Legado espiritual de Roberto Armijo en el arte de William Armijo

Argueta, Manlio. Legado espiritual de Roberto Armijo en el arte de William Armijo. Co Latino. Suplemento Cultural 3000.  (San Salvador, El Salvador), 3 de enero de 1998

 1- Las hermandades poéticas.

 En mi reciente visita a Europa, invitado por el Ministerio de Cultura de Francia, del 15 al 30 de noviembre, 1997, me pareció que estar en Montmartre sin el poeta Roberto Armijo era como si el barrio no existiera. Tantas veces habíamos recorrido la colina, descubriendo en las casas placas de pintores como Martissse, Toulouse Latrec, Picasso, Van Gogh. En la parte baja del barrio, el apartamento que originalmente había sido de Roberto y que subarrendó su hermano José William Armijo, a doscientos metros del Moulin Rouge y del gigante Sexodrome con sus centellantes luces rojas y a pocos pasos de nidos de trasvestis.

Las anteriores seis u ocho visitas a París fueron producto de mis desprendimientos que hice desde Holanda o Alemania, nada más para ver al hermano poeta. “Vamos a tomar el mejor vino de los vinos baratos, adecuado a nuestra economía de poetas y a nuestro buen gusto”, me decía para referirse al Cote du Rhone; mejor si acompañado de frijolitos fritos, que el preparaba, y queso de cabras, su preferido. Nos reuníamos en la rue André  Antoine, la casa de José William (pero donde Roberto había dejado su estudio y biblioteca); otras veces en el nuevo apartamiento donde vivía con Ana María, en Place Saint Pierre, al pie del funicular que sube hasta el Sagrado Corazón (Sacre Couer, iglesia erigida por los conservadores en la cima de la colina para conmemorar la derrota de la Comuna).

Aquellas mis visitas nunca sobrepasaron los tres días, pero era lo suficiente para hablar de poemas y de literatura, y consolidar la fraternidad que tuvo su origen en 1956, cuando con Roque Dalton, llegó a la casa de Tarquino Argueta, para conocer al entonces desconocido poeta migueleño que a los diecinueve años había ganado un primer premio de poesía.

 2- Las mensajes poéticos son siempre fantasmales.

Al quinto día de mi recién estancia en París, llamé a José William, para entregarle ejemplares del poemario de su hermano: El pastor de las equivocaciones que enviaba Ricardo Aguilar, de la Fundación Salarrué. Necesitaba rememorar al poeta en el lugar de los hechos. “No siento deseos de visitar París sin la presencia de Armijo”, había coincidido conmigo David Hernández desde Alemania. Yo por mi parte, al escuchar a William mi aventure a encontrar la presencia fantasma del poeta. Para seguir el rito, teníamos que rememorarlo con el Cote du Rhone y el queso de cabras. “Yo te invito”, me dice William cuando nos toca pagar en el súper cercano.

Y me doy cuenta del mensaje que me había dejado Roberto: nunca en anteriores visitas había reparado en las esculturas de madera puesta con desgano en los rincones del apartamiento, pleno de libros, de la rue André Antoine. Pregunto a William y me responde: “Son mías, es mi hobby, cuando me siento agotado de cantar, para no desesperarme en la soledad europea”. Me doy cuenta que tiene muchos instrumentos de talla en madera. “Antes estaban abajo, en el sótano, para no disminuirle el espacio que necesitaba mi hermano”, responde a mi pregunta. En verdad el espacio de Saint Pierre es mucho mas pequeño.

Luego consulto con dos amigos latinoamericanos profesores de arte, si habían visto las esculturas de William. Y me dicen cada uno por aparte que muchas veces iban a visitar al poeta Armijo para departir  pero también para admirar las esculturas de su hermano William. Sorpresa. ¿Cómo era posible que nunca lo habíamos comentado con Roberto ni yo hubiese advertido su existencia? “Siempre estuvieron ahí donde las ves ahora”, me dice William, de quien apenas sabía los tiempos difíciles que había pasado para mantenerse vivo veinte años en París tocando la guitarra en plazas y cafés, o bien como actor, y estudiando teatro en la Sorbonne, hasta sacar una maestría. Bueno, en estos momentos sentí que Roberto hacía señales. William sería continuador de su estirpe artística salvadoreña en París.

 3- Ganar un nuevo escultor.

 Comento con José William: “Me han dicho unos amigos que ya es hora que abandones el canto y te dediques a la escultura”. Me dice que se siente un seguidor de la gran tradición del canto popular francés: y me menciona a Brell, a la Piafh, a Aznavour y otros. “Aquí la canción es algo más que el medio para ganarse la vida, es una herencia histórica”. Le repito lo que me han dicho los amigos especialistas: William es un gran creativo como escultor, a nivel de París, aunque el no se haya dado cuenta del todo. El hermano menor Armijo me ratifica que esculpe sus emociones y sus silencios en madera y que cada escultura es buena para el mismo. “A veces me las han querido comprar pero no puedo vender lo que hice para mí, además como podes ver, no son más de dos docenas, pues el canto, que me ha dado la vida en Paris, no me deja tiempo para la escultura, no puedo abandonarlo, además nunca me sentí escultor”. Ahora, William dejó de cantar en la calle o de promoverse como chansonier en los cafés, las ofertas le llegan por teléfono. “Puedo darme el lujo de rechazar y de agotarme menos”. Además desde hace años, el canto le ha dado lo suficiente para pagar los mil dólares mensuales que consume su apartamiento modesto en el París de Montmartre.

Me reafirma que sus esculturas en cierta manera las tenía ocultas y sólo había reparado en ellas su hermano y unos pocos amigos que lo visitaban. Me muestra una que tiene oculta porque se la obsequió a Roberto: una mujer desnuda estirada al cielo como una lanza, con una cabeza entre sus manos alzadas.

Quizás la poesía de Roberto Armijo nos envolvía tanto que no podíamos ver el trabajo de William. Debí descubrirlas en las tantas veces de mis visitas,  me reprocho a mí mismo. Sin embargo, siento que es el poeta quién me transmitió esta vez, desde su muerte cercana, la calidad artística de José William Armijo; es en cierta forma la modestia de este y su amor por el hermano mayor lo que hizo callar muchas veces, en un inopinado gesto de amor y admiración. “Era como mi padre y pensé que yo también moría”, me dice.

Yo lo sé.

En una de las reuniones con los amigos, William promete que le dedicará más tiempo a la escultura, que verá como alquila un pequeño taller, aunque en París es difícil y caro. Y según lo conversamos con unos de sus admiradores, una vez que tenga las piezas necesarias, deberán apoyarlo para que monte su primera exposición en París; pero la idea es no pasar del 1998. Este es el hallazgo que debo al mensaje fantasmal del poeta Armijo, ahí en lo que fue su primera casa, en Pigalle, en la rue André Antoine. Lo demás, para satisfacción del arte salvadoreño, es tarea de José William Armijo.

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Editan novela más reciente de Manlio Argueta

Editan novela más reciente de Manlio Argueta. Co Latino. Suplemento Cultural 3000.  (San Salvador, El Salvador), 17 de enero de 1998

La Dirección de Publicaciones e Impresos de CONCULTURA, edita la más reciente producción novelística del escritor salvadoreño Manlio Argueta “Siglo de O(g)ro”. Con esta obra, que es la más voluminosa, Argueta llega a la sexta novela de su prolífica carrera, a lo largo de la cual a obtenido importantes premios nacionales e internacionales.

“Siglo de O(g)ro’, de acuerdo con los editores, contiene las evocaciones de un niño asistido por una memoria privilegiada. El personaje es Alfonso Trece, un reyezuelo de la pobreza, rodeado de un corte de mujeres que lo miman. Los recuerdos del niño se  ven permanentemente salpicados con las narraciones de las  más hermosas narraciones rurales salvadoreñas.

Esta novela será presentada por la casa editorial nacional en el marco del Tercer Festival por la Paz el próximo 22 de enero. Al acto asistirán autoridades del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, CONCULTURA, funcionarios de la Universidad de El Salvador, en donde Argueta se desempeña como Director de Relaciones Internacionales, así como la comunidad de escritores e intelectuales que tiene expectativa sobre la aparición de otra novela de sus más prestigiados escritores.

Su primera novela “El valle de las hamacas” se publicó en la Editorial Sudamericana en 1970. Siete años más tarde su segunda novela “Caperucita en la zona roja” mereció el premio Casa de las Américas de Cuba, su novela más leída y traducida a varios idiomas es “Un día en la vida”, título tomado de una conocida canción de Los Beatles, donde Argueta narra la veinticuatro horas en la  vida de una mujer campesina en  una de las zonas conflictivas durante el período de la guerra en El Salvador.

Argueta, nacido en San Miguel en 1935, es junto a Roque  Dalton, el autor más representativo de la polémica “Generación comprometida” que comenzó a publicar sus obras literarias alrededor de los años 50. Argueta vivió en el exilio por más de una década, en Costa Rica, donde se desempeñó como catedrático universitario Centroamericana (EDUCA), Argueta retornó al país recién firmados los Acuerdos de Paz.

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Manlio Argueta. “Los poetas darán de que hablar”

Chávez, Luis. Manlio Argueta. “Los poetas darán de que hablar”. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 17 de febrero de 2001, p.7

 Entrevista de Luis Chávez.

¿Cuándo y donde nace Manlio Argueta?

Nací en San Miguel, en 1935, el 24 de noviembre. Ahí estuve toda mi infancia y adolescencia, y me vine a San Salvador a estudiar a la Universidad de El Salvador.

¿Y cómo escritor, que nace primero: el poeta o el novelista?

Comencé a escribir poesía en la escuela primaria, pero en mi edad adulta, como a los 29 años, yo necesitaba decir cosas que ya no las podía decir con la poesía, fue así como decidí meterme a la novela, sin haber tenido ninguna vocación por ésta, ni un ánimo por hacerlo.

Tenemos conocimiento que tu primer novela fue El Valle de las hamacas, la cual ganó un premio centroamericano ¿cuántas novelas has escrito a la fecha?

Bueno después de esa tengo seis novelas más, tomando en cuenta una inédita que se llama Los Poetas, que es la séptima.

Tu última novela, Siglo del O(g)ro habla mucho de tu niñez. ¿Estarías retroalimentando tu niñez, Manlio?

¡Claro!, y es lo que ha llamado la atención en San Miguel, porque realmente las dos últimas novelas que he escrito al volver a El Salvador, después de estar fuera son sobre San Miguel. Una de ellas es Milagro de la paz, que se refiere al barrio donde crecí y la otra es Siglo de O(g)ro, que es mi infancia, siempre en San Miguel.

Estar colocado entre los primeros cinco a nivel mundial con tu novelística ¿qué criterio te aviene?

En realidad del habla española estoy colocado entre los primeros cinco de 100 que escogieron. Claro que para mí es un gran estímulo. Es casi sorpresivo, ya que mi novelística no es tan conocida como la de otros novelistas que quedaron en puestos inferiores; sin embargo, algo encontraron en mi novela. Más que todo, -dicen los jurados- que es por el aporte social y la contribución en el siglo, según los contenidos de la novela, o sea, no es éxito por mayor venta o mayor publicidad que recibe una novela, sino que estudiaron influencias que ha tenido, y como mi novela “Un Día en la Vida” precisamente, que es la que galardonaron, ha tenido mucha distribución y mucha circulación a nivel mundial, de manera que es posible que eso motivó a los jurados, que no eran siquiera centroamericanos los que dieron esa denominación y es en habla española. Las 100 mejores novelas del siglo de habla hispana…Bueno, la primeras cinco: de (Gabriel) García Márquez, escogieron dos, de Carlos Fuentes, una, de Mario Vargas Llosa, otra y yo. Somos cuatro, pero como García Márquez participó con dos novelas, porque no es a los escritores, sino las novelas más importantes, entonces GABO tiene dos novelas en los primeros cinco lugares.

En los corrillos literarios se decía que te habían tomado el pelo. Muchas veces la envidia nos corroe; salieron algunos comentarios hirientes en los medios periodísticos del país. Sin embargo, mantuviste tu humildad, tu manera de ser, te conozco de años y sé la trayectoria que tienes Manlio. ¿Cuál fue tu reacción?

Al principio sentí un poco de sentimientos que me afectaban, pero, después me di cuenta que era normal. Fíjate, el hecho de aparecer al lado de Carlos Fuentes, de Vargas Llosa (Mario), para muchos intelectuales nuestros eso es inconcebible, pero, realmente, como yo se los decía, no soy yo quien lo decidí. Son jurados que trabajan en los Estados Unidos como críticos, como científicos sociales y como editores, de tal manera de que yo sabía la realidad de la nominación, pero no dejaba de sentirme afectado que mis compañeros, en vez de alegrarse y celebrar conmigo, se molestaban. Pero como sé la circulación que ha tenido la novela, lo acepté con sorpresa.

En tu poesía también nace el niño que llevas dentro. Ahí hay un verso que dice “saludas al mundo como un niño malo”, ¿estaría cargada tu poesía de lirismo, pero de un lirismo social?

Si, ese verso está en un poema que se llama Réquiem para un poeta, que yo se lo dedico a Orlando Fresedo, uno de mis poetas favoritos cuando yo me estaba formando como poeta, inclusive para ganar los premios. Quiero decirte que yo surgí de la nada. Yo gané dos primeros premios uno en noviembre y el otro en diciembre, sin que nadie supiera quien era yo, del anonimato de San Miguel, porque ese año me venía para San Salvador, y recuerdo que de los poetas que más me influenciaron fue precisamente Orlando Fresedo. También se Siglo de O(g)ro, ahí hablo de que “la infancia es la patria del poema”.

Tu trabajo no está comenzando, pues ya hay una experiencia acumulada, tenés una novela inédita… ¿qué otros proyectos tienes Manlio?

Tengo dos libros de poemas inéditos, uno que lo he venido trabajando inclusive me han publicado alguna parte en inglés, en una editorial bastante conocida en Nueva York, que se llaman Norton Press, una de las cinco o seis editoriales más grandes de Nueva York, pero yo lo quiero publicar en español.

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Desde Alemania. La realidad novelada

Hernández, David. Desde Alemania. La realidad novelada. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 21 de febrero de 1998.

 David Hernández entrevista a Manlio Argueta. Primera Parte.

Realizando una gira por Alemania, Holanda y Francia, luego de participar en el encuentro “Las bellas letras extranjeras” promovido por el gobierno francés, llegó a Hannover el escritor Manlio Argueta, invitado por la iniciativa cultural alemana “De pueblo a Pueblo”, para realizar una lectura de sus novelas e intercambiar opiniones con docentes de la Universidad de esta ciudad. Argueta, que es Secretario de Relaciones Nacionales e Internacionales de la Universidad de El Salvador, aprovechó su estancia europea para realizar gestiones ante universidades alemanas y holandesas.

Autor de seis novelas claves en la literatura salvadoreña, muchas de ellas traducidas a más de diez idiomas y con varias ediciones internacionales en Argentina, Uruguay, España, Cuba, Nicaragua y Costa Rica. A sus sesenta años, Manlio Argueta sigue incombustible. Su última novela Siglo de O(g)ro, recién salida de la imprenta y que se perfila como el inicio de una saga autobiográfica, da testimonio de su intensa capacidad creadora y de trabajo.

Aprovechando su estadía en Hannover, a nivel más bien informal, salió la presente entrevista que es el resumen de una charla larga e intensa sobre la política, la cultura, la economía, la situación actual de nuestro país y sobre todo, un conversatorio sobre la literatura y los poetas salvadoreños. Manlio, el escritor más internacional y viajero de nuestro país fue durante el conflicto bélico de la década pasada el comunicador que teníamos los intelectuales salvadoreños regados por el mundo. A través de él, quienes residíamos en Europa, nos enterábamos de la vida y el quehacer de los salvadoreños en Vancouver, en Washington, en San Francisco, en los Angeles, en Toronto, en Montreal, en Nicaragua, en el interior de país o en Australia. Era algo así como el personaje viajero de Macondo, Francisco el Hombre, un narrador que va por el mundo contando a sus oyentes los acontecimientos de viejos conocidos residentes en otros confines del planeta con pelos y señales, y recogiendo noticias y sucesos recientes para incorporarlos a su repertorio de historias. Dentro de ese contexto se ubica esta entrevista.

David Hernández: Dime en primer lugar ¿a que se debe tu actual estadía en Europa?

Manlio Argueta: Vine a París invitado por el Instituto del Libro, del Ministerio de Cultura de Francia, programa “Las bellas letras extranjeras”. Asistí con otros escritores centroamericanos como Mario Monteforte Toledo, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Claribel Alegría, Anacristina Rossi, Roberto Castillo, Sergio Ramírez, Ana Istarú y otros. Fue este un acto político-cultural, expresión que los salvadoreños conocemos muy bien. A centroamericanos y franceses, por larga tradición es fácil combinar las dos caras de esa misma moneda.

David Hernández; ¿Qué nuevos nombres o rostros se destacan en la letras salvadoreñas de hoy?

Manlio Argueta: Refirámonos a los que andan por los 30 años: Otoniel Guevara, Jacinta Escudos y Horacio Castellanos. Pero en general hay un  surgimiento de la narrativa en el país, un “boom” de la narrativa, muchos están escribiendo novela. Creo que es muy importante porque a través de la novela se puede expresar con amplitud realidades de un país que tiene indefinida su conformación cultural, lo cual se refleja en desigualdad y retrasos sociales. La literatura puede solventar en parte muchos vacíos, en el área de los valores, por ejemplo. En especial la narrativa. Así, cuando los escritores salvadoreños escriben novela deben hacerlo como una búsqueda, de forma y contenido; además, decir lo que otros callan. Hay entusiasmo por el cuento, el testimonio, la novela que fortalecerá las letras nacionales.

David Hernández: ¿Hay una participación activa de la sociedad civil salvadoreña en el proceso político actual?

Manlio Argueta: El proceso que estamos viviendo es producto de una concertación táctica, aunque hay Acuerdos de Paz que obligan, pero solo entre los beligerantes. Ello hace que estos tengan la sartén por el mango, con un protagonismo casi monopólico, tanto en los medios como en el ejercicio del poder público. Es decir que solo los miembros de un partido pueden aspirar a cargos de elección popular, por ejemplo. Las organizaciones civiles o un especialista, un politólogo, una personalidad, que podrían aportar debe ser avalado por un partido o no participa y lo que es peor no le es posible involucrarse en los asuntos de la Nación. Eso no es correcto, porque cierra las puertas para escuchar otras iniciativas y voces. Y como los políticos firmaron el pacto ellos tenían que servirse con el  cucharón más grande. Inclusive son los que tienen casi toda la presencia en los medios, son el obligado marketing. Las otras voces apenas existen. Aunque para ser justos, debo afirmar que comienza a haber confianza en las organizaciones civiles que están aportando públicamente sobre derechos humanos, problemas de género, medio ambiente, educación alternativa, cristalinidad en manejos financieros.

Pero se abren menos las puertas a los intelectuales, como si no tuviésemos nada que aportar hacia la sociedad y quizás eso ha dado origen a un estancamiento en orden a aportar un nuevo pensamiento. Por ejemplo, el poeta Otoniel Guevara dice que solo las putas y los escritores no están organizados en El Salvador, pero ¿sabes? Las putas se organizaron en la entidad “Flor de piedra”. Los escritores deberíamos al menos tomar ese ejemplo. Claro, si el escritor trabaja con la palabra, es especialista en ideas y palabras, se convierte casi siempre, en subvertidor, plantea pensamiento. Por otro lado, los medios tienen la libertad –y eso debe ser así- de dar o no cabida a la palabra que problematiza o que disiente. Es una lástima porque en las emergencias de país en crisis por una cruenta postguerra, se pierde la función de los medios como educadores de ciudadanía, en los valores por ejemplo.

Los medios y el sistema educativo, valga la redundancia, están obligados a educar. Puedo decir que el marginamiento a las expresiones literarias no solo proviene de la falta de visión de los medios sino de la escasa cohesión gremial que hemos significado, el daño nos lo hacemos nosotros mismos, que no estamos poniendo lo que nos corresponde. !En un país como el nuestro donde la única forma de sobrevivir es estar organizado!

David Henández: ¿Qué sitio ocupa la violencia cotidiana en la preocupación de la población salvadoreña?

Manlio Argueta: En las estadísticas, la inseguridad y la violencia ocupa el primer lugar de preocupación, incluso por encima de la crisis económica (con un 53% de desempleo y subempleo). Esto te da una idea de lo radical que se ha vuelto la violencia. Esto afecta a los sectores populares y a todo el país en tanto obstaculiza la inversión, contiene el turismo, deteriora el rendimiento laboral. Lo peor es la perdida en vidas, la ocupación de los pobres recursos con que cuentan las clínicas en atender a las víctimas de una violencia brutal. No podemos esperar modernización si antes no solucionamos la violencia. Es quizás una de los problemas que aún calificado como “elemental” está dificultando la reconstrucción nacional. Y la sensibilidad única que se evidencia para solucionar el problema es construir cárceles, o bien con la represión; existe poca visión sobre el significado de reeducar al delincuente, o prevenir el delito.

En verdad, la violencia y la inseguridad ciudadana es producto de la inseguridad social. No cabe duda que debe cultivarse el humanismo en la educación para que se refleje en los sectores productivos, la protesta y presión social no son suficientes. Por todos lados predomina la falta de solidaridad, producto del distanciamiento entre dirigentes y bases sociales que no permite detectar los aspectos explosivos de la realidad. No se vislumbra a corto plazo suprimir las causas que originaron la guerra, siguen subsistiendo, y quizás se han agravado. Esto llena de preocupación y nos preguntamos hasta dónde nos va a llevar esa espiral destructiva; aunque se debe reconocer que se han abierto espacios inéditos de tipo político, que fueron inconcebibles en toda nuestra historia antes de los Acuerdos de Paz.

Pero la crisis nacional no es solo de ese carácter. No hay recursos suficientes para resolver los problemas sociales y cuando hay algunos paliativos, como es el caso de las remesas familiares que envían los salvadoreños desde los Estados Unidos, no existe atención para planificar su uso, sino que se dejan a la disposición del consumismo. De nuevo pocos se sirven con la cuchara mas grande y en este casos de los más pobres, que son los que emigran. No hay proyecciones para generar empleo o ahorro. Da la impresión que estuvieramos esperando que se hunda el barco, cada quien vela por salvar su pellejo.

David Hernández: ¿Qué me dices del problema ecológico nacional?

Manlio Argueta: En América Latina, el segundo país más deteriorado ecológicamente después de Haití es El Salvador. Hay daños ecológicos ya irreversibles. Ahora se ha nombrado un ministerio de Medio Ambiente, pero no cuenta con recursos y en ese marco hace falta que se le apoye con un plan de salvación. No se puede resolver ese deterioro ecológico con propaganda como ocurre en la actualidad, que a veces es la única manera de justificar el gasto de los fondos internacionales. La salida tiene que buscarse dentro de un plan de emergencia, que de dimensión estratégica al problema, antes que nos quedemos sin ríos y sin recursos naturales.

En esta discusión hay contradicciones entre varios sectores, el más poderoso no tiene interés en resolver este problema porque ven su interés político o económico inmediato, un poco a lo coyol quebrado coyol comido. El plan estratégico debe crear conciencia de que el deterioro ambiental está haciendo del país un desierto. No todos lo vemos así. Algunos sectores políticos socarronamente se refieren a este planeamiento como una visión apocalíptica. Ellos no ven lo crítico, sólo quieren resolver los ingresos económicos inmediatos. El hecho de que estos sectores hablen de visiones apocalípticas, implica que no le van a prestar atención al problema del medio ambiente, ni van a preservar los recursos naturales, a menos que la sociedad civil presione. Es necesario una iniciativa nacional que haga tomar conciencia sobre la catástrofe ecológica que nos va a dejar sin agua, sin tierras fértiles y hasta sin los últimos animalitos que aún existen el la campiña salvadoreña.

Fin de la primera parte.    Hannover, diciembre de 1997.

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Escritor Manlio Argueta fue declarado Hijo Meritísimo

Zelaya, Cristian. Escritor Manlio Argueta fue declarado Hijo Meritísimo. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 18 de noviembre de 2000. p 46

 San Miguel.

Muchas de las obras del escritor se inspiraron en sus vivencias en las calles en que creció. La municipalidad migueleña reconoce su labor.

Si usted transita por la 5ª. Calle Poniente, de la cabecera departamental, recuerde que desde ayer se llama Calle Manlio Argueta. Fue una determinación municipal para estimular al escritor migueleño, autor de “Un día en la Vida” y “Caperucita en la zona roja”.

En el marco de los festejos en honor a Nuestra Señora de La Paz, se efectuó un acto en el Teatro Nacional Francisco Gavidia. En su desarrollo, el Concejo Municipal entregó a Argueta el nombramiento como Hijo Meritísimo de la ciudad.

Fue la forma de reconocerle el aporte cultural del escritor.

Argueta agradeció el gesto y, aunque tiene más de 40 años de haber abandonado San Miguel, recuerda su infancia y juventud que vivió en la calle mencionada.

Su carrera como escritor inició luego de ganar una versión de los Juegos Florales, precisamente en San Miguel. Desde los tres años y medio hasta los diez y nueve vivió en la calle que desde ayer lleva su nombre.

Aplausos

Abundan los aplausos para el escritor. El alcalde Wilfredo Salgado expresó que el Comité de Arte y Cultura busca con este tipo de actividades rescatar y revivir los valores culturales.

“Manlio Argueta es alguien que ha puesto en alto la literatura salvadoreña y nosotros como migueleños estamos en la obligación de reconocerlo”, expresó.

Muchos migueleños mostraron su complacencia y confían en que las actividades culturales que se desarrollen en la ciudad estimulen a quienes aportan al desarrollo formativo de la ciudad y al rescate de la verdadera identidad local.

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Un Día en la Vida. Al Teatro

Reyes, Alfonso. Un Día en la Vida. Al Teatro. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 6 de setiembre de 2001. p 104

 La compañía “Teatro de la Calle” presenta la temporada de la obra del escritor salvadoreño Manlio Argueta durante las primeras semanas de septiembre.

Una suave luz le descubría el rostro. Su ceño estaba fruncido, preocupada tal vez. Lo cierto es que estaba sentada sobre una pequeña silla, suspendida en el tiempo por los pensamientos, tanto, que su entorno pasaba inadvertido ante sus ojos. Lupe pensaba en su matrimonio con Chepe y en los acontecimientos que acarrearon esta unión.

Mientras tanto, al extremo derecho de la habitación, tres ánimas yacen en el suelo, para luego rescatar, a través de la música y movimientos, aspectos ancestrales del país. Pero el comienzo se establece con un legendario capítulo de la narrativa costumbrista salvadoreña.

En otra parte, en las butacas del teatro Ricardo Mendoza Alberto (director del grupo “teatro de la Calle”) explicaba que “estamos presentando la obra “Un Día en la Vida” de Manlio Argueta, que está basada en la situación socio-histórica que vivían los campesinos en los años 60 y 70, que era la persecución de parte de las autoridades”.

“Un Día en la Vida” se ha gestado desde enero de este año, y se había programado el estreno para marzo. Sin embargo y como todo lo que se programó para los primeros tres meses de este año –por  culpa de los terremotos- la obra no se definió sino hasta julio, y el martes pasado fue estrenada en el Auditorio Ignacio Ellacuría, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, por la compañía “Teatro de la Calle”.

Esta obra, escrita en los años 70 y adaptada a teatro en 1990 por Manlio Argueta, se enclava en la zona norte de Chalatenango. En este contexto espacial, “Lupe” (personaje principal) desarrolla su vida en comunión a 17 personajes, cuyo hilo conductor es la persecución militar.

Danza sobre teatro.

Las ánimas que se habían situado al extremo derecho del escenario constituyen el grupo de teatro, que además proponen otra corriente artística en escena: la danza contemporánea. Este aspecto había sido contemplado por el escritor salvadoreño cuando creó la versión para teatro.

A pesar de esto, la compañía “De la Calle” transforma esta visión del escritor para adecuarla al contexto salvadoreño. “Manlio Argueta propone una danza con perfiles europeos, pero nosotros rompimos con eso, y proponemos la danza moderna, cuya coreografía es obra de Didine Angel (bailarina encargada de la sección de danza en “Teatro de la Calle”).

Sobre el entablado, Lupe guarda silencio, mientras las luces ceden ante la oscuridad. Vuelven las luces, y con ellas las ánimas con movimientos que expresan un aspecto de la obra. De esta forma, “la danza ayuda a que se entienda todo el contexto de la obra” indica Ricardo Mendoza.

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Fiesta Teatral

Martínez, Lilliam. Fiesta Teatral. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 28 de marzo de 2002.

 En el marco del Día Internacional del Teatro, un grupo de actrices y actores se prepara para llevar a Costa Rica una nueva adaptación de “Un Día en la Vida”.

 Artteatro celebró el Día Internacional del Teatro por adelantado con la presentación de “Voces en el umbral”, a inicios de este mes. Después, Moby Dick hizo lo suyo con “Beranarda”.

La Casa de la Cultura de la colonia Centroamericana, La Luna y “La Chulona” serán puntos de encuentro para celebrar este día. Mientras tanto, los actores y actrices de Teatro La Calle se tienen algo entre manos.

 “Un Día en la Vida”…tica.

Teatro La Calle presentó hace casi un año una adaptación de la novela más conocida de Manlio Argueta a nivel mundial: “Un día en la Vida”.

Alguien de la embajada tica en nuestro país, vio la obra y le gustó. Por esta “buena fortuna”, Teatro la Calle está invitado a participar en el Festival Internacional de las Artes que cada dos años se realiza Costa Rica. Las presentaciones de “Un día en la vida” estan programadas del 17 al 20 de abril en la tierra del ¡pura vida!.

Con un viaje en su agenda, cuatro actrices (Rubidia Contreras, Xucit Chaves, Susana Reyes, Isabel Rodríguez) y tres actores Francisco Borja, Oscar Guardado y Ricardo Mendoza) se preparan. El lunes Santo, Planeta los pilló en pleno ensayo general, con vestuario y todo.

La puesta en escena que preparan se basa en una nueva versión teatral de la novela de Argueta. Es decir, está “obra” es diferente a la que se presentó el año pasado. Ricardo Mendoza y Manlio Argueta son los responsables de los cambios, pues veían “problemas de estructura”.

“En esta versión se introducirá un elemento nuevo: cine (video) dentro de la obra de teatro”. Con la ayuda del departamento de Comunicaciones y Periodismo de la UCA, Teatro La Calle podrá proyectar estractos de documentales de los 80s “para recalcar lo qué sucedió en ese entonces”, explica Mendoza.

Los gastos de estadía corren por cuenta de los organizadores del Festival, pero para “el pasaje” Teatro La Calle hará una breve temporada del 4 al 6 de abril en la UCA. La entrada costará 20 colones para estudiantes y 25 general. La obra ¡los vale!

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Confesiones de Manlio Argueta. El Caso de Siglo de O(g)ro, Bio-novela circular. Hacia una aproximación antropológica

Rivas, Ramón. Confesiones de Manlio Argueta. El Caso de Siglo de O(g)ro, Bio-novela circular. Hacia una aproximación antropológica. Co Latino (San Salvador, El Salvador), 17 de enero de 1998.

 Desde Holanda.

Siglo de O(g)ro es muestra literaria en la que se conjugan recuerdos, experiencias, novedades y revelaciones en un determinado medio-cultural en la ciudad de San Miguel, El Salvador, a comienzos de la década de los años cuarenta. La minuciosidad con la que el autor describe ese medio y su gente hacen que la obra, de una vez, trascienda a otras dimensiones de carácter socio-antropológico.

Se trata de un libro autobiográfico, que por su misma naturaleza, se basa en las descripciones del mismo autor, el que a la vez nos aporta una espejo intensivo del medio en que se desenvolviera los primeros tres años de su vida. Y es que, la antropología como tal, ha intentado captar al individuo mediante descripciones autobiográficas y la obra de Argueta logra captar eso. Las descripciones autobiográficas, como la que aquí reseñamos, por su carácter intensivo en personajes familiares específicos, son de utilidad para cerrar la brecha entre los extremos conceptuales de la cultura y el individuo, de modo que la familia se convierta en el punto medio.

Y es que al ser la familia una unidad pequeña y tratable, puede ser descrita sin abstracciones y generalizaciones inevitables en la investigación de una cultura global. Además, en la descripción de los diversos miembros de una familia, como bien lo logra el novelista Argueta, vemos a individuos reales tal como viven y trabajan en medios, muchas veces, inmersos en todo tipo de vicisitudes que a su vez son ricas en experiencias para quien las puede potencializar. Manlio Argueta lo logra.

Es precisamente, en la familia, donde se pueden observar las interrelaciones entre los factores culturales e individuales respecto a la formación de la personalidad.

Manlio Argueta, tal vez sin la menor intención, en su obra, estudia una cultura nacional a través de una familia especifica, su familia. Antropológicamente hablando, vemos que la familia es una unidad natural para el estudio de las satisfacciones, las frustraciones y los desajustes del individuo y en Siglo de O(g)ro vemos conjugados esos aspectos.

El mismo autor lo revela cuando afirma que su obra “es un libro que tiene gran base biográfica”; Siempre me he afincado –nos dice- en hechos reales para partir de ahí a la creación novelística; en el caso de Siglo de O(g)ro –continúa “repare que tenía recuerdos de infancia, mis aventuras, mis amigos, mis sueños de niño, la raíz de mi inclinación poética; y me di cuenta también que tenía un material valioso para una novela”.

El mismo autor afirma que el niño se llama Alfonso Trece y comienza narrando su vida desde los tres años y medio cuando una niña de su misma edad le ofrece ser su madre. Y Alfonso Trece tiene su primera relación íntima con una mujer, ya que los dos están desnudos y ella lo toma de sus cabellos para que él se prenda de sus pechos.

Ese sueño maternal termino cuando apareció la abuela echando rayos y centellas y amenazándolo que lo iba a castigar Dios. En Siglo O(g)ro, la relación de Alfonso Trece con la abuela es muy importante, igualmente con la madre. De acuerdo al autor, el personaje de la madre es a la única que le cambia nombre y le pone el mismo de su novela Milagro de la Paz, es decir Crista. Señala también, que en la obra hay dos personajes que más le ha agradado desarrollar; se trata de Herminia, una mujer que cuido al niño desde aquella temprana edad y con la cual volvieron a encontrarse cincuenta años después cuando ya él, Alfonso Trece, era un conocido escritor. El otro personaje es Chela, una mujer que trabaja como empleada de Crista haciendo ropa en la única máquina de coser a pedal con la que contaba toda la familia para ganarse el sustento diario

¿Cuál es la importancia de esa dos mujeres? De acuerdo al mismo autor “se trata de mujeres muy humildes a quienes quiero rescatar como personas que me dieron mucho para estimular mi inclinación por la literatura”. Herminia ofrece a Alfonso Trece cariño, deferencia, comprensión solidaridad, además de atenciones casi maternales (aunque debo decir que Crista como madre juega su papel). Encontramos pues, que este cariño de Herminia hacia Alfonso Trece es determinante para despertar ciertos amores y ternuras humanas, la sensibilidad que después lo llevaría a ser el transcendente poeta que es.

¿Qué papel juega Chela? De acuerdo con el mismo autor: “Ella le enseña a Alfonso Trece las primeras canciones de dimensión emotiva como es el caso de los tangos en un ambiente sencillo donde no había ninguna comodidad comunicativa, sin acceso a los medios de comunicación hablado y apenas a los escritos”. Reconocerlo es importante, porque es parte vital en la novela, el marco socio-cultural de grandes limitaciones económicas. Por otro lado, Chela narra aventuras míticas que a ella le ocurrían causando en Alfonso Trece, por un lado, terror y por otro estimulando su fantasía. Pero eso no fue todo pues ella también la contaba los cuentos árabes de Las Mil y una Noches y de Corazón, de Amicis, a los que nunca podría haber tenido el niño personaje, mientras Crista le decía poemas de memoria o le contaba novelas, Vargas Vila o María.

Lo importante, en este hecho, es ver cómo mujeres humildes y sencillas, como salidas de un sueño, inciden en le formación de una actitud fantástica, por parte de Chela; y de apego y respeto hacia la identidad femenina que despertaba Herminia. Dos elementos que van a determinar en el futuro no solamente el carácter y la inclinación literaria de Alfonso Trece, es decir el ahora poeta y novelista internacional Manlio Argueta.

Pero indiscutiblemente, la novela no se reduce a estas dos mujeres ya que Crista quizás sea, de alguna manera, el personaje principal.

Argueta inserta en la novela doce historias míticas, como son:”La gota de coral “, “El basilisco”, “El misterio del Pajaro de Dulce Encanto y el espíritu de la coyota Teodora I y II”, “La siguanaba I y II”, y “El cadejo”, “La chinchintora”, “La carreta bruja”, y “El Cipitillo”.

La inserción de las historias míticas en la novela, viene a enriquecer más la obra pues ella nos remonta al pasado y a la vez nos hace tambalear en el presente. El mismo autor confiesa al referirse a la estructura de estas historias en la novela: “Yo pensaba que deberían ir en un recuadro dentro del texto, sin embargo tal vez por una especie de tradición editorial y o por los costos, a última hora no aparecieron dichos recuadros que son parte de la estructura novelística.

Y el autor vuelve a recalcar, como para no dejar ninguna duda en los lectores y estudiosos de todo quehacer literario a nivel nacional e internacional que: Es bueno decir también que el personaje Alfonso Trece sólo se desarrolla desde los tres años y medio, como se menciona arriba, hasta alcanzar los doce, eso significa que queda un material pendiente dentro de esta línea que puede ser una saga de bio-no-velas de Argueta. Con todo, a veces en la novela se hacen acotaciones referidas al futuro, por ejemplo cuando Alfonso Trece cuenta que se encuentra con Herminia cincuenta años después.

Sin más, en Siglo O(g)ro , se destacan las dos grandes direcciones en la narrativa que ha caracterizado a Manlio Argueta: Las mujeres como personajes determinantes y con ello, un profundo contenido social que pone en evidencia las grandes desigualdades sociales y a la vez el descubrimiento de ciertos valores culturales que determinan la identidad de la sociedad salvadoreña.

Se trata en otras palabras de una obra con profundo contenido socio-antropológico del cual no sólo los salvadoreños tenemos mucho que aprender sino que también otros países que conforman la realidad latinoamericana.

Por el título de la obra, y lo referido en cuanto a la estructura, el autor sigue demostrando que puede combinar el tema nacional con estructuras y técnicas de vanguardia. Por ejemplo la innovación en el título y también los juegos dentro del tiempo, manejado de tal manera que no afecta la fácil lectura; esa novedosa hilación de las historias que en el fondo son una sola historia, es decir una bio-no-vela, como la denomina el autor.

Oss, Holanda, enero de 1998.

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Nuevas catedrales del conocimiento y cultura global

Argueta, Manlio. Nuevas catedrales del conocimiento y cultura global. La Prensa Gráfica (San Salvador, El Salvador), 10 de marzo de 2002. p.27b

 Los conocimientos almacenados en libros y documento abonan el espíritu patriótico, ese que nuestro escritor Salarrué definió con sencillez e inocencia.

Cuando se dice que las bibliotecas nacionales son las “nuevas catedrales de la información y del saber” no se trata sólo de una frase bien lograda.

En verdad, nos estamos refiriendo al “boom” de construcción y reconstrucción de edificaciones especiales para Bibliotecas Nacionales que para recibir el siglo XXI diseñan nuevos palacios bibliográficos de un país.

La paradoja de estas visiones arquitectónicas se presenta cuando reparamos en las modernas tecnologías de la información. Así, la Internet pone al alcance de hogares e instituciones gran parte del conocimiento del mundo. Un disco compacto puede concentrar los volúmenes de una enciclopedia o los tomos de periódicos de un siglo entero.

¿Por qué entonces las bibliotecas nacionales han comenzado a proyectarse en nuevos diseños de arquitectura moderna?

 Para salvar la tradición.

¿Qué hace que el micro procesador, ese nuevo David de la tecnología, no logre borrar la tradición y se construyan los edificios del saber que nos identifica con los libros? Una primera respuesta: la globalidad de la cultura, producida por ese pequeño gigante de la electrónica, el “micro chip”, que no contradice la necesidad de consolidar los elementos de indentidad y la preexistencia de valores regionales y locales que nos ligan a una nación determinada. Para el caso salvadoreño, la necesidad es evidente por su población migratoria unida económicamente y emotivamente a su país.

 Nuestras huellas digitales.

Las bibliotecas nacionales registran el signo o huella digital que nos individualiza en la gran aldea del mundo: tradicionales, creencias espirituales, costumbres, lenguaje y mitos, razón de ser de la humanidad compuesta por individuos y comunidades sin diferencias de tamaño de país, de poder político o económico; y que se concretan en valores literarios, históricos, científicos y ecológicos, es decir en libros y documentos.

No es extraño entonces que ante la tecnología informática exista un afán de preservar como se merece la bibliografía y para ello se construyen y reconstruyen modernas edificaciones.

Y esto se está dando en países que aún no saltan al primer mundo, que incluso han salido de guerras culturales o coloniales recientes, caso de Croacia, Serbia, Argelia, Túnez; no digamos aquellos de mayor avance tecnológico, estabilidad y riqueza como Francia, Portugal, Suecia, Estados Unidos.

Los conocimientos almacenados en libros y documentos abonan el espíritu patriótico, ese que nuestro escritor Salarrué definió con sencillez, pero con alto sentido crítico, como amor al terruño, al paisaje, a la familia, a la creencia mítica o religiosa.

Ni la tecnología ni la globalidad opacan las fuerzas morales del espíritu humano que se expresa en memoria documental desde comunidades específicas. La biblioteca estará por siempre proyectando la vida contemporánea y pasada de esas comunidades que dicen presente como nación dentro de la actual cultura que borra fronteras.

Artículo escrito por Manlio Argueta, poeta y novelista salvadoreño y actual director de la Biblioteca Nacional.

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Tercera llamada

Bonilla, Alexandra. Tercera llamada. El Diario de Hoy (San Salvador, El Salvador), 24 de julio de 2002. p 114

10° Festival Centroamericano de Teatro

El lunes por la noche, los salvadoreños de Teatro La Calle lograron llenar totalmente el Museo Antropológico David J. Guzmán

Esta vez le tocó el turno a El Salvador. El lunes se presentó la obra “Un día en la vida” del escritor salvadoreño, Manlio Argueta. Tras las presentaciones de Ecuador, Guatemala y Colombia, le llegó la hora a Teatro La Calle, para poner en alto el nombre del país.

A las ocho de la noche no había ninguna butaca sola en el auditórium del Museo Antropológico David J. Guzmán. Lograron un lleno total, de los doscientos doce asientos no había ninguna silla desocupada.

Si bien es cierto que este grupo teatral ha presentado esta obra en varias ocasiones, dentro y fuera de país, esta vez traían una novedad. En presentaciones pasadas han incluido números de danza, pero en esta ocasión incluyeron un vídeo que les facilitó el departamento de audiovisuales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.

Video real

La obra juega con varios recursos. Hay un vídeo con imágenes de la guerra y han eliminado la danza. Ricardo Mendoza, director artístico de Teatro La Calle, explicó el porqué se hizo esto: “Hemos quitado la danza porque sentíamos que distraía un poco al espectador”. “Con la danza veíamos que se ponía ambigua la situación; la gente decía ´que bonita la danza´, sentíamos que no calaba más el mensaje. Es para concretar más en el mensaje. Es para concretar más en el mensaje que queremos dar”.

“Un día en la vida” relata la vida de Guadalupe y José Guardado, durante la época de la guerra. Malio Argueta logra captar la esencia de la realidad salvadoreña de los años ochentas. De acuerdo con Mendoza, el fin es: “Rescatar la historia, decirle a la gente esta es nuestra historia. Lo que sucedió antes de la guerra, por qué se dio la guerra, luchemos porque no se vuelva a dar este tipo de situaciones que generen otra guerra” finalizó.

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