Siento que estoy comenzando

Escudos, Jacinta. “Siento que estoy comenzando”. La Nación. Ancora (San José, Costa Rica), 8 de octubre de 2006, p. 5 http://wvw.nacion.com/ancora/2006/octubre/08/ancora6.html

Entrevista. El destacado autor salvadoreño, Manlio Argueta, conversó sobre sus escritos más recientes.

Manlio Argueta es, sin duda, uno de los escritores vivos más importantes de la región centroamericana. Nacido en 1935 en El Salvador, ganó en 1977 el Premio Casa de las Américas por Caperucita en la Zona Roja, una novela que tuvo gran influencia en los autores salvadoreños de generaciones futuras. Fue miembro de la llamada Generación Comprometida, un grupo de intelectuales que creía que los artistas y escritores no podían darle la espalda a la realidad social de su país. Entre otros miembros destacados de esta generación estaban Italo López Vallecillos y Álvaro Menen Desleal. También participó en el Círculo Literario Universitario junto a Roque Dalton y Otto René Castillo.

Por sus escritos y su actividad política tuvo que exiliarse en 1972 en Costa Rica, aunque Manlio prefiere no llamarlo así. “Me da pena llamarlo exilio porque los ticos se portaron muy bien conmigo”, dice. Después de casi 20 años de vivir en San José y de nacionalizarse costarricense, regresó en los 90 a El Salvador, donde ha ejercido diversos cargos culturales. Actualmente se desempeña como Director de la Biblioteca Nacional.

Su obra literaria le ha valido numerosos reconocimientos. En el 2000, su novela Un día en la vida obtuvo el quinto lugar en la lista de las cien mejores novelas latinoamericanas, según la Modern Library. En el 2004 fue declarado “Escritor Meritísimo de El Salvador” según decreto de la Asamblea Nacional. Y el año pasado ganó la Beca Guggenheim para trabajar en una novela cuyo tema será la migración salvadoreña.

Acá en Costa Rica, Editorial Legado publicó hace poco su cuento El Cipitío, con ilustraciones de Vicky Ramos. Basado en una tradición oral salvadoreña, El Cipitío es la historia de un niño abandonado por su madre que vive en los ríos, come ceniza de los fogones en los ranchos y le gusta enamorar a las niñas bonitas. Se dice que es un niño que nunca envejece y, como tal, disfruta haciendo una que otra travesura.

–¿Cómo nace la idea de combinar cuentos para niños con leyendas tradicionales de El Salvador?

–Era un tema que para mí estaba en el aire. Comencé a escribir estas historias para darles identidad escrita, porque personajes como el cipitío, la siguanaba, el cadejo y la chinchintora son parte de nuestras historias orales. Ya existen otras versiones anteriores, como las que hicieron Miguel Ángel Espino y Francisco Gavidia, pero no se han reeditado. Me pareció importante retomarlas como elementos de la identidad.

El Cipitío es un libro que tenía como 6 años de estarse cocinando. De hecho, el ilustrador seleccionado era el fallecido Hugo Díaz, a quien Sebastián Vaquerano (el editor) y yo bombardeamos con fotografías y dibujos para que las ilustraciones fueran lo más parecidas posibles al entorno de donde provenía la historia. Luego de fallecido Hugo, yo le sugerí a Sebastián algunos ilustradores de Cuba y Colombia, pero Sebastián se decidió por Vicky Ramos por su calidad como ilustradora y porque él quería estar cerca de todo el proceso de producción para cuidar la edición lo mejor posible.

–¿Le parece que con el fenómeno migratorio actual que se vive y con la urbanización de las zonas rurales se están perdiendo ciertas tradiciones?

–La intención principal de retomar estas historias es rescatar nuestras tradiciones, nuestros valores, y aportar algo propio a la literatura infantil. Se lee literatura infantil hecha desde Colombia o España. De hecho, mi generación se alimentó con lo infantil que venía de Argentina. Me pareció importante rescatar lo nuestro pensando en la migración y que los muchachos allá puedan leer algo que viene de la región centroamericana.

–Cambiando de tema, en los últimos meses parece haber mucho interés sobre su poesía…

–En las próximas semanas aparecerá publicada mi poesía completa en Hispamérica, una editorial de la Universidad de Maryland. El compilador es el Dr. Astvaldur Astvaldsson de la Universidad de Liverpool. Astvaldsson incluso descubrió poemas de mi adolescencia, que a estas alturas yo preferiría no publicar, pero el investigador dice que en la historia literaria de alguien, todos los textos son válidos.

 Además, fui honrado con el Premio de Poesía Naim Frashëri, de Macedonia, que se otorga en el marco de un festival de poesía famoso en el área de la cultura balcánica, que este año cumple su décima edición. También se hará una publicación conmemorativa con diez poemas míos.

–Recientemente usted fue jurado de un concurso literario en El Salvador, y una de las cosas que se comentaron mucho es que todos los cuentos participantes tocaban el tema de la violencia y la muerte. ¿No le parece excesivo el tema de la violencia en la narrativa salvadoreña?

–Cuando los jóvenes escriben sobre la violencia se debe a que es la realidad que están viviendo ahora. Casi todos los cuentos que concursaron tenían que ver con la muerte.

Los jóvenes escritores tienden a ligar la realidad con la literatura. Es claro que hay violencia y no me extraña que seguirá siendo el tema predominante en nuestra literatura, sobre todo en la narrativa. Pero el tema no lo dice todo, sino cómo se maneja. Creo que lo importante es insistir en que haya disciplina y cultura para escribir. Y tomarlo con seriedad.

–A estas alturas del campeonato, ¿cuál podría decir que fue el aporte de la Generación Comprometida a la literatura salvadoreña y centroamericana?

–Creo que el mejor aporte fue la actitud del escritor frente a su realidad, a no marginarse, a no sentirse especial ni separado de la realidad. Nuestro grupo tuvo en su momento mucho contacto con otros escritores, grupos, revistas culturales e intelectuales de toda la región, y eso creó un intercambio de ideas que, aunque no todos estuviéramos de acuerdo, lo importante era el diálogo.

Pienso por ejemplo que estos muchachos que escriben ahora sobre la violencia es por influencia nuestra. Lo que habrá que ver es qué ocurre con ellos cuando esa realidad se desvanezca, si perderán su tema narrativo. Por eso lo importante es escribir con calidad y pensando en la permanencia, hacer trascender esta realidad en el tiempo.

A mí por ejemplo mucha gente me dijo que acabada la guerra se acabó Manlio Argueta, porque yo había escrito mucho sobre la guerra. Y eso me lo dijeron algunos amigos en son de broma y otra gente que lo decía muy en serio. Pensaron que acabada la guerra ya no tendría sobre qué escribir. Pero todo lo contrario. He seguido escribiendo, y la verdad siento que estoy comenzando, que tengo mucho qué decir todavía.

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El Cipitío for kids

Salamanca, Elena. “El Cipitío for kids“. La Prensa Gráfica (San Salvador, El Salvador), 14 de agosto de 2006, p. 77

"El Cipitío"

“El Cipitío”

Manlio Argueta tiene a su público acostumbrado a novelas de persecuciones campesinas y revoluciones estudiantiles, pero ahora ofrece una visión, infantil y bilingüe, del Cipitío, ese personaje de la mitología cuscatleca… hijo de la Siguanaba.

“Aparenta unos cinco años y nunca crecerá”, lo describe el autor, en este su nuevo libro, que comenzará a distribuirse en el país a partir de la próxima semana, según su editorial, la costarricense Legado.

Según el director editorial Sebastián Vaquerano, el tiraje consta de 5 mil ejemplares, de los cuales “2 mil ejemplares fueron adquiridos por la Biblioteca Real de Suecia para ser donados a las redes de bibliotecas públicas de Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá”.

Aparte de estos países, “El Cipitío” será distribuido en Estados Unidos, pues cuenta con la traducción de la experta en literatura latinoamericana Linda Craft, y las ilustraciones de Vicky Ramos Quezada.

“La ilustradora estudió gran cantidad de fotografías, postales, libros, pinturas, objetos y texturas que Argueta y yo le suministramos, y diseñó los bocetos de manera que reflejaran el medio en el que se desarrolla el relato. Procuramos que reflejaran el entorno ecológico de un relato precolombino, el de una época en la que el medio ambiente no había sido depredado”, explica el editor.

Dado que la editorial es costarricense, Vaquerano, de origen salvadoreño, argumenta que “la leyenda es bellísima y merece ser conocida por un público más amplio que el salvadoreño. Además, la educación nacional (salvadoreña) necesita reforzar sus raíces, especialmente en tiempos en que la globalización amenaza con desdibujar lo autóctono. Pienso que publicar ‘El Cipitío’ es una modesta contribución a la educación salvadoreña”.

Además, el editor advierte: “En pocas generaciones nuestros niños solo leerán a Walt Disney y similares”.

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Editan El Cipitío bilingüe e ilustrado

Peñate, Susana. “Editan El Cipitío bilingüe e ilustrado”. Diario El Mundo (San Salvador, El Salvador), 30 de agosto de 2006, p.22

El reconocido escritor Manlio Argueta ha escrito el cuento del duende que come ceniza y enamora a las niñas bonitas.

Basada en la leyenda que todos los salvadoreños conocen, Manlio Argueta, novelista y director de la Biblioteca Nacional, escribió el cuento “El Cipitío”, editado por la casa Legado de Costa Rica bajo es auspicio de la Biblioteca Nacional de Suecia.

"El Cipitío"

“El Cipitío”

La editorial tica hizo entrega de un donativo de 780 libros ayer a Concultura, los cuales serán distribuidos en las casas de la cultura, bibliotecas y escuelas públicas del país. Este material infantil fue concebido con la idea de dar a conocer el mito del Cipitío, como parte de los valores nacionales, y el rescate de valores de tipo ecológico, comentó el autor.

El libro ha sido editado en español y en inglés con la idea de fortalecer las raíces salvadoreñas en los niños que reciben educación en el extranjero. En una segunda fase “El Cipitío” será distribuido en Estados Unidos dada la gran cantidad de salvadoreños que habitan en dicho país. Dos mil, de los cinco mil ejemplares del libro, serán distribuidos en el resto de países centroamericanos.

Sebastián Vaquerano, Gerente de Editorial Legado, aseguró que el libro es “un estupendo aporte para el rescate de la literatura nacional y la tradición oral pura”. Este material cuenta con ilustraciones de la artista costarricense Vicky Ramos, quien se documentó ampliamente para ilustrar los animales y plantas del mundo primitivo en el que nació el Cipitío. De ahí que el libro contribuya a dar conocer la fauna y flora nativa salvadoreña.

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El Cipitío

El Cipitío

El Cipitío

El Cipitío es un duende náhualt que nunca dejará de ser niño. Su madre, la Siguanaba, lo abandonó en el recodo de un río cuando el dios Tlaloc la condenó por trasnochadora y viciosa a vagar para siempre por los montes. Era esposa de Cipitl, gran tirador de flechas.

Una parte de esta edición fue adquirida por el Proyecto Regional de Bibliotecas de América Central para ser distribuido entre los países de la región como resultado de la cooperación entre dichas bibliotecas y la Biblioteca Real de Suecia.

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