Vivan las locas

Quesada, Juan Rafael. “Vivan las locas”. La República.  (San José, C.R.), febrero 1993

¡Qué refrescante, qué estimulante es saber que existen mujeres como “La loca de Gandoca“!

La República / Jorge Illá

En Costa Rica hasta los años 40, a la mujer se le educó para que tuviera como fin último “el encontrar un marido”. Sin embargo, con la apertura de la Universidad de Costa Rica se inició, poco a poco, la profesionalizaron de las mujeres, y empezaron a desarrollarse las condiciones necesarias para convertirlas en ciudadanas. No es por casualidad, entonces, la participación de las mujeres en la huelga de “brazos caídos” de 1946 y en los hechos políticos de 1948.

Desde entonces, la mujer ha ido teniendo más participación en diversos órdenes de la vida costarricense y, es posible, que en un futuro cercano hasta lleguen a la casa presidencial. Eso sí, por méritos, no por decretos, ni por apellidos. En ese contexto de la década de 1990 es que debe ubicarse la palabra y la acción de esa valiente mujer –ejemplo para todos los hombres de Costa Rica– llamada Ana Cristina Rossi.

Aunque Ana Cristina se había hecho conocer hace unos años como escritora, por medio de su novela “María la noche”, podemos afirmar, tajantemente, que “La loca de Gandoca” es la obra –éxito de librería– que la ha hecho trascender los medios intelectuales y llegar a un público mucho más amplio. ¿Por qué ese éxito?

Por Ana Cristina, contra viento y marea, ha logrado que se haga de público conocimiento la destrucción de la naturaleza –es decir la fuente de la vida– que se está llevando a cabo, hoy mismo, en Gandoca-Manzanillo, en la provincia de Limón. Porque la autora en una obra con valor literario en sí, se ha referido a un tema de interés general, de desgarradora actualidad.

Mientras otras mujeres desvirtúan nobles causas como el feminismo, y otras se ganan los favores oficiales, reafirmando con nuevos órdenes (marxismo-gremsciano) añejas mitologías sobre el sistema político costarricense, Ana Cristina ha asumido plenamente su responsabilidad ciudadana al denunciar, ayudada por sus dotes literarios, el desastre ecológico, del que sigue siendo víctima buena parte de la zona atlántica.

¡Claro está, Ana Cristina ha debido enfrentar muchos obstáculos! Dificultad para obtener información en el MIRENEM, intimidaciones, amenazas de extranjeros, matonismo por parte de “muchos” malinschistas, etc. Pero esencialmente, el mayor obstáculo –de ahí su enorme mérito– ha sido el comportamiento generalizado de los costarricenses: el ser tico, o sea, palanganas, oportunista, ayuno de compromiso, zafa lomo. Es este comportamiento, el que Rodrigo Facio calificó, en su momento determinado, para descalificarla –como quisieron hacer con Carlos Morales cuando denunció los desmadres del CSUCA–, la trataron de loca.

¡Gracias Ana Cristina por esta renovadora inyección de optimismo; por fortalecer nuestra responsabilidad ciudadana! Gracias mil, por recordarnos que Costa Rica vale más que todo el oro del mundo. Por eso queremos decir a todo pulmón: “¡Vivan las locas!”.

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Maria la nuit, Anacristina de día

Dobles, Aurelia. “María la nuit, Anacristina de día”. La Nación.  (San José, C.R.), 16 de noviembre 1997, p. 2-3

Dentro del programa Belles Etrangéres figura la costarricense Anacristina Rossi, cuya novela María la Noche ha sido traducida y publicada en francés por la prestigiosa editorial Actes Sud. Ella reside en Holanda, mas atisbamos sus andares durante su reciente estancia en Costa Rica.

“Confieso una cosa: después de la dificultad de aceptación de María la Noche, se me quitaron las ganas de escribir que tenía antes de ese libro. En estos momentos ya no hay gente que se interese por literatura distinta, por lo no comercial, por el mundo interior; les interesa lo que se pueda vender. Eso me redujo las ganas de escribir. No estoy como en la carrera de ser escritora famosa –me entra flojo–, aunque me gustaría que lo que escribo sea aceptado, que se lea y circule, pero si lo hiciera con un seudónimo me daría igual.”

Anacristina Rossi no ha perdido un ápice de su lucidez inversamente proporcional a su figura menuda; si se quiere, la madurez aguza su perfil; duele que se haya desencantado del quehacer literario, aunque se apasiona con un nuevo reto intelectual.

Luego de trajinar por senderos tortuosos donde dejó otro libro, este sí muy leído, La loca de Gandoca, uno de cuentos y varias luchas perdidas y ganadas, ella no anda de mil amores con la literatura, pero la literatura sigue enamorada de ella: en Francia, ediciones Actes Sud se fascinó –así de enfático, ni más ni menos– con su novela María la Noche.

Esta obra, publicada por primera vez hace más de diez años en España, le otorgó a la autora una estatura inmediata como escritora, y aquí le concedieron el premio nacional Aquileo J. Echeverría 1985. Pero la autora siente y resiente que su novela no fue nunca aceptada por el medio.

“Siempre sentí que María la Noche fue una novela incomprendida. En su momento fue atacada y hasta un periodista llegó a decir: “refleja el mundo putesco de la protagonista”. No solo en Costa Rica, también en España se suscitaron comentarios que me han dolido: un periodista me dijo que yo escribía como Juan García Ponce (el escritor erótico mexicano), que tenía sus mismos defectos y virtudes. Eso me golpeó porque yo quería plantear toda una tesis: los límites del conocimiento racional y si, puede haber otro tipo de conocimiento, pasando por un descoyuntamiento, del lenguaje y por lo femenino, que podría ser una forma de razonar distinta.

¿ Propiamente femenina?

–Es una manera distinta de razonar que no es solo de la mujer, pero ella la está poniendo en evidencia. Una manera distinta de razonar se da en el psicoanálisis, al cual usa la epistemología femenina; su estudio me evitó caer en las trampas del discurso patriarcal de siempre. Las feministas, el psicoanálisis y las escritoras mujeres han hecho un esfuerzo por salirse de esas trampas.

¿Entonces crees en la división que establece una literatura femenina?

–No creo en la división: creo que las mujeres dicen las cosas iluminando el otro lado de la luna. No es que crea en una literatura femenina pues hay un miedo de caer en las profesiones o actividades desvalorizadas como de ‘cuello rosado’. Me gusta leer lo que escriben las mujeres; no todas, claro; no porque me lo proponga, sino porque me gusta: es una casualidad. Los libros de Amy Tan o de Marcela Serrano me encantan. Lo que hace aquí Tatiana Lobo no lo ha hecho nadie; lo que hace Irma Prego, que no le dan pelota, me gusta. El escritor que me ha apasionado en los últimos tiempos es José Luis Sampedro y me parece que tiene una sensibilidad que es como la de una mujer, y leo mucha teoría, de hombres y de mujeres, sobre formas de razonar distintas.

¿Por qué crees que la sociedad costarricense no aceptó María la Noche?

–Tal vez porque es un libro que habla de sexualidad femenina, de erotismo femenino; presento la imagen de la madre como una mujer que no tiene sexualidad o solo la que los hombres le dan. Sin embargo, guardo cartas de hombres y de mujeres fascinados con el libro; es muy raro: siento un rechazo de la sociedad costarricense pero a la gente que le gusta, realmente le apasiona.

Lo que se vende ahora en literatura es una maniobra comercial, tiene que tener una serie de características, y aunque el libro sea bueno, no va a ser aceptado si no las cumple. Me parece que a los poetas les pasa igual. Ser reconocido en Europa para mí no cuenta.

¿ Cómo consideras la traducción en francés?

Bien, bien. Siento que Ciaude Blé-ton se identifica tanto que realmente logró traducirlo. Le costó muchísimo, me mandaba cartas: “¡qué lindo, pero qué difícil!” El tiene una sensibilidad parecida a la mía y resultó. Es escritor y tenemos una amistad muy linda.”

En otras

Eso conversamos refugiadas en un café de la plazuela frente al Teatro Nacional, huyendo de palomas y escolares al vuelo; Anacristina venía abrazada a sus torres de papel: una mujer sumamente ocupada en asuntos de este mundo, libre ya de inquietarse por parecer o no parecer ¿qué?: ella, al fin de cuentas.

En estos pocos meses en el país estuvo trabajando en una consultoría para los Comités de Vigilancia de Recursos Naturales (Covirenas), integrando cuestiones de género. La marca de Gandoca.

¿Qué ha sido de Anacristina Rossi?

–Vivo en dos países, pero también viajo mucho a Francia. Me fui a estudiar a Holanda; necesitaba abrirme espacios teóricos: es que a uno se le gasta el cassette, el discurso por medio del cual ve el mundo; era una cuenta pendiente conmigo misma, pues había dejado a medio palo los estudios de epistemología en Francia. Al mismo tiempo, una vez que uno se mete en actividades de naturaleza práctica, de cerca con los hechos comunitarios, no se puede esconder en una torre de marfil. Necesitaba unir los hechos con lo abstracto y eso lo encontré en el campo de Mujer y Desarrollo. Tengo dos años de estudiar esto sin parar. Vengo del psicoanálisis, que vino después del feminismo. Estudio con una curiosidad insaciable.

¿Y la literatura?

–La tengo un poquillo postergada. Tengo cosas como para armar una novela pero necesitaría varios meses solo en eso para reunirlos. Con María la Noche duré diez años escribiendo pedacillos… Tengo que estar inmersa en lo que está pasando en mi vida y esta no puede ser solo literatura. Estar inmersa en el vivir y poder retirarse a escribir… Pero uno a veces no tiene los medios para ese segundo paso… Me alegra que se traduzca María la Noche y ojalá también La loca de Gandoca, que hay proyecto. Lo que sí tengo entre manos son dos libros de teoría que escribí en inglés. Uno es mi tesis de maestría: Jac-ques Lacan viaja a Kerala, un cuestionamiento del lugar estructural que La-can le da a la mujer en los años cincuenta. Trato de mostrar que él incurre en errores antropológicos. El otro está basado en estudios de Marina Warner y es una deconstrucción de la Virgen María.”

Esta mujer inquieta juzga sin vidrio de colores la crisis institucional que vive nuestro país natal: “de lo único que me alegro es de que no haya instituciones militares. Si las hubiera, no habría salida; hay que buscar una salida cívica poco a poco y ojalá aguante la situación. Si no salimos del bipartidismo, los esfuerzos de descentralización van a estar siempre viciados. El país se está hundiendo en un laberinto formal, legal y en la corrupción. Es un momento loco de la sociedad costarricense.”

Pareceres de Actes Sud

Querida Anacristina:

Acabo de terminar la lectura de María la Noche. Soy editora de Actes Sud para el ámbito francés y estoy encargada, como cada uno de nosotros, de algunos campos extranjeros como el castellano, con Claude Bléston. Sé que usted vendrá a París en noviembre pero no pude resistir la gana de escribirle.

Su libro es una maravilla de escritura y de universo.

Estoy encargada de formular los argumentos para el equipo de ventas y de prensa y para el diseño de la cubierta de todos los libros, y no paro de hablar del suyo, pero sobre todo no dejo de pensar en él. Paso mi vida entre libros pero solo algunos son para mí verdaderas revelaciones: el corazón de la literatura en lo que ésta tiene de necesidad y de absoluto. Su novela se sitúa entre ellos. Es única y preciosa.

Estoy encantada de saber que la tendremos con nosotros este otoño. Muy cordialmente

Yvéline Chanet.

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Historias conyugales

Quiros J. Maribelle. “Historias Conyugales”. La Nación.  (San José, C.R.), 10 de marzo 1993


Anacristina Rossi trabaja en los últimos detalles de su libro de relatos “Historias conyugales”

Anacristina Rossi comenta su premio centroamericano y el éxito en librerías de La loca de Gandoca”

La posición de la mujer en la pareja y lo que el matrimonio significa para ellas, en el marco de una naturaleza marina amenazada, es analizada por la escritora Anacristina Rossi en su cuento Marea alta.

Con esa obra la costarricense, autora de las novelas María La Noche (premio nacional 1985) y La loca de Gandoca, obtuvo el premio único del certamen XXX Juegos Florales Carnaval Mazateco 1993, en febrero pasado.

Este certamen regional es organizado anualmente por el Centro Universitario de Sur Occidente, de la Universidad de San Carlos de Guatemala, y la Municipalidad de Mazatenango Suchitepequez.

Comprende las ramas de teatro, narrativa corta (cuento) y poesía, y pueden participar escritores centroamericanos residentes en el área o en el exterior.

“Es un premio modesto pero muy importante, como todo reconocimiento. Es la primera vez que participo en un concurso. No lo había hecho porque considero que el mejor premio es que lean mis obras, pero necesitaba una reafirmación literaria después de tanta ecología”, comentó la escritora.

Explicó que Marea alta es un cuento largo que forma parte del libro Historias conyugales, el cual reúne once relatos sobre la convivencia entre parejas.

El escrito, que está prácticamente listo para ser publicado, está basado en historias reales o imaginarias. “No son relatos de denuncia, tienen su origen en cosas que he visto o vivido”.

Crisis matrimonial

Al final, en esas historias de parejas prevalece el desencuentro sobre el encuentro.

“Concluyo que el matrimonio, no la vida en pareja en sí, es una institución en crisis, obsoleta por no adaptarse a los cambios de la sociedad, en la que la peor parte siempre la llevan las mujeres”, explica la escritora.

En el caso de Marea alta, el relato se desarrolla en las playas del pacífico costarricense, en 1992, donde el mundo miserable del “campesino subdesarrollado” se confunde con el “miamisado” de la sofisticada burguesía nacional” y la lucha de los ecologistas contra el desastre natural inminente.

“Es sobre todo una historia de amor entre un visitante y una mujer que no existe. Es un cuento de misterio en que el personaje femenino es un enigma, su intención no es ecologista.”

Anacristina asegura que el relato está inspirado en el poema Mañana, de A. Tennyson, pues toma su esencia de ‘la espera de la mujer, porque a todas nosotras, aunque no queramos, la vida nos enseña a esperar”.

Si bien diferencia Marea alta de María La Noche o La Loca de Gandoca, Rossi acepta que comparten la temática del deseo de una mujer, la lucha por la vida y por la naturaleza, como el resto de los cuentos de Historias conyugales.

Sobre el éxito en librerías de La loca de Gandoca, novela de denuncia ecológica en torno a la destrucción del refugio de fauna silvestre Gandoca Manzanillo, la escritora se mostró muy satisfecha.

El mes pasado, Editorial Universitaria Centroamericana puso a circular la tercera edición de la obra, que consta de 3.000 ejemplares, al agotarse los 2.000 de la primera y segunda edición entre octubre de 1992 y enero de 1993.

“Espero que por lo menos sirva para cambiar en algo la situación que amenaza a la ecología costarricense. Me demuestra que si el tico no lee es porque no se le está escribiendo sobre los temas que le interesan.”

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Gandoca no está loca

Tovar, Enrique. “Gandoca no está loca”. La República.  (San José, C.R.), 27 de mayo 1995 

La exuberancia de la costa del Caribe hechiza y captura a los visitantes con sus bellas playas y su selva tropical.

Foto de Enrique Tovar

El turista llega al borde del litoral e inmediatamente se siente poseído. Es más, siente la magia del lugar. Las vibraciones son diferentes. El medio tiene una fuerza telúrica, una fuerza invisible que subyuga. En Gandoca, allá por Uvita y Manzanillo en la costa Atlántica, en un día de verano las palmeras –como dice la canción­– están borrachas de sol. La vegetación, el azul oscuro del mar y la radiante luminosidad se imponen. Realmente es una de las más bellas playas de Costa Rica, por eso le han puesto el ojo empresarios y turistas.

Decenas de hoteles, de pequeños y cómodos hospedajes se encuentran a lo largo de la vía entre Puerto Viejo y Manzanillo, dos lugares bellísimos también junto con Cahuita, Puerto Vargas y Punta Uva.

El visitante puede encontrar alojamiento del gusto que desee, desde una habitación doble que pasa los $75 hasta dormir en la playa, a la sombra de un almendro y bajo el arrullo de una palmera.

Desde el año pasado (1994)  se propagó una noticia: en Gandoca hay una loca, derivado del excelente libro de Anacristina Rossi, una de las obras más valientes escritas en nuestro país y concebida con solvencia literaria.

La gente llega al lugar y –especialmente aquellos que no se han leído el libro y que apenas han visto su título o que medio han oído algo– pregunta por la Loca de Gandoca.

En realidad, Gandoca no está loca ni existe ninguna demente suelta en ese bucólico paraje marino. Loca –eso sí– se pone la gente al sentir el rumor de las olas, la brisa salobre, y al embriagarse de las tonalidades verdes de la espesa vegetación. Los sábados y domingos es cuando llegan más visitantes a Gandoca, y el camino está en regulares condiciones, de Penshurt a Cahuita la vía asfaltada presenta muchos huecos y hendiduras ocasionadas por el terremoto del 22 de abril de 1991. Luego sigue la vía lastrada hasta Manzanillo.

¿Y cómo es Gandoca?

Uno de los logros del libro de Anacristina Rossi es que no vacía de un solo porrazo la descripción total y rotunda sobre el Refugio de Gandoca.

Hábilmente esta escritora inserta en determinados momentos pinceladas con el fresco y cautivante aroma de ese Refugio, y el lector, entre pasajes de romanticismo, momentos de coraje y sentimientos quebrantados –que se exponen en la novela– va captando el panorama de Gandoca.

Seguidamente, entresacados de la obra, se ofrecen algunas de las descripciones de la región.

“He sido depositada agotada y laxa sobre la arena de oro. Una manada de congos baja de los árboles a observarme. La que me mira es una mona. Se soba mucho el vientre: está embarazada”.

“Hay mares lisos de un azul índigo uniforme, mares perfectos como el Océano Pacífico. Hay mares con 20 metros de transparencia, como el Caribe en San Blas. El mar del Refugio Gandoca es una cosa distinta.

“No es un mar de buceo porque pasa revuelto diez meses al año. No es azul, tiene un alma cambiante, ora verde, ora violeta, ora gris. No se le puede ofrecer al turista tradicional que mide el éxito de sus vacaciones por el bronceado porque muchas veces llueve y no hay sol. Yo lo conozco bien y sé que no es un mar sino un lugar interior, un temperamento, una importante etapa en el conocimiento de sí. Sentarse en las playas del Refugio Gandoca es trascenderlo todo, incluso su propia arbitraria belleza, sus flores, sus algas, eternas, perfumadas, putrescibles”.

Poesía tropical

“Hundirse en los verdes repastos marinos, en lechos de esponjas…”.

“Los estudios de Álvaro eran casi poéticos. Hablaban de arrecifes fósiles, de los arrecifes vivos, de las esponjas en su frágil e inmensa variedad. Hablaban de moluscos excepcionales y decían que por ejemplo de 60 especies nuevas de algas descubiertas en nuestro país, el 90% eran del Refugio”.

“Los jobos, los cativos, el cashá y los guácimos hijearon. Yo no quiero aquí jardín, quiero la selva. Además no maté nunca los cangrejos, porque son como los trabajadores municipales, procesan la basura. Es verdad que los cangrejos son grandes y atrevidos, entran a la casa y se llevan el pan, los cepillos de dientes o las cajas de fósforos. Por eso hay que dejar todo bien guardado. Son grandes como gatos pero tampoco me decido a agarrarlos y hacerlos en sopa”.

Edén del Caribe

“Los árboles altísimos tapaban el cielo y se afianzaban con esas raíces como paredes que se llaman gambas. La selva intrépida hervía de especies útiles, especies muy antiguas. La selva enmarañada llegaba hasta un cocal y después del coral seguía la arena cremosa. La transición de selva a playa era original: los árboles arralaban y surgían flores grandes, brillantes y endémicas como heliconias. Y frutos prohibidos: manzanas de mono y anonas de mar. Las palmas tenían los troncos anaranjados y estaban invadidas por orquídeas de plena floración. Todo eso iba a desaparecer pronto bajo los bulldozers”, las palas mecánicas, los tractores de oruga”.

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Tres veces loca

“Tres veces loca”. La Nación. Suplemento Viva.  (San José, C.R.), 25 de enero 1993, p. 10


Portada de la Edición de EDUCA (1992)

De verdad que Costa Rica es un país de contrastes, de notables y sorprendentes contrastes, y de hechos inusuales… Mientras miles de libros se apilan en bodegas y librerías, con lo cual generan a veces la quiebra de instituciones, otros provocan el milagro de agotarse con solo semanas de circular.

Para muestra de ello, vale la pena mencionar la novela La loca de Gandoca, publicada por la escritora Anacristina Rossi, bajo el sello de la Editorial Universitaria Centromericana (EDUCA).

Un tema caliente, una narración de denuncia, una autora que utiliza la pluma para defender un territorio y advertir sobre los peligros que puede acarrear para los ecosistemas el desarrollo irracional de la industria turística, son los ingredientes de una novela que ha provocado el milagro y que ha movido a mucha gente a adquirirla o, quizás, a personas interesadas en el tema ecológico que se han preocupado por hacer llegar la novela a las manos apropiadas.

Cualquiera que sea la situación, lo cierto es que La loca de Gandoca, novela que empezó a circular el 23 de octubre de 1992, con un tiraje inicial de mil ejemplares, para el mes de diciembre ya se había agotado y exigía una segunda reimpresión, la cual a su vez, para la primera semana de enero de 1993 también se había terminado en librerías.

Sebastián Vaquerano, director de EDUCA, comentó que sus estimaciones iniciales se habían quedado cortas, pues pensó que a un tiraje de mil ejemplares le tomaría un año agotarse. “Esta es una situación verdaderamente atípica del mercado”, subrayo, aunque admitió sentirse completamente satisfecho, en especial porque ello trae oxígeno a una institución agobiada por los problemas económicos.

De todas maneras y para evitar retrasos en la circulación de la novela, EDUCA ha decidido que la tercera reimpresión sea de tres mil ejemplares, los cuales esperan que estén en circulación para la última semana de enero o la primera de febrero.

Anacristina Rossi reconoce que el éxito de su novela le da “una sensación maravillosa. Lo mejor que puede sentir un escritor es saber que lo están leyendo”.

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No está tan loca la de Gandoca

Semanario Universidad, 21 de mayo de 1993

El refugio de Gandoca Manzanillo ubicado en Limón se asemeja a lo que pudo haber sido el paraíso, pero igual que en la historia bíblica llegó la «serpiente» (inversión extranjera) a provocar el conflicto y la destrucción.

En los últimos meses en dicho Refugio se desató una lucha entre el gobierno, asociaciones ambientalistas y el empresario checo Jan Kalina, por daños cometidos al ambiente.

Una clara denuncia del problema quedó plasmada en el libro «La loca de Gandoca», de Anacristina Rossi.

Rossi, quien tiene una propiedad en esta zona, ha vivido de cerca los problemas que se han presentado y las violaciones cometidas por Kalina en el refugio, por esta razón es que escribió el libro.

En la obra se narra como la región se convirtió en un ejemplo vivo del ultraje, cuando una extranjera inicia la construcción de un proyecto turístico llamado «Eco Dólares» (en la realidad se llama Proyecto de Desarrollo Turístico Punta Uva S.A.), sin estudios de impacto ambiental.

«Daniela», principal personaje del libro, se ve inmersa en un proceso de lucha contra quienes aprobaron la venta de la soberanía nacional.

Las violaciones que se dieron con el proyecto del hotel Las Palmas, ubicado en Punta Uva se centran en la construcción de cabinas sin control (al no contar con el permiso de las autoridades correspondientes); y tala indiscriminada de árboles.

También se destruyeron arrecifes únicos en el mundo para construir un canal de drenaje del terreno, con lo cual se viciaron los 50 metros de milla marítima pública, ya que este obstruye el paso peatonal.

Además, se construyó un bar en zona inalienable, así como la utilización de palmeras para alumbrado público, se utilizó un tractor en la playa para nivelarla y posteriormente se tiraron los sedimentos al mar.

Las irregularidades del proyecto turístico se basaban en violaciones a la Ley Forestal, la Ley Vida Silvestre, el Decreto del Reglamento del Refugio y no cumplían con los permisos de uso concedido por el Gobierno.

El final de la historia literaria parece no haber terminado, pues en marzo de este año, fue revocado el permiso de uso.

En el acta declaratoria del MIRENEM se especifican los trámites administrativos seguidos en el caso, las violaciones hechas por Kalina y se le concede un plazo de 6 meses para dejar el lugar como lo había encontrado

Ante esta situación Kalina presentó un recurso ele amparo ante la Sala IV, el cual fue resuelto a su favor, esta semana, debido al procedimiento utilizado por el MIRENEM.

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La Loca de Gandoca o la angustia del ciudadano

Salazar, Roxana. “La Loca de Gandoca o la angustia del ciudadano”. La República.  (San José, C.R.), 16 de enero 1993. p. 15A


ROXANA SALAZAR
Abogada ambientalista

La República / Jorge Illá

La novela La Loca de Gandoca de la novelista costarricense Ana Cristina Rossi nos lleva a reflexionar sobre el tema ambiental y el papel que cada uno de nosotros debe jugar ante los problemas ambientales que estamos viviendo.

En la obra, la autora nos relata una serie de vivencias de una realidad en que estamos inmersos, con la gran cantidad de contradicciones que día a día nos encontramos. Por supuesto me referiré al tema de la denuncia ambiental, más que al tema de la novela, como obra literaria, que de por sí es magnífica.

La autora nos relata —de manera muy amena— las “angustias del ciudadano” frente al aparato estatal. El tema alrededor de las inquietudes de una ciudadana, común y corriente, que busca la protección de un refugio natural —un sitio patrimonio de la humanidad– de los desmanes de una explotación irracional por parte de grupos, que encuentran en el aparato estatal complacencia.

En la vida diaria nos angustiamos ante la impotencia que tenemos cada uno de los ciudadanos conscientes de los problemas ambientales, por lograr que el Estado o los funcionarios se comprometan realmente con esa necesaria protección ambiental.

Esto se convierte en una contradicción, ya que en reiteradas ocasiones hemos expresado la necesidad de que cada uno de nosotros adquiera su compromiso ambiental, tanto con los otros seres humanos como con el ambiente.

Pero no encontramos apoyo por parte del aparato estatal, lo que genera una contradicción muy difícil de resolver. El fomentar un compromiso, una responsabilidad ambiental, y sentir que no existe apoyo por parte del Estado nos preocupa en demasía. El aparato administrativo se convierte en cómplice, en algunos casos por falta de acción, en otros por omisión.

La novela relata las angustias e impotencia de un ciudadano ante la complicidad oficial de la destrucción de los recursos naturales. Ante este panorama el personaje central —La Loca de Gandoca— debe forzosamente recurrir a algo que denomina “Sala Constitucional”.

Acudir a esta vía tiene el objetivo de lograr una protección por parte del aparato judicial contra esa complicidad destructiva. Valga la pena hacer la relación con nuestra Sala Constitucional, instancia recientemente establecida en nuestro país, a la que acudimos cuando no encontramos una respuesta pronta y cumplida por parte del aparato administrativo.

La Sala Constitucional ha venido a jugar un papel muy importante en la protección de las garantías ciudadanas, tiene en sus manos en este momento un gran reto: la oportunidad histórica de sentar las bases de la protección de nuestros principios jurídicos, sobre todo aquellos no incluidos expresamente en la normativa, tales como nuestro derecho de disfrutar de un ambiente sano.

Muy bien se expresa en la carta de ampare que se encuentra en las páginas de la novela, en que la autora acota en forma magistral las angustias ante los distintos jerarcas administrativos, indicando las respuestas que cada uno de ellos da en forma excusatoria de su falta de acción.

La novela explora las diversas opciones que, de manera muy similar a la realidad, tenemos los ciudadanos para que el Estado como un todo pueda ofrecer respuesta a las inquietudes del ciudadano.

Ana Cristina nos lleva de la mano mostrándonos la impotencia que envuelve a la “Loca de Gandoca” al tocar las puertas de las instancias institucionales y de algunos grupos de los llamados no gubernamentales, con un paralelismo increíble a nuestra realidad real.

Después de leer nos quedan una gran cantidad de inquietudes que merecen una respuesta.

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¿Quién es Anacristina? ¿Qué es La loca de Gandoca?

¿Quién es Anacristina Rossi?

Anacristina Rossi es una escritora ecologista, que también fue por muchísimos años (casi 20) activista, pero que tuvo que dejar el activismo ecológico por amenazas de muerte que iban en serio, como ocurre tantas veces en este país, aunque es una realidad que nunca se muestre, que a los ecologistas nos amenazan de muerte, y por eso dejamos de luchar. Pero sigo siendo escritora, y sigo siendo ecologista.

¿Qué es La loca de Gandoca?

La loca de Gandoca es un testimonio de una de las luchas más dolorosas que se han dado probablemente en este país por un maravilloso lugar que debió haber sido parque nacional, y por los intereses de los empresarios se convirtió en refugio de vida silvestre, y no en parque nacional, lo cual permite que comercien con las tierras y se vendan y toda esa maravilla y esa belleza sea asesinada.

Da el testimonio con un enorme sufrimiento de la destrucción de ese maravilloso lugar, una destrucción lenta que La loca de Gandoca ayudó a mantener en ciertos momentos, pero que sigue inexorablemente y cualquiera que vaya y visite se dará cuenta de que La loca de Gandoca está 100% vigente en Gandoca Manzanillo y desgraciadamente en muchos otros lugares de Costa Rica y en el mundo.

Anacristina Rossi, 4 de octubre, 2011

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Una historia de amor y denuncia

Hernández, Edin. “Una historia de amor y denuncia”. Semanario Universidad.  (San José, C.R.). 13 de noviembre 1992. p. 4


Con una narración sencilla, directa, sin retórica, salvo en contadas excepciones, la reciente novela de Anacristina Rossi, deja al descubierto la realidad de nuestros recursos naturales que «no eran el 28 % sino menos del 10% del territorio. Además ese 10% está a punto de morirse».

La narración de Daniela Zermat (protagonista), quien denuncia la paulatina destrucción del refugio Gandoca, en Limón, se mezcla con los recuerdos de Carlos Manuel, el amor de su vida, quien sucumbe entre los humos del alcohol.

Este hilo conduce al lector en dos dramas de actualidad: el sufrimiento por la desintegración familiar con todos los entretelones del alcoholismo y la acelerada pérdida que sufre el país de sus reservas de fauna, flora y, por qué no decirlo, de soberanía nacional. En ambos casos, las historias cobran vida a la luz de hechos concretos que Anacristina Rossi materializa para perpetuarlos en el tiempo.

Esta novela permite que las generaciones del futuro, conozcan los ignominosos enredos burocráticos y la desesperada lucha de una mujer que como último recurso, al perder la causa por el «refugio de fauna salvaje Gandoca, Manzanillo», recurre a la literatura.

Según relata Daniela, la decisión de plasmar esa experiencia, parte de otro hecho intrínseco a Gandoca, el silencio perpetuo a que están sometidos los negros, «quienes ni siquiera han tenido la palabra oral, esa que se lleva el viento».

La descripción presencial de Daniela, se entrelaza con el pasado reciente de Carlos Manuel. En la primera, la narración cobra solidez por la investigación, aspecto que según algunos críticos, ubica esta obra como histórica.

El manejo del lenguaje simple, sin dilaciones, se altera por la recurrencia de gerundios. Es este estilo de la escritora lo que despierta la curiosidad del lector y lo conduce entre las blancas arenas de Gandoca y las oscuras oficinas de la administración nacional.

La edición de «La loca de Gandoca», de la costarricense Anacristina Rossi, autora de «María la Noche», Premio Nacional de Novela, fue editada por EDUCA en 1992, como primer trabajo tras la crisis que afectó a la Confederación Universitaria Centroamericana (CSUCA).

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La loca de Gandoca

Tovar, Enrique. “La loca de Gandoca”. La República, 20 de mayo de 1992

 

Basta una sola palabra para calificar esta obra de Anacristina Rossi: ¡Excelente! No obstante, hay que dar las razones para justificar esta apreciación sobre la mejor novela de los últimos años de Costa Rica.

Primero, está bien escrita, en lenguaje ameno y claro y despierta constantemente el interés del lector.

Segundo, se trata de la primera novela de denuncia ecológica de nuestro país. Expone un problema permanente que ha convertido a Costa Rica en la nación de mayor deforestación y destrozos de los recursos naturales del continente y quizás del mundo. Por lo menos esto le ha valido ganarse el premio del “Diablo ecológico”.

Tercero, no obstante narrar con pasión los acontecimientos, la autora no cae en el panfleto literario. Más bien engarza el problema ecológico a una vivencia amorosa estableciendo una simultaneidad o paralelismo de destrucción tanto en el mundo exterior como en la interioridad ser.

La Loca de Gandoca“, del sello EDUCA, y de 140 páginas, agota en pocos meses sus ediciones. Algo inusual en un medio cuyos ciudadanos han sido preparados desde el hogar hasta la universidad, pasando por la escuela y el colegio, para que no lean. Incluidos, por supuesto, los profesionales.

Quinto, la autora prácticamente no cae en lugares comunes. Por el contrario, tiene creatividad en el decir, en el llamar las cosas de manera original. De allí su gran valor como obra de arte.

Sexto, las pinceladas descriptivas del refugio de Gandoca, que van salpicando el relato, son verdaderas expresiones pictóricas, que sumergen constantemente al lector en ese paraíso de la vertiente Atlántica de Costa Rica y que, por falta de aplicación de las leyes, están destruyendo algunas empresas que solo ven el lucro inmediato.

Sétimo, es una obra didáctica y estimulante, que informa sobre las riquezas naturales al tiempo que despierta y refuerza el amor por las bellezas de nuestra tierra bendita, y que la mayoría de los costarricenses –¡ciegos o indolentes que somos!– no vemos ni sabemos apreciar.

Estas apenas son siete razones fundamentales sobre “La Loca de Gandoca”, una novela de solo dieces, escrita por una compatriota que ha expuesto abiertamente su dolor –su doble congoja, una de ellas verdadera angustia kafkiana– y que ha sacudido la apatía y la indiferencia de nuestro cotarro.

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