A propósito de Roberto Armijo. El pie de foto fue demasiado…

Ulloa, Félix (h). “A propósito de Roberto Armijo. El pie de foto fue demasiado…”. Co Latino. Suplemento Cultural 3000 (San Salvador, El Salvador), 15 de febrero de 1997, p. VI

 

En el merecido homenaje que le Suplemento Cultural TRES MIL, de Co-Latino, le dedica el sábado 1 de Febrero de 1997, al insigne escritor salvadoreño ROBERTO ARMIJO, en el que participan destacados intelectuales nacionales resaltando su fecunda obra y su vida consecuente, se publica un artículo de Tirso Canales, ilustrado con una fotografía tomada en mi casa en Septiembre de 1995, en la cual aparecen los mas representativos miembros de la “Generación Comprometida”.

En la breve historia literaria de nuestro país, se reseña con tal denominación al grupo de jóvenes escritores universitarios, que se dio a conocer a mediados de los años 50s, (por ello también se les bautizó como la Generación del 56) mediante una obra poética y narrativa que asumía el compromiso político e ideológico, de manera consciente y militante del lado de los sectores populares, rechazando la estética que privilegiaba el arte por el arte.

Habiéndose incorporado algunos y acercado otros, al entonces proscrito y perseguido Partido Comunista,-el cual hasta el triunfo de Fidel y el Ché, en Sierra Maestra, era la única opción revolucionaria- comienzan a generar una producción alejada del clasisismo burgués, amodorrado y decadente; y sin caer en el clasisismo partidario anquilosado dentro del “realismo socialista”, que se imponía desde los patrones culturales de la nomenklatura soviética tampoco se plegó a los moldes de los iconoclastas que años atrás, habían idealizado a A. Breton y su existencialismo individualista.

Iniciaron su trabajo rompiendo formas tradicionales e incorporando a su obra, un contenido social novedoso, en su estilo propio, que para los puntillizos de la época parecía escandalizante, pero que al observarlo a la distancia de cuatro décadas, nos presenta un testimonio de lo que la cultura nacional es capaz de producir, cuando se asume con responsabilidad el oficio de escribir.

En realidad, pienso que se abría un cause de pensamiento y acción parecido al humanismo nerudiano, en una especie de continuidad del ambiente europeo en el cual W. Benjamín, G. Luckas y el mismo J.P. Sartre, debatían en torno a la estética y el marxismo; era también un resurgimiento de la vitalidad y energía de Vallejo, de esa misma fuerza espiritual que no reconoce subordinaciones, ni arquetipos creativos, la misma que enfrentó a Louis Aragon, encargado cultural de Les Lettres Francaises, con la dirección del PC francés, por haber publicado un retrato de Stalin, hecho por Picasso, el cual según el censor oficial , ofendía la memoria de dictador.

A ellos, como a nosotros mas tarde, la revolución les llegaba por la vía cultural.

Entre los mas destacados sobreviven Manlio Argueta, Tirso Canales, Pepe Rodríguez Ruiz, Roberto Armijo y José Roberto Cea; todos cargando los pertinaces recuerdos de los acosos policiales, de las ergástulas carcelarias donde estuvieron prisioneros innumerables veces, amenazados a muerte tantas más, y con excepción de Cea, marcados por largos exilios.

Cercano a su trabajo estuvo Oswaldo Escobar Velado, de una generación anterior, y Alfonso Quijada Urías, prototipo de la siguiente camada. Algunos de sus miembros reconocen entre sus contemporáneos a Orlando Fresedo, Mauricio Silva (que prometían mucho fallecidos a temprana edad), Mercedes Durand, radicada en México; a Waldo Chávez Velasco, Irma Lanzas y Alvaro Menen Desleal, quienes abandonaron las filas del grupo.

Y por su puesto a Roque Dalton García, el más conocido de todos. El intelectual revolucionario que resolvió el dilema de conciencia –que se presentó ideológico e inexorable a la mayoría de aquellos intelectuales- optando por empuñar el fusil, como lo hicieron varios de ellos a lo largo y ancho de América Latina, durante las décadas de los 60s y 80s.

En la citada foto, histórica desde luego, pues reúne a los cinco auténticos sobrevivientes de la Generación Comprometida: Cea, Tirso, Armijo, Pepe y Manlio, aparezco yo. Si, yo. Lo cual no sería extraño pues con todos ellos me unen vínculos de amistad de diferentes naturalezas y procedencias, pero que tienen el denominador común de nuestro amor por el arte, la literatura y la revolución. Lo que sin duda debió haber levantado escozores y causado inconos, fue el pie de foto, que sin parar mientes, al momento de nombrar a los fotografiados como miembros de la prestigiosa generación, me menciona en tal calidad.

Fue sin duda un equívoco, que a mí, me levantó el ego, y a otros, supongo, además del asombro, debió haberles provocado un poco de cólera.

De todas maneras, gracias Tirso. Me hiciste sentirme grande por un momento, al colocarme a la altura de ustedes.

Quiero aprovechar la ocasión, para reiterarte a ti, a Roberto y a los demás compañeros, que a pesar de que por ahora estoy inmerso en un mundo de políticos mediocres, insensibles a las manifestaciones del alma, de burócratas indiferentes a la eclosión de las ideas, de mercaderes inconmovibles ante una obra de arte; en el cual tengo que luchar contra la indolencia de ciertas fuerzas que añoran el pasado, que suspiran por las tiendas de raya, que cambian las reglas del juego a su conveniencia, desacreditando el endeble proceso democrático que todos queremos hacer avanzar, nunca abandonaré la ilusión, ni los ideales con los que tanta veces soñamos juntos. Que a pesar de la falta de solidaridad de cierta izquierda, (que por cierto no son los comunistas ni los socialistas) cuya escaza inteligencia y su voraz ambición, no le permite valorar el trabajo realizado, sigo siendo el mismo compañero del cual la Generación Comprometida, la de Roque, puede estar orgullosa pues la semilla cayó en tierra fértil, y al árbol crece, y seguirá creciendo para anidar al pájaro azul de nuestras utopías.

Lo único que no pudo prometerles es escribir ni con la calidad, ni con la fecundidad de ustedes. Haré el esfuerzo de registrar algunos hechos, algunas fantasías, sin pretensiones estilísticas como dice David Escobar Galindo, tratando de encontrar el tiempo necesario, después de escribir los tediosos trabajos e informes que me impone el mundo de la burocracia. Y les juro que jamás olvidaré a Menen Desleal cuando afirma que ser escritor es un oficio que no se logra jamás, ejerciéndolo los fines de semana.

Hasta pronto poetas, y ojalá que los cinco estén juntos para recibir el nuevo milenio. Yo espero estar también con ustedes, y que podamos echarnos los tragos en honor al Siglo XXI.

San Salvador, febrero 1997.

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Calufa, investigador

Molina Jiménez, Iván. ʺCalufa, investigadorʺ. La Nación. Viva (San José, Costa Rica), 27 de abril de 2013, p. 34A

En la literatura costarricense, a Carlos Luis Fallas Sibaja (1909-1966) se le considera fundamentalmente un autor de novelas y relatos, justamente célebre por obras como Mamita Yunai, Gentes y gentecillas, Marcos Ramírez y Mi madrina.

Fallas, sin embargo, fue también un escritor de ensayos políticos, sociales e históricos, como se puede apreciar en el libro De mi vida, que acaba de publicar la Editorial de la Universidad Nacional.

De los materiales incluidos en esa obra, hay tres ensayos que son de particular interés, ya que para elaborarlos Fallas realizó un detallado trabajo de campo con el fin de conocer las condiciones de vida y laborales de ciertas categorías de obreros y productores agrícolas.

El primero, publicado en diciembre de 1933, se refiere a la situación de los barreteros en el Caribe y a sus conflictos con la United Fruit Company. Este estudio constituye un antecedente fundamental del relato “Barreteros”, que Fallas terminó de escribir en 1941 y publicó en 1954.

En una línea similar, el segundo ensayo, publicado en agosto de 1935, explora el mundo social de los mineros de Desmonte y de los campesinos de las áreas aledañas, enfrentados con los intereses de dos empresarios extranjeros. Curiosamente, esta importante contribución de Fallas no ha sido considerada por los historiadores costarricenses y extranjeros que décadas después analizaron la problemática minera.

Finalmente, el tercer ensayo es el más conocido de todos, dado que circuló como folleto en 1960 y fue reimpreso en 1978: “Don Bárbaro”. En este trabajo, cuyo título evoca la célebre novela que Rómulo Gallegos publicó en 1929, Fallas analiza la concentración de la tierra en Guanacaste y, especialmente, la lucha de los pequeños y medianos productores agrícolas por defender sus propiedades, amenazadas por lo que él denominó “el latifundio de los Morice”.

Los dos primeros ensayos referidos evidencian ya los tempranos esfuerzos de Fallas por observar, describir, recoger testimonios, revisar documentos, verificar la información obtenida, ordenarla, comparar resultados y analizarlos. Las capacidades indicadas encontraron su mejor expresión en “Don Bárbaro”, que destaca por una mayor exhaustividad en la recolección, sistematización y análisis de los datos.

Por estos ensayos, y otros que también están incluidos en De mi vida, Fallas debería empezar a ser considerado como una figura relevante en el desarrollo de las ciencias sociales en Costa Rica. Imaginativo practicante de la historia oral, fue también pionero en la construcción de la historia de los trabajadores, de los pequeños y medianos productores agrícolas y de los movimientos sociales.

http://www.nacion.com/2013-04-27/Opinion/Calufa–investigador.aspx

gentes-y-gentecillas

La sotana revive al querido Carmuco

Sánchez C., Alexánder. La sotana revive al querido Carmuco. La Nación, Viva (San José, Costa Rica), 7 de febrero de 2013, p.8

 

Carmuco encuentra su preciada sotana y, en medio de la basura, comienza una nueva vida. Es ahora el “sacerdote” de los buzos, o más bien, el oasis espiritual en medio de viejas penas, carencias y un sinfín de esperanzas.

El miércoles 13 de febrero, en el anfiteatro del Cenac (7 p. m.), se estrenará el cortometraje Carmuco, de Patricia Velázquez. El filme es un extracto de lo que será un próximo largometraje basado en la novela tica Única mirando al mar (1993), de Fernando Contreras.

De hecho, el guion del corto es obra del mismo Contreras y Gabriela Calderón. Ambos autores recrearon el momento en que Oso Carmuco, personaje destacado de la novela, halla su famosa sotana y comienza su peculiar misión.

Con un libro de rezo en mano, Oso Carmuco – que es alcohólico y no respeta del todo el voto de castidad, oficia ‘misas’ y hasta matrimonios en el mismo botadero.

“Al igual que el largo, el corto retrata momentos posteriores a la novela. En el caso del cortometraje, la trama se ubica 20 años antes de los hechos narrados en Única mirando al mar”, explicó Velázquez.

Quien en el corto da vida a Oso Carmuco, es el actor Armando Herrera, quien se desempeña como conductor de bus, en la ruta Tibás-San José.

“Actuar es mi pasión y me entrego al máximo cuando hago un papel. Es como si fuera un actor profesional. Tanto es así, que al igual que Oso Carmuco, llegué a sentir que yo era, realmente, el cura de esa comunidad”, dijo entre risas Herrera.

“Para mí fue impresionante hacer ese papel, pues él, a pesar de que podría verse como un hombre perdido por su vicio, encuentra valoración siendo un cura. Entonces, su vida toma un sentido, que es ayudar a los demás”, agregó Herrera.

Pero no solo el Oso Carmuco saldrá en el corto; también aparecerán personajes como la famosa Única, el Bacán y don Retana, todos muy conocidos de la novela.

Laborioso. El corto Carmuco, de 10 minutos de duración, se filmó durante dos días en Miramar de Puntarenas, con jornadas de trabajo de casi 18 horas continuas.

“El primer día grabamos en un precario a orillas del basurero… Había pobladores muy inquietos por el corto. El segundo día fue peor: estábamos dentro del basurero y el calor de Puntarenas, sumado al hedor de la basura, hacia todo muy duro”, recordó Velázquez.

A pesar de todo, la realizadora destacó que el equipo de trabajo se entregó al máximo para lograr el producto final, el cual usted podrá ver de forma gratuita en el Cenac.

Incluso, Velázquez recordó que Herrera llegó a hundir su cabeza en la basura, como muestra de su compenetración total con el personaje central del filme.

Lo que se viene. La filmación del largometraje –del cual se desprende el cortometraje Carmuco–, se espera realizar en el 2014.

Según Velázquez, el largometraje está en etapa de desarrollo y ya recibió apoyo económico por parte de Proartes y el programa Ibermedia.

“Con la conclusión de este corto, considero que ya tenemos una carpeta sólida para solicitar fondos para la producción del filme”, explicó Velázquez.

“Con Carmuco se cierra un ciclo, pues más allá de realizarlo para facilitar la búsqueda de financiamiento, necesitábamos filmar en el basurero, con todo lo que eso implica”, finalizó la cineasta

http://www.nacion.com/2013-02-07/Entretenimiento/la-sotana-revive-al-querido-carmuco.aspx

¿Para quién es este futuro?

Palavicini, Luciano. ¿Para quién es este futuro?. San José, Costa Rica : Universidad de Costa Rica. Asociación de Estudiantes de Comunicación Colectiva. 12 de setiembre 2012 (ponencia)

¿Para quién es ese futuro, por el que día a día, nos mortificamos en construir?  Me pregunté peligrosamente, luego de leer varios fragmentos de ésta tierra prometida con la que Fernando nos abofetea, y despabila. Será que lo bueno de éste mundo le pertenecerá a cada vez menos familias, y será que los desperdicios de éstos privilegiados,  se repartirán entre cada vez más, entre aquellos a los que podríamos denominar, como “los demás”, (aunque seamos los de-menos). Fue otro pensamiento peligroso que me pasó por la cabeza, al seguir leyendo, seguido por reproches y auto-reproches; era evidente ya, que el tono fuerte, acusador y desesperanzado de los micro-relatos me había calado.

Cada micro-relato leído, hace aún más evidente el olor a sangre con la que éstos han sido impregnados sobre el papel. Me hacen reflexionar en, si me duele más a mí leerlos o al autor haberlos sacado del baúl empolvado de cosas-que-sabemos-pero-no-queremos-que-nos-las-recuerden, ése baúl que vive en el sótano olvidado de nuestro inconsciente colectivo, junto a otros baúles que hoy no vienen al caso mencionar, pero que amontonados y por montones, se encierran y se esconden para no perjudicar el confort de nuestro cotidiano andar y el presente que tanto nos gusta.

A este presente, tan siempre mío, no tuyo, ni mucho menos nuestro, en el cual no queremos que nadie nos incomode, nos mueva el piso, y nos insinúe la posibilidad, por más pequeña e ínfima, de que puede que estemos equivocados; a este presente le sienta bien la verdad seca, directa y con gotas de un ácido que ayude a corroer la costra de promesas con la que se nos bombardea todos los días, promesas que se convirtieron en las dueñas de todas las parcelas en nuestros sueños, deseos y anhelos. Nos viene bien un amargo cable a tierra, a ésta otra tierra, no la que nos prometen y pintan de colores oníricos, sino ésta otra; tan llena de dólares,colones y euros, pero con escases de agua y comida; tan llena de televisión, fútboly modelos, pero méndiga de visión, juegos y amor…  Ésta tierra que se proyecta al futuro y se fragmenta en pequeños pedazos de espejo a manos del autor.

Nos sacaron de la promesa…  la cercaron, y solamente para defenderla de nosotros, los que ayudamos a construirla. El texto presagia nuestro futuro, el de nosotros, el de aquellos que volvemos-a-ver-hacia-el-otro-lado, el futuro de nosotros que cambiamos seis litros de agua por una botella de Coca Cola, el futuro de nosotros que cambiamos  una selva por un anillo de oro, el de nosotros que compramos el cuento viral en el cual se estudia, se trabaja, se compra, se reproduce y se muere;  nosotros los que compramos la promesa a crédito, para luego que se nos dé envuelta en papel de regalo y en forma de crisis, nuestro futuro…

 Los más tristes, los que más se lamentan entre los personajes, son los más viejos. Los que tuvieron la desdicha de vivir y ver, como todo se oscurecía bajo el galope apocalíptico del marketing, ver como país tras país, se ahogaba con cada rescate de la banca, ver la deuda pagada por el pueblo, ver guerra e inversión en el odio, y les duele él sólo haber visto, les duele no haber hecho una afirmación peligrosa, teniendo de tantas opciones de dónde escoger, les duele no haber hecho un pregunta peligrosa, de ésas que paralizan un cuarto y hacen dudar, les duele nunca haber dado un respuesta peligrosa, de ésas que hacen que se levante un pueblo, pero NO las hicieron, NO las hicimos, NO las hacemos.

  En tiempo de necesidad, hasta dan risa los objetos absurdos que recolectamos en vida, compramos y desechamos. El sinsentido con el que queda evidenciado frente al hambre, tantas horas desperdiciadas de trabajo y pensamiento,  dedicadas a estar a la moda, tener un mejor celular al que ya tengo o cualquier esfuerzo para alimentar la banalidad de nuestro ego. ¿Dónde queda el ego cuándo no se tiene que comer?

Sí, el libro tiene un mensaje crudo, espeso y difícil de digerir, en tono de cólera, rabia y disgusto. A mi parecer, justificado. El pueblo aperezado que sigue alimentando al elefante blanco del poder; merece que se le hable en ése tono, aunque luego siga dormitando y sólo sirva para despertar a pocos. Es menester del escritorusar ésa arma de teclas y pegar el grito descorazonado de la verdad,  para sobresalir entre tanto balbuceo literario que se imprime, ése balbuceo que opaca, esconde y maquilla todo-lo-que-no-nos-gusta-escuchar. El autor ahora nos pasa éstas páginas calientes a nosotros sus lectores.

Los fragmentos de la tierra prometida, suenan más a una realidad próxima que a ficción o utopía. Cierro con uno de éstos micro-relatos, un relato de pocas palabras, pero grande en contenido, efectivo a la hora de crispar los bellos de mi piel y de hacerme replantear lo importante.

“The piper at the gates of dawn”

Una flauta es lo más cercano a la naturaleza de los pájaros. Como ya no hay flautas, ni pájaros, el flautista imagina el ocaso, porque tampoco hay ocaso, y silba.

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La promesa de la Tierra prometida

Muñoz González, Rodrigo. La promesa de la Tierra prometida. San José, Costa Rica : Universidad de Costa Rica. Asociación de Estudiantes de Comunicación Colectiva. 12 de setiembre 2012 (ponencia)

La búsqueda por la tierra prometida es subyacente para el ser humano. El eco de esta promesa  tiene resonancia a lo largo de nuestra vida: creemos que algún día encontraremos –o alguien lo hará por nosotros- ese lugar.

A veces, parece que Moisés emprendió un viaje sin sentido, que perseguía una fantasía, un sueño con textura de realidad. El profeta murió castigado sin poder ver su paraíso y no teniendo en cuenta su suerte, ya que lo que se encontraría su pueblo serían ríos por dónde no corre leche, sino sangre.

Y es así como la Tierra Prometida es una paradoja: el hombre la desea con fervor pero siempre muere esperándola. ¿Será acaso que no la queremos o que no nos dejan alcanzarla?

Fragmentos de la Tierra Prometida de Fernando Contreras nos plantea un escenario del futuro cuyo aspecto aterrador radica en su cercanía. El paraíso murió hace mucho tiempo, ahora sólo quedan fragmentos llenos de veneno. Precisamente, esa es la condena del oráculo al hombre: morir en manos de las fantasías que creó, de su reflejo, ser asesinado por sí mismo.

El autor nos indica que cada micro relato es una semilla que contiene un antes y un después. Semillas que son vestigios y profecías, pero también presentes. En cada fragmento que leemos reconocemos cada vez más nuestro “mundo real”.

Pero no es la Tierra Prometida, sino la promesa nuestra droga.

El teórico ruso Mijaíl Bajtín consideraba los lenguajes como multiacentuados; esto significa que existe una dinámica dónde diferentes grupos procuran acentuar el lenguaje para que sus voces, experiencias y valores puedan ser reconocidos.

En nuestra época, el postulado de Bajtín toma fuerza al observarse cómo prevalecen las voces de ciertos grupos por sobre todas las cosas. Los parámetros casi infranqueables de estas voces fijan promesas para llegar al paraíso. Un mercado simbólico alimenta una promesa mediada por el capital.

Estas voces podrán contar con mayor legitimidad, ahínco y fuerza, pero no son las únicas. “El signo –como diría Valentín Voloshinov- es la arena de las luchas sociales”.

Hoy, el mandato del Oráculo de Delfos es peligroso pero necesario: “Conócete a tí mismo”. YaAldous Huxley decía que el ser humano busca su trascendencia y que un medio para empezar es la meditación.

Debemos meditar que los conceptos de la Tierra Prometida y su promesa son inconsistentes. ¿De qué sirven si no comprendemos nuestro entorno?

Al final de cuentas, cuando el ser humano empiece a entender la nada, le será más fácil encontrar la paz. Hay voces cuyas promesas alcanzan un nivel de ruido sorprendente, aturdiéndonos. Sin embargo, prefiero considerar Fragmentos de la Tierra Prometida como una alerta y no como una profecía inmanente.

Nuestro principal reto es, en medio de esa saturación, detenernos y prestar atención, oír a los demás y a nosotros mismos. Como dice mi estimado profesor Carlos Sandoval en su libro Otros Amenazantes: “la escucha, quizá la dimensión más compleja de la comunicación, es lo que a menudo está ausente”.

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Manlio Argueta propone se otorgue título de Doctor Honoris causa al escritor Roberto Armijo

Argueta, Manlio. Manlio Argueta propone se otorgue título de Doctor Honoris causa al escritor Roberto Armijo. Suplemento Cultural 3000.  (San Salvador, El Salvador), 15 de febrero de 1997

 Estimados compañeros artistas, escritores y periodistas:

Me permito sugerir que nos pronunciemos por medio de esta publicación para que se conceda al escritor Roberto Armijo por parte de la Universidad de El Salvador, el título de Doctor Honoris Causa por sus Méritos Literarios y su Aporte a la Cultura de El Salvador, que es otorgado por la Asamblea General Universitaria, de dicha Universidad.

Estoy seguro que el sector intelectual y académico se sentirá honrado con una distinción de gran categoría para una persona que lo merece, dado sus calidades como escritor y docente.

Justificación:

Roberto Armijo nació en Chalatenango en 1937. Muy joven, en el Instituto Nacional “Francisco Menéndez”, se distinguió como poeta, época en que comenzó a publicar en los suplementos literarios del país.

Ganó varios Juegos Florales de poesía hasta culminar con el Premio Nacional República de El Salvador, 1967, y otros premios centroamericanos en Guatemala y Nicaragua, todos en ensayo literarios, además tiene una distinguida posición como académico en la Universidad de París X Nanterre, Francia.

Sobre su residencia en Europa:

Roberto Armijo salió hacia Francia becado por la Universidad de El Salvador en 1971. Debido a la toma de la Universidad en 1972, perdió su beca y quedó sin apoyo en ese país; sin embargo, obtuvo la colaboración de Miguel Angel Asturias y de Pablo Neruda, ambos diplomáticos en Francia, para trabajar desde 1973 en la Universidad de Nanterre. Comenzando como Lector (Lecteur) hasta alcanzar grado de profesor (Enseignant) de Literatura Contemporánea Latinoamericana dentro del escalafón universitario de dicha Universidad.

Armijo sólo esperaba el tiempo de jubilación para retornar a su país cuando a finales del año 96 le fue anunciada una dolencia con características de suma gravedad, motivo por el cual ha sido objeto de merecidos homenajes por diferentes instituciones nacionales del arte y la cultura.

Obra bibliográfica:

Poesía: La noche ciega el corazón que canta,1959; De aquí en adelante, antología de cinco poetas, 1967; Homenaje y otros poemas, Universidad Autónoma de Honduras,1979; El libro de los sonetos, Universidad Tecnológica, noviembre 1996; Cuando se enciendan las lámparas, Dirección de Publicaciones Concultura, febrero 1997. Los parajes de la luna y la sangre, IEJES, febrero 1997. Poesía contemporánea de Centroamérica, edición Los libros de la Frontera, Barcelona, España. Así mismo se encuentra en prensas una antología poética en la Editorial Universitaria Centroamericana, EDCA, Costa Rica.

Ensayo: Francisco Gavidia, la Odisea de su genio, en colaboración con el Dr. José N. Rodríguez Ruiz, Premio República de El Salvador, 1965; Rubén Darío y su intuición del mundo, Primer Premio Centroamericano de Ensayo, Nicaragua, en 1967; T. S. Elliot, el poeta más solitario del mundo contemporáneo, Primer Premio Centroamericano, Guatemala, 1967; Le poison et la balancae, Editorial Altamira, París, 1997. Además ha publicado varios ensayos en revistas nacionales y regionales como la Universidad, Vida Universitaria, la Pájara Pinta, estas de la Universidad de El Salvador; Alero, Repertorio Centroamericano, Prensa Literaria Centroamericana, Alcaraván, etc., de Guatemala, Costa Rica, Nicaragua y Honduras respectivamente.

Teatro: Jugando a la gallinita ciega, 1er. Premio Centroamericano, Guatemala, 1969; El príncipe debe morir, 3er. Premio, Guatemala, 1969; Los escarabajos, sin publicar. Además tiene cinco obras de teatro de tema salvadoreño, publicadas en un solo tomo en Francia.

Novela: El Asma de Leviatán

Esperamos que nuestra solicitud se sume a la de otros sectores universitarios, para que la Asamblea General Universitaria de la Universidad Nacional conceda dicha distinción en el marco de celebrar el 156 Aniversario de Fundación de dicho centro de estudios superiores del país, honor que se merece nuestro compatriota por sus valiosos aportes como ensayista, poeta, novelista, periodista y dramaturgo; además de académico de una de las universidades más prestigiosas del mundo.

Que Roberto Armijo nos una en esta iniciativa que se concreta en solicitar un honor para quien honor merece.

Los saluda Atte,    Manlio Argueta

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Legado espiritual de Roberto Armijo en el arte de William Armijo

Argueta, Manlio. Legado espiritual de Roberto Armijo en el arte de William Armijo. Co Latino. Suplemento Cultural 3000.  (San Salvador, El Salvador), 3 de enero de 1998

 1- Las hermandades poéticas.

 En mi reciente visita a Europa, invitado por el Ministerio de Cultura de Francia, del 15 al 30 de noviembre, 1997, me pareció que estar en Montmartre sin el poeta Roberto Armijo era como si el barrio no existiera. Tantas veces habíamos recorrido la colina, descubriendo en las casas placas de pintores como Martissse, Toulouse Latrec, Picasso, Van Gogh. En la parte baja del barrio, el apartamento que originalmente había sido de Roberto y que subarrendó su hermano José William Armijo, a doscientos metros del Moulin Rouge y del gigante Sexodrome con sus centellantes luces rojas y a pocos pasos de nidos de trasvestis.

Las anteriores seis u ocho visitas a París fueron producto de mis desprendimientos que hice desde Holanda o Alemania, nada más para ver al hermano poeta. “Vamos a tomar el mejor vino de los vinos baratos, adecuado a nuestra economía de poetas y a nuestro buen gusto”, me decía para referirse al Cote du Rhone; mejor si acompañado de frijolitos fritos, que el preparaba, y queso de cabras, su preferido. Nos reuníamos en la rue André  Antoine, la casa de José William (pero donde Roberto había dejado su estudio y biblioteca); otras veces en el nuevo apartamiento donde vivía con Ana María, en Place Saint Pierre, al pie del funicular que sube hasta el Sagrado Corazón (Sacre Couer, iglesia erigida por los conservadores en la cima de la colina para conmemorar la derrota de la Comuna).

Aquellas mis visitas nunca sobrepasaron los tres días, pero era lo suficiente para hablar de poemas y de literatura, y consolidar la fraternidad que tuvo su origen en 1956, cuando con Roque Dalton, llegó a la casa de Tarquino Argueta, para conocer al entonces desconocido poeta migueleño que a los diecinueve años había ganado un primer premio de poesía.

 2- Las mensajes poéticos son siempre fantasmales.

Al quinto día de mi recién estancia en París, llamé a José William, para entregarle ejemplares del poemario de su hermano: El pastor de las equivocaciones que enviaba Ricardo Aguilar, de la Fundación Salarrué. Necesitaba rememorar al poeta en el lugar de los hechos. “No siento deseos de visitar París sin la presencia de Armijo”, había coincidido conmigo David Hernández desde Alemania. Yo por mi parte, al escuchar a William mi aventure a encontrar la presencia fantasma del poeta. Para seguir el rito, teníamos que rememorarlo con el Cote du Rhone y el queso de cabras. “Yo te invito”, me dice William cuando nos toca pagar en el súper cercano.

Y me doy cuenta del mensaje que me había dejado Roberto: nunca en anteriores visitas había reparado en las esculturas de madera puesta con desgano en los rincones del apartamiento, pleno de libros, de la rue André Antoine. Pregunto a William y me responde: “Son mías, es mi hobby, cuando me siento agotado de cantar, para no desesperarme en la soledad europea”. Me doy cuenta que tiene muchos instrumentos de talla en madera. “Antes estaban abajo, en el sótano, para no disminuirle el espacio que necesitaba mi hermano”, responde a mi pregunta. En verdad el espacio de Saint Pierre es mucho mas pequeño.

Luego consulto con dos amigos latinoamericanos profesores de arte, si habían visto las esculturas de William. Y me dicen cada uno por aparte que muchas veces iban a visitar al poeta Armijo para departir  pero también para admirar las esculturas de su hermano William. Sorpresa. ¿Cómo era posible que nunca lo habíamos comentado con Roberto ni yo hubiese advertido su existencia? “Siempre estuvieron ahí donde las ves ahora”, me dice William, de quien apenas sabía los tiempos difíciles que había pasado para mantenerse vivo veinte años en París tocando la guitarra en plazas y cafés, o bien como actor, y estudiando teatro en la Sorbonne, hasta sacar una maestría. Bueno, en estos momentos sentí que Roberto hacía señales. William sería continuador de su estirpe artística salvadoreña en París.

 3- Ganar un nuevo escultor.

 Comento con José William: “Me han dicho unos amigos que ya es hora que abandones el canto y te dediques a la escultura”. Me dice que se siente un seguidor de la gran tradición del canto popular francés: y me menciona a Brell, a la Piafh, a Aznavour y otros. “Aquí la canción es algo más que el medio para ganarse la vida, es una herencia histórica”. Le repito lo que me han dicho los amigos especialistas: William es un gran creativo como escultor, a nivel de París, aunque el no se haya dado cuenta del todo. El hermano menor Armijo me ratifica que esculpe sus emociones y sus silencios en madera y que cada escultura es buena para el mismo. “A veces me las han querido comprar pero no puedo vender lo que hice para mí, además como podes ver, no son más de dos docenas, pues el canto, que me ha dado la vida en Paris, no me deja tiempo para la escultura, no puedo abandonarlo, además nunca me sentí escultor”. Ahora, William dejó de cantar en la calle o de promoverse como chansonier en los cafés, las ofertas le llegan por teléfono. “Puedo darme el lujo de rechazar y de agotarme menos”. Además desde hace años, el canto le ha dado lo suficiente para pagar los mil dólares mensuales que consume su apartamiento modesto en el París de Montmartre.

Me reafirma que sus esculturas en cierta manera las tenía ocultas y sólo había reparado en ellas su hermano y unos pocos amigos que lo visitaban. Me muestra una que tiene oculta porque se la obsequió a Roberto: una mujer desnuda estirada al cielo como una lanza, con una cabeza entre sus manos alzadas.

Quizás la poesía de Roberto Armijo nos envolvía tanto que no podíamos ver el trabajo de William. Debí descubrirlas en las tantas veces de mis visitas,  me reprocho a mí mismo. Sin embargo, siento que es el poeta quién me transmitió esta vez, desde su muerte cercana, la calidad artística de José William Armijo; es en cierta forma la modestia de este y su amor por el hermano mayor lo que hizo callar muchas veces, en un inopinado gesto de amor y admiración. “Era como mi padre y pensé que yo también moría”, me dice.

Yo lo sé.

En una de las reuniones con los amigos, William promete que le dedicará más tiempo a la escultura, que verá como alquila un pequeño taller, aunque en París es difícil y caro. Y según lo conversamos con unos de sus admiradores, una vez que tenga las piezas necesarias, deberán apoyarlo para que monte su primera exposición en París; pero la idea es no pasar del 1998. Este es el hallazgo que debo al mensaje fantasmal del poeta Armijo, ahí en lo que fue su primera casa, en Pigalle, en la rue André Antoine. Lo demás, para satisfacción del arte salvadoreño, es tarea de José William Armijo.

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Editan novela más reciente de Manlio Argueta

Editan novela más reciente de Manlio Argueta. Co Latino. Suplemento Cultural 3000.  (San Salvador, El Salvador), 17 de enero de 1998

La Dirección de Publicaciones e Impresos de CONCULTURA, edita la más reciente producción novelística del escritor salvadoreño Manlio Argueta “Siglo de O(g)ro”. Con esta obra, que es la más voluminosa, Argueta llega a la sexta novela de su prolífica carrera, a lo largo de la cual a obtenido importantes premios nacionales e internacionales.

“Siglo de O(g)ro’, de acuerdo con los editores, contiene las evocaciones de un niño asistido por una memoria privilegiada. El personaje es Alfonso Trece, un reyezuelo de la pobreza, rodeado de un corte de mujeres que lo miman. Los recuerdos del niño se  ven permanentemente salpicados con las narraciones de las  más hermosas narraciones rurales salvadoreñas.

Esta novela será presentada por la casa editorial nacional en el marco del Tercer Festival por la Paz el próximo 22 de enero. Al acto asistirán autoridades del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, CONCULTURA, funcionarios de la Universidad de El Salvador, en donde Argueta se desempeña como Director de Relaciones Internacionales, así como la comunidad de escritores e intelectuales que tiene expectativa sobre la aparición de otra novela de sus más prestigiados escritores.

Su primera novela “El valle de las hamacas” se publicó en la Editorial Sudamericana en 1970. Siete años más tarde su segunda novela “Caperucita en la zona roja” mereció el premio Casa de las Américas de Cuba, su novela más leída y traducida a varios idiomas es “Un día en la vida”, título tomado de una conocida canción de Los Beatles, donde Argueta narra la veinticuatro horas en la  vida de una mujer campesina en  una de las zonas conflictivas durante el período de la guerra en El Salvador.

Argueta, nacido en San Miguel en 1935, es junto a Roque  Dalton, el autor más representativo de la polémica “Generación comprometida” que comenzó a publicar sus obras literarias alrededor de los años 50. Argueta vivió en el exilio por más de una década, en Costa Rica, donde se desempeñó como catedrático universitario Centroamericana (EDUCA), Argueta retornó al país recién firmados los Acuerdos de Paz.

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Pájaros de la memoria. Literatura

Núñez Olivas, Oscar. Pájaros de la memoria. Literatura. La Nación. Ancora, (San José, Costa Rica), 30 de julio de 2000

La novela más reciente de Fernando Contreras Castro, El tibio recinto de la oscuridad, demuestra el peso literario de un escritor fiel a sí mismo y capaz de innovarse en cada obra. Esta es su tercera novela después de Única mirando al mar y Los Peor.

Cosa del destino o del azar, nunca lo sabré. Lo cierto es que el mismo día que había dispuesto para escribir esta reseña, recibimos la noticia infausta: diecisiete personas murieron calcinadas en Tilarán, en uno de esos vertederos de huérfanos grandes que se denominan con circunloquios tales como “hogar” o “asilo de ancianos”.

Los partes de defunción culparán al fuego, pero todos sabremos en nuestra íntima conciencia que los mató el olvido, que fueron víctimas de una serie de abandonos superpuestos y que hay cientos -sino miles- de hombres y mujeres en circunstancias similares, arrojados al “asilo” en pago a una larga vida de trabajo y de renuncias personales.

De no haber ocurrido la desgracia, no nos hubiéramos enterado nunca de que esa noche dormían solos cuarenta y un ancianos, en su mayoría inválidos o con sus capacidades físicas severamente disminuidas, al “cuido” de un guarda solitario y casi tan añoso como ellos. Y no tendríamos ahora la sospecha de que muchos otros están en riesgo de acabar su vida de un modo injusto y despiadado.

De esa gran paradoja de la sociedad moderna, la exclusión de los ancianos, nos quiso hablar Fernando Contreras en su novela de reciente aparición,El tibio recinto de la oscuridad, y la vida se encargó de ilustrar con brutal realismo este conmovedor lamento literario.

Autor, como recordaremos, de Única mirando al mar, Los Peor y Urbanoscopio, Contreras es el escritor costarricense de la marginalidad urbana, ingenio capaz de verter en prosa poética a los habitantes del basurero municipal o a las residentes del prostíbulo barato. Poesía, vale aclarar, no de mitificación sino de denuncia y compromiso con la realidad social.

El tibio recinto de la oscuridad no se aparta de esa línea narrativa aunque, como veremos más adelante, constituye una auténtica novedad desde el punto de vista de la forma.

¿Por qué esta vez los ancianos?, le preguntamos al autor en el curso de una esclarecedora conversación, y él nos habla de su angustia por esa gente que llaman de la tercera edad, a la que cada vez más tendemos a descartar, con el mismo criterio con que desechamos las maquinillas de afeitarnos cuando se les gasta el filo.

“Lo que conocemos como asilo de ancianos -nos dice Contreras- es la forma que finalmente adquiere esa condición de exclusión que acompaña la senectud. Creo que ahí no siempre se le da al anciano un asilo afectivo o existencial, sino que muchas veces es un depósito de seres humanos en desecho.”

“Creo que existe un desmedido temor al envejecimiento”, agrega, “quizá por ese culto a la juventud y al cuerpo que nos vende la publicidad. Se aísla a los ancianos como temiendo un contagio.”

La historia

Una mujer sin nombre, escritora por imperativo vital, cumple sus ochenta años y decide recluirse en el “senectario” (término que acuña Contreras por analogía con leprosario o lugares peores), en un acto soberano y consecuente con la que ha sido una vida de ininterrumpidos exilios. Estando ahí, decide escribir sus memorias.

Toda la acción de la novela transcurre en la cabeza de esta mujer que relee sus escritos, repasa los episodios de su vida y, observando el entorno, hace inventario de la senectud y sus miserias.

Al adentrarse en el texto, uno tiene la certeza de estar penetrando en la biografía secreta de alguna de esas tantas mártires de la literatura costarricense. Se barajan y se desechan nombres: Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Virginia Grutter.

Pero “es un personaje metafórico; no alude a ninguna mujer en especial, sino a todas -nos explica Contreras-, porque lo importante de un personaje no es que se parezca a una persona, sino que sean las personas las que se parezcan al personaje”.

“Podríamos pensar, ciertamente, en muchas escritoras costarricenses, pero también en mujeres como Chavela Vargas”, agrega.

Al elegir una mujer, una escritora y una anciana para construir su personaje, el autor modeló, ciertamente, un prototipo de marginación. Se reúnen en ella las formas de exclusión propias de la edad, de las que venimos hablando, pero también las que corresponden a la condición femenina, que en el caso de nuestras artistas de principios y mediados del siglo XX se convirtieron en acoso social, en verdadero estado de sitio.

La “ruptura”

Contreras nos presenta una obra imprevista desde el punto de la forma. Casi podría hablarse de ruptura con todo su texto anterior. No se trata, para empezar, de un relato en línea continua, sino de una rayuela temporal, con saltos hacia atrás y hacia adelante. Es una narración desde la memoria de alguien y “la memoria -nos explica el personaje- es una rama que alberga más nidos de los que aguanta. En cualquier momento se desgarra, y vuelan todos los pájaros”.

Los recuerdos son páginas sueltas, sin reverso, líneas sin extensión determinada y así se nos presenta el libro, de modo que Contreras nos produce la extraña sensación de estar frente a un género literario recientemente inventado. Prosa en verso, poesía novelada…, póngale nombre.

Para él, sin embargo, esa ruptura formal no es especialmente significativa, ni marca un periodo nuevo en su proceso creador. “Solo quise distanciarme de una forma lineal de escribir que no me servía para contar lo que tenía que contar en esta ocasión”, nos asegura.

“La estructura de este relato obedece más a esa forma antojadiza, aleatoria, de la memoria, que tiene tanto de azar, de mecanismo inconsciente.”

Del estilo, lo que sí permanece invariable es el oficio poético que se advierte en sus obras anteriores. Veamos, por ejemplo, la metáfora de la memoria como una rama llena de nidos, citada arriba, o este otro texto:

“Me pregunto cuál será la reina de las letras,/ esa a la que todas cuidan, henchida de huevos fecundos/. Si cada nueva reina abandona el hormiguero/ para iniciar su propio libro”.

O esta otra, en la que se refiere al proceso de adaptación de los ancianos al asilo: “Mientras dura la esperanza, mientras se tragan el cuento/ de que están en un hospital porque se cayeron o porque/ enfermaron de algo, un brillo en sus ojos los diferencia/ de la mirada opaca de los fantasmas. Por ahí sucede/ un día que la precaria esperanza se despluma en pleno vuelo,/ como alcanzada por una pedrada”.

Epígrafe

Hace algún tiempo comentaba una amiga que leyendo Única mirando al mar, llegó a comprender no solo intelectualmente, sino con todos los sentidos, el absurdo del consumismo. Una sensación análoga experimentaron muchos lectores de esa primera y exitosa obra de Contreras.

Y, aunque sabemos que el buen escritor no enseña ni moraliza, sino que narra; aunque sabemos que El tibio recinto de la oscuridad trasciende en mucho el tema de los ancianos, sería deseable que esta novela -así como el sacrificio de esos 17 viejitos que no salen de nuestra conciencia culpable- nos haga comprender el absurdo de aplicar a las personas los parámetros del mercado. Así sea.

http://wvw.nacion.com/ancora/2000/julio/30/ancora3.html

 

 

Pájaros de la memoria. Literatura

Núñez Olivas, Oscar. Pájaros de la memoria. Literatura. La Nación. Ancora, (San José, Costa Rica), 30 de julio de 2000

La novela más reciente de Fernando Contreras Castro, El tibio recinto de la oscuridad, demuestra el peso literario de un escritor fiel a sí mismo y capaz de innovarse en cada obra. Esta es su tercera novela después de Única mirando al mar y Los Peor.

Cosa del destino o del azar, nunca lo sabré. Lo cierto es que el mismo día que había dispuesto para escribir esta reseña, recibimos la noticia infausta: diecisiete personas murieron calcinadas en Tilarán, en uno de esos vertederos de huérfanos grandes que se denominan con circunloquios tales como “hogar” o “asilo de ancianos”.

Los partes de defunción culparán al fuego, pero todos sabremos en nuestra íntima conciencia que los mató el olvido, que fueron víctimas de una serie de abandonos superpuestos y que hay cientos -sino miles- de hombres y mujeres en circunstancias similares, arrojados al “asilo” en pago a una larga vida de trabajo y de renuncias personales.

De no haber ocurrido la desgracia, no nos hubiéramos enterado nunca de que esa noche dormían solos cuarenta y un ancianos, en su mayoría inválidos o con sus capacidades físicas severamente disminuidas, al “cuido” de un guarda solitario y casi tan añoso como ellos. Y no tendríamos ahora la sospecha de que muchos otros están en riesgo de acabar su vida de un modo injusto y despiadado.

De esa gran paradoja de la sociedad moderna, la exclusión de los ancianos, nos quiso hablar Fernando Contreras en su novela de reciente aparición,El tibio recinto de la oscuridad, y la vida se encargó de ilustrar con brutal realismo este conmovedor lamento literario.

Autor, como recordaremos, de Única mirando al mar, Los Peor y Urbanoscopio, Contreras es el escritor costarricense de la marginalidad urbana, ingenio capaz de verter en prosa poética a los habitantes del basurero municipal o a las residentes del prostíbulo barato. Poesía, vale aclarar, no de mitificación sino de denuncia y compromiso con la realidad social.

El tibio recinto de la oscuridad no se aparta de esa línea narrativa aunque, como veremos más adelante, constituye una auténtica novedad desde el punto de vista de la forma.

¿Por qué esta vez los ancianos?, le preguntamos al autor en el curso de una esclarecedora conversación, y él nos habla de su angustia por esa gente que llaman de la tercera edad, a la que cada vez más tendemos a descartar, con el mismo criterio con que desechamos las maquinillas de afeitarnos cuando se les gasta el filo.

“Lo que conocemos como asilo de ancianos -nos dice Contreras- es la forma que finalmente adquiere esa condición de exclusión que acompaña la senectud. Creo que ahí no siempre se le da al anciano un asilo afectivo o existencial, sino que muchas veces es un depósito de seres humanos en desecho.”

“Creo que existe un desmedido temor al envejecimiento”, agrega, “quizá por ese culto a la juventud y al cuerpo que nos vende la publicidad. Se aísla a los ancianos como temiendo un contagio.”

La historia

Una mujer sin nombre, escritora por imperativo vital, cumple sus ochenta años y decide recluirse en el “senectario” (término que acuña Contreras por analogía con leprosario o lugares peores), en un acto soberano y consecuente con la que ha sido una vida de ininterrumpidos exilios. Estando ahí, decide escribir sus memorias.

Toda la acción de la novela transcurre en la cabeza de esta mujer que relee sus escritos, repasa los episodios de su vida y, observando el entorno, hace inventario de la senectud y sus miserias.

Al adentrarse en el texto, uno tiene la certeza de estar penetrando en la biografía secreta de alguna de esas tantas mártires de la literatura costarricense. Se barajan y se desechan nombres: Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Virginia Grutter.

Pero “es un personaje metafórico; no alude a ninguna mujer en especial, sino a todas -nos explica Contreras-, porque lo importante de un personaje no es que se parezca a una persona, sino que sean las personas las que se parezcan al personaje”.

“Podríamos pensar, ciertamente, en muchas escritoras costarricenses, pero también en mujeres como Chavela Vargas”, agrega.

Al elegir una mujer, una escritora y una anciana para construir su personaje, el autor modeló, ciertamente, un prototipo de marginación. Se reúnen en ella las formas de exclusión propias de la edad, de las que venimos hablando, pero también las que corresponden a la condición femenina, que en el caso de nuestras artistas de principios y mediados del siglo XX se convirtieron en acoso social, en verdadero estado de sitio.

La “ruptura”

Contreras nos presenta una obra imprevista desde el punto de la forma. Casi podría hablarse de ruptura con todo su texto anterior. No se trata, para empezar, de un relato en línea continua, sino de una rayuela temporal, con saltos hacia atrás y hacia adelante. Es una narración desde la memoria de alguien y “la memoria -nos explica el personaje- es una rama que alberga más nidos de los que aguanta. En cualquier momento se desgarra, y vuelan todos los pájaros”.

Los recuerdos son páginas sueltas, sin reverso, líneas sin extensión determinada y así se nos presenta el libro, de modo que Contreras nos produce la extraña sensación de estar frente a un género literario recientemente inventado. Prosa en verso, poesía novelada…, póngale nombre.

Para él, sin embargo, esa ruptura formal no es especialmente significativa, ni marca un periodo nuevo en su proceso creador. “Solo quise distanciarme de una forma lineal de escribir que no me servía para contar lo que tenía que contar en esta ocasión”, nos asegura.

“La estructura de este relato obedece más a esa forma antojadiza, aleatoria, de la memoria, que tiene tanto de azar, de mecanismo inconsciente.”

Del estilo, lo que sí permanece invariable es el oficio poético que se advierte en sus obras anteriores. Veamos, por ejemplo, la metáfora de la memoria como una rama llena de nidos, citada arriba, o este otro texto:

“Me pregunto cuál será la reina de las letras,/ esa a la que todas cuidan, henchida de huevos fecundos/. Si cada nueva reina abandona el hormiguero/ para iniciar su propio libro”.

O esta otra, en la que se refiere al proceso de adaptación de los ancianos al asilo: “Mientras dura la esperanza, mientras se tragan el cuento/ de que están en un hospital porque se cayeron o porque/ enfermaron de algo, un brillo en sus ojos los diferencia/ de la mirada opaca de los fantasmas. Por ahí sucede/ un día que la precaria esperanza se despluma en pleno vuelo,/ como alcanzada por una pedrada”.

Epígrafe

Hace algún tiempo comentaba una amiga que leyendo Única mirando al mar, llegó a comprender no solo intelectualmente, sino con todos los sentidos, el absurdo del consumismo. Una sensación análoga experimentaron muchos lectores de esa primera y exitosa obra de Contreras.

Y, aunque sabemos que el buen escritor no enseña ni moraliza, sino que narra; aunque sabemos que El tibio recinto de la oscuridad trasciende en mucho el tema de los ancianos, sería deseable que esta novela -así como el sacrificio de esos 17 viejitos que no salen de nuestra conciencia culpable- nos haga comprender el absurdo de aplicar a las personas los parámetros del mercado. Así sea.

http://wvw.nacion.com/ancora/2000/julio/30/ancora3.html