Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe

Soto, Michelle; Montoya Rodrigo (fotógrafo).  “Anacristina Rossi: verbo mestizo, verbo del Caribe”. Perfil (555): 74-77, 19 de octubre 2007

En agosto, la Academia Costarricense de la Lengua dio la bienvenida a Anacristina Rossi, y con ella, a la literatura afrocaribeña.

Escuchar a Anacristina Rossi es como oír las olas reventar. Su verbo es tan furioso como el mar, pero sus palabras también tocan la orilla como espuma.

Con ella se conversa de literatura, de lengua, del ser mujer, de utopías y sueños, de medio ambiente y, sobre todo, de Limón. Rossi lleva el sol en la piel y el viento en el cabello, ella es Caribe.

El pasado 23 de agosto, se incorporó a la Academia Costarricense de la Lengua. Es así como su nombre se une al de Arnoldo Mora Rodríguez, Rafael Ángel Herra, Adolfo Constenla, Samuel Rovinski, Estrella Cartín, Julieta Pinto y Alberto Cañas, entre otros.

En su discurso de incorporación rescató del silencio los textos de Samuel Charles Nation y, con estos, una literatura afrolimonense de principios del siglo XX.

SUS LETRAS

Rossi estudió lingüística y lenguas modernas en Inglaterra, Francia y Holanda. Obtuvo una maestría en idiomas y un doctorado en ciencias de la traducción.

Es activista ambiental y social, rasgo que se refleja en su libro La loca de Gandoca de 1991. Sus novelas María de la noche (1985) y Limón Blues (2002) fueron distinguidas con el Premio Nacional en ese género. Sus escritos son objeto de estudio en universidades costarricenses  y estadounidenses.

Ha participado en congresos sobre literatura en Estados Unidos, Alemania y Panamá, entre otros. Fue invitada por el Ministerio de Cultura de Francia como representante del istmo en el Programa “Belles Etrangéres”, el cual fue dedicado a Centroamérica en 1997.

Asimismo, recibió la Medalla Presidencial del Centenario del Nacimiento de Pablo Neruda, la cual fue otorgada por el Gobierno de Chile por la proyección social de su obra literaria.

Por más que sus textos trascienden fronteras, Rossi suele regresar a Limón de su infancia, al que lleva siempre del lado izquierdo del pecho.

UTOPÍAS

En la última década, la voz mestiza de Anacristina Rossi tiene la sonoridad de un blues, y últimamente, de un reggae.

A finales de 1997, emprendió la investigación que le llevó a escribir Limón Blues y que le despertaría la necesidad de seguir recopilando y escribiendo aún después de Limón Reggae.

En la Biblioteca Nacional, desempolvó periódicos limonenses publicados entre 1903 y 1942, génesis de una literatura costarricense escrita por afrodescendientes.

“¿Qué es lo que nos dice esa literatura sobre Costa Rica?  En ella, los ticos nos vemos reflejados desde el punto de vista de alguien que nos ve –al mismo tiempo- desde adentro y afuera, desde otra y nuestra cultura”, comenta Rossi.

Fue así como conoció los textos del periodista y ensayista Samuel Charles Nation. En su prosa se develaron los ideales y las luchas por la reivindicación de los afrodescendientes y la figura mítica de Marcus Garvey.

“Mi esfuerzo es tratar de recuperar la literatura que hay en esos periódicos, hay una enorme riqueza en ensayos periodísticos y poemas. Eran el único lugar donde los afrodescendientes podían publicar porque no tenían editoriales”.

Mi sueño es, algún día, tener tiempo y el dinero para recoger esos ensayos, sacarlos de los periódicos, seleccionar, ordenar y ver cómo hago un libro para jóvenes y otro que recoja todo el material” añade la escritora con ímpetu.

En Limón Blues, la pluma de Anacristina de el primer acercamiento a esta literatura donde se retrata esa búsqueda de la utopía.

Con esa prosa de prisa, cargada de blancos que asesinan, negros que forman sindicatos, periodistas que publican páginas muchas veces censuradas, bananos destrozados por el machete de la Compañía, tambores que suenan hasta el amanecer, mujeres blancas que tiemblan por la carne oscura de sus sirvientes negros, olas que no dejan de reventar en la arena cálida y amores que se hacen y se deshacen bajo ese sol tropical que todo lo envuelve y todo lo embruja, los años transcurren con una velocidad vertiginosa, como si el tiempo se nos fuera a acabar sin permitirnos terminar la historia.

Y con esas esperanzas que se truncan con el paso de los años, Limón parece una de esas niñas rurales que envejecen antes de tiempo. Como resultado, solo queda el recuerdo, la nostalgia de un pasado que este país, que se precia de multiétnico, simplemente prefiere olvidar y que esta escritora nuestra, que se llama Anacristina Rossi, nos lo resucita de entre los muertos”, reseñó Manuel Delgado a propósito de la novela para Club de Libros.

Pero, Limón Blues terminó en 1973. Aún quedaba mucho por escribir, la escritora quería hablar de ese Limón que conoció de niña y adolescente. Fue así como se desencadenó una segunda utopía, la propia y la colectiva.

Limón Reggae habla de la revolución en Centroamérica durante los 70, centrada en El Salvador. Pero, también recata los ideales de Afrotsco de Limón y los Rastafari de Puerto Viejo.

“En Centroamérica se trató de tener dos utopías: la revolución nicaragüense y la salvadoreña. La salvadoreña terminó en gran fracaso, la nicaragüense por lo menos tuvo su periodo. Lo mismo le pasó a los Rastafari, pero ellos recrearon la utopía en el interior, y en lugar de aspirar a una utopía colectiva y grande, decidieron tener una más pequeña y es sobre todo interior.

Lo mismo pensaban los grupos negros en Limón durante los 70, Afrotsco era un grupo real y Milton Franklin (quien fue uno de sus integrantes) sigue pensando que los ideales de un cambio interior son vigentes. Para los socialistas y los de la teoría del marxismo, la utopía está afuera; pero lo lindo de él es que la utopía esta adentro”, recuerda la “loca de Gandoca”

-Y ahora, ¿cuál es la utopía que estamos persiguiendo?

-La única utopía posible es la paz con la naturaleza. Pero no la que dice nuestro presidente, con la que no estoy de acuerdo, porque la incluye con cosas tan devastadoras como este tratado de libre comercio. Las luchas ecológicas han costado tanto y han sido siempre como mitad perdidas y mitad ganadas, y cuando se ha ganado siempre ha sido gracias a la Sala Constitucional.

“No es que los seres humanos destruyan el ambiente porque son malos, sino porque la conservación entra en conflicto con sus ideas de dinero. Está bien que hagan dinero, no tengo nada en contra del comercio ni los negocios, pero tienen que tener un límite.

“Se necesita un cambio de actitud de todos y todas para detener el calentamiento global, es el reto más grande. La utopía está en ponernos un freno a nosotros mismos, debe ser modesta en ese sentido”.

NUESTRO AFROASCENDIENTE

La palabra evoca. Se dice que se empieza a existir en el momento en que se nombra. En ese sentido, la prosa de Rossi nos confronta con nuestra afroascendencia, nuestra identidad como costarricenses.

“Las mujeres cobran existencia cuando se les nombra, de lo contrario no están. Lo mismo pasa con nuestra afrodescendencia.

¿Dónde está ese abuelo y abuela negra?

¿Por qué nos vemos en el espejo y decimos que somos blancos, por qué los negamos?.

Tengo 10 años de confrontar esa cultura y de confrontarme a mí misma con mis propios ascendientes. Ese ha sido un reencuentro lindísimo, quisiera que ese reencuentro fuera de toda Costa Rica”, reconoce.

Como dijo una vez María Lourdes Cortés, Limón “es la síntesis de lo que es Ana la mujer, y Ana la escritora: de sus fantasmas, sus deseos y sus luchas. Es el rondón de sus de sus raíces, hundidas en el pasado y de sus sueños volando hacia el futuro”.

-¿La Academia Costarricense de la lengua con su incorporación está reconociendo, como un primer paso, a ese antepasado negro que tenemos los costarricenses? ¿Nos estamos viendo en la literatura afrodescendiente?

-Es un primer paso. Todavía no nos estamos viendo, aún falta recuperarlo y rescatarlo.

“Como académicos, cada uno tiene su campo de estudio. Todos tenemos nuestras locuras y teleles con la lengua. El mío ha sido tratar de ser un puente entre la cultura y la literatura afrodescendiente de principios del siglo XX y la actual, porque siempre negamos el problema de racismo y no hay que tenerle miedo a las palabras, ese racismo nos ha hecho estereotipar lo que fue.

“Limón no es solo ese rice and beans y carnavales, tiene un enorme bagaje cultural y una enorme riqueza que aportarnos, pero nosotros le damos la espalda”.

-¿En que consiste el trabajo de la Academia Costarricense de la Lengua?

-Somos traductores entre la lengua clásica y la de hoy. La lengua es un organismo vivo y funciona quieran los académicos o no. Entonces, lo que nos toca es ser puentes entre esa lengua que va evolucionando y la lengua clásica, como un filtro que permita ir incorporando al acervo clásico toda esa novedad. Habrá cosas que se podrán incorporar y otras no. Una tiene que estar atenta para recordar la estructura de nuestra lengua y así se pueda asimilar lo nuevo, sin perder la estructura.

-Ha señalado que para que la Academia Costarricense de la Lengua pueda trabajar, requiere de una sede, ¿Son como Quijotes sin Rocinantes o Sanchos sin burros, qué ha pasado?

-Andamos como del tumbo al tambo, como gitanos, y no podemos asentarnos para hacer un trabajo serio porque no tenemos sede.

“Al final del gobierno de don Abel, estaba lista la sede en la avenida central. Pero, por problemas burocráticos, no se concretó. Entonces, le hemos pedido ha este gobierno que nos dé un lugar donde estar.

“¿Cómo vamos a hacer un buen trabajo si tenemos que andar con todo bajo el brazo? ¿Adónde se va a sentar uno a guardar los documentos? ¿Cómo vamos a hacer trabajos en conjunto en la Academia si vamos de aquí para allá? Somos Quijotes a pie”

-¿Son  necesarias las editoriales pequeñas para leernos como costarricenses y tener variedad de voces sobre nosotros mismos?

-Hay un problema en Costa Rica muy grande, que la existencia de editoriales no va a arreglar y tiene como resultado la mediocridad. El problema es que no nos atrevemos a decirnos la verdad sobre lo que pensamos de los textos de los otros.

“Aquí no hay crítica porque no se soporta. No tenemos la madurez para aguantar vernos expuestos. Eso nos impide crecer como escritores y quedarnos en una mediocridad, los golpazos son los que nos van haciendo crecer.

“Los golpes que me he llevado hicieron que tratara de superarme. Los golpes que realmente se asimilan son los fuertes, como los que se dan en público. Para que nuestra literatura crezca, hay dos cosas que deben ir juntas: que hayan editoriales para leernos y que podamos hacernos crítica”.

Deuda saldada

Soto, Rodrigo. “Deuda saldada”. La Nación. Ancora. (San José, Costa Rica), 16 de febrero 2003, p. 6

Han pasado casi 20 años desde que Anacristina Rossi publicara su novela María la noche (Lumen, 1985). En ese lapso, publicó la nouvelle La Loca de Gandoca (EDUCA, 1992), a la que no obstante su éxito editorial hemos de considerar una obra menor, y los desiguales relatos incluidos en la colección Situaciones conyugales (REI, 1993). De este modo, la sensación de que la autora de María la noche estaba en deuda con los lectores era, creo, bastante generalizada. Hoy, con la publicación de su novela Limón Blues (Alfaguara, 2002), me atrevo a afirmar que la deuda ha sido saldada, pues con ella, Rossi retoma la senda de su mejor narrativa: rigurosa, profunda y de largo aliento.

En esta ocasión, la autora lanza una mirada retrospectiva a la historia de la inmigración antillana -particularmente la jamaiquina- a la costa caribe costarricense. Por ello, la novela de Rossi se relaciona con otras que, en años recientes, han  abordado desde distintos ángulos ese mismo tema: Calypso, de Tatiana Lobo, La Flota Negra, de Yazmín Ross, así como con la de los autores afrocostarricenses, en particular la de Quince Duncan. Sin embargo, y sin ser un especialista en la materia, tengo la impresión de que ninguno de los intentos anteriores había sido tan abarcador y riguroso en su afán de recrear la historia de esta inmigración.

La novela se teje alrededor de la historia de tres personajes principales -los jamaiquinos Orlandus Robinson y su mujer, Irene, y Leonor, una aristócrata costarricense (es decir, ticomeseteña)-, cuyas vidas se cruzan en diferentes momentos y circunstancias. A partir de ellas, la autora reconstruye con trazo firme y abundante documentación una de las facetas más ricas, pero también más relegadas, de la historia contemporánea del país: la de los antillanos, que a partir de finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX llegaron a las costas limonense y talamanqueña y cambiaron para siempre la fisonomía de nuestra nación.

En esta historia -y en la vida de los personajes que conducen la narración-, jugará un papel determinante la U.N.I.A., el movimiento político fundado por Marcus Garvey, cuyo programa aspiraba en última instancia a la repatriación de todos los negros al África. La mirada que nos propone la autora sobre ese movimiento y sobre su carismático líder dista de ser simplista o apologética. Por el contrario, trata de ahondar en las contradicciones que lo tensaron y que, en última instancia, condujeron a su fracaso. Asimismo, la novela dibuja el papel que jugó el enclave bananero de la United Fruit Company, no solo en la vida de estos inmigrantes, sino en la de toda la nación costarricense.

Sabia amalgama

En conjunto, la novela arroja una visión muy diferente de la que la mayoría de los costarricenses tenemos de esa zona del país y de ese momento de la historia, y nos propone un Limón cosmopolita y dinámico, mucho más vinculado con el extranjero de la que estaba entonces el resto del país. Y aun cuando en lo personal he tenido la impresión de que algunos trazos de ese dibujo están un tanto magnificados o idealizados, uno termina de leer el libro con la convicción de que ahí se encuentra una imagen aproximada -y en todo caso mucho más completa de la que hasta entonces teníamos- de esa parte de la historia del país.

Aun tratándose de una novela rigurosamente, documentada, en ningún momento la obra deja de ser eso: una novela. Y la autora se encarga de recordárselo, no solo mediante la construcción de personajes ricos y complejos, que son quienes en todo momento conducen los hilos de la trama, sino también con algunas escenas que, alejándose del tono documental que impregna la obra, se adentran decididamente en la imaginación poética y literaria. Salvo algunos detalles que más allá de su realidad histórica resultan poco verosímiles -como una copia fotostática en los años veintes-, la novela resulta convincente desde el punto de vista histórico. Más importante aún, resulta convincente y con frecuencia apasionante como relato novelístico. Quizás por momentos la narración se hace demasiado atropellada y los lectores hubiéramos agradecido alguna pausa o signo tipográfico que separa las escenas, pero estos detalles carecen de relieve al lado de la fuerza narrativa y de la riqueza documental de lo obra.

Novela en donde la recreación histórica, el apunte político, la reconstrucción cultural y el dibujo psicológico se armonizan y amalgaman sabiamente, Limón Blues se anuncia como la primera parte de un díptico cuya segunda parte esperamos desde ya los lectores.

Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense

Manzari, H. J. “Limón Reggae, una visión alternativa del Caribe costarricense”. Istmica. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras;  (11): 253-259, 2007.  Tomado de: http://www.revistas.una.ac.cr/index.php/istmica/article/view/721

 

Limón Reggae, la última novela de escritora costarricense Ana cristina Rossi es a la vez una novela política, una novela revolucionaria y una novela híbrida y polifónica gracias a las voces caribeñas y centroamericanas que resuenan en ella. La segunda de una prometida trilogía, Limón Reggae sigue a la anteriormente publicada Limón Blues (2002). Como todas sus novelas históricas, esta última de Anacristina Rossi trata el tema del ser mujer, de las utopías sexuales, del medio ambiente y en particular de Limón. No obstante, en Limón Reggae la novelista mestiza pretende rescatar las voces y las luchas revolucionarias de la izquierda centroamericana de la silenciosa y marginada historia de la costa atlántica.

Al examinar la nueva novela histórica de Rossi, Limón Reggae revela un contrapunteo de herencias culturales y una interacción intercultural en el mundo limonense. Vale la pena ver cómo esta interacción y contrapunteo transparenta una nueva configuración del imaginario social y nacional costarricense. Más bien, y siguiendo las ideas de Benedict Anderson en su conocido estudio Imagined Communites: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, sería útil pensar en las naciones como comunidades imaginadas, creadas a partir de condiciones históricas específicas y de alianzas entre sectores sociales. Al cambiar las condiciones históricas es de suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores, lo que significó la construcción de nuevas relaciones. Tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica.

En las últimas décadas, los escritores y críticos literarios han intentado rescatar las voces afrolimonenses de la silenciosa historia centroamericana y en particular, de la historia costarricense. Carlos Meléndez y Quince Duncan en su estudio El negro en Costa Rica (1981) confirman que el comercio de los esclavos en Costa Rica llega tarde, en comparación con el resto del Caribe, es decir a finales del siglo XVII comienzos del siglo XVIII. La presencia de esclavos negros como mano de obra barata sirve para expandir el comercio y el cultivo del cacao en la zona. En Costa Rica, el tema de la abolición se promovía con el movimiento de la independencia, pero no se promulga hasta el 17 de abril del 1824. De todas maneras, los documentos oficiales indican que en Costa Rica pocos negros formaban parte de la población general. A mediados del siglo XIX se aumenta la inmigración de negros al país para trabajar en las bananeras y en la construcción del ferrocarril en 1873.

En el siglo XIX, la mayoría de los negros llegaron a Costa Rica con la intención de sólo quedarse una temporada. Muchos vinieron por poco tiempo y no se consideraron costarricenses y, por otra parte, las autoridades los consideraron simples herramientas de trabajo. De la zona atlántica costarricense la población negra de habla inglesa, o sea creole, por ser la mayoría jamaiquinos (a través de Panamá o Nicaragua) todavía conserva sus costumbres musicales, culinarias y familiares, completamente distintas al resto de Costa Rica. De hecho, cultural y lingüísticamente, es la zona más marginada de del país. Aún hoy, la zona atlántica, para algunos, parece lejos de la metrópolis josefina y resulta curioso saber que, hasta mediados del siglo XX estaba prohibido para los negros pasar de la zona atlántica al Valle Central en tren, la única forma de transporte público en la zona. Según Meléndez y Duncan, no fue hasta los 70 que se comenzó a asentar una población negra en la capital. De tal manera, los negros en Costa Rica seguían siendo parte de un grupo segregado y marginado por falta de oportunidades y dificultades lingüísticas entre otras razones.

A finales del siglo XX, con la publicación de novelas como Limón Blues y Limón Reggae de Anacristina Rossi y otras como Asalto al paraíso y Calypso de Tatiana Lobo, por mencionar sólo unas cuantas, se revelan alternativas con respecto a la representación histórica del Caribe en la literatura costarricense. Es más, con la llegada de los estudios subalternos de los años 70 se visibiliza una perfecta unión teórica para contemplar la identidad híbrida minoritaria de esta zona en términos de una identidad caribeña costarricense. A través de una verdadera estética de resistencia presente en la escritura contemporánea de la costa atlántica costarricense, los escritores de la región establecen un auténtico contrapunto entre lo que se podría llamar la comunidad imaginada de la nación y la real de la región limonense.

El crítico Edward Said en su estudio Cultura e imperialismo (1996) considera que las estrategias de resistencia no constituyen sólo una forma de reacción antiimperialista sino también un modo alternativo de concebir la historia que rompe las limitaciones culturales. Said sugiere que los escritores poscoloniales llevan así su pasado con ellos como cicatrices de heridas humillantes, pero que, a la vez, se convierte en motor de prácticas diferentes. Este proceso posibilita que estallen visiones de un pasado potencialmente en revisión y que tienden a un futuro postcolonial, como experiencias susceptibles de urgente revisión y reorganización, en las que el antiguo silencio de los nativos habla y actúa sobre el territorio reclamado a los colonizadores. Su tesis central sostiene que las naciones son narraciones y, de tal manera, la noción de identidad se construye a partir de instancias discursivas. O sea, se trata de analizar el juego de la diferencia dentro de la identidad. Tal diferencia permite reterritorializar las identidades culturales caribeñas. En este proceso resuena una dinámica sincrética que se apropria, de manera crítica, de elementos provenientes de códigos maestros de la cultura dominante y los creoliza desarticulando los signos presentes y re-articulando su significado simbólico.

Limón es una provincia de Costa Rica que se integra a una cadena étnica y cultural que abarca las regiones del Caribe centroamericano desde Guatemala hasta Panamá. A lo largo de esta cadena se comparten elementos materiales y espirituales con el resto del Caribe. Limón siempre ha sido una provincia marginada, debido a su posición geográfica, lejos de la capital o del área metropolitana, deficientes vías de comunicación y el lenguaje. Es más bien una región y una población marginada y segregada lingüística y culturalmente además de serlo históricamente. En Limón viven indígenas, negros (afrocaribeños), centroamericanos, libaneses, coolies y chinos juntos a muchos ticos transferidos del interior.

A diferencia de la novela músico-histórica de Tatiana Lobo, la última de Anacristina Rossi, Limón Reggae relata otra historia centroamericana y plantea otra visión del Caribe costarricense. Primero que nada, como sugiere Karen Poe, “la novela es una Babel feliz” en ella los personajes hablan el inglés limonense, el mekatelio, y también hablan como nicaragüenses, salvadoreños y ticos en una “comunión cultural” (67). Rossi recupera esos modismos típicos de la zona para recrear de manera lícita y verosímil el mundo limonense del siglo XX. Desde el punto de vista político, la nueva novela de Rossi subraya el desencanto, la tristeza y la impotencia del pueblo limonense frente a las estructuras y una sociedad moderna costarricense. La desolación, la desilusión y la injusticia resuenan en la novela para enfatizar lo difícil que es vivir al margen de una sociedad, sea caribeña o centroamericana.

Un perfecto ejemplo de esto se aprecia en la experiencia de la protagonista principal de Limón Reggae, Laura o Aisha como luego se llama quien padece de una identidad doble: la Laura capitalina y la Aisha limonense, como la llamaba su tía Maroz. Laura, como muchos limonenses, viene de una familia multicultural y multiétnica, lo cual sirve de metáfora para la gran comunidad limonense y su historia de diversidad. En las primeras páginas de la novela Laura abandona el nombre impuesto por sus padres y lo cambia por Aisha que refleja más su espíritu rebelde y su identidad mestiza. Llama la atención esta doble identidad de la protagonista cuando la narradora nos cuenta que “Limón es la otra parte de la vida de Laura. Pero no sólo Limón centro…sino el sur de la provincia, las playas, el bosque, los ríos….” (12) De niña Laura viajaba desde la capital hasta Limón y recuerda los olores del tren “El olor de las negras y las cosas que vendían: mentas, cocadas, patí” (13). Aquí la autora nos recuerda que Limón es múltiple y no sólo una entidad solitaria. El recorrido de comidas típicas de la zona alude al gran recetario de la cocina jamaiquina que llegó con los primeros trabajadores del ferrocarril. Limón representa otro mundo y Laura se sentía en otro mundo cuando llegaba a Limón y “se sentía chapotear y moverse en un aire muy dulce, muy suave, perfumado, respirar ese aire la ponía casi eufórica. Era el aire de Limón. Enseguida llegar, bajarse cerca del muelle, oír músicas distintas a las de San José y un idioma distinto: el inglés de Limón….” (13) Según la narradora, el Limón de su juventud es un Limón utópico, un paraíso, y esta imagen idílica se contrasta con la de la casa donde vivía su familia en San José después de que unos estafadores engañaron a su padre y lo perdieron todo. Entonces debieron dejar su casa para ir a alquilar una casa “espantosa” en un barrio fatal donde quedaba el “tugurio más grande de San José” (13) Más tarde Laura nos recuerda que “al despertarse la primera vez en ese barrio, en vez del aroma del café le “llegó un potente olor a podredumbre, a animal muerto. (…) Los guilas del tugurio, flacos y sucios y medio chingos … estaban haciendo caca en la puerta de su casa” (14). Esta imagen de San José como “un gran cagadero” deja poco para la imaginación de los lectores y sugiere otra visión de lo que es la gran capital. El contraste entre el Limón paradisíaco y la capital pobre y en decadencia trastrueca la vieja dicotomía metafórica de la civilización versus la barbarie establecida en la primeras novelas fundacionales de Latinoamérica del siglo XIX.

Pero aún para Laura, los recuerdos de un Limón idílico ya no tenían el mismo sentido de cuando era una niña. Para ella como para el resto de su familia, Limón había cambiado a lo largo de los años. Ya no era el paraíso de su infancia, la “Limón Town (que) se parecía a Nueva Orleáns… en los tiempos de su tía Maroz(18)…. La memoria colectiva reflejada en la de la protagonista sirve para preservar esos momentos felices de su infancia y contrasta severamente con las imágenes de un presente gris y turbulento. En parte, ésto se confirma con el personaje de Percival, quien se convierte en el primer amor de Laura. Es más, desde muy joven, Percival expresa su espíritu rebelde y anda en busca de su propia historia para escapar del mundo triste y solitario del Limón de los 70. En un instante, cuando Laura le está preguntando a Percival por qué había escogido otro nombre, él explica: “Porque Percival es un nombre colonial. Ahmed en cambio para nosotros es un nombre libre” (27). La necesidad de liberarse del control colonial y hegemónico del nombre colonial se asocia con el deseo de vivir en una sociedad posplantación y de deshacerse de la alienación histórica de sus ancestros. Tal experiencia sirve como fuerza motivadora en la transformación del personaje de Percival. Pero, para Percival, tal condición petrificada y de aislamiento, le da poca esperanza y en un instante nos cuenta que “Los negros ya no somos capaces de unirnos para salir de la miseria. Logramos la nacionalidad, Costa Rica es nuestra patria y una patria no debe abandonar a sus hijos. Pero no reclamamos. Nos alzamos de hombros y nos vamos a buscar el futuro a los Estados Unidos. En los últimos años más de un tercio de nuestra comunidad emigró” (22). Para muchos, la única solución/salvación posible está en irse a los Estado Unidos en busca de mejores condiciones u otras utopías. Es más, esta imagen refleja una cierta desesperación de parte de los afrodescendientes limonenses y una necesidad de deshacerse de esa miseria y abandono que significa vivir en Limón.

Limón como metáfora del desencanto que se siente por las situaciones políticas y socioculturales resuena por toda la novela. En Limón Reggae, Anacrsitina Rossi plantea varias y alternativas imágenes de la zona caribeña en decadencia, un espacio olvidado por el gobierno central y sus propios políticos. Limón es una zona marginada por su situación económica y sociocultural. Nos recuerda la narradora que “Limón está siniestro. Las calles revientan de pordioseros y de negras con elefantiasis, la basura taquea acequias y alcantarillas y llena la ciudad de punta a punta, todas las casas del centro salvo la de Maroz están en ruinas y adentro viven gentes que parecen fantasmas. Laura nunca había visto tanta prostituta en la calle ni tanto borracho tirado en la acera” (93). La autora nos deja con una imagen casi fantasmagórica y de decadencia de lo que representa el Limón contemporáneo. Repetidamente la narradora nos cuenta que “Limón es un desastre. Cuando éramos pequeños por lo menos era limpio” (28). Y Ahmed repite con frecuencia “Limón está muerto” (61). Pero no todos los personajes de la novela están de acuerdo con tal visión. Sylvia, otro personaje, alude a una pequeña esperanza que queda en los artefactos culturales que todavía preservan la cultura afrocaribeña de la zona. “Limón está jodido pero Limón no está muerto, piensa Sylvia, Limón vive en su patois, en los spirituals y los gospel, en los calipsos y los ocasionales arrebatos de jazz de los músicos viejos como el abuelo Maikí, en su comida, en sus iglesias y en sus logias.” (63) Entonces, las distintas perspectivas de los personajes aluden a una realidad múltiple y orgánica, al contrario de la típica y hegemónica propuesta por el Estado y consumida por los turistas que llegan en los cruceros a ver al Puerto Limón disfrazado del calypso y las tiendas de souvenirs.

Al final de la novela Aisha reflexiona sobre los cambios en su vida, sobre las consecuencias políticas del momento, sobre los sueños incompletos de la vida y todavía parece sentirse desilusionada con lo que observa y en el mundo que la rodea. Parece perder la esperanza y leemos que “Aisha mira la costa. Quedan árboles pero dominan los edificios. Exclama, ‘La empresa privada produce libertad’. …, ‘Sí, era lo que todos querían, negocios y más negocios.’ La utopía perdió, ganó la Centroamérica de los negocios como quería aquel Presi del Plan de Paz, piensa Aisha” (284) Aquí la autora critica con una obvia y directa pulla la administración y la política del gobierno del presidente Oscar Arias, para ella y la protagonista, un vendepatrias e hipócrita. Es más, con ésto, uno percibe cómo la guerra, la solidaridad, la amistad, el amor, el compromiso, la esperanza y la desilusión, los anhelos y la lucha incansable por una sociedad más justa agitan el apasionado corazón de la protagonista, en quien se refleja una generación y una época de las voces marginadas de la costa caribeña costarricense.

La novela de Anacristina Rossi, desde un punto de vista revolucionario, es un planteamiento de que la producción afrolimonense se da dentro de una estructura de conflicto y de resistencia. Tal conflicto se manifiesta en contra del poder económico/cultural donde las producciones culturales y el imaginario cultural formados desde afuera son puras construcciones foráneas. Los ejemplos mencionados aquí reflejan la alteriedad y la práctica discursiva de unas voces marginadas que sirven de portavoz de una ideología y una identidad sumamente limonense. Tanto para los personajes de Limón Reggae como para los mismos autores y cantautores limonenses, Limón vive en sus obras, en sus construcciones y en sus “modificaciones” así como la música del calypso sirve de construcción simbólica y apropiación cultural con la que más se identifican los afrolimonenses. Entonces, al reexaminar la condiciones y metáforas reflejadas en la novela Limón Reggae es obvio suponer que el imaginario nacional tenga que reconfigurarse como producto de nuevas alianzas y negociaciones, con la participación de sectores que fueron ignorados o marginados en los imaginarios anteriores o con nuevas relaciones entre ellos; tal es el caso con la costa atlántica de Costa Rica como se describe en Limón Reggae. Ante tanta desolación, las voces limonenses de la silenciosa historia centroamericana y, en particular, la historia costarricense, resuenan en la letra de su música y su poética tanto como en los ritmos de sus ancestros en ésta, la última novela de Anacristina Rossi.

Bibliografía

Anderson, Benedict. Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. London: Verso, 1995.

Lobo, Tatiana. Asalto al paraíso. San José, Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica, 1992.

_________. Calypso. San José, Costa Rica: Farben, 1996.

Mackenbach, Werner. “Representaciones del Caribe en la narrativa centroamericana.”

http://collaborations.denison.edu/istmo/n05/articulos/ representaciones.html. November 19, 2007.

Meléndez, Carlos, y Quince Duncan. El negro en Costa Rica. 10 ed. San José: Editorial Costa Rica, 1993.

Poe, Karen. “Limón Reggae: La reinvención utópica del sexo.” Página Literal. Pp. 62-71. San José, Octubre del 2007.

Rodríguez, Ileana, editor. The Latin American Subaltern Studies Reader. Durham: Duke University Press, 2001.

Rossi, Anacristina. La loca de Gandoca. 1992. Segunda reimpresión. San José, Costa Rica: Editorial Legado, 2001.

_________. Limón Blues. Cali: Colombia, Alfaguara, 2002. Said, Edward. Cultura e Imperialismo. Barcelona: Anagrama, 1996.

Comprar "Limón Reggae"

Comprar “Limón Reggae”

Una pasión encendida

Bermúdez, Manuel. “Una pasión encendida”. Semanario Universidad, (San José, Costa Rica), 12 julio 2007, p. 3

Luego del indiscutible éxito de su novela Limón Blues, Anacristina Rossi presenta esta segunda parte de la trilogía: Limón Reggae. Aunque no se trata de una zaga, el fascinante mundo del Caribe costarricense, que Rossi presenta en la novela anterior, sirve como punto de partida para contar una época que va desde los años 70 hasta un pasado muy reciente. Esta vez, el interés de la autora se extiende a los acontecimientos en la Centroamérica de finales del siglo pasado.

Con su estilo fluido y cautivante, lleva al lector por un viaje donde las pasiones, las luchas reivindicativas, los entusiasmos se conjugan en el sentir, madurez y compromiso de la protagonista.

Laura es una niña de clase media de San José, hasta que su padre, un agente de seguros, es convencido por unos estafadores a participar en una aventura  empresarial que lo lleva a la ruina. Así, la visión mítica de San José que tiene Laura se hace trizas al chocar con la realidad de los tugurios capitalinos. Por otra parte, la niña tiene una tía de origen árabe que vive en Manzanillo de Limón, donde ella va a pasar temporadas de vacaciones.

Su tía Maroz, gusta de llamarla Aisha, que es su nombre en árabe. El mundo de adolescencia de la protagonista pronto se dibuja como una etapa de iniciación y descubrimiento. Sus amigos en Limón le muestran una alta conciencia y responsabilidad social mezclada con el místico encanto de las organizaciones secretas limonenses.

Su amigo Percival se cambió el nombre por Ahmed y es ferviente militante de las luchas reivindicativas de los negros. Por él Laura conoce de las propuestas del Partido de las Panteras negras en Estados Unidos .

La mezcla de una atracción no confesada y la fascinación que le produce el compromiso político de un grupo, el CoRev, donde no es del todo aceptada por no ser negra, atribulan a Laura con un sentimiento de no pertenencia.

En la mitad de los agitados 70, Laura ingresa a la Universidad de Costa Rica para seguir la otra pasión que ha descubierto en su vida: el estudio de la pintura.

Pero el mundo universitario esta cargado de estímulos e interrogantes. El compromiso social está por todos lados y la participación política es casi en requisito.

Pronto Laura se desencanta del revolucionarismo de cafetín y de algunas malas experiencias afectivas personales y decide llevar a la práctica sus convicciones políticas.

Las inquietudes políticas se conjugan con intensos amores y desencantos en escenario que retratan la dura experiencia de las represiones militares de Nicaragua y El Salvador y la lucha revolucionaria en la que Laura participa.

La guerra, la solidaridad, la amistad, el amor, el compromiso, la esperanza y la desilusión, los anhelos y la lucha incansable  por una sociedad más justa agitan el apasionado corazón de la protagonista, en quien se refleja una generación y una época.

Laura / Aisha, es un tipo de protagonista que funciona como guía para el lector a lo  largo de una época en que el mundo cambió golpeando contundentemente los idealismos.

La trama de esta novela, casi cinematográfica por el vértigo de la acción narrada, logra atrapar el interés de principio a fin y sin pretender ser histórica, se atreve en un terreno hasta ahora poco explorado por la literatura costarricense.

Comprar "Limón Reggae"

Comprar “Limón Reggae”

Así escribí Limón Reggae

Anacristina Rossi.  “Así escribí Limón Reggae”. El Financiero. (San José, Costa Rica), 8 de julio de 2007

Escribir esta novela fue difícil. Claro, lo mismo dije de Limón Blues , y también es cierto. La verdad es que yo no soy de esos autores que escriben felices, como dice Isabel Allende que le pasa a ella. Yo escribo sufriendo. Bueno, no todo el tiempo. Hay momentos gozosos, por ejemplo cuando una descubre un mundo que pugna por salir.

Ir dejándolo aparecer es maravilloso. Ir descubriendo a los personajes también. Hay personajes que llegan de una vez con todo su bagaje y su estilo de hablar y su mal o buen humor. Pero hay otros que no quieren echarse al agua.

De Limón Reggae he hecho más versiones que de ninguna otra novela. De María la Noche hice siete versiones pero aparte de las dos primeras, eran variaciones de una misma idea. Hace un tiempo, cuando Esther Tusquets dejó de dirigir la Editorial Lumen, me hicieron llegar los primeros manuscritos que yo le había mandado a la Editorial en 1981 y 1982.

La Loca de Gandoca es la única novela de la cual he hecho solo dos versiones, y muy parecidas. De Limón Blues hice como cinco versiones, y solo la primera era muy diferente, las otras eran variaciones.

La diferencia con Limón Reggae es que hice muchas versiones totalmente diferentes. La primera la traía ya casi terminada de Holanda en el 2000 pero muy temprano la abandoné.

La decepción política

Un año entero investigué sobre la descolonización de África para hacer una verdadera continuación de Limón Blues . Siempre tuve claro que Ignacio, el hijo de Orlandus y Leonor, era un marxista.

Había gente que me llamaba y me decía: “Yo sé que está escribiendo la segunda parte de Limón Blues, yo quiero saber qué pasó con Ignacio” o “Yo quiero que cuente la vida de Denmark.” Y tal vez por las expectativas de la gente, escribí la historia de Ignacio entrelazada con la historia de Denmark, su medio hermano.

Era una novela de decepción política. Ignacio se enrola en la causa de la independencia de Ghana y se da cuenta de que Kwame Nkrumah y su Partido traicionan al pueblo y se va a vagar años de años por el desierto. Allí se enamora de un hombre.

Esa parte me gustaba, examinar el amor entre dos hombres. Sin embargo, la novela salió demasiado larga y ajena a Costa Rica. La abandoné, pero me mostró que yo quería una novela sobre la Utopía. Y una novela sobre la imposibilidad del amor.

Para la tercera, cambié completamente el rumbo y pasé años estudiando Centroamérica, en particular El Salvador, pero también Costa Rica y Nicaragua. Volví a la Hemeroteca Nacional y leí todos los periódicos que pude encontrar sobre Costa Rica en los años setenta. Muy interesante.

Una versión intelectual

También leí un montón de libros sobre El Salvador, incluidos siete tomos de historia que acababa de publicar Concultura. Pasé investigando y hablando con gente y haciendo bocetos durante 4 años.

Fui dos veces a El Salvador, estuve unos días en Chalatenango. Me fascinaba la historia de su guerrilla, es una Utopía única en Latinoamérica.

El Salvador es un pueblo valiente dominado por una élite despiadada. Me fascinaban los innumerables actos de heroísmo, desde los más pequeños hasta los tremendos. Me fascinaba la figura de Salvador Cayetano Carpio. Y me afectaba mucho que al final hubieran surgido las “maras”.

También para esa tercera decidí volver a Limón pero diferente. Ramiro Crawford me había contado unas cosas increíbles de Limón en los setenta, y me puso en contacto con uno de los protagonistas de esa búsqueda de la Utopía: Milton Franklin.

Milton, que es una persona fabulosa, me dio una visión profunda y trágica del Limón actual. Sin Ramiro y sin Milton yo no hubiera podido internarme en el Limón contemporáneo.

Y la honestidad y valentía de Milton me ayudaron a romper los tabúes que había que romper para poder hablar sobre la Costa Rica –y el Limón– de la última mitad del siglo veinte.

Escribí pues la tercera, la envié a una agencia y les encantó. Pero era demasiado larga. Hice una versión corta que a la agencia le gustaba mucho pero no pudieron colocarla. Yo empecé a dudar. Les pedí a unos amigos que la evaluaran. Me dijeron: “Tenés un novelón político en potencia pero está demasiado intelectual.” Y: “Los personajes están demasiado estrujados por la política.”

La retiré de la agencia porque tener que agradar a las grandes editoriales del mundo me bloqueaba totalmente. Con Alfaguara nunca me pude entender.

Desde que la cosa se había ido para El Salvador yo le había pedido a Sebastián Vaquerano que me aceptara la novela, pero no habíamos concretado. Esta vez concretamos y le pedí tiempo. Me lo dio.

La magia de Tulia

Me tiré en un sillón a esperar que mis personajes llegaran y tomaran la historia. Pasé una semana, dos, tres, un mes, mes y medio, y nada. Estaba a punto de renunciar, pero me salvaron las llamadas de Nora Garita diciéndome: “No podés renunciar después de tanto trabajo. Además tenés que hablar sobre la izquierda y sobre la Centroamérica de la Utopía.”

Y un día por fin, el temperamento profundo de los personajes empezó a salir y eso me volvió al trabajo. Y luego conocí a una persona increíble: Tulia, la viuda de Salvador Cayetano Carpio. Tulia es un ser humano tan especial que me dio el impulso para terminar la novela.

Fue algo muy mágico. Siempre le agradeceré a Tulia la magia de su presencia. Y luego hubo otras cosas igualmente mágicas. Recuerdo que un día que estaba bloqueada pasó Manuel Obregón a dejarme un disco decalypso jazz . Esa música me desbloqueó.

Y también que estaba insegura de la parte sobre Nicaragua, y le pedí a Abelardo Morales una entrevista. Hablamos en Flacso, en una sala que daba al jardín. Yo lo escuchaba embobada. Y empezó a anochecer. Y de esa tarde no solo quedó cierta información de Abelardo, también quedó el jardín en las sombras crecientes.

Limón Reggae es una novela atrevida gracias a Milton. Pero es también una novela que me dio mucha magia. Y eso se lo debo a Nora y a Abelardo y a todos los demás que me ayudaron y no voy a nombrar.

Comprar "Limón Reggae"

Comprar “Limón Reggae”

Anacristina Rossi regresa a Limón en su nueva novela

Díaz, Doriam. “Anacristina Rossi regresa a Limón en su nueva novela “.  La Nación.  (San José, C.R.), 19 de julio 2007

Foto Principal: 1663508

Anacristina Rossi comentó que la primera versión de Limón Reggae iba a ser una continuación de Limón Blues , pero la desechó porque “le faltaba alma”. Luego de mucho escribir, llegó a esta que sí la satisface.
Jorge Castillo

Después de cinco años de probar diferentes historias y de escribir varias versiones, la escritora costarricense Anacristina Rossi presenta una nueva novela en que Limón es el punto de partida y llegada de una narración colmada de erotismo, violencia y luchas revolucionarias.

El texto se titula Limón Reggae y es la segunda parte de la trilogía que inauguró en el 2002 la novela Limón Blues , ganadora del Premio Aquileo J. Echeverría a la mejor novela del año.

Limón Reggae es una recuento de las luchas revolucionarias en Centroamérica, que comienza en Limón en la década de los años 70 y termina en la actualidad. Durante este viaje, el lector es guiado por Laura, quien es protagonista y testigo de los hechos.

Muy política. “Es una novela política; por primera vez, escribo una novela política porque los 70 fueron una época profundamente política. No es un Limón Blues 2 ”, comenta Rossi, autora de María la noche y La loca de Gandoca .

El texto muestra la violencia de las dictaduras militares en Nicaragua y El Salvador y, sobre todo, la lucha del pueblo salvadoreño.

Este tema da como resultado páginas impactantes que no le dan tregua al lector.

La escritora defiende que aquella época determinó lo que Costa Rica y Centroamérica es hoy y que los fracasos y errores de entonces explican “el marasmo que se vive actualmente”.

¿Qué pretende al retratar esa época y sus luchas? Rossi respondió: “ Limón Reggae es una larga carta a los jóvenes que se preguntan qué hicieron sus padres, de dónde viene el mundo que vivimos ahora, por qué nuestra Centroamérica es así. Es una novela que también pretende ‘desatanizar’ las luchas de la izquierda, las cuales estuvieron enterradas como un tabú por muchos años”.

En esta novela, la música reggae representa la utopía que se niega a morir. “El reggae es la utopía, es el intento de una solidaridad y fraternidad diferente que se mantiene hasta hoy”, dice la escritora.

Erotismo y amor. Limón Reggae también es una novela llena de amores y erotismo ya que se contagia con el “destape” sexual que se vive en los años 70.

Incluso, el crítico Juan Durán Luzio comentó que un aporte de este texto es la forma en que se narran los encuentros eróticos.

Karen Poe, especialista en estudios culturales, considera que la novela innova al presentar una sexualidad sin violencia, donde hombre y mujer toman la iniciativa, donde ambos son activos y donde se plantea la entrega del hombre, no solo de la mujer.

La narración es directa y fluida con un lenguaje que privilegia lo coloquial. “Quería darle frescura al acercarme a cómo podía hablar y sentir la gente”, dijo Rossi.

No le interesa el mercado. Rossi comenta que Limón Reggae es resultado de su interés por decir “algo fuerte que le saliera de las entrañas”. “Esta novela no trata de quedar bien, todo mundo cae, excepto la búsqueda del amor y la fraternidad”, confiesa.

En la travesía hacia la publicación del texto, Rossi aprendió no solo a tener mucha paciencia sino a lidiar con sellos editoriales.

Y agregó: “Lo único que cuenta es hacer algo que una quiera. No soy una escritora de mercado, no escribo para el mercado. Escribo lo que quiero”. Así lo hizo ella en esta novela y ahora les toca juzgar a los lectores

Comprar "Limón Reggae"

Comprar “Limón Reggae”

Vivan las locas

Quesada, Juan Rafael. “Vivan las locas”. La República.  (San José, C.R.), febrero 1993

¡Qué refrescante, qué estimulante es saber que existen mujeres como “La loca de Gandoca“!

La República / Jorge Illá

En Costa Rica hasta los años 40, a la mujer se le educó para que tuviera como fin último “el encontrar un marido”. Sin embargo, con la apertura de la Universidad de Costa Rica se inició, poco a poco, la profesionalizaron de las mujeres, y empezaron a desarrollarse las condiciones necesarias para convertirlas en ciudadanas. No es por casualidad, entonces, la participación de las mujeres en la huelga de “brazos caídos” de 1946 y en los hechos políticos de 1948.

Desde entonces, la mujer ha ido teniendo más participación en diversos órdenes de la vida costarricense y, es posible, que en un futuro cercano hasta lleguen a la casa presidencial. Eso sí, por méritos, no por decretos, ni por apellidos. En ese contexto de la década de 1990 es que debe ubicarse la palabra y la acción de esa valiente mujer –ejemplo para todos los hombres de Costa Rica– llamada Ana Cristina Rossi.

Aunque Ana Cristina se había hecho conocer hace unos años como escritora, por medio de su novela “María la noche”, podemos afirmar, tajantemente, que “La loca de Gandoca” es la obra –éxito de librería– que la ha hecho trascender los medios intelectuales y llegar a un público mucho más amplio. ¿Por qué ese éxito?

Por Ana Cristina, contra viento y marea, ha logrado que se haga de público conocimiento la destrucción de la naturaleza –es decir la fuente de la vida– que se está llevando a cabo, hoy mismo, en Gandoca-Manzanillo, en la provincia de Limón. Porque la autora en una obra con valor literario en sí, se ha referido a un tema de interés general, de desgarradora actualidad.

Mientras otras mujeres desvirtúan nobles causas como el feminismo, y otras se ganan los favores oficiales, reafirmando con nuevos órdenes (marxismo-gremsciano) añejas mitologías sobre el sistema político costarricense, Ana Cristina ha asumido plenamente su responsabilidad ciudadana al denunciar, ayudada por sus dotes literarios, el desastre ecológico, del que sigue siendo víctima buena parte de la zona atlántica.

¡Claro está, Ana Cristina ha debido enfrentar muchos obstáculos! Dificultad para obtener información en el MIRENEM, intimidaciones, amenazas de extranjeros, matonismo por parte de “muchos” malinschistas, etc. Pero esencialmente, el mayor obstáculo –de ahí su enorme mérito– ha sido el comportamiento generalizado de los costarricenses: el ser tico, o sea, palanganas, oportunista, ayuno de compromiso, zafa lomo. Es este comportamiento, el que Rodrigo Facio calificó, en su momento determinado, para descalificarla –como quisieron hacer con Carlos Morales cuando denunció los desmadres del CSUCA–, la trataron de loca.

¡Gracias Ana Cristina por esta renovadora inyección de optimismo; por fortalecer nuestra responsabilidad ciudadana! Gracias mil, por recordarnos que Costa Rica vale más que todo el oro del mundo. Por eso queremos decir a todo pulmón: “¡Vivan las locas!”.

Comprar obras de Anacristina Rossi

Comprar obras de Anacristina Rossi

Maria la nuit, Anacristina de día

Dobles, Aurelia. “María la nuit, Anacristina de día”. La Nación.  (San José, C.R.), 16 de noviembre 1997, p. 2-3

Dentro del programa Belles Etrangéres figura la costarricense Anacristina Rossi, cuya novela María la Noche ha sido traducida y publicada en francés por la prestigiosa editorial Actes Sud. Ella reside en Holanda, mas atisbamos sus andares durante su reciente estancia en Costa Rica.

“Confieso una cosa: después de la dificultad de aceptación de María la Noche, se me quitaron las ganas de escribir que tenía antes de ese libro. En estos momentos ya no hay gente que se interese por literatura distinta, por lo no comercial, por el mundo interior; les interesa lo que se pueda vender. Eso me redujo las ganas de escribir. No estoy como en la carrera de ser escritora famosa –me entra flojo–, aunque me gustaría que lo que escribo sea aceptado, que se lea y circule, pero si lo hiciera con un seudónimo me daría igual.”

Anacristina Rossi no ha perdido un ápice de su lucidez inversamente proporcional a su figura menuda; si se quiere, la madurez aguza su perfil; duele que se haya desencantado del quehacer literario, aunque se apasiona con un nuevo reto intelectual.

Luego de trajinar por senderos tortuosos donde dejó otro libro, este sí muy leído, La loca de Gandoca, uno de cuentos y varias luchas perdidas y ganadas, ella no anda de mil amores con la literatura, pero la literatura sigue enamorada de ella: en Francia, ediciones Actes Sud se fascinó –así de enfático, ni más ni menos– con su novela María la Noche.

Esta obra, publicada por primera vez hace más de diez años en España, le otorgó a la autora una estatura inmediata como escritora, y aquí le concedieron el premio nacional Aquileo J. Echeverría 1985. Pero la autora siente y resiente que su novela no fue nunca aceptada por el medio.

“Siempre sentí que María la Noche fue una novela incomprendida. En su momento fue atacada y hasta un periodista llegó a decir: “refleja el mundo putesco de la protagonista”. No solo en Costa Rica, también en España se suscitaron comentarios que me han dolido: un periodista me dijo que yo escribía como Juan García Ponce (el escritor erótico mexicano), que tenía sus mismos defectos y virtudes. Eso me golpeó porque yo quería plantear toda una tesis: los límites del conocimiento racional y si, puede haber otro tipo de conocimiento, pasando por un descoyuntamiento, del lenguaje y por lo femenino, que podría ser una forma de razonar distinta.

¿ Propiamente femenina?

–Es una manera distinta de razonar que no es solo de la mujer, pero ella la está poniendo en evidencia. Una manera distinta de razonar se da en el psicoanálisis, al cual usa la epistemología femenina; su estudio me evitó caer en las trampas del discurso patriarcal de siempre. Las feministas, el psicoanálisis y las escritoras mujeres han hecho un esfuerzo por salirse de esas trampas.

¿Entonces crees en la división que establece una literatura femenina?

–No creo en la división: creo que las mujeres dicen las cosas iluminando el otro lado de la luna. No es que crea en una literatura femenina pues hay un miedo de caer en las profesiones o actividades desvalorizadas como de ‘cuello rosado’. Me gusta leer lo que escriben las mujeres; no todas, claro; no porque me lo proponga, sino porque me gusta: es una casualidad. Los libros de Amy Tan o de Marcela Serrano me encantan. Lo que hace aquí Tatiana Lobo no lo ha hecho nadie; lo que hace Irma Prego, que no le dan pelota, me gusta. El escritor que me ha apasionado en los últimos tiempos es José Luis Sampedro y me parece que tiene una sensibilidad que es como la de una mujer, y leo mucha teoría, de hombres y de mujeres, sobre formas de razonar distintas.

¿Por qué crees que la sociedad costarricense no aceptó María la Noche?

–Tal vez porque es un libro que habla de sexualidad femenina, de erotismo femenino; presento la imagen de la madre como una mujer que no tiene sexualidad o solo la que los hombres le dan. Sin embargo, guardo cartas de hombres y de mujeres fascinados con el libro; es muy raro: siento un rechazo de la sociedad costarricense pero a la gente que le gusta, realmente le apasiona.

Lo que se vende ahora en literatura es una maniobra comercial, tiene que tener una serie de características, y aunque el libro sea bueno, no va a ser aceptado si no las cumple. Me parece que a los poetas les pasa igual. Ser reconocido en Europa para mí no cuenta.

¿ Cómo consideras la traducción en francés?

Bien, bien. Siento que Ciaude Blé-ton se identifica tanto que realmente logró traducirlo. Le costó muchísimo, me mandaba cartas: “¡qué lindo, pero qué difícil!” El tiene una sensibilidad parecida a la mía y resultó. Es escritor y tenemos una amistad muy linda.”

En otras

Eso conversamos refugiadas en un café de la plazuela frente al Teatro Nacional, huyendo de palomas y escolares al vuelo; Anacristina venía abrazada a sus torres de papel: una mujer sumamente ocupada en asuntos de este mundo, libre ya de inquietarse por parecer o no parecer ¿qué?: ella, al fin de cuentas.

En estos pocos meses en el país estuvo trabajando en una consultoría para los Comités de Vigilancia de Recursos Naturales (Covirenas), integrando cuestiones de género. La marca de Gandoca.

¿Qué ha sido de Anacristina Rossi?

–Vivo en dos países, pero también viajo mucho a Francia. Me fui a estudiar a Holanda; necesitaba abrirme espacios teóricos: es que a uno se le gasta el cassette, el discurso por medio del cual ve el mundo; era una cuenta pendiente conmigo misma, pues había dejado a medio palo los estudios de epistemología en Francia. Al mismo tiempo, una vez que uno se mete en actividades de naturaleza práctica, de cerca con los hechos comunitarios, no se puede esconder en una torre de marfil. Necesitaba unir los hechos con lo abstracto y eso lo encontré en el campo de Mujer y Desarrollo. Tengo dos años de estudiar esto sin parar. Vengo del psicoanálisis, que vino después del feminismo. Estudio con una curiosidad insaciable.

¿Y la literatura?

–La tengo un poquillo postergada. Tengo cosas como para armar una novela pero necesitaría varios meses solo en eso para reunirlos. Con María la Noche duré diez años escribiendo pedacillos… Tengo que estar inmersa en lo que está pasando en mi vida y esta no puede ser solo literatura. Estar inmersa en el vivir y poder retirarse a escribir… Pero uno a veces no tiene los medios para ese segundo paso… Me alegra que se traduzca María la Noche y ojalá también La loca de Gandoca, que hay proyecto. Lo que sí tengo entre manos son dos libros de teoría que escribí en inglés. Uno es mi tesis de maestría: Jac-ques Lacan viaja a Kerala, un cuestionamiento del lugar estructural que La-can le da a la mujer en los años cincuenta. Trato de mostrar que él incurre en errores antropológicos. El otro está basado en estudios de Marina Warner y es una deconstrucción de la Virgen María.”

Esta mujer inquieta juzga sin vidrio de colores la crisis institucional que vive nuestro país natal: “de lo único que me alegro es de que no haya instituciones militares. Si las hubiera, no habría salida; hay que buscar una salida cívica poco a poco y ojalá aguante la situación. Si no salimos del bipartidismo, los esfuerzos de descentralización van a estar siempre viciados. El país se está hundiendo en un laberinto formal, legal y en la corrupción. Es un momento loco de la sociedad costarricense.”

Pareceres de Actes Sud

Querida Anacristina:

Acabo de terminar la lectura de María la Noche. Soy editora de Actes Sud para el ámbito francés y estoy encargada, como cada uno de nosotros, de algunos campos extranjeros como el castellano, con Claude Bléston. Sé que usted vendrá a París en noviembre pero no pude resistir la gana de escribirle.

Su libro es una maravilla de escritura y de universo.

Estoy encargada de formular los argumentos para el equipo de ventas y de prensa y para el diseño de la cubierta de todos los libros, y no paro de hablar del suyo, pero sobre todo no dejo de pensar en él. Paso mi vida entre libros pero solo algunos son para mí verdaderas revelaciones: el corazón de la literatura en lo que ésta tiene de necesidad y de absoluto. Su novela se sitúa entre ellos. Es única y preciosa.

Estoy encantada de saber que la tendremos con nosotros este otoño. Muy cordialmente

Yvéline Chanet.

Comprar obras de Anacristina Rossi

Limón Reggae

Limón Reggae

Limón Reggae

Limón Reggae es la esperada novela de Anacristina Rossi luego del éxito de su anterior Limón Blues. Segunda de una trilogía, esta obra es un lienzo que retrata la Centroamérica del final del siglo XX. Desde su niñez en Limón, en los años 70, Laura/Aisha, personaje principal, registra las luchas reivindicativas de los negros en Estados Unidos y su impacto en el Caribe costarricense. Esto marcó su vida. En un estilo que cautiva y atrapa desde el inicio, la obra nos lleva por una historia trepidante y, con Laura como testigo de excepción, muestra la brutalidad de las dictaduras militares en Nicaragua y El Salvador, la lucha revolucionaria, las agitadas pasiones, los intensos amores y desencantos de los protagonistas de esa turbulenta época. Entre la felicidad efímera y la lucha persistente, una cadencia los une: “el reggae con su compás atrasado, su backbeat misterioso, su espacio de silencio, de poder y de gloria.”

Video promocional de Limón Reggae
.

Comprar “Limón Reggae”

Historias conyugales

Quiros J. Maribelle. “Historias Conyugales”. La Nación.  (San José, C.R.), 10 de marzo 1993


Anacristina Rossi trabaja en los últimos detalles de su libro de relatos “Historias conyugales”

Anacristina Rossi comenta su premio centroamericano y el éxito en librerías de La loca de Gandoca”

La posición de la mujer en la pareja y lo que el matrimonio significa para ellas, en el marco de una naturaleza marina amenazada, es analizada por la escritora Anacristina Rossi en su cuento Marea alta.

Con esa obra la costarricense, autora de las novelas María La Noche (premio nacional 1985) y La loca de Gandoca, obtuvo el premio único del certamen XXX Juegos Florales Carnaval Mazateco 1993, en febrero pasado.

Este certamen regional es organizado anualmente por el Centro Universitario de Sur Occidente, de la Universidad de San Carlos de Guatemala, y la Municipalidad de Mazatenango Suchitepequez.

Comprende las ramas de teatro, narrativa corta (cuento) y poesía, y pueden participar escritores centroamericanos residentes en el área o en el exterior.

“Es un premio modesto pero muy importante, como todo reconocimiento. Es la primera vez que participo en un concurso. No lo había hecho porque considero que el mejor premio es que lean mis obras, pero necesitaba una reafirmación literaria después de tanta ecología”, comentó la escritora.

Explicó que Marea alta es un cuento largo que forma parte del libro Historias conyugales, el cual reúne once relatos sobre la convivencia entre parejas.

El escrito, que está prácticamente listo para ser publicado, está basado en historias reales o imaginarias. “No son relatos de denuncia, tienen su origen en cosas que he visto o vivido”.

Crisis matrimonial

Al final, en esas historias de parejas prevalece el desencuentro sobre el encuentro.

“Concluyo que el matrimonio, no la vida en pareja en sí, es una institución en crisis, obsoleta por no adaptarse a los cambios de la sociedad, en la que la peor parte siempre la llevan las mujeres”, explica la escritora.

En el caso de Marea alta, el relato se desarrolla en las playas del pacífico costarricense, en 1992, donde el mundo miserable del “campesino subdesarrollado” se confunde con el “miamisado” de la sofisticada burguesía nacional” y la lucha de los ecologistas contra el desastre natural inminente.

“Es sobre todo una historia de amor entre un visitante y una mujer que no existe. Es un cuento de misterio en que el personaje femenino es un enigma, su intención no es ecologista.”

Anacristina asegura que el relato está inspirado en el poema Mañana, de A. Tennyson, pues toma su esencia de ‘la espera de la mujer, porque a todas nosotras, aunque no queramos, la vida nos enseña a esperar”.

Si bien diferencia Marea alta de María La Noche o La Loca de Gandoca, Rossi acepta que comparten la temática del deseo de una mujer, la lucha por la vida y por la naturaleza, como el resto de los cuentos de Historias conyugales.

Sobre el éxito en librerías de La loca de Gandoca, novela de denuncia ecológica en torno a la destrucción del refugio de fauna silvestre Gandoca Manzanillo, la escritora se mostró muy satisfecha.

El mes pasado, Editorial Universitaria Centroamericana puso a circular la tercera edición de la obra, que consta de 3.000 ejemplares, al agotarse los 2.000 de la primera y segunda edición entre octubre de 1992 y enero de 1993.

“Espero que por lo menos sirva para cambiar en algo la situación que amenaza a la ecología costarricense. Me demuestra que si el tico no lee es porque no se le está escribiendo sobre los temas que le interesan.”

Comprar obras de Anacristina Rossi