón Reggae

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Limón Reggae es la esperada novela de Anacristina Rossi luego del éxito de su anterior Limón Blues. Segunda de una trilogía, esta obra es un lienzo que retrata la Centroamérica del final del siglo XX. Desde su niñez en Limón, en los años 70, Laura/Aisha, personaje principal, registra las luchas reivindicativas de los negros en Estados Unidos y su impacto en el Caribe costarricense. Esto marcó su vida. En un estilo que cautiva y atrapa desde el inicio, la obra nos lleva por una historia trepidante y, con Laura como testigo de excepción, muestra la brutalidad de las dictaduras militares en Nicaragua y El Salvador, la lucha revolucionaria, las agitadas pasiones, los intensos amores y desencantos de los protagonistas de esa turbulenta época. Entre la felicidad efímera y la lucha persistente, una cadencia los une: “el reggae con su compás atrasado, su backbeat misterioso, su espacio de silencio, de poder y de gloria.”

Video promocional de Limón Reggae
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